20/9/18

Para llegar al tabú más grande que hay en nuestra cultura, matar a una persona, primero tienes que convertirla en el enemigo. En un ser que ya no es humano. Eso es justo lo que hace el nacionalismo. Deshumanizar...

"(...) De todos los crímenes de guerra de los que ha hablado en su libro, aparte de las violaciones y matanzas, me impactaba que les cortaran los testículos a los hombres.

Cito un artículo que se escribió, pero no puedo asegurar que fuese cierto. Aunque a los hombres también los violaron en la guerra. Eso sí que se supo. Pero lo relevante es que en nuestra guerra las mujeres han hablado de las violaciones que sufrieron más que en ninguna otra, porque en todas las guerras violan a las mujeres. 

En Yugoslavia, en los campos de concentración serbios, se violaron entre veinte y sesenta mil mujeres mayoritariamente musulmanas. También violaron a croatas y también violaron los croatas. Ahí no hay manos limpias.

De todo esto se reunió información muy pronto, cuando se creó el Centro para las Víctimas de la Guerra en Sarajevo. Aparte, la de Yugoslavia fue la guerra de la que más hablaron los medios y la que más detallaron. Lo fascinante es que con estas declaraciones que hicieron tantas mujeres se adoptó la ley que dice que la violación es un crimen de guerra.

 Creo que fue en 2001 cuando lo aceptó la ONU. Lo explico en el capítulo «Los chicos solo estaban de cachondeo». Ahora imagínatelos, en La Haya les está juzgando una mujer y además es negra. Eso debe ser un choque muy brutal para ellos.

Violar fue parte de la limpieza étnica. El significado de las violaciones estaba en intentar avergonzar a los hombres porque no habían sido capaces de protegerlas. Es un acto tan primitivo y tan bárbaro… En esas guerras nuestras de lo que se trataba era de dominar el territorio, un tipo de guerra brutal para producirse a finales del siglo XX

Y les salió bien la limpieza étnica, porque la gente que la sufrió nunca ha vuelto a sus tierras. Así se ha quedado Bosnia, desestabilizada y poco funcional como país.

¿Pudo evitarse la guerra?

Es una pregunta muy complicada. Nosotros no estábamos en el bloque, éramos los mejores candidatos para entrar en la Unión Europea. Nuestro estándar era alto, era un sistema comunista más liberal, se nos permitía viajar… En general, ya estábamos con un pie en Europa y lo que nos pasó fue un shock. Y somos los únicos responsables.

Hay una tesis que es paradójica sobre lo que pasó. Los países del bloque tuvieron sistemas más duros y por eso allí los movimientos de oposición fueron mejores que en Yugoslavia, donde el autoritarismo era más suave. Cuando empezaron los problemas, los únicos preparados para enfrentarse al Estado eran los nacionalistas. 

Pero no creo que ninguno de ellos tuviera en mente la guerra. Ni Milošević, no entraba en sus planes. El nacionalismo era la única vía que tenían para mantenerse en el poder y se les fue de las manos en un momento en el que no había ninguna oposición democrática.

El nacionalismo serbio empezó en Kosovo, no fue en Croacia ni en Bosnia. Como reacción, luego sí que se formaron movimientos nacionalistas en Croacia y en Bosnia. Eslovenia salió como una víctima colateral de toda la historia. 

Nosotros somos los culpables de todo por no haber sido capaces de construir una oposición democrática. Simplemente, no tuvimos un Václav Havel y punto. Este sería el resumen más corto que puedo hacer.

En Eslovenia hubo algo de sociedad civil, pero lo que a mí me interesa es con qué ligereza todos esos intelectuales, periodistas y escritores, la élite completa, se pasó al nacionalismo. Pero, bueno, la característica principal que definía a la sociedad de aquella época era el oportunismo y actuaron en consecuencia.

Lo que la gente en España tiene que entender es que la guerra no pasa de hoy a mañana, hay que prepararla. Requiere preparación psicológica, tienes que asegurarle a la gente que tiene un enemigo que va a por ellos, que están en peligro y que es legítimo luchar contra ellos. Este proceso necesita tiempo, en Yugoslavia fueron cinco años por lo menos. No fue de un día para otro.

Como he dicho antes, para llegar al tabú más grande que hay en nuestra cultura, matar a una persona, primero tienes que convertirla en el enemigo. En un ser que ya no es humano. Eso es justo lo que hace el nacionalismo. Deshumanizar. Sin legitimar la violencia la gente no se lanza a la acción, pero una vez que corre la sangre ya no se puede parar.

¿Ve algo así posible aquí?

Todo es posible en todas partes. Erdogan cuando empezó también era muy demócrata y ahora es un dictador. Nosotros en Balcanes hemos aprendido que la historia también puede involucionar. Si aquí nadie para el nacionalismo, claro que es posible que haya aquí una guerra. (...)"          (Entrevista a Slavenka Drakulić , El País, Jot Down

19/9/18

Siempre estamos diciendo que los criminales de guerra son monstruos. Estoy en contra de eso. Me parece que es una defensa para decir que no somos como ellos, que no son seres humanos. Y no, queridos míos. Ellos sí que son seres humanos. Son los seres humanos más corrientes que existen. He ido a los juicios y lo que me encontré fue un taxista, un maestro, un policía… Gente que no solo viola, también asesina...

"(...) Los personajes de No matarían ni una mosca dice usted que son gente normal y corriente que se aburre soberanamente en los juicios de La Haya.

Sí, se aburren mucho. Se sacan los mocos. Hacen dibujos para echar el rato. Con este libro tuve la necesidad de ilustrar que se trataba de gente corriente, porque siempre estamos diciendo que son monstruos y a mí no me gusta llamarlos así. Estoy en contra de eso. Me parece que es una defensa para decir que no somos como ellos, que no son seres humanos. Y no, queridos míos.

 Ellos sí que son seres humanos. Son los seres humanos más corrientes que existen. He ido a los juicios y lo que me encontré fue un taxista, un maestro, un policía… Gente que no solo viola, también asesina.

Christopher Browning, un historiador estadounidense, ha hecho una investigación que me afectó mucho. Es un libro que se llama Ordinary Men. Trata de los voluntarios alemanes al principio de la II Guerra Mundial. Analizaba a todos; su profesión, su edad, etcétera… De todos los que fueron a Polonia, unos cinco mil, solo dos rechazaron participar en asesinatos masivos. Mataron mujeres, niños, fusilaron. 

A las dos personas que se negaron a hacerlo, no les pasó nada. No les castigaron. No tuvo consecuencias, sin embargo, a pesar de que no pasaba nada, la inmensa mayoría siguió matando. Era una cuestión de conformismo, de querer ser como los demás. Como todos. De demostrar que no eres distinto.

Mi conclusión, después de haber escrito este libro, es que nunca sabemos de lo que somos capaces. Yo, personalmente, Slavenka Drakulić, o tú, Jelena Arsić, no sabemos lo que somos capaces de hacer hasta que nos encontramos en una situación así.

