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26/4/23

Julián Grimau, última víctima de la Guerra Civil y primera de Fraga... Manuel Fraga formó parte del Consejo de Ministros que lo condenó a muerte... Grimau fue sometido a múltiples torturas y, posteriormente, arrojado por una ventana antes de ser condenado...

 "Este jueves, 20 de abril, se conmemora el 60 aniversario de la ejecución del dirigente del Partido Comunista de España (PCE), Julián Grimau, a manos del régimen franquista por un supuesto delito de "rebelión militar continuada". Manuel Fraga fue miembro del Consejo de Ministros que lo condenó a muerte. De hecho, dirigió una campaña propagandística sobre el dirigente para convencer a la ciudadanía de sus acusaciones.

Sin embargo, esas acusaciones por parte del régimen nunca se llegaron a demostrar, incluso fueron ignorados los más de 800.000 telegramas enviados pidiendo clemencia a la dictadura. Entre aquellos mensajes se encontraban los del Papa Juan XXIII, John F. Kennedy, Willy Brandt, Harold Wilson, Aldo Moro, Jean Paul Sartre y Nikita Jruschov. Además, el abogado del dirigente, Alejandro Rebollo, se pronunció tras el juicio y lo calificó de ser una "burla a la verdad" que "vulneró hasta las propias leyes ilegales del franquismo".

Julián Grimau se unió al PCE durante la Guerra Civil, y tras ella vivió exiliado en Francia y Latinoamérica. Regresó a España en 1959 y militó unos años en secreto hasta que lo detuvieron en noviembre de 1962 en un autobús de camino a casa. Víctor Díaz-Cardiel, dirigente del PCE, amigo y compañero de Grimau, relató a Público en 2013 cómo fue la última vez que le vio con vida, "nos despedimos como cada día y él tiró hacia su casa, primero, y me dijo que luego iba a reunirse con algún contacto que le iban a facilitar papel y una máquina para hacer octavillas. En el autobús lo detuvieron".

Tras su detención fue sometido a múltiples torturas y, posteriormente, arrojado por una ventana antes de ser condenado en un juicio que apenas duró cinco horas y estuvo repleto de irregularidades. Casi 72 horas después, en la madrugada del 20 de abril de 1963, fue fusilado a manos de la dictadura.

Asimismo, el Partido Comunista de España homenajeará a Julián Grimau en el 60 aniversario de su asesinato. El evento principal será un acto público que tendrá lugar en el Auditorio Marcelino Camacho de Madrid a partir de las 19:00 horas. Este acto contará con la participación de Lola Grimau, hija del dirigente, Víctor Díaz-Cardiel y, por otro lado, intervendrá el secretario general del PCE, Enrique Santiago, y otras colaboraciones de artistas aún por confirmar. 

Enrique Santiago ha estado presente durante la mañana de este jueves en el Cementerio Civil de Madrid para honrar a Julián Grimau con una ofrenda floral."              (María Mora, Público, 20/04/23)

27/4/18

Es un obrero metalúrgico, anarquista: acaba de salir de la cárcel donde estuvo encerrado quince años, como tantos otros, enterrado vivo. Me cuenta la historia... la noche en que salió de la prisión, el mundo nuevo, diferente, que entonces encontró, cómo fue difícil reconocer la ciudad y la gente. Le duele que un pesebre con aire acondicionado pueda ser el ideal de vida de esta "sociedad de consumo", que, por cierto, consume bien poco...

"Dando vueltas con un amigo en la noche de Madrid, llegamos a la Calle del Reloj. Del cuartel emana, en la oscuridad, un cierto esplendor helado, siniestro, como el que he sentido parándome en el centro de la desierta Plaza Mayor, en el exacto sitio donde la Inquisición, hace ya mucho tiempo, quemaba vivos a los herejes. 

