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20/7/23

Había salido a dar un paseo por el huerto con su familia, cuando vio llegar un camión lleno de guardias civiles y de chicas de la Falange. Entraron en la casa, destrozaron y robaron. Se abalanzaron sobre Rafael, le arrancaron el brazalete militar que llevaba en la camisa y le amenazaron con pegarle un tiro si no subía al camión. Esa misma tarde, Eusebia se puso de parto y perdió al hijo

 "(...)A su caseta de ferroviario fueron a buscarle el 7 de septiembre del primer año de Guerra Civil. Había salido a dar un paseo por el huerto con su familia, cuando vio llegar un camión lleno de guardias civiles y de chicas de la Falange. Entraron en la casa, destrozaron y robaron. Se abalanzaron sobre Rafael, le arrancaron el brazalete militar que llevaba en la camisa y le amenazaron con pegarle un tiro si no subía al camión. Esa misma tarde, Eusebia se puso de parto y perdió al hijo.

Rafael pasó quince días detenido en el Mercado de Abastos de Calatayud, que se había convertido en un centro de detención masiva. Desde allí, Rafael envió una carta a Eusebia, donde le pedía que le enviara dinero y ropa. Así lo hizo por mediación de unos amigos de Calatayud. Eusebia escribió una carta a diario, hasta que una de ellas le fue devuelta con el sello “Salió”. (...)"         (Elena Cabrera, eldiario.es, 12/06/23)

26/10/21

Constantino Lafoz Garcés, falangista, declaró que en Belchite se fusiló a 400 personas, en grupos de 20, entre las diez y las doce de la noche, a manos de un centenar de miembros locales de la Falange, él mató a 50 hombres y 5 mujeres... y detuvieron al alcalde socialista, Mariano Castillo, y a su familia... éste se suicidó por la posibilidad de que su mujer e hijo fueran fusilados. Una posibilidad que se convirtió en realidad

 "El río Aguasvivas discurre, sarcásticamente, muy próximo al lugar donde se ocultan las muertes más crueles. La asociación Mariano Castillo Carrasco ha promovido la apertura de las fosas comunes de, al menos, 150 personas, fusiladas en el cementerio de Belchite (Zaragoza) el 20 de julio de 1936, entre las diez y las doce de la noche, a manos de un centenar de miembros locales de la Falange. 

El horror que provocó la masacre ―se calcula que hay otros 200 cuerpos más en las tapias exteriores del camposanto― provocó que las tropas franquistas, al retomar el municipio al final de la guerra, se escandalizasen ante actos tan inhumanos. Los primeros cuerpos hallados a pocos centímetros de la superficie, hombres y mujeres indistintamente, están todos sin calzado y algunos, incluso, con los pies y las manos atadas a la espalda. La mayoría presenta orificios de bala en el cráneo. Junto a sus restos mortales, pequeños objetos de la vida cotidiana como botones, hebillas y hasta un humilde lápiz.

 “Desconocemos la extensión de la fosa, pero las dos prospecciones que hemos realizado [separadas unos 20 metros] dejan ver a pocos centímetros de la tierra los huesos de los ejecutados. Los testigos de todo aquello dijeron la verdad”, afirma el arqueólogo Gonzalo García Vegas, codirector de las excavaciones.

Dos días después del golpe de Estado del 18 de julio de 1936, milicias falangistas entraron en Belchite y depusieron al alcalde de la localidad, el socialista Mariano Castillo, además de detener a su esposa y a su hijo. Castillo se suicidó en la celda donde fue recluido, pero esa decisión desesperada no evitó que sus dos familiares fuesen fusilados sin piedad. Sin embargo, no fueron las últimas víctimas inocentes.

Los republicanos atacaron este municipio de entonces 3.800 habitantes un año después, en agosto de 1937, en su intento de cercar la próxima Zaragoza, por lo que se entablaron unos durísimos combates que terminaron con la total destrucción del pueblo. Se luchó calle a calle, casa a casa, puerta a puerta. En la actualidad hay una ruta llamada Huellas de la Guerra Civil, que señala las trincheras, refugios y construcciones militares, tanto de ataque como de defensa, de esta batalla que se prolongó 13 días y que acabó con la toma de la localidad por los republicanos.Uno de los cadáveres que aparece con los pies y las manos atadas a la espalda.Carlos Gil-Roig

En uno de los combates, Constantino Lafoz Garcés, falangista afiliado a este partido el mismo día en que la Falange se adueñó de la localidad y campesino de 35 años, fue detenido por los leales a la República e interrogado el 7 de septiembre de 1937. Su declaración, que se guarda en el Archivo General de Simancas, es estremecedora. Sostiene que se fusilaron a unas 200 personas en el interior del cementerio ―y otras 200 fuera―, civiles todos, de los que él mismo mató a 50 hombres y cinco mujeres, tal y como le ordenaron los jefes de la Falange. Lafoz detalló que las tropas que defendían el pueblo incluían a unos 100 falangistas, 150 miembros de Acción Ciudadana y un centenar de requetés. Sus jefes se llamaban Miguel Salas, don Antonio (registrador de la propiedad) y el requeté Narciso Garreta.

Acabada la guerra, y tras la destrucción completa del pueblo, el dictador Francisco Franco ordenó que no se reconstruyese y que se levantase otro adyacente. Un manto de silencio cubrió así la localidad durante la dictadura. Los fondos del proyecto Memoria Democrática ―con aportaciones del Ministerio de Presidencia, Secretaría de Estado de Memoria Democrática y Gobierno de Aragón― han servido para que desde hace un mes el equipo del antropólogo forense Ignacio Lorenzo Lizalde, los arqueólogos Hugo Chautón, Gonzalo García Vegas, Sergio Ibarz, la restauradora Eva Sanmartín y un grupo de colaboradores intenten recuperar los cuerpos de los asesinados.

“Casi todas las víctimas de la masacre eran vecinos de Belchite o de algún pueblo cercano”, explica el codirector Hugo Chautón. “Por eso, bajo la coordinación de Ignacio Lorenzo se van a realizar pruebas de ADN a las víctimas exhumadas, para cotejarlas con sus familiares vivos e incorporarlos a la base de datos del Gobierno de Aragón. Así podremos determinar quién era quién”.

La excavación arqueológica que actualmente se está realizando ocupa unos 80 metros cuadrados y es adyacente a la zona de nichos, aunque hay otra menor a unos 20 metros de distancia. Al abrir la tierra se han hallado ―a menos de medio metro― una docena de cuerpos humanos, algunos de los cuales están atrapados por los ladrillos de los nichos, ya que esta zona del cementerio es posterior a la matanza. Se desconoce si bajo estos cuerpos entrelazados hay más, pero no se descarta.

 Uno de los restos, perteneciente a un hombre de más de 1,80 metros, ha aparecido boca abajo con los pies y las manos atadas a la espalda. “Posiblemente”, explica García Vegas, “por su gran corpulencia se resistió más y lo ataron antes de asesinarlo. Lo arrojaron a la fosa sin contemplaciones”.

¿Y quiénes eran? El testimonio de Constantino Lafoz no deja lugar a dudas. Da nombres y motes de las víctimas y relata que fusilaron, en grupos de 20 personas, a los hermanos Sargantanas, al Hojalatero, al Listero, al Alpargatero, al Sopas, a Carruela, a Simón Pedro Juan y a una hija de este, a la Pascualota o a las Muñecas... Antes, según Lafoz, fueron azotados “para sacarles declaración”.

