17/07/09

La Iglesia vasca pide perdón por su silencio ante un crimen franquista

"Seis obispos recuerdan en una misa a 14 sacerdotes nacionalistas ejecutados

Entre 1936 y 1937, 14 sacerdotes nacionalistas vascos fueron ejecutados por las tropas franquistas tras su avance en Euskadi. Nunca recibieron un funeral digno, ni se registró el fallecimiento de la mayoría de ellos en los libros parroquiales ni aludieron a su trágico final el Vaticano ni la Conferencia Episcopal, a diferencia del trato dispensado a los 498 religiosos "mártires" en la España republicana." (El País, ed. Galicia, , 12/07/2009, p. 24)

"La Iglesia vasca nos ha acostumbrado a espectáculos raros, pero esta vez ha rizado el rizo. Los obispos vascos se han acordado ahora de que no se habían acordado en 73 años de que 14 sacerdotes fueron ejecutados por las tropas franquistas. (...)

En los primeros meses de la sublevación militar, los franquistas pasaron por las armas a varios curas vascos, la mayoría nacionalistas y sin ningún tipo de juicio. El PNV había optado por la defensa de la República. Era el único partido católico que tomó esta opción, lo que irritó a los mandos sublevados, cuando legitimaban su sublevación por la defensa de la religión. Fue el trasfondo de la persecución a los curas vascos."

La iniciativa eclesiástica de reconocer en 2009 a los sacerdotes asesinados tiene un aire peregrino. Ocasiones ha tenido la Santa Madre Iglesia de enmendar su olvido. Sus fieles, y los que no lo son, hubieran agradecido el remedo en las décadas de la dictadura. A la justicia le hubiese añadido el arrojo. Se les pasó también la Transición, cuando los demócratas rescataron del olvido a los represaliados. Los siguientes treinta años de democracia se le fueron en otros menesteres. La Iglesia vasca asistió con parsimonia, hace un par de años, a la canonización de religiosos víctimas de los republicanos. Y así la solemnidad con la que ahora los obispos vascos quieren reparar la desmemoria no se sabe si es para reparar su olvido de 73 años o un intento de subsanar su descuido cuando la canonización. ¿Quiere cerrar de esta forma el ciclo histórico de la Guerra Civil, quizás todavía abierto para esta Iglesia, o todo consiste en lavar la cara ante su feligresía nacionalista?

Todo indica que, más que enmendar el error, que no lo hizo cuando tocaba, trata de quedar bien con los suyos. La gesta es verdaderamente chocante, pues a nadie se le ocurriría que la actual Iglesia vasca tiene alguna complicidad con la que tachó de Cruzada la sublevación militar. Por eso esta iniciativa extemporánea tiene un punto de surrealismo. Es como si el Gobierno democrático español se culpabilizase en 2009 de las víctimas que causó el franquismo al acabar con la democracia. Si usa tales criterios, en verdad el reino de la Iglesia no es de este mundo." (MANUEL MONTERO: A buenas horas..., El País, ed. Galicia, España, 12/07/2009, p. 24 )

16/07/09

Las causas de la paz... en la violencia



"Pese a rozar la cuarentena, Ani Choying Dolma sigue teniendo cara de niña, de chica lista y despierta, segura de sí misma. Es difícil encontrar en su mirada el rastro de la niña abusada y apaleada que se crió en el barrio de Bodnath, en Katmandú, centro neurálgico de la colonia tibetana en Nepal, aunque tal vez esa fortaleza que desprende esta monja budista tenga algo que ver. (...)

Considera que la violencia que sufrió de pequeña es finalmente algo positivo porque sin aquellos dolorosos episodios no estaría donde está. "Yo tomé una decisión y con la ayuda de mi maestro he sido capaz de cambiar la perspectiva, la forma de mirar hacia atrás y hacerlo de una manera positiva. He sido capaz de desarrollar comprensión y paz en mí misma y de darla a los demás". (El País, ed. Galicia, Última, 09/07/2009)

¡Fuera extranjeros! Que hay crisis... o no os habéis enterado...

"Centenares de personas llevan desde el pasado sábado manifestándose en Rentería (Guipúzcoa) contra algunos comercios de la comunidad marroquí, después de que dos menores de esa nacionalidad agredieran sexualmente a una mujer del municipio el pasado jueves. Tras varios días de insultos del tipo "moros fuera" o "iros a vuestro país", la Ertzaintza ha tenido que intervenir para disolver las protestas.

Aunque los datos del Departamento vasco de Interior no detectan un aumento de los delitos y faltas en el barrio de Iztieta, donde se han centrado las protestas, la sensación de inseguridad se ha disparado en la zona. Los vecinos aseguran que su protesta no es xenófoba y que esos locales son supuestamente un "foco" que atrae a delincuentes magrebíes, en concreto a menores tutelados por la Diputación de Guipúzcoa. El ayuntamiento, por su parte, ha comunicado que reforzará la seguridad." (El País, ed. Galicia, España, 09/07/2009, p. 23)

"Por la seguridad ciudadana. Expulsión delincuentes extranjeros. Con ese eslogan se manifestaron ayer un centenar de jóvenes por las calles de Sitges (Barcelona), un centro de veraneo célebre por su liberalidad -este pueblo costero es un polo de atracción de turistas gays-. Los manifestantes marcharon en recuerdo de Joel Rodríguez, un chaval de 20 años recién cumplidos que murió anteayer de una puñalada en el corazón durante una reyerta.

Los atacantes, que la policía catalana ya ha detenido, fueron tres españoles y un dominicano. No importó ese detalle a los manifestantes, que dejaron tras de sí pintadas como Y luego se preguntan por qué somos racistas, Basta de democracias, o 60 años atrás esto no hubiera sucedido. Uno de ellos llegó a encararse a un turista extranjero que, molesto por su contenido xenófobo, descolgó uno de los carteles que convocaba a la manifestación y con los que los jóvenes habían empapelado el núcleo histórico de la ciudad. El Ayuntamiento, que declaró un día de luto por el crimen, no los había descolgado al inicio de la marcha, que no fue convocada oficialmente." (El País, ed. Galicia, España, 09/07/2009, p. 21)

9/07/09

Para algunos, el oro de Galicia fue el volframio... y los presos republicanos...


Mujeres lavando el mineral en la playa

"O Barbanza, como si de una pequeña California se tratase, vivió su fiebre minera con el volframio, un metal que la Segunda Guerra Mundial convirtió en estratégico y que situó a la comarca en el centro del espionaje alemán y aliado. El III Reich conocía las virtudes del volframio, usado para reforzar el acero de los cañones. (...)

Detrás de la fiebre del volframio está la historia de una población empobrecida que de la noche a la mañana se vio con los bolsillos llenos.(...)

La del volframio fue una explotación intensa pero breve en el tiempo. El mineral dejó de interesar al concluir en 1945 la Segunda Guerra Mundial (...)

"Excepto la mina de San Finx, en Lousame, la mayoría eran pequeñas y poco rentables", cuenta González. El investigador calcula que hubo entre 50 y 70 minas en toda la comarca, pero sacar cuentas es difícil porque no siempre existían las debidas concesiones mineras. "Se creó toda una economía sumergida alrededor del volframio, muy común en el bateo de los ríos". Tampoco es fácil hablar de una cifra exacta de trabajadores, porque buena parte de ellos no tenían nómina y cobraban en función de lo extraído. Una nebulosa legal a la que hay que añadir los muertos por silicosis y la presencia de un movimiento sindical y guerrillero en los primeros años de la posguerra. (...)

"Mucha gente se hizo rica a expensas de los presos republicanos que fueron llevados a trabajar a las minas", asegura.

Los que no se hicieron ricos fueron los que dilapidaron los sueldos ganados en la mina en los bares de Boiro, Rianxo y Vilagarcía, de donde partían los barcos cargados con el preciado metal. "Era una forma más de escapar de la represión", asegura Ayán. El volframio trajo también prostitución y, con ella, conflictos entre las parroquias de la comarca. El investigador recalca el compromiso femenino en la explotación del tesoro de O Barbanza. "Las mujeres se ocupaban del lavado del metal". (El País, ed. Galicia, Galicia, 03/07/2009, p. 16)

3/07/09

Militares israelíes rompen su silencio para denunciar el maltrato que sufren los palestinos



"Tomamos el colegio y detuvimos a cualquier persona entre los 17 y los 50 años. Todos vinieron maniatados y con los ojos vendados. Cuando pedían ir al servicio, los soldados los llevaban y los golpeaban sin ninguna razón que justificara esas palizas. Muchos fueron detenidos para recabar información para los servicios de seguridad, no porque hubieran hecho algo. En general, a la gente se la mantuvo sentada durante 10 horas al sol. Se les daba agua de vez en cuando. Los soldados pasan 10 horas de pie, aburridos, así que golpean a la gente. Tal vez es su única satisfacción".

Sucedió en Hares, un pueblo del norte de la Cisjordania ocupada en marzo pasado.

El diálogo entre el soldado que prestó este testimonio y un activista de Breaking the Silence, una combativa ONG israelí, prosigue:

-Hay soldados que piensan que las esposas de nailon son para inmovilizar y para impedir que la sangre llegue a los dedos. Se ponen azules.

-¿Cuánto tiempo pasaron así?

-Siete horas. Al final, tras quejas y lloros, el comandante ordenó que aflojaran las esposas.

-¿Participó el batallón entero?

-Sí.

-¿Comenzó la operación de día?

-Por la noche. Trajeron al conserje del colegio a las tres de la madrugada y abrió las clases.

-¿Con qué criterio detuvieron a la gente?

-A partir de los 17 años. Pero había chicos de 14 años. Eran unos 150. La mayoría, en pijama.

-¿Viste otros incidentes?

-Muchos reservistas participaron y celebraron las humillaciones, insultos, tirones de pelo, patadas y bofetadas. Era la norma. Lo que sucedió en los servicios, lo que llamamos el baile de los demonios, fue lo más extremo.

Un grupo de judíos, varios de ellos ex suboficiales y fervientes creyentes, pelean a brazo partido para dar a conocer lo que tantos en Israel saben, pero que muy pocos osan contar. (...)

Es el caso de otro uniformado. D., cabo de 19 años de la Brigada Kfir, la más implicada en los desmanes en Cisjordania. D. no aguantó más después de la redada en Hares, el 26 de marzo. Describió a sus superiores el comportamiento de muchos compañeros y se negó a prestar ciertos servicios en Cisjordania. Fue condenado a 30 días de prisión. "La opinión común entre los soldados del batallón Haruv", acusa D., "es que los árabes son animales salvajes que deben ser destruidos". (...)

Las operaciones de la Brigada Kfir -en la que sirven cientos de jóvenes de la extrema derecha nacionalista y religiosa- son constantes en Cisjordania. A veces acompañan a los colonos en sus asaltos a pueblos palestinos. Muchos soldados son a su vez colonos de esta brigada que dispone de información precisa recabada de chivatos palestinos -son legión- y mediante operaciones destinadas a conocer hasta el último rincón de un pueblo. Lo llaman mapeo.

Habla un sargento de la brigada: "Entramos en una casa. Reunimos a la familia en una habitación y ordenamos a un guardia que los encañone... Se fotografía todo, se inspecciona lo que hay en la vivienda y se pasa la información a los servicios de seguridad. Pero lo que conmociona es que los hay que roban". Con frecuencia se cae en la violencia gratuita.

"Yo", agrega el sargento, "no lo he hecho, pero mis amigos sí me hablan del vandalismo". Y de destrozos del mobiliario de viviendas con madres y niños presentes, de humillaciones a minusválidos. "Cuando me alisté estaba muy motivado. Entrené, y ya prestando servicio vi a la gente comportarse como animales... Como si fueran dioses", explica, muy pesimista sobre las posibilidades de cambiar la situación. "Para los soldados, árabe es sinónimo de terrorista. Así es como han sido educados".

Los soldados disfrutan de una posición de superioridad abrumadora. Armados hasta los dientes frente a una temerosa población local que desea pasar el trámite en el control militar de turno lo antes posible, aunque las dilaciones deliberadas son habituales. Lo explica el citado sargento: "Cuando tienes un arma y pides algo a un palestino le estás forzando. Tiene miedo. El árabe puede decirnos: 'Sí, toma, no hay problema'. Sabe que puedes perseguirle si dice una palabra fuera de lugar".

"Recuerdo", dice el suboficial, "mi primera vez en un control militar. Vino un grupo de reservistas para enseñarnos. Uno de ellos vio un taxi repleto de gente. Salieron [los palestinos] del taxi y comenzaron a pedirles las identificaciones y a buscar en las bolsas. Uno encontró una camiseta original del Real Madrid, y me preguntó si la quería. Si hubiera querido me la habría quedado". (El País, Domingo, 28/06/2009, p. 9)

29/06/09

¿Por qué no devolver el 'dinero rojo'?

"Cerca de 1.500 familias descubrieron hace cuatro años que compartían un papel que habían guardado durante 70, un recibo con la leyenda: Fondo de papel moneda puesto en circulación por el enemigo. Se reunieron en la Asociación de Perjudicados por la Incautación del Gobierno Franquista, y juntaron todos aquellos papeles raídos, con las cantidades que los vencedores les habían arrebatado escritas a mano. Sumaron 14 millones de euros. Hoy, los hijos del enemigo, de los rojos, reclaman al Estado que se los devuelva. (...)

Roberto Rodríguez, de 68 años, lleva toda la vida regentando una humilde pensión en Madrid, pero es un hombre rico. Lo dicen dos viejos papeles, los recibos de las 9.000 y 9.535 pesetas que su padre y su abuelo tuvieron que entregar a Franco "el tercer año triunfal". Era un fortunón para la época y lo sería hoy, en euros. Su familia lo entregó dócilmente en el Ayuntamiento de Cabeza de Mesada (Toledo) porque tenía miedo y, por el mismo motivo, nunca se atrevió a reclamarlo: "Se arriesgaban a que los mataran por rojos. Bastante era haber salvado la vida. A mi tío Lázaro lo fusilaron en 1939. Mi padre tuvo también que ir a entregar su parte: 7.000 pesetas. ¿Qué republicano iba a atreverse a pedirle nada a Franco? ¡Mi padre habría dejado ocho huérfanos!".

Que hubiesen enterrado a los dueños de aquel dinero en fosas comunes tras haberlos fusilado de espaldas nunca fue impedimento para que reclamaran su dinero y sus bienes. "Abrieron expedientes a los muertos sólo para quedarse con el dinero. Se lo quitaban a las viudas, a los hijos", explica el catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza, Julián Casanova. "Fue una rapiña. Y con ese dinero empezó a pagar Franco la reparación de las víctimas de su bando (protección de fosas de nacionales, pensiones, ayudas, becas...). El estanco del republicano pasaba a ser del ex combatiente, y los vencedores se repartían el dinero de los vencidos".

Los ganadores arrebataron a los perdedores todo cuanto tenían. Fusilaron a decenas de miles de padres de familia, expoliaron a las viudas, recaudaron sin miramientos el dinero imprescindible para alimentar a sus hijos durante la posguerra, les despojaron de su medio de vida, su oficio, depurando a los maestros, requisando los pequeños comercios, bares, restaurantes que tenían, y todo, por ley. Un BOE de septiembre de 1938 da cuenta de las órdenes al Banco de España para requisar el dinero rojo. Con ese documento, las familias afectadas acuden 70 años después al Gobierno. "Si nos lo quitó el Estado, nos lo ha de devolver el Estado", repite Lidia Jiménez, tesorera de la asociación de afectados.

Franco utilizó dos mecanismos para empobrecer y humillar al enemigo: las juntas provinciales de incautación, que fue abriendo como sucursales según avanzaba su ejército, y la Ley de Responsabilidades Políticas, a la que recurrió como un método de represión, pero, sobre todo, de incautación. "Así es como hizo su botín", explica Casanova. "La ley buscaba responsabilidades políticas, pero en realidad era un mecanismo confiscador. Muchas veces iban a por alguien porque tenía dinero. Hasta 1941 se abrieron unos 125.000 expedientes, y, después, otros 200.000. Imponían penas privativas de libertad, pero sobre todo, económicas, requisando sus bienes y obligándoles a pagar multas muy fuertes. Y la Ley de Responsabilidades Políticas fue también un método para saldar cuentas. Unos vecinos se denunciaban a otros para quedarse luego con su bar, su pequeño comercio...". (...)

Por supuesto, el dictador también se apropió del patrimonio de los partidos y los sindicatos, como CGT y UGT, que habían acumulado mucho dinero con las cuotas de sus afiliados además de disponer de numerosos inmuebles. Los pactos de la transición permitieron que los recuperaran, no así las familias republicanas o las élites que habían huido al exilio, como el propio jefe del Gobierno de la República, Juan Negrín.

Su nieta, Carmen Negrín, sigue peleando en los tribunales por aquel patrimonio. "Eran más de 25 propiedades, algunas muy importantes, sobre las cuales han construido, vendido y vuelto a vender. Los compradores, inclusive cuando es el Estado, suelen decir que lo compraron legalmente. El vendedor, obviamente, por lo general era algún amigo del régimen. ¿Su valor? Varios centenares de millones de euros actualmente". (El País, ed. Galicia, 27/06/2009, p. 34/5)

26/06/09

La defensa de los intereses americanos en Oriente Próximo... y una carta de un colono israelí

"Soy lo suficientemente viejo para recordar cuando los kibutzim israelíes parecían asentamientos. En los primeros años sesenta, pasé un tiempo en el kibutz Hakuk, una pequeña comunidad fundada por la Haganah, el Ejército judío anterior a la creación del Estado de Israel. Nacido en 1945, Hakuk estaba todavía sin refinar. Las pocas docenas de familias que vivían allí se habían construido un comedor, una guardería, cobertizos y viviendas. Pero más allá de las residencias no había más que colinas cubiertas de rocas y campos a medio limpiar.Hakuk sigue existiendo. Salvo que hoy se dedica a la fabricación de plásticos y al turismo que acude al cercano Mar de Galilea. La granja original, construida en torno a un fuerte, se ha convertido en atracción turística.

Llamar a este kibutz "asentamiento" resultaría extraño. Sin embargo, Israel necesita "asentamientos". Son un elemento intrínseco de la imagen que siempre ha querido transmitir a sus admiradores y donantes extranjeros: la de un pequeño país que lucha para asegurarse el lugar que le corresponde en un entorno hostil mediante el duro y positivo trabajo de limpieza de tierras, irrigación, autosuficiencia agraria, productividad e industriosidad, legítima defensa y construcción de comunidades judías. Pero este relato de neocolectivistas y pioneros suena falso en el Israel moderno y lleno de alta tecnología. (...)

El mayor de estos controvertidos "asentamientos" es Maale Adumim, que tiene una población de más de 35.000 habitantes y comprende tierras con una superficie de 50 kilómetros cuadrados, el triple que Ginebra, en Suiza, y casi la mitad que Manchester, en Inglaterra. ¡Menudo "asentamiento"! (...)

La población de colonos ha crecido sin cesar a un ritmo del 5% o más durante los últimos 20 años, casi el cuádruple que la población israelí en su conjunto. Junto con los judíos de Jerusalén Este (también anexionada de forma ilegal y unilateral a la capital de Israel), los colonos son hoy más de medio millón de personas: justo por debajo del 11% de la población (judía) del "Gran Israel", y ésa es una de las razones por las que cuentan tanto en las elecciones, en las que la representación proporcional les otorga una influencia desmesurada.

Ahora bien, si Israel se emborracha con los asentamientos, Estados Unidos lleva mucho tiempo siendo el que se lo permite. Si Washington no diera a Israel 3.100 millones de dólares anuales de ayuda, las casas en los asentamientos de Cisjordania no serían tan baratas, menos de la mitad de unas viviendas equivalentes en el territorio israelí propiamente dicho. Muchos de quienes van a vivir a esas casas ni siquiera se consideran "colonos". Recién llegados de Rusia y otros países, se limitan a aceptar la oferta de alojamiento subvencionado, se trasladan a los territorios ocupados y se convierten en clientes agradecidos de sus patronos políticos, por lo que será muy difícil sacarlos de allí.

