3/6/11

"... por las heridas que sus carceleros le habían infligido: tuvo que pasar 13 veces por el quirófano, tal fue la gravedad de las torturas"

"La muerte de Siamak Pourzand (1931-2011) tiene el sabor amargo de la derrota. Harto de luchar contra los abusos del poder, de sobrevivir a décadas de persecución, años de cárcel y un sinfín de torturas, que le llevaron 13 veces al quirófano, el periodista iraní se rindió a los 80 años:

una victoria de la abyección del régimen sobre una víctima inerme. Pourzand acabó con su vida el pasado 29 de abril. Un final tristemente liberador para quien había hecho de ella un acto de resistencia. (...)

Pero en 1999 los estudiantes se alzaron contra el poder, y Pourzand retransmitió esa protesta a radios de todo el mundo. Fue el principio del fin. Un año más tarde, su esposa fue encarcelada por delitos "contra la seguridad del Estado".

En prisión se le detectó un cáncer y la presión internacional logró que se le permitiera abandonar Irán para recibir tratamiento en el extranjero, junto a una de las hijas del matrimonio; la otra, también abogada, vivía ya en Canadá.

A Mehrangiz no la dejaron volver nunca a Irán, y Siamak Pourzand emprendió la última década de su vida solo. En noviembre de 2001, bajo el Gobierno de Mohamed Jatamí, fue encarcelado y torturado durante 13 meses. En una de esas confesiones televisivas forzadas, tan ejemplarizantes, Pourzand afirmó ser un espía y servir de enlace entre EE UU y los reformistas iraníes. (...)

En 2002 un tribunal le condenó a 11 años de prisión y Pourzand ingresó en la tenebrosa cárcel de Evin. Un año después le trasladaron a un hospital por las heridas que sus carceleros le habían infligido: tuvo que pasar 13 veces por el quirófano, tal fue la gravedad de las torturas.

Una campaña liderada por Amnistía Internacional consiguió que se le conmutara la pena de cárcel por el arresto domiciliario, sometido a vigilancia, con el teléfono intervenido, cada día más disminuido físicamente.

Durante ese tiempo, su esposa, hoy profesora de la Universidad de Harvard, hizo todo lo humanamente posible para sacarle de Irán. Pero Siamak se negó, confiando en un final razonable y razonado, de reconciliación nacional. Ni siquiera esa esperanza fue capaz de anclarle a la vida." (El País, 02/06/2011, p. 50)

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