En 1940, Franco decidió no reconstruir el devastado pueblo de Belchite como muestra del valor de los defensores. Murieron más de 2.000 soldados del bando franquista, de los 7.000 que resistían en la población, y unos 2.500 atacantes republicanos, en un ejército compuesto por unos 25.000 soldados. El número de vecinos de la localidad pasó de unos 3.500 antes de la guerra a menos de la mitad. “Yo os juro que sobre estas ruinas de Belchite se edificará una ciudad hermosa y amplia como homenaje a su heroísmo sin par”, afirmó el dictador. Lo que se olvidó, sin embargo, fue mencionar que bajo la tierra del cementerio, así como junto a sus tapias, amontonados se ocultaban ignominiosamente los restos de centenares de inocentes, muy cerca del río Aguasvivas."                  (Vicente G. Olaya, El País, 25/10/21)

21/5/21

Vítimas e verdugos nos Ancares

 O significado represor, Jerónimo Meira ‘O Portugués’, con boina, conversando co xornalista José Luís Morales, autor da reportaxe "Los Rosón, azote de Galicia", sobre os vitimarios nos Ancares, que provocou o secuestro da revista ‘Interviu’ en 1978. (Foto: Interviu)

 "Poucos son os que se atreven a falar da represión durante e despois da guerra, algunhas pantasmas aínda sobrevoan a comarca dos Ancares. No ano 2014, veciñanza da parroquia de Rao, en Navia de Suarna, quixo impedir os traballos de exhumación no cemiterio de Salvador Voces Canóniga un guerrilleiro do Bierzo morto pola Garda Civil en outubro de 1948. En 2016 tamén houbo quen se opuxo á recuperación do corpo de José García Espinosa, ‘O Pelegrín’, paseado entre As Cruces e A Alence, nas Nogais, en setembro de 1936. 

 Desde o comezo do golpe militar, o aparello represivo na comarca dos Ancares comezou a organizarse, labor que debeu levar algún tempo. De feito, o primeiro "paseo" documentado foi o de Alfredo Pérez Fernández, en Galegos, Navia de Suarna, o 14 de agosto de 1936, perpetrado, disque, polos "Sarrianos", un grupo formado por falanxistas de Láncara e Sarria. 

Algúns datos apuntan a que esa demora na organización na comarca se debeu, en gran parte, á falta de colaboración entre a Garda Civil española e a Falanxe, ao menos nos concellos de Becerreá e Cervantes. Segundo fontes orais, a principios de agosto do 36, na paraxe da Moura, moi preto de Becerreá, un garda foi insultado por un grupo de falanxistas ao impedir que lles requisaran os cartos a un home que viña da feira despois de vender uns xatos.

Outro garda, de nome Anselmo, enfrontouse a dous falanxistas no Portelo, ‘O Portugués’ e Manuel de Vilarello, cando estaban a requisar os produtos que uns homes da Braña (O Bierzo) levaban á feira de Pedrafita do Cebreiro.

 O 16 de febreiro de 1937, Antonio Rosón Pérez, "hermano del Jefe de Información, Prensa y Propaganda de la Falange Española de Becerreá", declarou (Causa 339-37) contra o brigada da Garda Civil Emilio Baliño, comandante do posto de Becerreá, acusándoo de ter actuado con pasividade e "negligencia en el cumplimiento de su deber" durante os sucesos acontecidos na vila o 19 de xullo de 1936, cando os republicanos convocaron unha manifestación para amosar a súa repulsa polo golpe militar do día anterior.

Na declaración, Antonio Rosón, que non estaba presente o día dos feitos, di que "por manifestaciones de personas de solvencia, por las que tuvo conocimiento de que el Brigada Comandante del puesto parlamentó con los rebeldes y que les hizo manifestaciones en el sentido... que no le importaba ni le interesaba la ocupación de la iglesia... Al arrancar el automóvil con dirección a Lugo, hizo manifestaciones o gestos marxistas". Cando o sacristán, de nome Antonio, lle propuxo "albergarse dentro de la iglesia para defenderla a tiros... el declarante dice que ofreció su prestación personal, pero le hizo ver la dificultad derivada de la falta de armas".

 Esa ausencia de colaboración entre a Falanxe e a Garda Civil tamén se documenta no concello de Cervantes. No mes de febreiro de 1937, sendo alcalde da nova xestora Manuel Cedrón Fernández, destitúese até o daquela secretario municipal Pascual Rosón Pérez. Se ben o motivo foi o nomeamento irregular asinado polo anterior alcalde, a corporación municipal, en sesión extraordinaria do día 26 de febreiro, acordou que testificaran "cuantas personas se crean perjudicadas con la actuación de Don Pascual Rosón Pérez en los últimos meses".

Veciñas e veciños de Vimieiro, San Miguel, Covas, Santalla, Castelo de Cais, O Comeal, Pandelo, Olmos, Pando, Cabanaxaraz, Vilar de Donís, Moreira, Piornedo, Chao de Vilarín, Porcís e Paderne acusan o secretario e xefe local da Falanxe de esixirlle cartos, unhas veces destinados ao exército, e noutras sen dicir a dirección. "                (Xavier Moure Salgado, Nós, 15/12/20)

19/12/18

Los falangistas salieron de la habitación y enfilaron hacia Las Casas de Abajo en El Puente, donde les oímos decir que iban a llevarse a varios hombres más...

"Lola y el taller de costura.
"(...) Aquella tarde los falangistas llegaron a la casa de Lolita Jaimez en Tamaraceite durante las clases de costura, su jefe Penichet quería que le bordara el yugo y las flechas en una bandera azul muy grande. Todas las niñas nos asustamos mucho porque llegaron borrachos, gritando, armados con fusiles y pistolas al cinto.
En la entrada se quedaron dos esbirros que custodiaban a Suso, hijo pequeño de Agustinita Rodríguez, que lo traían con las manos amarradas a la espalda con hilo de pitera. El muchacho al que conocíamos de toda la vida, muy famoso en el pueblo por lo buen futbolista que era, venía con una enorne brecha en la cabeza bañado en sangre, no se quejaba y eso le jodia a los falangistas que indignados no dejaban de pegarle culatazos con los mauser y patadas.
Lolita, mi maestra de costura, se levantó y le dijo al fascista que ella no iba a coser ninguna bandera de Falange, que bastante dolor sentía ya con el asesinato de su sobrino Carlitos que llevaba desaparecido dos meses, desde el domingo 19 de julio del 36. 
 El Falange Penichet se le encaró gritándole y le levantó una mano para pegarle. Lolita le dijo que era un cobarde y que si querían llevarsela detenida ella no tenía ningún miedo, las niñas todas llorabamos desaladas, en un instante el fascista se dio la vuelta cagandose en Dios, salieron de la habitación y enfilaron hacia Las Casas de Abajo en El Puente, donde les oímos decir que iban a llevarse a varios hombres más.
Lolita nos abrazó a todas y nos dio una tácita de leche de la cabra Matilde..."
Extracto de la entrevista a mi madre Lola Tejera el 5 de julio de 1997."          (Viajando entre la tormenta, 07/12/18)

12/7/18

Ochenta años de la violación y muerte de Fidelita Díez a manos de una manada de cinco falangistas

"Fueron cinco… fueron cinco”. Solamente estas palabras, repetidas entrecortada y compulsivamente pero en voz baja, pudieron extraer de la joven Fidelita sus compañeras de cautiverio. Por la noche había entrado en aquella cárcel una manada compuesta por cinco falangistas y, con la complicidad de las carceleras, se habían llevado a la muchacha: cuando la devolvieron, estaba destrozada y apenas podía musitar una frase de denuncia.

El 25 de junio de 1938 falleció y el certificado defunción decía que a consecuencia de una tuberculosis, siendo enterrada al día siguiente en el cementerio torrelaveguense de Geloria, en la soledad de un acto casi clandestino efectuado bajo los ecos de los festejos de San Juan celebrados en algunos pueblos de las riberas del Besaya y el Pas, pese a la tristeza derivada de la guerra civil.

Fidela Díez Cuevas, así se llamaba la joven, cumpliría 18 años durante los meses de permanencia forzada en una de las cárceles habilitadas en la ciudad de Torrelavega para albergar provisionalmente a los millares de personas detenidas después de la entrada en la provincia de las tropas sublevadas, a fines de agosto de 1937. 

Para las mujeres se había requisado el Salón Olimpia, un cine propiedad de una familia republicana también represaliada y que se hallaba repleto de mujeres jóvenes y mayores procedentes de las inmediaciones, cuyo único delito, en principio, consistía en haber hecho suya la voz que la República les había concedido para poder participar en la vida social, cultural y política. Fidelita, con sus pocos años, era una de ellas.

