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17/7/23

La viceprimera ministra de Finlandia, señalada por mensajes que llamaban a “escupir a mendigos y golpear a niños negros”

 "El Gobierno finlandés se enfrenta a una nueva crisis tras hacerse públicos una serie de comentarios racistas y violentos escritos por Riikka Purra –líder de la formación ultraderechista Partido de los Finlandeses, viceprimera ministra y ministra de Hacienda– en un blog de un compañero de partido.

La ministra ha reconocido en redes sociales haber escrito en el blog: “En ese momento me expresé en formas y palabras que hoy absolutamente no acepto y no usaría”. Los comentarios fueron publicados en 2008 en el blog del exlíder de la ultraderecha y actual presidente del Eduskunta (Parlamento finlandés), Jussi Halla-aho, quien fue condenado en 2012 por un delito contra la paz religiosa tras publicar en él opiniones islamófobas.

Aunque la ministra ha admitido haber escrito en el blog, no ha reconocido explícitamente ser la persona detrás del usuario 'Riikka' –que medios finlandeses asocian a la líder del partido ultra–. En los textos, la autora se refiere a las personas de raza negra con el calificativo despectivo de “neekerit”, a los musulmanes como “penes de moka” y a los inmigrantes procedentes de Turquía como “monos turcos”.

“Si alguno estáis en Helsinki, ¿alguien se apunta a escupir a mendigos y golpear a niños negros?”, escribió en el foro del blog en julio de 2008. Dos meses después publicó un “post” en el que aseguraba que si le dieran un arma, “habría cadáveres incluso en el tren de cercanías”.

“Sacados de contexto y evaluados hoy, algunos textos lucen aún peor. No acepto ningún tipo de violencia, racismo o discriminación. Quienes conocen mi forma de trabajar y mis valores lo saben”, ha señalado la ministra en una disculpa pública. “Pido perdón por mis estúpidos comentarios en redes hace 15 años y el daño y el resentimiento que comprensiblemente causaron”.

“Me involucré en la política años después de esos comentarios. Actúo y me comunico de manera diferente. Espero que mi desempeño en la política sea evaluado en base a lo que hago en mis cargos de confianza, como parlamentaria, ministra y presidenta del partido”, ha dicho. 

Dimisión de un ministro vinculado con grupos neonazis

El asunto ha provocado un gran escándalo en el país apenas diez días después de que el ministro de Asuntos Económicos, el ultraderechista Vilhelm Junnila, se viera obligado a dimitir por sus presuntos vínculos con grupos neonazis tras menos de dos semanas en el cargo.

“Creo que el Gobierno finlandés haría bien en adoptar una postura clara de tolerancia cero con el racismo. Si lo hiciera, sería una buena señal hacia el mundo”, dijo este martes a la prensa el presidente finlandés, Sauli Niinistö, desde Lituania, donde participa en la cumbre de la OTAN.

Por su parte, el primer ministro, el conservador Petteri Orpo, aseguró a los medios locales que no acepta el racismo “en ninguna de sus formas” y afirmó que los cuatro partidos que forman la coalición de Gobierno están comprometidos con los principios de igualdad y equidad.

Orpo quedó satisfecho con las explicaciones que ofreció su principal socia de Gobierno, la líder del Partido de los Finlandeses, y dijo que era necesario que Purra se distanciara públicamente de la violencia."                (eldiario.es, 12/07/23)

3/7/23

Dimite el ministro de Economía finlandés por sugerir el fomento de “abortos climáticos” en África

 "El ministro de Economía de Finlandia, el ultraderechista Vilhelm Junnila, ha dimitido este viernes, tras solo 10 días en el cargo y menos de 48 horas después de haber sobrevivido por un estrecho margen a una moción de censura motivada por sus vínculos con grupos neonazis. Unas declaraciones de Junnila, en las que proponía que Helsinki fomentara “los abortos climáticos” en África para reducir las emisiones globales de dióxido de cárbono, han propiciado que Demócratas Cristianos, uno de los socios minoritarios del nuevo Ejecutivo finlandés, el más derechista de la historia del país nórdico, exigiera su dimisión.

Junnila superó el pasado miércoles una moción en su contra impulsada por Los Verdes, a la que se sumaron el resto de formaciones de la oposición de centroizquierda y el Partido Popular Sueco de Finlandia (RKP), socio del Ejecutivo de coalición constituido la semana pasada y formado también por los cristianodemócratas, el ultraderechista Partido de los Finlandeses y el conservador Coalición Nacional. La moción fue rechazada en el Eduskunta (Parlamento) por 95 votos frente a 86, en un pleno en el que no participaron 11 diputados de la oposición, entre ellos Sanna Marin, la ex primera ministra socialdemócrata que fue derrotada por la derecha y la ultraderecha en las elecciones de abril. La ausencia de más de una decena de parlamentarios impidió que la moción prosperara, a pesar de contar con el respaldo del RKP, una formación que representa a la minoría de habla sueca y que tuvo constantes roces con el Partido de los Finlandeses durante los más de dos meses de negociaciones para formar Gobierno.

La moción de censura fue presentada por los lazos de Junnila con grupos neonazis y sus bromas y declaraciones extremistas y racistas. En marzo, en un acto de campaña, el político, de 41 años, felicitó a un compañero de partido por concurrir en el puesto 88 de las listas electorales, un número empleado en la simbología neonazi en referencia a Heil Hitler. Durante la legislatura pasada, el político ultraderechista fue el principal orador en varios actos organizados por el Movimiento de Resistencia Nórdico, un grupo neonazi ilegalizado en 2020 por el Tribunal Supremo. Junnila también compartió hace años varias fotografías polémicas en las redes sociales, entre ellas, una de un muñeco de nieve en su jardín con una evidente semejanza a un miembro del Ku Klux Klan.

 Tras superar la moción, y ser respaldado públicamente por Petteri Orpo, el primer ministro conservador, Päivi Räsänen, una diputada cristianodemócrata, publicó en Twitter que Junnila propuso en 2019, en una pregunta parlamentaria al Gobierno planteada por escrito, que Helsinki fomentara “los abortos climáticos” en los países africanos con mayor tasa de natalidad para reducir el impacto de la actividad humana en el medioambiente. Räsänen, que el año pasado fue absuelta tras ser acusada de incitación al odio por unos comentarios homófobos en las redes sociales, exigió a Junnila que aclarara si aún sostenía que el Gobierno finlandés debía promover los “abortos climáticos”.

En lugar de retractarse o matizar, este viernes por la mañana Junnila respondió a la diputada democristiana con una publicación en Facebook en la que afirmó que su propuesta de hace cuatro años “es una iniciativa totalmente en línea con el acuerdo de programa” del nuevo Gobierno finlandés. En un extenso mensaje, el ultraderechista argumentó que una drástica reducción de la natalidad en África mejoraría la calidad de vida en el continente, “empoderaría a mujeres y niñas” y supondría “un avance en la consecución de los objetivos climáticos”.

Tras la publicación de Junnila en la red social, Sari Essayah, líder cristianodemócrata y ministra de Agricultura, exigió la dimisión de su compañero en el Gobierno, menos de 36 horas después de que los cinco diputados de su partido votaran en contra de la moción de censura. “Estoy impactada. La idea de reducir la población mundial con el impulso de los abortos en África es ecofascismo de la peor clase”, declaró Essayah al diario Helsingin Sanomat.

Ante la presión de los diputados cristianodemócratas y suecófonos, Junnila anunció su dimisión a través de un comunicado: “A pesar de la confianza del partido y de mi grupo parlamentario, veo el asunto de la siguiente manera: considerando la continuación del Gobierno y la reputación de Finlandia, creo que me resulta imposible continuar de manera satisfactoria como ministro”.

La polémica en torno al ya exministro de Economía estuvo a punto de provocar la caída del Ejecutivo menos de una semana después de ser constituido, ya que Riikka Purra, vice primera ministra y líder del Partido de los Finlandeses, amenazó con abandonar la coalición si prosperaba la moción de censura. El caso de Junnila, el segundo ministro que menos tiempo ha permanecido en el cargo en la historia de Finlandia, ha evidenciado las dificultades que va a tener Orpo para mantener cohesionado el Gobierno cuatripartito que encabeza, en el que los ultraderechistas controlan siete ministerios, entre ellos algunos clave como Justicia o Interior."                 (Carlos Torralba , El País, 30/06/23)

3/10/22

Åsne Seierstad, la periodista noruega que quiso entender al terrorista de Utoya... La profunda “frustración” de algunos individuos, explica Seierstad en la entrevista, es la semilla de los extremismos y el motor íntimo de no pocos ataques terroristas

 "Cuando le dan a escoger entre una austera silla de oficina y un sofá de escay blanco que parece bastante cómodo, Åsne Seierstad (Oslo, 52 años) no lo duda. Lleva 40 horas despierta. 

