Mostrando entradas con la etiqueta víctimas y verdugos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta víctimas y verdugos. Mostrar todas las entradas

28/4/23

'Szmalcownik': los extorsionadores del gueto de Varsovia que chantajeaban a los judíos que lograban escapar

 "En el ranking macabro de lugares donde los nazis desplegaron sus atrocidades, muy pocas ciudades ocupan un puesto superior que Varsovia. Evidentemente, sus habitantes más perseguidos fueron los judíos, quienes con 359.827 miembros censados en 1939 representaban la comunidad judaica más amplia no ya de Polonia, sino de toda Europa —y la segunda a nivel mundial, solo por detrás de Nueva York—. Aquel mismo año, el de la invasión alemana, comenzó el hostigamiento: imposición del brazalete con la estrella de David, prohibición de acceso a determinadas zonas, exclusión en algunas profesiones. Pero en noviembre de 1940 llegó el paso definitivo: los invasores levantaron un muro de tres metros de altura y dieciocho kilómetros de largo coronado por un alambre de púas. Había nacido, como parte de la solución final ideada por los nazis, el gueto de Varsovia.

Su población osciló a lo largo del tiempo, pero se estima que alrededor de 400.000 judíos —además de los varsovianos, fueron trasladados habitantes de poblaciones vecinas— quedaron encerrados detrás del muro. Un porcentaje resume bien aquel hacinamiento: aunque representaban el 30% de la población de la ciudad, el gueto tan solo suponía el 2,4% de su territorio. Se calcula que, de media, cada habitación albergaba a nueve personas, quienes además obtenían una dieta con un aporte calórico diez veces inferior al de los ciudadanos de cualquier otro barrio.

Durante el primer año y medio, el creciente número de bajas judías se explica por las condiciones infrahumanas: hambre, falta de higiene y recursos, epidemias. Muertes naturales y suicidios. Pero eso cambió en julio de 1942, fecha en la que se hizo efectiva la resolución que, seis meses antes, habían tomado catorce altos funcionarios nazis, reunidos en una apacible mansión en el distrito de Wannsee, al suroeste de Berlín. Su plan de deportaciones masivas al campo de exterminio de Treblinka —construido en un bosque a unos 80 kilómetros de la capital polaca— significó, en apenas dos meses, el traslado rumbo a la muerte para 300.000 habitantes del gueto.

 Durante el primer año y medio, el creciente número de bajas judías se explica por las condiciones infrahumanas: hambre, falta de higiene y recursos, epidemias. Muertes naturales y suicidios. Pero eso cambió en julio de 1942, fecha en la que se hizo efectiva la resolución que, seis meses antes, habían tomado catorce altos funcionarios nazis, reunidos en una apacible mansión en el distrito de Wannsee, al suroeste de Berlín. Su plan de deportaciones masivas al campo de exterminio de Treblinka —construido en un bosque a unos 80 kilómetros de la capital polaca— significó, en apenas dos meses, el traslado rumbo a la muerte para 300.000 habitantes del gueto.

Como si, a pesar de todo, aún se resistiesen a creer la abyección de sus represores, los judíos pensaron que los trasladaban a campos de trabajo. Poco a poco, con las informaciones que recibían a cuentagotas, descubrieron la cruda realidad. Se estima que por entonces tan solo sobrevivían en el gueto unas 60.000 personas —más de la mitad servían de mano de obra baratísima en empresas alemanas, y el resto ocultos, librándose como podían de las deportaciones—, de las cuales apenas un número ínfimo contaba con la capacidad y la preparación básica para luchar. Pero eso fue lo que decidieron hacer las dos organizaciones insurrectas que operaban dentro de aquellos muros, quizás porque la alternativa era el tren.

El alzamiento del gueto de Varsovia comenzó el 19 de abril de 1943, como un último intento desesperado de plantarle cara al tirano que, por supuesto, los aplastó. Los desiguales combates, en número y en arsenal, duraron cuatro días. El fin simbólico de la rebelión se fija el 16 de mayo, día en el que los alemanes volaron una sinagoga ubicada más allá del área cercada como respuesta a la insurrección.

El gueto quedó completamente destruido —poco después pasaría lo mismo con el resto de Varsovia, donde los nazis se ensañaron a sabiendas de su inminente derrota bélica—. Hoy, ocho décadas después, nadie que pasee por aquella zona sería capaz de reconocer lo que fue, salvo que cuente con la ayuda de un guía que contextualice los escasos vestigios del horror. En su lugar se levantó un distrito financiero. Nada queda de aquello.

Sí que permanecen, en cambio, las fuentes documentales, que ayudan a hacerse una idea, aunque sea muy aproximada. Las memorias, los escritos, los bandos, las resoluciones. Escarbando en esos mismos documentos es posible encontrar el ominoso rastro de una figura, un término que, sin ajustarse a la etiqueta de judíos o nazis, también contribuyó a la infamia: szmalcownik.

Etimológicamente, el término proviene de la voz polaca szmalco-wać, que tiene su origen en una palabra que significa grasa de cerdo. En principio contaba con un doble significado: uno más literal, la acción propiamente dicha de separar la grasa del cuerpo del animal, y otra acepción, más callejera, que se refería a una manera de ganar dinero. Durante la Segunda Guerra Mundial, los polacos empezaron a emplear szmalcownik para referirse a las personas que perseguían y chantajeaban a judíos que se encontraban sin permiso fuera de la zona asignada, bajo la amenaza de entregarlos a las autoridades.

Se tiene constancia de que ese fenómeno ocurrió igualmente en otras ciudades, que también albergaban sus propios guetos, más reducidos, pero las mejores fuentes documentales conservadas son las de Varsovia, por eso ambos conceptos suelen ir aparejados. Se estima que entre tres y cuatro mil personas extorsionaron a judíos en la capital durante la ocupación nazi. El perfil habitual respondía a hombres de 25 a 40 años, polacos la gran mayoría, aunque también los hubo de otras nacionalidades. Su ocupación era tan simple como ruin: permanecer ojo avizor con ánimo de identificar a cualquiera que tuviera prohibido estar fuera del gueto. Había puntos estratégicos que vigilaban con más frecuencia, como las inmediaciones del juzgado de Varsovia, donde se apostaban a diario porque a los judíos sí se les permitía acudir allí para dirimir asuntos personales, y algunos aprovechaban esa visita para intentar escapar al lado ario.

A veces los chantajistas conformaban bandas organizadas, donde, incluso, integraban a algunos pocos judíos colaboracionistas con el enemigo —igual que se dieron casos de cooperantes con la Gestapo— con la labor de identificar o traicionar a sus semejantes. Pero los szmalcownik eran bien capaces de reconocerlos por sí mismos: se apoyaban en cuestiones tan básicas como el aspecto físico, su manera de hablar o su incapacidad para responder preguntas referidas a costumbres católicas.

El modus operandi puede dividirse en dos: aquellos extorsionadores que interrogaban a cualquier judío que se encontrasen y, a la manera de un atracador callejero, le pedían solo lo que tuviese encima, o los que iban más allá y, en lugar de asaltarlos, los seguían hasta sus escondites y extendían el chantaje a todas sus posesiones. Así, esta práctica se convirtió en una forma de robo organizado llevada a cabo tanto por agentes de Policía como por delincuentes habituales, que de repente pasaron a tener la ley de su lado.

Un chantajista refuerza su posición de poder en función de lo que el chantajeado tenga que perder. Por eso, en los primeros tiempos del gueto la transacción se saldaba con sumas pequeñas, pero los szmalcownik aumentaron sus demandas desde que en 1941 la normativa cambió y todo aquel judío —así como cualquier persona que los ayudase— localizado sin autorización fuera de un gueto o un campo de trabajo era directamente condenado a muerte. Lo mismo ocurrió cuando empezaron las deportaciones masivas: págame, porque si no te delato y tu destino seguro es Treblinka.

Los extorsionadores procuraban estirar su amenaza todo lo posible, ya que, si realmente avisaban a las autoridades, esa fuente de ingresos concreta —esa persona— desaparecía para siempre. Por supuesto, vista la catadura moral de estos individuos, a nadie debe sorprender que algunos exprimiesen a los judíos hasta que ya no tenían nada más que darles y, solo en ese momento, los entregaban y cobraban la recompensa que los alemanes ofrecían por cada pieza.

La población judía, que vivía de manera perfectamente pacífica, se encontró de la noche a la mañana con un invasor que cercenó sus libertades y los encerró luego en guetos, y encima vio cómo estas prácticas chantajistas les multiplicaban las penurias, el miedo, la sensación de peligro constante y el desasosiego por culpa de desalmados que no solo se lucraron con su situación, sino que contribuyeron a engrosar el altísimo número de muertes. Dicho de otro modo: en aquellos años, en Varsovia y demás ciudades volvió a ponerse de manifiesto que el ser humano siempre puede alcanzar cotas todavía más altas de ruindad. Es una máxima universal. ¿Que llegan los nazis y convierten tu existencia y la de los tuyos en un infierno? Nada puede ir a peor en ese contexto, pensaría alguno, pero entonces aparecen los szmalcownik para aprovecharse de ese infierno. No es pesimismo, sino algo que conviene tener en cuenta: da igual lo terrible que parezca la situación, siempre cabe un hijo de puta más."           (Jorge Decarlini, Público, 22/04/23)

10/2/20

Javier Cercas: los que no somos víctimas tenemos el deber de conocer a los verdugos! ¿Sabes por qué? Porque es la única forma de combatirlos. Tú no puedes combatir el mal sin comprenderlo... Claro que son hijos de puta, pero ¿por qué se han convertido en eso?