 Según la descripción hecha muy posteriormente por una de sus compañeras de cautiverio, una joven modista llamada Antolina Matarranz, era “muy guapa, de unos diez y siete años (…), una muchacha encantadora, pero cuyo delito fue ser hija de padres de izquierdas y recitar poesías en el teatro (…)”. Efectivamente, Fidelita era lo que pudiéramos considerar una niña-prodigio en el campo de la poesía. 

Hija del “mejor ebanista de Torrelavega” y premiado carrocista, cuyas horas de ocio estaban siempre entregadas a la actividad cultural; Fidel Díez Asenjo (1892-1954) –El Maño como popularmente se le conocía–, fue uno de los animadores de la sección Amigos del Arte que en los años de la Segunda República funcionó con gran éxito dentro de las actividades de la Biblioteca Popular de Torrelavega, de la que cual directivo así como afiliado del Partido Republicano Radical.

 Su hija, pues, heredaría estas aficiones desde muy pequeña y también siendo aún una niña comenzó a dar ejemplos públicos de sus aptitudes para el verso y la declamación.

A partir de 1933 mostró sus aptitudes en diversas entidades culturales, protagonizando recitales en la Biblioteca Popular de Torrelavega, Comillas, Cultural Vimenor de Renedo de Piélagos, Ateneo Popular y Ateneo de Santander, Teatro Principal y Cinema Solvay, además de ante los micrófonos de Radio Santander, siempre con gran éxito ya que, como ha recordado el cronista de Torrelavega Aurelio García Cantalapiedra, “asombró a los asistentes por sus condiciones como rapsoda, tanto por la manera de decir como por la memoria de que hacía gala”. 

 Su repertorio estaba compuesto, principalmente, por obras de Antonio Machado, Federico García Lorca y Jesús Cancio, y los medios de comunicación de Cantabria y La Habana se hicieron eco de su trabajo en más de 30 recitales.

Pero no todo el mundo debió de ver con buenos ojos la exhibición de sus facultades porque una vez cayó Cantabria en poder de los sublevados, fue conducida a la improvisada prisión, donde, como a todas las presas, a Fidelita “las carceleras le cortaron el pelo al cero y para ridiculizarla todavía más le dejaron un mechón largo atrás, para amarrarle un lazo rojo”. Pero ella preguntaba ingenuamente:

– ¿Verdad que me sienta muy bien esto, Antolina?
– ¡Sí, Fidelita, estás encantadora!”

Según se desprende del contenido de una dedicatoria suya, este castigo, añadido al del encierro, no fue suficiente para doblegar su espíritu, puesto que escribía a una amiga: “Hoy, 17 de marzo, 6 meses de nuestro ingreso en Prisión… que sirva este pequeño recuerdo como estímulo a nuestra gran amistad que aquí, en la cárcel hicimos. Cariñosamente. Fidelita Díez”.

 Este escrito estaba dirigido a Antolina, quien tuvo mejor suerte que su amiga, porque una tarde, según esta recuerda, visitaron la cárcel los componentes de un grupo de falangistas “y acordaron, junto con las guardianas, sacarla aquella noche. Las compañeras quedaron horrorizadas cuando, a las pocas horas, vieron llegar a Fidelita hecha una piltrafa humana.

 Cayó de bruces y las compañeras no fueron capaces de que ella contara qué habían hecho con ella aquellos asesinos. Sólo podía repetir: “fueron cinco, fueron cinco”. 

Al poco tiempo murió  y se llevó a la tumba todas las aberraciones que le hicieron aquellas hienas”. Así lo transcribiría en sus memorias el antiguo guerrillero Felipe Matarranz, apodado Capitán Lobo, según el relato tomado de su hermana Antolina.  (...)

Fidelita se había quedado sin la voz viva de los poetas de su repertorio, pero enterado de su fallecimiento cuando él estaba también en la cárcel de partido de Torrelavega, el poeta comillano Cancio escribiría a modo de elogio fúnebre su Romance del entierro de la gentil recitadora de mis versos, un poema que no ha logrado ver la luz hasta hace unos pocos años.

 Su familia estaba completamente destruida, porque el padre hubo de pasar muchos años en las prisiones franquistas hasta conseguir la libertad condicional, el hermano mayor Eloy Díez Cuevas (1916-1994), teniente del Ejecito Republicano, acusado de un delito de excitación a la rebelión fue condenado a la pena de doce años de prisión y enviado a un batallón disciplinario en Tenerife, mientras que a su madre, Eloína Cuevas Ibáñez, le había sido denegada la licencia para su puesto fijo y tenía que conformarse con establecer una máquina ambulante en la Plazuela del Sol, vendiendo castañas como única forma de subsistencia para ella y para sus tres hij@s Fidel, Claudio y Mercedes, hasta que cumplida la condena impuesta a Eloy se vieron obligad@s a un destierro voluntario en Vigo para así sustraerse de la persecución política que sobre la familia se ejercía.  (...)

Desde entonces, sobre la figura de Fidelita se corrió un velo de silencio, de tal manera que incluso en el monolito levantado en el cementerio en memoria de los republicanos fusilados en Torrelavega no figura su nombre.  (...)"            (José Ramón Sainz Viadero, El DiarioCantabria, 26/06/18)

20/10/17

En la plaza del pueblo se anunciaba a los que iban a ser fusilados y se pedían voluntarios. A quien se ofrecía le daban un bocadillo y un litro de vino, después en el cuartel de Falange pagaban 1 peseta de jornal

"(...) Isidro fue nombrado Secretario General de las “Izquierdas” de El Rocío, algo que llevó con mucho orgullo. El guardia del Coto de Doñana andaba detrás de Isidro por este asunto, y porque Isidro furtiveaba, ya que la gente de la zona, necesitaba los alimentos que la Marisma y Doñana aportaban a la escasa y pobre dieta local.

 La familia tenía una bandera republicana en la choza del Acebuchal donde vivían. Desde allí organizaron una pequeña manifestación de apoyo a la República, dando una vuelta por las calles principales de El Rocío. 

Las hijas María y Luz, vestiditas con un traje rojo que les hizo Isabel la Coraje, presidían la marcha con la bandera republicana. Aquello no sentó bien a los sectores más reaccionarios de la aldea, y esto se sumó a la rabia que el Guarda del Coto y algunos falangistas le tenían.

El 25 de julio las tropas fascistas rebeldes entraron en Almonte, e Isidro se alejó varios días a la marisma a recoger el ganado y alejarse de la angustia del ambiente. Cuando a los pocos días volvió, se enteró de que 2 guardias civiles habían estado preguntando por él; al día siguiente volvieron a la choza con instrucciones de que se presentase en el Ayuntamiento de Almonte.

 Amigos y familia le aconsejaron huir, pero Isidro, convencido de que no habría acusación ya que nada había hecho, acudió a la cita, aunque las niñas le decían, ¡Papá no te vayas! ¡Papá te queremos! ¡Acuérdate de nosotros!

Isidro fue empujado por 2 falangistas al despacho del alcalde. En una habitación cercana, Frasquita una buena mujer republicana, lloraba con un llanto que desgarraba el alma preguntando por su hermano, estaba rapada y su cara reflejaba un gran dolor. Tras un interrogatorio y 3 días de cárcel le dejaron libre, los falangistas le habían robado un caballo, 2 yeguas y parte del ganado. 

 Pero volvieron a por él, le subieron a un camión con otros vecinos y le llevaron al cuartelillo, donde los maltrataron, y después a la cárcel. En la plaza del pueblo se anunciaba a los que iban a ser fusilados y se pedían voluntarios. 

A quien se ofrecía le daban un bocadillo y un litro de vino, después en el cuartel de Falange pagaban 1 peseta de jornal. Allí tenían las listas de fusilamientos, acumulaban lo que robaban a los “rojos”, rapaban, daban ricino, maltrataban o violaban a las “rojas” o las que tenían vínculos con algún “revolucionario”.