Ocurre que en este cuartel funcionan los tribunales militares. Aquí, hace bien poco tiempo, aquellos anarquistas fueron condenados a morir por asfixia, por pena de garrote vil, al cabo de un juicio sumario en el que estuvieron, como todos los presos políticos, siempre de espaldas al público. Aquí se dictó sentencia sin pruebas contra Julián Grimau -y después se supo que el militar que lo acusó no había completado sus cursos de Derecho.

 Miro los fríos muros grises y no puedo dejar de pensar en las cinco de la mañana de aquel sábado en el Campo de Tiro de Retamares, el cuerpo de Grimau neblinosamente iluminado por los focos de los automóviles, la bruma lechosa de los focos, Grimau de pie, Grimau se cae, atadas las manos, acribillado por las balas de los soldados que creyeron que estaban ajusticiando a un delincuente común: no puedo dejar de pensar que si el silencio se está rompiendo en la España de fines de 1966, después de tantos años de insensibilidad que sucedieron al shock de la guerra civil, hubo hombres que pagaron por ello, bien recientemente, el precio de sus vidas. 

El amigo que me acompaña tiene, por cierto, más motivos que yo para que el frío le recorra el cuerpo. Es un obrero metalúrgico, anarquista, cuyo nombre me reservo: acaba de salir de la cárcel donde estuvo encerrado quince años, quince años enteros, como tantos otros, enterrado vivo.

Me cuenta la historia, desde el día en que lo acorralaron en un ferrocarril en marcha donde viajaba con documentos falsos ("hubo un delator: estaba jodido"), hasta la noche en que salió de la prisión, el mundo nuevo, diferente, que entonces encontró, cómo fue difícil reconocer la ciudad y la gente.

 Le duele que hayan prácticamente desaparecido aquellos cafés legendarios en los cuales los amigos transcurrían tardes y noches en interminables tertulias que eran como asambleas; le duele que desde el 1936 se haya triplicado la población de Madrid, pero que se venda, ahora, la mitad de los diarios que se vendían entonces; le duele la influencia de la televisión transformando el lenguaje popular y difundiendo la mitología del éxito, la fiebre del oro: me habla de los jóvenes trabajadores que son sus compañeros de pensión, despolitizados, indiferentes a otra cosa que no sea el sueño del Fiat 600 o la millonaria norteamericana que vendrá, viuda, vieja y fea, pero con su varita mágica, para arrancarlos -para arrancar a uno, al elegido- de la humillación y el desamparo de la clase obrera: la sordidez de las conversaciones en que se clasifica a las mujeres en dos categorías distintas, según sirvan para casarse o para acostarse con ellas. 

Le duele que un pesebre con aire acondicionado pueda ser el ideal de vida de esta "sociedad de consumo" que ha encontrado, instalada en su patria, a la salida de la cárcel: "sociedad de consumo" que, por cierto, consume bien poco.

Pero la prisión no le dobló la espalda. Apenas conoció la libertad, se lanzó a militar en las Comisiones Obreras. Y dice que ya tiene convencidos a dos de la pensión.
Eduardo Galeano

El reino de las contradicciones.  España: de la guerra civil al referéndum de 1966
Cuadernos de Ruedo ibérico núm. 10, diciembre-enero 1967"                 (Búscame en el ciclo de la vida, 02/04/18)

31/7/15

Grimau, la primera víctima de Fraga

"Julián Grimau fue llevado al paredón la madrugada del 20 de abril de 1963. Tenía 52 años. En un plan vertiginoso del régimen fue condenado por un delito de “rebelión militar continuada” y fusilado en menos de 72 horas. Jueves por la mañana, Consejo de Guerra; viernes, Consejo de Ministros y no-conmutación; sábado en la madrugada, ejecución. 

“Fue ejecutado a las cinco de la madrugada, ante los faros de unas camionetas. Los reclutas del pelotón de fusilamiento estaban muy nerviosos. Dispararon 27 balas, pero el oficial al mando tuvo que rematarle con tres tiros de gracia. Nunca lo olvidaré", explicó el abogado defensor de Grimau Alejandro Rebollo. (...)