"(...) Los yihadistas que cometen atentados siempre acaban igual. ¿No nos quedamos sin una parte importante del relato al eliminarlos?

Evidentemente.

Hace poco le pregunté a Philippe Lançon, y me dijo que a él ese relato no le interesaba nada… 

Philippe es amigo mío. Pero a él no le puedes pedir que se interese por eso. A las víctimas no debemos pedirles que entiendan a los verdugos, porque eso las destruiría. No po-de-mos. ¡Pero: los que no somos víctimas tenemos el deber de conocer a los verdugos! ¿Sabes por qué? Porque es la única forma de combatirlos. Tú no puedes combatir el mal sin comprenderlo. A mí lo que me interesa realmente, y se lo diría a Philippe, es entender precisamente por qué estos chavales fueron capaces de cometer esas barbaridades. Eso me fascina. Yo he intentado entender a un falangista.

 Hace poco me encontré al director de un medio y le pregunté cómo habían publicado el artículo de un supuesto historiador que decía que “Javier Cercas blanquea el falangismo”, o el fascismo. Yo ya contesté a ese sinvergüenza, que vive aquí en Sevilla, por cierto, aunque es extremeño de origen. En fin, la gente no quiere que entiendas.

 Equiparan entendimiento con connivencia?

En ese caso era pura promoción personal, pero en general no ven que entender es lo contrario de comprender, es darte las armas para poder combatir. Con las víctimas hay que estar a muerte, pero es más importante conocer a los verdugos que a las víctimas. Claro que son hijos de puta, pero ¿por qué se han convertido en eso? El chico que atropelló a 19 personas en la Rambla… yo he leído muchísimo sobre eso, y no descarto meterme en ese asunto, aunque me parece muy pronto. ¿Qué decía todo el mundo al que entrevistaban? Que era un chaval maravilloso. No puede ser él, es imposible, repetían. ¿Qué pasó en la cabeza de este chaval?

¿Qué?

Obviamente, vino un adulto y le comió el coco. Pero, ¿cómo? Eso es lo que necesitamos saber, y la gente no quiere. Prefieren pensar que las buenas personas hacen el bien, y las malas el mal. ¡Mentira! Las buenas personas pueden hacer el mal. Y eso es muy complicado de explicar. “Todos los franquistas son unos hijos de puta”. No. Lo que hay que saber es por qué hicieron eso.

Algunos incluso creían que estaban del lado bueno de la Historia…

Ahí está, pero la gente no quiere eso, quiere tranquilidad. Y están también quienes pretenden aprovecharse de todo eso. Si tratas de entender a un falangista, tú eres otro. Y no te digo si es un yihadista. Porque somos burros, la burricie tiene un poder extraordinario. Y la bestialidad, y la maldad. (...)"                       (Entrevista a Javier Cercas, Alejandro Luque, m'sur, 20/01/20)

2/10/19

Cara a cara entre la viuda y el asesino

"El 29 de julio de 2000 Juan María Jáuregui, político socialista de 49 años, ex gobernador civil de Guipúzcoa, fue asesinado en el restaurante Frontón de Tolosa, en Gipuzkoa, por los miembros del comando Buruntza, que lo mataron con dos tiros en la nuca. 

En junio de 2019, su viuda, Maixabel Lasa, comió con uno de los tres etarras que componían el comando, Ibon Etxezarreta, delante de las cámaras de Jon Sistiaga y Alfonso Cortés-Cavanillas, para el documental Zubiak (ETA, el fin de silencio). Lasa no solo comió con Etxezarreta, sino que le cocinó en la sociedad gastronómica que ocupa el local donde anteriormente tuvo un bar restaurante la familia Jáuregui.

 "Nos une una historia que solo acabará cuando uno de los dos ya no esté aquí", le dice Lasa a Etxezarreta. Directora de la Dirección de Víctimas del Terrorismo del Gobierno vasco durante una década, Lasa conoce a Etxezarreta desde hace casi un lustro, cuando el preso de ETA se acogió a la vía Nanclares de reinserción. "Nosotros hemos estado varios meses preparando ese encuentro, porque no solo era que comieran, sino que se pusieran delante de las cámaras y hablaran", recuerdan en San Sebastián los codirectores Sistiaga y Cortés-Cavanillas. 

El documental, proyectado en el festival dentro de la sección Made in Spain, forma parte de una serie que la pareja ha filmado sobre ETA y el País Vasco para Movistar. Pero Zubiak, que dura hora y media, puede que se estrene también en salas.

En Zubiak la primera hora sirve para mostrar quién era Jáuregui, el primer gobernador de Gipuzkoa en poner la ikurriña en Legorreta, su pueblo natal, el político socialista que impulsó la investigación del caso Lasa y Zabala, cuyos cuerpos fueron hallados en Alicante tras haber sido torturados, investigación que le enfrentó al general de la Guardia Civil Enrique Rodríguez Galindo. Más aún: el mismo Jáuregui, militante durante 16 años del Partido Comunista, había pertenecido a ETA y pasado año y medio en prisión durante la dictadura franquista. 

Todo este currículo era absolutamente desconocido para Etxezarreta, que sencillamente solo sabía que era un objetivo en su lista. Él condujo el coche del que se bajaron Luis María Carrasco y Patxi Xabier Makazaga para cometer el atentado.

 "Pero yo soy tan autor material como ellos, mi nombre está ligado al sufrimiento de sus familias de por vida", cuenta en la pantalla el exetarra, en prisión desde 2004 tras ser condenado por 20 atentados, cuatro de ellos con víctimas mortales. Sistiaga apunta: "Hemos tendido a hacer que las víctimas solo sean una fotografía de carnet. Hemos luchado porque Juan Mari sea una persona viva, que le corporeíces".

En Zubiak, recordando ese reguero de muertes —que en 2000 acabó con otras figuras claves como Ernest Lluch, Fernando Buesa o José Luis López de Lacalle— el expresidente del Partido Socialista de Euskadi Jesús Eguiguren expone cómo acabó mecanizándose el rito de enterrarlos y de buscar a un sustituto en el cargo del fallecido. Lacalle y Jáuregui eran muy amigos y a mitad de metraje sus viudas charlan sobre sus maridos, sus férreas convicciones políticas, a veces alejadas de las de ellas. 

Hay más testimonios sobrecogedores, como los del periodista Jaime Otamendi, que estaba con Jáuregui cuando lo asesinaron y que se plantea si pudo hacer algo (aunque Eguiguren apunta: "Juan Mari se sentía tan orgulloso de ser vasco que quizá bajó la guardia"); el de otro periodista, Gorka Landáburu, al que casi mata ETA con un sobre explosivo; el de Xavier Iraola, entonces alcalde de Tolosa, que no logró que toda la corporación condenara el atentado, o el de Ignacio Latierro, uno de los fundadores de la librería Lagun.

Pero la fuerza de las palabras de Lasa y Etxezarreta propulsan el documental. Para la viuda supone una satisfacción que de los tres etarras que acabaron con su marido, "dos se han arrepentido y saldrán de la cárcel con el trabajo hecho, sin creerse salvapatrias". El preso, que todas las noches retorna a la cárcel de Vitoria, "ha hecho un tránsito tremendo moral e intelectual", según Cortés-Cavanillas. Porque ni siquiera fue de los primeros en apuntarse a la vía Nanclares y hoy le dice a su compañera de mesa: "Yo nunca te he pedido perdón porque lo que hice fue imperdonable".

 Y explica sus dudas antes de iniciar los encuentros: "Te planteas cuáles tienen que ser los primeros pasos, si va a servir de algo". Y ambos recuerdan una de las primeras frases que ella dijo cuando se conocieron: "Prefiero ser la viuda de Juan Mari que tu madre". A lo que él remata: "Al final, hubiera preferido ser Juan Mari que Ibon". Pero Lasa intercede: "Vosotros, hoy, sois los mayores deslegitimadores del uso de la violencia".

Los dos cineastas explican: "Ibon es ahora un ser ético, y antes no lo era. Posee cierta moral. Solo vive su presente, no cree tener futuro. Este documental, pensamos, tiene muchos subtextos, reflexiones sobre el acercamiento de presos y sobre la evolución de Euskadi". 

Maixabel cuenta desde pantalla: "¿Sabes? Juan Mari soñó la noche anterior que lo mataban. Cuando vi su cuerpo y su sonrisa en la boca, parecía que decía: 'Me habéis matado pero esto lo vamos a ganar'. Ahora, hablando contigo, Ibon, siento que dejo atrás algo de mochila".                   (Gregorio Belinchón, El País, 21/09/19)

16/2/18

La espantosa experiencia voluntaria de Luce d'Eramo en los campos de concentración nazis

"Érase una vez una joven guapa y rebosante de salud que vivía con sus padres fascistas en el castillo de Bassano, en la provincia italiana de Vicenza, en el norte de Italia. Se llamaba Lucette porque había nacido en Francia, pero todos la conocían como Luce o Lucetta.