Claro que nadie cree en serio que los "asentamientos" vayan a desaparecer alguna vez, con su medio millón de residentes, sus instalaciones urbanas y su acceso privilegiado a la tierra y el agua. Las autoridades israelíes, ya sean de izquierda, derecha o centro, no tienen intención de eliminarlos, y ni los palestinos ni los estadounidenses informados se hacen ilusiones al respecto. (...)

Por consiguiente, el presidente Obama tiene que elegir. Puede hacer el juego a los israelíes, pretender que cree en sus buenas intenciones y la importancia de las distinciones que le ofrecen; pero los israelíes estarían tomándole por tonto, y ésa es la imagen que daría en la región y en todo el mundo.

O puede romper con dos décadas de docilidad estadounidense, reconocer públicamente que el emperador está desnudo, tratar a Netanyahu como el cínico que es y recordar a los israelíes que sus asentamientos (todos sus asentamientos) dependen de la buena voluntad de Estados Unidos. Los llamados "asentamientos" no tienen nada que ver con la defensa de Israel, ni mucho menos con sus ideales fundacionales de autosuficiencia agraria y autonomía judía. No son más que una forma de colonización, y Estados Unidos no debería dedicarse a subvencionar ni permitir esas cosas, ni a conspirar para disimularlas. (...)

Si los norteamericanos no son capaces de defender sus propios intereses en la región, que al menos no se dejen volver a tomar el pelo." (TONY JUDT: ¿Qué es un 'asentamiento'?. El País, ed. Galicia, Opinión, 25/06/2009, p. 33 )

"Un ciudadano israelí, que responde por el nombre de Daniel Ben Hillel, me hace llegar una carta a propósito de mi artículo ‘Los okupas de Jehová’, que publiqué en El País y en este blog el 11 de junio. (...)

Estimado Sr. Bassets,

Me dicen que es usted de ascendencia Judía, lo cual me permite, quizás, comprender mucho mejor su posicionamiento acérrimamente anti-israelí. Ese es un problema con el cual hemos venido lidiando desde hace 2.500 años y a pesar de que tenemos aún fresca en la memoria la experiencia de la Judería alemana en 1938, aun no hemos podido comprender que hay cosas de las que simplemente no podemos, como judíos, desprendernos.


Su artículo parte de premisas varias, repetidas una y otra vez por los propagandistas árabes (...)

ntentaré marcar, por lo menos, algunas de éstas, a mi entender, erróneas concepciones.

La propiedad de la tierra de Israel - El Estado de Israel fue fundado en su tierra ancestral, tierra que vió nacer al pueblo Judío y la única tierra en la cual los Judíos se desarrollaron como país y como pueblo. (...)

La tierra de Israel, en cambio, nos pertenece porque es la tierra que Dios le dio al pueblo Judío y no por una resolución de las Naciones Unidas. (...)

Racionalidad de los "okupas" - Los okupas, como usted les llama, y en cuyo numero me cuento, no están en duda; resulta, tan solo, que nuestra escala de valores es distinta a la suya. (...)

No puede pretender que yo crea y/o acepte que no tengo derecho a Judea y Samaria (donde vivo) y sí a Tel Aviv por la simple razón de que las Naciones Unidas así lo determinaron. Judea y Samaria son nuestra cuna histórica, no así la región de la costa; por ello creemos tener tanto o más derecho a Judea y Samaria que a cualquier otra región de Israel.

Idealismo - Quizás este punto sea la clave para su incapacidad de comprender la lucha del pueblo Judío por vivir en su tierra; quizás el vivir en una sociedad mercantilista le lleve a creer que se puede transar en lo básico siempre y cuando se obtenga algo a cambio de ello. Sr. Bassets, ¡cuéntele eso a los vascos! ¡cuénteselo a los catalanes (eso debería entenderlo) o a quien fuere que crea que los ideales no se venden!

La Realidad - Creo firmemente que la única forma de que vea, acepte y conozca la realidad es que visite nuestro país, y más específicamente mi ciudad, donde sería mi huésped, por supuesto sin cargo alguno para usted; también me haría cargo del coste del billete de avión. (...)

Daniel Ben Hillel

(Del alfiler al elefante. Blog de Lluís Bassets: Carta de un colono israelí, 26/06/2009)

La violencia bíblica...

"Said ha elegido este restaurante como provocación: aquí estuvo el coronel libio Muammar el Gaddafi hace unos días para festejar el acuerdo bilateral según el cual Italia devuelve automáticamente a Libia a los sin papeles que intenten alcanzar sus costas. Said fue modelo y luego se hizo actriz, hoy está en el paro -"me echaron por racismo de una serie en la que hacía de policía"-, y dirige como voluntaria la Asociación Migrare.

"La inmigración es un fenómeno bíblico, complejo y difícil de gestionar", dice antes de probar la sandía. "En Italia, el racismo institucional de la Liga del Norte legitima el racismo callejero con la complicidad del centro-izquierda. Es culpa de Europa: Italia sola no puede manejarlo. Hace falta ir al origen del problema. Acabar con el hambre y la miseria. Ayudar a los países emisores. Somalia lleva casi veinte años en guerra civil, sin futuro y sin Estado. Darfur existe desde que yo era joven. Si todo eso no se arregla, no habrá nada que hacer". (SHUKRI SAID: "En Italia hay más 'hombres-velino' que 'mujeres-velina'. El País, ed. Galicia, Última, 24/06/2009 )

25/06/09

Al asesino sanguinario, se le usa, y después, cuando ya no sirve, se le manda al frente... para que lo maten, y ya no estorbe

"El más sanguinario de O Courel. Los más viejos de Ferreirós de Arriba recuerdan a O Matón de Teixeira, un falangista tan vil que al final fue asesinado por los suyos de un tiro en el oído(...)

"(Daniel Visuña, más conocido por todos como Benito) los muertos de la guerra no se cuentan". Que la guerra es "una escabechina" y así hay que aceptarla. Pero en O Courel acusa a "los de la Falange": "Eran unos criminales, mataban hasta al que era más bueno que el pan. Y el de Teixeira era el peor".

El otro vecino, José, no pierde el tiempo en presentaciones (...) Le dicen que son periodistas, que vienen de Santiago para escucharlo y él, sin preguntas, empieza a soltar lastre. "Pues un día bajaron del monte 20 escapados. Se metieron a comer uno o dos en cada casa. Y otro día llegó uno sin pierna y con un perro grande. Dijo que era asturiano y preguntó por la cantina. Pidió un vino para él y rosquillas para el can. Lo mataron en el Alto da Trapa, lo tiraron a rebolos y allí se pudrió. El perro no se separó de él en ocho días".

José coge carrerilla y se desboca. Llega un momento en que la audiencia pierde la cuenta de los represaliados y escapados de O Courel. "Al Blanquín de Meiraos lo mató en Visuña uno que lo esperaba escondido en un pozo. La Guardia Civil lo llevó en burro a enterrar en su parroquia". "Otros cuatro escapados llegaron aquí de noche de todo. Querían cuartos, pero el viejo do Farañón se les enfrentó: 'que vos esfolo co machado!'. El cabecilla era O Velasco, de Vega de Valcárcel. Era muy fuerte, podía con todos, y nunca lo pillaban. Pero un día lo mataron. Llevaba a hombros a un compañero herido y no pudo correr".

"La gente tenía miedo. Y los viejos más. Los niños casi no. De los escapados y sobre todo de los falangistas, que hicieron muchas; muchas". Había cuatro que "venían a diario a requisar pan y cabritos. Los peores eran O Mostaz y sobre todo O Matón de Teixeira". José coincide con Benito al señalar al hombre más sanguinario que dio O Courel. Su maldad inspiró un poema a Novoneyra y su historia se ha ido contando entre generaciones. De lo que ya casi nadie se acuerda es de su nombre. Se llamaba Emilio Aira y cuando quería mal a alguno lo acusaba de robar "a ferramenta" de las obras de la carretera, la actual LU-651 que lleva a Quiroga.

"En Ferreirós de Abaixo, los falangistas le dieron madera al Zamorano. Luego, los del pueblo lo untaron con miel y aguardiente y lo tuvieron envuelto en una sábana hasta que curó". "También andaba por ahí una mujer de Sobrado. Era la jefa de una cuadrilla de escapados. Cuando la mataron le encontraron en la bolsa las cartas de amor que le escribía uno de Visuña. Entonces, fueron a buscarlo y lo mataron sobre el puente en Ferreirós de Abaixo".

"O Matón también acabó con Amador García, el tío de mi mujer", sigue contando José. "Pusieron la excusa de la ferramenta. Lo mataron en la calle, y su moza, del disgusto, murió días después. Dicen que le vino la regla" y se desangró. Por entonces, la madre de José tejía unos calcetines para otro hijo, Manuel Álvarez, que estaba en el frente de Teruel. "Había un escapado que andaba detrás de ellos", recuerda el hermano pequeño: "Ojalá que su hijo no caiga, y que vuelva', le decía, 'pero a mí me venían muy bien en el monte'". Al final, los calcetines nunca salieron de Ferreirós, porque Emilio Aira mató al correo.

Manoel Cela, de Parada, era músico de verbena y compañero de Manuel Álvarez en el campo de batalla. Vino a casa con un permiso. "Traía un chubasquero y unas botas viejas de mi hermano y le iba a llevar de vuelta otras botas y los calcetines", cuenta José. Manoel estaba marcado desde que asistió a un mitin de Acción Republicana, en Seoane, y socorrió a un candidato que fue herido de bala. O Matón y sus secuaces "mazaron al músico y lo tiraron vivo a una cueva muy honda en Teixeira". Su padre lo sacó ya muerto con una cuerda. Las quejas de los familiares de Manoel y de Amador ablandaron a las autoridades y Aira fue llamado a filas. En cuanto se incorporó, el sargento, que era de la zona, le puso la pistola en la oreja y disparó. "Mi padre me enseño a segar hondo", dio por toda explicación al regresar a O Courel. A O Matón, dice Benito, "se lo cargaron adrede los nacionales" por higiene." (El País, ed. Galicia, Galicia, 23/06/2009, p. 8)

El asedio de Gaza... sitiada por el hambre

" "en los últimos seis meses la mayoría de las empresas privadas han cerrado y el 95% de las operaciones industriales han sido suspendidas debido a la prohibición de importar materias primas y al bloqueo de las exportaciones: 3.500 de las 3.900 factorías se han visto obligadas a cerrar sus puertas, lo que se ha saldado con la pérdida de 75.000 empleos del sector privado".

El estrangulamiento de la franja elevó el porcentaje de población que vivía bajo el umbral de la pobreza en un 20% (pasando del 55% al 75%) y dejó en el paro a una de cada dos personas. Hoy en día, 1.265.000 de los habitantes de Gaza dependen de la ayuda internacional. (...)

"Gaza está a punto de convertirse en el primer territorio en ser reducido, de manera intencionada, a una situación de absoluta miseria, con el conocimiento, consentimiento e, incluso, apoyo de la comunidad internacional". (...)

Pero quizá el hecho más preocupante es que la entrada de cualquier producto -desde un paquete de arroz a un saco de cemento- depende en exclusiva de la potencia ocupante. (...)

Además, las autoridades israelíes impiden la entrada de lo que catalogan como productos de lujo, entre los que se incluyen la pasta, los garbanzos, las lentejas, el tomate, las galletas, la mermelada o los dátiles. La situación roza el esperpento, dado que la lista de productos prohibidos no es pública y varía de un día a otro, lo que constituye un verdadero quebradero de cabeza para las agencias humanitarias. Un congresista norteamericano que recientemente visitó la Franja de Gaza se preguntó con sarcasmo: "¿Han estallado últimamente bombas de lentejas? ¿Van a matarle a usted con un macarrón?".

Otros productos prohibidos son el plástico, el cemento, las semillas, las vacunas, los cuadernos e, incluso, los juguetes de madera, considerados una potencial amenaza porque podrían ser objeto de doble uso." (IGNACIO ÁLVAREZ-OSSORIO: Gaza, peor que una de nuestras prisiones. El País, ed. Galicia, Opinión, 23/06/2009, p. 27 )

24/06/09

Un centenar de (gitanos) rumanos víctimas de ataques racistas abandona el Ulster

"Un total de 100 ciudadanos rumanos de etnia gitana que fueron víctimas de ataques racistas durante varios días la semana pasada han decidido abandonar Irlanda del Norte. Tan sólo 14 de los 114 rumanos afectados por aquellos ataques, una familia de siete miembros y otros siete hombres solteros, han optado por seguir viviendo en el Ulster. Ayer salieron hacia Rumania 25 de ellos y se estima que esta misma semana viajarán los otros 75. (...)

Los rumanos tuvieron que refugiarse en una iglesia cercana, en el sur de Belfast, después de padecer durante varios días los ataques racistas de un grupo de entre 15 y 20 jóvenes, que les amenazaron y rompieron los cristales de su casa. Contra los deseos de las autoridades del Ulster, y a pesar de que tanto los vecinos del barrio como el conjunto de la clase política reaccionaron condenando unánimemente los ataques racistas, un centenar de los rumanos atacados ha preferido no seguir en Irlanda del Norte.

Su decisión sienta un mal precedente porque significa que quienes se oponen a la presencia en el Ulster de extranjeros, y quizás en particular de personas de la etnia gitana, pueden conseguir que se vayan por medios violentos. Tras los incidentes de Belfast, las viviendas de una familia polaca y de otra lituana han sido atacadas con ladrillos en Moygashel (County Tyrone), unos 50 kilómetros al oeste de Belfast.

La policía, que ha sido acusada de no reaccionar con la suficiente prontitud y energía cuando se produjeron los primeros ataques, ha descartado que en éstos participaran paramilitares lealistas próximos a la extrema derecha. Los ataques, que no cuentan con el apoyo de los ciudadanos del barrio en que se han producido, son obra de un reducido grupo de jóvenes racistas.

Ayer amaneció con los cristales rotos la iglesia que dio acogida a los 114 gitanos tras los ataques de la semana pasada, cuando presos del pánico intentaban refugiarse todos ellos en una sola vivienda. Siete ventanas y una puerta de vidrio de la entrada principal del recinto religioso fueron destrozadas con lanzamiento de piedras y ladrillos." (El País, 24/06/2009)

19/06/09

Los une el ver matar, 55 años después

""Los soldados alemanes iban apartando a los judíos para fusilarlos. Cuando llegó a mi sitio, el soldado me preguntó: '¿Eres judío?'. Yo pensé en las últimas palabras que me había dicho mi padre antes de despedirse: 'No olvides nunca quién eres'. Y después, en las de mi madre: 'Mantente con vida'. Sabía que si le respondía que sí, y obedecía a mi padre, el soldado me mataría allí mismo, y entonces pensé: '¿Qué es más importante, la vida o la religión?'. Decidí para siempre que no había nada por encima de la vida, ni la raza ni la religión. 'No', le respondí. Y el soldado siguió preguntando a otros".

Sally Perel tenía 14 años aquel día que se enfrentó al ejército nazi tras resolver, en el tiempo que dura la paciencia de un soldado de Hitler, el dilema impropio de un niño: ¿Debo morir siendo yo o sobrevivir fingiendo ser otro? (...)

"Nos une la herida de haber visto matar siendo niños. La herida imborrable de la guerra que te cambia para siempre", aclara Sally. (...)

A Zlata Filipovic la llaman La Ana Frank de Bosnia por un diario que empezó a escribir a los 11 años y que se convirtió en su salvoconducto. "Empezaron a llegar a mi casa un montón de periodistas. La gente pensaba que los Balcanes era aquel sitio de locos donde nos comíamos los unos a los otros, y se sorprendían al entrar en aquel hogar de clase media, donde había un piano y una niña de 11 años que escribía un diario. Un editor francés muy influyente se ofreció a publicarlo y nos sacó a mis padres y a mí de Sarajevo. Era algo ridículo. Había niños heridos por las bombas, niños que se habían quedado huérfanos y yo, que me iba a librar de todo eso por un diario". Desde entonces, Zlata se dedica a recopilar diarios de niños escritos en conflictos, "las voces robadas de la Segunda Guerra Mundial, Vietnam, Sierra Leona...".

"Yo tardé 40 años en poder escribir mi historia", confiesa Sally. "Fue el tiempo que necesité para reubicarme en la vida. Hasta que decidí que no quería llevarme esto a la tumba, que necesitaba contar a los jóvenes el daño que el racismo y la guerra hacen en una persona para que nada así se volviera a repetir". (SALLY PEREL y ZLATA FILIPOVIC: "Nos une la herida de haber visto matar siendo niños". El País, ed. Galicia, Última, 18/06/2009)

18/06/09

Rutka Lasier, la joven comunista judía, describe la banalidad del genocidio


Rutka Laskier y su hermano pequeño, Henius, en 1938

"Lo más probable es que hubiera cogido el cólera. Sólo eso explicaría que su ya maltrecha belleza, que aun así llamó la atención del temible doctor Mengele, se marchitara con tanta rapidez. A sus 14 años se consumía por momentos. Zofia Minc, de edad parecida, dormía cerca. Se hicieron amigas en la desgracia. Según su relato, ella misma la tuvo que transportar en una carretilla hacia el horno crematorio. Aún consciente, Rutka le rogó que la dejara junto a la alambrada del campo para electrocutarse: una muerte supuestamente menos dolorosa que la de arder viva, “pero un SS que iba detrás nuestro con un fusil no me dejó”. (...)

El interés por el matiz en el caso de Rutka es fruto del eco mediático en Europa alcanzado por su cuaderno de notas. Con letra muy pulcra, ligeramente inclinada a la derecha y muy decidida, casi sin tachaduras, Rutka Laskier llenó apenas 60 cuartillas de una libreta entre enero y abril de 1943. La joven polaca de origen judío intuía el Holocausto y su propio final: sólo hacía falta mirar y escribir lo que ocurría en las calles del gueto de Bedzin donde vivía, una ciudad minera con 25.000 judíos y a 40 kilómetros de Auschwitz y de las cámaras de gas de Bierkenau. (...)

“(…) Ah, olvidaba lo más importante. Vi con mis propios ojos cómo un soldado arrancaba a un bebé de las manos de la madre y le abría la cabeza a golpes contra un poste de electricidad. Los sesos de la criatura salpicaron la madera. La madre enloqueció. Ahora lo escribo como si no hubiera pasado nada (…) tengo catorce años, todavía he visto poco en la vida; sin embargo, ya me he vuelto tan indiferente…”
(...)

“Creo que me estoy haciendo mujer. Ayer, cuando me daba un baño y el agua acariciaba mi cuerpo, anhelé las caricias de otras manos… No sé lo que esto significa, ya que jamás había experimentado nada similar hasta ahora (…) Creo que a Janek le gusto mucho, pero, para mí, ni frío ni calor”. (...)

“Dios mío, ¡ay, Dios mío!, ¿qué será de nosotros? Bueno, Rutka, has debido de volverte completamente loca: ¡clamas a Dios, como si existiera! (…) Si Dios existiera, no permitiría que seres humanos fuesen arrojados vivos a hornos crematorios ni que aplastaran las cabezas de niños pequeños a golpes de culata (…) Al final, esto se parece a un cuento de la abuela: quienes no lo hayan visto no lo van a creer, pero no es ningún cuento, es la verdad. Basta recordar a ese viejecito a quien pegaron hasta dejarlo inconsciente por haber cruzado mal la calle. Parece absurdo, pero todo esto no es nada mientras nos libremos de Auschwitz… y la tarjeta verde… del final… ¿Cuándo llegará?”. (...)

“Eran las cinco y media cuando salimos. Miles de personas abarrotaban las calles. Llegamos al lugar a las seis y media y nos las arreglamos para conseguir buenos asientos en un banco. Nuestro ánimo estuvo bien hasta las nueve. Entonces me asomé a la valla y vi soldados con ametralladoras apuntando a la plaza por si alguien pretendía escapar. Los adultos se desmayaban y los niños lloraban. El Día del Juicio empezó enseguida” (...)