Pero, ¿quién fue Grimau? ¿Por qué fue asesinado sin piedad por el régimen de Franco? ¿Por qué la dictadura, en pleno proceso de apertura, ignoró los más de 800.000 telegramas que llegaron a Madrid pidiendo clemencia, entre ellos los del papa Juan XXIII, J.F. Kennedy, Willy Brandt, Harold Wilson, Aldo Moro, Jean Paul Sartre o Nikita Jruschov?

Las acusaciones del régimen nunca fueron probadas. "Fue una burla a la verdad", dijo su abogado defensorEl día de su ejecución, el 20 de abril de 1953, ABC publicó su supuesto expediente policial. Grimau, según el régimen, había sido jefe de una checa situada en el número 1 de la Plaza de Berenguer el Grande, de Barcelona, donde se había procedido a la detención y tortura de diversas personas. 

“Fraga diseñó una campaña de propaganda bestial para convencer a los españoles. De hecho, se entregaba un folleto explicativo sobre las acusaciones de Grimau a todas las personas que entraban y salían de España”, asegura Antonio Ortiz, historiador. 

(...)  Su juicio, según las palabras de su abogado defensor Alejandro Rebollo, fue una “burla a la verdad” que “vulneró hasta las propias leyes ilegales del franquismo”. “Grimau fue asesinado porque era un alto dirigente del PCE y el régimen quería dar un golpe sobre la mesa. Eran tiempos revueltos. Acaban de producirse las huelgas mineras en Asturias y CCOO comenzaba a tener peso en las fábricas de Madrid.

 El asesinato de Grimau era un aviso a la oposición al régimen: No tenemos problema en volver a coger las armas”, asegura Victor Díaz-Cardiel, dirigente del PCE y compañero y amigo de Grimau.
 
Díaz-Cardiel fue la última persona que vio a Grimau en libertad. Fue el 7 de noviembre de 1962. Grimau, Díaz Cardiel y Valentín Andrés Álvarez, escritor de la Generación del 27 acudieron a una reunión junto a otro “camarada”. Tras finalizar el encuentro, Grimau y Díaz-Cardiel caminaron juntos hasta la calle Ibiza [en Madrid].

“Nos despedimos como cada día y él tiró hacia su casa, primero, y me dijo que luego iba a reunirse con algún contacto que le iban a facilitar papel y una máquina para hacer octavillas. En el autobús lo detuvieron”, relata Díaz-Cardiel a Público. Grimau fue detenido en un autobús de Madrid en el que sólo viajaban él y dos hombres más (dos agentes de la Brigada Político-Social). Después, se supo que le había delatado su contacto, Francisco Lara, quien poco antes había estado en prisión. “Nunca más supimos de Lara”, afirma Díaz-Cardiel. 

La noticia de la detención tardó en llegar a la cúpula del PCE varios días. Grimau había desaparecido, literalmente, de la faz de la tierra. Durante los interrogatorios a los que fue sometido llegó a ser lanzado por la ventana del primer piso de la Dirección General de Seguridad en la Puerta del Sol (hoy sede del Gobierno de Madrid) por sus torturadores.(...)

 Armando López Salinas formaba parte de la comité central del PCE durante aquellos años, junto a otros históricos dirigentes como Javier Pradera, Manolo López o Romero Marín, líder del partido en el interior. “Tres o cuatro días antes de su detención estuvo en mi casa. Le conocí en aquel tiempo. Complicado y difícil. Se acababa de producir la crisis de los misiles de Cuba. Había habido huelgas en la construcción y en las cuencas mineras. Todo indicaba que iban a por la dirección del PCE”, recuerda López Salinas. (...)

“Hay una anécdota -explica Díaz-Cardiel- que define la personalidad de Grimau. Una tarde, en plena crisis de los misiles de Cuba, yo paseaba con Julián por la calle de Atocha de Madrid. Entonces, vimos una cola enorme de gente en la entrada del cine Monumental. Julián me pregunto que de qué hablaría la gente un día como hoy y se puso en la cola para escuchar las conversaciones de los demás. Charlaba con mucha afabilidad con todo el mundo”.

