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4/12/23

Un concejal, Daniel Pérez, ha dejado en las redes su satisfacción por el atentado a Alejo Vidal-Quadras. “Hoy es un buen día”. Lo cerró a la noche cuando se supo que lo que estaba determinado a ser mortal se convertía en grave. “No acabó siendo un buen día”, manifestó al enterarse... Lo que distingue a un grupo político de una organización de malhechores, de una mafia, es que tienen muy clara la diferencia entre un crimen y una opción política (Gregorio Morán)

 "(...) Un concejal de los Comunes en el Ayuntamiento de Cubelles, una población de Barcelona a la vera de Tarragona, independentista irredento él y muy suyo, Daniel Pérez, ha dejado en las redes su satisfacción por el atentado a Alejo Vidal-Quadras. “Hoy es un buen día”. Lo cerró a la noche cuando se supo que lo que estaba determinado a ser mortal se convertía en grave. “No acabó siendo un buen día”, manifestó Pérez al enterarse.

No creo que esos discursos de odio, criminales en esencia, deban llevarse a los tribunales porque eso convertiría a la sociedad en Juzgados de Primera Instancia, pero sí existe una responsabilidad de partido, de grupo, de filiación y hasta de ciudadanía. Lo que distingue a un grupo político de una organización de malhechores, de una mafia, es que tienen muy clara la diferencia entre un crimen y una opción política. Si no es así estamos jodidos."

( , Vox Populi, 02/12/23)

11/9/23

«Haciendo daño»... sobre el apoyo que tuvo el programa de tortura del Gobierno de EE.UU. por parte de la Asociación Estadounidense de Psicología... “Quieren que este sea un ámbito de oportunidades laborales para psicólogos a pesar de ser un tipo de trabajo en el que la premisa de ‘no hacer daño’ es, en el mejor de los casos, secundaria y, en ocasiones, queda completamente descartada... Parece que la APA está volviendo a las posturas que la llevaron a avalar actos horribles”

 "Un juez militar a cargo del proceso judicial contra Abd al-Rahim al-Nashiri, un hombre saudí preso en Guantánamo, ha desestimado sus confesiones por haber sido obtenidas por medio de prácticas de tortura en centros clandestinos de detención de la CIA en Afganistán, Tailandia, Polonia, Rumanía y Marruecos, por los que pasó al-Nashiri antes de ser enviado a Guantánamo.

En uno de estos centros clandestinos, conocidos como “black sites”, al-Nashiri fue sometido al procedimiento conocido como “submarino” por los psicólogos James Mitchell y John Bruce Jessen, a quienes la CIA pagó al menos 81 millones de dólares para desarrollar y luego implementar el programa de tortura que se puso en marcha después de los atentados del 11 de septiembre de 2001.

Hablamos del tema con Roy Eidelson, cuyo nuevo libro se titula “Doing Harm” (Haciendo daño) e investiga la complicidad de la Asociación Estadounidense de Psicología (APA) en este y otros programas de tortura, así como la lucha que hubo dentro de la asociación para reformar la práctica de la psicología. “Sentíamos que había mucho en juego”, dice Eidelson.

“Nos llevó más de una década lograr un cambio en la política de la APA con respecto a la participación en operaciones de interrogatorio y detención”.

Roy Eidelson

En momentos que la ONU pide la liberación de al-Nashiri, Eidelson alerta sobre el modo en que la actual dirigencia de la APA y ciertos sectores de las fuerzas armadas están impulsando una vez más directrices que amplían la participación de psicólogos en la tortura.

“Quieren que este sea un ámbito de oportunidades laborales para psicólogos a pesar de ser un tipo de trabajo en el que la premisa de ‘no hacer daño’ es, en el mejor de los casos, secundaria y, en ocasiones, queda completamente descartada”, dice Eidelson. “Parece que la APA está volviendo a las posturas que la llevaron a avalar actos horribles”.

Para ver la entrevista completa en inglés, haga clic aquí.

 https://www.democracynow.org/es/2023/9/5/doing_harm_roy_j_eidelson_psychology

La referencia del libro Roy Eidelson (2023). Doing Harm: How the World’s Largest Psychological Association Lost Its Way in the War on Terror. Ed. McGill-Queen’s University Press."                   (Democracy Now  , Rebelión, 11/09/2023) 

20/2/23

Un profesor de Yale insinuó que las personas mayores en Japón debían optar por el suicidio masivo. ¿Qué quería decir? ¿Eutanasia voluntaria para los mayores... o eutanasia obligatoria?

 "Sus afirmaciones son muy drásticas.

En entrevistas y apariciones en público, Yusuke Narita, profesor asistente de Economía en la Universidad de Yale, ha tratado de responder la pregunta de cómo lidiar con la carga que representa el rápido envejecimiento de la sociedad japonesa.

“Creo que la única solución es muy clara”, sentenció durante un programa noticioso en línea a fines de 2021. “A fin de cuentas, ¿acaso no será el suicidio en masa y el ‘seppuku’ en masa de los ancianos?”. El término seppuku describe un ritual de evisceración, un código imperante entre los samuráis que sufrían la deshonra en el siglo XIX.

El año pasado, cuando un estudiante de primaria le pidió que ahondara en sus teorías sobre el “seppuku” masivo, Narita le respondió, frente a un grupo de estudiantes reunidos en el lugar, con la descripción gráfica de una escena de Midsommar: el terror no espera la noche, una película de terror de 2019. En ese filme, una secta sueca hace que uno de sus miembros de mayor edad salte desde un despeñadero y muera por suicidio.

“Que la opción sea buena o mala es otro asunto, más difícil de determinar”, Narita le respondió a su interlocutor, que tomaba notas con diligencia. “Así que, si te parece que está bien, quizá debas empezar a trabajar para crear una sociedad así”.

En otras ocasiones, ha hecho referencia al tema de la eutanasia. “La posibilidad de hacerla obligatoria en el futuro”, dijo en una entrevista, será “tema de debate”.

Narita, de 37 años, aclaró que sus declaraciones se habían “tomado fuera de contexto” y que, en esencia, se refería a un plan cada vez más extendido de obligar a las personas mayores a abandonar los puestos de liderazgo en los negocios y en la política, con el fin de darles paso a las generaciones jóvenes. Sin embargo, con sus comentarios sobre la eutanasia y la seguridad social, atizó el tema más candente en Japón.

Aunque es prácticamente desconocido incluso en los círculos académicos de Estados Unidos, gracias a sus posturas extremas ha ganado cientos de miles de seguidores en las redes sociales de Japón entre jóvenes frustrados que están convencidos de que una sociedad gerontocrática ha obstaculizado su progreso económico.

Narita, que participa con frecuencia en programas japoneses en línea luciendo atuendos informales de camiseta, sudadera con capucha u otro tipo de ropa y se distingue por sus anteojos con un lente redondo y otro cuadrado, suele comportarse como un cerebrito insolente, confiado por el pedigrí de su título de la “Ivy League”. Pertenece a un pequeño grupo de agitadores japoneses empeñados en romper tabúes sociales, actitud que les ha ganado una audiencia entusiasta. Su bío de Twitter dice: “Las cosas que te dicen que no puedes decir suelen ser ciertas”.

El mes pasado, varios comentaristas descubrieron las declaraciones de Narita y empezaron a difundirlas en redes sociales. Durante una mesa redonda en un respetado programa de entrevistas en línea con académicos y periodistas, Yuki Honda, socióloga de la Universidad de Tokio, describió sus comentarios como “odio hacia los vulnerables”.

Un creciente grupo de críticos advierte que la popularidad de Narita podría influir indebidamente en la política pública y las normas sociales. Dada la baja tasa de natalidad de Japón y su deuda pública, la más alta del mundo desarrollado, los responsables políticos se preocupan cada vez más por cómo financiar las crecientes obligaciones de Japón en materia de pensiones. El país también se enfrenta al creciente número de personas mayores que padecen demencia o mueren solas.

En su respuesta por escrito a las preguntas que le enviamos por correo electrónico, Narita indicó que su “principal preocupación es el fenómeno en Japón, donde los mismos magnates han dominado por años el mundo de la política, la industria tradicional y los medios/entretenimiento/ periodismo”.

Según escribió, usó las frases “suicidio en masa” y “‘seppuku’ en masa” como una “metáfora abstracta”.

“Debería haberlas usado con más cautela por sus posibles connotaciones negativas”, añadió. “Después de reflexionar un poco, dejé de usar esas palabras el año pasado”.

 Sus detractores afirman que sus repetidos comentarios sobre el tema ya han diseminado ideas peligrosas.

“Es irresponsable”, opinó Masaki Kubota, periodista que ha escrito sobre Narita. La gente que ya está alarmada por las cargas del envejecimiento de la sociedad “podría pensar: ‘Oh, mis abuelos son de los que viven más tiempo’”, señaló Kubota, “‘así que deberíamos deshacernos de ellos’”.