“Hacía un calor espantoso”, prosigue en su cuaderno, “y la gente tenía sed, pero no había ni una gota de agua por allí. Entonces, de pronto, comenzó a llover a cántaros y siguió lloviendo todo el tiempo. (…) A las tres de la tarde comenzó la selección: ‘1’ significaba regresar a casa; ‘1a’, ir a trabajos forzados, lo cual era mil veces peor que la deportación; ‘2’ significaba ‘revisión posterior’, y ‘3’, la deportación, o, dicho en otras palabras, la muerte. Nos presentamos para la selección a las cuatro. Entonces comprendí qué significa una desgracia. Mamá, papá y mi hermanito fueron enviados al grupo 1, y yo, al grupo 1a. Caminé como en trance hacia mi grupo, donde ya estaban Salek, Linka y Mania. Lo más extraño de todo es que ninguna de nosotras lloraba nada, nada en absoluto”. (...)

“los policías golpeaban a la gente con saña y les disparaban”. La desesperación la hizo valiente: “Salí corriendo con el corazón desbocado y me escabullí saltando por la ventana de un edificio anexo, desde la primera planta”. (...)

“A Janek lo único que le preocupa son nimiedades como llevar bien planchados los pantalones, cuántos pasteles puede comerse en el café de Frontal y las piernas bonitas de las chicas. De todos modos, está claro que no es comunista, por lo que no comprendo por qué Lolek le ha metido en esto” (...)

“Estoy asqueada, harta de estas casas grises y del miedo continuo en el rostro de todo el mundo. Los tentáculos de ese miedo nos envuelven a todos y no dejan respirar” (...)

“Hoy he recordado con detalle los hechos del 12 de agosto de 1942, lo que sucedió en el Hakoah [equipo de fútbol de Bedzin, en cuyo campo tuvo lugar una aktion de judíos]. Voy a intentar describir lo que pasó ese día para poder rememorarlo dentro de unos años, si no me deportan, por supuesto” (El País Semanal, 27/04/2008, p. 14- 20)

12/06/09

Crueldad económica...



"Un empresario de Valencia abandona a un 'sin papeles' que perdió un brazo. En la panadería donde trabajaba tiraron a la basura el miembro amputado.

-Si te preguntan, comenta que tuviste un accidente, pero no digas nada de la empresa.

La advertencia procedía del hijo del jefe de una panificadora en Real de Gandia (Valencia) a uno de sus empleados, el inmigrante boliviano Franns Rilles Melgar Vargas, de 33 años, al que la máquina de amasar acababa de seccionar el brazo izquierdo cuando intentaba recoger un papel que se había caído dentro de la masa. Franns Rilles no tenía papeles ni contrato.

Rápidamente, el hijo del dueño de la empresa le subió a su vehículo para trasladarle al hospital Francesc de Borja de Gandia. Pero no llegó a la puerta. Cuando estaban a unos 200 metros, le obligó a bajarse y fue entonces cuando le advirtió de que no diera detalles de lo sucedido, especialmente de dónde había ocurrido, según denuncian Franns y su familia.

"El empresario no tenía permisos, ni licencias, ni hacía contratos", relataba ayer Silvia, la hermana de Franns. Los empleados trabajaban en condiciones de "explotación pura y dura", según el responsable de Comisiones Obreras de la comarca, Josep Antoni Carrascosa. Franns Riles estaba empleado de forma irregular, sin cobertura de ningún tipo y trabajaba 12 horas al día por un sueldo que no llegaba a 700 euros al mes, según han denunciado.

Si vinculaban el accidente con su negocio, el empresario tendría problemas. Por eso, además de advertirle a Franns que guardara silencio, los responsables de la empresa tomaron otras medidas. "Limpiaron todo para no dejar restos", afirma Silvia. Y tiraron el brazo a la basura. (...)

En plena calle, y con el hombro ensangrentado, una persona lo acompañó hasta la sala de urgencias del centro sanitario de Gandia, donde, siguiendo las instrucciones de su jefe, al principio, Franns no aclaró la causa del accidente. Pero no pudo ocultarlo mucho tiempo. Debido a la inconsistencia de su relato, los médicos llamaron a la policía y fue entonces cuando explicó cómo había perdido el brazo y, sobre todo, dónde estaba.

Esta información era vital para intentar volver a implantárselo, la primera opción que barajó el equipo sanitario. La Guardia Civil se desplazó hasta el lugar del accidente para recuperarlo. Mientras, se localizó a un cirujano especializado en este tipo de injertos y se condujo al paciente al hospital privado Virgen del Consuelo de Valencia, pero se desechó la idea de reimplantarle el brazo porque cuando encontraron el miembro amputado, vieron que estaba en muy mal estado." (El País, ed. Galicia, España, 11/04/2009, p. 22)

11/06/09

Mirando la guerra como una película de guerra



Un "marine" estadounidense lanza una granada durante la batalla de Hue, en la guerra de Vietnan, febrero, 1968 (foto don McCullin, El País, Domingo, 13/07/2008, p. 17)

"Un anónimo informante canadiense coincidía con ellos al relatar sus experiencias durante la II Guerra Mundial, cuando, según contó, tuvo ocasión de usar su ametralladora contra 30 alemanes a bordo de un submarino, como si se tratara de "una de esas películas en las que uno ve a los soldados avanzar hacia la cámara y, justo antes de chocar contra ella, se les ve pasar a izquierda y derecha, izquierda y derecha".

En Nam. The Vietnam war in the words of the men and women who fought there (1982), un operador de radio de 18 años confesaba que le encantaba estar "en la zanja y ver a la gente morir. Era tan feo como suena: sencillamente, me gustaba mirar sin importar qué ocurría, recostado, con mi taza de chocolate caliente en la mano. Era como una gran película".

O, como cuenta Philip Caputo, matar vietcongs podía ser divertido porque era como ver una película: "Mientras una parte de mí realizaba una acción, otra parte de mí miraba desde la distancia". En lugar de centrarse en los cadáveres mutilados, los soldados que eran capaces de imaginarse a sí mismos como héroes cinematográficos sentían que eran guerreros eficaces. Semejantes formas de disociación resultaban psicológicamente útiles en el campo de batalla. Al imaginarse a sí mismos participando en una fantasía, los hombres conseguían encontrar un lenguaje que les evitaba tener que hacer frente al horror indescriptible no sólo de morir, sino también de causar la muerte." (Joanna Bourke, "El síndrome John Wayne, El País, Domingo, 13/07/2008, p. 16/7)

La guerra no es como las películas...

"No resulta difícil apreciar el atractivo de la literatura y el cine bélicos. Todas las cosas, y todas las personas, parecen más nobles y más exóticas en estos relatos que en los enfrentamientos normales. (...)

En la II Guerra Mundial, los combatientes más viriles, con frecuencia, encajaban en cuentos míticos de indios y vaqueros. Hombres como el capitán Arthur Wermuth (conocido como el "ejército de un solo hombre", después de haber matado a más de un centenar de soldados japoneses), que sentía una fuerte identificación con los vaqueros que trabajaban en las tierras de su padre en Dakota del Sur, e insistía en saltar a las trincheras "con un grito vaquero". Un corpus de más de seiscientas películas sobre la guerra de Vietnam nos ofrece innumerables ejemplos de la importancia del motivo indios y vaqueros (...)

En el país indio de Vietnam, John Wayne, o El Duque, como se le apodaba, era el héroe más imitado. (...)

Con estos antecedentes, no resulta sorprendente que los combatientes interpretaran sus experiencias en el campo de batalla a través de la lente de una cámara imaginaria. Por desgracia, con frecuencia, la realidad no estaba a la altura de su representación en la gran pantalla. El oficial Gary McKay, un veinteañero australiano, se sintió ligeramente decepcionado por la forma en que sus víctimas se comportaban al ser alcanzadas por sus balas. "No era lo que uno normalmente esperaría después de haber visto la tele y las películas de guerra. Los heridos no proferían un gran grito de dolor antes de derrumbarse, sino que emitían apenas un débil gruñido y luego caían en tierra sin control", observó malhumorado. (...)

Durante la II Guerra Mundial, William Manchester comprobó con asombro en el Pacífico el modo en que los soldados imitaban a Douglas Fairbanks hijo, Errol Flynn, Victor McLaglen, John Wayne y Gary Cooper. Durante la guerra de Vietnam, el periodista Michael Herr comentó la actuación de los soldados de infantería cuando éstos sabían que había un equipo de filmación cerca: "En sus cabezas se montaban verdaderas películas de guerra, bajo el fuego, agalludos, bailaban un poco de claqué, se sacaban los granos para salir bien en televisión... realizaban números para las cámaras". De hecho, durante la invasión de la isla de Granada en 1983, los soldados estadounidenses entraron en batalla con música de Wagner, a imitación del coronel Kilgore, el oficial interpretado por Robert Duvall en Apocalypse Now (1979).

Como es obvio, tales payasadas con frecuencia eran efímeras. Josh Cruze, que ingresó en los marines a la edad de 17 años y prestó servicio en Vietnam, tenía esto que decir al respecto: "Las pelis de John Wayne. Éramos invencibles. Por tanto, cuando nos llevaron a la guerra, todos llegamos con esta actitud: 'Venga, vamos a erradicarlos. Nada puede pasarnos'. Hasta que vimos cuál era la realidad y no fuimos capaces de lidiar con ella. Esto no debía ocurrir. Esto no estaba en el guión. ¿Qué está pasando? Este tío de verdad está sangrando por todas partes y gritando a todo pulmón".

Y lo que era aún peor, tales fantasías podían hacer que la gente se matara. El ingeniero de combate Harold, Light Bulb (bombilla), Bryant recordaba a un hombre al que apodaban Okie y que padecía el "síndrome de John Wayne". Cuando llegó a Vietnam estaba impaciente por entrar en acción. Durante su primer combate, la unidad a la que pertenecía quedó inmovilizada por las ametralladoras enemigas, y Okie "trató de hacer el numerito de John Wayne" y cargó contra la ametralladora: le mataron en el acto. Las películas, por tanto, proporcionaban guiones muy entretenidos, pero, al mismo tiempo, letales. (...)

En su libro Men under stress (1945), Roy R. Grinker y John P. Spiegel entrevistaron a aviadores que también manifestaron sentirse "entusiasmados" antes de desplazarse al exterior. Estaban tan excitados, que quienes a última hora no podían embarcar estallaban en lágrimas. Semejante entusiasmo revelaba su estrechez de miras respecto de la realidad. "Los hombres", anotaban Grinker y Spiegel, "rara vez tienen nociones reales y concretas sobre cómo es de verdad el combate. Sus mentes están repletas de versiones románticas y hollywoodienses de su actividad futura en el campo de batalla, coloreadas por ideas vagas de convertirse en héroes y ganar galones y condecoraciones".Si se les hubiera contado historias más realistas sobre lo que podían esperar "no se las habrían creído". Las emociones tenían tal intensidad, que, incluso cuando no estaban en combate, los pilotos constantemente actuaban como si en realidad sí lo estuvieran. " (Joanna Bourke, "El síndrome John Wayne", El País, Domingo, 13/07/2008, p. 16/7)

El placer del combate...

"Aunque el acto de matar a otra persona en el campo de batalla puede provocar una oleada de angustia nauseabunda, es capaz igualmente de suscitar sentimientos de placer intensos. William Broyles es uno de los muchos soldados combatientes que han expresado esta ambigüedad. En 1984, este ex marine, que había sido además director del Texas Monthly y de Newsweek, exploró algunas de las contradicciones inherentes al relato de las historias de guerra.

Con la familiar voz autorizada de "alguien que estuvo allí", Broyles afirmó que cuando se interrogaba a los soldados combatientes acerca de sus experiencias de guerra, éstos, por lo general, respondían que no querían hablar del asunto, con lo que daban a entender que "lo detestaban tanto y era tan terrible", que preferían mantenerlo "enterrado". Eso, sin embargo, no era tan cierto, comentaba Broyles: "Creo que la mayoría de los hombres que han estado en la guerra tendrían que admitir, si son honestos, que en el fondo también les encantó".

¿Cómo, se preguntaba, podía explicarse eso a la familia y los amigos? Incluso entre compañeros de armas se trataba de una cuestión sobre la que se tendía a ser cauteloso: las reuniones de veteranos eran en ocasiones incómodas precisamente debido a que en cualquier circunstancia resultaba difícil aceptar los aspectos alegres de la carnicería. Describir el combate como algo de lo que se podía disfrutar era prácticamente admitir que se era un bruto sanguinario; reconocer que el alto al fuego decisivo causaba tanta angustia como la pérdida de un gran amor sólo podía inspirar vergüenza.

Con todo, reconocía Broyles, había decenas de razones por las que el combate podía resultar atractivo, e incluso placentero. La camaradería, con la asimilación agridulce del yo dentro del grupo, apelaba a alguna necesidad humana profunda y fundamental.

Y luego (en contraste con ello) estaba el impresionante poder que la guerra confería a los individuos. Para los varones, combatir era el equivalente masculino de parir: "La iniciación en el poder de la vida y la muerte". (...)

En muchos sentidos, la guerra sí parecía un deporte (el juego más excitante que existe, creía Broyles), uno que al llevar a los hombres hasta sus límites físicos y emocionales era capaz de proporcionar una profunda satisfacción (para los sobrevivientes, se entiende).

Broyles vinculaba la felicidad que producía el deporte de la guerra con los placeres inocentes de los niños que juegan a los indios y los vaqueros, gritando "¡bang, bang!, ¡estás muerto!", o con la tensión irresistible que los adultos experimentan al ver películas de guerra en las que géiseres de sangre falsa salpican la pantalla mientras los actores caen al suelo masacrados." (El síndrome de John Wayne. El País, Domingo, 13/07/2008, p. 16/7)

La guerra nos ha hecho como somos... ¡Quién lo iba a decir! Eso explica muchas cosas... inexplicabes

"La guerra y la masificación hicieron al hombre moderno. Lo social dominó sobre la capacidad cognitiva en el salto de la humanidad. (...)

Otro estudioso, éste de EE UU, aborda también la cuestión demográfica en el origen del comportamiento social humano moderno. Pero lo hace desde la perspectiva de los costes y beneficios de la guerra en la evolución de un rasgo social importante como el altruismo. (...)

Samuel Bowles (Instituto de Santa Fe, EE UU) aporta información etnográfica y arqueológica a sus modelos para concluir que la estructura demográfica en los grupos de cazadores-recolectores prehistóricos favoreció la transmisión de rasgos genéticos de influencia social en los humanos.

El punto fuerte del trabajo es el altruismo, aunque lo que estudia es la guerra, entendida ésta como conflictos violentos intergrupales. Las prácticas bélicas, sugiere Bowles, pudieron favorecer la supervivencia de grupos humanos que contuvieran más individuos altruistas dispuestos a poner en peligro su propia vida si ello aporta beneficios para su propio grupo.

"El nivel estimado de mortalidad en conflictos intergrupales debió tener un efecto sustancial, favoreciendo la proliferación de comportamientos favorables al grupo aunque fueran muy costosos a nivel personal para el individuo altruista", afirma, con un enfoque muy darwinista. Es decir, en la guerra venció evolutivamente el altruismo." (El País, ed. Galicia, Sociedad, 10/06/2009. p. 44)

Resistir...

"La suya fue una vida de cárceles y clandestinidad. La tercera vez que le detuvieron fue en 1958, un día en el que había quedado en una calle de Barcelona con Jordi Solé Tura. “En esta ocasión”, dice Albert Solé, “fue salvajemente torturado por unos personajes de triste memoria, los hermanos Creix, por cuyas manos pasaron muchas generaciones”.

Le tuvieron mes y medio en comisaría, cuarenta y cinco días de terror que narró con pelos y señales en La revolución y el deseo. En su libro incluyó, ya desde la primera edición publicada en 2002, una foto de Antonio Juan Creix, condecorado en 1960 por sus “hazañas” en la Brigada Político-Social de la dictadura. “¿Que cómo aguantaba las torturas? ¿Cómo podía no cantar?”. “Muy simple”, rememora en el documental. “Yo me imaginaba un teatro y yo aparecía en el escenario, en las butacas estaban todos los compañeros que caerían si yo hablaba.

Establecí ese mecanismo y así conseguí no cantar”. Miguel Núñez abandonó definitivamente la prisión en 1968." (Rocío García: La muerte digna de una vida digan. El País Semanal, 07/06/2009, p. 22)

5/06/09

"He escrito para salvarme del frío de la guerra"

"P. ¿Sigue siendo la guerra el motor de su mirada?

R. Fue una experiencia tan terrible e inesperada para un adolescente que forzosamente trazó una especie de estructura en la sensibilidad. Pasados muchos años percibí que necesitaba reelaborar literariamente aquel pasado. Y no creo que fueran los impactos más definitivos los que quedaran de manera más indeleble en mi retina. Fueron las pequeñas particularidades de la vida cotidiana.

P. Eso está en su trilogía: la vida cotidiana atravesada por la guerra.

R. Es lo que hice. Una travesía de Madrid relacionándome con los personajes, no precisamente ejemplares, que no se adscribieron a ninguno de los bandos que estaban en contienda, sino que vivían en soledad, con mala conciencia por no tener un compromiso. Éstos son los personajes que he querido ir poniendo en el papel.

P. No había en ellos heroísmo alguno. ¿O sí lo había?

R. No, no había heroísmo. Lo heroico estaba en esa cierta lejanía de una ciudad asediada, hambrienta, bombardeada. Ellos eran como personas que pretenden hacer algo y no lo consiguen. Es la búsqueda de una realización, por eso no son personas ejemplares; son personas más bien anodinas.

P. Pérez Minik solía decir que la guerra le dejó al rojo vivo. ¿A usted cómo le dejó?

R. Más bien lo que yo experimenté fue lo contrario. Una gran frialdad. Noté como un día nublado, un día de esos de llovizna madrileña que sopla el aire helado de la sierra. Ésa era la situación vital en aquellos años. Sobrevivía con el gran esfuerzo de la cultura. La cultura fue el punto de apoyo, la que me ayudó a tener ese cierto calor. Escribir me salvó de aquel frío. Y de esa frialdad del ambiente tuve que pasar a un periodo en el que yo sintiera ese vigor de la creación; debía inventar los personajes, revestirlos de interés.

P. Poner en pie otra vida después de la devastación.

R. Exactamente. Era como una forma de salvarme yo mismo, porque en estos personajes quién sabe si también había astillas de mi madera." (JUAN EDUARDO ZÚÑIGA: "He escrito para salvarme del frío de la guerra". El País, ed Galicia, Cultura, 04/06/2009, p. 46)

4/06/09

Fusilado por una "r" tachada

"Me hizo recordar que en mi niñez pasaban por Vilalba camiones repletos de moros, procedentes de Lugo, hacia el frente de Asturias. Los niños les decíamos "baja la jaula, Jaime". Días después regresaban con las cabezas vendadas, brazos en cabestrillo, apoyándose en muletas y a los más maltrechos los trasladaban al asilo de ancianos, convertido en hospital castrense. Se me desata la memoria y me vienen historias de paseíllos en la Costa da Sal; de cuerpos tirados por las cunetas da Legua Dreita.

Sucedió en mi pueblo que un buen día el rótulo que ponía Ruta de guerra, emplazado en el muro de la casa-cuartel de la Guardia Civil y señalando hacia Oviedo, apareció con el rabo de la r tachado, de suerte que decía Puta de guerra. El comandante de la Benemérita, incapaz de consentir que le llamasen puta a su gloriosa Cruzada y delante de sus narices, para más regodeo, intimó al sargento a que hiciese las indagaciones pertinentes y le encontrase al culpable en un par de horas. Y los siete falangistas en asamblea plenaria acordaron designar a Víctor Peris, que estaba de cartero interino y encima no disimulaba sus ideas republicanas: apareció en una cuneta a la anochecida, con un tiro en la sien y una inscripción con tiza sobre el fondo oscuro de su casaca: "Por hijo de ruta".