 Su padre había sido piloto y por aquel entonces, en 1944, en plena II Guerra Mundial, ocupaba el cargo de subsecretario de Aviación de la República de Salò, el Estado títere de los nazis con Benito Mussolini a la cabeza que ocupaba buena parte de los territorios italianos controlados militarmente por los alemanes.

Lucette tenía 18 años y muchas dudas. Era una buena fascista, sí, pero cada vez le inquietaban más las críticas y reproches que escuchaba contra los suyos, las voces que por ejemplo aseguraban que los nazis habían puesto en marcha campos de trabajo y de concentración en los que trataban como auténticos animales a quienes allí se encontraban. 

«Después de mucho pensar, comprendí que la única manera de saber quién estaba en posesión de la verdad, si los fascistas o los antifascistas -se decían tantas cosas que nadie alcanzaba a entender nada-, era averiguarlo personalmente. 

Para ello, entendí que lo mejor para mí era ir a aquellos lugares de los que se decían las cosas más impactantes: los lager nazis», escribiría muchos años después en Desviación, un brutal libro autobiográfico en el que a lo largo de 500 páginas Lucetta, Luce d'Eramo, relata las terribles experiencias que durante la II Guerra Mundial vivió en primera persona, en sus propias carnes. 

Más de 30 años le llevó escribir ese libro escalofriante que vio la luz en la Italia en 1979, que se convirtió inmediatamente en un súper ventas y que sin embargo sólo ahora acaba de publicarse en España de la mano de la editorial Seix Barral.

Fue el 8 de febrero de 1944, con 18 años, cuando Luce d'Eramo se escapó de su casa y, con los retratos de Hitler y de Mussolini en la mochila, se presentó voluntaria para ir a Alemania en calidad de simple obrera.

  Ingresó en un campo de trabajo cerca de Fráncfort, la IG Farben, donde enseguida se quedó espantada al ver las atroces condiciones en las que se encontraban muchos de los prisioneros de guerra obligados a trabajos forzados. Hasta el punto de que, junto con algunos compañeros, organizó una huelga. 

Resultado: la detuvieron, la mandaron primero a prisión primero y después al campo de concentración de Dachau, en el que más de 200.000 personas procedentes de más de 30 países fueron recluidas durante la II Guerra Mundial. 

«En las 12 semanas que pasé en Dachau no dejó ni un segundo de asombrarme la increíble cantidad de padecimientos que el organismo humano puede soportar», confiesa. Podría haberse librado de todo aquello con tan sólo sacar a relucir que su padre era un jerarca de la Italia fascista. Pero eligió no hacerlo. 

En Dachau, Lucetta formaba parte del grupo destinado a limpiar las alcantarillas y las cañerías de desagüe de la ciudad de Munich y alrededores. «Lo peor era cuando nos llevaban a las aldeas a vaciar los pozos negros: allí no hay cañerías. Cuando los pozos negros están llenos hay que vaciarlos con cubos y, una vez hecho esto, bajar al interior. Sólo entonces nos daban máscaras y botas de goma, y estábamos metidos en la mierda hasta que hubiéramos acabado. Muchos enfermaban, y había quien moría intoxicado», revela. 

Lucia, alter ego de Luce d'Eramo en Desviación, logró escapar de Dachau aprovechando un bombardeo inesperado durante el tiempo de trabajo. Se ocultó un par de meses en Munich, esforzándose siempre por no llamar la atención. «Desde Dachau me he puesto un objetivo: pasar inadvertida, confundirme por completo con la masa. No quiero morir», escribiría. 

«Sólo tengo 19 años, pero siempre se me olvida. Luego cuando me acuerdo es como un descubrimiento, y me alegro en parte porque tengo toda la vida por delante, pero enseguida me pongo triste, me entra un miedo terrible al futuro, siento que no podré vivir después de todo esto».

Tras vicisitudes varias, acabó en Maguncia, una ciudad alemana a orillas del río Rin. Era el 27 de febrero de 1945, la localidad acababa de sufrir tres horas de bombardeos salvajes y los americanos estaban a punto de entrar en ella en cualquier momento. «Para nosotros la guerra había terminado», recuerda. 

Salió a festejarlo con un amigo cuando pasaron junto a una casa que se había derrumbado. En la puerta, una chica alemana suplicaba a los viandantes que la ayudaran a salvar a su familia. Luce D'Eramo, junto con otras 10 personas, decidió echarle una mano. Se encontraba en medio de los escombros cuando una bomba de fósforo de efecto retardado estalló y un muro le cayó encima. A partir de ese momento, y hasta su muerte en 2001, sus piernas quedaron inmovilizadas. Además, sufría incontinencia fecal y urinaria.

Comenzó otro infierno, que Luce d'Eramo narra con la misma crudeza y sencillez que el resto de vivencias, con un estilo despojado de ornamentos pero absolutamente fiel a la realidad. «Yo, yo clavada a una silla de ruedas para toda la vida, entre orina y mierda», recuerda al enterarse de su diagnóstico, después de pasar varias semanas en la sala mortuoria de un hospital entre cadáveres y moribundos.

Pero aunque es una autobiografía, Desviación es sobre todo un libro de memorias. O, mejor dicho, un libro sobre la memoria. «Si mi madre tardó más de 30 años en escribir Desviación fue porque tuvo que desenterrar su propia memoria, hacer un largo y fatigoso recorrido para recordar lo ocurrido realmente, por reconquistar el pasado, por dejar de lado las mentiras que nosotros mismos nos contamos con frecuencia», explica a EL MUNDO Marco, su hijo. 
 
Porque cuando concluye la II Guerra Mundial y Luce D'Eramo regresa a Italia, se encuentra con un mundo en blanco y negro, dividido férreamente entre víctimas y agresores. Un mundo en el que las víctimas, por el mero hecho de serlo, se convierten en buenas y bondadosas. «Y eso es falso. Entre las víctimas también había carniceros, como decía mi madre, a quien siempre le interesó la zona gris», subraya Marco.

Por eso, porque iba contra las ideas preconcebidas, a Luce D'Eramo le costó tanto desenterrar la verdad de lo sucedido, separar en su memoria lo falso de lo verdadero.  

Y por eso, por contar en Desviación no sólo los horrores cometidos por los nazis sino también las miserias de las víctimas, cómo algunas «se peleaban entre ellas como fieras por un cigarrillo, un nabo, un hombre, se denunciaban la una a la otra a los Kapos o a los SS» o se «abrían de piernas» para conseguir un trozo de papel de periódico con el que envolverse los pies y para caminar los cinco kilómetros que separaban el lager de la fábrica, hubo editores que rechazaron publicar su libro. 

 «Y hubo también uno que se negó a publicarle una recopilación de relatos al percatarse de que era discapacitada e iba en silla de ruedas», subraya su hijo.

Pero aunque a su regreso a Italia Luce d'Eramo vivió una existencia plena e intensa, se casó, tuvo un hijo, se licenció en Filosofía y Letras, se separó, frecuentó a intelectuales como Alberto Moravia, Elsa Morante o Cesare Zavattini y escribió de modo incansable, siempre le interesaron precisamente esas incómodas zonas grises y siempre se sintió una marciana que no encajaba en las categorías preestablecidas. De hecho, su último libro, una suerte de testamento espiritual, se titulaba precisamente así: Yo soy una extraterrestre."          (Irene Hernández, El Mundo, 15/02/18)

13/12/17

La dualidad del proyecto sionista: huir de la opresión racista y reproducirla en un contexto colonial

"La dualidad entre la posición del oprimido y la del opresor no es rara en la historia. Se observa en particular en el caso de los movimientos nacionales que encarnan la lucha de una nación oprimida por liberarse del colonialismo al tiempo que esa misma nación oprime en su propio país a una minoría –sea esta nacional o racial o religiosa o perteneciente a cualquier otra identidad– y que el movimiento nacional no reconoce esta última opresión o, peor aún, la justifica con algún pretexto, como la acusación a la minoría de constituir una “quinta columna” del colonialismo 1/.

A menudo se hace referencia a la frecuencia de esta dualidad con el fin de “normalizar” el caso del sionismo, en el sentido de presentarla como algo corriente y similar a otros muchos casos. El propósito suele ser el de minimizar los agravios del sionismo, por no decir excusarlos, a fin de normalizar la actitud ante el Estado sionista y tratarlo como algo corriente. Intentaré demostrar en este artículo que dicho argumento no es válido, explicando la singularidad de la dualidad propia del caso sionista.

Es indiscutible que el sionismo nació históricamente en respuesta a la opresión secular padecida por los judíos en países europeos. Como es sabido, la condición de los judíos en la Europa cristiana desde la Edad Media hasta el siglo XIX era mucho peor que su situación en los países de mayoría musulmana. Bajo las autoridades que se llamaban cristianas, los judíos fueron víctimas de una persecución mucho más encarnizada que la discriminación y la persecución ocasional a que los sometían las autoridades autocalificadas de musulmanas.