El columnista Masato Fujisaki argumentó en Newsweek Japan que las declaraciones del profesor “no deberían tomarse fácilmente como una ‘metáfora’”. Los admiradores de Narita, dijo Fujisaki, son personas “que piensan que los ancianos deberían morir de una vez y que habría que recortar las ayudas sociales”.

A pesar de la cultura de deferencia hacia las generaciones mayores, en Japón ya han surgido ideas sobre su eliminación selectiva. Hace una década, Taro Aso —ministro de Economía en ese momento y quien ahora es un poderoso actor en el gobernante Partido Liberal Democrático— sugirió que los ancianos deberían “darse prisa en morir”.

El año pasado, Plan 75, una película distópica de la cineasta japonesa Chie Hayakawa, imaginaba a alegres vendedores cortejando a los jubilados para que se acogieran a la eutanasia patrocinada por el gobierno. En el folclore japonés, las familias llevan a sus parientes mayores a la cima de las montañas o a rincones remotos de los bosques y los dejan morir.

El lenguaje de Narita, sobre todo cuando ha mencionado el “suicidio en masa”, despierta sensibilidades históricas en un país donde se envió a la muerte a jóvenes como pilotos kamikazes durante la Segunda Guerra Mundial y los soldados japoneses ordenaron a miles de familias de Okinawa que se suicidaran antes que rendirse.

Los críticos temen que sus comentarios puedan evocar el tipo de sentimientos que hicieron que Japón aprobara una ley de eugenesia en 1948, en virtud de la cual los médicos esterilizaron a la fuerza a miles de personas con discapacidad intelectual, enfermedades mentales o trastornos genéticos. En 2016, un hombre que creía que los discapacitados debían ser sometidos a eutanasia asesinó a 19 personas en una residencia a las afueras de Tokio.

En su trabajo cotidiano, Narita se dedica a la investigación técnica de algoritmos computarizados usados en las política sanitarias y educativas. No obstante, su presencia regular en numerosas plataformas de internet y en la televisión en Japón le ha dado gran popularidad, por lo que ha aparecido en portadas de revistas, programas de comedia y anuncios de bebidas energizantes. Incluso tiene un imitador en TikTok.

Por lo regular, aparece con agitadores de la generación X como Hiroyuki Nishimura, un empresario convertido en celebridad que es propietario de 4chan, el tablero de mensajes en línea en el que prosperan algunas de las ideas más tóxicas de internet, y Takafumi Horie, un empresario charlatán que estuvo encarcelado por fraude bursátil.

 En ocasiones, ha ignorado los límites del buen gusto. En un panel organizado por Globis, una escuela de Administración de Empresas en Japón, Narita le dijo a la audiencia que “si esta puede convertirse en una sociedad japonesa en la que personas como ustedes cometan ‘seppuku’ una tras otra, no sería solo una política de seguridad social, sino la mejor política de ‘Cool Japan’”. Cool Japan es un programa de gobierno que promueve los productos culturales del país.

Impactantes o no, algunos legisladores afirman que las ideas de Narita han abierto espacios para sostener conversaciones políticas muy necesarias sobre la reforma del sistema de pensiones y cambios en la previsión social. “Algunos críticos argumentan que la gente mayor recibe demasiado dinero de pensión y los jóvenes mantienen a todos los ancianos, incluso a los adinerados”, explicó Shun Otokita, de 39 años, miembro de la Cámara Alta del Parlamento por el partido de derecha Nippon Ishin no Kai.

Pero sus detractores afirman que Narita resalta las cargas del envejecimiento poblacional sin dar sugerencias realistas de políticas para aliviar algunas de esas presiones.

“No se concentra en presentar estrategias que ayuden, como mejor acceso a guarderías o una mayor inclusión de las mujeres o de los inmigrantes en la fuerza de trabajo”, comentó Alexis Dudden, historiadora de la Universidad de Connecticut dedicada al estudio del Japón de la era moderna. “Algo que de hecho pueda fortalecer a la sociedad japonesa”.

En relación con el tema de la eutanasia, Narita ha hablado en público sobre su madre, que sufrió un aneurisma cuando él tenía 19 años. En una entrevista con un sitio web en el que las familias pueden buscar asilos para ancianos, Narita dijo que, incluso con seguro y con fondos del gobierno, gasta 100.000 yenes (unos 760 dólares) al mes por el cuidado de su madre.

 Algunas encuestas en Japón han indicado que la mayoría del público apoya la legalización de la eutanasia voluntaria. Pero la referencia de Narita a una práctica obligatoria espanta a los expertos en ética. En la actualidad, los países que han legalizado la práctica únicamente “la permiten si la persona misma la quiere”, explicó Fumika Yamamoto, profesor de Filosofía en la Universidad de la Ciudad de Tokio.

En el correo electrónico que envió, Narita señaló que “la eutanasia (voluntaria o involuntaria) es un tema complejo, con muchos matices”.

“Mi intención no es promover su aplicación”, añadió. “Mi predicción es que habrá un debate más amplio”.

En Yale, Narita se ciñe a cursos sobre probabilidad, estadística, econometría y economía de la educación y el trabajo.

Ni Tony Smith, director del departamento de economía, ni un portavoz de Yale respondieron a las peticiones de comentarios.

Josh Angrist, ganador del Nobel de Economía y uno de los supervisores del doctorado de Narita en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por su sigla en inglés), dijo que su antiguo alumno era un “académico talentoso” con un “sentido del humor excéntrico”.

“Me gustaría que Yusuke continuara con su prometedora carrera como académico”, dijo Angrist. “Así que mi principal preocupación en un caso como el suyo es que se distraiga con otras cosas, y eso es una pena”.                 (Motoko Rich y

5/9/22

El intento de asesinato de la vicepresidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner, es el acontecimiento de violencia política más previsible y explicable de la historia reciente... empezó en un circuito para alentar los discursos de odio contra los políticos que trazan las redes sociales, los medios de comunicación, influencers políticos y los movimientos de estetización de la violencia en las calles... y terminó en un hecho político gravísimo, comparable con acontecimientos como la violencia política que culminó con la toma del Capitolio en los Estados Unidos, la radicalización de grupos de derecha en Europa o las múltiples manifestaciones de violencia política en el Brasil de Bolsonaro... Toda esta movilización de fantasías autoritarias no sólo deteriora la calidad de la democracia sino que explica la secuencia trágica que vimos una y otra vez en esa noche imposible de olvidar

 "A pesar de la consternación que genera el intento de asesinato de la vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner, estamos ante la certeza de que se trata del acontecimiento de violencia política más previsible y explicable de la historia reciente. Esto que finalmente se materializa con brutalidad, que observamos en la crudeza registrada en la imagen del arma de fuego lanzada sobre una de las principales dirigentes del país, responde y se explica por un proceso social, político-ideológico y mediático muy claro y muy preciso. En la historia inmediata tenemos el hostigamiento y la persecución en el proceso judicial del fiscal reproducida por los medios de comunicación. Si a eso se le agregan las declaraciones desafortunadas de dirigentes políticos, los pedidos de pena de muerte, más la serie de acontecimientos que se vienen sucediendo sólo en el último año, hay un primer registro que explica por sí solo esa fotografía trágica.

Luego, hay que reponer el circuito para alentar los discursos de odio contra los políticos que trazan las redes sociales, los medios de comunicación, influencers políticos y los movimientos de estetización de la violencia en las calles. En este caso es contra una determinada orientación, pero en realidad es contra la vida política democrática en general. Esto emergió. Pasó por este circuito en donde se supone que las palabras no hacen nada y terminó en un hecho político gravísimo, comparable con acontecimientos como la violencia política que culminó con la toma del Capitolio en los Estados Unidos, la radicalización de grupos de derecha en Europa o las múltiples manifestaciones de violencia política en el Brasil de Bolsonaro. Esto podía pasar porque esa red de ideología, medios y tecnologías de comunicación estaban preparando, ni siquiera silenciosamente, este tipo de acontecimientos. El contexto político-ideológico marcado por una creciente intolerancia y el autoritarismo político merece de modo urgente nuestra atención.

En el transcurso de este último año se acumularon declaraciones y posicionamientos que componen el sistema dentro del que hay que pensar este hecho: las declaraciones explícitas del magistrado Rosenkrantz mediante las que descalifica la doctrina de uno de los principales partidos políticos del país, la profundización del sesgo en la persecución y la condena que hace el sistema judicial contra funcionarios y ex-funcionarios políticos (frente a los mismos hechos castiga sistemáticamente a unos y exculpa siempre a los otros), la desproporción entre los crímenes que se imputan y las penas que se proponen (con la pena de muerte siempre como acicate fundamental), la negación de la igualdad de las inteligencias para razonar públicamente, la normalización en los medios de comunicación de mensajes que abiertamente propician y justifican la desaparición de un partido político, la creciente estetización de la violencia en las redes sociales que discuten cuestiones políticas y, last but not least, las declaraciones de importantes dirigentes políticos, en algunos casos parlamentarios y líderes de fuerzas políticas, que plantean la disputa bajo la lógica anti-democrática del “ellos o nosotros”.

