22/6/18

Encontrar la verdad en medio de las mentiras de Israel... cuando a la limpieza étnica colonial se le llama lucha contra el antisemitismo

"La gran tristeza y el sufrimiento inundaron las carreteras: uno tras otro los convoyes de refugiados estaban en camino [hacia la frontera libanesa]. Dejan las aldeas de su patria y la patria de sus antepasados, y van a una nueva tierra extraña, desconocida, llena de problemas. Mujeres, niños, bebés, burros: todos están en movimiento, callada y tristemente, hacia el norte, sin mirar a izquierda ni a derecha.

Una mujer no encuentra a su marido, un niño no pencuentra a su padre... Todo lo que pueda caminar se mueve, huir sin saber qué hacer, sin saber a dónde ir. Muchas de sus pertenencias se extienden por los lados del camino; cuanto más caminan, más cansados están, ya casi no pueden seguir caminando, se desprenden de todo lo que habían intentado salvar camino al exilio...
Conocí a un niño de 8 años que iba al norte y llevaba dos burros. Su padre y su hermano murieron en la lucha y perdió a su madre [...] 

Pasé por el camino entre Sasa y Tarbiha y vi a un hombre alto inclinado escarbando con las manos el duro terreno rocoso. Me detuve. Noté un pequeño hoyo en la tierra excavado por manos desnudas, con uñas, debajo del olivo. El hombre puso en él el cuerpo de un bebé que murió en los brazos de su madre y lo enterró con la tierra y [lo cubrió con] piedras pequeñas. Luego volvió a la carretera y siguió avanzando hacia el norte, su doblada esposa caminaba unos pasos detrás de él, sin mirar atrás. 

Me encontré con un anciano que se desmayó en una roca a la orilla del camino y ninguno de los refugiados se atrevió a ayudarlo… Cuando entramos en Birim, todos huyeron asustados en dirección al wadi que mira al norte llevando a sus niños pequeños y toda la ropa que pudieron. Al día siguiente volvieron porque los libaneses no les habían permitido entrar. Siete bebés murieron de hipotermia”.

Esta conmovedora descripción no la escribió un activista de derechos humanos, un observador de la ONU o un periodista humanitario. La escribió Moshe Carmel y aparece en su libro Northern Campaigns, publicado por primera vez en 1949.
Carmel recorrió Galilea a fines de octubre de 1948 después de dirigir la Operación Hiram en la que las fuerzas israelíes cometieron algunas de las peores atrocidades en la Nakba, la limpieza étnica de Palestina. Los crímenes fueron tan graves que algunos de los principales sionistas los calificaron de acciones nazis.

El libro de Carmel y docenas de libros semejantes (libros de las brigadas, memorias e historias militares) se podían encontrar en las estanterías de los hogares judíos israelíes desde 1948 en adelante. Volver a leerlos 70 años después revela una verdad elemental: se hubiera podido escribir la “n ueva historia ” de 1948 sin un solo documento nuevo desclasificado, solo con que estas fuentes abiertas, como las llamo, se hubieran leído con lentes no sionistas.

La famosa -y ahora usada en exceso- expresión de que la historia la escriben los vencedores se puede contrarrestar de muchas maneras. Una forma es desempacar las publicaciones de los vencedores para denunciar tanto las mentiras, manipulaciones y tergiversaciones como sus acciones menos conscientes.

Una revisión de estas fuentes abiertas sobre la Nakba, en su mayoría escritas por los propios israelíes, abre nuevas perspectivas historiográficas acerca del panorama general de ese período, mientras que los documentos desclasificados nos permiten ver ese panorama con una resolución mejor.

Esta recuperación se podría haber hecho en cualquier momento entre 1948 y hoy, siempre y cuando los historiadores hubieran estado dispuestos a emplear las lentes críticas que se requerían para hacer ese examen.

La revisión de estas fuentes abiertas, especialmente en conjunto con las numerosas historias orales de la Nakba, revela la barbarie y la deshumanización que acompañaron a la catástrofe. La barbarie es común a las comunidades de colonos en los años de formación de sus proyectos de colonización y, en ocasiones, puede quedar oscurecida por el lenguaje seco y evasivo de los documentos militares y políticos.

No pretendo menospreciar la importancia de los documentos de archivo. Son importantes para decirnos lo que sucedió. Sin embargo, las fuentes abiertas y las historias orales son fundamentales para entender el significado de los acontecimientos.

Esta revisión saca a la luz el ADN propio del colonialismo de asentamiento del proyecto sionista y el lugar que la limpieza étnica de 1948 desempeña dentro de este.

Deshumanización a escala masiva

Tomemos, por ejemplo, la cita de Carmel. ¿Cómo alguien que supervisaba semejantes atrocidades pudo escribir de forma tan compasiva? 

La clave está en otra oración de la misma cita que casi parece una digresión: "Y entonces vi a un chico de 16 años totalmente desnudo que nos sonreía cuando pasamos junto a él (es gracioso, cuando pasé junto a él no me di cuenta, debido a su desnudez, a qué pueblo pertenecía y solo lo vi como un ser humano)".

Por un breve momento muy excepcional se humanizó (entre paréntesis en el texto) a ese niño palestino. Pero la deshumanización se produjo a una escala que solo presenciamos en crímenes masivos como la limpieza étnica y el genocidio. 

La regla era que se consideraba que los niños eran parte del enemigo, el cual tenía que ser limpiado por el bien de un Estado judío o, como lo expresó Carmel un día después de que terminara su gira po Galilea, por el bien de la liberación.

Publicó este mensaje para sus tropas: "Toda Galilea, la antigua Galilea israelí, fue liberada por la poderosa y devastadora fuerza de las FDI [el ejército de Israel] [...] Eliminamos al enemigo, lo destruimos y le hicimos huir [...] Nosotros [conquistamos] Meiron [Mayrun], Gush Halav [Jish], Sasa y Malkiya... Destruimos los nidos de los enemigos de Tarshiha, Eilabun, Mghar y Rami... Los castillos del enemigo cayeron uno tras otro”. 

Setenta años después de la Nakba el idioma hebreo es una herramienta tan importante como el acceso a los archivos israelíes cerrados. El texto hebreo claramente te dice quién era el enemigo: el enemigo que huí fue eliminado y expulsado de sus "castillos". 

Ellos son las personas que conoció Carmel. Y por un momento su sufrimiento le conmovió.

¿Redención?

Los principales elementos discursivos en este tipo de informes son los conceptos de liberación y eliminación (shijrur ve jisul ). Lo que en realidad significaba era un intento de indigenizar a los ocupantes de Palestina a través de la desindigenización de los palestinos. 

Eso es la esencia de un proyecto colonial de asentamiento y el libro de Carmel -y los de otros- lo revelan en su totalidad. Carmel vio la ocupación de 1948 como una redención de la Galilea romana. 