Tras cinco meses detenido, el 18 de abril de 1963 llegó la hora del Consejo de Guerra. Los detalles, cuanto más profundos, más escabrosos son. El vocal ponente de la acusación, Manuel Fernández Martín, ni siquierda tenía la titulación en derecho. Como se demostró más adelante, había falsificado su título universitario durante la guerra. “Sólo había aprobado tres asignaturas”, asegura Antonio Ortiz. El Consejo lo condenó a muerte. 

“Julián no tenía salvación. Durante los cinco meses que estuvo detenido los miembros de la dirección del PCE nos reunimos casi todos los días para mover nuestros contactos e intentar que fuera liberado. Lo hacíamos en la Clínica de Medicina Preventiva de Armando Calva, un amigo del Partido”, asegura Armando López Salinas. “Romero Marín era el más pesimista de todos. Desde el primer día que estuvo desaparecido sostuvo que Grimau sería asesinado. Nos tenían ganas y a él es al que pillaron”, prosigue. 

El día después del Consejo de Guerra, se celebró un Consejo de Ministros extraordinario para atender las peticiones de indulto. Se reunieron 19 ministros más Franco. Entre ellos, Manuel Fraga, un recién llegado al Gobierno que se había encargado de vender a la sociedad española la verdad del régimen sobre Grimau. Todos votaron en contra de conceder el indulto. Como se pudo saber con el paso de los años, Fraga también. 

Manuel Fraga no se opuso a la condena a muerte de Grimau “La única oposición interior que tuvo el régimen fue la del ministro de Asuntos Exteriores,  Fernando María Castiella, que ya estaba trabajando por la integración europea y, posiblemente, los ministros del Opus encargados de los planes de desarrollo, que veían también como este asesinato ponía piedras en el camino”, asegura Ortiz, que asevera que Fraga no alzó la voz para evitar la condena. “Muy al contrario, trató de mantenerse a favor para ganar puntos como un adepto al régimen”, agrega. 

No hubo nada que hacer. La sentencia de muerte de Grimau estaba escrita antes de ser juzgado, torturado e incluso interrogado. "Me enteré de su muerte por la radio y me sumí en un llanto enorme. Era un año clave, la dictadura tenía miedo. El fusilamiento de Grimau quería amedrentarnos, pero no lo consiguió", recuerda Díaz-Cardiel. 

López Salinas se enteró del fusilamiento de la boca de José Antonio Novais, corresponal de 'Le Monde' en Madrid, cuando paseaba por el Paseo de la Castellana junto a Romero Marín. “Planteamos a Grimau, semanas antes de su detención, que debía abandonar el país por su seguridad. Él se negó en rotundo. Se veía a sí mismo como el capitán que no debía abandonar el barco cuando este estaba en peligro de hundimiento”, asegura López Salinas. 

En los archivos de la justicia española Grimau sigue apareciendo como un delincuente. Un asesino. Por contra, Manuel Fraga, uno de sus verdugos, recibió este lunes un homenaje en el Senado, donde fue inaugurado un busto que honra la memoria del ministro de Franco y posterior fundador de Alianza Popular. “No puede ser considerado un demócrata alguien que no luchó contra la dictadura de Franco”, sentencia Díaz-Cardiel."          (Alejandro Torrús, 19/01/2013)

23/1/13

Grimau, la primera víctima de Fraga

"Julián Grimau fue llevado al paredón la madrugada del 20 de abril de 1963. Tenía 52 años. En un plan vertiginoso del régimen fue condenado por un delito de “rebelión militar continuada” y fusilado en menos de 72 horas. Jueves por la mañana, Consejo de Guerra; viernes, Consejo de Ministros y no-conmutación; sábado en la madrugada, ejecución.

 “Fue ejecutado a las cinco de la madrugada, ante los faros de unas camionetas. Los reclutas del pelotón de fusilamiento estaban muy nerviosos. Dispararon 27 balas, pero el oficial al mando tuvo que rematarle con tres tiros de gracia. Nunca lo olvidaré", explicó el abogado defensor de Grimau Alejandro Rebollo.