En todos estos casos se apela a una supuesta racionalidad de los pronunciamientos y las declaraciones públicas que justifican este tipo de destrucción masiva del adversario político, cuestión que no deja de generar efectos paradójicos en las identidades y las ideologías. 

El contexto político-ideológico marcado por una creciente intolerancia merece de modo urgente nuestra atención

 Estos pronunciamientos creen que siguen criterios elementales de racionalidad cuando llegan al punto de justificar la exclusión o directamente la violencia política. Racionalidad que aparece siempre como respuesta, como reacción defensiva frente a una amenaza: “Como ellos son violentos no nos queda otra alternativa que no sea la violencia”, “como hacen demandas infinitas de imposible cumplimiento no nos queda más que excluirlos”, “como critican la verdad de nuestras ideas sólo podemos asumirlos como incapaces para pensar por sí mismos”.

La distancia entre lo que devuelve el espejo en el que los ciudadanos se reconocen y las prácticas sociales en las que efectivamente desarrollan su vida social es algo que afecta y fisura desde dentro a todas las posiciones ideológicas. Pero estamos frente a algo diferente cuando un juez de la corte suprema hace una proclama en la que se convoca al filósofo liberal Rawls para luego terminar condenando con retórica jurídica a la doctrina comprensiva de un partido por el mero hecho de que pretenda alojar derechos sociales dentro de la constitución de un Estado racional. Lo mismo vale para el supuesto liberalismo del legislador que vocifera como praxis política recomendada la consigna “ellos o nosotros”. También para los funcionarios que se apresuran a identificar la crítica pública de decisiones políticas o jurídicas con un acto de incitación a la violencia.

Si se afirma que criticar en el espacio público las decisiones de un juez o de un funcionario es un acto de violencia y una irracionalidad política que el Estado tendría que sancionar, entonces lo que se propone es que todas las decisiones importantes del Estado, sobre todo las que tienen que resolver conflictos, deben tomarse dentro de un espacio cerrado y ser aceptadas en silencio. Pero ese modelo de gestión del capitalismo –porque en buena medida de eso trata la cuestión de fondo– no guarda relación con los principios de las democracias liberales. Más bien se parece al fundamento cotidiano de los Estados autoritarios y de los partidos políticos iliberales. Este es el juego de espejos invertidos en el que los partidos de derecha en Argentina sucumben y hoy les impide terminar de asumir su compromiso con una democracia pluralista basada en la protección de los derechos humanos.

Toda esta movilización de fantasías autoritarias no sólo deteriora la calidad de la democracia sino que explica la secuencia trágica que vimos una y otra vez en esa noche imposible de olvidar."            (Ezequiel Ipar, CTXT, 03/09/22; fuente Anfibia.)

7/9/20

La noche en la que un adolescente mató a dos personas en Wisconsin

  "El secreto mejor guardado de Antioch, Illinois”. La frase, reclamo publicitario de esta “exquisita y bella comunidad de apartamentos ajardinados”, en un pueblo a medio camino entre Chicago y Milwaukee, adquirió el martes un nuevo y dramático significado. En uno de estos seis bloques de edificios marrones de dos plantas, en un apartamento de dos habitaciones, vivía con su madre Kyle Rittenhouse, un chico de 17 años capaz de acudir armado a poner orden en la ciudad vecina y abrir fuego con su fusil de asalto, al sentirse acorralado, matando a dos personas e hiriendo a otra que estaba en pie con los brazos en alto.

Rittenhouse fue arrestado a las cinco de la mañana del miércoles en su apartamento de Antioch y trasladado al centro de detención juvenil del condado de Lake (Illinois), donde espera su extradición a Wisconsin. Se enfrenta a seis delitos, entre ellos uno de homicidio imprudente en primer grado, otro de homicidio doloso en primer grado y otro más de tentativa de homicidio en primer grado. Este jueves, levantado ya el cordón policial que lo protegía la víspera, “el secreto mejor guardado de Antioch” lucía desierto. Un hombre salió de un coche para pedir al visitante que se fuera: “Déjennos vivir tranquilos”. “Este país se ha vuelto loco, y esta vez la locura nos ha tocado en nuestro jardín trasero”, resumía una mujer, que no quiso dar su nombre, mientras se alejaba con una amiga hacia el parque contiguo, vestidas con ropa deportiva.

Se necesitaban “ciudadanos armados”. “La policía está superada en número y nuestro alcalde ha fracasado. ¡Tomemos las armas y defendamos nuestra ciudad!”, escribió en las redes sociales un grupo autodenominado Guardia de Kenosha. La ciudad, a apenas 25 kilómetros de Antioch, ardía en la tercera noche de protestas después de que un agente de policía blanco disparara siete veces por la espalda al afroamericano Jacob Blake, mientras tres de sus hijos lo veían desde el coche.

Rittenhouse acudió el pasado martes a la llamada. El chico adoraba a la policía. Se enroló como cadete en un programa para adolescentes que quieren ser policías. En una foto de perfil de Facebook salía empuñando sonriente su fusil semiautomático junto a otro amigo armado, rodeados por una leyenda: “Deber. Honor. Coraje. Las vidas azules Importan”. Se trata de un lema surgido en respuesta al movimiento contra la injusticia racial Black Lives Matter (Las vidas negras importan), que cambia el color negro por el azul del uniforme policial.

Así que, cuando leyó que la policía necesitaba ayuda, metió en el coche su fusil de asalto y un botiquín de primeros auxilios y se dirigió a Kenosha. Pasó por los polígonos industriales de Antioch. Dejó atrás el instituto que abandonó antes de tiempo, el Lakes Community High School, en cuya entrada ondeaban el jueves a media asta cuatro grandes banderas estadounidenses, y donde su madre, auxiliar de enfermería, pidió una orden de protección para él en enero de 2017 porque un compañero de clase le llamaba “bobo” y “estúpido” y le amenazaba con hacerle daño.

Su primer destino al llegar este martes a Kenosha fue otro instituto, en el centro de la ciudad, en cuyo exterior se le vio ayudando a limpiar los destrozos de la noche anterior. Lo que sucede a partir de aquí ha podido ser reconstruido por la Fiscalía gracias a docenas de vídeos de testigos que han ido saliendo a la luz. En las grabaciones se ve a Rittenhouse limpiando grafitis, atendiendo a gente, integrado con miembros de diversos grupos armados. No está probada la relación del joven con ninguna de las milicias que acudieron a tomarse la justicia por su mano, y a las que la policía permitió permanecer armadas en la calle a pesar del toque de queda.

En un vídeo, se ve cómo agentes de policía desde una tanqueta dan las gracias a Rittenhouse y a otros milicianos armados, les preguntan si necesitan agua y les lanzan un botellín. A continuación, los mismos agentes ordenan a otros civiles que se vayan del lugar porque “la zona está cerrada para todos”. A pesar de su aspecto aniñado, ninguno le pidió la documentación del aparatoso fusil de asalto que portaba, ni se interesó por si tenía la edad de 18 años que se requiere en el Estado para adquirir ese tipo de armas.

En otro de los vídeos, grabado en el exterior de un establecimiento vandalizado la víspera, Rittenhouse explica en qué consiste su “trabajo”. “La gente está herida y nuestro trabajo es proteger este negocio. Parte de mi trabajo es también proteger a la gente. Si alguien resulta herido, iré hacia el peligro. Por eso tengo mi rifle. También para protegerme, obviamente. Pero también tengo mi botiquín médico”, cuenta.

A apenas dos manzanas está Car Source, un establecimiento de coches usados, que este jueves era un dantesco solar con decenas de vehículos reducidos a amasijos de hierro calcinado. Allí, poco antes de la medianoche, Rittenhouse se enfrentó con los manifestantes. Uno de ellos, Joseph Rosenbaum, de 36 años, le arrojó un objeto. Forcejearon. Se oyeron disparos y Rosenbaum quedó tendido en el suelo.

Rittenhouse cogió el teléfono y, según se ve en otro vídeo, realizó una llamada. “Acabo de matar a alguien”, dice. Un grupo de manifestantes fue a por el joven, que echó a correr por la calle, hasta que se tropezó y cayó al asfalto. Desde esa posición volvió a abrir fuego. Anthony Huber, de 26 años, se abalanzó sobre él, le golpeó con su monopatín y trató de arrebatarle el fusil. Pero Rittenhouse logró zafarse y le disparó en el pecho. Apenas pudo Huber dar unos pasos antes de caer muerto.

Entonces Rittenhouse, sentado en el suelo, apunta con su rifle a otro joven, Gaige Grosskreutz, de 26 años, que también había ido a por él, pero que al ver cómo Rittenhouse había matado a Huber, se alejó unos pasos y se quedó paralizado con los brazos en alto. A pesar de ello, le disparó, hiriéndole en el brazo derecho. Los tres hombres atacados por el menor eran blancos.