Este tipo de libros son necesarios para pensar de antemano en estas situaciones. ¿Y cómo hacerlo? Es algo que intenté explicarles a los suecos. Ahora en Europa hay una histeria antiinmigrantes. Les preguntaba: «¿Vais a dejar de relacionaros con ellos, de comprar en sus tiendas? ¿Vais a ir solo a supermercados?». Esos gestos cotidianos son los que nos definen. Hay que concienciarse ahí, en el día a día. (...)"                  (Slavenka Drakulić , El País, Jot Down)

12/9/18

Epidemia del suicidio, también de niños, en los infernales campos de refugiados

"Mi hijo de 26 años tuvo su último aliento en sus tiendas enmohecidas y cerró sus hermosos ojos a sus abominantes e injustas políticas”. Así se dirige a las autoridades australianas Fazileh Mansour, la madre del joven iraní Fariborz Karami que el junio pasado se quitó la vida en la cárcel-campo de refugiados de la isla Nauru.

 ¿Puede haber mayor dolor para una madre que perder a su hijo? Sí, tener su cadáver, como ella misma afirma, depositado en una nevera a unos metros de su tienda de campaña donde “vive” junto con su nuera-viuda en huelga de hambre desde el 15 de junio cuando encontró a Fariborz muerto en su tienda.

 La familia había llegado a esta pequeña isla de Micronesia en 2013 para ir a EEUU. A pesar de conseguir el estatuto de refugiado, se quedó atrapada en la isla, junto con cientos de ciudadanos iraníes y de otras nacionalidades a los que Donald Trump ha prohibido la entrada en EEUU. 

La dirección del campo les negó hasta una nueva tienda en estos 5 años “para cambiar el ánimo” de sus hijos, encerrados en este “Matadero y casa de tortura”, como lo llama Fazile.

Desde el 2016 que supieron que estarían detenidos de forma indefinida en la isla -que guarda un escalofriante parecido a la temible prisión de Alcatraz de San Francisco-, toda la familia cayó en una severa depresión. Es el año que otro iraní, Omid Masoumali de 24 años, se inmoló.

Según la trabajadora social Fiona Owens ha aumentado de forma alarmante las tasas de autolesiones entre los niños de este refugio: buscan en internet formas de morir. Hay niños, sobre todo los no acompañados, que dejan de comer y de jugar, y se apagan lentamente. Menciona los casos de dos niños de 12 y 14 años que perdieron tanta masa muscular que tienen dificultades para caminar. 

Australia, otro país que trata a los refugiados como delincuentes, se niega a proporcionarles servicios médicos adecuados. Las mujeres que han tenido un embarazo no planificado realizan abortos caseros, provocándose daños dolorosos e irreversibles. 

Un informe de incidencias del junio de 2018 revela que una niña refugiada de 14 años “se había echado gasolina encima y tenía un encendedor en la mano“, y otro de 10 “intentó autolesionarse ingiriendo objetos metálicos afilados como alambre“.

En el Líbano, la niña de 12 años siria, Khowla, tomó veneno para ratas que buscó en el campo, para quitarse la vida y “dejar de ser una carga para mi madre que tiene que cuidar a otros 6 hijos”, cuenta en la chabola húmeda y cubierta de lona de plástico. El gobierno libanés, aunque en los primeros años de la guerra dejó entrar a un millón de sirios, no les atiende.

Después de siete años de “ser refugiada”, Khowla pensó que la vida de su familia nunca iba a mejorar. “En Siria vivíamos una vida pobre, pero al menos teníamos nuestro orgullo y dignidad”. En el abril pasado, 75 mujeres y adolescentes sirias fueron rescatados de la esclavitud sexual en un burdel en Trípoli: Así se ha creado la industria de prostitución. Habían sido torturadas incluso electrocutadas y obligadas a tener sexo con al menos 10 clientes por día.

¿Solución?: Suicidio colectivo

Si la situación no cambia, todos deberíamos matarnos aquí”, propone un refugiado afgano de la isla-limbo Moria, que al igual que otros 13,000 refugiados habitan una de las islas griegas. Los Médicos sin Frontera denuncian el aumento de los ataques de pánico e intentos de suicidio incluso de niños de 10 años.

 Después del acuerdo asesino de la Unión Europea con Turquía (responsables directos de muchas de las guerras, estas las “fábricas de refugiados”) en 2016, que convirtió a los seres humanos desesperados en “problema”, Grecia ha deportado a algunos cientos, mientras es incapaz de parar la llegada de otros miles que huyen de Siria, Sudán, Afganistán, y Congo.

 ¿Hasta cuándo estarán allí? Incluso un condenado a 20 años de cárcel no sufre esta incertidumbre. Su situación se parece más a una condena a la “Prisión permanente revisable”. En la isla Samos, solo en enero del 2017 hubo 12 intentos de suicidio y seis casos de autolesiones entre solicitantes de asilo. Save the Children afirma que, en Grecia, unos 5.000 menores viven en “condiciones atroces.

El 4 de julio del 2018, un solicitante de asilo afgano de 23 que fue deportado de Alemania a Afganistán junto con otros 68 compatriotas se suicidó en un hostal en Kabul. Había vivido 8 años en Alemania. Para el gobierno de Merkel, Afganistán es un oasis de paz y democracia mientras advierte a sus ciudadanos no viajar a este país, donde cada día mueren al menos 50 personas por los atentados talibanes o por los bombardeos de la OTAN.

En noviembre pasado, cuatro jóvenes de Eritrea de unos 18 años se suicidaron en este país, víctimas de la política de “Deportar primero, apelación después”. Alexander Tekle, había huido del conflicto de armado en Eritrea, y tras alcanzar los escombros de Libia, otro país “democratizado” por la OTAN, llegó a la “jungla” de Calais, y ocultándose en la parte trasera de un camión refrigerado llegó al Reino Unido.

 Exhausto y enfermo, fue sometido a un agónico proceso de solicitud de asilo. Tuvo tanto miedo de ser expulsado que prefirió morir. Su amigo Benny Hunter dice que él no pedía nada material, sólo seguridad y el respeto.

El estado antinatural de los niños

Ser “niño” es incompatible con perder la esperanza, pero el dilema de la población más joven de esos campos no es qué juguete pedir a los reyes magos. Si Miles de niños refugiados, como Aylan Kurdi, murieron en el camino víctimas de un complot, los que llegaron vivos a un sitio que se presentaba “seguro” ha sido una trampa mortal:

En noviembre del 2015, se encontró el cuerpo del niño bosnio Mohamed de 4 años, abusado y asesinado por el alemán Silvio S. un guardia de seguridad, – que como todo el mundo podía entrar en este centro de refugiados de Berlín sin someterse a ningún control. El llamado “pedófilo de muñecos”, que ya habia matado a otro niño, les engañaba regalándoles un peluche.

Miles de hijos nuestros han sido secuestrados, violados, torturados, y secuestrados en los campos de refugiados esparcidos por el mundo. El 60% de los 700.000 rohingas que tras vivir una violencia extrema (incluida la violación de miles de mujeres y niñas, que nadie les oirá su “MeToo”, encima son rechazadas por sus hombres, quienes piensan en su maldito honor manchado) son niños. 

En los campos de Bangladesh -país que tampoco los quiere-, ni han tenido tiempo y medios para hacer el duelo de la perdida de sus vidas. Los pequeños supervivientes, que retiene en su mente las imágenes de las guerras que han vivido, las penurias que han sufrido en el camino -presenciar peleas, asesinatos,  violaciones, humillaciones, la represión policial, y haber sufrido  palizas, abusos, hambre, miedo, e inseguridad -, al llegar a los campos, que a menudo es la prolongación de lo vivido en la travesía, ven destrozadas sus esperanzas de volver a ser niños o hacerse adulto como se imaginaban, y tras años soportando lo indecible para un cuerpo pequeño, terminan en desear poner fin a su calvario.