Este año se conmemora el 50 aniversario de su ejecución e Izquierda Unida ha registrado una proposición no de ley en el Congreso para que el Gobierno rehabilite su figura. 
El Ejecutivo, de momento, no se ha pronunciado al respecto. La cuestión está pendiente desde enero de 1990, cuando su viuda pidió la revisión de la condena que le llevó al paredón, pero la Sala de lo Militar del Tribunal Supremo se la denegó por “coherencia jurídica”.
Pero, ¿quién fue Grimau? ¿Por qué fue asesinado sin piedad por el régimen de Franco? ¿Por qué la dictadura, en pleno proceso de apertura, ignoró los más de 800.000 telegramas que llegaron a Madrid pidiendo clemencia, entre ellos los del papa Juan XXIII, J.F. Kennedy, Willy Brandt, Harold Wilson, Aldo Moro, Jean Paul Sartre o Nikita Jruschov?
El día de su ejecución, el 20 de abril de 1953, ABC publicó su supuesto expediente policial. Grimau, según el régimen, había sido jefe de una checa situada en el número 1 de la Plaza de Berenguer el Grande, de Barcelona, donde se había procedido a la detención y tortura de diversas personas.
 “Fraga diseñó una campaña de propaganda bestial para convencer a los españoles. De hecho, se entregaba un folleto explicativo sobre las acusaciones de Grimau a todas las personas que entraban y salían de España”, asegura Antonio Ortiz, historiador.
Las acusaciones del régimen nunca fueron probadas. Su juicio, según las palabras de su abogado defensor Alejandro Rebollo, fue una “burla a la verdad” que “vulneró hasta las propias leyes ilegales del franquismo”.
 “Grimau fue asesinado porque era un alto dirigente del PCE y el régimen quería dar un golpe sobre la mesa. Eran tiempos revueltos. Acaban de producirse las huelgas mineras en Asturias y CCOO comenzaba a tener peso en las fábricas de Madrid. El asesinato de Grimau era un aviso a la oposición al régimen: No tenemos problema en volver a coger las armas”,asegura Victor Díaz-Cardiel, dirigente del PCE y compañero y amigo de Grimau.

“Soy la última persona que lo vio en libertad”