Sin embargo, la Edad Moderna que siguió al periodo de la Ilustración y a la Revolución Francesa, a finales del siglo XVIII, puso fin gradualmente a esta persecución en Europa Occidental, gracias a la difusión de la noción moderna de ciudadanía basada en la igualdad de derechos. Con el paulatino cambio democrático, la condición de los judíos mejoró progresivamente en Europa Occidental, desde la costa atlántica hasta las fronteras orientales de Alemania y Austria. 

Poco a poco dio lugar a la integración de los judíos en las comunidades locales y acabó con la discriminación. No obstante, la primera gran crisis que afectó a la economía capitalista mundial, en el último cuarto del siglo XIX –la “larga depresión”, como la llamaron–, despertó diversas tendencias xenófobas. Al igual que todas las crisis sociales, impulsó la búsqueda de chivos expiatorios por parte de grupos de extrema derecha con el fin de movilizar la furia de sus sociedades al servicio de sus proyectos reaccionarios.

En ese mismo periodo, Europa Oriental, especialmente su mayor extensión, integrada en el imperio ruso, asistía a una expansión tardía del modo de producción capitalista. Esta transformación tardocapitalista –que causó trastornos agravados y complicados por su coincidencia en el tiempo con un capitalismo más avanzado en Occidente y con la larga depresión– provocó una aguda crisis social y un éxodo rural acelerado. 

A resultas de ello, las tendencias xenófobas también cobraron impulso en Europa Oriental, siendo los judíos sus víctimas primarias en el imperio ruso, particularmente en regiones que hoy en día pertenecen a Ucrania y Polonia. Allí, los judíos fueron víctimas de sucesivos pogromos, por lo que trataron de emigrar a Europa Occidental y Norteamérica.

Así las cosas, los judíos se convirtieron en un objetivo predilecto de la xenofobia en Europa Occidental, donde unían la condición de forasteros migrantes a la de personas que profesaban una religión alóctona 2/. De este modo, sobre el telón de fondo de la larga depresión y sus efectos, Europa Occidental asistió al renacer de un antijudaísmo de nuevo cuño, moderno: una teoría racial que pretendía basarse en las ciencias antropológicas y que preconizaba que los judíos –o los semitas en general, incluidos los árabes 3/– pertenecen a una raza inferior y maligna. 

Fue entonces cuando surgió el antisemitismo, que apuntó principalmente contra los judíos europeos y acompañó a la expansión de una variante fanática del nacionalismo combinada con la defensa del colonialismo. La larga depresión exacerbó, en efecto, la competencia en torno a la división del mundo entre las metrópolis coloniales en la llamada fase imperialista.

Sobre este mismo telón de fondo nació el movimiento sionista moderno en forma de sionismo estatalista que, a diferencia de otras formas anteriores o contemporáneas de sionismo espiritual o cultural, aspiraba a crear un Estado judío. Como es bien sabido, el fundador del movimiento, Theodor Herzl, era un judío austriaco asimilado que asumió sus convicciones sionistas después de haber cubierto en París, como periodista, el juicio contra el oficial francés de ascendencia judía Alfred Dreyfus, víctima del ascenso del antisemitismo en su país. 

El caso Dreyfus llevó a Herzl a escribir su famoso libro-manifiesto El Estado judío (Der Judenstaat en el original alemán: literalmente, el Estado de los judíos), publicado en 1896 y que constituyó la base de la convocatoria del primer congreso sionista en la ciudad suiza de Basilea en 1897, un año y medio después de la publicación del libro.

Existe una diferencia cualitativa muy significativa entre la ideología sionista elaborada por Herzl y las ideologías nacionales que surgieron en Europa en la primera mitad del siglo XIX o en los países coloniales durante la primera mitad del siglo XX. Mientras que la mayoría de estas ideologías respondían a un pensamiento democrático emancipatorio, la ideología sionista moderna formaba parte de la variante del nacionalismo fanático y colonialista que estaba en auge cuando apareció. 

En efecto, si bien es indiscutible que el sionismo es fruto de la opresión de los judíos y de la reacción a la misma –el propio Herzl explicó en el prólogo de su libro cómo “la miseria de los judíos” era la “fuerza motriz” del movimiento que quería crear–, tampoco cabe ninguna duda de que el sionismo teorizado por Herzl es una ideología marcada esencialmente por el pensamiento reaccionario y colonialista.

En realidad, al margen de cómo lo percibían los judíos de Europa Oriental, pobres y duramente perseguidos, que se aferraban a él como tabla de salvación, el proyecto sionista ideado por Herzl fue en el fondo un engendro creado por un judío austriaco laico y asimilado, destinado a deshacerse de los míseros judíos religiosos que venían de Europa Oriental y cuya migración a Occidente había perturbado la existencia de sus correligionarios occidentales. 

Así lo reconoció el propio Herzl con singular franqueza en el prólogo de su libro:

"Los asimilados se beneficiarían todavía más que los ciudadanos cristianos con la partida de los judíos creyentes, pues se quitarían de encima la rivalidad inquietante, incalculable e inevitable de un proletariado judío empujado por la pobreza y la presión política de un sitio a otro, de un país a otro. Este proletariado itinerante se tornaría sedentario. 
Muchos ciudadanos cristianos –a los que llamamos antisemitas– pueden ahora ofrecer una resistencia decidida a la inmigración de judíos extranjeros. 
 Los ciudadanos judíos no pueden hacerlo, pese a que les afecta mucho más de cerca, pues ante ellos sienten más que nada la feroz competencia de individuos que desempeñan oficios similares y que, además, introducen el antisemitismo allí donde no existe o lo intensifican allí donde ya existe.
 Los asimilados dan expresión a este agravio secreto con iniciativas filantrópicas. Fundan sociedades de emigración para los judíos itinerantes. Existe un reverso de la medalla que sería cómico si no se tratara de seres humanos: algunas de estas entidades benéficas no han sido creadas para, sino contra los judíos perseguidos, han sido creadas para despachar a estas pobres criaturas lo más rápido y lo más lejos posible.
 Así, muchos supuestos amigos de los judíos resultan ser, si bien se mira, nada más que antisemitas de origen judío, disfrazados de filántropos.

"Pero los intentos de colonización protagonizados incluso por hombres benévolos, por interesantes que fueran dichos intentos, hasta ahora no han tenido éxito… Estos intentos eran interesantes en la medida en que constituían, a escala reducida, sendos precursores prácticos de la idea del Estado judío".

La nueva idea formulada por Herzl en sustitución de las empresas coloniales filantrópicas fallidas que menciona –la más destacada fue la creada por la familia Rothschild– consistía en pasar de las acciones benévolas a un proyecto político integrado en el marco colonialista europeo, con el propósito de fundar un Estado judío que formaría parte de dicho marco y lo reforzaría. 

A este respecto, Herzl se dio cuenta de que los antisemitas cristianos serían acérrimos defensores de su proyecto. Su principal argumento, en el apartado titulado El Plan del segundo capítulo de su libro, era el siguiente:

"La creación de un nuevo Estado no es una empresa ridícula ni imposible… Los gobiernos de todos los países azotados por el antisemitismo estarán sumamente interesados en ayudarnos a conseguir la soberanía que queremos".

Solo quedaba elegir el territorio en el que materializar el proyecto sionista:

"Hay dos territorios posibles: Palestina y Argentina. En ambos países se han llevado a cabo importantes experimentos de colonización, aunque basados en el principio erróneo de una infiltración gradual de judíos. Una infiltración está condenada a acabar mal. Prosigue hasta el momento inevitable en que la población autóctona se considera amenazada y obliga al gobierno a detener la entrada de judíos. 

 Por tanto, la inmigración resulta fútil a menos que se base en una supremacía asegurada. La Sociedad de Judíos tratará con los dueños actuales del territorio, colocándose bajo el protectorado de las potencias europeas si se muestran proclives el plan".

Hacia el final del último capítulo del libro, donde expuso los “Beneficios de la emigración de los judíos”, Herzl aseguró que los gobiernos atenderán a su propuesta “voluntariamente o bajo presión de los antisemitas”. Sus Diarios incluyen muchas observaciones sobre la complementariedad de su proyecto de enviar a los judíos pobres fuera del continente europeo con el deseo de los antisemitas de deshacerse de ellos. Incluso profetizó, en el comienzo de su primer Diario (1895), que los judíos se adaptarían a la brutalidad de los antisemitas y los imitarían en su futuro Estado.

"Sin embargo, el antisemitismo, que es una fuerza poderosa e inconsciente entre las masas, no dañará a los judíos. Entiendo que es un movimiento útil para el carácter judío. Representa la educación de un grupo por las masas y tal vez conduzca a su absorción. La educación solo es efectiva a base de golpes. Se producirá un mimetismo darwiniano. Los judíos se adaptarán".

De acuerdo con el plan concebido por su padre espiritual, los líderes del movimiento sionista se esforzaron por obtener el apoyo de una de las grandes potencias europeas a su proyecto, que pronto se decantó exclusivamente por Palestina. Aprovecharon la transferencia del territorio de la dominación otomana a la británica en el contexto de la primera guerra mundial tras el reparto de los restos del imperio otomano entre británicos y franceses, al amparo de infame tratado Sykes-Picot de 1916.