 Los niños viven en “modo de supervivencia las 24 horas“, afirma Save the Children, sobre todo los no acompañados, que incluso turnan para dormir y así protegerse de las “amenazas”.

La mayoría de los adultos y niños refugiados se suicidan por sentirse humillados, el cansancio por el cúmulo de las penurias sufridas y sobre todo perder toda la esperanza. El 40% de los adolescentes y jóvenes sirios acogidos por el Líbano, afirman tener impulsos suicidas. 

Sufren trastorno de estrés postraumático y otras enfermedades mentales, que se agravan con el paso de los días de espera de un milagro que les rescate. Según la Junta Nacional Sueca de salud, 12 niños afganos no acompañados se suicidaron en Suecia en 2017, por agotamiento mental. Aquí, la “cifra” es ascendente: en 2016 fueron 10 niños y 2015 ninguno.

En caso de los niños, los que han trabajado con esta población, apuntan a las siguientes causas:
  • El “Síndrome de renuncia”: un trastorno psiquiátrico infantil grave, en el que pierden las ganas de vivir, dejan de comer, caminar, jugar o incluso abrir los ojos.  Han perdido las esperanzas porque los padres lo han hecho. Las niñas padecen más el estrés pre y posmigratorio que los niños: al temor a ser violada se añade a ser repudiada por la familia, que se supone que debería protegerla.
  • Pérdida reciente de un pariente (por enfermedad, suicido o asesinato) o temer a perder a los padres y madres, a veces enfermos, y quedarse solos en aquel mundo-jungla.
  • Haber sido agredidos sexualmente. Según Save the Children, el 10% de los 2.800 niños y niñas congoleños en el campo de refugiado de Uganda, dijeron haber sido violados en el camino. En los propios campos, los pedófilos y las mafias de la industria de sexo hacen su agosto: al menos 8 niños fueron violados por un guardia del campo turco de Nizip; una niña de cuatro años murió por esta causa en un campo en Grecia; miles son forzados a prostituirse para sobrevivir.
Los niños constituyen más de la mitad de 65 millones de refugiados (cifra de la ONU) del mundo. Muchos no han conocido más que guerra y terror. Su protección debe ser la prioridad de los adultos, y rescatar lo que queda de sus vidas arruinadas, sueños deshechos, derechos aplastados."             (Nazaním Armanian, Público, 07/09/18)

11/9/18

Visto para sentencia... se piden once años para Eduardo Vela en el primer juicio por robo de bebés en España

"La jueza María Luisa Aparicio, siguiendo el protocolo y antes de dejar listo para sentencia el juicio, preguntó a Eduardo Vela, acusado de robo de bebés, si tenía algo más que añadir: "Nada, nada más —dudó unos segundos el ginecólogo—. Vámonos". 

Eran ya más de las tres de la tarde de ayer, 4 de septiembre, cuando acabó la última vista de primer juicio celebrado por robo de bebés en España.

El juicio contra el ginecólogo de 85 años Eduardo Vela Vela, que dirigió la clínica San Ramón de Madrid durante más de 30 años, quedó ayer listo para sentencia después de más de cinco horas de declaraciones. Un juicio histórico, ya que es la primera vez en el Estado español que se sienta en el banquillo a un médico acusado de robo de bebés. 

Vela, además, cuenta con decenas de acusaciones de robo de niños y es considerado uno los principales cabecillas de la trama de robo de bebés que actuó entre finales de los años 50 y los 90, junto con la monja, ya fallecida, María Gómez Valbuena.

La clínica San Ramón, situada en el Paseo de la Habana, número 143 de Madrid, dejó de funcionar cuando se destapó el caso de tráfico de niños en este hospital tras una investigación policial. Aunque entonces se pensaba que esto afectaba solamente a esta clínica, que funcionó entre 1961 y 1981, y se cerró definitivamente en febrero de 1982. Hoy sabemos que esta ha sido una práctica generalizada de secuestro y venta de recién nacidos.

La fiscal solicita para el ginecólogo Eduardo Vela una condena total de once años y diez meses. Ocho años de prisión por los delitos de suposición de parto y detención ilegal, más tres años y 10 meses por falsedad documental, ya que firmó que asistió al parto de la madre adoptiva (infértil) de la denunciante. 

Además, solicita una indemnización por daños morales de 350.000 euros a la bebé robada Inés Madrigal, hoy de 49 años de edad. El abogado de Inés Madrigal, Guillermo Peña, eleva la petición a 13 años de cárcel.

Mientras, Inés Madrigal Pérez sigue sin conocer sus orígenes biológicos y sigue buscando a su madre. A la salida de la Audiencia provincial de Madrid ayer declaró que estaba contenta: "Por haber podido acabar el juicio, el primer juicio por bebés robados que debe abrir los miles de casos cerrados — reiteró— en los tribunales de este país", dijo ayer Madrigal a la salida de del juicio. 

También manifestó que no espera ver a Vela en la cárcel, pero sí que exista "verdad, justicia y reparación en el caso de los bebés robados, como yo miles de personas tienen sus datos en el registro civil con una madre falsa".

Madrigal presentó una denuncia ante la Fiscalía el 27 de enero de 2011, pero fue archivada. Un año después, con la ayuda de la Asociación SOS Bebés Robados de Madrid, presentó otra denuncia, hoy en espera de sentencia.

La de ayer fue la segunda sesión del juicio que se inició el 26 de junio pasado tras varios años de espera. La anterior vista se suspendió el pasado 27 de junio, cuando el médico acusado no acudió al juicio y su abogado, el letrado Rafael Casas Hérranz —casado con la hija mayor de Vela—, comunicó a la sala que la familia del ginecólogo había decidido ingresarlo en el hospital debido a que sufría mareos.

Un mes después, el juicio se reanudó y la apariencia del acusado ayer era otra. Sentado en un silla de ruedas, su aspecto durante toda la mañana era muy distinto. Seguía con atención el juicio, con gafas y escuchando atento el desarrollo del mismo e incluso se permitía sonreír con ironía y hacer algún comentario en voz baja. 

Escoltado por su mujer, Adela Bermejo, y su hija mayor, Adela Vela Bermejo, reaccionó en varias ocasiones sonriendo y girándose hacia su mujer para buscar la mirada cómplice de esta, que también sonreía a algunas frases de la fiscal y del abogado de la acusación.

En esta sesión tuvo lugar el testimonio de una periodista francesa, uno de los más esperados, clave, según el abogado Guillermo Peña. Emile Delphine Helmbamchel es una de las dos periodistas de la televisión pública francesa que en diciembre de 2010 consiguieron entrevistarse con Eduardo Vela y su mujer Adela Bermejo.

 La reportera explicó ayer por videoconferencia que el médico las citó en su domicilio, donde mantuvieron una la charla que las periodistas grabaron con cámara oculta. Durante la entrevista, ellas preguntaron sobre la entrega de la niña Inés Madrigal. El matrimonio recordaba perfectamente el caso y ambos reafirmaron que esa niña fue un regalo, que no se cobró por ella, explicó Delphine.