Estos actos violentos contra los palestinos tenían muy poco que ver con encontrar un refugio contra el antisemitismo. 

El proyecto sionista era, y sigue siendo, un proyecto de desindigenización de la población palestina para reemplazarla por otra compuesta por colonos judíos. En muchos sentidos fue la implementación de una ideología nacionalista romántica, similar a lo que alimentó el fanático nacionalismo italiano y alemán a finales del siglo XIX y después. 

Esta relación está clara en los libros sobre las brigadas en el ejército israelí. Uno de esos libros, The Alexandroni Brigade y The War of Independence, es un buen ejemplo. 

A la Brigada Alexandroni se le encomendó la ocupación de gran parte de la costa palestina, al norte de Jaffa, alrededor de 60 pueblos en total. Antes de la ocupación de los pueblos se instruyó a las tropas acerca del contexto histórico de sus operaciones. El relato que ofrecieron los comandantes se repite en el libro en dos capítulos. El primero se titula "El pasado militar del espacio Alexandroni" y comienza diciendo que "el frente en el que la Brigada Alexandroni se enfrentó en la guerra de la Independencia es único en la historia militar de la región y en particular de Eretz Israel [Gran Israel]". 

Ese frete era Sharon (la costa de Palestina en el relato sionista), que es un término inventado sin arraigo en la historia. El libro sobre la Brigada Alexandroni nos dice que Sharon era "una tierra rica y bastante fértil" que "atrajo" a ejércitos durante sus "viajes de ocupación" en la tierra de Israel. Este capítulo histórico está lleno de historias de heroísmo y afirma, por ejemplo, que "ahí es donde [el pueblo de] Israel bajo [el profeta] Shmuel se enfrentó a los filisteos". 

Los hebreos siempre estuvieron en desventaja en la batalla contra sus enemigos, pero "tanto entonces como hoy fue el espíritu superior el que inclinó la balanza a favor de Israel". 

Bajo Baibars, el sultán mameluco, Sharon fue destruido como tierra agrícola y "a partir de entonces Sharon recuperaría su vitalidad económica hasta su reasentamiento con la inmigración sionista [aliá]", dice el libro. Baibars, por cierto, había estado allí en 1260. Así que el libro sobre la Brigada Alexandroni dice a sus lectores que Sharon había estado sin población durante más de 600 años lo cual es, en el mejor de los casos, una invención sionista de la historia. 

Durante el período otomano Sharon "estaba totalmente devastado, saturado de pantanos y malaria", agrega el libro. "Solo con la aliá y el asentamiento judío a fines del siglo XIX comenzó un nuevo período de prosperidad [en la historia de Sharon]". 

Los sionistas "devolvieron" a Sharon su antiguo esplendor y se convirtió en una de las zonas más judías del "Eretz Israel del Mandato", como el libro llama a Palestina cuando estaba administrado por el Mandato británico.

"Las aldeas deben ser destruidas"

La limpieza étnica de la costa hebrea comenzó mientras Palestina estaba bajo control británico. En muchos aspectos Gran Bretaña fue un aliado vital del movimiento sionista. Sin embargo, no facilitó la colonización de Palestina tan rápido como deseaban algunos sionistas. El libro sobre la Brigada Alexandroni incluso describe a Gran Bretaña como un obstáculo a veces inhumano para la "redención" judía. 

Así que estaba claro que todavía había árabes en Sharon. El libro describe la región como la cuerda de salvamento para la comunidad judía, aunque sugiere que las muchos pueblos árabes circundantes interrumpían la vida judía.
Era sobre todo la parte oriental de Sharon la que era "puramente árabe y constituía la principal amenaza para las colonias judías; una amenaza que debía tenerse en cuenta en cualquier planificación militar”. 

La "amenaza" se "tuvo en cuenta" primero por medio de ataques aislados a los pueblos. El libro dice que hasta el 29 de noviembre de 1947 la relación entre judíos y palestinos era buena y continuó siéndolo después de esa fecha. Y, sin embargo, una frase posterior de los libros nos dice que "a principios de 1948 comenzó el proceso de abandonar los pueblos árabes aislados. Se puede ver las primeras señales de ello en el abandono por parte de sus 220 habitantes árabes de Sidan Ali (al-Haram) y de Qaisriya por parte de sus 1.100 habitantes árabes a mediados de febrero de 1948”.

 Hubo dos expulsiones masivas que tuvieron lugar mientras las fuerzas británicas, que eran responsables de la ley y el orden, observaban y no interferían. Luego, "en marzo, se intensificó el proceso de abandonar los pueblos con la intensificación de los combates” 

La "intensificación" llegó con la implementación del Plan Dalet, un plan para destruir pueblos palestinos. El libro sobre la Brigada Alexandroni incluye un resumen de las órdenes que emanan del plan. Las órdenes incluyen la tarea de "determinar los pueblos árabes que se deben confiscar o destruir". 

Según el libro, había 55 pueblos en la zona ocupada conforme al Plan Dalet. El Sharon hebreo se "liberó" casi por completo en marzo de 1948 cuando la costa "se limpió" de pueblos árabes, excepto cuatro. En el lenguaje del libro, "la mayoría de las zonas cercanas a la costa se limpiaron de pueblos árabes, excepto [...] un 'pequeño triángulo' y dentro de él los pueblos árabes de Jaba, Ein Ghazal e Ijzim, que sobresalían como un pulgar doloroso sobre la carretera Tel Aviv-Haifa; también había árabes en Tantura, en la playa". 

Un análisis más profundo de estos textos y otras fuentes abiertas arrojaría luz sobre la naturaleza estructural del proyecto de asentamiento colonial que se está produciendo actualmente en Palestina, la actual Nakba. 

Por consiguiente, la historia de la Nakba no es solo una crónica del pasado, sino un examen de un momento histórico que continúa en el tiempo del historiador. Los científicos sociales están mucho más preparador para lidiar con "objetivos en movimiento", es decir, analizar fenómenos contemporáneos pero, según nos dicen,l os historiadores necesitan distancia para reflexionar y tener una visión de conjunto. 

En principio, 70 años deberían proporcionar distancia suficiente pero, por otro lado, esto es como tratar de que los contemporáneos, y no los historiadores, entiendan la Unión Soviética, o para el caso, las Cruzadas.
La desclasificación en sí sino no desencadenó los lugares de memoria, por usar el concepto de Pierre Nora, ni los saltos académicos de los últimos años, sino su relevancia para las luchas contemporáneas. 

Tanto los proyectos de historia oral como los libros sobre las brigadas son fuentes fundamentales y accesibles que captan los genuinos y cínicos escudos engaño sionistas y más tarde israelíes. Ayudan a entender por qué es un oxímoron el concepto de un Estado de colonos democrático o ilustrado.