Desde entonces, los líderes sionistas centraron sus esfuerzos en Londres. El dirigente del sionismo británico, Chaim Weizmann, se apoyó en el magnate judío británico y ex diputado, el lord Walter Rothschild. Las presiones combinadas de ambos lograron obtener la conocida promesa del ministro de Asuntos Exteriores, Arthur Balfour, del 2 de noviembre de 1917. 

En su carta, Balfour aseguró que “el gobierno de su Majestad [el rey Jorge V] ve con simpatía el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para los judíos, y hará todo lo posible por facilitar la consecución de este objetivo…”. Esta infame declaración encajaba naturalmente en los cálculos imperialistas británicos de entonces, en el contexto de la competencia entre Gran Bretaña y los dos aliados que compartían la victoria en la guerra, Francia y EE UU.

Las circunstancias históricas de la Declaración Balfour concordaban plenamente con el punto de vista del profeta del sionismo, Theodor Herzl. El propio Balfour era uno de esos cristianos antisemitas de los que Herzl sabía que se convertirían en los mejores aliados del sionismo. El ministro de Asuntos Exteriores británico, en efecto, no era ajeno al sionismo cristiano, la corriente cristiana que apoya el retorno de los judíos a Palestina. 

El verdadero objetivo de este apoyo –no declarado en muchos casos, pero ocasionalmente admitido– es acabar con la presencia de judíos en los países de mayoría cristiana. Para los sionistas cristianos, el retorno de los judíos a Palestina supone el cumplimiento de la condición del Segundo Advenimiento de Jesucristo, al que seguirá el Juicio Final, que condenará a todos los judíos que no se hayan convertido al cristianismo al sufrimiento eterno en el infierno. Esta misma corriente es actualmente en EE UU la más firme defensora del sionismo en general y de la derecha sionista en particular.

Cuando era primer ministro (1902-1905), el autor de la infame Declaración, el propio Arthur Balfour, promulgó la ley de Extranjería de 1905, cuya finalidad era poner coto a la inmigración en Gran Bretaña de refugiados judíos que huían del imperio ruso. Vale la pena destacar en este punto un hecho histórico que rara vez se menciona: Edwin Samuel Montagu fue el único ministro británico que se opuso a la iniciativa de Balfour de emitir su Declaración y el único ministro que manifestó su oposición al proyecto sionista en su conjunto.

 Era el único miembro judío del gabinete encabezado por David Lloyd George, del que formaba parte Balfour, y únicamente el tercer ministro judío de la historia de Gran Bretaña. Montagu advirtió de que la empresa sionista comportaría la expulsión de la población autóctona de Palestina y reforzaría en todos los demás países a las corrientes que deseaban deshacerse de los judíos. En un memorando que presentó en agosto de 1917 en el gabinete británico después de conocer lo que acabaría siendo la Declaración Balfour, afirmó sin ambages:

"Quiero hacer constar mi punto de vista de que la política del gobierno de Su Majestad es antisemita y que por consiguiente acabará siendo un punto de referencia para los antisemitas de todos los países del mundo" 4/.

Tal como esperaba Herzl, el proyecto sionista se materializó bajo la protección de una gran potencia europea como parte de sus designios coloniales-imperialistas. Este proyecto no podría haberse realizado sin dicha protección y sin integrarse en un marco colonial-imperialista más amplio. 

El pueblo judío al que Herzl quería dotar de un Estado propio era un pueblo imaginado, carente de toda institución política que lo constituyera en pueblo y de la fuerza requerida para participar en la carrera colonial de finales del siglo XIX.

Al fundar el movimiento sionista, Herzl quiso crear esa institución política inexistente y encaminarla a la colaboración con una de las grandes potencias. Así, el proyecto sionista depende estructuralmente, desde el comienzo, de la protección de una gran potencia, tal como había previsto Herzl. 

Esta dependencia ha marcado la historia del movimiento sionista y después la de su Estado hasta nuestros días. Seguirá existiendo mientras el Estado de Israel se base en la opresión colonial, pues la consecuencia natural de ello es la enemistad con el pueblo palestino y los demás pueblos vecinos de Palestina, hasta el punto de que Israel necesita la protección de una gran potencia exterior. EE UU ha desempeñado este papel desde la década de 1960.

En suma, el sionismo no es un movimiento normal de liberación nacional que comparta el carácter dual de muchos de estos movimientos que luchan contra la opresión colonial mientras oprimen a otras comunidades, sean nacionales o de otro tipo. Esto es lo que afirman los partidarios de Israel que no son tan fanáticos como para negar la opresión perpetrada por el Estado sionista. 

Lo cierto, sin embargo, es que el movimiento sionista se construyó sobre la base de la explotación y la opresión sufridas por los judíos y de la ayuda de los antisemitas con el fin de crear un Estado colonial integrado estructuralmente en el sistema imperialista, y no un Estado poscolonial, como pretende.

En un giro trágico de la historia, el antisemitismo alcanzó un clímax en la Europa del siglo XX con el ascenso al poder de los nazis y la posterior realización de su proyecto genocida, obligando a un gran número de judíos europeos a buscar refugio en el sionismo, ya que otras formas de antisemitismo les cerraron las puertas de EE UU, Gran Bretaña y otros países. 

De este modo, el Estado sionista logró hacerse realidad y presentarse como compensación redentora del genocidio nazi contra los judíos. Estas circunstancias históricas han permitido a ese Estado oprimir a la población autóctona de Palestina en un grado que sin duda va mucho más allá de lo que los fundadores del sionismo, incluido Herzl, habían previsto.

Hoy en día –un siglo después de la Declaración Balfour, casi 70 años después de la fundación del Estado de Israel en el 78 % del territorio de la Palestina del Mandato Británico y medio siglo después de que ese Estado ocupara el 22 % restante–, el primer ministro sionista, Benjamin Netanyahu, sigue obteniendo de los antisemitas contemporáneos de los países occidentales el respaldo necesario para el arrogante comportamiento colonial de su Estado y su gobierno. 

Al apoyarse en los sionistas cristianos de EE UU, codearse con el antisemita primer ministro de Hungría y mantener el silencio sobre la defensa por parte de Donald Trump de la extrema derecha antijudía y antimusulmana de EE UU, Netanyahu sigue fielmente las recetas de Herzl, aunque de una manera moralmente todavía más detestable al producirse después del genocidio nazi, que mostró los horrores a los que pueden conducir el antisemitismo y otras formas de racismo.

[Esta ponencia se presentará en lengua árabe en una conferencia convocada en Beirut para los días 13 y 14 de diciembre por el Instituto de Estudios Palestinos con motivo del centenario de la Declaración Balfour. La traducción inglesa del original árabe es del propio autor.]"                 (Gilbert Achcar, Jadaliyya, en Viento Sur, 03/11/17)

26/3/15

El etarra Valentín Lasarte, de vinos y pintxos a 100 metros del bar donde asesinó a Gregorio Ordóñez

"Estuvo en la terraza de un local de la Plaza de la Constitución, en San Sebastián, unas horas después de haber sido puesto en libertad. No tiene ninguna orden de alojamiento de sus víctimas.

Eran en torno a las siete de la tarde cuando el sanguinario etarra, que ahora dice estar arrepentido pero que se niega a esclarecer atentados o ofrecer detalles sobre compañeros de ‘comandos’, apareció por el Bulevar donostiarra.

Lasarte, acompañado de un grupo de personas entre las que se encontraba algún familiar, se dirigió por las calles peatonales del casco antiguo hacia la Plaza de la Constitución, un lugar donde ya se le rindió homenaje a Iñaki de Juana Chaos, ahora en Venezuela, cuando salió de prisión.

Valentín Lasarte se sentó en uno de los bares de la plaza y allí degustó unos vinos y unos pintxos, según ha podido confirmar El Confidencial Digital a través de varios testigos presenciales.

Quienes pudieron ver al etarra que ahora dice estar arrepentido aseguran que estuvo muy tranquilo en todo momento disfrutando de sus primeras horas en libertad.
Se da la circunstancia que el sanguinario etarra se sentó en un local que se encuentra a sólo 100 metros del bar La Cepa. Allí, el ‘comando’ de ETA del que Lasarte formaba parte asesinó en enero de 1995 al concejal del PP en el ayuntamiento donostiarra, Gregorio Ordóñez.

El pasado mes de enero se cumplieron diez años de este crimen perpetrado por Lasarte y sus compañeros etarras que pegaron un tiro en la nuca al joven político vasco. (...)"             (El Confidencial Digital, 25/03/2015)

25/11/13

Ulayar: “Dijeron que no podían echar del colegio de mis sobrinos al asesino de mi padre". Conviviendo con los asesinos, como en el franquismo

"Después de conocer que el etarra que mató a Jesús Ulayar, es psicólogo en el colegio donde estudian los nietos del asesinado, por ETA en 1979, Libertad Digital se ha puesto en contacto con su hijo y testigo del crimen, Salvador Ulayar.

Uno de los verdugos de su padre, Juan Nazabal, acabó como psicólogo del colegio de tres de los nietos del asesinado Jesús Ulayar. Como recuerda Salvador -en conversación con Libertad Digital- el terrorista accedió a la plaza, de carácter temporal, por medio del Inem con su título obtenido en la Universidad del País Vasco.