Mariquita se acercó a preguntar al alcalde y al cuartel de la guardia civil: “Lo llamamos y lo tenemos encerrado para matarlo. ¿Pero él que ha hecho? Nada, lo matamos por sus ideales”. Sin preguntas, causa, juicio, amparo, cargos, inscripción, los trasladaron directos a fusilar en un camión que los llevó hasta las tapias del cementerio de Hinojos. 

Los bajaron, les quitaron lo que llevaban, a empujones los colocaron en fila detrás de un pino. Sonó una voz, ¡ahora os vamos a dar vuestro merecido rojos de mierda!. Estaba casi amaneciendo, cuando sonaron las descargas. Después trasladaron los cadáveres a una fosa común.

Mariquita enloqueció. Estuvo más de 3 meses llorando de noche y día, intentó rehacer su vida, con la dificultad y la presión de ser mujer de un “rojo asesinado”. Lo peor que se podía ser. Ella y la niñas fueron humilladas y rechazadas. No pudieron ir a la escuela y desde muy pequeñas, tuvieron que ganarse la vida sirviendo a esa clase dominante, a los vencedores. Al poder que había matado a su padre."                  (Documentalismo memorialista y republicano, 15/10/17)

2/10/17

O terror en Lugo xa ten nomes

"Eis o operativo represivo. Un cartel do terror a cuxa cabeza se situaba a institución militar e do que facían parte sectores da igrexa católica, dirixentes patronais e as milicias paramilitares, formadas maiormente por falanxistas. 

As escadras negras moi activas na comarca de Sarria e Lemos, entre elas a de Sarria e Eirexalba, responsábeis entre outras das mortes, de Manuel Díaz González, o médico dos pobre do Incio, ou Xesús Casas “O Inverno”, aquel libertario do Incio que só pedía ver as fillas antes de morrer. 

As xentes da Falanxe de Ribadeo e Viveiro, co seu particular coche da morte, o “Coche do cangrexo”, que levou o terror parroquia a parroquia e vila a vila pola terras da Mariña e do Eo Navia e que un día cargou a Mendezona, aquel vista de alfándegas de Viveiro amigo de verdade de Gordón Ordax. 

O “Tercio da Falange de Becerreá”, a sementar a morte polas terras dos Áncares e de cuxa feitura fican aínda perdidos no Cereixedo en Cervantes os corpos sen vida de Eduardo Amigo, Pedro Gómez, Manuel Méndez, Teolindo Digón e Xoán Gutiérrez.

Aquí os nomes. Alá no norte, nas beiras salgadas da Mariña, Manuel Trobo Rivera, fundador da Falanxe en Viveiro, Manuel Galende, xefe de posto da Garda Civil en Mondoñedo e tamén, testemuña Nova Galiza, “Condín”, Leonardo Cuervo Cortés (a) “Tito” –frade perjuro-, un irmán seu chamado Rafael, médico; o secretario de Falange Manuel Cortés, o seu fillo Pepe, e o cura de Ribadeo Enrique López Galuá”. Xa na comarca de Sarria “O Zaera”, “O Requejo”, “O Carrozas”, “O Mao”, “ O Poleta” “O Eirexalba”, “O Arturo”, “ O Blanco”, “O Redondo”,“O Chaquetón”, e tamén “ O Garbito”, “O Rubio de Vilamaior”, “O Edra de Santalla”, “Pepe das Bustaregas” ou “David de Villamayor”. Aló nas terras de Lemos, ricas en viño e románico, “O Mosquito”, Villalobos, “O Cuadrado”, o “O Recaldado” ou o Marcial Vide, todos eles para manchar o nome da cidade dos Castro, “Servando de Buime”, o mineiro desclasado de Canabal, Louredo, o ferroviario de Bóveda, e tamén no Saviñao “Xaime de Agroxoi”, “Amieira de Villaesteba”, “O Bombas de Ousende” ou “O Rapelo de Freán”. 

Os nomes do terror. Galiza 1936: os verdugos que nunca existiron, volume editado por Sermos Galiza, recolle, ao fin, entre outras moitas cousas, estes nomes e estes feitos, sacando á luz o operativo represor pero tamén a identidade dos verdugos nas comarcas de Lugo. 

Estábano agardando, e así se explica o éxito colleitado nas diversas presentacións organizadas ao longo da provincia, onde se converteu no libro en galego máis vendido das feiras do libro de Viveiro e Foz. E chega a Lugo, a quinta feira 28 de Setembro ás 19:30 preséntase na libraría Trama, nun acto no que participaran a escritora Marica Campo, o activista da memoria e sobriño neto de Manuel Díaz, o médico do Incio, Xosé Manuel Díaz, o presidente de Sermos Galiza Xoán Costa e os autores que dentro do mesmo lle teñen dedicado os seus traballos á Lugo, Carlos Nuevo Cal e Xosé Ramón Ermida Meilán. 

A bo seguro, o acto organizado na libraría Trama, non só servira para coñecer e divulgar aqueles aspectos da represión referidos á cidade amurallada e a súa comarca senón que fornecerá máis información sobre os seus verdugos.

A publicación de Sermos Galiza fai un percorrido exhaustivo polos diversos capítulos do terror en Lugo parándose naqueles actores que máis significaron na represión paralegal, pero tamén na legal. O entramado que dirixiu os consellos de guerra, o estado de dereito do franquismo, entre outros Velayos Pérez-Cardenal, Otero Goyanes, Manuel María Puga, ou Azpiazu Tato, a ditar sentenzas de morte contra inocentes nos xuízos farsa, tamén daquela, celebrados no Pazo de San Marcos. 

As “Milicias de España en Lugo”, aqueles burgueses con uniforme procedentes do máis selecto da dereita local comandados polo capitán Areñas Molina, o mesmo que encanou coa súa pistola o coronel Caso para selar a felonía. Os paramilitares da Falanxe, á cabeza deles Viador Traseira, segundo Ben-Cho-Shey  “o inmoral Viador, quen tiña da súa parte a todol-os criminales sedentos de sangue inocente e o que resulta aínda máis incompresíbel as nenas góticas que presumen de católicas ”, axustizado en boa hora por Luís Trigo “O Gardarrios” en Abadín.

 E tamén a igrexa, e a garda civil, dirixida por aquel carniceiro da Galiza enteira que foi González Vallés, a fabricar mortes, como en Montecubeiro, da mans dos falanxistas naquel agosto de 1937. E ao fin, o terror, en Lugo,  xa ten nomes. "                  (LUCÍA RODRÍGUEZ, Sermos Galiza, 27/09/17)

2/2/17

Fernández de Mesa, el de Tarajal: de patrullar con falangistas a consejero de Red Eléctrica pasando por la Guardia Civil... será para electrificar la valla de Melilla

"Cuando era joven, el exdirector general de la Guardia Civil metido ahora a consejero de Red Eléctrica de España (REE) tenía dos apodos. Arsenio Fernández de Mesa era Cuco para los amigos y El Estirao para los enemigos. 

Su ciudad natal, Ferrol, seguía siendo entonces de El Caudillo, y cuando murió Francisco Franco en 1975 De Mesa todavía era menor: la mayoría de edad no se adelantaría de los 21 a los 18 años hasta 1978.

Eran tiempos convulsos en todos los rincones de la una, grande y libre, y en Ferrol, cuna del apodado Faro de Occidente (a pesar de la escasa estatura del dictador), la lenta agonía del Caudillo se vivía con un plus de emotividad. Los enfrentamientos entre francófilos y francófobos eran cotidianos.

En Ferrol habitaba entonces el hombre que había fundado en 1935 la facción gallega de Falange Española. Jesús Suevos era en 1975 un respetado fascista de 68 años, algo atildado, de gran cultura, elegante, soltero y muy afrancesado, con todos los rumores que esta pléyade de cualidades podía aventar en aquella España charretera, vencedora, carpetovetónica y macho.

Con la muerte de Franco, Suevos se volvía a sentir depositario otra vez de la sagrada misión de emprender una nueva cruzada por Dios y por España. El antiguo jefe de centuria falangista en la Sierra de Guadarrama durante la Guerra Civil organizaba, 40 años después, en Ferrol, patrullas de inspiración paramilitar destinadas a amedrentar a sindicalistas y demócratas con palos, cadenas y pistolas. 