Rittenhouse se alejó del lugar caminando hacia atrás y apuntando con su rifle a las personas que quedaban en la calle. Otro vídeo muestra cómo pasa, con los brazos en alto y el arma colgada de un hombro, junto a un grupo de vehículos policiales. Acaba de matar a dos personas pero nadie lo detiene. Solo se escucha cómo un agente le dice por un megáfono: “Tú, el del rifle, no vengas por aquí abajo, está cerrado”. Rittenhouse sale caminando de la zona caliente de Kenosha y regresa en coche a su casa.

El sheriff de condado explicó a los periodistas que el hecho de que dieran agua a los milicianos armados no implicaba un permiso tácito para actuar. “Damos agua a todo el mundo”, aseguró. “No necesitamos más armas en las calles de nuestra comunidad”, dijo el alcalde la ciudad, John Antaramian. El jefe la policía, Dan Miskinis, defendió que los civiles armados estaban allí “ejerciendo su derecho constitucional”. Algunos grupos de milicianos pusieron en marcha en Internet colectas de fondos para contribuir a la defensa legal de Rittenhouse.

En sus redes sociales, además de las armas y la policía, el joven mostraba una tercera pasión: Donald Trump. Compartió imágenes en TikTok desde la primera fila de un mitin del presidente en Iowa, el pasado mes de enero. “No somos responsables de la conducta privada de la gente que viene a nuestros mítines, como tampoco Obama y Joe Biden lo son de la de la gente loca que va a los suyos”, dijo a los periodistas Kellyanne Conway, consejera del presidente.

Entre aquellos que seguían este jueves congregándose para protestar pacíficamente, a la furia por los disparos de un agente de policía a Jacob Blake se sumaba la rabia provocada por los disparos de Rittenhouse el martes por la noche. “Mi madre no debería tener miedo por mi vida”, decía la pancarta que portaba Jane, una joven afroamericana de la misma edad que Rittenhouse. “No tenía derecho a estar aquí, nadie le pidió que viniera”, explicaba. “¿Qué tipo de país permite a un chico de mi edad ir con esa arma por la calle? Solo piense qué habría pasado si un chico negro se hubiera paseado esa noche con ese rifle”.                  (Pablo Guimón, El País, 28/08/20)

31/12/19

La política china para “estabilizar” el Xinjiang a base de paternalismo violento

"Cuando Estados Unidos sufrió los atentados del 11 de septiembre de 2001, su gobierno utilizó la ocasión para bautizar su nueva campaña imperial como “guerra contra el terrorismo”. 

Se invadieron países, se destruyeron Estados y sociedades enteras, se legalizó la tortura y se crearon centenares de cárceles secretas en decenas de países al margen de todo derecho. Miles de sospechosos pasaron por una de ellas, Guantánamo, que continúa abierta. Aunque el nivel de los crímenes del gobierno chino en lugares como Tibet o Xinjiang no llegan, ni de lejos, a esas enormidades, hay cierta pauta común.


China también sufrió serios atentados. Por citar algunos, en 2009 una violenta revuelta de la minoría uigur en Urumchi, la capital de Xinjiang, dejó un abultado balance de incendios y saqueos, y unos 160 muertos, casi todos ellos chinos han a manos de uigures. En 2013, activistas uigures arrollaron a la multitud con un coche en la Plaza Tiananmen de Pekín (cinco muertos). 

Cuatro meses después, en marzo de 2014, otro grupo uigur atacó con cuchillos indiscriminadamente en la estación de autobuses de Kunming, en el sur de China, matando a treinta personas e hiriendo a más de un centenar. Miles de uigures nutren como guerrilleros las filas de los grupos armados yihadistas en Siria e Irak.

La respuesta china a esta realidad se ha visto agudizada por la estrategia de la nueva ruta de la seda (BRI), que traza importantes ejes comerciales y logísticos a través de Asia Central, cuya puerta china es la región de Xinjiang. Por un lado hay que aplastar al yihadismo local, por otro hay que “normalizar” una importante puerta de salida de la nueva ruta de la seda.


“Reeducar”

La política china para “estabilizar” Xinjiang recuerda más a las “campañas de reeducación” de la Revolución Cultural maoísta que a la guerra contra el terror de Washington. La diferencia con la época de Mao es que si entonces era la gente de la ciudad la que era enviada al campo para reeducarse, ahora es un ejército de semivoluntarios chinos de las ciudades quienes acuden a las zonas rurales para “reeducar” a los uigures, considerados como una especie de atávicos y peligrosos paletos.


Desde 2014 cerca de un millón de funcionarios chinos han sido enviados a hogares uigures a convivir en ellos durante ciertos periodos con el objetivo de “enseñarles a vivir correctamente”. Se trata de que los uigures seleccionados aprendan a beber cerveza como estos “hermanos mayores” que ni rezan a Alá, ni se dejan barba, ni se ponen pañuelos.

 En 2018 el diario oficial chino Global Times informó de que 1,1 millón de funcionarios habían sido asignados para estas humillantes experiencias de convivencia a 1,69 millones de “ciudadanos de minorías étnicas en Xinjiang” (léase uigures y también algunos kazajos). 

Estos visitantes realizan un informe de la familia asignada y valoran su nivel de aceptación del modo chino de vida: su apego a la tradición patriarcal y a la religión se considera una especie de enfermedad. En los casos más graves, el enfermo será ingresado en los llamados “Centros de transformación a través de la educación”, también designados como “centros de enseñanza contra el extremismo” o “centros de enseñanza vocacional”. Esta realidad es descrita por el antropólogo Darren Byler como “paternalismo violento”.


Una mina para la propaganda

Desde esta realidad, los aparatos de propaganda de Estados Unidos, a través de Radio Free Asia, las ONG´s vinculadas a la CIA, senadores como el ultra Marco Rubio ( y desde allí los habituales medios de comunicación del establishment), han lanzado desde hace más de un año una intensa campaña contra el adversario chino.

La población uigur de Xinjiang ronda los diez millones, sobre un total de 21 millones. La campaña pretende que “un millón”, dos e incluso tres millones de uigures, según Radio Free Asia, han pasado por estos “campos”, lo que tiene todo el aspecto de una inflada exageración.

Sobre lo que ocurre en esos centros se sabe poco. “Muchos detalles de ese sistema carcelario se ocultan y se desconocen, de hecho hasta el propio objetivo último de los campos no está del todo claro”, reconocía el New York Times en un despacho del 15 de mayo de 2018. 

La oscuridad no impide que los más audaces se tiren a la piscina: “En China, cada día es una Kristallnacht”, titulaba el 3 de noviembre el Washington Post, sugiriendo el holocausto uigur. Muchos testimonios periodísticos beben de fuentes como Adrian Zenz, un académico alemán vinculado a think-tanks ultraconservadores y al World Uyghur Congress, financiados por tapaderas de la CIA como el National Endowment for Democracy (NED). Nada fiable.

Esta campaña que ha llegado profusamente a las páginas de nuestra prensa establishment, apenas ha tenido eco en países musulmanes. China ha llevado a cabo allí una contracampaña, invitando a clérigos musulmanes a visitar Xinjiang. En Indonesia, principal país asiático musulmán, se ha neutralizado por completo la acción realizada por la embajada de Estados Unidos. 

“Funcionarios americanos en Yakarta se han dado cuenta de que la embajada china en Indonesia ha hecho el mismo trabajo que ellos, pero con un mayor presupuesto”, se queja amargamente esta semana el Wall Street Journal. La opinión indonesia sobre “los campos de concentración para uigures” ha cambiado después de que los chinos invitaran a una delegación de personalidades indonesias a Xinjiang.

Más allá de esta guerra de propagandas, lo que está claro es que la situación en Xinjiang no es un “contubernio extranjero”, sino que es un problema interno muy serio que el adversario imperial intenta utilizar. Sus elementos son: una cruda represión, una autonomía sin verdadera soberanía, rechazo, paternalismo y control hacia la cultura tradicional islámica más allá de lo puramente folclórico, una modernidad que los uigures no pueden gobernar y que consideran destructiva, y, finalmente, una angustia demográfica derivada del constante incremento de población han en su región, en la que ya no son mayoría. En resumen, un catálogo muy parecido al de Tibet. 

¿Quiénes son?

Si dividimos las más de cincuenta nacionalidades reconocidas en China en dos grupos según su grado de afinidad con los chinos han, los uigures son la mayor minoría del grupo de los más diferentes. Muchos de ellos sienten una gran aversión hacia la cultura china, que es, al mismo tiempo, la que les aporta la modernidad. Esa situación les crea un conflicto muy complicado. 

En la idiosincrasia uigur, la religión desempeña un papel central. El islam es la esencia de su reivindicada diferencia con la cultura china. Es un atributo nacional. Ese atributo está secuestrado por el enojoso control ejercido sobre la religión por la administración china. Y ese control es un dato milenario de la “correcta y natural” tradición política china hacia las religiones, algo inaceptable para una cultura de tradición religiosa como la uigur.