Ahora me gustaría conocer el paraje dónde yacen los restos del cartero, a quien tanto queríamos los niños; dónde se encuentra el cuerpo de El vizcaíno, quien hubo de tirarse al monte y nunca más se supo, como decía El zorro; y de tantos otros, llevados en tartanas a la carretera de Cospeito." (RAMÓN CHAO: 'Cardume' y el recuerdo. El País, ed. Galicia, Galicia, 24/09/2008, p. 4)

La filosofía religiosa y científica que justificó el robo de niños franquista

"El régimen no intentó buscar a los padres de los niños que habían sido evacuados, o directamente se los robó a sus madres en las cárceles, en el intento de "recatolizarlos a la fuerza", explica el historiador Julián Casanova, autor de La Iglesia de Franco. "La Iglesia fue la principal responsable del robo de estos niños, quería purificar a aquellas criaturas, de familias rojas y descarriadas. Por eso estaban mucho más interesadas en las niñas que en los niños. Y a ese intento de purificación obedece también el aceite de ricino que les hacían beber a las mujeres cuando las torturaban", añade.

Para construir aquel sistema cruel que borraba la identidad de los niños, el régimen se empeñó en conseguir que odiaran a sus padres, los rojos. Hizo falta un psiquiatra, el comandante Antonio Vallejo Nájera, y una teoría disparatada sobre la Eugenesia de la hispanidad y la regeneración de la raza.

En un intento de cuajar aquellas teorías con su fe católica, Vallejo Nájera ideó una suerte de "eugenesia positiva" con el fin de "multiplicar a los selectos y dejar que perezcan los débiles", entendiendo como débiles a los rojos, y como recuperables, a sus hijos, a los hijos robados del franquismo." (El País, ed. Galicia, España, 23/11/2008, p. 26/7)

"¡No me la quiten! ¡No quiero dejar a mi hija con estos verdugos!"

""Oí gritos desgarradores: '¡No me la quiten! ¡Me la quiero llevar al otro mundo!'. Otra exclamaba: '¡No quiero dejar a mi hija con estos verdugos. Matadla conmigo!'. (...) Se había entablado una lucha feroz: los guardias que intentaban arrancar a viva fuerza las criaturas del pecho y brazos de sus madres y las pobres madres que defendían sus tesoros a brazo partido. Jamás pensé que hubiese tenido que presenciar escena semejante en un país civilizado". Esto lo escribió el fraile Gumersindo de Estella en sus memorias.

Como capellán de la prisión de Torrero (Zaragoza) presenció en sus múltiples formas, el encarnizamiento de los vencedores con los vencidos, sus mujeres y sus hijos. El robo de niños es quizá la fórmula más atroz y menos conocida de la represión franquista. "Durante más de 60 años no ha sido objeto de la más mínima investigación", denunció esta semana el juez Baltasar Garzón en el auto en el que se inhibe de la causa abierta contra Franco.

De lo que pasaba después con aquellos niños da cuenta otro capellán con inquietudes bien distintas en una carta que escribió desde la Casa Cuna de Sevilla a los futuros padres de una de aquellas criaturas: "Mis queridos amigos: la madre de la niña se presentó en la Diputación (...) al ver esto y prever que les podían hacer pasar a ustedes un mal rato, decidí no hablar ni tocar el asunto en la Diputación hasta que no estuviera alejada la idea de esta mujer y cuando ustedes fueran ni se acordaran que tal mujer había ido a reclamar nada".

El régimen robó niños a las madres presas, los repatrió sin permiso de sus padres ni de los países a los que la República los había evacuado durante la guerra y desde 1941, permitió por ley que les cambiaran los apellidos, impidiendo para siempre que su familia los encontrara. No se sabe cuántos fueron. Muchos de esos niños habrán muerto ancianos sin saber cuál era su verdadero nombre. Estas son algunas historias de las madres que no olvidaron, los que tuvieron la suerte de reencontrarse y los que siguen buscando.

"Yo siempre pensé que mi madre me había abandonado. Fue lo que me dijeron mis padres adoptivos. Y cuando en mi primera comunión se presentó un chico diciendo que era mi hermano y que me fuera con él porque mi madre me estaba esperando, yo le grité '¡es mentira!'. Pero era verdad".

-Déjanos a la niña, que nosotros te la cuidaremos-, le dijeron a su madre.

- ¡Antes de eso, yo la ahogo!

"Mi madre me contó que había oído que robaban a los niños en la cárcel, por eso reaccionó así. Pero viendo que tarde o temprano me iban a apartar de ella, decidió darme a otra presa que ya salía en libertad para que cuidara de mí los seis meses que le quedaban a ella de condena. Pero la amiga me vendió o me regaló a mi familia adoptiva. Por no querer perderme, al final casi me pierde para siempre", recuerda Antonia, que a los 54 años descubrió que se llamaba Pasionaria.

"A ella la habían hecho presa para coger a mi padre, que estaba en el monte. Él se entregó y lo fusilaron y a mi madre no la soltaron. Me puso Pasionaria para fastidiar a los que habían matado a mi padre. Pero en cuanto mis padres adoptivos me bautizaron, me lo cambiaron por Antonia". (...)

Aunque nunca supo si seguía vivo o con qué nombre había muerto, Emilia Girón nunca olvidó a su segundo hijo. Quería llamarle Jesús y se lo quitaron en el hospital de Salamanca, adonde la habían desterrado por ser hermana de uno de los guerrilleros más famosos de España, Manuel Girón, El león del Bierzo.

Antes de dar a luz a Jesús, Emilia había sido torturada decenas de veces para que confesara el paradero de su hermano. "Iban a buscarla a casa casi cada día. Una hora después de parirme a mí fueron a por ella y se la llevaron todavía sangrando al puesto de la Guardia Civil para que identificara a un guerrillero que habían matado, para ver si era mi tío. La molieron a palos", explica Antonio Prada Girón, otro de sus hijos, que ha oído muchas veces aquel relato.

"Yo sé que lo parí. Se lo llevaron para bautizarlo, pero no me lo devolvieron. No lo volví a ver más. Supongo que un matrimonio que no tuviera hijos se lo quedó, pero a mí no me pidieron permiso", relató Emilia Girón ante la cámara de Montserrat Armengou, autora del documental Los niños perdidos del franquismo. Ahora es su hijo Antonio quien le sigue buscando. "Mi madre murió el año pasado, a los 96 años, con la pena de no haberle encontrado.

No dejó de pensar en él ni un solo día. Porque mi madre lo parió, y de eso no pudo olvidarse", explica Antonio. "Le tenía siempre en el pensamiento. Nos repitió muchas veces que teníamos otro hermano y que se lo habían robado. Le quería tanto como a nosotros cinco".

Marina no tuvo suerte. Ninguna de aquellas cinco mujeres era la niña que recordaba haber llevado de la mano hasta el carguero inglés en el que fueron evacuados a Burdeos.

Intentando poner a sus seis hijos a salvo, su padre pidió para ellos un pasaporte de guerra. "Le dijeron que no les iba a pasar nada, y mira lo que pasó. Mi madre tenía entonces tres años y medio y mi tía, poco más de un año. Iban a Burdeos pero al final los separaron a todos. María Luisa, la más pequeña, nunca volvió".

Mientras el miedo a Franco le impidió preguntar por ella a la Guardia Civil, Marina acudió con frecuencia a un echador de cartas para saber cómo estaba su hermana. "Le decían que estaba viva y mi madre se quedaba contenta. Siempre estaba pensando en ella, imaginando cómo sería ahora su hermana. A veces decía: 'Siento que no está muerta. A lo mejor es monja...'. Toda la vida tuvo la angustia de haberla perdido", recuerda María José." (El País, ed. Galicia, España, 03/06/2009, p. 26)

Los niños robados del franquismo... y la perpetuación del delito

"Lo que sí ha causado sorpresa es el hecho de que el juez haya dedicado todo un capítulo a "los niños perdidos del franquismo", que no aparecían mencionados en el auto por el que se declaró competente. Dice Garzón que de los documentos que figuran en la causa se desprende que "podría haberse desarrollado un sistema de desaparición de menores hijos de madres republicanas (muertas, presas, ejecutadas, exiliadas o simplemente desaparecidas) a lo largo de varios años, entre 1937 y 1950, realizado bajo la cobertura de una aparente legalidad". A esos niños les habrían cambiado los apellidos para permitir su adopción por familias adictas al régimen.

"Esta situación", dice el auto, "a pesar de lo terrible que puede parecer hoy día y de que a la gran mayoría de los ciudadanos les puede resultar casi inverosímil, lo cierto es que presuntamente ocurrió y tuvo un claro carácter sistemático, preconcebido y desarrollado con verdadera voluntad criminal para que las familias de aquellos niños a las que no se les consideraba idóneas para tenerlos porque no encajaban en el nuevo régimen, no pudieran volver a tener contacto con ellos. De esta forma se propició una desaparición legalizada de menores de edad, con pérdida de su identidad, cuyo número indeterminado dura hasta la fecha".

Se trata de delitos que no están prescritos ni amnistiados y las víctimas (los hijos y sus progenitores) podrían estar vivas, por lo que "sus efectos seguirían perpetuándose sobre éstas, ante la inacción de las instituciones del Estado". Garzón precisa que éstos son los hechos y desde las instituciones, específicamente el Ministerio Fiscal y los jueces competentes, se deben desarrollar todas y cada una de las acciones necesarias para que los mismos se investiguen, se sancione a los culpables y se repare a las víctimas o se ofrezca la posibilidad de que aquellos que están vivos (60 años en adelante) puedan obtener la recuperación de su identidad.

Olvidar esta realidad por más tiempo y poner trabas a la investigación, asegura Garzón, sería tanto como contribuir a la perpetuación de los efectos del delito." (El País, ed. Galicia, España, 19/11/2008, p. 12)

La risa de los culpables

"Los ciudadanos que padecieron dictaduras no suelen sentirse responsables por su pasividad. Pero si cada alemán tuvo que analizar su posición frente a Hitler, los españoles deben revisar su lugar en el franquismo.

Unos días después de la captura del criminal de guerra serbio Radovan Karadzic, en un periódico español apareció la descripción de las reacciones de los vecinos de Belgrado... En su crónica, Tamara transmitió el convencimiento que tienen la mayoría de los habitantes de Belgrado de no tener nada que ver con lo ocurrido en Bosnia en los años noventa. (...)

Tras la entrega de Karadzic a La Haya, los medios serbios siguen divulgando toda clase de anécdotas relacionadas con su disfraz. Las risas de cuantos viven en Belgrado ante esas anécdotas son del mismo orden que la apatía que describió Tamara: desvían la atención general para ocultar la responsabilidad colectiva.

Las risas y la indiferencia, con las que los serbios disfrazan su responsabilidad, no es una especialidad de aquella parte de los Balcanes, según explicaba Tamara, con un sentido autocrítico digno de remarcar. Es una autodefensa colectiva que suele producirse en cualquier parte tras un cataclismo o un periodo de tiempos oscuros. (...)

La popularidad del ex presidente de la República Checa Václav Havel cayó en picado tras su discurso sobre la culpa colectiva del pueblo checo. En uno de sus últimos discursos como presidente, Havel sentenció que cualquiera que se habituó a las exigencias del totalitarismo y en vez de protestar y enfrentarse a ellas se dejó llevar por ese régimen era culpable ante la sociedad. Y hablando de responsabilidades, también Europa y los europeos tendríamos que asumir la nuestra en conflictos como el de los Balcanes. (...)

"Los alemanes viven de la mentira y de la estupidez. ¡Y cómo hiede esta última!", exclamó, a su regreso a Alemania tras 13 años de ausencia, la filósofa alemana de origen judío Hannah Arendt, exiliada, después de la llegada de Hitler al poder, primero en París y luego en Nueva York. Arendt le contaba a su marido en una carta que los alemanes recurrían a cualquier truco, ya fuera la autocompasión o la actividad frenética, para evadirse de su culpa por la destrucción de media Europa y por la sistemática eliminación de los judíos. Así, poco después de la guerra, Arendt observó que muchos intelectuales alemanes en vez de buscar en los nazis, o sea en su propia nación, los motivos de la destrucción, recurrían a la abstracción o a la mitología: el mito sobre Adán y Eva y su expulsión del paraíso era especialmente popular para disfrazar su culpa. También Karl Jaspers, al interrogarse sobre la culpabilidad alemana tras la guerra, concluyó que nadie era inocente, ya que cada individuo es responsable de la forma en que su Estado es gobernado y un Estado criminal pesa moralmente sobre el pueblo. (...)

Hoy somos muchos los ciudadanos europeos que, de una forma u otra, con mayor o menor intensidad, hemos vivido bajo regímenes totalitarios, entre ellos españoles, portugueses, griegos y todos los originarios de los países del antiguo Pacto de Varsovia.

En el caso de España, la posiblemente necesaria amnistía de 1977, que liberó a los opositores al régimen franquista, llevó también a que nadie fuera juzgado por sus actos durante la dictadura del general Franco. Por ello, quedan aún muchos hechos por sacar a la luz. Hasta un cierto punto es comprensible: las heridas de una guerra civil son hondas y cicatrizan muy lentamente. Es cierto que ninguno de los mencionados países que ha sufrido una dictadura había pasado, como los españoles, por la dantesca experiencia de una guerra civil. Pero un día hay que conocer el propio pasado, reflexionar sobre él y, tras debatirlo, aproximarse a los hechos acaecidos en uno y otro bando. Al igual que los alemanes, que pasaron décadas llevando a cabo un examen de conciencia, también cada español debería reflexionar sobre su actuación durante el régimen franquista. Sólo así se puede llegar a una sociedad madura. (...)

Para ocultar su culpa y su vergüenza, los pueblos suelen ponerse distintas máscaras. La oferta es rica y variada. Una de las más eficaces es la máscara de la anécdota y la risa, a la que recurrieron los serbios. Otra es la careta de la confusión: enredando los hechos, las colectividades crean confusión e inventan distintos frentes de batalla, antes inexistentes, para ocultar así lo cometido. Aún otra es la de tergiversar los hechos incuestionables de una dictadura o una guerra y (como según Arendt hicieron los alemanes) transformar esos hechos tangibles en meras opiniones, algo muy parecido a lo que algunos intentar hacer en España. Otra (la de los checos) es la de lanzar venenosos ataques contra cualquiera (Havel) que se atreve a señalar esos hechos. Sumirse en la autocompasión y el victimismo es una máscara muy útil, además de cómoda, al igual que la de buscar la completa evasión en la vida privada, en ese descanso en las relaciones interpersonales, en el encierro en lo individual y en la indiferencia hacia los hechos del mundo. (...)

Las sociedades y sus ciudadanos debemos asumir colectiva e individualmente la responsabilidad de lo que hagan o hicieron nuestros Gobiernos. Es éste uno de los actos mayores de la dignidad humana." (MONIKA ZGUSTOVA: La risa de los culpables. El País, ed. Galicia, Opinión, 21/11/2008, p. 29 )

Para impedir una nueva Srebrenica, no le quedó más remedio que dimitir... para llamar la atención sobre la catástrofe... que se produjo más tarde

"No tenía otra opción que dimitir. Era mi deber". El general Villegas renunció al mando de 17.000 'cascos azules' para no lanzar una ofensiva que llevaba a un "potencial desastre".

Díaz de Villegas (Santoña, 1948) no es un militar pusilánime o impresionable. Ni siquiera por los horrores del Congo, sumido desde hace décadas en una cadena de guerras y rapiña que han costado la vida en la zona de los Grandes Lagos a cinco millones de personas desde 1994. "Soy consciente de los riesgos que entraña cualquier misión, para militares y para civiles. Y sé que estos riesgos son inherentes a cualquier conflicto. Mi dimisión no se debió a ellos", escribe el general en su informe, al que ha tenido acceso EL PAÍS.

Forjado en la Legión y en unidades de Operaciones Especiales, fue jefe del primer contingente en Kosovo, en 1999; de la Brigada Ligera Aerotransportable cuando un helicóptero con 12 de sus subordinados se estrelló en Afganistán en 2005; y de la Comandancia de Melilla, uno de los puestos más sensibles del Ejército.

Tampoco tiene fama de acomodaticio. En 2002, el ministro de Defensa, Federico Trillo, lo puso en la lista negra porque exigió que la orden para que sus soldados limpiasen el chapapote del Prestige se cursara por la cadena de mando reglamentaria.

Villegas aterrizó el 29 de septiembre en Kinshasa en un avión de la Fuerza Aérea española, con un reducidísimo equipo de apoyo que integraban un teniente coronel, un brigada y dos cabos.

Su primera sorpresa fue enterarse de que sólo 10 días antes, sin que nadie se lo hubiese advertido, la MONUC y el Gobierno de Kinshasa habían firmado el llamado Plan de Separación, que fijaba una zona desmilitarizada entre las tropas gubernamentales del presidente Kabila y las milicias de N'Kunda. Los cascos azules se comprometían a imponer su aplicación a la guerrilla, con la que Kabila se negaba a negociar.

"Dicho plan equivalía, en mi opinión, a un caso claro de misión a la deriva o fuera de control [mission creep en el orginal en inglés]", escribe el general. "Se trataba de aplicar presión militar sobre grupos armados a través de acciones ofensivas para las cuales las tropas de MONUC no tenían mandato ni capacidad. De hecho, dicho plan estaba totalmente divorciado de la realidad".

Villegas sabía de qué hablaba. Lo primero que hizo tras asumir el mando fue visitar los destacamentos de la MONUC en el este del país (...)

"Mi primera impresión de estas visitas", relata Villegas en su informe, "confirmó la calidad de los soldados bajo mi mando, pero también la limitada capacidad operacional de la fuerza. Tras un minucioso análisis con mi jefe de Estado Mayor (el muy fiable general francés Eric Arnaud) concluí que le faltaba flexibilidad y movilidad. Las unidades sólo tenían capacidad para reaccionar y proteger a la población en las principales ciudades y rutas. En el resto del país, debían limitarse a la autoprotección".

En concreto: "No existía ninguna evaluación de riesgos o amenazas. Los planes de seguridad necesitaban ser revisados. No había un plan de recogida de información [y] no se disponía de reservas". Es decir: si una unidad aislada de la MONUC o un grupo de civiles estuviese en peligro, no sería posible enviar refuerzos en su auxilio. Respecto al equipamiento de los cascos azules, faltaban aparatos de visión nocturna, armas pesadas, helicópteros, material médico e incluso munición suficiente para la comprometida ofensiva, según el informe.

En estas condiciones, y puesto que N'Kunda no parecía dispuesto a desarmarse, la única posibilidad de que el plan tuviese éxito es que la milicia fuese rápidamente derrotada por el ataque combinado de la MONUC y el Ejército congoleño. De no ser así, advertía el general, "su reacción podría ser potencialmente catastrófica".

Y lo explicaba: "Si fueran capaces de resistir un primer ataque o de lanzar una contraofensiva, las tropas de la ONU se convertirían en objetivo. Los principales cuarteles [de los cascos azules] podrían resistir, pero los menos protegidos correrían un gran riesgo". Peor aún: "Se producirían grandes desplazamientos de población civil y los actos de violencia por parte de las fuerzas derrotadas en fuga, cualesquiera que fuesen, junto a las represalias de los vencedores, crearían el escenario para posibles masacres".

Villegas no creía en una rápida derrota de N'Kunda. Al contrario, los hechos demostraban que "era lo bastante fuerte como para resistir el ataque del Ejército congoleño, cuya debilidad resultaba evidente". Además, cabía esperar la actuación de otras milicias en el resto del país, como [el ugandés] Ejército de Liberación del Señor (LRA), "lo que podría conducir a un potencial desastre". (...)

"También tuve en cuenta el esperado refuerzo de las capacidades de MONUC [el Consejo de Seguridad de la ONU pidió 3.000 cascos azules de refuerzo el 20 de noviembre de 2008], pero no era cuestión de cantidad, de número de tropas, como a veces se ha interpretado. Algunos contingentes debían revisar sus capacidades, adaptarse a una misión más robusta. Hasta que se recibieran estas nuevas capacidades y yo pudiera redesplegar y reconfigurar la fuerza, el plan debía ser retrasado, [pero] el enviado del secretario general [Doss] decidió en dirección opuesta. No había ninguna otra opción". (...)

"Estas irregularidades me reforzaron en el convencimiento de que mis posibilidades de revertir la situación eran muy reducidas. Acababa de llegar, estaba apenas aterrizando y recabando información cuando la misión se cambiaba [de forma precipitada] para asumir un cariz peligrosamente ofensivo, sin contar con mi opinión pero bajo mi responsabilidad. Cuando autoridad y responsabilidad están disociadas es mejor dimitir", alega.