Ha estado corrigiendo sin descanso su último libro, sobre el primer año de Gobierno de los talibanes en Afganistán, y ha volado de Oslo a Barcelona para dar una charla, Remontar después de la tragedia. Seierstad se acomoda en el sofá bajo un cuadro de Tàpies que no ha podido apreciar y responde, ágil pese al agotamiento, en el salón principal del Palau Macaya, joya modernista de una ciudad que no pisaba desde que presentó su novela El librero de Kabul (2002) y de la que ha estado algo desconectada. 

Confiesa, con cierto pudor, que no estaba muy al tanto de los atentados de La Rambla, que dejaron 16 víctimas mortales en 2017. Pero intuye que a los jóvenes yihadistas del 17-A les corroe la misma “frustración” que a un terrorista de extrema derecha que conoce demasiado bien: Anders Breivik, el neonazi que el 22 de julio de 2011 hizo explotar una bomba ante la oficina del primer ministro noruego, en Oslo, y después alcanzó la isla boscosa de Utoya, donde mató a 69 chicos, la mayoría miembros del gobernante Partido Laborista.

En Uno de los nuestros (Península, 2022, con traducción de Laura Lecuona González; Edicions 62 en catalán, 2022, traducida por Mireia Alegre e Imma Estany Morros), la periodista y escritora explora la personalidad de Breivik y descubre que, bajo la máscara de un extremista implacable que pretendía ser faro de la extrema derecha en Europa, se esconde una personalidad frágil, un chico desubicado, que se siente víctima y que reclama atención a gritos. La profunda “frustración” de algunos individuos, explica Seierstad en la entrevista, es la semilla de los extremismos y el motor íntimo de no pocos ataques terroristas.

 Pregunta. La masacre cometida por Anders Breivik puso el acento en las consecuencias del supremacismo blanco. ¿Cree que es un movimiento en auge?

Respuesta. No soy una experta, pero es cierto que vemos más atacantes individuales y es un asunto con el que Europa debe lidiar. También Estados Unidos, que está viviendo ataques de la extrema derecha contra mexicanos o contra mujeres que a veces resultan difíciles de definir. Hay mucha gente frustrada. Gente que piensa que merece más de lo que tiene, y que culpa a los demás de todo lo que les pasa.

P. ¿Cuál cree que es el remedio contra ese naufragio personal que, como dice, puede conducir a la radicalización?

R. Tengo una respuesta muy aburrida, pero creo que es la única válida. Hay que intentar construir sociedades funcionales, inclusivas, donde los chicos tengan salidas... Por ejemplo, deportes y actividades gratis. No vale decir que, de no haber sido Breivik, habría 50 personas más dispuestas, eso no es cierto.

P. Una vez juzgado y condenado, ¿qué ascendencia tiene Breivik sobre los movimientos de extrema derecha?

R. Breivik concentró su mayor poder cuando no sabíamos nada de él, cuando solo conocíamos sus fotos, en las que aparecía armado, con uniforme, y parecía más alto de lo que es en realidad. Pero cuando lo diseccionas ves que hay mucha tristeza, que es un pequeño chico gritando: “¡Mírame, mírame!”. No es una persona carismática, no es un líder; tampoco es bueno con las palabras. Su único logro es que tiene el récord de haber sido el terrorista en solitario que ha matado a más gente. Pocos pueden hacer lo que él hizo, la mayoría de los terroristas falla.

P. ¿Qué tiene en común Breivik con, pongamos, los terroristas yihadistas? ¿Les mueve el mismo odio?

R. Comparten el odio, sí, pero el odio por sí mismo no es suficiente. Todos ellos necesitan una ideología para justificarse, necesitan decir que lo hacen por una gran causa. Si estudias a los yihadistas, ves que muchos también tienen problemas psicológicos. Pero el terrorismo es siempre un medio para conseguir el objetivo, la fama o lo que sea. Y la religión es a menudo solo un pretexto.

P. En el caso de Breivik, parece que ha encontrado algunas respuestas en su biografía y en el estudio de su personalidad.

R. Sí, es un caso especial. Cuanto más indagaba más me parecía que, en él, las razones personales eran muy fuertes. Breivik nunca encajó en ningún sitio. Los jóvenes socialistas [de la isla de Utoya] eran el enemigo del día, simplemente un grupo al que podía odiar. Pero sus víctimas podrían haber sido otras.

P. Cree que Breivik no disfrutó mientras cometía la matanza.

R. No, creo que es un mito. Al principio, mucha gente decía que iba sonriendo y cantando mientras disparaba, y esa es la historia que quedó. Pero después, cuando entrevistas a los supervivientes uno a uno, nadie te puede decir que le hubiera visto sonreír, sino que habían escuchado que alguien le había visto.

 P. ¿Sabe si Breivik ha leído su libro?

R. No lo sé, pero he recibido varias cartas de él. Cuando estaba en prisión, quise entrevistarlo para el libro. Me respondió que tal vez sí, pero puso como condición escribirlo juntos, o al menos tener su parte en el texto. Le dije que no. Mientras escribía pensaba: tiene que leerlo, tiene que conocer a las víctimas a las que mató. Se sentía halagado de que yo escribiera sobre él, en el fondo pensaba que yo también era una nazi o que teníamos alguna conexión...

P. ¿Le ha costado desembarazarse de su presencia?

R. Tras la publicación del libro, siguió escribiéndome cartas, pero no quise responderle. Estuve interesada en él mientras escribí, pero ahora no, ya no forma parte de mi vida. En cambio, sigo en contacto con las familias y cargaré con las víctimas el resto de mis días. No sé en España, pero en Noruega no somos muy buenos con el duelo. Y con estos padres aprendí a no tener miedo al duelo.

P. Explica que, el día del ataque, Noruega no estuvo a la altura.

R. Sí, el país falló masivamente. Fracasamos. La policía se durmió. Pero después, hemos podido reaccionar. El juicio fue una lección de transparencia, se analizó la ideología, la forma de funcionar del cerebro de Breivik... Fue casi un curso universitario para todos los ciudadanos.

P. ¿Cómo ha cambiado su país en esta década?

R. Pues que tenemos esta herida y hemos de asumirlo. Pero no hemos cambiado en lo fundamental. Noruega es uno de los países con los niveles de confianza más altos del mundo: confías en tu vecino, en tu profesor, en la policía... Tras los atentados bajó un poco, pero ahora se ha recuperado.

P. ¿La masacre no incidió en el difícil equilibrio entre seguridad y libertad?

R. Realmente, no. El 11-S cambió el mundo: Afganistán, Irak, los controles en los aeropuertos... Todo eso empezó ahí. Pero aquí no. El único signo visible en Noruega es que hay más seguridad en los edificios gubernamentales."                   (Entrevista a Åsne Seierstad, Jesús García Bueno, 03/10/22)

10/6/22

China institucionaliza el trabajo forzoso de los uigures en Xinjiang

 "China ha institucionalizado el trabajo forzoso que en los últimos años ha impuesto entre los ciudadanos de la minoría musulmana uigur de Xinjiang. 

Según una investigación del académico alemán Adrian Zenz, experto en el análisis de las políticas de opresión de Pekín, hecha pública este lunes y a la que ha tenido acceso EL PAÍS, aquellos uigures que entre 2016 y 2020 fueron “movilizados” para ocupar un determinado puesto de trabajo en cualquier punto de la geografía china, muchos de ellos contra su voluntad, siguen siendo obligados a permanecer en él. 

Esta imposición es, de acuerdo con el análisis del experto, uno de los elementos clave del programa de crecimiento económico e industrial que el Gobierno de Xi Jinping ha diseñado para esta región localizada en el oeste del gigante asiático.

La nueva política laboral de Xinjiang, desgranada en el 14º Plan Quinquenal de Desarrollo Social y Económico de la región (2021-2025), aspira a consolidar el número de empleados obligados a trabajar y a multiplicarlos con la máxima de que “todas las personas capaces de trabajar deben trabajar”, independientemente de sus obligaciones familiares e incluso de sus condiciones físicas. Esta exigencia estaba anteriormente reservada, aclara Zenz, a “una persona por hogar”. De acuerdo con sus estimaciones, “entre dos y 2,5 millones de uigures están en riesgo de ser obligadas al trabajo forzoso”.