En Xinjiang, como en Tibet, el Estado se mete en cuestiones como el control de los clérigos, la prohibición de ir a mezquitas a los menores de dieciocho años, e incluso en el llevar barba. La religión es refugio. Otros refugios menos importantes como la arquitectura tradicional llevan años siendo demolidos sin contemplaciones por el martillo de la modernización. En la antes pintoresca ciudad de Kashgar, la administración hace lo mismo que se hizo en Pekín con los barrios tradicionales de hutong: sanear/destruir.

Que no haya condiciones para una autonomía real en Xinjiang no solo tiene que ver con defectos del gobierno chino. El nacionalismo uigur es tan poco democrático como el gobierno chino. En su vertiente religiosa es integrista, y en lo poco que queda de su tradición laica panturquista es ferozmente excluyente y agresivo. Por ahí tampoco hay que hacerse excesivas ilusiones.

 Los uigures suelen ser comparados con los tibetanos, pero en realidad están peor. En condiciones normales en Xinjiang hay más represión y más miedo que en Tibet. El patrocinio extranjero y de diversas onegés del irredentismo uigur es mucho menor. Los uigures son musulmanes, una religión poco “sexy” en Occidente, al lado del budismo tibetano. Y finalmente, no hay un líder nacional uigur comparable al Dalai Lama.

Es poco probable que Pekín cambie su política esencial en Xinjiang. Los chinos están convencidos de que la modernización, el desarrollo económico, aliviará y suavizará poco a poco esos conflictos nacionales, pero la realidad es tozuda, y sugiere que una modernización que se percibe como foránea y disolvente de la propia cultura no hace más que exacerbar el desafío."                        (Rafael Poch, CTXT, 18/12/19)

23/11/18

Hostilidad contra los migrantes en Tijuana... pobres contra pobres

"Fuera Hondureños, aquí no los queremos”, gritaban enfurecidos un par de cientos de habitantes de Tijuana cerca del albergue donde se refugia la caravana de migrantes en la ciudad fronteriza. Ondeaban banderas y cantaban el himno nacional de México.

En Tijuana, en el norte de México, se concentran miles de personas, sobre todo de Honduras, que esperan pedir asilo en Estados Unidos tras una marcha a pie que emprendieron desde varios países de Centroamérica hace semanas en busca de una vida mejor.

La policía antimotines tuvo que detener a los manifestantes para evitar una posible agresión. Hubo momentos de tensión en que se empujaron y lanzaron botellas de agua.
Los migrantes fueron retenidos dentro del albergue, en el deportivo Benito Juárez. Algunos, se asomaban a las rejas y veían la escena con perplejidad.

“Nosotros venimos huyendo de la violencia. Queremos paz”, contaba Carlos, enseñando sus manos deformes por un ataque.

Esta hostilidad y xenofobia hacia la caravana es algo inédito en la ciudad fronteriza de Tijuana, coinciden los expertos consultados por BBC Mundo.

“Tijuana es una ciudad de migrantes” es una frase que se oye en todas partes. Y es un hecho: uno de cada dos habitantes de la ciudad no nació ahí, según el Consejo Nacional de Población.
Los tijuanenses lo repiten con orgullo y tradicionalmente han sido acogedores con la gente llegada de fuera. Pero las caravanas de centroamericanos han sacado a flote un sentimiento de rechazo a los de fuera.

¿Hospitalaria Tijuana?

Los expertos coinciden en que es una minoría, pero también que se han hecho oír y que el rechazo hacia los migrantes está ganando terreno, aún en la hospitalaria Tijuana.
Este domingo, ese sector de la población organizó una marcha con pancartas que decían: “Esto es una invasión disfrazada de migración”.

Muchos justificaban su molestia por la supuesta forma en la que la caravana entró en México: “Llegaron ilegalmente, rompiendo vallas y agrediendo”, aseguraban.

A la misma hora, a escasos metros de esa protesta, se convocó una contramanifestación en apoyo a los migrantes, pero los presentes eran muchos menos y salieron corriendo cuando los que estaban en contra llegaron irascibles a enfrentarlos.

Según los expertos, son varios los factores que han creado esta ola de rechazo ante la caravana de centroamericanos.

Un plato de frijoles y las redes sociales

En los últimos días, el video de una migrante hondureña quejándose de la comida que les dieron se ha vuelto viral.
“La comida que están dando aquí (está) fatal. Mira lo que están dando: puros frijoles molidos, como si le estuvieran dando de comer a los chanchos. Y ni modo, hay que comernos esa comida porque si no, nos morimos de hambre”, dice en un video grabado por la televisión alemana Deutsche Welle.
“Aquí somos pobres, comemos frijoles”, gritaban en la marcha contra la caravana.

En otro video, se asegura que los migrantes ya no quieren la comida que les dan y que demandan pizza y refrescos.

Eso ha indignado incluso a algunos que antes apoyaban a los migrantes.
Estos videos “han marcado un antes y un después” en la forma en que los migrantes son percibidos en México, explica Claudia Benassini, investigadora en medios digitales de la Universidad La Salle, en Ciudad de México.

Dice que las redes sociales jugaron un papel crucial: “La información circuló fuera de contexto y con nulo espacio para los desmentidos”.
En estas ocasiones han sobrado los comentarios xenófobos, fuera de lugar y con muy poco conocimiento del tema, explica la especialista.

Coincidentemente, partes del estado de Nayarit han sido consideradas zonas de desastre por las fuertes lluvias e inundaciones. En las redes sociales, hubo varios mensajes que pedían al gobierno que primero atendiera el problema de los afectados mexicanos antes de ayudar a los migrantes.
“Son dos problemas distintos. Si el gobierno no ha atendido lo de Nayarit no necesariamente es por los migrantes”, explica Benassini.

Este fin de semana, en el albergue en el que se concentran en Tijuana los migrantes, han tratado de contrastar esta mala imagen de que no recibían con gusto la comida con un video en el que agradecían a los mexicanos “el bocado que se han quitado para dárselo”.
También, antes de que llegaran los tijuanenses que venían a atacarlos, habían salido a barrer las calles aledañas a su refugio.

Trump y alcalde de Tijuana

El alcalde de la ciudad, José Manuel Gastélum,no ha ayudado a que los tijuanenses tengan una buena actitud con los migrantes, según cuentan los expertos.
En varias ocasiones ha amenazado con deportarlos.

“Los derechos humanos son para los humanos derechos”, dijo en una entrevista con Milenio Televisión tras un enfrentamiento entre los migrantes y los vecinos en Playas de Tijuana el primer día que llegaron.

Aseguró que los migrantes “llegan en un plan agresivo, grosero, con cánticos, retando a la autoridad”.
“No me atrevo a decir que son todos los migrantes, pero hay algunos que son vagos, mariguanos (fumadores de marihuana), van agrediendo a familias”, aseguró.

Por otra parte, hay un sector de la sociedad que se está dejando influenciar por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, “un hombre que es racista y que muchos consideran un líder”, explica Jorge Bustamante, investigador emérito del Colegio de la Frontera.
Trump se ha mostrado hostil con los migrantes, ha movilizado a miles de soldados a la frontera y ha prometido endurecer los procesos de petición de asilo.

En la marcha que increpó a los hondureños, Jonathan Zuñiga, de 25 años, explicaba que entiende que Trump sea duro con los latinoamericanos: “Siente que su país está amenazado y que por eso lo protege. México debería hacer lo mismo”.

Por otra parte, que Estados Unidos haya reducido los carriles de acceso de Tijuana a San Diego por la caravana ha trastocado la vida de la ciudad fronteriza.

“Eso ha molestado mucho a todos los tijuanenses que van a diario a trabajar allá. Aumenta mucho las filas y el tiempo que gastan en trasladarse. Ellos erróneamente lo han interpretado como que es culpa de los migrantes”, explica José Moreno Mena.

Tamaño y forma de la caravana

Las caravanas de migrantes se han vuelto un fenómeno recurrente en los últimos años, pero esta vez se juntaron varias y el fenómeno se ha hecho muy grande, lo que ha hecho que algunos lo vean como algo amenazante, explica el experto.

Además, dice que también el gobierno de México ha fallado en no tener ningún control sobre las caravanas.

“Esto es una invasión disfrazada de migración”

Quienes rechazan la caravana llaman a los migrantes “invasores”.
Para entrar a México cualquier ciudadano puede tramitar en la frontera un permiso de tránsito, lo que le permite una estancia legal de 30 días en el país que es renovable.

Sin embargo, cuando la caravana cruzó por el río Suchiate la frontera con Guatemala y no por la garita fronteriza, se perdió el control y no hubo forma de documentarlos.
“Aunque sí hay una parte de ellos que se ha registrado”, explica el académico Mena.

Racismo

El experto ve también señales de racismo en la hostilidad a los migrantes.
“Los racistas mexicanos ven a los centroamericanos como inferiores”, dice. Asegura que no pasaría lo mismo con los estadounidenses.