Los llamaban los cadeneros y se daban cita las noches del lunes en los patios del colegio Tirso de Molina antes de salir a patrullar.

Suevos adoptó intelectual e ideológicamente a Cuco Fernández de Mesa por diversas e irreprochables razones. A pesar de su deslustrado expediente académico, De Mesa era un líder estudiantil. 

Poseía buen físico, buena voz y una viril espontaneidad para la arenga, como bien ha seguido demostrando en el decurso de su carrera política. Además, Cuco proviene de una noble estirpe de marinos y militares que arranca en el siglo XVIII. Su madre fue bautizada María Luisa Díaz del Río y González-Aller.

Los González-Aller provienen de la aldea de Villarruba, a 22 kilómetros de Ferrol enfilando hacia el sur el curso de la ría. La dinastía naval alcanza nuestros años, con Cristóbal González-Aller, (1960) vistiendo el uniforme de almirante en la base de Rota. José Ignacio, fallecido en octubre del pasado año, había sido compañero de promoción de Juan Carlos I en la Escuela Naval y a bordo del buque escuela Juan Sebastián Elcano.

 Carlos, capitán, llegó a ser jefe de la Cámara de Oficiales de la Armada en Madrid. El almirante Antonio fue, durante el primer lustro de este siglo, jefe del Cuarto Militar de la Casa Real, y su empaque era inevitable en cada acto castrense solo unos pasos detrás de Juan Carlos I.

Como Jesús Suevos –que sería corresponsal de la prensa del Movimiento en París, primer director de TVE y presidente del Atlético de Madrid–, la familia de Cuco de Mesa era gente de cultura y sensibilidad, había sido golpista en el 36, y vivió plácidamente los 40 años de terror franquista, como los adjetivara en inolvidable ocasión el exministro del PP Jaime Mayor Oreja.

La joven centuria falangista organizada por Suevos en los años 70, y de la que formó parte el actual director de la Guardia Civil, contaba para su impunidad, precisamente, con la complicidad de la Benemérita. Igual que otros movimientos involucionistas de aquellos años, como los Guerrilleros de Cristo Rey, responsables de numerosos asesinatos durante la década.

Por supuesto, no existen censos de la composición de aquellas centurias clandestinas. Ni apenas denuncias contra ellos. Pero sí fue pública la presencia de Fernández de Mesa ataviado de falangista en un acto que se celebró en Cedeira el 14 de mayo de 1977. El ex ministro franquista Gonzalo Fernández de la Mora acudió a la localidad para inaugurar un monolito en memoria de Franco. Las autoridades locales esperaban disturbios.

Cedeira había albergado un campo de concentración donde se hacinaron más de 700 rojos entre 1937 y 1938. Muchos cedeireses fueron fusilados en la playa de Villarrube, a orilla del exquisito pazo de los González-Aller. A los supervivientes y a sus familias les pareció un insulto aquel homenaje e intentaron boicotear el acto. En previsión de que las fuerzas del orden fueran insuficientes, la centuria de Díaz de Mesa acudió con sus aditamentos falangistas a proteger ministro y monolito, quizá no necesariamente por ese orden.

De Mesa ya albergaba ambiciones políticas. Convencido por Suevos, se había afiliado un año antes a Reforma Democrática, fugaz asociación (aun no se había redactado la ley de partidos) que bajo el aliento de Manuel Fraga pretendía mantener los principios del Movimiento Nacional en caso de que la frivolidad democrática naciera irreversible. Fue la crisálida de Alianza Popular y del PP.

Su periplo laboral arrancó un poco más tarde. En 1979, se convierte en auxiliar de jardinero en el puerto, pero no era posición laboral digna para un vástago de genealogías navegantes tan conspicuas como la de los González-Aller, y acaba colocado en diversos oficios relacionados con el naval. Pero en 1983 sale concejal en Ferrol y en su Ayuntamiento permanece hasta 1991.

Muy crítico con la reconversión del naval iniciada en los primeros gobiernos de Felipe González, se destaca entonces como grandilocuente defensor de los trabajadores ferrolanos, lo que le abrió las puertas del Congreso como diputado por A Coruña en 1989. Mantuvo el escaño hasta 2012 y no precisamente para pasar desapercibido: durante la guerra del fletán con Canadá, afianzó su fama de intrépido parlamentario.

También contribuyeron en su salto de Galicia a Madrid sus desavenencias con Manuel Fraga y su acercamiento a los genoveses de Aznar, hartos de abandonar las comodidades de Lhardy para apoyar a Donmanuel entre pulpeiras de O Carballiño y percebeiros del Malpica.

Durante aquellos años, el inexistente currículum académico de Cuco agrega títulos como sendas diplomaturas en Altos Estudios Militares y de Defensa. Diplomaturas que, tras convertirse en director de la Guardia Civil, reducen a un par de cursillos los miembros del colectivo Alborán de militares retirados y guardias civiles: "No tiene ni los estudios para el ingreso como guardia".

Fue nombrado delegado del Gobierno en Galicia por José María Aznar. Lo era cuando el petrolero Prestige se hundió frente a las costas gallegas en noviembre de 2002. De esa época datan algunas de sus declaraciones públicas más recordadas, por los absurdas, como cuando dijo aquello de "probablemente el fuel no toque la costa gallega" (14 de noviembre 2002) o "El destino del fuel en el fondo del mar es convertirse en adoquín" (19 de noviembre 2002) o "Hay una cifra clara, y es que la cantidad que se ha vertido no se sabe" (21 de noviembre). 

Durante el zapaterismo espera su turno tras distanciarse de la protección de Francisco Álvarez Cascos, a quien había organizado la boda, y aproximarse a Mariano Rajoy. En el PP gallego era voz populi que el pontevedrés le iba a asignar la cartera de Defensa, acercando la magnitud de su figura a la de los almirantes y capitanes de su familia materna. De hecho, convirtiéndose en jefe de la marinería. Pero los designios de Rajoy son inescrutables.

Como director de la Guardia Civil, su actuación más destacada por la prensa fue mentir acerca de la actuación de la Benemérita en el Tarajal, donde fallecieron ahogados 15 inmigrantes que intentaban alcanzar a nado las costas de Ceuta. De Mesa negó que su benemérito cuerpo hubiera utilizado balas de goma y gases lacrimógenos para repeler a los nadadores muertos. Falsedad que el ministro Fernández Díaz hubo de desmentir días después en sede parlamentaria, ante la comisión de Interior.
Pero un informe forense realizado por la Universidad del País Vasco y difundido por la Cadena Ser, confirmó que los botes de humo y las pelotas de caucho `pudieron contribuir de manera significativa como un elemento coadyuvante en el fallecimiento de estas personas".

El Tarajal pudo haber sido el principio del fin de una carrera que se inició un día de mayo en Cedeira, alrededor de un monolito a Franco y apoyando, contra el pueblo, a la Guardia Civil. Esa misma que dirigió hasta noviembre. Pero no, Fernández de Mesa pasa ahora a ser consejero de Red Eléctrica de España.
 ¿Qué experiencia tiene en el sector eléctrico  este ferrolano de sangre marinera y franquista? Ninguna. Franco murió hace mucho tiempo, y aunque ya no está para sobrevolar más el nido de este Cuco, Fernández Mesa sigue anidando en los lugares más nobles, esta vez en un Consejo de Administración y con una retribución anual de 180.000 euros."                  (Aníbal Malvar, Público, 01/02/17)

10/5/16

El jefe de la Falange del barrio de San José se llevó a las tres hijas del capitán conquense republicano asesinado

"Aquel lunes de octubre del 36 cuando arrojaban a la fosa del cementerio de Las Palmas a setenta hombres más, el jefe falangista del barrio de San José pidió que le apartaran un cadáver.