El análisis del experto alemán, basado en discursos y documentos oficiales, se centra únicamente en el trabajo forzoso impuesto al “excedente de trabajadores rurales” de Xinjiang, es decir, a mano de obra sobrante del sector primario. Investigaciones anteriores ya habían desvelado que también habían sido sometidos a este tipo de práctica muchos detenidos en lo que China llama eufemísticamente “centros de reeducación”, pero que, según ha confirmado la reciente filtración de Los archivos Policiales de Xinjiang, son en realidad campos de internamiento donde Pekín represalia con prácticas policiales violentas a la minoría uigur.

Sin embargo, desde 2019 no existen evidencias contundentes, según el académico, de que China siga utilizando la mano de obra de los reclusos de los campos de reeducación, que eran empleados de forma coercitiva habitualmente en sectores relacionados con la industria textil, como la recogida del algodón —el de Xinjiang representa más del 80% de la producción china y el 20% de la producción mundial—. Sin embargo, son sectores que requieren constantemente empleados. “Los trabajadores rurales sobrantes que rechazan la recolocación laboral exigida por el Estado siguen en riesgo de ser internados en campos de reeducación”, denuncia Zenz.

Una de las novedades del plan económico estatal diseñado para Xinjiang es la puesta en marcha del denominado Sistema de Monitoreo y Alerta Temprana del Desempleo, un programa que combina la inspección sobre el terreno con el análisis de datos para detectar a aquellas familias que o bien se han empobrecido o bien han aumentado sus gastos. En 2021, según los documentos analizados por Zenz, Pekín envió a equipos para investigar y monitorizar la pobreza y la situación de ingresos de 12 millones de familias rurales en Xinjiang. De todas ellas, 774.000 fueron seleccionadas para lo que China llama “monitorización en tiempo real”.

Las historias reales que se esconden tras esta política que Pekín asegura que pretende luchar contra la pobreza de la zona desvelan que el Gobierno de Xi Jinping sigue valiéndose del trabajo forzoso para contar con más mano de obra, según Zenz. Ha sido la propaganda estatal sobre el Sistema de Monitoreo y Alerta Temprana del Desempleo la que precisamente ha permitido conocer algunos de estos casos, que China exhibe como éxitos de impulso laboral. El investigador destaca uno de ellos en el que a un trabajador de la construcción con la tensión alta se le asignó una tarea que requería menos esfuerzo físico en una fábrica de ropa. Sin embargo, su mujer, que padecía una enfermedad renal, fue obligada a trabajar en la limpieza. “La medida sorprendente de asignar un trabajo físicamente exigente a una persona que aparentemente padece una enfermedad crónica posiblemente se deba a que este hogar estaba formado por siete personas”, explica el experto. Sin ningún adulto trabajando a pleno rendimiento, tras la reubicación del padre, “los ingresos de la familia probablemente caerían por debajo del límite de la pobreza”, lo que hizo saltar las alarmas del sistema chino.

“Políticas que apoyan a los holgazanes”

El pleno empleo se ha convertido en uno de los objetivos de la región. El secretario del Partido Comunista Chino (PCCh) en Xinjiang entre 2016 y hasta finales de 2021, Chen Quanguo, a quien se le atribuye la política de represión sistemática contra los uigures, afirmó el año pasado que “con el fin de evitar el regreso a la pobreza, [Pekín] no puede dar dinero para mantener a nadie para no caer en la trampa del bienestar y de las políticas que apoyan a los holgazanes”. Sus afirmaciones van en línea con las pronunciadas por Xi Jinping a finales de 2021, durante un discurso nacional en el que afirmó que China no debe sumarse a las “políticas del bienestar” que, según el mandatario chino, son estrategias erróneas practicadas por los regímenes populistas latinoamericanos, cuyo resultado es favorecer la aparición de “gente perezosa”.

 La maniobra estatal, basada en el uso de mano de obra forzosa, para lograr el pleno empleo en Xinjiang ha logrado importantes resultados económicos. El comercio directo con otros países aumentó en 2021 un 5,8%, según los datos de la aduana de Urumqi, la capital de la región. Adrian Zenz señala que es especialmente “preocupante” que el 51,5% de las exportaciones eran productos que requieren mano de obra intensiva, es decir, aquellos en los que con mayor probabilidad pueden ser empleados los uigures de manera forzosa.

Este aumento obedece fundamentalmente al incremento de las exportaciones con la Unión Europea, que crecieron un 13,6% el año pasado, y con países como Vietnam, con un aumento del 108,9%. Hacia Estados Unidos, las ventas cayeron, en cambio, un 61,3%, probablemente, según Zenz, por las sanciones de Washington contra Pekín, aunque el Reino Unido, Canadá y la Unión Europea también han aplicado sanciones en el sector textil chino. Algunas empresas, como la sueca H&M o Nike, han apostado por no utilizar algodón procedente de Xinjiang.

Pero más allá de la pretendida lucha contra la pobreza, la imposición del trabajo es otra de las medidas para la asimilación de la minoría uigur en un país poblado principalmente por ciudadanos de la etnia han. El mismo Xi defendió en 2014, según un discurso confidencial desvelado en una filtración, que las personas desempleadas “provocarán problemas”, mientras que, el empleo en las empresas propicia “la interacción étnica, los intercambios y la mezcla” y hace que los grupos étnicos “estudien la cultura china”.

“La naturaleza sistémica del trabajo coercitivo en Xinjiang es el producto de objetivos políticos que solo pueden alcanzarse trasladando a millones de trabajadores uigures desde sus medios de vida rurales a otros industriales, rompiendo comunidades tradicionales y transfiriendo minorías étnicas a regiones de mayoría han”, sostiene Zenz. Las declaraciones del ministro de Exteriores chino, Wang Yi, que aseguró en mayo de 2021 que “no existe trabajo forzoso en Xinjiang, solo empleo voluntario”, hacen prever, según el investigador alemán, que Pekín “no tiene intención de abandonar sus objetivos políticos en la región, que dependen directamente” de la consolidación del trabajo forzoso."             (Patricia R. Blanco , Óscar Gutiérrez , El País, 06/06/22)

4/4/22

Se aprueba, al fin, una legislación contra los linchamientos en Estados Unidos

 "El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, promulgó este martes la Ley Emmett Till contra los Linchamientos. Culminan así más de 100 años de esfuerzos e iniciativas para que el linchamiento sea considerado un delito federal en el país.

Michelle Duster, la bisnieta de Ida B. Wells, una legendaria activista y periodista afroestadounidense denunciante de los linchamientos, dijo durante la ceremonia de firma de la ley:

“Desde que mi bisabuela visitó la Casa Blanca hace 124 años ha habido más de 200 iniciativas para promulgar esta legislación. Hace 17 años, en 2005, mi hermano Dan habló en una conferencia de prensa que se hizo en el Senado en la que se emitió una disculpa por no haber aprobado el proyecto de ley [contra los linchamientos]. Pero, finalmente, estamos aquí hoy, después de varias generaciones, para presenciar este momento histórico”.

Emmett Till debería estar vivo hoy. Nacido el 25 de julio de 1941, tendría actualmente 80 años de edad. Tal vez estaría aún bromeando y riendo como solía hacer durante su infancia. La madre de Emmett, Mamie Till-Mobley, escribió sobre su hijo: “Para Emmett, la vida era risa y la risa era vivificante. Había tanta alegría en su mundo despreocupado que solo quería compartirla con todos los que lo rodeaban”. 

Emmett Till, que era afroestadounidense, fue brutalmente asesinado el 28 de agosto de 1955 cuando tenía 14 años. El joven fue acusado de haberle dirigido un silbido a Carolyn Bryant, una mujer blanca. Tras ese episodio lo sacaron a rastras de la casa de su tío abuelo en la localidad de Money, en el estado de Misisipi, donde su madre lo había enviado desde Chicago para pasar el verano. Varios días después, su cuerpo fue hallado en el fondo del río Tallahatchie, brutalmente golpeado y desfigurado, y amarrado con alambre de púas al ventilador de una desmotadora de algodón de 34 kilos.