Los expertos coinciden en que el temor de los tijuanenses de que los migrantes son una carga para la economía es un mito. Que en la ciudad la oferta de trabajo, al menos en sectores que requieren de menos capacitación, como la maquila (la construcción), siempre hay empleos de sobra.
Pero los entrevistados por BBC Mundo coinciden en que, aunque es una cosa nueva y podría ir en aumento, la xenofobia y el racismo se han hecho presentes sólo en una “minoría” de la sociedad de Tijuana.

José Rendón, que se manifestaba a favor de la bienvenida de los migrantes, dijo a BBC Mundo que deben hacerlo “por solidaridad, por simple humanidad”.
Federico Garza, como otros tijuanenses, dice estar decepcionados por la actitud de algunos ciudadanos que rechazan a los centroamericanos.

“Dicen que los hondureños podrían aumentar la inseguridad y la violencia en la ciudad. Pero, por lo que vimos hoy, los tijuanenses intolerantes son el problema: gente intentando pelear y molestar a los más vulnerables”.

Tras el intento de ataque al refugio, las fuerzas de seguridad restringieron los movimientos de entrada y salida de los migrantes.

Es incierto cuánto tiempo podrían quedarse miles de los centroamericanos de la caravana en la ciudad fronteriza. Su solicitud de asilo a Estados Unidos se suma a la de 2.800 personas que ya estaban en fila y que lleva un atraso de meses."                 (Ana Gabriela Rojas, BBC News, 19/11/18)

23/6/17

Asesinos de las SS con doctorado. El papel decisivo de los intelectuales en la élite de la Orden Negra de Himmler

 
 Oficial del SD en Ucrania en 1941

"La imagen que se tiene popularmente de un oficial de las SS es la de un individuo cruel hasta el sadismo, corrupto, cínico, arrogante, oportunista y no muy cultivado. Alguien que inspira (aparte de miedo) una repugnancia instantánea y una tranquilizadora sensación de que es un ser muy distinto, un verdadero monstruo. 

El historiador francés especializado en el nazismo Christian Ingrao (Clermont-Ferrand, 1970) nos ofrece ahora un perfil muy diferente, y desasosegante. Hasta el punto de identificar a un alto porcentaje de los mandos de las SS y de su servicio de seguridad, el temido SD, como verdaderos "intelectuales comprometidos".

El término, que ha escandalizado en el mundo intelectual francés, resulta escalofriante cuando se piensa que esos son los hombres que estuvieron a la cabeza de las unidades de exterminio. En su libro de reciente aparición en castellano Creer y destruir, los intelectuales en la máquina de guerra de las SS (Acantilado, 2017) Ingrao analiza pormenorizadamente la trayectoria y las experiencias de ochenta de esos individuos que eran académicos —juristas, economistas, filólogos, filósofos e historiadores— y a la vez criminales.

 Hay un fuerte contraste entre ellos y el cliché del oficial de las SS. Asesinos de masas en uniforme con un doctorado en el bolsillo, como describe el propio autor. Lo que hicieron los "intelectuales comprometidos" , teóricos y hombres de acción, de las SS fue espantoso.

Ingrao cita el caso del jurista y oficial de la SD Bruno Müller, a la cabeza de una de las secciones del Einsatzgruppe D, una de las unidades móviles de asesinato en el Este, que la noche del 6 de agosto de 1941 al transmitir a sus hombres la nueva consigna de exterminar a todos los judíos de la ciudad de Tighina, en Ucrania, se hizo traer una mujer y a su bebé y los mató él mismo con su arma para dar ejemplo de cuál iba a ser la tarea.

"Resulta curioso que Müller y otros como él, gente muy formada, pudieran meterse así en la práctica genocida", dice Ingrao que ha presentado su libro en Barcelona, "pero el nazismo es un sistema de creencias que genera mucho fervor, que cristaliza esperanzas y que funciona como una droga cultural en la psique de los intelectuales".



La base de ‘Las benévolas’

 


Ingrao y Littell. Cualquiera que lea Creer y destruir percibirá los paralelismos con la novela de Jonathan Littell Las benévolas (2006).Ingrao la describe como “una réplica temática en ficción” de su trabajo, y recuerda que éste, que fue su tesis, circuló ampliamemente antes de la publicación de Las benévolas.

¿Max creíble? Max Aue, el protagonista de Las benévolas guarda muchos parecidos con los intelectuales del SD de Ingrao. “Excepto en lo de la homosexualidad y el incesto. Pero, claro, es un personaje de novela”. ¿No es demasiado refinado y esteticista para ser un SS? “Bueno, Heydrich leía mucho y tocaba el violín. Y no olvides que Eichmann leía a Kant”, responde.

También otro nazi tomado por Littell, Leon Degrelle (en su ensayo Lo seco y lo húmedo) presenta paralelismos con otro estudiado por Ingrao en su libro Les chasseurs noirs: Oskar Dirlewanger. El primero era favorito de Hitler y el segundo de Himmler.

El historiador recalca que el hecho es menos excepcional de lo que parece. "En realidad, si examinamos las masacres de la historia reciente veremos que hay intelectuales bajo el felpudo. En Ruanda, por ejemplo, los teóricos de la supremacía hutu, los ideólogos del Hutu Power, eran diez geógrafos de la Universidad de Lovaina. Casi siempre que hay asesinatos de masas hay intelectuales detrás".

 Pero, uno no espera eso de los intelectuales alemanes. Ingrao ríe amargamente. "Es cierto que eran los grandes representantes de la intelectualidad europea, pero la generación de intelectuales que nos ocupa experimentó en su juventud la radicalización política hacia la extrema derecha con marcado énfasis en el imaginario biológico y racial que se produjo masivamente en las universidades alemanas tras la Gran Guerra.

 Y entraron de manera generalizada en el nazismo a partir de 1925". Las SS, explica, a diferencia de las vocingleras SA, ofrecían a los intelectuales un destino mucho más elitistas.

¿Pero el nazismo no les inspiraba repugnancia moral? "Desgraciadamente, la moral es una construcción social y política para estos intelectuales. La Primera Guerra Mundial ya los había marcado: aunque la mayoría eran demasiado jóvenes para haber luchado, el duelo por la muerte generalizada de parientes y la sensación de que se libraba un combate defensivo por la supervivencia de Alemania, de la civilización contra la barbarie, prendieron en ellos.

La invasión de la URSS en 1941 significó el retorno a una guerra total aún más radicalizada por el determinismo racial. Hasta entonces había sido una guerra de venganza, pero a partir de 1941 se convirtió en una gran guerra racial, y una cruzada. Era la confrontación decisiva frente a un enemigo eterno que tenía dos caras: la del judío bolchevique y la del judío plutócrata de la Bolsa de Londres y Wall Street.

Para los intelectuales de las SS, no había diferencia entre la población civil judía que exterminaban al frente de los Einsatzgruppen y las tripulaciones de bombarderos que lanzaban sus bombas sobre Alemania. En su lógica, parar a los bombarderos implicaba matar a los judíos de Ucrania. Y si no sería el final de Alemania. Ese imperativo construyó la legitimidad del genocidio. Era 'o ellos o nosotros".

Así se explican casos como el de Müller. "Antes de matar a la mujer y el niño habló a sus hombres del peligro mortal que afrontaba Alemania. Era un teórico de la germanización que trabajaba para crear una nueva sociedad, así que el asesinato era una de sus responsabilidades para crear la utopía. Curiosamente Había que matar a los judíos para cumplir los sueños nazis".

Ingrao sostiene que los intelectuales de las SS no eran oportunistas, sino personas ideológicamente muy comprometidas, activistas con una cosmovisión en la que se daban la mano el entusiasmo, la angustia y el pánico, y que, paradójicamente, abominaban de la crueldad. "Las SS era un asunto de militantes.

Gente muy convencida de lo que decía y hacía, y muy preparada". Pues resulta más preocupante aún. "Por supuesto. Hay que aceptar la idea de que el nazismo era atractivo y que atrajo como moscas a las élites intelectuales del país”.




La brigada de cazadores salvajes de Dirlewanger

Christian Ingrao es el autor también de un apasionante estudio sobre la Brigada Dirlewanger, la unidad de siniestra reputación que creó el comandante de las SS (ascendido luego a general) Oskar Dirlewanger para luchar contra los partisanos y que se nutrió inicialmente de delincuentes convictos de delitos relacionados con la caza. Les chasseurs noirs (Perrin, 2006) es un libro más asequible para un lector generalista que Creer y destruir aunque los dos tienen muchas cosas en común, y desde luego Dirlewanger es un buen ejemplo de la formación ideológica de un mando nazi.

 La brigada, denostada por muchos mandos del Ejército, participó en numerosas operaciones en el Este contra los partisanos granjeándose una reputación de brutalidad incluso en el marco de las unidades de las SS, que ya es decir. Ingrao apunta que combatía al estilo despiadado de la Guerra de los Treinta Años.