Díaz-Cardiel fue la última persona que vio a Grimau en libertad. Fue el 7 de noviembre de 1962. Grimau, Díaz Cardiel y Valentín Andrés Álvarez, escritor de la Generación del 27 acudieron a una reunión junto a otro “camarada”. Tras finalizar el encuentro, Grimau y Díaz-Cardiel caminaron juntos hasta la calle Ibiza [en Madrid].
“Nos despedimos como cada día y él tiró hacia su casa, primero, y me dijo que luego iba a reunirse con algún contacto que le iban a facilitar papel y una máquina para hacer octavillas. En el autobús lo detuvieron”, relata Díaz-Cardiel a Público. 
Grimau fue detenido en un autobús de Madrid en el que sólo viajaban él y dos hombres más (dos agentes de la Brigada Político-Social). Después, se supo que le había delatado su contacto, Francisco Lara, quien poco antes había estado en prisión. “Nunca más supimos de Lara”, afirma Díaz-Cardiel.
La noticia de la detención tardó en llegar a la cúpula del PCE varios días. Grimau había desaparecido, literalmente, de la faz de la tierra. Durante los interrogatorios a los que fue sometido llegó a ser lanzado por la ventana del primer piso de la Dirección General de Seguridad en la Puerta del Sol (hoy sede del Gobierno de Madrid) por sus torturadores.
Armando López Salinas formaba parte de la comité central del PCE durante aquellos años, junto a otros históricos dirigentes como Javier Pradera, Manolo López o Romero Marín, líder del partido en el interior.
 “Tres o cuatro días antes de su detención estuvo en mi casa. Le conocí en aquel tiempo. Complicado y difícil. Se acababa de producir la crisis de los misiles de Cuba. Había habido huelgas en la construcción y en las cuencas mineras. Todo indicaba que iban a por la dirección del PCE”, recuerda López Salinas.
Aunque si alguien conocía bien a Grimau, ese era Díaz-Cardiel, quien asegura que su relación con Grimau era de “honestad” y “complicidad”. “Me sacaba 15 años. Era una relación cercana a un padre y un hijo”, asegura Díaz Cardiel, quien define al histórico dirigente del PCE asesinado como una persona “bondadosa”, “detallista” y “atenta”.
“Hay una anécdota -explica Díaz-Cardiel- que define la personalidad de Grimau. Una tarde, en plena crisis de los misiles de Cuba, yo paseaba con Julián por la calle de Atocha de Madrid. 
Entonces, vimos una cola enorme de gente en la entrada del cine Monumental. Julián me pregunto que de qué hablaría la gente un día como hoy y se puso en la cola para escuchar las conversaciones de los demás. Charlaba con mucha afabilidad con todo el mundo”.
Tras cinco meses detenido, el 18 de abril de 1963 llegó la hora del Consejo de Guerra. Los detalles, cuanto más profundos, más escabrosos son. El vocal ponente de la acusación, Manuel Fernández Martín, ni siquierda tenía la titulación en derecho. Como se demostró más adelante, había falsificado su título universitario durante la guerra. “Sólo había aprobado tres asignaturas”, asegura Antonio Ortiz. El Consejo lo condenó a muerte.
“Julián no tenía salvación. Durante los cinco meses que estuvo detenido los miembros de la dirección del PCE nos reunimos casi todos los días para mover nuestros contactos e intentar que fuera liberado. 
Lo hacíamos en la Clínica de Medicina Preventiva de Armando Calva, un amigo del Partido”, asegura Armando López Salinas. “Romero Marín era el más pesimista de todos.Desde el primer día que estuvo desaparecido sostuvo que Grimau sería asesinado. Nos tenían ganas y a él es al que pillaron”, prosigue.
El día después del Consejo de Guerra, se celebró un Consejo de Ministros extraordinario para atender las peticiones de indulto. Se reunieron 19 ministros más Franco. 
Entre ellos, Manuel Fraga, un recién llegado al Gobierno que se había encargado de vender a la sociedad española la verdad del régimen sobre Grimau. Todos votaron en contra de conceder el indulto. Como se pudo saber con el paso de los años, Fraga también.
“La única oposición interior que tuvo el régimen fue la del ministro de Asuntos Exteriores,  Fernando María Castiella, que ya estaba trabajando por la integración europea y, posiblemente, los ministros del Opus encargados de los planes de desarrollo, que veían también como este asesinato ponía piedras en el camino”, asegura Ortiz, que asevera que Fraga no alzó la voz para evitar la condena. “Muy al contrario, trató de mantenerse a favor para ganar puntos como un adepto al régimen”, agrega.
No hubo nada que hacer. La sentencia de muerte de Grimau estaba escrita antes de ser juzgado, torturado e incluso interrogado. "Me enteré de su muerte por la radio y me sumí en un llanto enorme. Era un año clave, la dictadura tenía miedo. El fusilamiento de Grimau quería amedrentarnos, pero no lo consiguió", recuerda Díaz-Cardiel.
López Salinas se enteró del fusilamiento de la boca de José Antonio Novais, corresponal de 'Le Monde' en Madrid, cuando paseaba por el Paseo de la Castellana junto a Romero Marín. 
“Planteamos a Grimau, semanas antes de su detención, que debía abandonar el país por su seguridad. Él se negó en rotundo. Se veía a sí mismo como el capitán que no debía abandonar el barco cuando este estaba en peligro de hundimiento”, asegura López Salinas.
“No puede ser considerado un demócrata alguien que no luchó contra la dictadura de Franco”, sentencia Díaz-Cardiel."    (Público, 19/01/2013)