El alguacil del condado de Leflore intentó que el entierro de Emmet Till se realizara de inmediato, pero Mamie intervino y pagó el equivalente al salario de casi un año para que el cuerpo de su hijo fuera enviado de regreso a Chicago. Allí, el director de la funeraria se negó a abrir el cajón para que Mamie Till-Mobley pudiera ver el cadáver de su hijo. Pero ella le exigió: “Dame un martillo”. El encargado de la funeraria cedió y permitió que Mamie viera los restos mutilados de su hijo. Para entonces, el asesinato había desatado una gran indignación en todo el país. Mamie Till-Mobley insistió en que Emmett recibiera un funeral de ataúd abierto. “Que el mundo vea lo que yo he visto”, dijo.

Unas 100.000 personas asistieron al funeral para rendirle tributo al joven asesinado. La revista Jet Magazine puso en su portada una foto de Emmett en el ataúd, con la cabeza hinchada y deformada por la violencia. La imagen dio la vuelta al mundo y obligó a la población estadounidense a ver los estragos del racismo y la brutalidad de la intolerancia.

Dos sospechosos fueron arrestados por el secuestro y asesinato de Emmett Till: Roy Bryant, el esposo de la mujer que afirmó que el adolescente le había silbado; y el medio hermano de este, J.W. Milam. Desde que Emmett se reportó como desaparecido, dos valientes activistas de la filial en Misisipi de la Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color, Medgar Evers y Amzie Moore, habían estado trabajando arduamente en el hecho, primero tratando de localizar al adolescente y luego buscando testigos presenciales del asesinato. 

A pesar de los testigos que presentaron los activistas, un jurado compuesto exclusivamente por hombres blancos absolvió a los sospechosos. Un miembro del jurado dijo que habían tomado la decisión en cuestión de minutos, pero que esperaron una hora antes de dar a conocerla para que diera la impresión de que realmente habían deliberado y ponderado el caso. Pocos años después, el 12 de junio de 1963, el propio Medgar Evers fue asesinado en la entrada de su casa.

Después de la absolución, Bryant y Milam vendieron su historia a la revista Look Magazine por 4.000 dólares —equivalente a más de 40.000 dólares en la actualidad—, casi la misma suma que Mamie Till-Mobley había pagado para que los restos de su hijo fueran trasladados a su ciudad natal. A pesar de que ambos hombres le confesaron a la revista que habían asesinado a Emmett, no pudieron ser llevados a juicio debido a las disposiciones constitucionales de Estados Unidos respecto al “doble juzgamiento”. Si en ese momento hubiera existido una ley federal contra los linchamientos, Bryant y Milam podrían haber sido nuevamente imputados.

El asesinato de Emmett Till le dio impulso al movimiento por los derechos civiles. Meses después, Rosa Parks se negaba a cederle su asiento a un hombre blanco en un autobús de la ciudad de Montgomery, en el estado de Alabama. Cuando se le preguntó por qué se rehusó a ir a la parte trasera del autobús, Parks dijo: “Pensé en Emmett Till y simplemente no podía dar marcha atrás”.

El renombrado sindicalista y activista por los derechos civiles afroestadounidense A. Philip Randolph eligió el día del octavo aniversario de la muerte de Emmett Till —el 28 de agosto de 1963— para llevar a cabo la Marcha sobre Washington, la gran manifestación en la que Martin Luther King pronunció su histórico discurso “Yo tengo un sueño”.

En 2004, el FBI reabrió la causa de Emmett Till y entrevistó a los testigos presenciales supervivientes, lo que llevó a la identificación de varios otros sospechosos que aún vivían en ese entonces. En 2017, el historiador Timothy Tyson publicó un libro sobre el caso que incluía una entrevista que le realizó a Carolyn Bryant en 2007. En el libro, Tyson cuenta que Bryant se retractó de parte del testimonio que brindó ante el tribunal en 1955, en el que había afirmado que Till la había tocado y le había hecho comentarios obscenos. Esta revelación podría haber provocado que Bryant fuera acusada de mentirle al FBI.

Sin embargo, la mujer negó el relato de Tyson y en diciembre de 2021 el Departamento de Justicia de Estados Unidos cerró formalmente el caso de Emmett Till.

“La forma de corregir los errores es encender la luz de la verdad sobre ellos”, escribió Ida B. Wells. Si bien los asesinos de Emmett Till permanecieron impunes, la corta vida del joven y el incansable activismo de su madre, Mamie Till-Mobley, indicaron el camino a seguir para que los estadounidenses repudiemos para siempre los actos de violencia racista."                   (Amy Goodman - Denis Moynihan   , Rebelión, 02/04/2022)

30/3/22

Cuando un dedo lo dice todo: la foto de Marine Le Pen que rebosa racismo

 


  "Hay detalles que dicen mucho. Nimiedades que de pronto desvelan un mundo de sutilezas, de miedos y de fobias. Fíjense en ese diminuto dedo levemente apoyado sobre el hombro de una mujer negra.

 El dedo, como bien saben, pertenece a la líder ultraderechista francesa Marine Le Pen. También la sonrisa que emerge tras ese dedo, una sonrisa que aparenta cordialidad, que podría interpelarnos incluso desde la empatía o la solidaridad. Pero no. Algo le delata.

La instantánea, tomada en la isla de Sainte-Rose, comuna francesa situada en las Antillas francesas, está fechada este lunes y ha sido compartida a través de sus redes por la que fuera líder del Frente Nacional.

Y es que ese dedo índice, levemente apoyado, dice mucho más que una sonrisa. Desvela a un personaje, a una forma de entender al otro, nos habla de una repulsión íntima.

La imagen ha enfadado a muchos usuarios, que han denunciado el racismo de la conservadora radical.

El demonio, dicen, está en los detalles. Esta imagen es buena muestra de ello. Algunos dirán que es sólo un dedo. Otros, en cambio, verán la viva imagen del racismo."            (Tremending, 29/03/22)

2/2/22

Amnistía internacional califica a Israel de Estado de ‘apartheid’

 "Amnistía Internacional (AI) se suma a las organizaciones israelíes, como B’Tselem, e internacionales, como Human Rights Watch, que califican a Israel como Estado de apartheid por su trato discriminatorio a la población palestina bajo su control mediante un “sistema de opresión y dominación”. Estas acusaciones, contenidas en un informe presentado este martes en Jerusalén por la secretaria general de AI, Agnès Callamard, desataron el lunes una ofensiva preventiva del Ministerio de Exteriores israelí, que las tachó de “falsas” y basadas en el “antisemitismo”.

En el informe de 182 páginas El apartheid israelí contra la población palestina, Amnistía documenta que “confiscaciones masivas de tierras y propiedades palestinas, homicidios ilegítimos, traslados forzosos, restricciones a la circulación y negación de la nacionalidad y la ciudadanía son elementos de un sistema que, según el derecho internacional, equivale a apartheid (...) con violaciones de derechos que, constituyen un crimen de lesa humanidad, según la definición del Estatuto de Roma del Tribunal Penal Internacional (TPI)”. AI pide al TPI que incluya el delito de apartheid en sus investigaciones en curso y reclama a los Estados que ejerzan la jurisdicción universal para juzgar a los responsables.

El ministro de Exteriores israelí, Yair Lapid, pidió el lunes en un vídeo que no se difundiera el informe de AI, organización que calificó de “radical”. Su departamento afirmó que el documento “niega el derecho a existir de Israel como Estado nación del pueblo judío con un lenguaje que le demoniza y que echa leña al fuego del antisemitismo”.

La inusual reacción previa del jefe de la diplomacia israelí pone de relieve la preocupación de su Gobierno ante el creciente coro de voces en la esfera internacional que definen como apartheid la discriminación sufrida por los palestinos. La ofensiva diplomática se produce también después de que la fiscalía del Tribunal Penal Internacional, con sede en La Haya, abriese en marzo del año pasado una investigación por crímenes de guerra en Palestina.

“Vivan en Gaza, Jerusalén Oriental, Hebrón (Cisjordania) o en la propia Israel, los palestinos son tratados como un grupo racial inferior al que se priva sistemáticamente de sus derechos”, ha asegurado la secretaria general de Amnistía en un comunicado. “Las políticas de segregación, desposesión y exclusión en los territorios que están bajo control de Israel constituyen apartheid”, concluye Callamard.