Realizó acciones de exterminio de población civil y judíos e intervino en el aplastamiento de la sublevación de Varsovia de manera especialmente vil. Finalmente incorporó ¡presos políticos de izquierdas!, los únicos antifascistas que vistieron uniformes de las SS (la cosa no funcionó). Ingrao resigue la historia de la brigada (que acabó en fantasmagórica división de las Waffen SS) y la de su líder (que iba singularmente por libre en el ejército alemán).

 “El personaje es abyecto, por supuesto, pero fascinante”, señala. “Todos lostestimonios coinciden en señalar que era un hombre carismático y valiente, casi estúpidamente intrépido". De sus 32 años de adulto, el "lansquenete nazi" pasó 19 en guerra. Capturado por los franceses al acabar la guerra, murió en junio de 1945 a causa de las palizas que le propinaron guardianes polacos."              ( , El País, 22/06/17) 

5/5/14

Un partido de fútbol fue la espoleta del ataque que causó la masacre de Odessa

"Aunque nadie esperaba que una tarde de fútbol acabara con más de 40 muertos, tan solo una chispa sirvió para incendiar Odessa el pasado viernes.

 En la costera ciudad del sur de Ucrania, los enfrentamientos entre ultras de fútbol y habitantes prorrusos derivaron en un incendio provocado en la Casa de los Sindicatos de la ciudad, dejando al menos 42 muertos, a los que se añadían otros cuatro durante los choques.

El Chornomorets, equipo local, se enfrentaba al Metalist de Járkov, la segunda ciudad del país, situada a más de 700 kilómetros al este, casi fronteriza con Rusia, cuyo alcalde fue tiroteado por la espalda al mostrase leal al Gobierno de Kiev. 

Los aficionados de ambos equipos se unieron para cantar y celebrar su apoyo a los nuevos líderes de Ucrania, sabedores de que podrían encontrar problemas en esta ciudad de habla rusa, pero nadie esperaba que la cadena de acontecimientos tuviera ese final.  

" Todo lo que pasó fue como en una película de terror ", asegura Nadiya Yashan, seguidor del Chornomorets, que acusa a los militantes prorrusos de comenzar las provocaciones y ataques a distancia a los aficionados. " Nunca esperamos una emboscada de tal escala y que la Policía hiciera tan poco", critica en la televisión ucraniana.

 Durante varias horas, los choques entre los hinchas y los prorrusos, envolvieron las calles de la ciudad, hasta que los enfrentamientos llegaron a un edificio sindical de la época soviética, la Casa Regional de los Sindicatos, donde se agrupaban decenas de rebeldes contrarios al gobierno del país.

La tarde había comenzado con la fraternidad entre algunos seguidores de ambos equipos, que se habían citado para ir juntos al estadio mostrando su apoyo a las nuevas autoridades pro occidentales y  su desprecio por el presidente ruso, Vladimir Putin. 

Y es que desde el derrocamiento del presidente Viktor Yanukovich, los aficionados más fervorosos de algunos equipos de fútbol ucranianos han comenzado a dejar de lado las rivalidades deportivas antes de los partidos para mostrar su apoyo a la unidad de Ucrania, a menudo cantando el himno nacional y canciones contra Putin.

Según el portal de noticias local www.viknaodessa.od.ua, el punto de partida de los disturbios fue cuando los partidarios de los ambos equipos encaraban la calle griega. Allí, un grupo de hombres armados, con máscaras y vestidos de negro, los atacaron pistola en mano. Las imágenes de televisión muestran cómo la Policía, equipada con escudos, intenta formar una barrera entre los aficionados y los activistas prorrusos.

La respuesta de los hinchas fue dividida: unos contestaron a pedradas y otros trataron de huir. Sin embargo, las razones del cambio de itinerario de los seguidores no está del todo claro. Unos dicen que los partidarios de Kiev se enteraron de que se habían producido disparos en la plaza Kulikovo Polé , o campo Kulikovo, y acudieron allí para averiguar lo que había sucedido. Otros dicen que fueron allí a incendiar la acampada que los partidarios de Rusia habían construido.

 Los cierto es que las tiendas de campaña y las carpas fueron calcinadas y algunos partidarios de Moscú decidieron esconderse en el edificio más cercano, afirma la web. Ese edificio era la enorme casa sindical, de cinco pisos de altura.

"¿Quién los dejó entrar y por qué? Simplemente no lo sé", relata un vecino de Odessa. No está claro quién comenzó a lanzar los cócteles molotov, pero un funcionario de la ciudad sugiere que el fuego pudo haber comenzado en la tercera planta, lo que indica que la causa del incendio fue algo más que una bomba incendiaria arrojada desde el exterior. Aunque eso no ha sido confirmado.

"Los camiones de bomberos llegaron muy tarde. El fuego estaba en su pleno apogeo. Los que no habían sido aturdidos por el humo, empezaron a saltar por las ventanas. Es un edificio alto, así que puedes imaginar lo que pasó", recuerda un testigo. 

Algunos hablan de una " tercera fuerza", una referencia a lo que Kiev llama "saboteadores " prorrusos, acusados ​​de fomentar el malestar en Ucrania para detener sus vínculos con la UE y mantenerse ligados al Kremlim. Moscú ha negado cualquier responsabilidad en los hechos. De hecho acusa al gobierno de Kiev del ataque.

Algunos testigos aseguran que personas de ambos bandos trataron de ayudar a las personas atrapadas en el edificio. Algunos llevaban andamios, escaleras y cuerdas para sacar a la gente. Pero también hay imágenes que muestran cómo individuos armados disparaban contra la fachada y lanzaban objetos, impidiendo la huida de los atrapados.

El edificio, ahora carbonizado, está rodeado de flores y de cientos de personas que piden a Rusia una intervención, una respuesta. El anuncio de la Policía, que iniciará una investigación, no va a calmar los ánimos. Los habitantes de habla rusa tienen poca confianza en los agentes."            (Público, 04/05/2014)

25/3/14

Cuando miró a la gente que tenía a su alrededor, escuchando a Hitler, vio no solo aprobación, sino también éxtasis

"LILIAN MOWRER y su marido, Edgar Mowrer, el periodista, asistieron a una ceremonia nazi en el Palacio de Deportes. Era alrededor de 1931. El Palacio de Deportes, escribió Lilian, era «un magnífico edificio moderno con paredes pintadas de brillantes colores futuristas». 

En aquel momento se abrían paso hacia el estrado Joseph Goebbeis, «paliducho, delgado, cojeando levemente», Rudolf Hess, «una especie de Clark Gable», y el propio Hitler, con trinchera y cinturón de cuero, «un lacio mechón de pelo cubriéndole ya parte de la frente, una sonrisa nerviosa y feliz en los labios largos y sin forma».


Goebbels tomó el micrófono. «¿Por qué confiamos en nuestro Führer? —preguntó—. Somos fieles a nuestro Führer porque... él es fiel a nosotros.» Un rugido salió de veinte mil gargantas.

Hitler empezó a hablar, con su voz ronca y extraña. Enumeró las fechorías y corrupciones del régimen de Weimar. Lloró por las aflicciones del pueblo; «dos puños en el aire y lágrimas deslizándose por ambos lados de su flácida nariz», escribió Lilian Mowrer.

 Luego criticó ferozmente a los judíos y los socialistas y prometió impuestos más bajos, salarios más altos, más puestos de trabajo, viviendas mejores y fertilizantes más baratos.  
 Mowrer no se dejó llevar. «Hitler estaba diciendo tonterías, mintiendo descaradamente, tergiversando la historia con una voz que era estridente y hacía pensar en la plaza de armas, hacía gestos zafios y nada convincentes», pensó.

 Pese a ello, cuando miró a la gente que tenía a su alrededor vio no solo aprobación, sino también éxtasis: una muchacha con los labios entreabiertos, los ojos clavados en su líder; un anciano asintiendo con la cabeza; la mujer de sesenta años que estaba a su lado diciendo «Richtig! Richtig!» cada vez que Hitler hacía una promesa.”

(Nicholson Baker: Humo humano. Los orígenes de la Segunda Guerra Mundial. Ed. Debate, 2009, págs. 30/1)

13/11/13

Sharon telefoneó al presidente Bush y le pidió permiso para asesinar a Arafat. Bush se lo concedió y Arafat murió.

"Un equipo científico suizo confirmó ayer que los restos de Yaser Arafat contienen una elevada cantidad de polonio, una sustancia radioactiva que podría estar tras la repentina muerte del histórico líder palestino en 2004.

Los rumores acerca de que la muerte de Arafat fuera en realidad un asesinato se han sucedido sin descanso desde entonces. (...)

Arafat se encontraba asediado en la Muqata de Ramala cuando empezó a sentirse indispuesto. En seguida viajó a un hospital militar del área de París donde fue tratado. Sin embargo, falleció pocos días después sin que los médicos franceses explicaran con claridad la causa de la muerte.