La historia aprobada de Israel 

Una deconstrucción de la historia aprobada de Israel es la mejor manera de desafiar a un “lavado de palabras” que convierte la limpieza étnica en defensa propia, el robo de tierras en prácticas de redención y las prácticas apartheid en preocupación por la "seguridad". 

Existe la sensación, por un lado, de que después de años de negación la imagen historiográfica se ha revelado en todo el mundo con unos contornos y colores claros. El relato israelí ha sido puesto en duda con éxito tanto en el mundo académico como en el dominio público. 

Y, sin embargo, hay una sensación de frustración dado el acceso limitado a documentos desclasificados en Israel que tienen los académicos, incluso los israelíes, mientras que en el actual clima político los académicos palestinos apenas tienen acceso alguno. 

Por lo tanto, ir más allá de los documentos de archivo sobre la Nakba no solo es necesario para comprender mejor los acontecimientos sino que también puede ser una solución para los investigadores en el futuro, dada la nueva política israelí de desclasificación. 

Israel ha cerrado la mayoría de los documentos de 1948.
Las fuentes alternativas y los enfoques sugeridos en este artículo destacan varios puntos. Es útil el conocimiento del hebreo y es esencial la necesidad de continuar con los proyectos de historia oral. 

El paradigma de asentamiento colonial también sigue siendo relevante para analizar de nuevo tanto el proyecto sionista como la resistencia a este. Sin embargo, todavía hay problemas con la adaptabilidad del paradigma (tales como si se puede aplicar a los judíos de los países árabes que se trasladaron a Palestina) y se deberían explorar más a fondo. 

Pero más que nada deberíamos insistir en que el compromiso con Palestina no es un obstáculo para una buena erudición, sino que la potencia. Como escribió Edward Said: "Pero, ¿dónde están los hechos si no integrados en la historia y luego reconstituidos y recuperados por agentes humanos movidos por alguna narración histórica percibida, deseada o esperada cuyo objetivo futuro es devolver la justicia a los desposeídos?". 

La justicia y los hechos, las posiciones morales, la perspicacia profesional y la precisión académica no deben yuxtaponerse unos contra otros, sino que se debe considerar que contribuyen a una empresa historiográfica honesta. Muy pocos proyectos historiográficos necesitan tanto este enfoque integrador como la investigación sobre la Nakba actual."
 
(Ilan Pappe, profesor de historia y director del Centro Europeo de Estudios Palestinos en la Universidad de Exeter. Rebelión, 11/06/18. Fuente: electronicintifada)

21/6/18

El Gobierno de Trump encierra a los hijos de inmigrantes sin papeles en jaulas para presionar a sus padres



"El Gobierno de Trump cree haber encontrado el arma definitiva para reducir la llegada de inmigrantes latinoamericanos por la frontera sur: secuestrar a sus hijos. Desde que se puso en práctica esta política, cerca de 2.000 niños han sido internados en centros inapropiados para su situación donde no reciben la atención necesaria.

El Gobierno parte de la base de que sus padres son delincuentes y por tanto no pueden tener con ellos a sus hijos, que pasan a caer bajo la custodia del Estado.

Es un chantaje con base legal. Si los padres aceptan ser deportados sin recurrir a los tribunales, les devolverán a sus hijos para que abandonen juntos el país.
Propublica ha conseguido una grabación de audio en la que se oyen las voces de niños de corta edad que llaman llorando a sus padres. Se oye también a un agente de la Patrulla de Fronteras decir: “Bueno, aquí tenemos una orquesta”.

Encerrar a los menores tiene otro destinatario: los congresistas demócratas. Trump quiere obligarles a que acepten un acuerdo presupuestario que subvencione con fondos públicos la construcción del muro en la frontera con México.

 “Los demócratas tienen que cambiar la ley. Es su ley”, dijo Trump el viernes. Es un aviso singular, porque sus compatriotas tienen que saber que el presidente del país es republicano y que las dos cámaras del Congreso están controladas por republicanos.

Las administraciones anteriores de George Bush y Barack Obama nunca aplicaron esta política.

 Estas son las jaulas en las que están metiendo a los niños, además de a sus familias. La Administración hizo el domingo una visita guiada para los medios de comunicación en Texas, relatada aquí por un periodista del Post. Un almacén ha sido acondicionado para instalar jaulas metálicas con vallas donde se coloca a los detenidos.

 En cada una de ellas sobre un suelo de cemento, se coloca a unos veinte o más menores y se les entrega mantas hechas con material aislante, una colchoneta, agua embotellada y comida. En ese centro había 1.100 inmigrantes indocumentados, incluidos cerca de 200 menores.

“Los detenidos son separados por grupos. En uno están los niños y adolescentes no acompañados de 17 años o menos, en otro niñas y adolescentes no acompañados de 17 años o menos, en otro los hombres con sus familias, y en otro las mujeres con sus familias”, dice el artículo. Hay cuatro asistentes sociales para todo el grupo de menores en estas instalaciones de Texas.
Las autoridades dicen que no es correcto llamarles jaulas.

Una representante de una ONG que visitó ese centro contó a la agencia AP que había hablado con una chica presa de 16 años que se había estado ocupando de una niña durante los últimos tres días. “Tuvo que enseñar a otras chicas en la celda para que le cambiaran el pañal. Estaba tan traumatizada que casi no hablaba”.

Esta era una visita preparada para congresistas y periodistas a un centro elegido por el Gobierno. No se permitió a los periodistas sacar fotos. Las imágenes del lugar fueron facilitadas por la Administración.

En otros centros, los niños han sido separados de sus padres o madres, en algunos casos engañándoles. Esto contaba la responsable de una organización benéfica que presenció esas situaciones:
“A veces dicen a los padres, ‘nos llevamos a su hijo’. Y cuando los padres preguntan, ‘¿cuándo nos lo devolverán?’, les responden, ‘no podemos decírselo’. En otros casos, vemos que no les comunican que se van a llevar a sus hijos. Por el contrario, el agente dice, ‘voy a llevarme a su hijo para que lo bañen’. Hablaba con una madre y ella dijo, ‘no se lleven a mi hijo’, y el niño comenzó a gritar y vomitar y llorar de forma histérica. Ella preguntó a los agentes, ‘¿Puedo estar con él al menos cinco minutos para tranquilizarlo?’. Le dijeron que no”.
 Según un congresista de Texas, el niño más pequeño que ha visto tiene ocho meses y lleva un mes en un centro de este tipo. En teoría, nadie debe estar en estos lugares más de 72 horas, pero la acumulación de casos ha hecho que muchas personas, también niños, lleven meses en ellos.