"La decisión de dimitir no es fácil" prosigue el informe en tono amargo. "La sopesé en todos sus aspectos, desde todos los puntos de vista. Revisé la estructura de mando, para ver si era posible reforzar la autoridad del Comandante de la Fuerza, pero escapaba a mis posibilidades".

"Como militar profesional que ha mandado tropas en operaciones de combate y mantenimiento de la paz y conocedor de los tristes precedentes de UNPROFOR [la misión de la ONU en Bosnia, que no evitó la matanza de 8.000 varones en Srebrenica] y ONUSOM II [la malograda intervención de EE UU en Somalia], sentí que era mi deber dimitir del mando para llamar la atención y no asumir la responsabilidad de las potenciales consecuencias [de aplicar el Plan de Separación]."

Cuando conoció la dimisión de Villegas, Doss declaró con desdén: "Es su responsabilidad, su carrera y su futuro". En efecto, la dimisión le costó la carrera. De haber seguido al mando de la MONUC, habría consolidado el ascenso a teniente general, que recibió con carácter provisional cuando se marchó a Congo. A su vuelta a España, perdió la tercera estrella de general y, como consecuencia de ello, tuvo que pasar a la reserva el pasado 18 de enero.

Su último acto en activo fue entregar en la sede de la ONU un documento que termina con estas palabras: "Sabía que mi decisión no iba a gustarle a nadie. Y pagué un alto precio personal por ella. Pero era mi deber como oficial. Debía sinceridad a mis subordinados y lealtad a mis superiores. No tenía otra elección". (El País, Domingo, Internacional, 08/02/2009, p. 2/3)

Terror y alto nivel de vida ¿tiene alguna relación?

"Cada vez que voy a Bilbao o a San Sebastián me vuelvo con la misma impresión: he visitado uno de los raros Estados del bienestar seis estrellas que hay en el mundo. Y, sin embargo, la sociedad vasca no ha sido capaz de acabar con este cáncer social y moral que conforman el terrorismo y sus voceros. A veces me pregunto si este bienestar material tiene algo que ver con la pervivencia del terror." (Josep Ramoneda: País Vasco: el juego se abre. El País, domingo, 23/11/2008, p. 12)

Wolfgang Lötzsch, blanco de los espías de la Stasi, desafió al régimen y lo derrotó en la carretera

"No soy una persona que quiera revancha, sólo quiero que mi historia no se olvide".

La historia de Wolfgang Lötzsch es la del ciclista de la República Democrática Alemana (RDA) con más talento de los años setenta, quien, durante 17 años de carrera contra el viento helador de la Stasi, la policía secreta de la RDA, no recolectó ni honores ni medallas olímpicas, sino informes de su vida cotidiana, transcripciones de escuchas, de seguimientos, de delaciones, que suman 2.000 folios. Lötzsch los ha leído todos. Sabe quién le espió, conoce con nombres y apellidos quién le traicionó. (...)

A finales de 1971, Lötzsch es la gran esperanza del ciclismo alemán del Este (...)

Para cerrar su pase al equipo nacional, los directivos de su club local, el Karl Marx Sport Club, le convocan en otoño. Le acompaña su padre a la reunión. Él tiene 18 años; su padre, 71. El padre es un hombre que ha sobrevivido a dos guerras mundiales, sus ojos han visto desfilar delante de ellos la turbulenta historia de la Alemania del siglo XX, su alma ha crecido inconformista, escéptica e ingenua. Por eso, cuando los jefes del club le sugieren a su hijo la conveniencia de afiliarse al Partido de Unidad Socialista de Alemania, salta disparado como un muelle. Habla. Dice que su hijo sólo quiere hacer deporte, que le dejen tranquilo, y que además en la RDA no hay libertad de opinión ni de prensa. Los funcionarios respondieron al ataque de la forma más brutal, chantajeando a Wolfgang. ¿A quién quieres más, a tu padre o al socialismo? Y el hijo, con la mezcla de valentía, ingenuidad y cabezonería que le distinguiría siempre, respondió: "Estoy de acuerdo con mi padre. No me gustan algunas cosas de este país". (...)

Unos días después, en vísperas de un campo de entrenamiento en Bélgica, Lötzsch es expulsado del club por su "completa inestabilidad política". "Fue como si el mundo se hundiera bajo mis pies", recuerda Lötzsch (...9

El ciclismo es su vida. No puede abandonar. Lötzsch encuentra un hueco en una liguilla de empresas. Su única oportunidad. Corre sin ningún apoyo, con su vieja bicicleta, una pesada Diamant, la marca mítica del Este, fabricada en su propia ciudad. (...)

Mientras el sistema estatal de entrenamientos perfecciona el trabajo sobre los grandes talentos, a los que envía al extranjero, él se entrena solo en las colinas que rodean su ciudad. La furia es el motor que no le deja descansar. Gana todas las carreras de la liga de empresas. Se gana también el derecho a competir en los campeonatos nacionales y en la carrera de un día más importante, la Vuelta a Berlín, disputada sobre el pavés, el Tour de Flandes del Este. Contra todo pronóstico, y por sólo 31 centésimas, se impone en el campeonato nacional de persecución. La afición estalla. Reclama su participación en los Mundiales. "¡Lötzsch a Canadá! ¡Lötzsch a Canadá!", gritan. El régimen, ridiculizado, cambia inmediatamente las reglas. (...)

Lötzsch no irá al Mundial, pero cuantos más obstáculos pone el Estado en su camino, con más fuerza se entrena, con más determinación trabaja. (...)

l régimen se inventa reglas absurdas. Le obligan a salir cinco minutos después del pelotón, pero él alcanza al grupo y sigue ganando. Y lo más increíble: se gana a la afición. Se convierte en un héroe, jaleado, animado con pancartas, con cánticos, con gritos. "Pero el sistema siguió respondiendo de una manera brutal, cobarde", recuerda Lötzsch mientras lleva una mano a la cabeza pelada y pasa los dedos por una amplia cicatriz en su cráneo. En una carrera, en 1975, Lötzsch sufre una caída. Inconsciente, se queda clavado en el asfalto, la cabeza rota, sangrando. Nadie se detiene a ayudarle. El pelotón pasa de largo. Los coches le esquivan. Finalmente, en el último coche, el médico de otro equipo se detiene. Le transporta al hospital, donde permanece en coma varias semanas con el cráneo fracturado. (...)

Cuando despierta, vuelve a entrenarse. Cuando está dispuesto para volver a correr, recibe un golpe más duro: la federación le suspende, no puede participar en ninguna carrera. El asunto Lötzsch ya ha alcanzado por entonces a los más altos niveles del aparato deportivo de la RDA. La Stasi ya ha empezado a trabajar. Hay momentos en que le espían no menos de 50 colaboradores no oficiales, los oídos de la dictadura del proletariado. (...)

Una noche, la Policía Nacional (Volkspolizei) le detiene y le provoca. Él estalla. "Los ciudadanos de la RDA no tenemos derechos". Detenido y condenado por "repetido libelo de Estado", Lötzsch pasa 10 meses en una celda de la Stasi, ocho metros cuadrados, un cubículo sin ventanas. 400 flexiones diarias, 3.000 abdominales le mantienen en forma. Si se hubiera abandonado, si hubiera perdido la forma. Si hubiera renunciado a ser ciclista, habría logrado ser deportado. Pero en las condiciones en las que abandona la reclusión, fuerte como al entrar, la Stasi no se puede permitir que salga de la RDA. (...)

Su gran día le llega finalmente en 1983, a los 30 años. El sol quema. 128 corredores toman parte en la 77ª edición de la Vuelta a Berlín. Los mejores del país, el orgullo del régimen, los ciclistas modelo, Olaf Ludwig, Uwe Ampler, corredores soviéticos, polacos. Y Wolfgang Lötzsch. Solo. Sin equipo. Su única oportunidad es la fuga. Se escapa en el kilómetro 50. Una locura. Quedan 150 por delante. Contra todo pronóstico, como siempre, Lötzsch gana. Llega solo a la meta, aclamado por cientos de personas que han bajado a la carretera al oír de su fuga por la radio, con 8m 30s sobre el pelotón. La Stasi se rinde definitivamente. "Lötzsch nos ha obligado a respetarle", admite el oficial que con más saña le persiguió.

Wolfgang Lötzsch quería que se conociera su historia, y Sascha Hilpert la ha convertido en una película documental, Sportsfreund Lötzsch (Amigo deportista Lötzsch), que tuvo una gran resonancia el verano pasado en Alemania." (El País, Domingo, 23/11/2008, p. 8/9)

3/06/09

El "price tag"... que se hace pagar a los palestinos... con palos, con la miseria...

"Colonos judíos atacan a palestinos por el derribo de un asentamiento. Los vándalos hieren a seis personas y queman cultivo.

Los colonos judíos de Cisjordania lo bautizaron como el price tag: el precio que se pagará por el desmantelamiento de cualquier asentamiento, por insignificante que sea. Un coste que en todo caso pagan los vecinos de los pueblos palestinos y que no deja de ser un aviso para el navegante. (...)

Tres caravanas que formaban una minúscula colonia judía cerca de la ciudad palestina de Nablús y del asentamiento de Elon Moreh, uno de los primeros fundados en Cisjordania, fueron retiradas y la reacción de los colonos de varios asentamientos de la zona fue fulgurante: apedrearon vehículos con matrícula palestina, cortaron carreteras y quemaron campos de cultivo palestinos, que los bomberos israelíes rechazaron apagar, según oficiales del propio ejército. (...)

Seis personas resultaron heridas, una de ellas con fractura de cráneo, pero no hubo detenciones. (...)

Si una evacuación tan poco relevante como la de ayer ha provocado semejantes disturbios, cabe pensar que el desmantelamiento de grandes colonias sería una empresa descomunal. Entre otros motivos porque el jefe del Estado Mayor, Gabi Ashkenazi, pidió el pasado miércoles al Gobierno que las evacuaciones las ejecute la policía, y no las unidades del ejército, en las que la influencia de los colonos crece a pasos agigantados." (El País, ed. Galicia, Internacional, 01/06/2009, p. 8)

"Gritó 'soy médico', y le dispararon"



"Los cuerpos de varios estudiantes muertos yacen entre restos de bicicletas tras la represión del ejército chino en la plaza de Tiananmen"


"Shao Jiang llevaba cuatro años como estudiante en la Universidad de Pekín (Beida), la más renombrada de China, cuando estallaron las manifestaciones. Se convirtió en uno de sus líderes, hizo huelga de hambre y fue uno de los últimos en salir de la plaza en la madrugada del 4 de junio. (...)

Así cuenta a EL PAÍS lo que pasó aquellos días.

"En 1989 estaba en mi cuarto año como estudiante en Beida, y como muchos otros estudiantes y gente común en la ciudad y otras partes de China pensaba que nuestro país estaba preparado para un cambio. La muerte de Hu Yaobang el 15 de abril desencadenó las protestas en Pekín. Dos días más tarde, alrededor de 200 universitarios hicieron una sentada delante de la Asamblea Nacional. Yo hice el borrador del documento llamado Demandas en siete puntos y lo cotejé con otros estudiantes antes de entregarlo al Congreso".

"Pedíamos democracia, libertad y lucha contra la corrupción. Más y más gente se unió al movimiento prodemocrático. Rápidamente se extendió por el país. Decenas de millones de personas se echaron a la calle".

"Para cuando llegó la noche del 3 de junio había docenas de tiendas de campaña en la plaza de Tiananmen, y algunos manifestantes estaban en huelga de hambre. Entonces no lo sabíamos, pero los acontecimientos que se iban a producir en las horas siguientes cambiarían China para siempre".

"Desconocíamos que los líderes del partido habían dado órdenes estrictas al Ejército: limpiar la plaza de manifestantes antes del amanecer. Para hacerlo, las tropas primero tuvieron que abrirse paso en las calles cercanas, aplastando las barricadas que bloqueaban su paso y matando a quienes se resistían o se ponían en su camino".

"Una de las rutas llevó a los soldados a lo largo de la avenida de Changan. Cuando nos llegaron a la plaza de Tiananmen noticias de los terribles sucesos que se estaban produciendo, algunos amigos y yo fuimos a intentar ayudar. Corrimos a lo largo de la avenida. Cuando llegamos al hotel Yanjing eran alrededor de las once de la noche. Allí vi los tanques y camiones repletos de soldados disparando contra los civiles que estaban delante de ellos y los peatones en ambos lados de la calle. También había soldados a pie tras los tanques y los camiones. Encontramos a varias personas en el suelo, e hicimos lo que pudimos para ponerlas en lugar seguro. Pero para algunos manifestantes era demasiado tarde. Espero no volver a ver nunca tantos cadáveres como aquella noche".

"Cuando vi que los tanques y los camiones se dirigían hacia el este, corrí de vuelta hacia Tiananmen. Los tanques habían sido detenidos temporalmente por las barricadas. Cuando estaban intentando empujarlas, un hombre con una bata blanca caminó lentamente hacia un herido en la calle mientras gritaba a los soldados: 'No disparéis, soy médico'. Le dispararon de inmediato. En la calle de Nanchizi, había gente gritando: 'Fascistas, asesinos'. Les dispararon".

"Luego se supo que las muertes en la zona oeste de Changan fueron las más numerosas aquella noche, aunque hay pocas imágenes grabadas. Yan Wen, uno de mis compañeros de clase en la Universidad, cayó muerto de un disparo mientras estaba fotografiando los disparos".

"Volví a la plaza en las primeras horas del 4 de junio. Alrededor de 2.500 personas estábamos reunidas alrededor del Monumento a los Héroes del Pueblo, situado en el centro de la inmensa plaza. Nos superaban decenas de miles de soldados con tanques en tres lados. Hicimos una votación oral para decidir si debíamos permanecer o irnos, y acordamos evacuar la plaza pacíficamente. En ese momento, las luces se apagaron de repente. Los soldados se lanzaron hacia las escaleras del monumento, empujándonos con sus armas y golpeando con barras de hierro. En medio del pánico, muchos manifestantes fueron pisoteados y resultaron heridos. Aún hoy, no sé qué fue de ellos. Los tanques se dirigieron hacia nosotros, aplastando todo a su paso".

"Yo quise ver si había alguien dentro de las tiendas, pero, cuando lo intenté, un soldado me apuntó con su arma. Me apresuré a salir de la plaza. En la camiseta llevaba sangre de los muertos y los heridos que había ayudado a mover en Changan. A diferencia de muchos otros, aquella noche escapé sin daño. Durante las siguientes semanas, con las fuerzas de seguridad a la caza de los manifestantes prodemocráticos, huí a través de media China y me refugié en varias casas en el sur del país. Mi plan era escapar a Macao". (El País, ed. Galicia, 03/06/2009)

2/06/09

Un cura impulsa la apertura de la mayor fosa común del franquismo

"Todo partió de un escrito anónimo enviado hace unos meses a la Comisión por la Recuperación da Memoria Histórica de A Coruña. Citando a "una de las pocas personas" aún vivas que "fue testigo de los hechos", el informante situaba en el pequeño cementerio de Vilarraso en Aranga (A Coruña) y encajonada entre una pared de la iglesia y una hilera de nichos, una de las mayores fosas de víctimas de la represión franquista en Galicia. En ese pequeño cuadrado de tierra y hierba, hoy sembrado de margaritas salvajes, reposarían, sin nombre ni recuerdo alguno, los cadáveres de más de una treintena de paseados, asesinados de un tiro por los represores franquistas.

Nadie sabía donde estaba esa fosa. Es la más grande, pero hay más en Aranga y sus alrededores, allí donde acaba la Terra Chá lucense y nace la escarpada Costa da Sal. Unas tierras regadas por el río Mandeo -cuyas aguas se tiñeron de rojo hace siete décadas por la sangre de tanto cadáver- y atravesadas por la Nacional VI en cuyas cunetas aparecían, según cuentan, "muertos un día sí y otro también". Un lugar de paso donde aparecían paseados de A Coruña y Lugo. "Hablar siempre se habló, quedan testigos pero hay aún mucho miedo y dolor, puede más la larga noche de piedra", se lamenta Alfonso Blanco. Es el sacerdote de la parroquia de Santa Mariña, del otro lado del río, en tierras ya lucenses de Guitiriz.

El párroco lleva tiempo tratando de desenmarañar y poner al descubierto "esta losa" de silencio y olvido "que oprime las aldeas". "Es un acto de justicia", afirma Alfonso Blanco, "recopilamos datos e historias con toda la precaución y respeto por el dolor de las familias que no quieren remover el pasado, pero tampoco podemos mirar para otro lado, esos muertos son patrimonio de todos, murieron por unos ideales y por soñar con una sociedad que hoy nosotros disfrutamos".

El cura trabaja en esa campaña de "sensibilización" y en busca del reconocimiento de las víctimas aún anónimas del franquismo junto al joven Santiago Fernández. Éste es vecino de San Vicente de Fervenzas, otra parroquia de Aranga donde también fueron enterrados anónimamente algunos de las decenas de cadáveres que en los primeros meses tras el golpe militar de 1936 que dio lugar a la sangrienta Guerra Civil aparecían tirados con "herida perforante de cráneo causada por disparo de arma de fuego", según la fórmula empleada en las actas de las causas criminales abiertas en la Audiencia Provincial y que se guardan en el Archivo del Reino de Galicia. Santiago tiene en su página web (www.fervenzas.es) el listado de esas víctimas sin nombre con la esperanza de que algún familiar encuentre a un "desaparecido" en aquellos terribles años. Las fosas sólo podrían abrirse para identificar a los enterrados si lo solicita un familiar.

"Si las leyes aún no ayudan, que sea la memoria la que haga justicia", afirma Blanco. El sacerdote y el joven de Fervenzas preparan una campaña de "sensibilización" y de homenaje a todas esas víctimas. Habrá recitales de poesía y se proyectarán películas sobre la represión en Galicia. Tienen también en proyecto la colocación, al pie del Mandeo, de un "símbolo" en memoria de esos asesinados sin juicio ni explicación y a los que no se podrá poner nunca nombre. Ese símbolo "pero no un monumento" se vería "desde lejos" y representaría una paloma de hierro, incrustada en la caballera de una mujer." (El País, ed. Galicia, Galicia, 01/06/2009, p. 1 y 4)

1/06/09

Un hombre muere a golpes y pedradas tras intentar un robo

"Un hombre de 37 años murió el miércoles por la noche en Málaga golpeado y apedreado por un grupo de personas que le persiguió durante unos 800 metros por haber intentado robar en unos juegos recreativos. La víctima mortal, Manuel Berlanga Ríos, de nacionalidad española, terminó con el rostro desfigurado. Además, tenía numerosos golpes y hematomas por todo el cuerpo, fruto de las numerosas patadas y pedradas que recibió.

Aunque al menos cinco personas participaron en el hostigamiento, el Cuerpo Nacional de Policía detuvo ayer a dos hombres, a los que consideran autores de los golpes que acabaron con su vida. El atraco frustrado ocurrió sobre las once de la noche en el distrito Carretera de Cádiz, el más poblado de la capital malagueña.

El fallecido irrumpió con un arma blanca en el salón de juegos La Esquina, situado en la calle de la Hoz, pero no consiguió hacerse con botín alguno. Abandonó el local a toda velocidad y al menos tres de las personas que presenciaron los hechos comenzaron a perseguirle por las calles aledañas al grito de "al ladrón".

A la carrera se unieron otros dos hombres, a los que "el asunto se le fue de las manos", señalaron fuentes de la investigación. Le acorralaron a unos 800 metros, en la calle Pacífico. "Al verse sin escapatoria, cogió lo que tenía más a mano, unos adoquines de la calzada, y los arrojó posiblemente para que se frenaran", añadió otra fuente policial.