Este testimonio aportado por la acusación y la Fiscalía es fundamental. La reportera contó que inicialmente se identificaron como pacientes y después confesaron al médico y su mujer que eran periodistas.

El abogado de Vela preguntó a la periodista si esa entrevista se hizo por encargo de la denunciante Inés Madrigal, a lo que la periodista respondió que no y afirmó que consideraron importante para su reportaje entrevistar al ginecólogo en un reportaje sobre los bebés robados en España. El vídeo, de más de media hora de duración, está incluido entre los documentos aportados contra el ginecólogo entre los 862 folios que consta el caso, recogidos en dos tomos.

También declararon ayer, a petición de la Fiscalía, los padrinos de Inés Madrigal y un policía nacional. El policía nacional contó como se hizo la investigación a petición de la fiscalía y el juzgado. El declarante dijo que consiguió hablar con Vela, pero fue imposible quedar con él. Sobre los documentos de las familias y los bebés el policía dijo que Vela le manifestó que se quemaron.

El policía manifestó que las investigaciones demostraban que había una trama alrededor de los recién nacidos, por los que se pagaban distintas cantidades. Al frente de esa trama se encontraba el doctor Vela. 

Los bebés venían de lugares de acogida de chicas embarazadas que teóricamente no querían a sus hijos y Vela se encarga de entregarlos. El abogado de Vela mantuvo que este no se llevó ninguna documentación de la clínica San Ramón, que eso fue cosa de los encargados de la administración que allí trabajaron.

Para la fiscal, lo que hizo la clínica San Ramón fue "borrar cada paso que se dio". "Una persona entra a dar a luz a una niña y una hora después otra mujer se lleva a una niña, pero nadie sabe nada", dijo la fiscal.

 En esta misma línea, una enfermera que trabajó con Eduardo Vela en 1978 reconoció en una entrevista realizada en Diagonal que, cuando los bebés iban a ser entregados a otros padres que no eran los biológicos, "ingresaban muchas mujeres sobre las que había una especie de pacto para que no se registrasen en ningún documento. Ni en el libro de entrada de la clínica, ni en el de salida. No había historia médica, nada".

Todo hace indicar, dijo la fiscal, que Inés pueda ser hija de "una mujer adúltera que quedó embarazada fuera del matrimonio". En este sentido Guillermo Peña manifestó que una cosa es no poner quien es la madre en el certificado de nacimiento, ya que la ley lo permitía por salvaguardar su identidad en el caso de que entregaran el bebé, y otra bien distinta es "no anotarla en los libros de entrada de la clínica", mantiene. 

"Ni entonces ni ahora la ley permitía ser una cliente anónima", incide tras señalar que también llama la atención que no exista "ni consentimiento ni asentimiento de la madre", ni ningún papel que indique que esa niña fue dada por la madre, "tampoco una factura", como en otros casos, por los gastos de la clínica.

 LA fiscal señaló que estas y otras evidencias indican que Inés era una niña robada y había que darla, y pronto. Por eso la entrega fue rápida, en unos días.

La fiscal hizo ayer una extensa y detallada exposición de cómo ocurrieron los hechos y citó diversas sentencias que apoyaban sus argumentos.

También se proyectó en la sala un careo grabado a finales de 2013, durante la instrucción de este caso, entre la madre adoptiva de Inés, Inés Pérez Pérez (fallecida en 2016), y el doctor. Vela negó conocerla a pesar de que ella insistía y había manifestado que en las dos visitas iniciales para la entrega de la niña la trataba como de la familia. La madre de Inés también manifestó que creía entonces que se trataba de "una adopción legal".
Esas dos visitas iniciales referidas por Pérez Pérez cerraron la entrega de la niña, que se produjo en unos días. "Todo fue muy rápido y el objeto era entregar esa niña", sustenta la Fiscalía, que mantiene que, si todo se hubiera hecho de forma legal, habría algún documento y renuncia de la madre a esa criatura. Pero no lo hay .

"Entonces, en 1969, como ahora, era un delito el rapto de bebés. Esa niña había que entregarla". Por ello el 6 de junio los padres la recogieron en la clínica San Ramón y el 7 de junio la inscribieron en el Registro Civil. "La inscripción se produce un sábado, eso ayuda a la impunidad, que hubiera menos gente", sostiene la fiscal.

La fiscal también explicó cómo, según los testimonios, los padres de Inés Madrigal, al llegar a la clínica el 6 de junio de 1969 a recoger la niña prometida —el "regalo", le dijo Vela—, con la ropita para la bebé, quisieron subir a la habitación para vestirla. Pero Adela Bermejo [mujer de Vela] se puso como una furia y dijo que eso no podía ser porque "se descubriría el ajo".

El vídeo de las periodistas francesas refuerza que la mujer de Vela conocía el caso de la niña Inés Madrigal que se regaló. Por ello, la fiscal pide también que se condene a Bermejo por faltar a la verdad en el juicio.

La fiscal explicó que la entrega de la niña se hizo siguiendo la práctica de Vela: se entrega a los bebés muchas veces en agradecimiento a las mujeres que no podían tener hijos y que trabajaban en las congregaciones de monjas de la caridad haciendo tareas. Ese fue el caso de la madre de Inés Madrigal, que antes tuvo a un niño llamado Paquito pero que le fue retirado.

 Como explicó ayer Guillermo Peña, la ley permitía que las madres se pudieran arrepentir de entregar a su hijo en el plazo de tres años y podían recuperarlo, como fue el caso de Paquito. Por ello, querían compensar a Inés Pérez con otro niño o niña y en menos de una semana se preparó todo.

El mediador tanto en el caso de Paquito como de Inés Madrigal, y todo apunta que en muchos más casos, fue el cura jesuita Félix Sánchez Blanco, supuesto íntimo colaborador y amigo del ginecólogo Vela. El abogado Casas dice que su defendido conocía al jesuita porque fue su profesor de matemáticas cuando tenía 10 años y que "el cura solo le pedía medicamentos" y otros favores "para ayudar a los más desfavorecidos".

 Sin embargo, la fiscal mantiene que el ginecólogo y el cura tenían una estrecha relación y por eso, y por el compromiso con este cura, explicó ayer la Fiscal, había que regalar a esa niña a la conocida del cura, Inés Pérez, madre no biológica de la niña robada Inés Madrigal que confesó a esta todo al final de sus días.

Inés Pérez cuidaba niños en el convento de las Misioneras de Jesús María y José en la localidad madrileña de Los Molinos y, como no podía tener hijos, el sacerdote la recomendó a Vela. Y todo fue rápido para buscar una niña. El médico Vela llamó a la lechería del pueblo de Los Molinos, Madrid, contigua a la casa de Inés Pérez, porque entonces —1969— no tenían teléfono, y al día siguiente recibió a la madre en su clínica como si la conociera de toda la vida. 

Dos encuentros: el primero para "facilitar el bebé", explica la fiscal, y ahí es donde le indica que simule un parto con un cojín, poniendo cara de sentirse mal, ante a sus vecinos". En el segundo encuentro le entregaron a la bebé.

Todo indica, según argumentó en el juicio la Fiscalía, que esto tuvo lugar el viernes 6 de junio de 1969 y al día siguiente, el 7 de junio, se inscribió a la niña en el Registro Civil.