AI señala que su informe es fruto de más de cuatro años de investigaciones de las 70 secciones de la organización en todo el mundo, que suman 10 millones de miembros. “Hubiésemos deseado un intercambio de información con el ministro de Exteriores israelí, pero nos pusimos en contacto con él en octubre y aún no nos ha contestado”, declaró el lunes a France Presse la responsable de AI. “Criticar las políticas del Estado de Israel no es antisemitismo, que es algo que nosotros denunciamos en todo el mundo”, puntualizó Callamard.

Amnistía Internacional asegura haber documentado actos prohibidos en la Convención contra el Apartheid y en el Estatuto de Roma en todas las zonas bajo control de Israel, aunque reconoce que se cometen con más frecuencia y violencia en los territorios ocupados desde hace más de medio siglo. “Las autoridades israelíes promulgan múltiples medidas para negar deliberadamente a la población palestina sus derechos y libertades fundamentales, como draconianas restricciones a la circulación (...) traslados forzosos, detenciones administrativas (indefinidas y sin cargos), torturas y homicidios ilegítimos”, resume un comunicado sobre el informe, que hace hincapié en la muerte de más de dos centenares de palestinos a manos de francotiradores del Ejército israelí en las manifestaciones de 2018 y 2019 en la frontera de Gaza."            (Juan Carlos Sanz, El País, 01/02/22)

14/6/21

Las heridas aún abiertas de la matanza racista de Tulsa. Los tres únicos supervivientes vivos de los disturbios que costaron la vida a 300 afroamericanos hace 100 años continúan reclamando en vano una indemnización

 "Viola Ford Fletcher tenía siete años cuando un hombre pasó delante de su casa en el barrio de Greenwood, en la ciudad de Tulsa (Oklahoma), gritando a todo el mundo que se marcharan porque “los blancos estaban matando a todos los negros”. Era la noche del 31 de mayo de 1921.

 En cuestión de horas, durante la madrugada del 1 de junio, una turba de blancos saqueó e incendió los negocios de los afroamericanos. Según los cálculos de los historiadores, 300 personas murieron y otros centenares resultaron heridos. Las llamas destruyeron 35 manzanas y 8.000 residentes del distrito quedaron sin hogar.

 Fletcher aún recuerda con lucidez las imágenes de sus vecinos recibiendo disparos, sus cuerpos sin vida en la calle, el fuego consumiendo las iglesias, los negocios y los edificios. “Aún puedo oler el humo”, aseguró este 19 de mayo ante un comité del Congreso en Washington.

 El barrio atacado esa noche era conocido como el Wall Street Negro. Veteranos de la I Guerra Mundial, profesionales y artesanos —descendientes de esclavos— habían logrado levantar un segregado pero próspero distrito en el que vivían cerca de 10.000 afroamericanos. Era un oasis donde la comunidad negra podía acariciar el sueño americano en una época en la que aún eran comunes los linchamientos.

El detonante de la masacre fue un hecho banal en el ascensor de un hotel en el centro de Tulsa el 30 de mayo. Dick Rowland, un limpiabotas negro de 19 años, coincidió en él con Sarah Page, blanca, de 17. Según determinó una comisión oficial sobre la matanza, establecida en 2001 por el Estado de Oklahoma, el joven negro tropezó al salir del ascensor, lo que provocó que pisara el pie de la chica blanca, que profirió un grito probablemente involuntario.

Varios testigos afirmaron después haber oído gritar a una mujer blanca y a un joven negro escapar corriendo, un relato del que los medios locales de la época dedujeron que el adolescente afroamericano había agredido sexualmente a Page. Ese mismo día, cientos de hombres blancos armados se congregaron fuera del juzgado donde estaba detenido Rowland. Algunos de ellos habían sido reclutados por el Ayuntamiento de la ciudad y por las autoridades del Estado de Oklahoma. Un número inferior de hombres negros, también armados, acudieron al lugar para evitar que lincharan al joven Rowland. Un disparo entre la multitud desató el caos que se trasladó a Greenwood. La violencia se prolongó durante 24 horas.

 Ningún blanco fue procesado jamás por los hechos y, en estos 100 años, ningún negro ha sido indemnizado. El informe de la comisión oficial de Oklahoma instó ya en 2001 a que se compensara económicamente a las víctimas pero esa recomendación cayó en el olvido, pese a que el documento confirmaba que las autoridades de aquella época conspiraron e instigaron a los blancos a arrasar el barrio negro.

 Cerca de 6.000 personas fueron detenidas, la mayoría afroamericanos. Un gran jurado culpó a los hombres negros de los disturbios. Las compañías de seguro rechazaron las reclamaciones de las víctimas y las demandas civiles contra la ciudad en busca de ayuda financiera fueron desestimadas. Rowland, el limpiabotas negro cuyo incidente con la chica blanca desencadenó la furia de los blancos, fue posteriormente exonerado y todos los cargos en su contra, retirados.

Durante décadas, Tulsa ignoró lo sucedido ese 31 de mayo, una fecha que hasta hace poco ni siquiera aparecía en los libros de Historia. Ahora, el movimiento para lograr indemnizaciones por la que fue una de las masacres racistas más mortíferas de Estados Unidos desde el fin de la esclavitud ha cobrado un nuevo impulso en un país sacudido por el movimiento antirracista Black Lives Matter (Las vidas de los negros importan-BLM). BLM llamó a movilizaciones masivas de la comunidad afroamericana ahora hace un año, tras el homicidio a manos de un policía del afroamericano George Floyd.

En este contexto, en septiembre de 2020, las tres únicas víctimas directas que aún viven y los descendientes de los fallecidos de Tulsa interpusieron una demanda contra la ciudad y la Cámara de Comercio estatal para que se los indemnice y se dé prioridad a los vecinos afroamericanos en la adjudicación de contratos municipales. La demandante principal, Lessie Benningfield Randle, de 105 años, es una de esos tres supervivientes conocidos, junto con Viola Fletcher y Hughes Van Ellis, el hermano menor de Fletcher, de 100 años.

Una justicia “imposible para los negros”

Lessie Benningfield Randle testificó en un vídeo proyectado a los miembros de la comisión del Congreso sobre una masacre que la anciana definió “como una guerra” perpetrada por hombres blancos armados que destruyeron su comunidad “sin ninguna razón”. Randle responsabilizó a las autoridades de la ciudad por lo sucedido: “Las personas en posiciones de poder de EE UU, muchas como ustedes, nos han dicho que esperemos. Otros nos han dicho que es demasiado tarde. Parece que la justicia en EE UU siempre es tan lenta o imposible para los negros y nos hacen sentir como si estuviéramos locos solo por pedir que las cosas se arreglen”.

“No somos solo imágenes en blanco y negro”, sostuvo, por su parte, Hughes Van Ellis, el hermano de Fletcher, quien también compareció ante el Congreso. “Somos de carne y hueso. Yo estaba allí cuando ocurrió. Y todavía estoy aquí”, agregó.

 El presidente Joe Biden, quien ha sostenido que la esclavitud es el “pecado original” de Estados Unidos, visitará este martes Tulsa. El mandatario se reunirá con los supervivientes para conmemorar el centenario de la masacre en una ciudad que es hogar aún hoy de escandalosas disparidades raciales. El ingreso familiar promedio en los hogares negros es menos de tres quintas partes de los 55.278 dólares (45.336 euros) de los que disponen de media las familias blancas, informa The New York Times. El 33,5% de los afroamericanos del norte de la ciudad vive en la pobreza, en comparación con el 13,4% de los blancos en el sur y la esperanza de vida de la comunidad en el barrio más pobre es 11 años inferior a la del sector más rico, blanco, según datos del Departamento de Salud de Tulsa recogidos por Human Right Watch.

Los supervivientes y los descendientes de las víctimas de Tulsa creen que la pobreza en la que vive aún hoy la comunidad negra de esa ciudad hunde sus raíces en las matanzas que tuvieron lugar en la noche del 31 de mayo al 1 de junio de 1921."                   (Antonia Laborde, El País, 31/05/21)

9/6/21

Tom Hanks: Deben saber la verdad sobre la masacre racial de Tulsa

 "Me considero un historiador aficionado que habla demasiado en las cenas con amistades, en las que inicio conversaciones con preguntas como: “¿Sabías que el canal de Erie es la razón por la que Manhattan se convirtió en el centro económico de Estados Unidos?”. 

Algunos de los proyectos en los que trabajo son obras de entretenimiento basadas en hechos históricos. ¿Sabían que el segundo presidente estadounidense alguna vez defendió en un tribunal a los soldados británicos que les dispararon a muerte a los bostonianos coloniales y que logró que la mayoría quedara libre de castigo?