La respuesta le llegó doblada. Enseguida le llovieron pedradas y golpes de los que no pudo recuperarse. Varios testigos avisaron a la policía de que había un hombre tirado en el pavimento, desangrándose. Los agentes avisaron a los servicios de emergencia, que lo encontraron muerto. A muy pocos metros, los investigadores hallaron una mochila con un martillo, que el ladrón pudo tirar durante la persecución." (El País, ed. Galicia, españa, 29/05/2009, p. 20)

26/05/09

Los apestados

"- Argentina. "Que se lo lleven", "Fuera de aquí". Con gritos y piedras un grupo de vecinos de la localidad de Godoy Cruz, cerca de la frontera chilena, intentó impedir que un autocar en el que viajaba un enfermo, posible paciente de nueva gripe, llegara hasta el hospital local. La policía terminó por hacer una violenta carga con pelotas de goma para permitir que los 43 viajeros llegaran al hospital y fueran examinados. Ésta es la primera vez que se producen incidentes violentos en relación con la epidemia de gripe.

El autobús, que procedía de Santiago de Chile e iba a Mendoza, paró en el puesto fronterizo de Horcones, donde se realizaron algunos controles médicos y se detectó a un viajero que sufría fiebre alta y síntomas de gripe. El autobús, lacrado y con escolta policial, fue desviado hasta el hospital Lencinas, en Godoy Cruz.

Los preparativos en el propio hospital ya habían alertado a los vecinos, y un grupo especialmente agresivo cortó la calle Talcahuano, para impedir que el autocar llegara al centro sanitario. La batalla campal terminó con el viajero enfermo y otra pasajera del autobús internados, en observación, y cuatro heridos por botellazos, balas de goma y pedradas.Portavoces de los heridos acusaron a la policía de actuar desproporcionadamente y se quejaron de la falta de información que padecen. Según la prensa local, en el hospital de Lencinas se han atendido otros casos sospechosos de padecer gripe H1N1, todos ellos procedentes de Chile y México. Chile, con 25 casos confirmados, es el país más afectado en la región." (El País, ed. Galicia, Sociedad, 23/05/2009, p. 45)

22/05/09

"Cada mes tenía que probar que no estaba embarazada"

"Nací en una familia obrera. Mi madre trabajaba en una factoría militar de misiles en Nanjing. Cuando yo era adolescente, fue decretada una política por la cual la gente podía pasar el empleo a sus hijos, y mi madre decidió aprovecharla. Mi padre había sido enviado a otra ciudad por derechista".

Era 1980. China acababa de poner en marcha el proceso de reformas económicas, y Zhang soñaba con ir a la Universidad y ser escritora. "En su lugar me vi, con 16 años, convertida en obrera en un lugar repleto de control", cuenta con fuerte acento británico. "En la fábrica había una larga lista de prohibiciones. Los tres primeros años no podías salir con un chico, y no podías pintarte los labios ni llevar tacones. Todos los meses tenías que mostrar sangre a la llamada policía de la regla para probar que no estabas embarazada".

La rutina laboral, las reuniones políticas y la pérdida de la virginidad en el suelo de un rancio taller desfilan por el libro, que Zhang tituló originalmente Una rana en el pozo, en referencia a cómo se sentía en la fábrica. "No era feliz, así que me refugié en los libros y comencé a estudiar inglés. Aprender otra lengua cambió mi vida. Me atreví a ser diferente. Utilizaba unas gafas distintas, tenía novios".


(ZHANG LIJIA: "Cada mes tenía que probar que no estaba embarazada". El País, ed. Galicia, Última, 20/05/2009)

20/05/09

"A mi hermano lo mató la policía de Franco"

""Se ha golpeado la cabeza con una farola", justificaron los agentes en su atestado policial la entrega de Ángel Almazán, de 18 años, ya herido de muerte, a los médicos el 15 de diciembre de 1976, horas después de haberle detenido en una manifestación en Madrid. (...)

Los policías que detuvieron a Ángel aquel día declararon ante un juzgado de guardia de la policía armada, cuyos integrantes, juez y secretario, eran teniente y sargento en esa institución policial. Los propios investigados se investigaron a sí mismos, denuncia el abogado de la familia. Manifestaron entonces que Ángel se había "caído" y que "estaba bebido". Otro se limitó a "recitar monosílabos", según el propio magistrado.

Una de las testigos declaró que había visto a la policía disparar con pelotas de goma "muy de cerca". Que comprobó que "un joven alto, fuerte, moreno" (Ángel) caminaba "dando tumbos e incluso cayéndose y volviéndose a levantar varias veces, al tiempo que se agarraba la cabeza"; que vio cómo un policía, apoyando su fusil contra él "por debajo de la barbilla y apretándole contra el suelo, le daba patadas en distintas partes del cuerpo". Que se acercó otro policía que también le dio patadas y que "tirándole de los pelos y sujetándole, pues no se tenía en pie, le levantaron y se lo llevaron medio a rastras".

"Para cualquiera que recuerde aquella época está claro lo que pasó", concluye Javier Almazán. "Franco había muerto, pero la policía seguía siendo franquista. La Transición tuvo esa trastienda de muerte, que llenaron personas como mi hermano que luchaban por derechos que hoy están fuera de toda duda. Eran unos niños, unos niños valientes...".

Meses antes del fallecimiento de Almazán, también había muerto, abatido a tiros, un joven de 19 años que estaba haciendo una pintada en la pared. Se llamaba Javier Verdejo Lucas y sólo le dio tiempo a escribir "par" (probablemente, Partido del Trabajo de España). El guardia civil que le disparó aseguró que se había caído y se le había disparado el arma. Una farola, una caída... Ésas eran las versiones oficiales, que en 30 años no han sido corregidas por ninguna otra." (El País, ed. Galicia, España, 19/05/2009, p. 19)

18/05/09

Los "100 del terror", los ayudantes de las SS

La crueldad de los guardias ucranios durante el acarreo de judíos hacia las cámaras de gas de Sobibor (Polonia), a patadas y bayonetazos, será nuevamente recordada por el único sobreviviente de aquel campo de exterminio: Thomas Blatt, de 82 años, testigo de cargo contra el ucranio John Demjanjuk, de 89, extraditado de Estados Unidos a Alemania para responder por la muerte de 29.000 judíos entre 1942 y 1943. "¡Agua!", avisaba un operador nazi cuando el gas fluía hacia las cámaras donde hombres, mujeres y niños eran envenenados en tandas de 1.300. El procesado sería, según la fiscalía alemana, el sádico carcelero del campo donde fueron gaseados 250.000 prisioneros.

El testigo Blatt asegura que nada conmovía a aquel guardián, ni siquiera las involuntarias deposiciones de las mujeres agolpadas en los pasillos de acceso a las cámaras cuando escuchaban los gritos de sus padres, maridos o hijos mientras perdían la vida a metros de distancia. Ellas serían las siguientes. (...)

"Sin la ayuda de los cien ucranios de Sobibor, los 30 alemanes de las SS [la policía política del régimen nazi] no hubieran podido asesinar a 250.000 judíos. Eran aterradores", declaró Blatt, quien tenía 15 años cuando se produjeron las matanzas en el campo de Sobibor. Los cien del terror fueron soldados del Ejército Rojo hasta su captura en Crimea por los alemanes durante la invasión de Rusia, en 1941, y los cien ofrecieron su activo antisemitismo a los nazis. El reo de crímenes contra la humanidad no fue una víctima de los alemanes, un prisionero de guerra más, como argumenta su defensa, sino un verdugo de 23 años al servicio de las temidas SS: un peón de la poderosa maquinaria militar y de seguridad del Tercer Reich. (...)

"No eran guardianes. Eran asesinos que se convirtieron en guardianes para vivir mejor", indicó.

¿Y cómo vivían mejor? ¿Cómo pagaban a las prostitutas? El salvajismo de los látigos, porras y bayonetas de los esbirros ucranios complacía a sus mandos nazis, que les permitieron lucrarse con la desgracia de los judíos, a quienes exigían joyas y dinero a cambio de piedad; si nada tenían, robaban las pertenencias de los muertos, apiladas en almacenes. Algunos acudían a los hornos crematorios a sabiendas de que entre las cenizas humanas habrían de encontrar los anillos o monedas de oro tragadas por las víctimas para salvarlas. (...)

Había unos 5.000 ucranios como John Demjanjuk adscritos a los batallones de las SS. Todos ellos recibieron entrenamiento y sus nombres aparecen en los archivos de la desaparecida URSS, que ejecutó a 15.

El cometido de esas criminales escuadras fue expulsar a los judíos de los guetos y empujarles hacia los trenes, rumbo a las cámaras de gas. Quinientos, entre ellos Demjanjuk, recibieron licencia para matar, según los datos de la fiscalía. Un número tatuado en el sobaco izquierdo, que el procesado habría borrado, les identificaba como servidores de las SS. (...)

Las bestialidades de aquellos guardianes ucranios fueron detalladas por el ex oficial nazi Franz Suchomel durante su entrevista, hace 25 años, con el documentalista francés Claude Lazman. En esta ocasión, el ex oficial nazi hablaba de Treblinka: "Después de separarlos por sexo y ordenarles que se desnudaran tras bajar de los trenes, la técnica consistió en acelerar el proceso golpeando a todos para que nadie se resistiera y corrieran en la dirección de las cámaras de gas", donde morirían. "Haciéndoles correr aumentaban los latidos del corazón y el proceso [la muerte] era más rápido". Los pasajeros de algunos convoyes nada sabían sobre su destino y algunas adolescentes judías, cuando acudían al barbero para el pelado de la muerte, pedían, por favor, un corte de pelo no demasiado corto."  
(El País, ed. Galicia, 17/05/2009, p. 6)

16/05/09

"siete años de genocidio sistemático", el franquismo...

"P. En La higuera,

denuncia los crímenes franquistas y la represión de la posguerra. En ésta nos volvemos a situar en la misma época.

R. Sí, en el año 1945.

P. Represión y regreso a la memoria histórica.

R. Son acontecimientos puntuales de lo que ocurría en aquella época. No es una novela tan extensamente dedicada a la represión, pero uno de los protagonistas es un falangista que funciona, se mueve, que sabemos lo que hace. En lo sucesivo siempre que escriba sobre esa época franquista, procuraré aportar puntuales anotaciones, o recordatorios. Nunca lo soslayaré. Así, también aparece el miedo en la nueva novela que estoy escribiendo. Ese miedo que existía en las casas, y que transmitían sobre todo las abuelas y madres. "Habla callando que te pueden oír", advertían señalando a los vecinos delatores que se habían quedado con tierras, o simplemente denunciaban para parecer del régimen.

P. Ése es el miedo de entonces, pero tampoco ha desaparecido en nuestra sociedad, aunque tenga otras causas.

R. Por supuesto que no ha desaparecido, y ahí está la tristeza del caso vasco. (...)

Tengo la obsesión por haber vivido esa época, y por el desconocimiento que se tiene hoy de todo aquello. Un auténtico genocidio que la gente joven desconoce. Y he puesto un empeño personal para recordarlo, y siempre que pueda meteré caña. En la guerra un bando cometió muchas más barbaridades que el otro. Estas además "legalizadas". Pero dejemos la guerra y vayamos a la posguerra. Siguieron siete años de genocidio sistemático. Eso lo tengo que contar en algún lado. Doscientos mil muertos, y todos con la sentencia firmada por Franco a la hora del café. Eso no se sabe hoy, y por ello cuando vea al juez Garzón le daré un abrazo. ¡Joder! Es que este hombre está empeñado en sacar a la luz aquel genocidio, y no puede. Pero saldrá y se sabrá, porque hay que denunciarlo, recordarlo y hacer justicia con las víctimas." (Ramiro Pinilla: "Escribir una historia policiaca no ha sido un descanso del novelista". El País, Babelia, 31/01/2009, p. 14 )

15/05/09

Psiquiatría del horror. El doctor Sehwail ayuda desde hace veinte años a palestinos víctimas de la ocupación o la tortura

"Los ojos vendados. Una oscura celda que parece una tumba. La palestina Sawson Dawod permaneció dos años encerrada en una cárcel israelí cuando tenía 14. Sus recuerdos están hechos de golpes, grilletes y botas de soldados.

Su historia no es única. El doctor Mahmud Sehwail, fundador y director del Centro de Tratamiento y Rehabilitación para Víctimas de la Tortura (TRC) de Ramallah, se enfrenta cada año a miles de casos como el de Sawson. "Más del 40% de los hombres palestinos ha sido detenido al menos una vez, y el 70% de los niños presencia violencia o la padece. El daño psicológico sufrido por la población palestina es muy grande. Es una población traumatizada en masa", explica Sehwail, que mantiene en pie el centro desde 1997 a pesar de las dificultades económicas a las que se enfrenta.

Sawson, la chica palestina, continúa con su relato: "Me insultaron y golpearon. Tras una huelga de hambre, un enfermero que tenía que atenderme también me golpeó. Me interrogaron esposada, con grilletes en los pies y los ojos vendados. Había varios interrogadores, y el interrogatorio se alargó durante horas. Permanecí 20 días incomunicada, sin abogado, sin derecho a llamadas y sin atención médica, en una húmeda y oscura celda. Nadie podía oír mis gritos". Todavía no sabe cuáles eran los cargos que había contra ella. Lo único que había hecho, según cuenta, es echar a correr al oír disparos en un control militar en Hebrón. "En la cárcel conocí a personas que habían sufrido abusos sexuales y veía cómo mujeres embarazadas daban a luz esposadas. Algunas murieron en el parto". (...)

Según explica un profesor de historia de la Universidad de Belén, "hay unos 11.000 palestinos en cárceles israelíes; no se conocen los nombres de muchos ni sus causas, pero sabemos que no pocos han sufrido el sabaj (colgar al interrogado, desnudo, con los brazos a la espalda o sobre la cabeza)". (...)

"Yo he conocido a las familias de suicidas", dice Mahmud Sehwail, "y en muchos casos no hay motivo religioso ni político. La frustración y la desesperación son las verdaderas causas del suicidio. Hace unos años me invitaron a un programa de radio. Un hombre llamó diciendo que sus hijos presenciaron cómo un soldado israelí mató a su madre. El hombre pidió ayuda psicológica. Un mes más tarde supimos que aquel hombre se había volado a sí mismo en Israel, matando a varias personas. No pudo manejar sus problemas".

El doctor Sehwail no es optimista; reclama ayuda internacional. "La ocupación, el empobrecimiento de los palestinos, las humillaciones y la violencia deben terminar, y hay que derribar el muro que nos ha encerrado en una cárcel. Sin esto no habrá paz jamás. Y creo que conseguir la paz no es una responsabilidad local, es una responsabilidad internacional". Hace suyas las palabras de Gandhi: "Me opongo a la violencia porque cuando parece causar el bien se trata sólo de algo temporal, el mal que causa es permanente". (El País, Domingo, 01/02/2009, p. 10)

El niño que se salvó de Auschwitz

"La historia de Siegfried Mier, que residía en Francfort (Alemania), es diferente, pero en ella también tiene un papel protagónico un español. El pequeño Meier, travieso y rebelde desde su más tierna infancia, fue deportado, junto con sus padres, al campo de exterminio de Auschwitz cuando tenía sólo siete años ("me han dicho que debía tener esa edad por el número que a mí me tatuó la SS en un brazo", dice).

"Llegamos a Auschwitz-Birkenau y los hombres que desnudaban a los prisioneros le dijeron a mi madre: 'Esconda al niño porque si le ven los nazis le llevan a la muerte'. Así estuve dos meses oculto en una de aquellas literas colectivas hasta que mi madre murió a causa del tifus", rememora Mier. "Después, los demás presos me dijeron que no podían seguir ocultándome y me aconsejaron que me presentara al recuento de prisioneros. Y así lo hice. A los alemanes les caí en gracia y me convirtieron en su mascota, hasta tal punto que me hicieron un pijama de rayas a medida", cuenta hoy en Madrid, como si eso le estuviera sucediendo ahora mismo. "¡Me ocurrieron cosas surrealistas...!", añade.

"Al cumplir nueve años, me sacaron del campo de mujeres y me llevaron al de hombres, donde cogí el tifus. Me metieron en el barracón de los mellizos, en el que el doctor Mengele hacía sus experimentos. Allí me pusieron muchas inyecciones, pero Mengele no lo debía hacer tan mal porque jamás he estado enfermo", rememora el setentón Meir, entre socarrón y sarcástico. Su padre murió reventado a patadas de los nazis.

Cuando entraron las tropas rusas en Auschwitz, Meir fue subido a un convoy que fue atacado por partisanos yugoslavos, lo que obligó a él y a otros muchos prisioneros a seguir camino a pie. Sin que sepa muy bien cómo, dio con sus huesos en el campo de concentración de Mauthausen (Austria), donde de nuevo cayó en gracia a los carceleros tras presenciar la rabieta que cogió cuando pretendían raparle el pelo. Tan simpático les pareció el chico que le vistieron con un traje de bombero y le metieron en el barracón de los republicanos españoles.

"Entre ellos estaba Saturnino Navazo Tapias, que me aconsejó: 'Di que eres mi hijo. Si te preguntan, dices que vives en la calle de Don Quijote, número 49, de Cuatro Caminos, en Madrid'. En 1945, al ser liberado de Mauthausen, me fui a Toulouse con Navazo y otros. Allí, cuando tenía 14 años, aprendí el oficio de sastre. En Auschwitz sólo estaba hecho para robar. Navazo me convirtió en una buena persona y comprendió por qué yo era un ladrón. Yo siempre quise demostrarle que reconocía lo que había hecho por mí. Ese hombre, que murió a los 80 años, fue un padre para mí y jamás me pegó pese a que le hice cosas horribles", declara Meir.

Con el correr del tiempo, el niño de Auschwitz se instaló en Ibiza, donde se enriqueció con una cadena de restaurantes y varias tiendas de moda ad lib -"copiaba la ropa india de las chicas que venían de Katmandú"-; fue cantante de cierto éxito, amigo del músico Georges Moustaki, y actor frustrado porque "los directores de cine le veían triste" pese a su aspecto de galán glamuroso. "Hoy estoy arruinado", confiesa con su mirada acuosa tras las gafas." (El País, Domingo, 01/02/2009, p. 8/9)

La gitana rumana condenada a ser condenada

"Angélica V., una rumana de 16 años, fue encarcelada el 11 de mayo pasado en Nápoles bajo una abrumadora acusación: intento de secuestro de un bebé. Hace sólo unos días, una juez del Tribunal de Menores napolitano ha condenado a la joven, que deberá cumplir tres años y ocho meses de cárcel. Es la primera condena de este tipo dictada contra una persona de etnia gitana en Italia. Su abogado va a recurrir la sentencia, pero no tiene esperanzas. "El juicio fue parcial, la apelación lo será también", dice Christian Valle. "Durante todo el proceso se han violado derechos humanos de Angélica", añade. (...)

Bobo Maroni llega con las ideas claras y el enemigo identificado. No es la Camorra, ni la 'Ndrangheta, ni la Cosa Nostra. Son los gitanos. Como ha dicho su partido en la exitosa campaña electoral, "violan y matan a nuestras mujeres, roban bebés, asaltan ancianos". Italia vive la "emergencia gitana". Pero él lo arreglará y los echará a todos.

La historia de Angélica V. está ligada a los pogromos de Ponticelli. Las imágenes dieron la vuelta al mundo en mayo. Después de que una vecina del barrio lanzara la alarma por el intento de secuestro de su bebé, grupos de jóvenes motoristas se tomaron la justicia por su mano e incendiaron y asaltaron los campamentos gitanos del barrio.

"La reacción fue violentísima, alucinante", recuerda Marco Imarisio, periodista local del Corriere della Sera, que cubrió los ataques para su diario y ahora ha plasmado lo que vio en un libro titulado Los días de la vergüenza. Crónica de una emergencia infinita (L'Ancora del Mediterraneo).

Algunos trataron de pintar los ataques como una revuelta popular contra los gitanos, como una espontánea batalla entre pobres, pero en Nápoles todo el mundo sabe que se trató de otra cosa: "Un fatto di Camorra". Imarisio da un dato: "El clan que manda en el barrio cobraba 60 euros por cabeza a los gitanos por permitirles estar allí. Durante años. De repente, pasó de hacer negocio a quemarles las chabolas. La gente del barrio no quería a los gitanos, y ellos les cobraban el pizzo, hacían negocio con ellos. El presunto secuestro fue la excusa para echarlos y recuperar su autoridad". (...)