En el vídeo de las periodistas francesas, Vela argumenta que está bien lo que se hacía porque "eso lo han hecho los médicos durante 40 o 50 años para evitar abortos". Esto, según explico el abogado de la niña robada, demuestra cual es el móvil ideológico. "El decidía como si fuera dios qué hacer con nuestros orígenes", insistió después Madrigal.
El abogado de Vela, por su parte, señaló que el fin era "ayudar", porque antes, sin estar casada, quedarse embarazada "estaba mal visto". Por ello pide absolver a su defendido. Y mantiene que, además, los hechos "ya han prescrito". Sobre la prescripción del delito, la fiscal explicó en su escrito de conclusiones que el plazo de prescripción computa cuando cesa la conducta. 

Y hace referencia a que la Fiscalía General del Estado envió una circular en 2012 dando órdenes para unificar criterios en las fiscalías territoriales en el caso de los bebés robados. Indica esa circular que se siga el criterio de que los niños robados entre 1959 y 1990 en todo el Estado español no prescriben hasta que han transcurrido 10 años desde la fecha en la que víctima tiene la certeza de que lo es.

 Inés supo con 18 años que era adoptada, "pero no es lo mismo saberse adoptada que robada", señala la fiscal. Madrigal supo que su madre no era la biológica cuando denunció en 2011, tras hacerse la prueba de ADN con un 0% de coincidencia, dice el Ministerio Público.

En la prescripción del delito la fiscal también citó a Justicia argentina en el caso del robo de bebés durante la dictadura de este país, explicando que debemos de aprender del proceso seguido allí, donde también la prescripción empieza a contar cuando la persona tiene la certeza de lo ocurrido.
Guillermo Peña a la salida del juicio se mostró optimista, aunque dijo que "el juicio llega muy tarde". 

Mientras, decenas de afectadas por el robo de bebés a las puertas de la Audiencia Provincial abrazaban y aplaudían al abogado. Para Inés Madrigal, en este país "nadie puede quedar impune jugando a ser dios, falsificando las partidas de nacimiento y cercenando el derecho a conocer nuestros orígenes", dijo.

 Y anunció que va a llegar hasta "el Tribunal Supremo para que se pronuncie sobre la prescripción y se puedan abrir las miles de denuncias de bebés robados cerradas".            (María José Esteso, El Salto, 05/09/18)

31/7/18

Como represalia, decenas de vecinos de Negreira, A Baña y Val do Dubra fueron interrogados, torturados y una docena de ellos condenados a diferentes penas de prisión

"Marzo de 1949. Están a punto de cumplirse diez años desde que Franco redactara el tristemente célebre parte en el que anunciaba el fin de las hostilidades bélicas después de que el Ejército republicano acabara "cautivo y desarmado". 

Sin embargo, y por mucho que dijera el ya dictador, la guerra aún no había terminado en España a finales de los años 40. En las sierras seguían actuando pequeños grupos de hombres y mujeres que todavía luchaban por la libertad y plantaban cara, con las armas en la mano, a las fuerzas militares y policiales del nuevo régimen. Una de estas unidades del maquis se sentía cada vez más acorralada.

Se trataba del destacamento Manolo Bello, perteneciente a la IV Agrupación del Ejército Guerrillero de Galicia. Lo formaban Carmen Temprano Salorio, José María Castelo Mosquera, Manuel Pena Camino, Vicente Peña Tarrasa y Manuel Ramiro Soto. En las primeras horas del día 5, fueron sorprendidos por la Guardia Civil mientras se escondían en una humilde casa ubicada en Zas, una pedanía del municipio coruñés de Negreira.

 Comenzó entonces un tiroteo en el que Carmen resultó gravemente herida. Muy probablemente porque ella misma se lo pidió, su compañero José María Castelo la remató en ese mismo instante para que no cayera en manos de los franquistas. 

Los cuatro hombres del grupo lograron escapar del cerco en compañía de una vecina, Manuela Teiga. Vicente Peña también había recibido varios balazos por lo que el grupo tuvo que hacerse con un caballo para intentar poner tierra de por medio.

 Esta penúltima etapa del viaje solo duraría 20 kilómetros. Pasadas las tres de la tarde, en los montes de Páramos, fueron nuevamente sorprendidos por sus perseguidores, que acribillaron a balazos a tres guerrilleros y a Manuela. Solo Manuel Ramiro logró escapar y acabó integrándose en otra unidad de resistentes. 

Su lucha se prolongaría tres años más, hasta caer abatido por la guardia civil el 2 de junio de 1952 en la también coruñesa localidad de Mesía.
 Las represalias en la zona por lo ocurrido no se hicieron esperar. Decenas de vecinos de Negreira, A Baña y Val do Dubra fueron interrogados, torturados y una docena de ellos condenados a diferentes penas de prisión. 

Erundino Vieto desapareció para siempre y todavía hoy su familia trata de averiguar cuál fue su último destino. El cuerpo de Carmen fue recuperado, pero los otros cuatro cadáveres permanecieron en una fosa olvidada durante casi siete décadas. (...)"           (Carlos Hernández, eldiario.es, 27/07/18)

23/7/18

El jefe falangista Penichet arrodilló a la pobre Adela con las manos atadas a la espalda y le rompió el vestido rojo dejando sus pechos al aire, le dio una violenta patada en la cara y quedó tirada entre un charco de sangre, mientras el cojo Acosta, Paco Bravo, los guardias Pernía y Juan Santos, reían a carcajadas...

"Adela Tejera era una mujer muy bella, morena, con la piel negra y brillante, un hermoso pelo enredado que se confundía entre las banderas rojas, recorría las calles de Tamaraceite lanzando consignas contra el fascismo, por el comunismo, por la liberación de la clase trabajadora.

Su amado Juan Torres se quedaba en casa, aunque respaldaba las ideas libertarias de la mujer de su vida, cuidaba de los chiquillos, mientras ella encabezaba los mítines junto a otras dirigentes obreras, como Rosa García y otras mujeres que solo de nombrarlas estremecen el alma.

En los almacenes de tomates de Los Betancores en Los Giles, en las plataneras del antiguo Valle de Atamarazayt, donde su voz sonaba más fuerte que el resto, alzaba el puño y gritaba por la emancipación de las mujeres, por el voto femenino, por la República, por la libertad, por la democracia, por los derechos negados a un pueblo canario esclavizado por una oligarquía corrupta y criminal.

Por eso la mañana del domingo 19 de julio del 36 no tuvo miedo y salió a la Carretera General de Tamaraceite con su bandera roja, se unió a la partida de mujeres y hombres heroicos que pedían por la justicia social, contra el fascismo, contra un golpe de estado que ya recorría cada rincón del territorio archipielágico como una mancha negra, oscura, siniestra, casi rojiza de sangre obrera masacrada por aquellas bestias vestidas de azul, por sotanas asesinas, por militares genocidas que encabezaron un holocausto que se llevó por delante las vidas de más de 5.000 canarios.

A la valiente Adela la detuvieron frente al Ayuntamiento de San Lorenzo, cuando llegaron los camiones repletos de falanges esa mañana de domingo de julio subiendo desde Las Palmas, pegando tiros al aire, medio borrachos, sedientos de sangre, dispuestos a cometer la mayor matanza de la historia de Canarias después del genocidio indígena de lo que luego llamaron “Conquista”,(...)