 En un artículo publicado en The Washington Post, Laura Bush escribe que “estas imágenes recuerdan de forma siniestra a los campos de internamiento de los americanos de origen japonés en la Segunda Guerra Mundial, que son considerados ahora uno de los episodios más vergonzosos de la historia de Estados Unidos”              (Guerra eterna, 18/06/18)

20/6/18

Emilia fue llevada al calabozo media hora después de haber parido su primer hijo, con la sangre bajándole por las piernas. Le dieron una paliza de la que todavía tiene secuelas...

"En su obra La locura y la guerra. Características biopsíquicas de los marxistas internacionales, Vallejo Nágera expone con claridad el objeto de la investigación: “tenemos ahora una ocasión única de comprobar experimentalmente que el simplismo del ideario marxista y la igualdad social que propugna favorece su asimilación por los deficientes mentales”.

  El psiquiatra Carlos Castilla del Pino, que le tuvo de profesor, tiene muy claro cuál era la finalidad de esos experimentos: “la única manera de poder justificar -sin sentimientos de culpa y en aras a un ideal superior- todas las tropelerías que se cometieron es montar un edificio ideológico que lo explique. Para Vallejo Nágera, el ‘rojo’ es un degenerado y un hombre que, si se multiplica, está degenerando la raza hispánica. Por tanto, hay que exterminarle”.

Después de la victoria de Franco, ideas como las de Vallejo Nágera encuentran un campo de cultivo excelente en un régimen que no se conforma con vencer, sino que quiere aplastar al enemigo. España se llena de campos de concentración que sólo se cierran después de transportar a los prisioneros en trenes de ganado hasta nuevos centros de detención. 

En las cárceles se fusila a diario. Una represión que no sólo afecta a personas que cometieron el “error” de defender el Gobierno legítimo de la República. Entre rejas hay también miles de mujeres, solas, embarazadas o con niños pequeños. Centenares de niños murieron en las cárceles de Franco de hambre o de enfermedad. 

Víctimas inocentes cuyo único delito es ser hijos de rojos. Ellos pasarán a ser uno de los objetivos del régimen, material a moldear para la construcción de la “nueva España”. Y para ello contaban con aportaciones como estos personajes del entramado del régimen.

Hijos de “rojos”: objetivo del régimen

María Topete Fernández era la directora de la Prisión de Madres Lactantes de Madrid. Su objetivo allí es reducir al máximo el contacto entre madres e hijos, “impedir que los niños mamaran la leche comunista”, como dice Victoria Carrasco.

 “Tenía a los niños todo el día en el patio, tanto si hacía frío como si hacía calor, y a las madres no nos dejaban coger a los niños aunque tuvieran hambre, estuvieran sucios o lloraran. Era horrible, tú veías a tu hijo llorando y no podías hacer nada”, nos cuenta Petra Cuevas, cuya hija murió de una bronquitis después de que La Topete -como la llamaba las presas- le impidiera que la visitara el médico.

Muchas de las mujeres presas con hijos en las cárceles estaban condenadas a muerte. Temían por su vida, pero aún les acongojaba más lo que pasaría con sus niños. ¿Qué sería de ellos si no tenían familia fuera de la cárcel? A Julia Manzanal la condenaron a muerte por ser militante del Partido Comunista y esperaba la ejecución de la pena capital con su hija de meses en la cárcel de Ventas de Madrid: “Imaginaos lo que eso supone, pensar que te van a quitar a la niña. ¿Qué van a hacer con esa niña? ¿Qué van a hacer con nuestros hijos? 

Cuando hablábamos de esto, decíamos que preferíamos que matasen a la niña con nosotras antes que entregársela a ellos”.

Gumersindo de Estella, un fraile capuchino destinado a la prisión de Torrero, en Zaragoza, se encargaba de dar asistencia espiritual a los presos condenados a muerte. Fue testimonio de muchas ejecuciones, algunas de mujeres con niños. Su diario es hoy un documento excepcional: “‘¿Qué van a hacer con las dos criaturas?’, pregunté. 

Alguien me contestó que ya habían sido llamadas dos religiosas para que se las llevaran a la casa de maternidad. Pero arrebatarles las hijas a las condenadas a muerte no eran tan fácil como suponían. Gritos de ‘¡Hija mía! ¡Por compasión, no me la roben! ¡Que la maten conmigo!’. Los guardias intentaban arrancar a la fuerza las criaturas del pecho y brazos de las madres y las pobres madres defendían sus tesoros a brazo partido”.

Pan a cambio de adoctrinamiento

El reglamento penitenciario de la época decía que los niños tenían que abandonar la cárcel antes de que cumplieran los tres años. Esto creaba una situación muy angustiosa para muchas madres, ya que no tenían a nadie fuera con quien dejar a los hijos. 

Esto significaba que el niño iría a parar a un asilo y entre las presas corría el rumor de que, si el niño iba a un asilo, lo perderían para siempre y, si no, tenían la certeza que los niños serían educados en contra de las ideas de sus padres. Teresa Morán recuerda nítidamente, como si acabara de ocurrir, lo que le pasó a una compañera suya de cárcel. 

Cuando la detuvieron, llevaron a sus hijos a un asilo y ella pasó muchos años sin saber nada de ellos. Un día le dicen que tiene visita: “Baja y ve al hijo mayor vestido de cura. La mujer se volvió loca y empezó a gritar: ‘¿Pero cómo puede ser, hijo? ¡Un traidor de tu padre! ¿No ves que esos son los que mataron a tu padre?’. Los asilos eran como las cárceles de los pequeñitos porque les enseñaban a odiar a sus padres, les decían que eran rojos, que eran malos y que habían hecho muchos crímenes”.

Los asilos donde van a parar los hijos de los presos pertenecen, en muchos casos, a la red de beneficencia de Auxilio Social. Esta institución benéfica fue creada por Mercedes Sanz Bachiller, viuda del líder falangista Onésimo Redondo, poco después de empezar la guerra. Está inspirada en la Winter-Hilfe de la Alemania nazi y su objetivo es atender a los más desamparados. Y los que más ayuda necesitan son los vencidos. 

Pero la caridad no es gratuita. Los hijos de los vencidos reciben pan a cambio de adoctrinamiento. Se les educa en contra de las ideas de sus padres y en el espíritu del “Glorioso Alzamiento”. Todos los que han apoyado la República son “rojos”, es decir, portadores del mal. 

El Patronato de Nuestra Señora de la Merced era el organismo encargado de los hijos de reclusos. En 1942, este organismo tenía bajo su tutela unos nueve mil niños. Al año siguiente esta cifra ya llegaba a los doce mil. Eran doce mil niños con los padres en la cárcel o fusilados.