 "Calcula tú cómo le daban los títulos a los etarras", responde Salvador y añade, "el propio consejero de educación nos dijo que no podía hacer nada, no había argumento legal para echarlo". Para Salvador esta situación demuestra una vez más, "como la democracia en España ha maltratado continuamente a las víctimas".(...)

Los dos asesinos de su padre, Vicente y Juan Nazabal, quienes salieron de prisión el primero en 1997 y el segundo un año más tarde, fueron nombrados "hijos predilectos de Echarri Aranaz" por Herri Batasuna. Ante esto, la familia Ulayar acudió a la Justicia y ésta declaró nulo el nombramiento. 

En opinión de Salvador, la nulidad se produjo en el despacho de un juez, sin embargo el reconocimiento de los etarras allá en su localidad se hizo de forma pública; el daño una vez más ya estaba hecho. Años más tarde cuando gobernó en el pueblo Nafarroa Bai, "mi familia pidió que retirasen ese título. Se defendieron como gato panza arriba", señala Salvador. "Recurrieron al argumento de que la nulidad ya se había hecho en Madrid".

Durante todos estos años la familia Ulayar tuvo que soportar insultos y pintadas en la fachada de su casa en Echarri Aranaz. "Los proetarras nos acusaban de ser colonizadores españoles, cuando no hemos tenido otro pasado que en el pueblo", exclama Salvador. (...)

Salvador reitera resignado que por mucho que digan que ETA está derrotada, desde su punto de vista, son las víctimas las que lo están. "A mí se me ha derrotado, me derrotaron cuando mataron a mi padre, me derrotaron cuando pactaban con la banda".            (LibertadDigital, 23/11/2013)

24/2/11

¿Cómo se explica que un pueblo tan perseguido (el israelí) pueda actuar, a veces, como actúa?

"P. ¿Se ha sentido señalado y solo en Israel por sus ideas?

R. Me quieren y me admiran unos, y me odian muchos otros. Mi familia se trasladó a Israel en 1952, yo tenía 10 años. Recibí del Israel de entonces una escala de valores que hoy ya no se respeta.

P. ¿Cómo se explica que un pueblo tan perseguido pueda actuar, a veces, como actúa?

R. Los 20 siglos de sufrimiento han dejado un trauma. Pero no justifica lo que sucede hoy. Nunca debe volver lo que ocurrió en la Alemania nazi, pero el trauma transporta los miedos de aquel sufrimiento a otra gente y otro lugar. No veo cómo es posible que las víctimas de ayer se conviertan en los opresores de hoy." (DANIEL BARENBOIM: "La música es filosofía y deporte". El País, 23/02/2011, p. 36)

27/12/10

"No hace falta que quieras al otro, pero matarlo es una aberración"

"En 1934, el recién estrenado poder nazi le impidió ejercer en su Alemania natal por ser judío y tuvo que ganarse la vida de otro modo. Se hizo músico y profesor de Educación Física en escuelas judías. Dos años después, y con una primera novela censurada por las autoridades, siguió el consejo de su editor germano, Samuel Fischer.

Le conminó a abandonar el país porque temía "lo peor", y el joven Keilson se marchó a Holanda. Poco antes había emigrado la que sería su primera esposa, Gertrud Manz, una grafóloga católica. Ella había tenido otra premonición. "Este hombre incendiará el mundo", le aseguró, al examinar la escritura de Adolf Hitler. (...)

Y su memoria, lúcida y más extensa que el siglo XX, es la de una era convulsa marcada en Europa por "el odio como razón de Estado". "Una forma de autodestrucción que no se volverá a repetir. Siempre habrá locos que proyecten sus problemas en los otros por miedo. Pero los nazis se aniquilaron solos". (...)

"Mi primer visado era una copia tan mala que se notaba a simple vista. Con el otro, ningún agente notó nada raro". En cuanto llegaba a las casas asignadas, escuchaba con atención las penas de los hijos. En ocasiones, también a los progenitores huidos. "A los cuatro años las raíces echadas se afianzan. Lo mismo ocurre con el yo y la personalidad. Perder a los padres entonces es dramático". (...)

Vio que los niños tenían una forma singular de choque emocional que llamó traumatización secuencial o trauma psicosocial del Holocausto. Su punto de partida, que resultó innovador y sentó cátedra, es la situación vivida con posterioridad a la tragedia inicial de la guerra.

Desde ese observatorio, él cifra la posibilidad de que los niños tengan una vida satisfactoria en el grado de apoyo y seguridad brindados por los hogares adoptivos. (...)

Otro episodio avanza el horror posterior. Es el momento en que sus compañeros de la escuela secundaria, en Alemania, se negaron a comentar un poema de Heinrich Heine que había leído. Judío de origen, el último gran poeta del romanticismo "no les pareció digno de ser alemán; fue un aviso temprano de lo que se avecinaba".

Su primera esposa, que falleció, acabó convirtiéndose al judaísmo. "Era tan crítica con los nazis como yo, y se desilusionó con la actitud del Vaticano". Se refiere a la polémica actitud del entonces papa, Pío XII, sobre su verdadero conocimiento de los crímenes nazis durante la contienda.

Es verdad que el pontífice apoyó a miles de judíos proporcionando actas bautismales falsas. Pero también lo es su afán por conservar la presencia católica en la Alemania del III Reich, al margen de la situación bélica. "Pareciera que Stalin era más condenable que Hitler, y ella se apartó de su Iglesia".

Los episodios que desgrana en voz alta llegan por fin a la esencia de su libro: la profundidad del odio y la fascinación de la víctima por el adversario. Un espejismo esto último, que obliga al judío a pasar de la falsa sensación de seguridad, a comprender, tarde, la naturaleza asesina del líder. Hitler, por supuesto.

"Mi padre había sido condecorado en la Primera Guerra Mundial. Era un alemán como los demás y no pudo creer que le fueran a perseguir. Alemania tenía entonces cultura musical y literaria, pero no política. Y esa es la única que arroja otra luz sobre la realidad. No hace falta que quieras al otro, pero matarlo es una aberración. Ello explicaría la falta de reacción inicial de los judíos ante los nazis.

Cuando me hablan de justo reconocimiento de mi obra, siempre digo que justicia sería que mis padres no hubieran muerto en Auschwitz". Los Keilson se reunieron con su hijo en Holanda, pero ya mayores y sin caudales, acabaron siendo arrestados y deportados." (HANS KEILSON: "No hace falta que quieras al otro, pero matarlo es una aberración". Babelia, 09/10/2010, p. 12)

26/11/10

Las 'sacas' republicanas

"Un día más tarde de la sublevación de las tropas en África, el 17 de julio de 1936, en Málaga se produce una movilización inmediata de la clase obrera, consiguiendo frenar el golpe en la ciudad tras unos combates callejeros y represión virulenta.

"Cada vez que se sobrevuela y bombardea la ciudad, la contestación es ir a la cárcel, sacar gente detenida y fusilarla, sin juicios y de modo desordenado, consecuencia de la pérdida del control por parte del gobierno de la República", ha expresado.

Todo esto creó "bastante odio en la otra parte y cuando en febrero de 1937 cae la ciudad en manos de las tropas nacionales, la gente sale en desbandadas hacia Almería temiendo con razón que la represión franquista será dura, como así fue". (Antonio Soler refleja "el sueño roto" de la ciudad de ser desde mediados del siglo XIX "la Barcelona B". 20minutos.es, 24/11/2010)

9/11/10

Cuando las víctimas se convierten en verdugos...

"Y es que, como señala Dimas, «pese a que el fin de la guerra se estableció oficialmente el 1 de abril de 1939, el 29 de marzo la ciudad de Murcia ya estaba tomada por los falangistas liberados de la cárcel que, recogiendo las armas de sus vigilantes, detuvieron y fusilaron a cuantos les vino en gana sin control alguno. Y no existe constancia de los nombres de los asesinados y se desconoce el paradero de sus restos». (Municipios de Murcia, 01/11/2010)

30/10/10

Conviviendo con los asesinos

"Antonio Salvà, padre de Diego Salvà, uno de los dos guardias civiles asesinados el pasado año por ETA en la localidad mallorquina de Palmanova, subrayó que la salida de la cárcel de presos de ETA, "nos hace más víctimas a las víctimas", refiriéndose así al caso de Txelis, que podrá salir de la prisión varias horas al día, tal como ha aprobado el juez de vigilancia penitenciaria de la Audiencia Nacional, José Luis Castro. (...)

Sin embargo, dijo que le provoca "muchísima preocupación" medidas como la aplicada a Txelis, al tiempo que subrayó que si salen a la calle, se tendría que tratar a las víctimas del terrorismo como a las mujeres maltratadas, de manera que hubiese una orden de alejamiento, según la cual los asesinos de ETA no pudieran acercarse jamás a las víctimas.

"Es demasiado duro cruzarse con ellos", remarcó, al tiempo que manifestó que el fin de ETA "no lo desea nadie más que nosotros". Sin embargo, advirtió de que la "clave" de todo el proceso del fin de la banda terrorista es acabar con la "escuela de odio" que existe en algunos sectores del País Vasco.
(...)