El jefe falangista Penichet arrodilló a la pobre Adela con las manos atadas a la espalda y le rompió el vestido rojo dejando sus pechos al aire, le dio una violenta patada en la cara y quedó tirada entre un charco de sangre, mientras el cojo Acosta, Paco Bravo, los guardias Pernía y Juan Santos, reían a carcajadas apurando los últimos tragos de una botella de ron del charco.

-¿Nos las follamos a todas estas putas rojas juntas en el salón de plenos del alcalde comunista?- Dijo en tono burlón el moro Ahmed, el resto siguieron golpeando a las mujeres y hombres detenidos, puestos en fila contra la pared con las pingas de buey y las varas de acebuche, un grupo amplio, como de setenta mujeres y hombres, todos vecinos de Tamaraceite, con las ropas manchadas de sangre.

Adela fue condenada a muerte en consejo de guerra, luego a los pocos meses le conmutaron la pena por cadena perpetua, estuvo cuatro años en la prisión de Barranco Seco entre chinches y comida basura, Pepe su hijo de seis años iba a verla los sábados en los hombros de su padre, Adela lo miraba con sus ojos brillantes con mucho amor, el pelo rapado, una especie de fardo como vestido con un número en la espalda, los brazos y las piernas repletos de moretones.

Ahora Pepe con 87 años, los mismos que tiene la República no la puede olvidar, sigue con su sonrisa, la misma de Adela, recorriendo las calles del pueblo (...)"             (Viajando entre la tormenta, 28, 05/18)

20/7/18

Veinte olivos de dos mil años

"Un hombre de cierta edad de Beit Yala, justo al sur de Jerusalén, me comentó el sábado que Israel va a expropiarle otro terreno de su finca para ampliar una de las carreteras que usan los colonos judíos entre Jerusalén y Hebrón.

Hace algunos años ya le expropiaron un buen pedazo de tierra y ahora, con la ampliación de la carretera, van a incrementar la expropiación.

Desde la finca se ve el muro que han construido los israelíes para proteger la carretera, en un terreno que hasta hace poco era de este hombre.

Los mismos israelíes que amplian la carretera para los coloonos no le dejan a él arreglar el carril de tierra que lleva desde Beit Yala hasta su finca. El ejército no se lo permite. Los militares no dan ninguna explicación pero no le dejan arreglar el carril, una senda muy deteriorada que los coches tienen que recorrer muy despacio.

En esta finca el hombre tiene algunos árboles frutales, de melocotones, peras y albaricoques. Son para su uso particular. Esta ha sido una buena temporada y hay fruta en abundancia. Él no la ha recogido puesto que al precio que se la pagan a los agricultores no merece la pena.

El hombre tiene a poca distancia otra finca que también se la han expropiado los israelíes para construir una carretera. “Tenía allí veinte olivos que los han arrancado”, dice.

“Eran olivos muy viejos. Para circundarlos se necesitaban dos hombres con los brazos abiertos. Por lo menos tenían dos mil años. Ahora deben estar en Tel Aviv”, dice.

Israel no solo le arrancó los olivos sino que se los llevó a Dios sabe dónde, quizá a casas de ricos de Tel Aviv. Está de moda presumir de olivos viejos en ciertos ambientes de ricos. Sus olivos se los llevaron sin pedirle permiso, a saber por cuánto los habrán vendido y que casas o parques de Tel Aviv estarán adornando.

Todo esto se hace a la luz del día, sin que la Unión Europea intervenga. Sin su intervención se ha llegado a esta situación que no permite tener ninguna esperanza."                   (Balagán, Público, 16/07/18)

19/7/18

En el franquismo hubo muchos Billy el Niño en jefaturas policiales y cuarteles de la Guardia Civil

"El libro “Verdugos impunes. El franquismo y la violación sistémica de los derechos humanos” (Pasado&Presente, 2018) es fruto del informe pericial de contexto elaborado por los cuatro autores –José Babiano, Javier Tébar, Gutmaro Gómez y Antonio Míguez- como soporte a las querellas presentadas por las víctimas de los crímenes franquistas. (...)

En una entrevista publicada por el periódico Cuarto Poder (enero de 2017), el historiador Francisco Moreno cifró en 150.000 los muertos por el genocidio franquista. “La derecha, por razones obvias, no desea conocer las verdaderas dimensiones de la represión”, escribió el historiador Francisco Espinosa Maestre, quien hizo un cálculo de 129.472 víctimas de la represión franquista durante la guerra y la posguerra (datos de 2008). ¿Hay una guerra estadística con la historiografía “revisionista”?

-José Babiano: La violencia fue sin duda “masiva”, pero las cifras definitivas no las conoce nadie. Además de historiadores como Gutmaro Gómez, uno de los especialistas en la represión de primera hora es Antonio Míguez, quien puso al día los números.

 En el libro utilizamos una cifra de referencia: más de 150.000 víctimas mortales por la represión franquista entre 1936 y 1945; y 2.000 fosas comunes en las que se arrojaba a republicanos en sentido amplio, lo que incluye a militantes pero también a funcionarios leales a la II República como los maestros. 

Más de 600.000 personas fueron procesadas por tribunales militares y en febrero de 1939 salieron de España 500.000 personas rumbo al exilio, de las que 150.000 fueron exiliados permanentes; por otra parte, 5.000 españoles murieron en los campos de concentración nazis.

-Javier Tébar: En muchos casos no creo que se trate de historiadores “revisionistas”. A algunos de estos autores los considero propagandistas o “negacionistas”. No tiene mérito tomar libros que en su día formaron parte de la historia oficial del Régimen y volver a redactarlos con los mismos argumentos y datos. Hacen un “refrito” de la historia de la dictadura.

-“Hasta mediados de 1940, los consejos de guerra eran colectivos; en Madrid llevaban a los presos a juicio en camiones al Palacio de Las Salesas, lugar de las vistas. En una hora no daba tiempo ni a leer la lista de los acusados. Los abogados ni los conocían. Se limitaban a pedir ‘clemencia’ al tribunal”, explica Francisco Moreno (“La gran acción represiva de Franco que se quiere ocultar”, revista Hispania Nova, 2015).

-JB: Nos encontramos con juicios en cortes marciales totalmente ilegítimas, en las que –en ocasiones- una parte del Tribunal o la Fiscalía no habían terminado la carrera de Derecho; no eran, así pues, juristas propiamente dichos. Además de las ejecuciones tras juicios sumarísimos, está la figura de los “paseos”; por ejemplo a García Lorca lo sacaron de la cárcel de La Colonia de Víznar (Granada) y lo asesinaron sin más. Muchos de estos represaliados terminaban después en las fosas.

-JT: la lógica de la guerra continúa después de 1939; el punto de partida del franquismo es que la sociedad está “infectada”, y por tanto se hace necesario “extirpar”. Representaban esta idea con una hidra de la que salían las cabezas de los “rojos”, los “judeo-masones” y la “anti-España”. Hay muchísimos casos bien conocidos.

 En la exposición sobre el 50 aniversario de la fundación de Comisiones Obreras del País Valencià, actualmente en el Centre La Nau de la Universitat de València, podemos observar el caso del anarcosindicalista Joan Peiró, sentenciado a muerte tras un Consejo de Guerra y fusilado en julio de 1942 en el cementerio de Paterna (Valencia). A Federico García Lorca lo ejecutaron también, y sin juicio alguno en el verano de 1936.