El Patronato los tenía distribuidos entre centros de Auxilio Social y colegios u hospicios religiosos. Los niños recibían un trato y una educación similar en las dos instituciones. A Francisca Aguirre le fusilaron al padre y desde muy pequeña estuvo ingresada con sus hermanas en un hospicio religioso: “las monjas nos juntaron a todas las niñas y nos explicaron claramente que éramos escoria, que éramos hijas de horribles rojos, asesinos, ateos, criminales, que no merecíamos nada y que estábamos ahí por pura caridad pública. No entendíamos bien de qué éramos culpables”.

Robos y secuestros de niños

Pero el régimen no se conformó con reeducar a los hijos de los presos y de los fusilados. Tenían que asegurarse de que la “plaga roja” nunca más mancharía la nueva España. Y aprovechando la impunidad que tenían sobre los vencidos, se dieron casos de robos y secuestros de niños, sobre todo en la España rural.

 La combinación de miedo, antiguos odios y delaciones hacían la vida imposible a personas que tenían alguien señalado como rojo. Ése fue el caso de Emilia Girón, hermana del famoso guerrillero Manuel Girón, conocido popularmente como El león del Bierzo. Desde que su hermano se enroló en la guerrilla, la Guardia Civil les hacía la vida imposible a ella y a su familia. Casi cada día los llevaban a comisaría, muchas veces eran torturados. 

En una ocasión, Emilia fue llevada al calabozo media hora después de haber parido su primer hijo, con la sangre bajándole por las piernas. Le dieron una paliza de la que todavía tiene secuelas en la columna vertebral.

Después de eso, fue desterrada a Salamanca, donde tuvo que vivir de la caridad con su hijo recién nacido. Allí, vuelve a quedar embarazada y el bebé nace en el hospital provincial: “el parto lo tuve feliz. Era un niño. Yo quería que se llamase Jesús. Me lo quitaron para llevarlo a bautizar y ya no lo volví a ver más. Yo preguntaba y me decían que estaba malo.

 Supongo que un matrimonio que no tuviera hijos se lo quedó. Y con esa angustia estoy toda mi vida, porque sé que lo parí y que lo traje nueve meses encima de mí y no lo conocí siquiera. La angustia me durará hasta que esté en el otro mundo”. Del hijo de Emilia no quedó ningún rastro. No fue inscrito, por lo menos con los apellidos de sus padres, y en aquella época poco podía ir a reclamar una gente que estaba marcada como “roja”.

El caso de Emilia no era único. Hemos localizado un documento de la Casa Cuna de Sevilla. Es una carta del párroco a unos futuros padres adoptivos. El cura reconoce que la madre biológica está buscando a su hija y les recomienda paciencia: “al ver que les podían hacer pasar a ustedes un mal rato, decidí no tocar el asunto en la Diputación y que cuando ustedes fueran ni se acordaran que tal mujer había ido a reclamar nada”. El cura acaba la carta recomendando que se inutilice la partida de nacimiento original de la niña y se sustituya por otra. Todo con la máxima discreción.

También hubo secuestros de niños. José Murillo, conocido como Comandante Ríos, era uno de los guerrilleros andaluces más buscados por la Guardia Civil. Su hermana de dieciséis años fue secuestrada con doce niñas más del pueblo por unas monjas. Se las llevaron con un coche a un convento de clausura a Barcelona. No pidieron permiso a los padres y la niña no volvió al pueblo. Aún hoy vive en el convento.

Menores repatriados

Pero el régimen de Franco no se conformó solo con los hijos de los “rojos” en territorio español. Durante la guerra civil, muchos padres tuvieron que tomar la difícil decisión de confiar sus hijos a la República para que los evacuara al extranjero. Confiaban en que sus hijos, terminada la guerra, podrían regresar a una España liberada del fascismo. 

Pero la guerra la gana Franco y decide que todos estos niños tienen que regresar a España, con o sin la autorización de sus padres. El régimen convierte la repatriación de los menores en una gran operación propagandística. “Franco devuelve a las madres de España la alegría y el cariño de los que un día, por orden del Gobierno marxista, fueron arrancados de su patria y entregados a la tutela de las más antiespañolas instituciones internacionales”, decía el narrador de una película propagandística de la época. 

En muchos casos, sin embargo, el menor no era entregado a sus familias e iba a parar directamente a un asilo. Una ley de 1940 establecía que la patria potestad de los niños que estaban en centros de Auxilio Social pasaba automáticamente a la institución. Esto creaba un gran riesgo de que los padres perdieran la pista del niño para siempre.

De entre todos los niños españoles en el extranjero, el régimen franquista tenía especial interés en los que estaban evacuados en la Unión Soviética. Para Franco, era un triunfo sacarlos del país donde había triunfado la revolución comunista. Pero, al mismo tiempo, el Caudillo veía a estos niños como elementos peligrosos. 

Habían estado en contacto con el comunismo, estaban contaminados y hacía falta ingresarlos en un centro que garantizara su reeducación. Néstor Rapp, evacuado a la Unión Soviética antes de que terminara la guerra, fue repatriado a España en 1943. Su familia no había pedido su repatriación y se entera del regreso de su hijo por el periódico. 

Cuando solicitan que se les entregue el menor, el delegado de la Junta de Protección de Menores les dice que tiene orden de Madrid de no entregarlo y Néstor ingresa en un centro de Auxilio Social. Muchos años después, con la llegada de la democracia, la familia Rapp tiene conocimiento de un informe donde se dice textualmente que el menor no se entregó a la familia porque ésta “no ofrecía ninguna garantía sobre su educación”.
En 1941 Franco firma una nueva ley que aumenta el riesgo de la desaparición de hijos de republicanos al permitir cambiar los apellidos a los menores repatriados. La excusa era dar una identidad a los niños perdidos durante la guerra. Pero, en realidad, dificultaba todavía más que las familias legítimas pudieran encontrar a sus hijos y dejaba la puerta abierta a adopciones irregulares. María Calvo García, refugiada en Francia, fue repatriada en 1940. Cuando regresa a España, tiene ocho años, pero es incapaz de recordar sus apellidos. En 1941 se le aplica la nueva ley, se le ponen dos apellidos al azar: Pérez Gómez, y se la entrega en adopción. Desde ese momento, María deja de tener pasado y está lista para empezar una nueva vida, sin que quede rastro de su anterior familia. María no ha sabido hasta hace muy pocos años que tenía hermanos y que su padre fue fusilado por pertenecer al Ejército republicano. Y lo ha sabido gracias a años de investigaciones y a que su hermana salió en un programa de televisión buscándola.
Ninguna institución la ha ayudado a reconstruir su pasado y durante años se ha topado con un muro de silencio cómplice. Un silencio que se pactó en la transición y que ha cubierto con un espeso velo nuestro pasado más reciente. El régimen de Franco aplicó sobre los hijos de los vencidos su mano más dura y cruel. 