Así, dijo que la única salida es que los integrantes de la banda terrorista "dejen las armas y pidan perdón", al tiempo que se acaba con la "fábrica de hacer etarras" que existe, a su entender, en algunos sectores del País Vasco. " (Fundación para la Libertad, citando a EL CONFIDENCIAL, 30/10/2010 )

15/10/10

Los muertos de Pinochet en Copiapó no salen en la televisión

"Consiguieron salir los 33 mineros de San José tras 69 días de entierro, pero en el desierto de Atacama que se los tragó hay más historias, la de los desaparecidos de La caravana de la muerte, el escuadrón de asesinos que dirigido por el general Sergio Arellano Stark mató en octubre de 1973 a 96 personas sin juicio ni sentencia, al capricho del dictador Pinochet, con el fin de dar escarmiento y ejemplo.

En Copiapó, donde se arremolina la prensa mundial para asistir a la salida de los primeros dados de alta, se asesinó a 16 personas, tres de ellas siguen desaparecidas. Le supera Calama, con 26. Hubo más en Valdivia (12), Curicó (dos), Linares (cuatro), Cauquenes (cuatro), La Serena (15), Antofagasta (14) y Arica (tres).

Pertenece a la época más siniestra de Chile, sobre la que cayó un manto de silencio. Entonces no había focos, ni retransmisiones televisivas en directo ni emoción planetaria.





Los casos de Benito Tapia, Antonio Maguindo Castillo y Ricardo Hugo García, los desparecidos de Copiapó, junto a los de Calama, sirvieron para procesar a Pinochet. El dictador que tanto había trabajado por labrarse un lugar en su historia quedó descabalgado gracias a un juez español y el empeño de un abogado, Joan Garcés, amigo de Salvador Allende. Pinochet cambió la eternidad de los héroes de la patria por la de los asesinos en masa. Hoy está donde debe: en la historia de la infamia.

El caso del desaparecido de Copiapó Ricardo Hugo García es una metáfora de la transición chilena. Amigo de juventud del que después sería presidente socialista, Ricardo Lagos, le sirvió de bien poco ese vínculo pues este no movió un dedo por su memoria ni la de los otros, recuerda Gervasio Sánchez en conversación con Aguas Internacionales. El fotoperiodista español es uno de los que más y mejor ha documentado la tragedia en su libro La caravana de la muerte: las víctimas de Pinochet.


El tipo que aparece en la foto superior es un asesino en serie. Llegó a Copiapó el 16 de octubre de 1973 a las 20.00 horas. Viajaba en un helicóptero Puma escoltado por otros dos. Venía de La Serena, también de matar. Sacaron a 16 presos y los asesinaron. Los cuerpos se hallaron en una fosa común en 1990. Presentaban mutilaciones, incluso uno había sido decapitado. El forense que analizó los restos determinó que muchos habían sido asesinados a cuchillo, "una muerte lenta y atroz".

La hija del amigo de juventud del presidente Lagos, Ximena García se suicidó a lo bonzo en México el 11 de marzo de 1990, el mismo día que Pinochet dejaba la presidencia. La mujer sobrevivió 17 años al dolor de la desaparición de su padre, pero no pudo aguantar ni un minuto de esperanza a la llegada de la democracia.

En la matanza de Calama murieron 26 personas. Habían sido condenadas a penas menores que oscilaban entre los dos meses y los 20 años. A la cuadrilla Arellano Stark no le frenó la ley. Todos fueron asesinados. Solo han aparecido restos de 13. Los esqueletos fueron sacados de la fosa común y arrojados al mar por sus asesinos o sus cómplices para no dejar huellas. Las limpieza no fue perfecta. Entre los restos hallados está un dedo de Haroldo Cabrera. Debieron cortáselo para robarle el anillo.

El presidente Sebastián Piñera, que tanto ha salido en televisión estos días y tan efectivo ha sido en el rescate de los mineros, también tiene su pasado, cuando se sentía y proclamaba tan próximo al dictador que dirigió la matanza de sus ciudadanos. (...)


La lista de la vergüenza:

-Sergio Arellano Stark, general de Brigada.
-Teniente Coronel Sergio Arredondo González.
-Comandante Pedro Espinoza Bravo (autor intelectual del asesinato del canciller Orlando Letelier.)
-Capitán Marcelo Moren Brito, comandante de Villa Grimaldi, notorio recinto de detención y tortura, donde fueron vistos por última vez con vida a numerosas personas desaparecidas. (Este fue el torturador de la ex presidenta Bachelet, quien, después de muchos años, lo encontró viviendo en su mismo edificio. Lo reconoció en un ascensor)
-Comandante Armando Fernández Larios, involucrado en el asesinato del Canciller Orlando Letelier y otros atentados fuera de las fronteras de Chile.
-Teniente Juan Chiminelli Fullerton, coordinador logístico de la misión, ascendido a teniente coronel.
-Antonio Palomo Contreras, piloto del helicóptero en la gira del sur. En el 2000 fue señalado como uno de piloto del helicóptero desde cual prisioneros fueron arrojados al mar.
-Comandante Carlos López Tapia, uno de los ejecutores, quien llegó a ser Jefe de la División de Inteligencia que operó desde Villa Grimaldi.
-Emilio de la Mahotiere, copiloto en el sur y piloto en el viaje al norte.
-Luis Felipe Polanco, copiloto y ejecutor en la gira al norte." (El País, blog de Ramón Lobo 'Aguas internacionales', 15/10/2010)

11/10/10

"Los criminales son gente común"

"Jacques Vergès, protagonista del documental 'El abogado del terror', defendió a nazis, dictadores y asesinos,

Jacques Vergès, nacido en la isla Reunión, colonia francesa, de padre francés y madre vietnamita, denominado desde hace mucho El abogado del diablo, tiene 85 años, pero no los aparenta. Ha defendido, entre otros, a terroristas argelinos, a terroristas alemanes, a Carlos El Chacal; al nazi Klaus Barbie, El Carnicero de Lyon; a asesinos en serie y a dictadores africanos.

Luchó con De Gaulle, se embarcó en el Frente de Liberación Nacional Argelino, se esfumó durante ocho años en los que nadie supo dónde estaba y volvió convertido en abogado de indeseables. Es amable, inteligente, culto, cínico, enigmático e inquietante. Habla muy lentamente, como si en vez de contar recitara.

En 2008, el director Barbet Schroeder realizó sobre él y su vida el documental El abogado del terror.

Pregunta. ¿Qué le parece el documental?

Respuesta. (...) El documental es interesante porque ilustra una mitad de siglo de vida colonial, con el terrorismo de un lado y la tortura del otro.

P. ¿Por qué se hizo abogado?

R. Yo no tenía mucha vocación al principio. Me hice activista estudiantil. Pero a los 29 años me dije que ya no podía seguir siendo estudiante. Busqué una profesión liberal a la que se llegara rápido. Tras convertirme en abogado, al ir a defender a un joven delincuente, cuando me contó su vida, me dije: "Yo podría estar en su lugar". Así descubrí mi vocación.

P. Cada vez que ha defendido a alguien, ¿ha pensado lo mismo?

R. Sí, señor. En todos los criminales hay una parte de humanidad. En Klaus Barbie había también un hombre que sufría. Puedo ponerme en el lugar de un nazi, un terrorista o un colono.

P. Pero es raro elegir siempre a los más sombríos...

R. Había un abogado francés que decía: "A mí me gustaría dejar de defender a los malhechores y poder defender a las vendedoras de rosas, pero todavía no he tenido la oportunidad".

P. ¿Cómo son esos criminales? ¿Cómo es ese lado oscuro?

R. Cada uno de nosotros tiene una parte sombría. El Vampiro de Düsseldorf amaestraba pájaros y cada uno de nosotros incuba una parte de maligna... Aunque los criminales atraen más.

P. ¿Por qué?

R. Porque nos hacen preguntarnos cosas sobre nosotros mismos. Las víctimas, no. Una mujer que llora porque han secuestrado a su hijo no nos inquieta. Comprendemos su dolor. El secuestrador nos fascina porque nos hace preguntarnos sobre nuestra propia moral. Esa fascinación no es perversa, obedece al deseo de explorar el corazón humano.

P. ¿Pero usted ha defendido a esos criminales por esa fascinación o por otros intereses?

R. Yo también me lo pregunto. Decía el inspector Maigret: "El crimen no me interesa, sino lo que hay en la mente del criminal".

P. ¿Cómo era Klaus Barbie, El Carnicero de Lyon?

R. Una persona normal, como cualquier otra. Eso es lo terrible.

P. ¿Terrible?

R. Los criminales son gente común. Primo Levi, que sobrevivió a Auschwitz, decía: "Nuestros verdugos no eran criminales natos ni monstruos, sino, por desgracia, hombres ordinarios".