-Quiero ese, el moreno, para mí, sáquenmelo parriba. –Dijo el conocido criminal fascista, Lorenzo El Jaber Cardona, de origen árabe, más conocido como Chencho “El moro”-  (...)
-Los hijos de los rojos solo sirven para darles por el culo, entre más pequeños mejor. –Decía mientras se emborrachaba en la tienda de Rosarito en el pueblito marinero de San Cristóbal, muy cerca de los acantilados de la Mar Fea, donde cada madrugada arrojaba junto a sus compinches a cientos de hombres y mujeres atados de pies y manos-

Todo el mundo comentaba que gozaba con el dolor ajeno y la dominación, como cuando se llevó a las tres hijas del capitán conquense republicano asesinado, Carlos De la Barreda López, sacándolas a la fuerza junto al tabaquero Eufemiano Fuentes, Borja Benítez De Lugo, el hijo de la Marquesa de la ciudad de la piedra de cantería y Pelayo Del Castillo, sobrino del Conde del sur de la isla, para llevarse a las tres menores a la finca de La Mayordomía en San Lorenzo, donde el cacique, José Rivero, les cedió dos habitaciones para violarlas durante tres días.

No se supo jamás de las adolescentes, se cree que las arrojaron, después de asesinarlas, en un agujero volcánico de Los Giles, Tamaraceite, en la conocida finca de “Las maquinas” de los caciques conocidos como “los Betancores”.  (...)


El Jaber ordenó que lo sacaran y lo colocaran a cuatro patas en un viejo catre con las sabanas revueltas, el mismo espacio donde acaban de abusar durante una semana de cinco mujeres esposas e hijas de varios sindicalistas de la Federación Obrera, asesinados en la finca de La Noria, también propiedad del Conde, arrojados luego a la furnia donde tiraban los animales muertos o malheridos cuando ya nos les servían.  (...)

-Siempre te gustó Mingo eh cabrón, le pegas a todo hijo de puta, carne y pescado, hasta muerto te lo follas. 
–Le decían los miembros de la nobleza criolla isleña que siempre lo acompañaban en sus crímenes, vejaciones y abusos sexuales-  (...)"                 (Viajando entre la tormenta, 07/05/16)

9/4/15

Fidel Dávila, el asesino de Burgos

"(...) Cuatro fosas. 96 cadáveres. Todos ellos fusilados entre agosto y octubre de 1936. La mano ejecutora el ejercito sublevado franquista, las partidas de falangistas que iban de pueblo en pueblo y de prisión en prisión para cobrarse una contribución de sangre generada por el odio.

 A su cabeza, el gobernador de la provincia en esa época: Fidel Dávila Arrondo. A muchos este nombre ya ni les sonará. O sí les suena, pero como el nombre de una calle. Muchas calles en la geografía española tiene todavía el nombre de Fidel Dávila. 

Un militar africanista, fuertemente conservador, que durante la Segunda República pasó a la reserva y que una vez que se consumó el golpe de Estado de julio de 1936 se unió a los rebeldes en Burgos, donde residía. Fue uno de los mandos del Ejercito del Norte, formó parte del Junta Técnica de Estado, embrión del Estado franquista, y ocupó numerosos cargos militares y políticos durante la dictadura hasta su fallecimiento en 1962.

Fidel Dávila fue la cabeza de todo un aparato represivo que se cobró la vida de miles de personas en la provincia de Burgos y otros lugares. Entre las víctimas hay personajes como el director del Orfeón de Burgos Antonio José Martínez Palacios, el director de Burgos Gráfico Antonio Pardo Casas, etc.  

La represión tuvo muchas aristas. De los cuerpos encontrados en Monte Estépar hay varios ejemplos. Algunos eran sacados de sus casas por las partidas de falangistas, llevados al lugar del crimen y ejecutados. La fosa donde se enterraban estaba cavada previamente (muchas veces por vecinos de los pueblos limítrofes) o bien la cavaba el propio reo.

 Era una represión extrajudicial. Desaparecidos que no dejaron ningún rastro hasta que se exhuma la fosa. Para otros el final era también igual de cruel. Se hacían listas en las cárceles, se dictaba orden de libertad y en el traslado eran asesinados. Sacas de presos que sí dejaron listas de personas que nunca aparecieron. Por eso se sabe que los lugares de fusilamientos fueron muchos más. 

Otros eran sacados y ejecutados tras consejos de guerra sumarísimos donde se dictaminaba pena de muerte bajo leyes aberrantes y que contravenían cualquier tipo de derecho.

La elección de los parajes de ejecución tampoco era aleatoria. En un principio las ejecuciones era muy visibles. Pero paulatinamente los rebeldes fueron perfeccionando su técnica. Había que tapar responsabilidades.

 Luis Castro, documentalista, historiador e integrante de la Cátedra Complutense de Memoria Histórica del siglo XX de la Universidad Complutense de Madrid, nos da la clave de la elección de estos lugares en su libro 'Capital de la Cruzada, Burgos durante la Guerra Civil':

 “La situación llegó a ser tan escandalosa en este aspecto que las autoridades dictaron normas para tratar de disimular los crímenes y se ordenó que las ejecuciones se hicieran en lugares más alejados (Estépar, la Brújula, la Pedraja, etc.) y que los cadáveres fueran debídamente enterrados. Con frecuencia se hacía en zanjas longitudinales, cavadas al efecto por los ejecutores o por los vecinos de pueblos próximos que eran obligados a ello por lo que se denominaba 'prestación personal'”.

Eran, pues, elecciones de lugares premeditados. El paraje de Monte Estépar era un lugar ideal para estas ejecuciones. Un lugar ideado por el franquismo. Un lugar premeditadamente olvidado por las autoridades tras la muerte de Franco. Un lugar en la memoria de muchos habitantes de Burgos, que muchos años después ha podido salir a la luz.

Al pie de las fosa exhumada estos días, junto a los esqueletos de los represaliados, se encontraron los casquillos de las balas falangistas que les ejecutaron. (...)

“Se comentaba que José Iñigo, comandante de Caballería, encargado de descerrajar el tiro de gracia en la nuca de los fusilados de Estépar, cada vez que lo hacía, exclamaba en tono sarcástico '¿veis lo que me obligáis a hacer, comunistas de mierda?'”  (...)"      (Julián Vadillo, historiador, Diagonal, 06/04/15)

16/10/14

En la carretera de Monforte a Coruña se comentaba que aparecía un promedio de sesenta cadavares diarios

 Milicianos fascistas desfilan armados en Mondoñedo. Agosto de 1936

"(...) A nómina daquel bestiario -non eran persoas eran malas bestas, que pronto tomaron nome de “milicias” ou de “Escuadra negra de Bóveda”ou “Banda Negra de Monforte”- desfila polas páxinas dos inéditos do noso cronista e así atopamos ao “médico Pedro Gudín”, ao “dentista de san Cristobal de Martín”, ao “Rubio de Villamayor” ao “Carrozas”, a “José Golás”, ao “Garovito”, Teodoro López Vázquez, ao “Teodoro de Mide”, ao “Edra de Santalla”, ao “Díaz de Bustaregas”, ao “Pepe do Cabo de Bacorecelle”, ou “el famoso Louredo de Bóveda, hijo del capataz de vias y obras del Ferrocarril de Bóveda” que ao fronte da “Escuadra de Bóveda” “cogieron al republicano Alejandro López, lo llevaron con ellos y al bajar por el monte conocido como los 'Carrascales' de Teilán lo asesinaron a tiros según lo llevaban delante”.

Asasinato e enriquecemento persoal

As orixes do fascismo organizado en Sarria remóntanse a 1933 e están ligadas aos nomes de Mario González Zaera e do deputado da CEDA Manuel Saco, secretario de Nicolás Franco  asasinado en 1938 polo sector da "Falange” enfrontada a Zaera. Se ben o home forte da reacción foi este último, a cara visíbel da “Falange” sería o primeiro até chegar ao punto de ser nomeado Xefe Territorial da mesma en Galiza. 

A historia de Zaera, recollida de xeito preciso na causa militar na que foi condenado a morte por hedillista para ser posteriormente amnistiado, preséntanos non só a un asasino senón a un individuo que fixo desta organización unha vía para  o enriquecemento persoal, ás veces con roubo, outras coa chantaxe e tamén co propio asasinato. 