Muchos niños murieron de inanición, otros fueron convertidos en enemigos de sus propios padres y algunos desaparecieron. Han tenido que pasar cuarenta años de dictadura y veintisiete de democracia para que estos terribles crímenes empiecen a salir a la luz.

*Montse Armengou y Ricard Belis son periodistas de Televisió de Catalunya y autores de los libros Los niños perdidos del franquismo (Plaza y Janés, 2002) y Las fosas del silencio (Plaza y Janés, 2004). Este artículo fue publicado originalmente en la edición impresa de la Revista Pueblos Nº 12, Especial Derechos Humanos, verano de 2004.."              (En Sociología Crítica, 24/05/18)

19/6/18

Para nós o matar é unha honra...

"Foi un cazador de homes. Era da mesma feitura cun Camilo do Rubio, xefe da escuadra negra de Vilamaior, dun Pepe do Cabo de Bacorelle, dun Louredo de Bóveda, con outros da escuadra negra a asasinar en Remesar a Alexandre López López ou dun Amieira de Vilaesteba, que despois de participar no asasinato do socialista de Paradela Dositeo Pérez Fernández, afirmou “Que se joda!. 

Para nós o matar é unha honra”. Estaba feito da mesma madeira cun Manuel do Edra de Santalla, cun Pepe das Bustaregas, cun David de Vilamaior cun Teodoro de Mide, a poñer lume nos montes de Castro de Rei de Lemos para que ardesen os fuxidos, ou daqueloutro, cómplice a morte do veciño de Paradela Perico de Caraba, a berrar tras o crime “Un lacón máis ó pote que xa hai outro porco morto”

Chamábase Xulio López López pero todos o coñecían como “O Garabito”. Nado en 1909 en Reiriz, O Saviñao, en mala hora foi casado para a casa das Cochorras, criadas do cura da parroquia de Castro de Rei de Lemos, n´As Reigadas, Paradela, adheríndose a Izquierda Republicana, integrándose no seu comité de dirección, participando en actos de propaganda e xogando un papel destacado nas labores de axitación anticlerical que mesmo remataron na queima de varias igrexas.

 Até o comezo do golpe fascista formou no pobo democrático, chegando a ser un dos organizadores da resistencia aos sublevados, participando na requisa de armas e colaborando no rexistro da casa dos dereitistas. 

Porén non tardou en converterse no seu criado, mudando de banda e afiliándose á Falanxe en setembro de 1936 co aval do seu protector, algo máis segundo as malas linguas e crego de Castro de Rei de Lemos Francisco López Ochoa.

Formou nas bandas de matachíns de camisa azul. Un 4 de Marzo de 1937, canda Manuel Castro Castro “O Eirexalba e outros que non se citan na causa, detivo e sacou de paseo Manuel Armesto López e Teodoro López López “Teodoro da Seara, declarando as testemuñas escoitar ao Garabito afirmar “non cantas, xa cantarás”, liberando despois a Manuel Armesto tras pagar súa nai unha cantidade de diñeiro e deixando morto a Teodoro da Seara tras roubarlle do peto o diñeiro da venda dun becerro.

 Noutra ocasión, a comezos de 1937, xunto ao Manuel Castro “O Eirexalba” e Xaime González “Xaime de Agroxoi”, foron a por Francisco Armesto López, pedindo primeiramente 250 pesetas pola súa liberdade, continuando unha vez entregado o diñeiro coa intención de pasealo, sendo finalmente liberado de mans destes polas forzas do exército no lugar da Parrocha en Paradela cando ían proceder a execución. 

E así moitas máis souberon da crueldade do Garabito, como Perico de Caraba, cuxos berros de dor se sentiron en toda a parroquia de Pacios, ou Manuel de Ferreira, sen máis delito que ser fillo do dirixente republicano fuxido Xulio López.

O seu nome aínda mete medo. Sentenciado a pena de morte tras confirmar a súa participación no asasinato de Teodoro López López en Aldosende, concello de Paradela, fusilado en Lugo o 2 de Xuño de 1942, a súa lembranza fai tremer nos tempos de hoxe aos veciños da comarca de Sarria. 

A súa execución non ten a ver co seu papel na persecución dos demócratas, senón con algunhas accións contra individuos sen significación política ou mesmo de dereitas, coma o párroco de Remesar Manuel Pumar ou o cura de Castro de Rei de Lemos Francisco Ochoa, de cuxo asasinato en Febreiro do 37 chegouno a responsabilizar a propia garda civil nos seus informes internos. 

Será precisamente a morte deste último, con quen partillaba vivenda e pasaba polo seu protector, o que rematou por decidir o futuro do Garabito, obrigando primeiro a alistarse como voluntario no exercito para fuxir da represión e posteriormente a permanecer con identidade falsa até 1941."              (Cilia Torna, Sermos Galiza, 17/06/18)

18/6/18

Le administraron grandes dosis de aceite de ricino, le raparon pelo y cejas, la maltrataron, violaron, la pasearon por las calles de Pamplona, sucia, su vestido rasgado...

"Camino nació en la calle Santo Domingo de Pamplona en 1910. Hija de Antonio y Anastasia, era la menor de 4 hermanos, pronto se quedó huérfana de ambos padres debido a la gripe de 1918. 

Los hermanos fueron separados y criados por diferentes familiares, ella fue a vivir con su tía. Camino pronto destacó como buena estudiante en las Teresianas de Pamplona donde terminó sus estudios con magnificas notas. En 1930 ejercía de maestra en el pueblo de Güesa, en el Valle de Salazar. (...) 

Camino se asoció al Socorro Rojo Internacional tras la Revolución de Asturias de 1934, ya que muchos de los detenidos encarcelados en el Fuerte San Cristóbal vivían en condiciones infrahumanas. Aquellas mujeres venían desde Pamplona, a veces en las peores condiciones meteorológicas, llevando comida y regalos, acompañándolos con sus dulces caras y voces. 

Pero Camino era muy mal vista en Pamplona, era de izquierdas, solidaria, conocida activista, secretaria del Partido Comunista, afiliada a FETE-UGT, multimilitante comprometida con su trabajo, vivía rodeada de demasiadas miradas acusadoras en una ciudad hostil.

En Navarra no hubo guerra. De la noche a la mañana todo cambió. Los que una vez fueron compañeros de tascas se convirtieron de repente en verdugos sedientos de sed y venganza.  (...)

A Camino la detuvieron el 31 de julio y la encerraron en la cárcel de Pamplona. Su compañero Tomás Ariz, conocido líder del PC de Pamplona, ya había sido fusilado antes. Camino era una “presa fácil”, rodeada de niñatos bravucones con ganas de demostrar gallardía en retaguardia. 

Los falangistas, entre ellos el cruel “toico” le administraron grandes dosis de aceite de ricino. 