P. Durante muchos años usted desaparece. Volvió cambiado.

R. Yo no cambié, sino el mundo. Y la clientela.

P. Defendió a terroristas de la Baader-Meinhof. ¿Por qué?

R. Había simpatía. Pero ya no adhesión política.

P. ¿Cómo eran?

R. Apasionados, desinteresados y estimables.

P. ¿Cómo es Carlos El Chacal?

R. No diré nada sobre él. Tiene todavía un juicio pendiente.

P. Y ahora, ¿qué hace usted?

R. Soy abogado de gente común. Es tan estimulante como lo otro. Lo estimulante era encontrar esa huella de humanidad en los criminales. Cuando acepté defender a Barbie, recibí muchas cartas de gente enfadada conmigo. Pero también un telegrama de Jean Genet: "Señoría: nunca he sido más amigo de usted que ahora". Eso compensó lo demás." (El País, ed. Galicia, 08/10/2010, p. 65)

11/3/10

E judío que luchó contra el apartheid sudafricano... y contra el apartheid israelí

"El horror reciente del Holocausto nazi y una sensibilidad ancestral a la discriminación racial hizo que un altísimo porcentaje de los pocos blancos que lucharon contra el apartheid en Suráfrica fueran judíos. Uno de los más comprometidos y valientes fue Ronnie Kasrils, que se integró al movimiento armado de liberación que fundó Nelson Mandela en 1961, ascendió en el exilio al puesto de jefe de inteligencia militar y, tras la transición a la democracia en 1994, ocupó altos cargos de Gobierno -entre ellos, viceministro de Defensa y ministro de Inteligencia- hasta su retiro a finales de 2008. Hoy, invierte su energía política y moral en promover la causa palestina y denunciar a lo que él llama "el estado infanticida israelí". (...)

"El Gobierno israelí me detesta", dice, con más orgullo que pena. "El embajador de Israel en Suráfrica dijo hace dos años que estaba incitando a los palestinos a asesinar a israelíes. Eligió deducir esto de un discurso que di en una universidad palestina en la que leí una cita de un ministro del primer Gobierno israelí, Aharon Cizling, en 1949. A raíz de las atrocidades que perpetraban ya entonces los soldados israelíes, Cizling dijo: 'Ahora los judíos se han comportado como nazis también y todo mi ser ha sido sacudido". (...)

Kasrils no sólo ve un claro paralelismo entre el antiguo sistema de discriminación racial surafricano y "el sistema de expulsión y desalojo" de Israel, sino que cree que los israelíes imponen su apartheid con más brutalidad que el antiguo régimen surafricano. "El error original fue la creación de Israel, no como Estado unitario sino como un Estado basado en la identidad religiosa y racial, lo cual lo convirtió automáticamente en un Estado apartheid. Ha sido un desastre para los palestinos", dijo Kasrils, que teme que su causa le consuma por el resto de sus días, "y un desastre para los judíos".

(RONNIE KASRILS: "El Gobierno israelí me detesta". El País, ed. Galicia, última, 02/03/2010)

29/1/10

La primera víctima... una niña...

"Crónica de 857 hombres, mujeres y niños asesinados.

Begoña Urroz Ibarrola fue la primera víctima de ETA. Era el 27 de junio de 1960 y ella tenía sólo 22 meses. Murió alcanzada por una bomba en la estación de Amara de San Sebastián, aunque ETA nunca asumió la autoría de su asesinato. Con ella arrancó una lista de 857 hombres, mujeres y niños muertos en atentados cometidos por las diversas ramas de la organización terrorista y otras siglas nacidas de su entorno.

El enorme coste humano y político del terrorismo etarra desfila por las páginas de un libro que se publicará la semana próxima, Vidas rotas (Editorial Espasa). La crónica se abre con Begoña Urroz, la primera, también, de las 21 vidas de niños segadas por ETA. Los relatos se cierran con los guardias civiles Carlos Enrique Sáenz de Tejada y Diego Salvà, asesinados en Calvià (Islas Baleares) el 30 de julio de 2009. Se menciona igualmente la identidad de miles de heridos.

Los autores presentan el nombre de cada víctima y el relato del crimen uniéndolo a los nombres de sus asesinos, siempre que esto último haya podido clarificarse judicialmente. "Los victimarios, desprovistos de su confortable anonimato, deben mirarse en el espejo de esas víctimas de carne y hueso que con tanta crueldad han provocado", afirman los autores, Florencio Domínguez, Rogelio Alonso y Marcos García, que citan unas palabras de José María Múgica al cumplirse 13 años del asesinato de su padre, Fernando Múgica Herzog: "Hay que saber quién murió y quién mató". (...)

"La democracia española ha contraído una deuda de gratitud con los familiares y seres queridos de quienes han sufrido tanto dolor", afirman los autores, que piden "el reconocimiento del inmenso sufrimiento padecido por quienes vieron cómo sus allegados fueron vilmente asesinados por un grupo terrorista enemigo de la libertad". El drama de los afectados, "cuya ejemplar reacción cívica tanto ha contribuido al fortalecimiento de la democracia en nuestra nación", impone "obligaciones morales y políticas que una sociedad democrática como la española no puede eludir". (El País, ed. Galicia, España, 24/01/2010, p. 20)

"Vidas rotas es una rigurosa crónica de crímenes políticos, pero también un incentivo para preguntarse cómo es posible que en una sociedad, especialmente cuando acaba el franquismo y llega la democracia, y con especial intensidad justo entonces, se multiplicasen esos "patriotas de la muerte", por usar el término de Fernando Reinares, los cuales con toda frialdad asesinaron uno tras otro a cientos de ciudadanos que en la mayoría de los casos no podían tener responsabilidad personal alguna en la supuesta opresión sufrida por Euskadi.

Hubo arrepentimientos, incluso pagados con la vida como el de Yoyes, pero en general tropezamos con creyentes empapados en una religión del odio, algo que han vivido en sus hogares o en los círculos de socialización como adolescentes. Habida cuenta del tipo de reacción complementaria de tantos nacionalistas ajenos a ETA, por ejemplo la actitud de los miembros de PNV y de EA en Andoain con ocasión del asesinato de Pagaza, resulta lícito apuntar al efecto perverso de una mentalidad forjada en el tipo de nacionalismo totalitario de Sabino Arana, creador de una auténtica identidad asesina.

No es posible de otro modo explicar la conversión de tantos jóvenes, inicialmente de existencia normal, en criminales sanguinarios legitimados por la búsqueda de un objetivo político que nunca ha sido ni será real. Tal y como resume el autor del prólogo, Fernando García de Cortázar, "aquí se ha matado por un concepto aberrante de patria". (El País, 04/02/2010)

13/5/09

La deshumanización de las víctimas en sociedades desarrolladas también es totalitarismo

"El pensamiento europeo del siglo XX, en particular el relacionado con la experiencia del nacionalsocialismo, puede arrojar luz sobre las vivencias de las víctimas del terrorismo en el País Vasco en el pasado y en el presente. El exilio, la persecución, la deshumanización, el estigma, la agresión contra la integridad, las heridas de la identidad, la invisibilidad o el desamparo son elementos reconocibles en nuestro propio espacio. Tales prácticas, inequívocamente totalitarias, arrancan de un presupuesto común: hacen superfluos a los seres humanos. (...)

La reflexión sobre el nazismo impone una exigencia lógica, la asunción de una delimitación clara entre las figuras de la víctima y del victimario; de ello se desprende el compromiso de las instituciones políticas y de la sociedad en general de condenar categóricamente la violencia ejercida contra las víctimas, sin atenuantes ni subterfugios sustentados en la neutralidad o la equivalencia. (...)

Entre las dimensiones del reconocimiento figura en lugar destacado la que se refiere a la contribución de la sociedad para que la víctima pueda reconfigurar una memoria y construir un relato que ayude a restaurar su dignidad violentada. La justicia, en cuanto opuesta a la impunidad, es una condición básica al respecto. (...)

El paradigma del fundamentalismo étnico del nazismo permite concebir a las víctimas como un patrimonio colectivo, como una lección permanente de las derivas a las que ninguna sociedad puede sucumbir so pena de destruir los valores éticos y cívicos fundamentales. Es la lección del 'Nunca más'. (...)

Los supervivientes del nazismo se encontraron con el sufrimiento añadido de no ser en muchos casos bien recibidos al volver de los campos. No son la excepción aquellas víctimas del terrorismo que después de haber perdido a sus seres queridos siguen siendo objeto de diversas formas de estigmatización, por no hablar del reconocimiento antagónico de los victimarios, que renueva constantemente su dolor. (...)

Si los supervivientes del nazismo se impusieron la obligación de testimoniar sobre lo pasado para combatir a negacionistas y revisionistas, aquí el compromiso del testigo no se reduce al deber de memoria sino que es militante y social; y no debe ser tarea de las víctimas sino principalmente de los agentes políticos, de las organizaciones cívicas y de la sociedad en su conjunto (...)

La reflexión sobre el nazismo ha puesto de manifiesto que el discurso fanático y sectario daña directa y principalmente a las víctimas, pero afecta subsidiariamente al tejido social completo en el que tienen lugar los procesos de deshumanización consiguientes, por lo que comporta de degradación ética del entorno en su conjunto. Como en todos los casos en que se hacen presentes, las prácticas de terror acaban quebrando la fábrica misma de la sociedad y degradando los soportes cívicos del comportamiento colectivo. La presencia de víctimas, amenazados y perseguidos es sentida como un baldón en todas las situaciones de esa naturaleza, pero especialmente en la de aquellas sociedades avanzadas, con un alto nivel de bienestar y con una conciencia del valor de los derechos humanos; esto último da cuenta de la incomodidad que genera la visión de la imagen propia reflejada en el espejo oscuro del nacionalsocialismo." (Fundación para la Libertad, citando a Martín Alonso, EL DIARIO VASCO, 12/5/2009)