Morreu en Sarria en 1980 fiel aos seus ideais, após ser rehabilitado e de novo condenado, nesta ocasión por roubo de caudais públicos, cando exercía de concelleiro no distrito de Chamberí.

 Unha mención a parte merece o “Garovito”, paradigma daqueles que se uniron a “Falange” nos primeiros tempos do alzamento, quen despois dunha intensa militancia na esquerda no período repúblicano, chegando mesmo a ser membro do Comité da Fronte Popular de Castro de Rei de Lemos e inclusive participando no intento de asalto e queima da igrexa e reitoral da parroquia, pasou a facer parte destas bandas.

 “Las dos concubinas del cura, conocidas como ''As Cachorras', tías de la mujer del 'Garovito', intercedieron por el delante del cura para que lo anotaran a 'Falange'' pasando a convertirse con 'Pepe do Cabo' en uno de los más criminales en la persecución del 'Bento' y del 'Ferrereira' por las 3000 pesetas que valía la cabeza de cada uno”. 

O final do “Garovito” non tardaría en chegar, sendo fusilado en 1940 após un xuízo no que foi acusado de diversos delitos contra a propiedade e a chantaxe a diversos veciños da zona.

Puro terror

O noso cronista anónimo recolle nos seus apuntamentos que “por todas partes era un puro terror la carretera de Monforte a Coruña se comentaba que aparecía un promedio de sesenta cadavares diarios pues la persecución de los facciosos con los republicanos era asoladora”. 

Nesta mesma estrada sería asasinado “el republicano de Bade (Villamayor) llamado Manuel do zapateiro, hombre de inmejorables condiciones y según datos fue asesinado por vecinos de el mismo, o sea los mismos falangistas de Villamayor e inclusive algunos de Castro de Rey” 

A mesma sorte correría Agustín Rodríguez, veciño da Coruña e natural de Sobreda –O Saviñao, quen o 12 de Agosto despois de ser detido na casa patrucial, onde se refuxiaba, foi asasinado preto de Guitiriz “en un trayecto de carretera que solo cruza monte, un poco aislado de los pueblos, para matarlo lejos de su familia, pues en dicho sitio fueron asesinados cientos de republicanos”.

 Un outro crime, testemuñado neste diario e aínda hoxe lembrado en Paradela, foi o asasinato o 2 de Setembro de 1936 de Manuel de Ferreira, Presidente do Comité da Fronte Popular de Castro de Rei de Lemos que “en medio del monte le dejaron sin vida, echando sangre a borbotones, y luego que esto cometen, se marcharon muy contentos que a preguntas de sus jefes si le habían detenido contestaron muy orgullosos:”Si lo hemos prendido, pero al poco de venir con nosotros tropezó y no se levantó, y entonces nosotros lo dejamos; que le levante su familia si quiere”.

 Non acaba aquí a penuria desta familia, posto que despois de matar o pai continuaron a buscar o fillo, tamén escapado, tal “como lo comento 'Jaime de Agruxoi', uno de los que lo asesinaron y contó todo que marchó con el resto de los asesinos hacia Reiriz dando grandes batidas y robando y amezando al vecindario, que lo tenían horrrizado, echando multas que metían en el bolsillo, comiendo y bebiendo sin pagar y desdichado del que se negara a darles lo que ellos pidieran y tomando grandes borracheras”. 

O mesmo aconteceu con moitos e moitas, como o “Perico” de Caraba que, unha vez asasinado, deu para que un destes criminais afirmase no cuartel de Pacios – Paradela, “Un lacón máis ao pote que xa hai outro porco morto”.                  (CILIA TORNA , Sermos Galiza)

25/9/14

A la familia le llegó un oficio pidiendo explicaciones sobre Clemente, por haber desatendido su cargo de alcalde. Más tarde llegó una multa de 200 pesetas. Había sido fusilado...

"(...) Los familiares también están tomando un papel protagonista en este proceso. Como Xosé Miguel Suárez, nieto de Jesús Fernández Pérez, un albañil de Tapia, que fue encarcelado cuando tenía 33 años en el mes de noviembre de 1936.

 Un grupo de miembros de la Falange conocidos como “El Can­grexo” lo sacaron de noche de la cárcel. Su mujer, que tenía una niña de seis días, no volvió a saber más de él. 

 Para Xose Miguel era importante que la muerte de su abuelo constase en un proceso judicial. «Fíxilo porque sé que la muria d’impunidá namás se puede romper a base d’aneciar, y la vía abierta pola querella arxentina ye una manera de dir comiéndola pocoñín a poco».

Clemente Amago López-Villar era alcalde del concejo de San Tiso d’Abres por el Partido Socialista en 1936. Tras el golpe de Estado, las torturas y detenciones por parte de la Falange obligaron a Cle­mente a esconderse en los montes de Castripol, pero unos vecinos los delataron. Los forajistas lo encontraron y lo torturaron. Al día siguiente lo llevaron hacia Lugo en un camión.

 Nunca más se supo de él. Tan sólo dejaron su reloj en un bar. A la familia le llegó un requerimiento judicial pidiendo explicaciones sobre Clemente por haber desatendido su cargo de alcalde. «Les pedían las llaves del ayuntamiento y una descripción. Meses más tarde llegó una multa de 200 pesetas por haber desatendido su cargo», cuenta su nieto Manuel Amago.

Manuel sabe que en el caso de su abuelo no hay una solución judicial clara, pero quiere que se repare a las víctimas y familiares y que se reconozca como parte importante de la historia de España. «No se conoce la represión brutal que hubo. España es el segundo país del mundo con mayor número de desparecido después de Camboya».

Lo mismo que ocurre con María José Martínez Abargues, otra nieta que acudió a Madrid junto a su hermana para denunciar por los cuatro abuelos. Una abuela, Aida Alvaré Marqués, embarazada de cinco meses, fue asesinada junto a su marido, José Martínez Váz­quez en la playa de Salinas en oc­tubre de 1937. 

Su otro abuelo, José Abargues Perles era comunista y luchó en el frente por la República. Fue fusilado después de pasar dos años en un campo de concentración en Burgos. Su mu­jer, Josefa Dávila Álvarez, em­barazada y con seis hijos, fue en­car­celada de rebote, acu­sada de haber robado. Cumplió seis de los trece años que le fueron impuestos en prisión.

«Se nos abrió la oportunidad de presentar una querella o denuncia y la aprovechamos. Queremos que nos escuchen, queremos justicia. Que se reparen los nombres de nuestros abuelos. Que la memoria no se pierda. Es indignante que no sepamos qué pasó con nuestros abuelos después de cuarenta a­ños», relata Maria José."             (María García San Narciso, Diagonal, Redacción Asturies, 03/08/14)

14/3/14

«Mi madre llevó a los falangistas a su escondite»

"Guillermo Mir, de 47 años, ha recuperado la historia de la muerte de su abuelo Joan Cañelles en el último año y cuando relata su muerte no puede evitar la emoción. “Cuando me doy cuenta de cómo influyó en mi madre el trauma de la muerte de su padre, no lo puedo evitar”, explica.

Joan Cañelles fue fusilado con 33 años. La madre de Guillermo tenía apenas dos años
cuando los falangistas le detuvieron, pero la situación fue tan dramática que se le quedó grabado a fuego. “Mi abuelo tenía el dilema de esconderse o no. No sabía que hacer, pero al ver que los falangistas cogieron a su hermano decidió esconderse. Un día aparecieron
los falangistas y le prometieron a mi madre un caramelo si les llevaba con su padre. 

Sabía que estaba escondido y mi madre, de apenas dos años, les llevó a la parte de atrás de la casa. Siempre ha tenido ese sentimiento de culpa. Toda la vida”, reflexiona Mir.
Cañelles era un sindicalista bastante comprometido del industrial pueblo de Esporles.
Era el jefe del sector de la construcción de UGT y, aunque era un puesto laboral más que político, fue suficiente para que su nombre estuviera en la lista negra de los golpistas. 