Le raparon pelo y cejas, la maltrataron, violaron repetidamente, y la burlaron durante horas. Pero el escarmiento iba más lejos, había que humillar, apalear, herir, ridiculizar, la pasearon por las calles de Pamplona, sucia, su vestido rasgado. 

Días después la transportaron hacia Urbasa, y en medio de la carretera los carlistas la tirotearon y arrojaron por el balcón de Pilatos. Cayó cientos de metros hasta el término municipal de Baquedano, donde su cuerpo todavía no ha sido encontrado. Tenía 26 años.

En su libro La Guerra Civil en la Frontera, Pío Baroja habla de Camino: 

Al volver, he sabido muchas cosas de las que no quisiera haberme enterado. Entre ellas el caso de la maestra de un pueblo del Roncal, llamado Güesa, una muchachita de Pamplona, inteligente, que se había hecho comunista.
 Se llamaba María del Carmen Oscoz, y yo supe de su existencia, porque en el comienzo del año 1936 me empezó a escribir unas cartas en las que se mostraba anticlerical y entusiasta del comunismo, cartas de persona inteligente. 
Esta pobre muchacha leía mis libros, creía que yo estaba equivocado al no identificarme con el entusiasmo comunista. La maestra era audaz y valiente. 
En el pueblo parece ser que había un cura que la perseguía. Ella pintaba a su perseguidor como a un monstruo. La maestrita fue a varias reuniones, y al comenzar la revolución la detuvieron y la llevaron a la cárcel de Pamplona.
 Algunos días después la sacaron en un camión, y en medio de la carretera la mataron los carlistas, tirándola al suelo y disparando sobre ella varios tiros. Después arrojaron su cadáver por un barranco. ¡Qué crueldad más baja!.” (...)

Documentos originales: El libro Camino Oscoz y otras historias del 36 de Joseba Eceolaza. Noticias de Navarra (Amaia Rodríguez, Antonio Remón). Radio Recuperando Memoria (Nanny García Gómez). Parque de la memoria."                (Documentalismo Memorialista y Republicano, 30/04/18)

15/6/18

Olga Mayans, la española que sobrevivió a la masacre nazi de Tulle

Uno de los vecinos ahorcados por los nazis en Tulle (Foto cortesía de Olga Mayans)

"Aún me parece que oigo a aquellas bestias… gritando en alemán, aporreando la puerta de casa y amenazándonos con tirarla abajo si no la abríamos". Su rostro se ha ido cubriendo de tinieblas a medida que su envidiable memoria retrocedía en el tiempo. 

Aunque su trabajado cuerpo apenas le permite moverse unos pasos por la casa de Perpiñán en la que vive sola desde que falleció su marido, su mente se encuentra ya a 370 kilómetros de distancia. Muy lejos en el espacio y en el tiempo. Olga Mayans ha dejado de tener 92 años y vuelve a ser la jovencita asustada que era aquel 9 de junio de 1944.

"Hui con mi familia de Barcelona cuando las tropas franquistas estaban a las puertas de la ciudad. Nos refugiamos en Francia y yo acabé en Tulle, acogida por un matrimonio que me dio trabajo cuidando de sus tres hijos". Olga enseña las fotos que conserva de la que, desde entonces, siempre fue su segunda familia: los Tresallet. "Tenían dos gemelos, niño y niña, y otra hija mayor. Me querían como a una hermana".

 Louis, el padre, regentaba un taller de relojes en la localidad. Como tantos otros franceses y también muchos exiliados españoles, no pudo quedarse de brazos cruzados ante la invasión alemana de Francia. "Era de la Resistencia. Como en la relojería entraba y salía mucha gente, podía trabajar de correo sin levantar sospechas. Entraba uno y le dejaba un papel que más tarde alguien recogía", relata con admiración Olga.

La tensión se había disparado en la villa tras el inicio del desembarco de los Aliados en las playas de Normandía la noche del 5 al 6 de junio. Solo 24 horas después, los guerrilleros franceses habían lanzado una ofensiva contra Tulle en la que lograron liberar la ciudad. La alegría apenas duró unas pocas horas. El 8 de junio, efectivos de la División Das Reich de las Waffen-SS recuperaron el control de la localidad y perpetraron su sangrienta venganza. 

"El 9 por la mañana fueron, vivienda por vivienda, sacando a todos los hombres. Si no abrías, destrozaban la puerta con hachas. En nuestra casa solo estaba mi patrona, que se llamaba Denise, los niños y yo. Lo registraron todo y nos obligaron a encerrarnos, cerrando puertas y ventanas".

Durante varias horas los alemanes, siguiendo las órdenes del general de las SS Heinz Lammerding, reunieron a los prisioneros y realizaron una macabra selección. "Estábamos muy asustadas, pero no sabíamos exactamente lo que pasaba. Oíamos disparos, golpes y gritos. 

Lo más desgarrador era oír gritar a las mujeres que suplicaban por la vida de sus padres, maridos o hijos. Como nuestra casa era una especie de barraca, había muchos agujeros por los que mirar. Delante teníamos un soldado alemán con una ametralladora que se encargaba de que nadie se asomara a las ventanas ni saliera a la calle".

A solo unos metros de distancia comenzó la masacre. Los SS eligieron a 120 hombres y empezaron a ahorcarlos: "Con mucho cuidado para que no me vieran los soldados, yo miraba por las rendijas de las paredes de la casa. Y vi a los ahorcados. Los colgaban en todas partes… Yo los que vi estaban colgados de los balcones. La calle en que vivíamos fue una de la que más utilizaron para matarlos. Entonces se llamaba del Pont Neuf, Puente Nuevo; después de aquello la rebautizaron como calle de Los Mártires".

 Finalmente fueron 99 los vecinos ahorcados aquel día: "Tres eran españoles. ¡Aquello fue horrible! De una sola familia colgaron a tres". Los SS no se conformaron con ahorcar a ese centenar de vecinos en balcones y farolas; a otros 149 hombres los subieron a unos camiones y los enviaron a un campo de concentración.

 "Mi patrón fue uno de ellos. Se salvó de la horca, pero lo mataron en el campo de Dachau". Louis Tresallet no fue la excepción, sino la regla. En el campo de concentración perdieron la vida 101 de los 149 vecinos deportados durante aquella aciaga jornada.

Matanzas con víctimas españolas

La misma división Das Reich perpetraría al día siguiente, 10 de junio de 1944, otra masacre aún mayor en la localidad de Oradour-sur-Glane. En esta ocasión los miembros de las Waffen SS asesinaron a 642 personas en un solo día. "Nos enteramos de esa matanza bastante tiempo después", recuerda Olga mientras desempolva los periódicos que guarda de aquella época negra. "Allí no fueron ahorcados.