-Familiares de víctimas y asociaciones que presentaron la querella Argentina por los crímenes del franquismo en 2010 pidieron una lista de las empresas privadas que se beneficiaron del trabajo forzado o esclavo (constructoras como Dragados y Construcciones, Entrecanales y Távora, San Román o Construcciones ABC; siderúrgicas y mineras como Duro-Felguera o del sector metalúrgico como Babcock&Wilcox), además de la iglesia católica y organismos oficiales (delegaciones del gobierno y ayuntamientos).

 ¿Se analiza en el libro la actividad de las empresas que vulneraron los derechos humanos?

-JB: Un primer fenómeno es el de los trabajadores de obra pública –esclavos, semiesclavos o prisioneros-; el paradigma lo constituye el levantamiento del Valle de los Caídos, con la participación en el negocio de constructoras como Banús o Huarte (actualmente integrada en el grupo OHL). En una fase posterior se da la represión contra los trabajadores que participan en huelgas.

-JT: En el libro no lo analizamos en detalle; pero hay muchos ejemplos sobre la transgresión de los derechos laborales, como el de la antigua fábrica de SAFA (Sociedad Anónima de Fibras Artificiales), en el municipio de Blanes, provincia de Girona (sobre esta empresa fundada en 1923, escribió el sindicalista Francisco Martínez en “El naixement del sindicalisme a la SAFA de Blanes”, Revista de Girona, 1997: “En los años 50 y 60 del siglo XX la empresa se nutrió de mano de obra procedente de las olas migratorias que llegaban a Cataluña de las zonas rurales, y que huían del paro y la miseria; en la SAFA las condiciones de trabajo eran pésimas; por ejemplo, el ambiente sulfuroso provocaba numerosas bajas; si las intoxicaciones no eran muy graves, el médico de la empresa se negaba a dar la baja a los trabajadores para eludir la inspección de trabajo (…)”. Nota del entrevistador).

-El libro “Verdugos Impunes” dedica un apartado a la Dirección General de Seguridad, “reorganizada” mediante una Ley de septiembre de 1939 y con el falangista y aristócrata José María Finat y Escrivá de Romaní como primer director; el texto también aborda la creación de la policía política. ¿Cuál fue la importancia de las dos instituciones?

-JB: La Dirección General de Seguridad (DGS) fue el organismo que centralizaba la represión y el orden público, y tuvo un origen estrictamente militar. Es muy importante recordarlo: el ejército desempeñó un papel central en la construcción –a través de la DGS- de todo este aparato represivo.

 En 1941 se “reorganiza” la Policía Armada (los “grises”), un cuerpo militarizado. Cuando en 1963 vio la luz el Tribunal de Orden Público (TOP), un tribunal especial pero de carácter civil, la justicia militar continuó operando en los casos que la dictadura consideraba más graves.

-JT: La policía política del franquismo era la llamada Brigada Político-Social (BPS), constituida en el periodo 1939-1941. Además de la matriz militar, hay un añadido importante en los orígenes: grupos de militantes falangistas –no policías profesionales- se incorporaron provisionalmente como agentes. 

La tarea de policías tristemente famosos como Antonio González Pacheco (“Billy el Niño”) se incardina en la Brigada Política-Social. Hay víctimas que han presentado querellas por torturas contra este inspector, pero algunos juzgados no las están admitiendo a trámite. Hay bastantes más casos en la Brigada de Información Social. 

En Valencia, Manuel Ballesteros; en Barcelona Antonio Juan Creix, que después se trasladó al País Vasco y terminó en Sevilla; junto a él, su hermano Vicente Juan Creix; o en Madrid Roberto Conesa.

-La primera querella en España fue interpuesta en junio de 2017 por el exmilitante de la Liga Comunista Revolucionaria (LCR), Luis Suárez-Carreño. Acusó a los inspectores González Pacheco, Manuel Gómez Sandoval y Tomás Nieto Berrocal por la detención en 1973 y presunta tortura durante los interrogatorios.

-JB: Otros presuntos inspectores-torturadores fueron Pascual Honrado de la Fuente, en Oviedo, y Jesús Martínez Torres en Zaragoza, quien durante los gobiernos de Felipe González fue Comisario General de Información y jefe de la lucha contra el terrorismo. 

Aunque se trate del caso más mediático, entre otras razones porque Podemos ha pedido recientemente que se le retire la condecoración, González Pacheco no es una excepción; hubo muchos “Billy el Niño” en cada Jefatura Superior de la Policía y cuarteles de la Guardia Civil; de hecho, la policía política constituyó una red organizada de torturadores.

-JT: Sí, además de las personas, lo importante fue la estructura en la que se insertaban. Hay “piezas” en la maquinaria, como “Billy el Niño” u otros, pero no podemos pensar en términos individuales. Sea Melitón Manzanas -jefe de la Brigada Político-Social de Guipúzcoa- o Antonio Juan Creix en Barcelona, todos actúan con idénticos métodos, lógicas y propósitos. Esto nunca puede ser una casualidad, sino que responde a una organización centralizada de la policía.

-Autor del libro publicado en 2001, “El TOP. La represión de la libertad (1963-1977)”, el exmagistrado e investigador Juan José del Águila señala que el Tribunal de Orden Público abrió en 14 años 22.660 procedimientos, con 9.154 procesados y 3.891 sentencias. 

En cuanto al tipo de delitos según las sentencias, la mayor parte corresponde a asociación ilícita, seguido de propaganda ilegal y reuniones/manifestaciones no pacíficas. ¿Por qué os referís a un “modelo dual” respecto a la represión en el Tardofranquismo?

-JT: Porque a partir de 1963, con la creación del TOP, los tribunales militares se ven descargados de algunas funciones específicas: la persecución de determinados delitos políticos y sindicales cuando no medie violencia o enfrentamiento con las fuerzas de orden público; en este caso, sí actuarán los tribunales castrenses y, por tanto, los consejos de guerra (por ejemplo el de Burgos –diciembre de 1970- contra 16 miembros de ETA; o el Consejo de Guerra contra el activista del MIL, Salvador Puig Antich, ejecutado en marzo de 1974. Nota del entrevistador).

 “Dual” significa que actúan las dos instancias judiciales, que no hay una sucesión, que los tribunales militares no se verán desplazados por los tribunales de orden público.

-JB: Uno de los ejemplos más claros es el de los últimos fusilamientos del franquismo el 27 de septiembre de 1975, ordenados tras la sentencia de un tribunal militar; la dictadura ejecutó ese día a tres miembros del FRAP y dos de ETA.

-¿Y en cuanto a la represión antisindical y contra el movimiento obrero?

-JB: Uno de los rasgos centrales del franquismo es que fue una dictadura anti-obrera, desde el Decreto 108 de septiembre de 1936, que declaraba fuera de la Ley a partidos políticos y sindicatos de la oposición, hasta 1977. De hecho, al menos el 70% de las personas juzgadas por el TOP eran trabajadores de producción u oficinas, aunque antes ya habían sido desmantelados los comités nacionales de la UGT y la CNT. En el Proceso 1001 del TOP (1973), diez dirigentes de Comisiones Obreras fueron detenidos y condenados a penas que sumaban 162 años de cárcel. 