"Que no me pidan que me olvide de mi familia”, reivindica Guillermo, al que el juez de Manacor niega la investigación de lo ocurrido."             (Público, 10/05/2010)

5/3/14

"Jugaron al tiro al plato con su hijo pequeño"

Jerónima Blanco y su hijo

"Los falangistas acudieron como cada noche a casa de Isaac Cabo para detenerlo por ser un sindicalista buscado. Su mujer Jerónima, embarazada de 6 meses, y su hijo Fernando aseguraron que no estaba desde el interior del hogar. 

A las tres de la mañana, los pistoleros perdieron la paciencia y rompieron la puerta a culatazos de fusil. Sacaron a la calle a Jerónima y la asesinaron a tiros.

 "La vecina de enfrente pudo verlo todo a través de la ventana y siempre me contó cómo al niño lo tiraban al aire y lo tiroteaban como si fuera tiro al plato", relata Abel, el sobrino nieto de Jerónima.

La fuente principal con la que ha contado Abel para recuperar los detalles de la muerte de Jerónima ha sido la memoria de su abuela Amalia y los recuerdos de la vecina que presenció la masacre. "El único que ha intentado hacer algo en este país para saber qué pasó ha sido el juez Baltasar Garzón y mira los palos que le están cayendo", señala el familiar.

Tras el archivo del juzgado de Ponferrada, Abel se puso en contacto con la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) para tratar de exhumar los cuerpos de Jerónima y Fernando. "Estaban en la parte de atrás de la finca donde estaba la casa donde los mataron. Recuperamos incluso la medallina del niño", cuenta.

La ARMH entregó los restos analizados genéticamente de Jerónima y Fernando a la familia de Abel el pasado febrero. "Una semana después del entierro, como si fuera el destino, murió mi abuela Amalia, que pidió que la enterráramos con Jerónima y el niño. Y eso hemos hecho", explica Abel. (...)"              (Público, 30/05/2010)

14/1/14

Hay más de tres mil falangistas que elaboran sin descanso expedientes sobre sospechosos. Escribieron fichas sobre 5 millones de ciudadanos



“Los falangistas entusiastas de la represión, que hay muchos, siguen colaborando. Porque sigue en funcionamiento la Delegación Nacional de Información e Investigación, con sedes en muchos municipios españoles. 

Hay más de tres mil agentes del partido repartidos por toda la geografía nacional que elaboran sin descanso expedientes sobre sospechosos. En el año anterior escribieron más de ochocientos mil informes y elaboraron fichas sobre más de cinco millones de ciudadanos. 

Los miembros de las delegaciones hacen informes constantes sobre la situación política en cada lugar, sobre el estado de la opinión pública y sobre los antecedentes políticos de cualquier ciudadano que aspira a un puesto de trabajo. 

Y tienen el privilegio de participar en interrogatorios policiales y torturas en comisarías o cuartelillos.

A veces, fuera de las dependencias judiciales. El ricino y las palizas callejeras están a la orden del día.”

(Jorge M. Reverte: La División Azul. Rusia, 1941-1944. RBA, 2011. Págs. 115)

11/4/13

Amenazas a numerosas personas de la comarca para que pagaran una multa a Falange si querían evitar ser fusilados

"Juan Agustín Calzada Hernández era un conductor en paro de Ciudad Rodrigo. Para sobrevivir vendía novelas por entregas a domicilio como buenamente podía. De ideología derechista, fue nombrado jefe de Falange de la ciudad salmantina gracias a la mediación del director de La Gaceta de Salamanca. Hasta ahí todo normal. 

Todo cambió cuando se produjo el golpe de Estado del 18 de julio de 1936 y la ciudad fue tomada sin apenas resistencia por el autodenominado bando nacional. Juan Agustín Calzada, hasta entonces un ciudadano más, se convirtió de la noche a la mañana en el verdugo y extorsionador de los vecinos que no pensaran como él.

Los actos de este jefe local y comarcal de Falange quedan ampliamente expuestos en la Causa 2133/37 abierta por un Tribunal Militar ante la apropiación indebida de los fondos requisados por Calzada. El sumario detalla, con testimonios de los supervivientes, cómo el jefe de Falange de Ciudad Rodrigo cometía “hechos que no merecen más calificación que de actos de barbarie”. 

Entre estos hechos se encuentra el saqueo reiterado a la ferretería de la viuda de Alfredo Miguel Plaza, quien había sido 'paseado' por falangistas y carabineros, la apropiación del dinero que los fusilados entregaban a la Iglesia para “salvar” su alma o las amenazas a numerosas personas de la comarca para que pagaran una multa a Falange si querían evitar ser fusilados, dinero que nunca llegaba a la caja de la Milicia. Todos ellos tuvieron que firmar un documento que acreditaba que la entrega del dinero era voluntaria. 

 Ángel de Miguel, historiador, es nieto de Alfredo Miguel Plaza. Recuerda que su abuela declaró en el juicio contra Calzada que llegaba a la tienda ferretería, única fuente de ingresos de la familia tras el asesinato del cabeza de familia, y arramblaba con todo lo que deseaba justificándose en la “causa nacional”. 

“Al parecer no tuvo suficiente con asesinar a mi abuelo que practicó la rapiña con mi abuela. No fue la única. La extorsión practicada por este hombre y sus cómplices fue sistemática en toda la comarca”, señala Ángel de Miguel a Público. 

La rapiña económica de las autoridades franquistas afectó a cerca de 200.000 familias 'derrotadas' en toda España. Sin embargo, el caso de Ciudad Rodrigo y Juan Agustín Calzada es diferente. El líder de Falange fue juzgado y condenado por las autoridades franquistas a seis meses de prisión “por el delito de “estafa”, y “tres meses de arresto mayor y multa de 250 pesetas por delito consumado de coacción” (f. 766).

 “El delito de este hombre para los tribunales fue apropiarse de lo pesquisado y no entregarlo a la causa nacional”, apuntilla Ángel de Miguel.  (...)

Es el caso de Eduardo Aparicio Fernández, director de la sucursal bancaria de Banco del Oeste de Ciudad Rodrigo. Su familia, residente en Béjar, pertenecía a la CEDA. Él no pertenecía a ningún partido o sindicato. Tras su detención y antes de que la influyente familia de Aparicio pudiera mover sus contactos fue fusilado junto a los otros seis hombres. Su hijo, Juan José Aparicio describe para Público la dramática situación que vivió aquellos días. 

“La familia de mi padre, que se había unido al alzamiento, trató de evitar el fusilamiento. Primeros nos dijeron que estaba detenido en Salamanca. Después que estaba en Ciudad Rodrigo, pero que lo iban a poner en libertad. Finalmente, supimos que había sido asesinado en una finca del pueblo”, explica Juan José. 

 La familia Aparicio, no obstante, consiguió que los falangistas reabrieran la fosa donde estaba el cuerpo de Eduardo y se llevaron su cadáver, con un tiro en la frente y otro en el pecho, a Béjar. Los otros seis cuerpos que permanecían en la fosa desaparecieron esa misma noche. Todavía a día de hoy no han aparecido. Los familiares continúan buscándolos.

El asesinato de Eduardo Aparicio, sin embargo, no fue la única represión sufrida por su familia. Una vez terminada la Guerra Civil, el Tribunal de Salamanca abrió un proceso de responsabilidades políticas contra el fusilado y su viuda con el “único fin de incautarse del pequeño patrimonio familiar” que les quedaba.

 Las acusaciones realizadas contra Eduardo Aparicio para tratar de demostrar que era un 'rojo' son “cuanto menos ridículas”- Entre ellas, llevar corbata roja, recibir la noticia del asesinato de Calvo Sotelo con alegría y no acudir regularmente a la Iglesia.

Finalmente, la viuda de Eduardo Aparicio fue condenada a pagar 500 pesetas de multa. La humillación, no obstante, fue mayor que la multa. El juez instructor interrogó a la viuda sobre los motivos por los que su marido no había acudido al juicio obviando que había sido asesinado y dando por buena la versión de las autoridades de Falange: Eduardo Aparicio había sido puesto en libertad el mismo día que fue arrestado.

 “Al parecer, que su cuerpo estuviera enterrado no era prueba suficiente para el juez para demostrar que mi padre estaba muerto”, apunta Juan José, de 83 años."         (Público, 07/04/2013)