 Según recuerdo, cuatro años de mi educación incluyeron estudios de historia estadounidense. Los grados quinto y octavo, dos semestres en el bachillerato, tres cuartas partes del programa que cursé en una universidad comunitaria. Desde entonces, he leído textos de historia por placer y he visto documentales como primera opción. Muchas de esas obras y esos libros académicos narraban las vivencias de gente blanca y la historia blanca. Las pocas figuras negras —Frederick Douglass, Harriet Tubman, el reverendo Martin Luther King Jr.— eran aquellas que habían logrado mucho a pesar de la esclavitud, la segregación y las injusticias institucionales en la sociedad estadounidense.

Sin embargo, pese a todo lo que he estudiado, jamás leí una sola página en ningún libro escolar de historia sobre cómo, en 1921, una muchedumbre de personas blancas incendió un lugar conocido como el Black Wall Street, asesinó a 300 de sus ciudadanos negros y desplazó a miles de afroestadounidenses que vivían en Tulsa, Oklahoma.

Lo mismo le ha ocurrido a mucha gente: en su mayoría, la historia la escribían personas blancas que se basaban en personas blancas, como yo, mientras que la historia de las personas de color —incluidos los horrendos disturbios de Tulsa— se excluía muy a menudo. Hasta hace relativamente poco tiempo, la industria del entretenimiento, que ayuda a determinar qué forma parte de la historia y qué queda en el olvido, hacía lo mismo. Eso incluye proyectos en los que yo participé. Yo sabía sobre el ataque al Fuerte Sumter, la batalla de Little Bighorn y el ataque a Pearl Harbor, pero no supe nada sobre la masacre de Tulsa sino hasta el año pasado, gracias a un artículo de The New York Times.

En vez de enterarme de eso, en mis clases de historia aprendí que la Ley del Sello en el Reino Unido contribuyó al motín del té, que “nosotros” éramos un pueblo libre porque la Declaración de Independencia decía que “todos los hombres son creados iguales”. Que la rebelión del whiskey comenzó por un impuesto al whiskey. Que los Artículos de la Confederación y las Leyes de Extranjería y Sedición fueron esfuerzos absurdos. Con justa razón, mis clases dedicaron tiempo a Sacco y Vanzetti, al Partido Progresista de Teddy Roosevelt y a los hermanos Wright. Nuestros libros de texto contaban la historia de la compra de Luisiana, de la inundación de Johnstown, Pensilvania, del gran terremoto de San Francisco y de George Washington Carver y los cientos de productos que desarrolló a partir del cacahuate.

 Pero Tulsa jamás figuró más que como una ciudad en la pradera. En uno de esos años escolares, se le dedicaron unos párrafos a la primera marcha para colonizar las tierras no asignadas, conocida como Oklahoma Land Rush, pero la quema en 1921 de la población negra que vivía ahí nunca se mencionó. Desde entonces, me he percatado de que tampoco hubo mención de la violencia, tanto a pequeña como a gran escala, contra las comunidades negras, sobre todo entre el final de la Reconstrucción y las victorias del movimiento por los derechos civiles; no se contaba nada de la matanza de residentes negros en Slocum, Texas, a manos de una turba de personas blancas en 1910 ni del Verano Rojo de terrorismo supremacista blanco en 1919. A muchos estudiantes como yo se nos decía que el linchamiento de estadounidenses negros era una tragedia, pero no que estos asesinatos públicos eran comunes y que a menudo eran elogiados por los periódicos y las fuerzas de seguridad locales.

Para un niño blanco que vivió en vecindarios blancos de Oakland, California, mi ciudad en los años sesenta y setenta parecía un lugar diverso e integrado, aunque a veces se sentía tenso y polarizado, algo que quedaba claro en muchos autobuses del transporte público. La división entre el Estados Unidos blanco y el negro se veía tan sólida como cualquier frontera internacional, incluso en una de las ciudades más integradas de la nación. Las escuelas Bret Harte Junior High y Skyline High School tenían estudiantes asiáticos, latinos y negros, pero la mayoría del alumnado de esos institutos era blanco. Ese no parecía ser el caso en otros bachilleratos públicos de la ciudad.

Nos dieron clases sobre la Proclamación de Emancipación, el Ku Klux Klan, el audaz heroísmo y los buenos modales de Rosa Parks, e incluso sobre la muerte de Crispus Attucks en la masacre de Boston. Partes de ciudades estadounidenses habían ardido en llamas en distintos momentos desde los disturbios de Watts en 1965, y Oakland era la sede del Partido Pantera Negra y del centro de inducción de reclutas de la era de la guerra de Vietnam, así que la historia se desarrollaba justo frente a nuestros ojos, en nuestra propia ciudad. Los problemas eran innumerables, las soluciones teóricas, las lecciones escasas y los titulares incesantes.

La verdad sobre Tulsa y la reiterada violencia de algunos estadounidenses blancos contra estadounidenses negros se ignoraba de manera sistemática, tal vez porque se consideraba una lección demasiado honesta y dolorosa para nuestros jóvenes oídos blancos. Por lo tanto, las escuelas predominantemente blancas no la incluían en sus temarios, las obras de ficción histórica dirigidas a las masas no la revelaban y la industria en la que elegí trabajar no abordó esos temas en películas ni en series sino hasta hace poco. Al parecer, los profesores y los directivos escolares blancos omitían el tema incendiario por el bien del statu quo —si acaso sabían sobre la masacre de Tulsa, porque algunos seguramente no estaban enterados de ella—, con lo que pusieron los sentimientos blancos por encima de la experiencia negra y, en este caso, literalmente por encima de las vidas negras.

¿Cómo habría cambiado nuestra perspectiva si a todos nos hubieran hablado de lo ocurrido en Tulsa en 1921 desde el quinto grado? Hoy en día, esta omisión me parece trágica, una oportunidad desperdiciada, un momento valioso de enseñanza malgastado. Cuando las personas escuchan sobre el racismo sistémico en Estados Unidos, el mero uso de esas palabras suscita la ira de aquellas personas blancas que insisten en que desde el 4 de julio de 1776 todos hemos sido libres, que todos fuimos creados de la misma manera, que cualquier estadounidense puede volverse presidente y tomar un taxi en el centro de Manhattan sin importar el color de su piel, que, en efecto, el progreso estadounidense hacia la justicia para todos quizá sea lento pero es persistente. Díganles eso a los sobrevivientes de Tulsa, que ahora tienen 100 años de edad, y a su descendencia. Y cuenten la verdad a los descendientes blancos de aquellos que estuvieron en la multitud que destruyó Black Wall Street.

Actualmente, pienso que las obras de ficción basadas en hechos históricos con fines de entretenimiento deben retratar el yugo del racismo en nuestra nación por el bien de las pretensiones de verosimilitud y autenticidad de esta forma de arte. Hasta hace poco, la masacre racial de Tulsa no se veía en películas ni programas de televisión. Gracias a varios proyectos que ahora están en plataformas de emisión en continuo, como Watchmen y Lovecraft Country, este ya no es el caso. Tal como otros documentos históricos que mapean nuestro ADN cultural, estas obras reflejarán quiénes somos realmente y ayudarán a determinar cuál es nuestra historia completa y qué es lo que debemos recordar.

¿Acaso nuestras escuelas deben enseñar lo que de verdad pasó en Tulsa? Sí, y también deben frenar la lucha para diseñar los planes de estudio de manera que se omitan injusticias raciales históricas con el argumento de evitar la incomodidad de los estudiantes. La historia de Estados Unidos es complicada, pero el conocimiento nos hace personas más sabias y fuertes. Lo sucedido en 1921 es una verdad, un portal hacia nuestra paradójica historia compartida. No se permitió la existencia de un Wall Street afroestadounidense; se redujo a cenizas. Más de 20 años después, ganamos la Segunda Guerra Mundial a pesar de la segregación racial institucionalizada.

 Más de 20 años después de eso, las misiones del programa Apolo pusieron a 12 hombres en la Luna mientras que otros luchaban para poder votar, y la publicación de los papeles del Pentágono demostró hasta qué grado están dispuestos a mentirnos sistemáticamente nuestros funcionarios electos. Cada una de estas lecciones es una crónica de nuestra búsqueda de estar a la altura de la promesa de nuestra tierra, de nuestro intento de contar verdades que, en Estados Unidos, deben considerarse más que evidentes."              