El hecho fundamental es que sobre algunos solares que ocupaban los campamentos ilegales quemados en mayo, el Ayuntamiento de Nápoles había decidido construir el Palaponticelli, una espectacular intervención urbana que fue declarada de interés público en junio de 2007 por la junta de la alcaldesa del Partido Demócrata, Rosa Russo Iervolino. (...)

En abril de 2008, Andrea Santoro, un concejal de Alianza Nacional, denunció públicamente que la operación era "una de las más grandes especulaciones constructoras y comerciales que haya golpeado jamás a la ciudad". El edil advirtió, además, de que un sistema de cajas chinas protegía a la promotora, Palaponticelli, creada ad hoc en 2007 con un capital social de 2.500 euros. Dicha sociedad es propiedad de Armonia, empresa de Reggio Emilia, constituida con 10.000 euros de capital social y administrada por Marilù Faraone Mennella (conocida como Lady Confindustria, porque su marido es el ex presidente de la patronal italiana, Antonio Amato) y por Silvio de Simone. (...)

El sitio elegido para el Palaponticelli, decía en 2007 la junta municipal, "está en condiciones de abandono y degradación". Sólo un año después, el Ayuntamiento solucionó el problema sin poner un euro y sin realojar a nadie. "Los gitanos huyeron, fueron alojados en casas de acogida, y ahora la inmensa mayoría está en sus países", explica Roberto Malini, de la ONG EveryOne.

El día del éxodo de los gitanos, Patrizio Gragnano, concejal ex comunista, culpó de los ataques tanto a la derecha como al Partido Demócrata (PD). "No han hecho otra cosa que sembrar odio y alimentar la exasperación de la gente", declaró a La Repubblica. El periodista añadía, de su cosecha: "En el área donde se erigía uno de los campamentos gitanos está previsto construir el Palaponticelli, una estructura de 12.000 asientos para conciertos. El desalojo de los gitanos, allí, estaba programado hace tiempo".

Volvamos al secuestro. La mujer que acusó a Angélica del intento de secuestro de su hija se llama Flora Martinelli, tiene 28 años y es hija de Ciro Martinelli, de 57 años, más conocido por los carabineros de Nápoles como O Cardinal y O Vescovo.

Martinelli es un colaborador del clan Sarno, la banda camorrista que domina Ponticelli, caracterizada por su habilidad para obtener contratos públicos. La hoja de antecedentes penales de O Vescovo ocupa varias páginas. En 1999 fue condenado por asociación para delinquir. Su hija, la madre del bebé, fue también arrestada en 2004 por un delito menor: falsedad ideológica cometida ante funcionario oficial (es decir, mentir a un policía) y falsificación de documentos relativos a la ITV y permisos de circulación.(...)

Porque, según Marco Imarisio, el periodista del Corriere, y el abogado de Angélica, el secuestro fallido nunca se produjo. "El rapto de la niña de Ponticelli nunca fue tal", escribe Imarisio. "Del hecho de que nada encaje en esta historia está convencida incluso la policía, que dudó desde el principio de la versión oficial, construida sobre el relato de la madre de la niña y sus familiares".En su informe de conclusiones, la policía expresó "fortísimas dudas" sobre la "verosimilitud" de lo que pasó ese día. (...)

O Cardinal fue quien sujetó a la muchacha cuando escapaba en el umbral de la puerta. "Es un personaje muy conocido, un hombre de respeto. Difícil pensar que alguien entre a robar en su casa, y menos a su nieta".

Angélica había estado antes en esa casa, cuentan los vecinos, "al menos tres o cuatro veces". "Probablemente muchas más", según los inspectores. "Ella contó que iba a menudo porque le daban vestiditos". (...)

"Tengo la impresión de que acaban de condenar a un inocente", dijo Enzo Esposito, secretario de la ONG Opera Nomadi de Napoli. El abogado Valle tiene esa misma sensación. "No fue un juicio imparcial. Todas las preguntas de la defensa fueron consideradas irrelevantes. Y las actas no fueron traducidas, como pide la ley cuando el acusado no sabe italiano. El juez le ofreció un pacto: si se declaraba culpable, le cambiarían la pena por un programa de rehabilitación. Ella no aceptó. La única base de la condena es el testimonio de la madre del bebé. Increíble, sobre todo porque tiene antecedentes de haber mentido a la policía. (...)

Tras la sentencia, el grupo de abogados Socorro Legal, al que pertenece el letrado Valle, emitió un comunicado. "Cada petición de la defensa ha sido sistemáticamente rechazada, incluso la admisión del abogado de oficio. (...) El aparato judicial ha desencadenado, así, su ofensiva contra la pequeña gitana, encarnizándose en una obsesión de castigo alimentada por el más vergonzoso racismo y la devastadora ideología de la seguridad de estirpe fascista". (...)

Angélica estaba condenada a ser condenada. Quizá tenía vocación de chivo expiatorio. En los días previos al incidente, los vecinos del barrio se habían reunido numerosas veces para estudiar la forma de echar de allí a los gitanos. Los habitantes de las casas populares nacidas en los años sesenta en la periferia oriental de Nápoles, hijas de la especulación administrada por el almirante y dueño de la ciudad, Achille Lauro, habían fundado no menos de cinco comités cívicos (Rinascita Ponticelli, Insieme per Ponticelli, Comitato Civico Lettieri...) para desalojar los campamentos, recuerda Imarisio.

Pero el cura de Ponticelli se oponía. Era el único defensor de los gitanos. Y cuando sucedió el pogromo declaró: "Aquí hay un trenzado perverso, algo más que mafia". Se refería a Palaponticelli, a la eficaz unanimidad con la que los políticos y medios italianos han sembrado el odio contra la población romaní. En Nápoles, esa criminalización fue liderada por la izquierda, como demuestra el manifiesto-pogromo que distribuyó el Partido Demócrata local, titulado Fuera campamentos gitanos de Ponticelli. (...)

Los habitantes de Ponticelli llevaban años esperando. Esperaban el mensaje de Berlusconi y Maroni: más seguridad, más Estado, fuera gitanos. Esperaban una inminente lluvia de millones que nunca acababa de llegar y debía cambiar el rostro de esa periferia miserable. ¿Pudo alentar quizá esa mezcla la denuncia de la mamma? (...)

El factor camorrista es la tercera pata. El clan que domina el barrio, los Sarno, es conocido por su habilidad para moverse en el proceloso terreno de los contratos públicos, un mundo que acaba de desmoronarse en parte hace unas semanas con la detención de Alfredo Romeo, megacontratista afín al Partido Democrático, imputado por corrupción junto a 16 personas más. El joven que dirigió los ataques contra los campamentos es uno de los nietos del primo del alcalde de Ponticelli, Ciro Sarno, que desde la cárcel sigue siendo el patrón del barrio.

El 21 de febrero de 2008, la junta municipal alteró y dio forma definitiva al anhelado Programa de Recuperación Urbana de Ponticelli (PRUP). Según la prensa local, la alteración supuso una caución importante: si las obras no empezaban antes del 4 de agosto, la financiación ministerial caducaría. Había prisa, por tanto.

El día que Angélica fue encarcelada, el 14 de mayo, la directora del Departamento de Infraestructuras de Transporte del Ayuntamiento de Nápoles, Elena Carmelingo, con las cenizas todavía humeantes, dispuso que los técnicos fueran al barrio para empezar a proyectar el Palaponticelli. (El País, Domingo, 01/02/2009, p. 2/4)

Los "niños de la guerra"

"La última vez que la vio, Vicente tenía 11 años. Era el 26 de agosto de 1936 e Isabel Picorel trataba de abarcar con sus brazos a sus tres hijos, los cuatro agazapados en el monte. Huían de los falangistas, que, según les habían advertido, querían detenerla para castigar a su marido, que se había unido a las fuerzas republicanas en Asturias. Al amanecer, decidió bajar al pueblo, acompañada por su hijo mayor, para recoger de su casa de Langre (León) algo de dinero. Los demás le prometieron esperarla allí, pero nunca volvió.

Isabel Picorel fue detenida, metida en un camión y asesinada en una curva en el municipio de Fresnedo junto a otras tres personas. Su hijo mayor logró escapar y regresó al monte para informar a sus hermanos de lo sucedido.

Los tres fueron a buscar a su padre. Tres niños de 11, 13 y 16 años cruzaron el frente, pidiendo comida por los pueblos, hasta llegar a Asturias. Ramón Moreira se reunió con ellos, les llevó a una casa de acogida y les habló de Rusia, un paraíso en el que comerían todos los días. Después avisó a una empleada del centro para que arreglara el viaje. Prometió ir a buscarles en cuanto terminara la guerra, pero ya no pudo. Cayó prisionero, fue condenado a 20 años de cárcel por traición a la patria y murió en 1946 sin lograr reencontrarse con sus hijos." (OBITUARIO: Vicente Moreira, 'niño de la guerra' en Rusia. El País, ed. Galicia, Obiruario, 14/05/2009, p. 51)

El librillo de los torturadores... norteamericanos

"¿cómo explicarse la facilidad con la que han aceptado la tortura y la han aplicado a sus prisioneros unas personas que actúan en nombre del Gobierno estadounidense? (...)

Lo más sorprendente es descubrir la existencia de una normativa increíblemente meticulosa, formulada en los manuales de la CIA y retomada, a su manera, por los responsables jurídicos del Gobierno de George W. Bush. Hasta ahora era posible imaginar que tales prácticas eran una muestra de lo que se suele denominar "atropellos", infracciones involuntarias de las normas provocadas por la urgencia del momento. Por el contrario, lo que se percibe en los documentos recién conocidos es que se trata de unos procedimientos pautados hasta en sus menores detalles, al milímetro, perfectamente cronometrados.

Así, las formas de tortura son 10, número que posteriormente será elevado a 13. Se dividen en tres categorías, cada una de ellas con diversos grados de intensidad: preparatorias (desnudez, manipulación de la alimentación, privación del sueño), correctivas (los golpes) y coercitivas (duchas de agua fría, encierro en cajas, suplicio de la bañera).

En el caso de las bofetadas, el interrogador, según estos manuales, debe golpear con los dedos separados, en un punto equidistante entre el extremo de la barbilla y la parte inferior del lóbulo de la oreja.

La ducha de agua fría aplicada al prisionero desnudo puede durar 20 minutos si el agua está a cinco grados, 40 minutos si está a 10 grados, y hasta 60 minutos si está a 15 grados.

La privación del sueño no debe ser superior a 180 horas, pero tras un reposo de ocho horas, se puede recomenzar.

La inmersión en la bañera puede durar hasta 12 segundos, durante un periodo que no debe exceder las dos horas diarias, y ello durante 30 días seguidos (un preso particularmente resistente pasó por este suplicio 183 veces en marzo de 2003).

El encierro en una caja de dimensiones muy reducidas no debe ser superior a dos horas, pero si la caja permite que el prisionero esté de pie, se puede prolongar hasta ocho horas seguidas, 16 por día. Si se introduce un insecto en el interior, no se le debe decir al prisionero que la picadura será dolorosa o incluso mortal.

Y así sucesivamente durante páginas y páginas.

Nos enteramos también por estos documentos de cómo se forma a los torturadores. La mayoría de esas torturas está copiada del programa que siguen los soldados americanos que se preparan para enfrentarse a situaciones extremas (lo que permite a los responsables concluir que se trata de pruebas absolutamente soportables). Y lo que todavía es más importante, se elige a los torturadores entre aquellos que han tenido "una larga experiencia escolar" en este tipo de pruebas extremas; dicho en otras palabras, los propios torturadores han sido torturados en una primera fase de su formación. Tras la cual, un cursillo intensivo de cuatro semanas basta para prepararlos para su nuevo trabajo. (...)

Tal como se define legalmente, la tortura implica la intención de producir un gran sufrimiento. Se sugerirá, por consiguiente, a los torturadores que nieguen la presencia de esa intención. De tal modo que no se abofetea al preso para producirle dolor, sino para sorprenderlo y humillarlo. En cuanto al objetivo de encerrarlo en una caja de reducidas dimensiones no es provocar un desorden sensorial, sino producirle cierta sensación de incomodidad.

El verdugo debe insistir siempre en su "buena fe", en sus "convicciones sinceras" y en lo razonable de sus premisas. Se han de utilizar sistemáticamente eufemismos: "Técnicas reforzadas", en lugar de tortura; "experto en interrogatorios", en lugar de torturador.

También se evitará dejar huellas físicas, y, por esta razón, se preferirá la destrucción mental a los daños físicos; asimismo, se destruirán inmediatamente las posibles grabaciones o tomas visuales de las sesiones.

Otros colectivos colaboran en la práctica de la tortura: el contagio se extiende allende el limitado círculo de los torturadores. Aparte de los juristas que se encargan de dar legitimidad a sus actividades, en los documentos se menciona sistemáticamente a los psicólogos, a los psiquiatras y a los médicos (obligatoriamente presentes en todas las sesiones), además de a las mujeres (los torturadores son hombres, pero la humillación es aún mayor, más grave, cuando hay mujeres presentes) y a los profesores de universidad que proveen justificaciones morales, legales o filosóficas.

¿A quién debemos considerar hoy responsable de esta perversión de la ley y de los principios morales más elementales? (...)

Si se quiere comprender por qué estos valientes estadounidenses aceptaron tan fácilmente convertirse en torturadores, de nada vale intentar encontrar argumentos en el odio o en un miedo ancestral a los musulmanes o a los árabes. No. La situación es mucho más grave.

Lo que nos enseñan los documentos estadounidenses que acaban de hacerse públicos es que, siempre y cuando forme parte de un colectivo y esté respaldado por él, cualquier hombre que obedezca a los nobles principios dictados por el "sentido del deber", por la necesaria "defensa de la patria", o que se deje arrastrar por un temor elemental por la vida y el bienestar de los suyos, puede convertirse en torturador." (TZVETAN TODOROV: Los torturadores voluntarios de Bush. El País, ed. Galicia, Opinión, 14/05/2009, p. 31 )

El "angel rojo"



"El anarquista Melchor Rodríguez García -Triana (Sevilla), 1893-Madrid, 1972-, militante de la CNT y de la FAI, delegado de Prisiones de la República, es de los que cuando la sangre llamaba a la sangre se jugaron la vida por impedir el asesinato de sus enemigos políticos. (...)

Ricardo Horcajada sostiene que la actuación del delegado de Prisiones de la República frente a la muchedumbre que el 8 de diciembre de 1936 pretendió asaltar la cárcel de Alcalá de Henares fue un hecho extraordinario porque pocas veces en la historia se ha logrado contener con la palabra a una turba herida cegada por el dolor y el odio y lanzada a vengar la muerte de sus hijos. "Hay que tener en cuenta", subraya, "que unos días antes otra multitud había pasado por las armas a 319 de los 320 presos en la cárcel de Guadalajara". Le pregunto qué discurso es capaz de detener a una masa iracunda y armada, y me dice que su amigo tenía carisma y un talento natural para la oratoria.

El archivo de la familia de Javier Martín Artajo, hermano del que fuera ministro de Exteriores en el franquismo Alberto Martín, guarda un escrito con el que el propio Melchor Rodríguez describió con detalle ese episodio. "La muchedumbre, aterrorizada por los incendios provocados y las víctimas causadas por la aviación rebelde, se amotinó rabiosa y, juntándose con las milicias y hasta con la propia guardia militar que custodiaba la prisión, se dispusieron a repetir el hecho brutal realizado cinco días antes en la cárcel de Guadalajara".

Según su relato, fueron más de siete horas de enfrentamiento dialéctico, insultos, amenazas y forcejeos contra una muchedumbre enfurecida que tras penetrar en la prisión pretendía rebasar el rastrillo de acceso a las galerías de los presos. "¡Qué momentos más terribles aquellos! (...) Qué batalla más larga tuve que librar hasta lograr sacar al exterior a todos los asaltantes haciéndoles desistir de sus feroces propósitos. Y todo ello ante el tembloroso espanto de mi escolta, que, aterrados y sin saber qué hacer, se limitaron a presenciar aquel drama".

Durante los cuatro meses -noviembre de 1936-marzo de 1937- en los que se mantuvo en el puesto, el delegado de Prisiones de la CNT se multiplicó tratando de parar las "sacas" (excarcelaciones previas a los fusilamientos) masivas, en un pulso continuo con la Junta de Defensa de Madrid, controlada por los comunistas José Cazorla y Santiago Carrillo. Salvó miles de vidas, luchando contra el reloj y el pésimo estado de las carreteras -"deprisa, deprisa, todavía podemos llegar a tiempo"-, para aparecer cuando el pelotón de fusilamiento estaba ya formado y los condenados esperaban la fatídica descarga. Con el respaldo del ministro de Justicia, también anarquista, Juan García Oliver, detuvo los traslados de presos a Paracuellos, el paraje de la sierra madrileña donde, siguiendo la consigna de "limpiar la retaguardia", sugerida por los asesores soviéticos, fueron abatidos miles de detenidos.

El libertario que no creía en las cárceles restituyó la autoridad de los directores y funcionarios de prisiones encargados de la custodia de los 11.000 presos políticos y reforzó el control en un momento en el que la celda era el mejor refugio contra el secuestro, el simulacro de juicio de los 10 minutos y el asesinato. En ese empeño, sacó a los milicianos de los recintos penitenciarios, ordenó que ningún preso pudiera ser excarcelado sin su permiso entre las seis de la mañana y las ocho de la noche, extendió avales y salvoconductos a gentes de derechas que podían ser denunciadas y ajusticiadas. Para cobijar a los perseguidos se incautó en Madrid del palacio del Marqués de Viana, una mansión que, terminada la guerra, fue devuelta a su propietario con sus enseres intactos. "No falta ni una cucharilla", admitió el marqués Teobaldo Saavedra. Se enfrentó también al pistolerismo anarquista de una parte de la Federación Anarquista Ibérica (FAI), donde habían recalado aventureros y resentidos sociales de toda laya, además de delincuentes comunes que encontraron en esas siglas la cobertura ideal para sus fechorías. Melchor Rodríguez portó siempre una pistola al cinto, aunque, por lo visto, la llevaba descargada porque nunca echó mano de ella, ni siquiera en las situaciones más comprometidas.

"Se puede morir por las ideas, pero no matar por ellas", predicaba, ante la incomprensión de muchos de sus compañeros (...)

"Con la cantidad de veces que estuvieron a punto de matarle, la verdad es que no me explico cómo pudo morir sin creer en Dios", comenta hoy su hija, Amapola Rodríguez. Ella sí cree en Dios y también en el anarquismo de su padre. (...)

Según Ricardo Horcajada, en la última etapa de su vida vivió de la suma de dos miserias: la que le correspondía de jubilación y la resultante de su pobre cartera de clientes en la compañía de seguros La Adriática, donde trabajó. Él cree saber de qué materia estaba hecho Melchor Rodríguez. "Yo no he conocido ningún santo, pero supongo que, si existen, deben ser como Melchor, seres inocentes que pueden alcanzar cierto estado de gracia, en este caso civil; gentes infantiles, sin malicia, aunque rebeldes, como lo son la mayoría de los niños". Piensa que su amigo fue siempre un inadaptado para la vida y los negocios, un idealista que descubrió en el anarquismo la utopía de los hombres justos y santos y quiso ser uno de ellos." (El País, Domingo, 11/01/2009, p. 6/7)

14/05/09

El trabajo esclavo del franquismo era muy rentable

"Yo quitaría los símbolos franquistas y religiosos, pondría una buena explicación sobre lo que fue Franco y las condiciones en que allí trabajamos, como esclavos, y pondría allí un archivo no sólo de la Guerra Civil y del franquismo, también de la historia de España. No quitaría los escudos, los dejaría acompañados de una buena explicación, con letras muy grandes".

(...) En Guadarrama hace 10 meses de frío y uno de calor. Un frío que endurecía aún más las condiciones de trabajo. "El aire de Guadarrama es muy sutil, mata a un hombre y no apaga un candil", explica Tario citando un ripio que leyó no se acuerda dónde. "Cuando llegué a Cuelgamuros estaba todo nevado. Hacía un frío insoportable. Los presos dormíamos amontonados en los barracones para tratar de evitar un frío helador", recuerda.