Por otra parte, en los primeros años 70 hubo obreros tiroteados y asesinados por la policía en la calle, mientras participaban en huelgas y manifestaciones; además de los cinco trabajadores muertos en Vitoria en marzo de 1976, hay que contabilizar, entre otros, tres en Granada, en 1970, durante una manifestación del sector de la construcción; otro en Madrid, en septiembre de 1971, con motivo de una huelga en el sector de la construcción; dos en el sector naval de Ferrol (1972), un trabajador de SEAT (octubre de 1971), muerto en la Zona Franca de Barcelona o un obrero de la construcción durante una huelga en Sant Adrià de Besòs (Barcelona), en 1973.

-JT: A partir de los años 60 y 70, el principal desafío del Régimen proviene del movimiento obrero. Además con su idea de “anticomunismo”, la dictadura extiende la publicidad del comunismo como oposición fuerte; la misma represión, que se ceba en los que actúan y sobre todo en los dirigentes, hace que mucha gente se incorpore a la lucha antifranquista; por ejemplo, en marzo de 1967 el Tribunal Supremo declaró ilegales las Comisiones Obreras. 

Uno de los fundadores del sindicato, Marcelino Camacho, ingresó en la prisión en 1967, después de ser juzgado por el TOP. En 1975, destacan los historiadores Pere Ysàs y Carme Molinero, autores de “Productores disciplinados y minorías subversivas” (1998), se produjeron 3.156 conflictos laborales, con 647.100 trabajadores afectados y 14,5 millones de horas “perdidas”; y se trata de cálculos prudentes, cuya fuente es el Ministerio de Trabajo. Hay una relación entre el incremento de las huelgas y el enconamiento de la represión.

-“El apresamiento masivo franquista alcanzó cifras hiperbólicas en abril de 1939; unos 507.000 o más en los campos de concentración”, recuerda Francisco Moreno Gómez, a lo que se agregaban los presos de los Batallones de Trabajadores y de los Batallones Disciplinarios de Soldados Trabajadores.

 Según la Dirección General de Prisiones, la población reclusa en enero de 1940 sumaba 270.719 presos, cifra que pasó a 114.958 personas en abril de 1943 y a 51.300 en junio de 1945 entre “políticos” y “comunes”. ¿A qué se debe esta evolución? ¿Cuál fue la realidad de las prisiones y centros de detención?

-JB: En la guerra y la primera posguerra hubo centros de detención que en principio no eran cárceles. Se utilizaron conventos, colegios, hospitales, provisionalmente plazas de toros, locales de todo tipo y campos de concentración; los centros de internamiento no estaban pensados inicialmente como tales, sin embargo la cantidad de detenidos fue abrumadora, con una población reclusa realmente “ingobernable”, un hacinamiento brutal y donde la gente se moría. 

Esta es una de las razones –la reducción del número de presos- por la que en los años 40 llegaron los primeros indultos. Un ejemplo de esta situación es la cárcel de mujeres de Saturrarán, un antiguo balneario entre las provincias de Vizcaya y Guipúzcoa; era un centro muy húmedo cerca de la playa, donde las presas contraían todo tipo de enfermedades por el frío y la mala alimentación.

 En una etapa posterior, en los años 50 y sobre todo los 60, al haber menos presos las cárceles hasta cierto punto se “humanizan”. En este periodo hay testimonios de detenidos que afirman querer que se les lleve a la prisión, porque así se les deja de torturar para extraerles información.

-JT: Pueden citarse como ejemplo la cárcel Modelo y la prisión de mujeres de Les Corts, las dos en Barcelona; o las de Carabanchel y Yeserías en Madrid. En cuanto a las comisarías, la de Vía Layetana nº43, en Barcelona. Con Jordi Mir y César Lorenzo comisariamos en 2016 una exposición en El Born Centre de Cultura y Memòria titulada “Això em va passar. De tortures i d’impunitats (1960-1978)”, que mostraba las experiencias y relatos del paso por las prisiones franquistas. Además, recomendaría el libro “Era la hora tercia. Memoria de la resistencia antifranquista” (2000), de Vicente Cazcarra Cremallé, un aragonés dirigente del PSUC detenido en 1961 y condenado en Consejo de Guerra a 17 años de prisión. Cazcarra, que fue torturado en la Jefatura Superior de Policía de Barcelona, en Vía Layetana, explicó su experiencia y supo después que estos métodos –algunos procedentes del nazismo- estaban muy generalizados en las BPS, jefaturas de la policía y cuarteles de la Guardia Civil. Aunque con diferencias, porque había especializaciones.

 Métodos como la “bañera”: hundirle la cabeza al detenido hasta producirle una sensación de ahogo; la “cigüeña”: en cuclillas y con las manos juntas por detrás de las rodillas; el “tambor”: colocar un objeto sobre la cabeza del detenido y golpearle hasta reventarle los tímpanos; o la típica “rueda” de policías, a la que seguían los golpes permanentes.
-Os referís asimismo en el libro al “carácter de género” de la represión franquista…

JB: El franquismo nunca reconoció a las mujeres el estatuto de “presas políticas”. Al finalizar la guerra había cerca de 20.000 prisioneras. El sistema penitenciario, que era gestionado por las monjas, hacía que los niños pequeños al cumplir los tres años tuvieran que salir de la cárcel, pese a que la madre estuviera presa y el padre en ocasiones, encarcelado o muerto. 

 Entonces los menores ingresaban en instituciones estatales o directamente las monjas traficaban con ellos; primero se trataba de retirarles los hijos por cuestiones ideológicas a las familias de los “rojos”, pero después se convirtió en un negocio que llegó hasta los años 80 y 90.

 Además, en términos simbólicos a las mujeres se las rapaba ya que, de ese modo, el franquismo entendía que las privaba de los rasgos femeninos; también se las forzaba a que ingirieran aceite de ricino como laxante; así, rapadas y tras tomar el purgante, las “paseaban” para que se hicieran sus necesidades encima. Esto ocurría en la posguerra, pero hubo mujeres “peladas” tras su detención y tortura durante las huelgas en la minería asturiana de 1963. 

Asimismo hay testimonios de violaciones en centros de detención “informales”, o de gritos como “ahora ya no parirás más, puta” en las celdas. Y se les golpeaba. En noviembre de 2017 Felisa Echegoyen presentó una querella contra “Billy el Niño” por torturas durante los interrogatorios y detenciones.

-JT: En febrero de 1939 el Estado franquista aprobó la Ley de Responsabilidades Políticas, que afectaba a personas y organizaciones que, entre octubre de 1934 y julio de 1936, “contribuyeron a crear o agravar la subversión de todo orden de que se hizo víctima a España” y, a partir de esa fecha, “se opongan al Movimiento Nacional”. Los delitos cometidos antes del uno de abril de 1939 no prescribieron hasta 30 años después, con la aprobación del Decreto-Ley 10/1969. 

Además, el Bando de julio de 1936 que declaraba el Estado de Guerra no se derogó hasta 1948, lo que significa que en el año 1945 España estaba todavía en guerra. En ese contexto, hubo un rasgo de género en la represión franquista. La mujer que protestaba era considerada una “puta”, “loca”, “histérica” y de comportamientos masculinos. Las autoridades policiales explotaban, incluso, la menstruación de las mujeres, al no facilitarles los servicios de higiene mínimos."                    (Entrevista a los historiadores José Babiano y Javier Tébar, coautores del libro “Verdugos impunes”, Enric Llopis, Rebelión, 19/06/18)