(El actor y cineasta cuyos proyectos incluyen obras basadas en hechos históricos, como Hermandad en la trinchera, The Pacific y John Adams: Tom Hanks, The New York Times, 07/06/21)

22/4/21

La masacre racial de Tulsa de 1921 fué el peor incidente de violencia racial en la historia de Estados Unidos. El ataque, llevado a cabo en tierra y desde aviones privados que los bombardearon con explosivos, destruyó más de 35 bloques cuadrados de la comunidad negra más rica de los Estados Unidos

 "La masacre racial de Tulsa (también llamada disturbio racial de Tulsa, la masacre de Greenwood o la masacre de Black Wall Street) de 1921  tuvo lugar el 31 de Mayo y el 1 de junio de 1921, cuando multitudes de residentes blancos atacaron a residentes y negocios negros del distrito de Greenwood en Tulsa, Oklahoma.  

Se le ha llamado "el peor incidente de violencia racial en la historia de Estados Unidos".  El ataque, llevado a cabo en tierra y desde aviones privados, destruyó más de 35 bloques cuadrados del distrito, en ese momento la comunidad negra más rica de los Estados Unidos, conocida como "Black Wall Street".1​2​

Más de 800 personas ingresaron en hospitales y hasta 6,000 residentes negros fueron internados en grandes instalaciones, muchas durante varios días.  La Oficina de Estadísticas Vitales de Oklahoma registró oficialmente 36 muertos, pero la Cruz Roja Americana se negó a proporcionar una estimación. Un examen de los eventos de la comisión estatal de 2001 pudo confirmar 36 muertos, 26 negros y 10 blancos, según informes de autopsias contemporáneos, certificados de defunción y otros registros.  La comisión dio estimaciones generales de 75–100 a 150–300 muertos.

La masacre comenzó el fin de semana del Día de los Caídos, después de que Dick Rowland, un lustrabotas negro, de 19 años, fuera acusado de agredir a Sarah Page, una operadora de elevadores blanca de 17 años del cercano edificio Drexel. Él fue puesto bajo custodia. Una reunión posterior de blancos locales enojados fuera del juzgado donde se encontraba recluido Rowland, y la propagación de rumores de que había sido linchado, alarmó a la población negra local, algunos de los cuales llegaron armados al juzgado. 

Se dispararon y murieron 12 personas: 10 blancas y 2 negras. A medida que la noticia de estas muertes se extendió por toda la ciudad, la violencia de la mafia explotó. Alborotadores blancos arrasaron el vecindario negro esa noche y mañana matando hombres y quemando y saqueando tiendas y hogares, y solo alrededor del mediodía del día siguiente, las tropas de la Guardia Nacional de Oklahoma lograron controlar la situación al declarar la ley marcial. 

Alrededor de 10,000 personas negras se quedaron sin hogar, y el daño a la propiedad ascendió a más de $ 1.5 millones en bienes raíces y $ 750,000 en propiedad personal (equivalente a $ 32.25 millones en 2019). Su propiedad nunca fue recuperada ni fueron compensados ​​por ella.

Muchos supervivientes dejaron Tulsa, mientras que los residentes blancos y negros que se quedaron en la ciudad guardaron silencio durante décadas sobre el terror, la violencia y las pérdidas de este evento. La masacre se omitió en gran medida de las historias locales, estatales y nacionales.

En 1996, setenta y cinco años después de la masacre, un grupo bipartidista en la legislatura estatal autorizó la formación de la Comisión de Oklahoma para estudiar los disturbios raciales de Tulsa de 1921. Se designaron miembros para investigar eventos, entrevistar a supervivientes, escuchar el testimonio del público y preparar un informe de eventos. Hubo un esfuerzo hacia la educación pública sobre estos eventos a través del proceso.

 El informe final de la Comisión, publicado en 2001, decía que la ciudad había conspirado con la mafia de ciudadanos blancos contra ciudadanos negros; recomendó un programa de reparaciones para los supervivientes y sus descendientes. El estado aprobó una ley para establecer algunas becas para descendientes de supervivientes, alentar el desarrollo económico de Greenwood y desarrollar un parque conmemorativo en Tulsa para las víctimas de la masacre. El parque se dedicó en 2010. En 2020, la masacre se convirtió en parte del plan de estudios de las escuelas de Oklahoma. (...)"               (Wikipedia)

 

 "Fue una de las peores masacres contra la comunidad negra en Estados Unidos, pero es prácticamente desconocida.

A propósito de las protestas contra la brutalidad policial extendidas por todo EE.UU., estos días se recuerda en Tulsa, Oklahoma, uno de los episodios más trágicos en la historia de la ciudad.

Ocurrió en 1921 y dejó un rastro de muerte y destrucción en un próspero barrio de población negra conocido como el "Wall Street negro".

 Paradójicamente, el presidente de EE.UU., Donald Trump, eligió esta ciudad del medio-oeste del país para reanudar su campaña para las elecciones presidenciales del próximo 3 de noviembre.

 Allí se presenta este sábado 20 de junio ante sus simpatizantes, ajeno a las críticas de quienes se preguntan si este era el mejor lugar para retomar sus mítines dada las tensiones raciales que se viven en el país.

 Cómo se produjo la masacre

Todo empezó con el rumor de que un joven negro había atacado a una chica blanca en un hotel del centro de Tulsa.

Era la mañana del 30 de mayo de 1921 y Dick Rowland coincidió en un elevador con una mujer llamada Sarah Page. Los detalles de lo que pasó entonces varían según la fuente.

Entre la comunidad blanca de la ciudad empezaron a circular relatos del incidente que se fueron exagerando a medida que se compartieron con más personas.

 La policía de Tulsa arrestó a Rowland al día siguiente y abrió una investigación.

Un incendiario reportaje en la edición del 31 de mayo del periódico Tulsa Tribune fue el acicate para que estallara un enfrentamiento entre blancos y negros cerca del tribunal donde el alguacil y sus hombres habían bloqueado el último piso para proteger a Rowland de un posible linchamiento.

Hubo disparos y los afroestadounidenses, que eran minoría, comenzaron a replegarse hacia el distrito de Greenwood, conocido como el "Wall Street negro" por la abundancia de negocios y su prosperidad económica.

 Temprano en la mañana del 1 de junio, Greenwood fue saqueado y quemado por alborotadores blancos.

El entonces gobernador de Oklahoma, James Robertson, declaró la ley marcial y desplegó la Guardia Nacional.

Un día después del estallido racial, la violencia cesó.

Durante los disturbios, 35 cuadras quedaron en ruinas, lo que significó la destrucción de más de 1.200 casas.

Más de 800 personas tuvieron que ser atendidas por lesiones y en un principio se dijo que hubo 39 muertos, pero los historiadores calculan que murieron al menos 300 personas.

Más de 6.000 personas -la mayoría afroestadounidenses- fueron detenidas en el centro de convenciones y algunas permanecieron allí hasta ocho días.

 El Wall Street negro

A principios del siglo XX, el distrito de Greenwood era una floreciente comunidad con salas de cine, restaurantes, tiendas y un estudio de fotografía.

Era un vecindario autosuficiente y boyante, separado del resto de la ciudad por las vías del ferrocarril.

El apelativo de Black Wall Street ("Wall Street negro") pone de manifiesto su bonanza económica, que hizo que el barrio fuera considerado uno de los mejores del país para la comunidad negra.

Ese boom fue dilapidado en dos días de fuego y violencia.

 Tensiones previas

La masacre racial de Tulsa no se produjo como un hecho aislado e inesperado.

Para comprender lo que pasó hay que entender que dos años antes, cuando los militares estadounidenses regresaron de la Primera Guerra Mundial, muchos soldados negros fueron linchados con sus uniformes puestos.

De hecho, el verano boreal de 1919 se conoce en EE.UU. como el "Verano Rojo" por la cantidad de linchamientos y otros crímenes que se cometieron en distintas ciudades del país contra la población afroestadounidense.

 "La masacre de Tulsa surge de ese contexto", le explica a BBC Mundo Ben Keppel, profesor del Departamento de Historia de la Universidad de Oklahoma.

"Hay bastantes pruebas de que el barrio era un próspero centro económico, lo que aporta un elemento de envidia.

"La presencia de ese Wall Street en tiempos de una rigurosa segregación racial trastornaba a los supremacistas blancos, que no podían permitir ese ejemplo de igualdad y por eso sentían que lo tenían que quemar", señala Keppel.