Tario arremete contra el abad del Valle de los Caídos, "que dice muchas mentiras y barbaridades" como "que teníamos dos pesetas de paga al día. Lo cierto es que nos daban 50 céntimos por día, que los pagaban al final de la semana, y que el Estado se quedaba con una 1,5 pesetas al día, en concepto, decían, de manutención. Fuera, en la calle, el jornal era de 13 o 14 pesetas diarias. La diferencia entre lo que se cobraba en Cuelgamuros y lo que cobraban los obreros que no estaban allí iba para un fondo que servía para pagar las obras de Cuelgamuros. Nos mintieron, porque decían que esa diferencia iba a una cartilla que nos entregarían al salir de la cárcel, pero lo cierto es que la diferencia entre lo que nos pagaban y las 13 o 14 pesetas diarias que cobraba un trabajador de fuera iba para construir Cuelgamuros".

(...) Sostiene Tario: "Es falso que en los 19 años que duraron las obras murieran sólo 14 trabajadores, como dicen las cifras oficiales. Yo he hablado con gente que trabajó en el agujero (en la cripta) y me han dicho que cada día había una docena de heridos, que el trabajo era durísimo y que se hacía en unas condiciones lamentables; por supuesto, sin ninguna seguridad. Catorce muertos en 19 años, ¡no se lo creen ni ellos!"

No quiere ni pensar este ex preso superviviente del Valle de los Caídos en las penalidades que tuvieron que pasar los otros presos que construyeron la abrumadora cruz -de 150 metros de alto y con brazos de 46 metros de ancho, con una anchura en su interior que permitiría el paso en paralelo de dos coches-; trabajando a esas alturas, en medio del frío y con unas condiciones de trabajo que despreciaban la seguridad de los trabajadores, concepto que no existía en el régimen de Franco, y menos aún, para los presos republicanos." (José Maria Calleja: Llamadle Cuelgamuros. El País, Domingo, 03/05/2009, p. 16/7)

Pederastia y abuso sexual en los hospicios de la España franquista

"Estremece pensar en aquel país lleno de niños perdidos o abandonados, de hospicios del Auxilio Social o seminarios donde iban a verlos, a tasarlos, a llevárselos... La beneficencia franquista era, en realidad, parte del aparato represor de la dictadura, y en los internados trataban a las criaturas con métodos castrenses. Uxenu Ablana, que tiene ya más de setenta años, vive en Santiago de Compostela y pertenece a la Asociación de la Guerra y el Exilio, tiene también una historia tremenda a sus espaldas, en la que asoma otra de las esquinas del infierno, la del abuso sexual. (...)

Uxenu perdió a su madre al empezar la guerra, pero hasta hoy no sabe lo que le ocurrió, ni ha podido averiguar dónde está enterrada. Durante años le dijeron que había muerto a causa de un aborto, pero vecinos de Pravia, que era donde vivían, le contaron otra historia: los sublevados la habían detenido y torturado para que contara dónde estaba su padre, y había muerto mientras la azotaban salvajemente. El padre, al que condenaron a 30 años de prisión, pasó ocho en la cárcel, y cuando salió no quiso hablar jamás del tema a su hijo. A Uxenu (que sostiene que en realidad a él lo mataron en 1936 y aplaude el verso con el que Ángel González define la posguerra: "Quien no pudo morir, continuó andando") lo internaron en centros del Auxilio Social desde los seis hasta los dieciséis. En ellos dice haber sufrido maltrato. "A todos nos pegaban, y a mí, que era algo rebelde, más. En el orfanato de Pravia llegaban a castigarnos sin cenar una semana entera, y en otro de Avilés, el ayuno llegaba hasta los 15 días: imagínate, con el hambre que ya pasábamos. Otras veces nos encerraban en un armario diminuto que había en el hueco de la escalera, y allí tenías que limpiar los zapatos de todos. Nuestra educación era casi inexistente, poco más allá de las cuatro reglas matemáticas, porque todo el tiempo lo gastaban en obligarnos a aprender himnos falangistas y doctrina católica. Además, algunos sacerdotes abusaban de los niños. Uno de ellos solía dejarme una bicicleta y me mandaba a hacer recados. Al volver, me decía: 'Niño, quítate los pantalones y mete los pies en esta palangana de agua caliente, que te los voy a lavar como a Jesucristo'. Pero las manos del cura empezaban pronto a subir por las piernas y a acariciarme el sexo. Un día me desperté en la noche y lo encontré en mi cama, tumbado a mi lado, desnudo y con una gran erección, acariciándome. Mi caso no era una excepción. Otros curas iban a buscar a los niños al hospicio, supuestamente para dar un paseo por el campo y que respirasen aire puro, y cuando estaban apartados les ofrecían dinero por dejarse masturbar, con lo cual, decían, les sacaban el diablo de dentro. A mí, una tarde, dos me llegaron a ofrecer 100 pesetas, que era una fortuna. No lo lograron, pero sí meterme por la fuerza a monaguillo". Una noche en que llevaba ya cuatro o cinco días sin probar bocado, una monja despertó a Uxenu para aumentar el castigo cortándole el pelo al cero, "y yo, harto de golpes y suplicios, le di un empujón, salté por una ventana y me escapé de aquel infierno. Fui andando hasta Oviedo, donde estaba mi padre, y al ver que nadie iba a reclamarme, me quedé allí, trabajé en un taller y me hice viajante, como él". (El País Semanal, 03/05/2009, p. 54/5)

El robo de niños en la España franquista

"Se estima que desde el inicio de la Guerra Civil y hasta los años cincuenta, los sublevados de 1936 robaron a los republicanos alrededor de 30.000 niños, algunos para meterlos en seminarios u hospicios; otros para ser dados en adopción a ciudadanos afectos al régimen. En ocasiones, los niños habían sido separados de sus padres cuando tenían edad suficiente como para recordarlos, incluidos los encerrados junto a sus madres en las cárceles franquistas, donde les dejaban residir hasta los seis años.

Pero en otras, nunca iban a conocer su origen los recién nacidos que les sustraían a las mujeres ingresadas en lugares como la Prisión de Madres Lactantes de Madrid y a las que, en muchos casos, fusilaban al poco de dar a luz. ¿Dónde fueron esos bebés? ¿Quién se los quedó? Resulta inquietante pensar en sus vidas falseadas y deducir que aún hoy habrá personas en nuestro país que no sean quienes suponen ser ni pertenezcan a las familias que consideran suyas. Han permanecido siete décadas ocultos y tampoco ahora hay demasiado interés en rescatarles del olvido.

Esa historia siniestra comienza incluso antes de la guerra y en teorías tan disparatadas como las del psiquiatra militar Antonio Vallejo Nájera, cuya tesis era que el marxismo es una enfermedad mental propia de personas intelectualmente débiles y moralmente despreciables. Siguiendo las doctrinas de la eugenesia y convencido de que la tara del socialismo se transmitía a quienes rodeasen al afectado, el estrambótico médico promovía el tratamiento con electrochoques a esos rojos de una especie humana inferior, su aislamiento en granjas y quitarles a sus hijos para evitar el contagio.

Esto último tuvo una expresión macabra, pero que hizo fortuna: hay que separar el grano de la paja. Para poner en práctica sus teorías, Vallejo Nájera no tuvo más que esperar a que otro loco se hiciera con el país, y la sintonía entre ambos fue tan extraordinaria, que en cuanto empezó la guerra Franco lo nombró psiquiatra en jefe de su ejército, le dio permiso para que iniciase sus investigaciones con los prisioneros y firmó las leyes que hacían falta para que sus desvaríos se hiciesen realidad.

Esas leyes, publicadas en el Boletín Oficial del Estado en 1940 y 1941, otorgaban automáticamente al nuevo Estado la tutela de los niños internados en los hospicios del Auxilio Social, la institución caritativa que había fundado la viuda del líder falangista Onésimo Redondo, y le autorizaba a cambiarles los apellidos. Era una autopista hacia la impunidad, pues daba a los rebeldes carta blanca para secuestrar a los hijos de los republicanos, darlos nuevo nombre y hacerlos desaparecer de sus vidas.

Nadie puede saber con exactitud cuántos fueron, entre otras cosas porque no existía ni registro de los nacimientos en los penales ni censo de la población infantil que acogían, aunque la escasa documentación no destruida -como tantas otras pruebas- en los últimos años de la dictadura muestra que decenas de miles fueron reeducados, y una buena cantidad de ellos, entregados a los seguidores del Alzamiento. En algunas circulares internas de Auxilio Social, sus responsables expresaban preocupación por el destino de estos niños, ya que les habían informado de que a muchos no se los llevaban para educarlos como a hijos, sino como criados. (...)

Tampoco se han querido hacer cosas tan simples como un registro de ADN con los afectados por la trama del robo de niños, o tomar declaración a personajes como Trinidad Gallego, una comadrona de casi cien años que prestó sus servicios en la cárcel de Ventas, testigo de numerosas sustracciones de recién nacidos. Después de estar encerrada años por sus ideas, de pasar hambre y de tener que soportar, tras ser liberada, los abusos sexuales de un médico que la amenazaba tras cada violación con devolverla a la cárcel si lo denunciaba, Trinidad no ha tenido la satisfacción de que algún juzgado recoja su testimonio." (El País Semanal, 03/05/2009, p. 48/55)

Matar... para robar

"El colapso de la maquinaria represora

Manuel Álvaro Dueñas, profesor de la Universidad Autónoma, hurgó en la represión política mucho antes de que la memoria histórica invadiese el presente. Dedicó su tesis doctoral a la jurisdicción especial de responsabilidades políticas en Madrid. La leyó en 1997 y se publicó en 2006. Gracias a su investigación, se descubrió el alcance que habían tenido esos tribunales en sus tres primeros años de vida (1939-1941): 125.286 expedientes incoados y sólo 38.000 resueltos. "Carrero Blanco ordena que se envíen a la subsecretaría de la Presidencia un estadillo con lo incoado, lo pendiente y lo resuelto. Se dan cuenta entonces de que no dan abasto", expone. Burgos o Ceuta habían sido diligentes, pero las provincias con más frenesí represor (Granada, Valencia, Madrid, Barcelona o Albacete) apenas habían resuelto la cuarta parte de los asuntos iniciados.

El propio departamento de Carrero Blanco calcula que, si le suman los nuevos expedientes que remitirán otros tribunales (militares y de represión de la masonería), se alcanzará como mínimo los 250.000 expedientes. "De mantenerse este ritmo, se tardaría 15 años en liquidar las responsabilidades políticas", reconocen en una nota interna. "Les preocupa modificar el procedimiento sin que parezca que dan marcha atrás, pero la razón de peso por la que reforman la ley en 1942 es que se ha colapsado la jurisdicción", indica Álvaro. También ayuda otro colapso: el económico, derivado del bloqueo de millones de cuentas.

Se produce entonces un archivo masivo de causas a republicanos insolventes o de poca responsabilidad y en 1945, se cancela la jurisdicción. Los casos pendientes pasan a una comisión liquidadora. Mientras funcionó, la jurisdicción política fue "opaca" e "inquisitorial", según Manuel Álvaro. Tenía un carácter retroactivo -se purgaban hechos cometidos a partir de 1934-, la responsabilidad "no se extinguía con la muerte" y no se convocaban vistas orales. El acusado sólo podía enviar un pliego de descargos a través de un abogado. "Había 17 causas por las que incoaban un expediente, entre ellas, militar en partidos del Frente Popular, ser dirigente sindical o haber residido dos meses fuera de tu provincia antes del alzamiento", señala Fernando Martínez, catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Almería y coordinador de una investigación sobre estos tribunales en Andalucía.

En dos años de trabajo, los 32 investigadores que participan en el proyecto han examinado 56.000 expedientes (las mujeres sólo representan el 4,5%). "El elemento fundamental es el botín de guerra", sostiene Martínez. "Se consiguió el objetivo político al generar un inmenso censo de rojos, pero se vio frustrado el económico, en gran medida porque más del 80% de los expedientados eran trabajadores o pequeños propietarios con rentas bajas", explica Antonio Barragán, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Córdoba. Pero con los afectados no había piedad: Barragán ha encontrado casos en los que se confisca "la casa, la ropa, los aperos y hasta los utensilios de cocina". (...)

Al socialista Julián Besteiro, que murió en 1940 en la cárcel de Carmona (Sevilla), se le condena un año después de su fallecimiento a pagar 15.000 pesetas de multa. Absurdo, sí. Implacable, también. La represión se heredaba. Entre otros, le ocurrió a los familiares de Lluis Companys, presidente de la Generalitat de Cataluña. Le mataron tras un consejo de guerra y posteriormente todos sus bienes fueron adjudicados al Estado. En 1948, su hermana Ramona reclamó la devolución de las propiedades. En Salamanca se pueden leer los argumentos que da la Comisión Liquidadora en 1953 para rechazar esta petición: "No ha lugar a devolver a los herederos de Luis Companys las fincas que fueron embargadas en pago por la responsabilidad civil declarada contra el mismo por la realización de actos contrarios al Movimiento Nacional". (...)

No menos inclementes se muestran con el moderado Niceto Alcalá Zamora: "Sus errores, torpezas y desaciertos fueron en tal número y magnitud que puede estimársele como de los principales responsables por acción y omisión de haber forjado la subversión roja, haber contribuido a mantenerla viva durante más de dos años y a estorbar el triunfo providencial del glorioso Alzamiento". Por su "animadversión" hacia el Alzamiento le condenan en 1941 a 50 millones de multa, le confiscan sus bienes y le destierran 15 años. Una de sus hijas, María Teresa, logra que se revise la sentencia años después, tras la muerte de Alcalá Zamora en Buenos Aires en 1949. También aquí, pese a su fallecimiento, sigue vigente la obligación de sus herederos de pagar la sanción (tres millones de pesetas tras una primera rebaja, a la que seguirá una segunda)." (El País, Domingo, 15/02/2009, p. 10/11)

"En realidad, ya no me identifico como una secuestrada. Soy una mujer libre y feliz. Hice mi duelo y planteo el perdón"

"Después de casi seis años secuestrada por las guerrillas de las FARC, Clara Rojas está encantada de probar el rabo de toro, que le parece un plato exquisito, pero es incapaz de terminar por la enorme ración que le sirven. (...)

Y no entiende que andemos tan atribulados con la crisis donde ella ve gestas deportivas, dinero, protección social y una vida muelle en las playas malagueñas que conoce. "En el cautiverio me dieron una radio con onda corta y pasaba las horas escuchando un programa de Radio Exterior de España que se llama Españoles en la mar. Me encantaba porque me transportaba a otro mundo y también oía un programa literario que demuestra la gran cultura de este país". (...)

Recuerda con emoción el día que la liberaron, el 10 de enero de 2008. Dice que en cuanto puso el pie en el helicóptero pensó: "Esto tengo que contarlo". Pero no todo fue un jardín de rosas. Sufrió bloqueos mentales y emocionales al recordar todo lo vivido en ese lugar en el que vio la muerte de cerca, lo que le ha reforzado su fe religiosa y su amor a la vida, especialmente si puede compartirla con Emmanuel. Ahora, una vez hecho el balance, se niega a seguir quejándose o a recordar los peores momentos. "En realidad, ya no me identifico como una secuestrada. Soy una mujer libre y feliz. Hice mi duelo y planteo el perdón". (CLARA ROJAS: "No me identifico como secuestrada. Soy libre y feliz". El País, ed. Galicia, última,13/05/2009)

El asesinato de un respetado abogado acorrala al presidente de Guatemala. El letrado dejó un vídeo en el que acusa al Gobierno de su muerte







"Buenas tardes. Mi nombre es Rodrigo Rosenberg Marzano, y lamentablemente, si usted está en este momento oyendo o viendo este mensaje, es porque fui asesinado". Así arranca un vídeo en el que un hombre sereno, de traje y corbata, anticipa su muerte con una naturalidad sobrecogedora. Lo acribillaron este domingo, mientras paseaba en bicicleta por Ciudad de Guatemala. Rosenberg tenía 47 años y era un abogado de prestigio. Y en la grabación, difundida ayer, acusa directamente de su asesinato al presidente de la república, Álvaro Colom; a la primera dama, Sandra de Colom, y al secretario privado del mandatario, Gustavo Alejos, a los que implica en una trama de corrupción y lavado de dinero en el principal banco de Guatemala. (...)

"Que no digan que es un complot", dice Rosenberg en su alocución. Es algo "simple y claro". "La razón de por qué estoy muerto es única y exclusivamente porque fui el abogado del señor Khalil Mussa". Mussa, un conocido empresario textil de origen libanés, ex presidente de la Cámara de Industria, fue asesinado junto a su hija hace un mes, tiroteados en la capital guatemalteca. Y sus asesinos, explica Rosenberg, son los mismos que irían después contra él, cuando se decidió a destapar la trama. "La historia, al final, es una historia como la que hemos vivido demasiado en Guatemala", dice el jurista, que estudió en Harvard y fue vicedecano de la Facultad de Derecho de la Universidad jesuita Rafael Landívar.

Todo arranca en diciembre, cuando el secretario del presidente, Gustavo Alejos, le pide a Mussa que se incorpore, sin sueldo, a la junta directiva del Banco Rural de Desarrollo (Banrural), de capital mixto, con el argumento de que se necesitan hombres de prestigio para ayudar al país. Mussa acepta, sin darse cuenta, dice Rosenberg, de que pretendían "utilizar su buen nombre" para encubrir "negocios ilegales y millonarios" en Banrural, donde "se financian los proyectos fantasma de la señora del presidente", se financian empresas tapadera "de lavado de dinero del narcotráfico, que lleva Gregorio Valdés [un constructor cercano al presidente] y se financian proyectos en los que son socios Colom, Valdés y Alejos". En resumen, "un hombre de bien cae en el engaño y termina en medio de una lucha de poderes entre ladrones", que optan por liquidarlo cuando "deja de ser útil" y se convierte en un problema. Las autoridades achacaron inicialmente el asesinato de Mussa a un conflicto con sus trabajadores. "Tengo las pruebas", dice Rosenberg. "Alejos y Valdés me dijeron que si seguía con este proceso, se encargarían de que no siguiera hablando". (...)

El impacto del vídeo se deriva no solo del hecho de que tanto Mussa como Rosenberg eran ciudadanos reconocidos, sino del contundente llamamiento del abogado para que la sociedad se movilice. "Hemos caído en una letargia, como si fuera una Guatemala que ya no es nuestra, una Guatemala que es de los narcotraficantes, de los asesinos, de los ladrones". "No tengo complejo de héroe, ni tengo deseo de morir. Tengo cuatro hijos divinos, el mejor hermano, maravillosos amigos. Pero no podemos seguir igual. (...) El presidente y sus compinches están saqueando, están acabando con el país en medio de la peor ola de violencia, sin que hagamos nada". (El País, ed. Galicia, Internacional, 13/05/2009, p. 6)

13/05/09

"Hay un punto de no retorno en el que la guerra sale rentable"

"Meir Margalit (Buenos Aires, 1952), concejal del partido de izquierda Meretz en el Ayuntamiento de Jerusalén y pacifista convencido, se siente cada vez más aislado en su país. (...)

P. ¿Israel quiere la paz?

R. El conflicto tiene muchas causas. La política es una de ellas, pero la religión aquí no es santa. La tecnología militar y la industria de seguridad son fundamentales. Con el alma digo que mi país quiere la paz. Con la cabeza pienso que la guerra es irreversible.

P. ¿Nadie denuncia eso?

R. Hay un 80% de fundamentalistas. Ha crecido el número de jóvenes que elude hacer el servicio militar. El descontento está rugiendo y puede explotar.

P. ¿Acabará Israel pareciéndose a un Estado fascista?

R. Si un país habla como fascista, camina como fascista y actúa como fascista, es un país fascista. Nos estamos comportando así. Muchas cosas recuerdan a la Alemania de 1933. Sólo nos salvaremos si lo reconocemos." (MEIR MARGALIT Concejal de Jerusalén y pacifista: "Hay un punto de no retorno en el que la guerra sale rentable". El País, ed. Galicia, Internacional, 12/05/2009, p. 2)