En aquel momento Ariel Sharon era primer ministro. La segunda intifada había estallado cuatro años antes y estaba en pleno apogeo. Arafat alentó la revuelta desde la Muqata cuando vio que las “negociaciones” con Israel no conducían a ninguna parte; al contrario, los israelíes, como hacen ahora, iban consolidando año a año la ocupación ante el consentimiento tácito de Estados Unidos y Europa.

La segunda intifada golpeó con fuerza al Estado judío y no sería de extrañar que Sharon se vengara de Arafat envenenándolo.

De hecho, existe un documento inequívoco en ese sentido, un libro que se publicó en Francia dos años después de la muerte de Arafat: Ariel Sharon: entretienes intimes avec Uri Dan, Ariel Sharon: entrevistas intimas con Uri Dan.

Su autor es Uri Dan, un conocido periodista israelí que bajo la tapadera del periodismo trabajó para el Mossad en Europa y durante décadas fue amigo íntimo de Sharon.

Cualquier estudioso de la vida de Sharon tiene que recurrir necesariamente a la obra de Uri Dan, puesto que él fue su confidente y publicó numerosos trabajos sobre el primer ministro con el visto bueno del propio Sharon.

Uri Dan cuenta que él estaba al lado de su amigo Sharon cuando éste telefoneó al presidente Bush y le pidió permiso para asesinar a Arafat. Bush se lo concedió y al cabo de unos pocos meses Arafat murió."                   (Eugenio García Gascón, 06/11/2013)

17/4/13

“Yo asesiné a Santiago Brouard”

"El atentado contra Santiago Brouard, pediatra y ex dirigente de Herri Batasuna (HB), se llevó a cabo en Bilbao (Vizcaya) el 20 de noviembre de 1984, sobre las 18:20 horas, y fue reivindicado por los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL). Casi 30 años después, Luis Morcillo ha confesado ser el autor material del asesinato de uno de los referentes del mundo aberzale.

Según Más Investigación y ha recogido este lunes El Mundo, Morcillo, de 73 años de edad, que vive apartado de toda actividad pública, ha confirmado al periodista Antonio Rubio que él fue, junto a Rafael Masa, ex comandante de la Guardia Civil y mano derecha de Julián Sancristóbal, director de Seguridad del Estado, quien asesinó a Brouard.

“Ante todo quiero pedirle perdón a la familia de Santiago Brouard. Estoy totalmente arrepentido”. Morcillo pide perdón antes de su confesión: “Yo fui el ejecutor, pero se me mandó hacerlo, me obligaron, me forzaron, fue Rafael Masa, mi compadre”. El asesinato de Brouard, como el de Juan Carlos García Goena (Hendaya, 24 julio de 1987), fueron reivindicados por los GAL, durante el periodo de Gobierno del PSOE bajo mandato de Felipe González.
 
La novedad de estos dos asesinatos es que, hasta ahora, no habían sido esclarecidos, no se conocía el autor material. “Yo tenía mucha amistad con mi compadre, Rafael Masa, y me forzó en varias ocasiones a hacerlo con Rafael López Ocaña [condenado en 1993 a 33 años por el asesinato de Brouard] y compañía. [...] Masa me dijo que si no lo hacíamos su jefe lo echaba. Su jefe, seguramente, era Julián Sancristóbal, que era con quien trabajaba en el Ministerio del Interior”, ha reconocido el asesino confeso Morcillo.

El atentado contra el ex dirigente de HB se llevó a cabo nueve meses después de que los Comandos Autónomos Anticapitalistas, una escisión de ETA, asesinaran al senador del PSOE Enrique Casas en San Sebastián (Guipúzcoa). En este contexto, cabría pensar que el asesinato de Brouard entraría en la estrategia del ojo por ojo, diente por diente nunca resuelto.

Para Morcillo, apretar el gatillo tuvo su recompensa. “Me dieron 7,5 millones de pesetas y de esa cantidad tuve que darle 2,5 millones a Rafael López Ocaña. Es decir, que me quedaron cinco millones”, ha confesado a Más Investigación. Pero según el asesino, se produjo una estafa interna y alguien del Ministerio se quedó con una parte importante del dinero que estaba destinado para sufragar el atentado: “Después me enteré de que se libraron 25 millones de pesetas para el tema de Brouard, pero yo sólo me llevé cinco”.

 La confesión de Morcillo se produce después de que en el año 2003 la Audiencia Provincial de Vizcaya juzgara a José Amedo, Masa y a él mismo. Entonces, la fiscalía solicitó 25 años de cárcel para cada uno de ellos. Los tres fueron absueltos por falta de pruebas. Cinco años después del asesinato de Brouard, en marzo de 1989, la Guardia Civil detuvo en Alpedrete (Madrid), a López Ocaña, compañero de Morcillo en el atentado.

Tras esta detención, Morcillo se fugó de España para evitar ser detenido. “Masa me dijo que nos íbamos ya, hacia Lisboa y que le habían dado 18.000 dólares para el viaje”, ha recordado. En el aeropuerto de la capital de Portugal, Morcillo tuvo que afrontar, con los 18.000 dólares que le habían facilitado vía Ministerio del Interior, el pago de su billete y el de su compadre, que lo acompañó hasta Venezuela para que no tuviera problemas en su recorrido desde Madrid hasta el país sudamericano.

Tras una estancia de un mes en Venezuela, Morcillo se desplazó hasta Colombia por indicación de su protector. Y allí, el asesino de Brouard se puso en contacto, por indicación de Masa, con uno de los abogados del jefe del cártel de Cali, el narcotraficante Rodríguez Orejuela: “Se llamaba García de apellido, me ayudó y me dio protección. Más tarde me colocaron en su aparato de seguridad y trabajé para ellos”. Morcillo cobraba a los morosos de la droga que servían al cártel.

 En 1996, volvió a España, y siguió dedicándose a temas relacionados con el narcotráfico. En 1997 fue detenido con un alijo de 100.000 pastillas de éxtasis. En marzo de 1999 también fueron detenidos el ex policía Amedo, Masa, que ya había ascendido a teniente coronel de la Guardia Civil, y Sancristóbal.

Tanto Morcillo como Masa no podrán volver a ser juzgados nuevamente por el asesinato de Brouard, según el derecho fundamental non bis in idem recogido en la Constitución. Ese precepto establece que una misma persona no puede ser juzgada dos veces por un mismo hecho. Es decir, Morcillo no pisará la cárcel pese a ser asesino confeso."     (lavozdebarcelona.com, 15/04/2013)

6/7/10

""Hay una poesía que actúa como fundamento de las patrias y sin la cual no podríamos entender el odio", apunta el pensador esloveno Slavoj Zizek (Liubliana, 1949). Por eso, propone: "Necesitamos controlar a la poesía, tras cada limpieza étnica hay un poeta". (El País, ed. Galicia, cultura, 16/06/2010, p. 37)

21/10/09

Una campaña de odio amenaza a Obama

"Unos ataques que van en aumento y en los que ya hay quien invita a un golpe de Estado. "Cada día gana más peso la posibilidad de que los militares tengan que intervenir como último recurso para solucionar el problema Obama", escribe el columnista del sitio digital Newsmax, foro de encuentro en Internet de los extremistas.

"La campaña de odio contra Obama" -como titula The New York Review of Books en su último número- tiene en pie de guerra a los locutores de radio, presentadores televisivos e internautas más vitriólicos de la más extrema de la derecha estadounidense. Rush Limbaugh desde su micrófono o Glen Beck -el nuevo hombre duro de los radicales- desde los estudios de la Fox llaman a la insurrección. "Nos están robando América y quizá ya sea muy tarde para salvarla", arengaba Beck a sus seguidores en una intervención radiofónica.

El fundamentalista Limbaugh ha llegado incluso a hablar de racismo invertido y ha usado de ejemplo para acabar con la Administración demócrata un incidente en el que dos estudiantes negros golpearon a un chico blanco en un autobús. Limbaugh reclama "autobuses segregados". "En los Estados Unidos de Obama, los chicos blancos son golpeados y los negritos aplauden", dijo el locutor.

Beck apoya la tesis e informa a su creciente audiencia de que Obama es un racista que profesa "un odio profundamente asentado a los blancos o a la cultura blanca". En la historia moderna de EE UU, nunca antes se había visto un movimiento de protesta de la extrema derecha como el vivido, que incluso llegó a tomar las calles que rodean el Congreso de Washington el mes pasado.

Algo peligroso está pasando y Thomas Friedman compara la actual situación que se vive en EE UU con los meses anteriores a que asesinaran a Isaac Rabin en Israel en 1995. "Ese paralelismo me revuelve el estómago. No tengo problema con las críticas razonables, vengan de la derecha o de la izquierda", escribe Friedman en The New York Times. "Pero la extrema derecha ha comenzado a volcarse en deslegitimar el poder y crear el mismo clima que existió en Israel antes del asesinato de Rabin". (El País, ed. Galicia, Internacional, 05/10/2009, p. 9)