"Además, justo después de la guerra, la economía en EE.UU. cayó en una profunda recesión que afectó a la industria petrolera. Hay un racismo preexistente que está soterrado y que sale a la superficie cuando hay problemas económicos.

"Hay que entender lo que pasaba para luchar contra ello, contra la creencia en la supremacía de los blancos", apunta el historiador.

Una tragedia escondida

Sin embargo, por mucho tiempo no fue posible entender lo que pasaba porque simplemente no se sabía.

El propio Keppel no oyó hablar de la masacre racial de Tulsa hasta que llegó como profesor a la Universidad de Oklahoma y un estudiante lo mencionó en clase. Era 1994. No lo había estudiado ni en la escuela ni en el instituto ni durante su formación universitaria.

 Esa situación ha cambiado. Los trágicos incidentes ya forman parte del currículo escolar, aunque gran parte de los estadounidenses siguen sin conocer los detalles.

Desde su puesto como coordinadora de programas en el centro cultural de Greenwood, Michelle Brown intenta mantener vivo el recuerdo y recopila testimonios de los pocos sobrevivientes que siguen con vida.

"Después de la masacre tanto los negros como los blancos escondieron lo que pasó bajo la alfombra, tenían que salir adelante", le cuenta Brown a la periodista de la BBC Jane O'Brien.

"Hablar de ello era revivirlo y era demasiado doloroso. Hubo madres que no volvieron a saber de sus hijos, esposas que perdieron a sus maridos, niños que se quedaron sin padres… nunca supieron nada de ellos".

Los alrededor de 300 muertos fueron enterrados en fosas comunes y los cuerpos nunca se encontraron.

Tampoco nadie pagó por lo sucedido.

"En los años 90 se emprendieron acciones legales para intentar obtener justicia para los sobrevivientes, pero técnicamente los delitos habían prescrito y no se hizo nada", indica el profesor Keppel.

 Las autoridades de Tulsa pusieron en marcha el año pasado un proyecto para localizar las fosas mediante un radar de penetración subterránea y posteriormente identificar a las víctimas.

"Tenemos que hablar de esto como comunidad porque la ciudad está sufriendo, la ciudad está dividida porque no hemos lidiado con esta parte de la historia, tenemos que hacerlo si queremos seguir adelante como una Tulsa unida, tiene que haber una discusión que lleve a la reparación y la reconciliación", subraya Brown.

Difícil reparación

La cuestión de la reparación es delicada. Las vías del tren todavía separan Greenwood del resto de la ciudad.

Más allá de algunos puntos históricos, casi no hay pruebas de ese "Wall Street negro" en Tulsa.

"Aquí vivía mi familia en 1921, ahora es una calle sin salida", relata Therese Aduni.

Su abuelo fabricaba relojes, su padre nació pocos meses después de la masacre.

"Acaban de aceptar la palabra masacre, por años lo llamaron disturbios, así las compañías de seguros no tenían que pagar daños a los propietarios de casas o de negocios que lo perdieron todo", le explica Aduni a la BBC.

 "La gente quiere darle un cierre a esto, oímos sobre las reparaciones a los japoneses, a los sobrevivientes del Holocausto, ¿por qué nosotros no?", plantea.

Para Aduni, la reparación tiene que llegar en forma de desarrollo económico, algo que -denuncia- se le ha negado sistemáticamente a la comunidad.

"¡No tenemos un supermercado! Necesitamos un supermercado, una zapatería, una lavandería… queremos todos los negocios que teníamos antes, queremos que los restauren, eso sería reparación para mí".

Las autoridades de la ciudad dicen que están trabajando en abordar la desigualdad racial y que ha habido cierto progreso.

Debate más profundo

Keppel observa con satisfacción el creciente número de documentales, libros y reportajes sobre lo que sucedió en Tulsa hace casi 100 años.

"Espero que a medida que se acerca el centenario no solo se supere la amnesia institucional sino que cambie la forma como los estadounidenses se ven a sí mismos como sociedad", sostiene.

 "Estamos inmersos en un debate en el que una vez que has reconocido que eso ocurrió y que fue grave, la pregunta es qué hacemos, cuáles son las implicaciones para nuestras instituciones públicas.

"En todas partes del país hay historias que se han mantenido ocultas y que deben ser expuestas y discutidas. Debemos plantearnos qué pasa ahora en Tulsa y otras ciudades, qué necesitamos aprender", expone.

 Keppel reflexiona sobre el actual debate sobre el racismo en EE.UU.

"Lo que pasa ahora lleva tiempo fraguándose. En los últimos 10 años, o cinco o uno, este mal comportamiento policial se ha dado en repetidas ocasiones por todo el país y la gente está harta.

"Hay pocos momentos en la historia en los que las circunstancias se unen con las emociones y catalizan una conversación más grande. Espero que este sea uno de esos momentos", concluye."             (Beatriz Díez, BBC News, 19/06/21)

19/4/21

Banalidad del mal: Ayuso llama "mantenidos" a los que van a las colas del hambre

 "La presidenta de la Comunidad de Madrid y candidata del PP a la reelección, Isabel Díaz Ayuso, ha orquestado una nueva polémica al decir que el Gobierno de Pedro Sánchez crea "colas del hambre para que la gente dependa de ellos", a los que además ha tildado de "subvencionados".

"Necesitan Madrid para seguir con su hoja de ruta que es romper España, dividirla territorialmente y crean ciudadanos de primera y de segunda. De segunda, los mantenidos subvencionados que ellos crean como las colas del hambre para que la gente dependa de ellos", ha espetado Ayuso sobre la gestión de Sánchez. "                            (tremendin 18/04/21)

PabloMM @pablom_m

 Díaz Ayuso dice que la gente que pide comida en las colas del hambre son unas "subvencionados". Su único trabajo antes de ser presidenta fue en una fundación creada con dinero público por el PP donde cobraba 4.200€ por ser la community manager del perro de Esperanza Aguirre.

12:44 a. m. · 18 abr. 2021
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Sergio @TrainerExtreme

 Mi madre ha cotizado 39 años y medio. Cuando yo tenía 6 mis padres se quedaron en paro. Me recuerdo de la mano de mi madre yendo a Cáritas a pedir comida. Lo tengo grabado a fuego. Que Ayuso insulte a la gente que lucha por salir adelante es una aberración y una inmoralidad.

8:26 p. m. · 17 abr. 2021
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Noa Gresiva @NoaGresiva

 Hace 30 años mi madre lloraba porque no podía llenar la nevera y tenía que pedir comida. Separada y con dos hijos. Trabajaba de sol a sol en la cocina y no llegaba a fin de mes. "Mantenidos subvencionados" ... No puedes dar más asco Ayuso. Es imposible.

Y hace 20 también. Hasta que a la mujer le dio un puto ictus según el médico por "los vapores mal ventilados de las cocinas". La reventaron a trabajar en la hostelería. Nunca la he oído quejarse de impuestos. Siguió trabajando cuidando ancianos y con la costura.

Vivió episodios racistas con violencia con uno de sus hijos, menor de edad (11 o 12 años tenía) por tener un nombre extranjero. Nadie la ayudó. Nos sacó adelante como pudo. Nunca hizo nada d lo que sentirse avergonzada, Llegó a dejar trabajos porque la explotaban. Por dignidad.

Una vez, incluso uno de sus jefes apareció en casa para pedirle que fuese a trabajar con un pie escayolado, por un accidente de camino al trabajo, para que les organizase la faena aunque fuese sentada dando órdenes. Ella no era la jefa de cocina ni nada, cobraba como una ayudante

Mantenidos subvencionados son los políticos como tú Isabel. Los que viven de montar negocios y desviar dinero público, de todos los que como mi madre, tú, que lees esto, o yo pagamos religiosamente, con mucho esfuerzo. Hacemos todo lo que podemos para contribuir al bien común

mientras os gastáis el dinero de otros, en compraros medios de comunicación para tapar vuestras mierdas. 

9:49 p. m. · 17 abr. 2021
2.234 Retweets 30 Tweets citados 7.342 Me gusta

Protestona ۞ @protestona1

 Llamar mantenidos y subvencionados a las pobres personas que se ven obligadas a hacer cola en los bancos de alimentos para poder poner un plato en la mesa de sus hijos es propio de una xicopata.

 9:19 p. m. · 17 abr. 2021
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