"¿Puede haber poesía después de Auschwitz?"(Adorno).............. "¡Es un deber vivir después de Auschwitz!"(Imre Kertéz).............
4/6/13
EEUU esterilizó forzosamente a 60.000 mujeres en la primera mitad del s. XX
28/12/10
En Málaga existían 350 menores separados de sus padres republicanos en 1943 en los centros del Patronato de la Merced
El profesor de la Universidad de Barcelona Ricard Vinyes, junto a Montse Armengou y Ricard Belis, publicó hace años el libro ´Los niños perdidos del franquismo´. En uno de sus trabajos anteriores, ´Irredentas, las presas políticas y sus hijos en las cárceles franquistas´, narra las peripecias del psiquiatra del régimen que, para experimentar con sus teorías, vino hasta la cárcel de mujeres de Málaga e investigó a 50 de ellas, 30 condenadas a muerte.
Vallejo pensaba que factores externos a la persona destruían la hispanidad y detectó en esas presas, en plena guerra, complejos de inferioridad y resentimiento. Así formuló la teoría de la eugenesia social, ya probada con éxito en la Alemania nazi.
Este pensamiento abogaba por apartar a los tarados de la sociedad -republicanos y comunistas-. "En todo resentido existe un marxista auténtico", llegó a decir.
Bajo el auspicio de este marco teórico, los hijos eran separados de sus madres para ser educados bajo el paraguas de Falange y sólo podían darles el pecho una hora al día. Más adelante, propició que miles de pequeños huérfanos fueran recluidos en centros del Auxilio Social, hospicios y colegios vinculados a la Iglesia para su reeducación.
Y, anticipando en decenas de años lo que ocurrió en Argentina, muchos de ellos fueron entregados a familias adeptas al Régimen.
A estos chicos se les conoce como ´los niños perdidos del franquismo´, un segmento social sin memoria ni identidad que puede ser calificado como ´la generación robada´ -denominación que se da a los niños aborígenes australianos separados de sus padres para ser reeducados-.
El investigador y ex presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Málaga, Francisco Espinosa, afirma, basándose en el libro ´Los niños perdidos del franquismo´, que en Málaga, a finales de 1943, había 350 niños y niñas internados en los centros especiales del Patronato de la Merced.
"Sus padres habían perdido la tutela y fue el propio Estado el que publicó la lista de centros", señala.
Sólo en la provincia había 13 colegios de este tipo. En España son 10.575 niños los que vivían en los centros de la Merced a comienzos de la posguerra, según las investigaciones de Vinyes. (...)
Emilio Silva, periodista e investigador, ha editado recientemente el libro ´Las fosas de Franco´ (Temas de hoy), junto a Santiago Macías. Este destacado experto recuerda que en toda España pueden ser, como mínimo, unos 30.000 niños los separados de sus familias y señala que, incluso, "se creó una arquitectura teórica para justificar esto".
"Muchos niños eran llevados a los centros de Auxilio Social -dependientes de la Sección Femenina de Falange- y recibían asistencia con el objetivo de apartar de ellos el gen marxista. También eran llevados a centros de vagos y maleantes o a hogares dependientes de la Iglesia católica, según las edades.
Yo conozco casos en los que arrebataron niños a familias protestantes", explica Emilio Silva." (La Guerra Civil española, 'La generación robada', 02/02/2009)
14/5/09
El robo de niños en la España franquista
Pero en otras, nunca iban a conocer su origen los recién nacidos que les sustraían a las mujeres ingresadas en lugares como la Prisión de Madres Lactantes de Madrid y a las que, en muchos casos, fusilaban al poco de dar a luz. ¿Dónde fueron esos bebés? ¿Quién se los quedó? Resulta inquietante pensar en sus vidas falseadas y deducir que aún hoy habrá personas en nuestro país que no sean quienes suponen ser ni pertenezcan a las familias que consideran suyas. Han permanecido siete décadas ocultos y tampoco ahora hay demasiado interés en rescatarles del olvido.
Esa historia siniestra comienza incluso antes de la guerra y en teorías tan disparatadas como las del psiquiatra militar Antonio Vallejo Nájera, cuya tesis era que el marxismo es una enfermedad mental propia de personas intelectualmente débiles y moralmente despreciables. Siguiendo las doctrinas de la eugenesia y convencido de que la tara del socialismo se transmitía a quienes rodeasen al afectado, el estrambótico médico promovía el tratamiento con electrochoques a esos rojos de una especie humana inferior, su aislamiento en granjas y quitarles a sus hijos para evitar el contagio.
Esto último tuvo una expresión macabra, pero que hizo fortuna: hay que separar el grano de la paja. Para poner en práctica sus teorías, Vallejo Nájera no tuvo más que esperar a que otro loco se hiciera con el país, y la sintonía entre ambos fue tan extraordinaria, que en cuanto empezó la guerra Franco lo nombró psiquiatra en jefe de su ejército, le dio permiso para que iniciase sus investigaciones con los prisioneros y firmó las leyes que hacían falta para que sus desvaríos se hiciesen realidad.
Esas leyes, publicadas en el Boletín Oficial del Estado en 1940 y 1941, otorgaban automáticamente al nuevo Estado la tutela de los niños internados en los hospicios del Auxilio Social, la institución caritativa que había fundado la viuda del líder falangista Onésimo Redondo, y le autorizaba a cambiarles los apellidos. Era una autopista hacia la impunidad, pues daba a los rebeldes carta blanca para secuestrar a los hijos de los republicanos, darlos nuevo nombre y hacerlos desaparecer de sus vidas.
Nadie puede saber con exactitud cuántos fueron, entre otras cosas porque no existía ni registro de los nacimientos en los penales ni censo de la población infantil que acogían, aunque la escasa documentación no destruida -como tantas otras pruebas- en los últimos años de la dictadura muestra que decenas de miles fueron reeducados, y una buena cantidad de ellos, entregados a los seguidores del Alzamiento. En algunas circulares internas de Auxilio Social, sus responsables expresaban preocupación por el destino de estos niños, ya que les habían informado de que a muchos no se los llevaban para educarlos como a hijos, sino como criados. (...)
Tampoco se han querido hacer cosas tan simples como un registro de ADN con los afectados por la trama del robo de niños, o tomar declaración a personajes como Trinidad Gallego, una comadrona de casi cien años que prestó sus servicios en la cárcel de Ventas, testigo de numerosas sustracciones de recién nacidos. Después de estar encerrada años por sus ideas, de pasar hambre y de tener que soportar, tras ser liberada, los abusos sexuales de un médico que la amenazaba tras cada violación con devolverla a la cárcel si lo denunciaba, Trinidad no ha tenido la satisfacción de que algún juzgado recoja su testimonio." (El País Semanal, 03/05/2009, p. 48/55)