 Allí los ametrallaron y hasta los quemaron dentro de la iglesia". Así fue. 239 mujeres y 213 niños perecieron en el templo religioso de la localidad después de que los nazis les encerraran allí, les tirotearan y les arrojaran numerosas bombas de mano.

Entre las víctimas de esta segunda matanza había al menos 21 españoles, incluidos varios niños de corta edad. Sus nombres aparecen en el conmovedor mausoleo erigido en el cementerio de la ciudad. Una ciudad que conserva todas y cada una de sus cicatrices abiertas aquel día. No fue reconstruida para que las generaciones venideras recuerden todo el horror. "No se puede olvidar. ¡No se debe olvidar!", exclama Olga con el rostro tensado por la emoción. 

La lucha por conservar la memoria de las víctimas del nazismo ha sido, de hecho, uno de los pilares de su vida. A ello contribuyó que el destino y el amor hicieron que se casara, poco después de acabar la guerra, con Marcial Mayans, un superviviente barcelonés del campo de concentración de Mauthausen. Ambos prestaron su testimonio, hablaron acerca de los horrores provocados por el fascismo durante los cerca de 60 años que duró su matrimonio.

Desde que Marcial falleció en octubre de 2016, Olga no deja de decir a quien la visita que está deseando reunirse con él. Los recuerdos le duelen mucho más que la ristra de achaques que la mantienen postrada en un sillón durante la mayor parte del día. 

Aún así siente la obligación de seguir contando lo que vio en Tulle aquel día de junio de 1944. Cree que se lo debe a Louis Tresallet y al resto de víctimas de la masacre. Es por ello, es por ellos por quienes siempre está dispuesta a viajar en el tiempo… una última vez."              (Carlos Henández, eldiario.es, 13/06/18)

14/6/18

El quién es quién del terror en Siria

20, 21, 24, 28, 34, 36, 40, 41, 83, 90, 92, 124 y 126. Yazan Awad repite como un mantra los días en que torturaron su cuerpo. Cuando los guardias de la prisión militar le destrozaron la pierna con un garrote durante seis horas. Cuando le colgaron del techo y le sacudieron con un bate. Cuando le violaron con un Kaláshnikov. El peor de todos fue el día 36.

La cita con Awad y con otros testigos, abogados y demandantes del proceso contra el régimen sirio tiene lugar en Alemania, convertida en la vanguardia de la batalla legal contra el Gobierno de Bachar el Asad. Aquí han recalado cientos de miles de refugiados sirios en los últimos dos años, convertidos a su pesar en las pruebas vivientes de las atrocidades cometidas en las cárceles del régimen. 

Su presencia, junto a miles de fotografías sacadas de Siria y sobre todo gracias a unas leyes que abren la puerta a la justicia universal y a fiscales y policías interesados en investigar han permitido que casos como el suyo avancen y que se haya dictado la primera orden de detención internacional contra un alto cargo del régimen.

A más de mil kilómetros de Berlín, en una habitación fría, cientos de cajas de cartón guardan la otra gran pieza del puzle judicial contra el régimen sirio. Son las pruebas necesarias para sentar a los responsables de las atrocidades en el banquillo. El quién es quién del terror. 

Cientos de miles de documentos que han sido sacados discretamente de Siria en los últimos años y que demuestran quién dio las órdenes de detener y torturar a los que salieron a protestar contra el régimen. Quién diseñó el macabro entramado de torturas, quién ejecutó las órdenes y quién miró para otro lado.

Veteranos de la justicia internacional clasifican y custodian estos kilos de papeles. En una docena de países los documentos alimentan investigaciones contra cargos medios del Gobierno sirio que viven en Europa, pero sobre todo van construyendo el esqueleto de la gran causa judicial contra el régimen sirio, para que la historia de Yugoslavia o de Ruanda no se repita y para que el día en que se constituya un tribunal internacional que juzgue los crímenes sirios, las pruebas no se hayan evaporado ni haya que esperar décadas para empezar a trabajar.

La primera prueba contra el régimen sirio es el relato de las víctimas, personas con cuerpos rotos y ánimo de hierro. Sus testimonios dibujan un retrato preciso y espeluznante del aparato represivo del régimen sirio. Los elementos se repiten de un relato a otro, hasta emerger un patrón de abusos sistemático. La tubería con los cables colgando para dar palizas. 

Los gritos de los torturados de día y de noche. El hacinamiento en celdas atestadas de infecciones. La incertidumbre de no saber si vas a morir o a vivir al día siguiente. Los desaparecidos. Las confesiones bajo violencia. Las víctimas también comparten una desesperada fe en la justicia como arma de supervivencia psicológica.

Awad es un joven corpulento de 30 años, que lleva dos en Alemania. Aquí llegó como los demás refugiados, jugándose de nuevo la vida. En Siria pasó 137 días detenido en el aeropuerto de Al Mezzeh, bajo control de la Fuerza Aérea del Ejército sirio. “Nada más llegar, me pegaron durante seis horas. Nos tumbaban en el suelo y nos pegaban con tuberías. Nos golpeaban en la planta de los pies. Después me llevaron a una celda con 180 personas. El dolor era terrible. No podía ir al baño. Dos personas me tenían que arrastrar”.

Awad continúa como si fuera incapaz de poner freno a sus recuerdos. “Pegaban como locos. Con las botas en la cabeza, con la culata del Kaláshnikov. Me metieron el AK-47 por el culo y estuve casi dos meses sin comer. Decir que querías ir al médico era peligroso; de cada diez que iban, solo uno volvía con vida. Nos daban 10 segundos para ir al baño. En ese tiempo, tenías que beber, curarte las heridas, ir al retrete y hacer las abluciones”.

El día 36 fue el más largo. Awad cuenta el calvario al que fue sometido:

“Me dijeron que me iban a matar. Todavía colgando del techo, me metieron una pistola en la boca y me pidieron que recitara la shahada [la declaración de fe islámica]. No podía dejar de tartamudear y tardé más de 15 minutos. Alguien disparó. Habían cortado la cuerda y estaba en el suelo. Creí que me habían matado. Me quitaron la venda de los ojos y salí corriendo tras ellos. Necesitaba ver sus caras para poder explicarle a Dios quiénes eran el día del juicio final”.

Hasta entonces Awad había sido un tipo normal. El 29 de abril de 2011 participó en su primera manifestación contra el régimen. La revolución tunecina se había cobrado la cabeza del dictador Ben Ali y en Egipto, Hosni Mubarak también había caído. Lo imposible de repente empezó a parecer posible, también en Siria. 

Las fotos de los niños de Deraa, a los que les arrancaron las uñas por hacer unas pintadas críticas contra el régimen hicieron saltar la chispa. También en la cabeza de Awad: “Cuando vi las fotos de aquellos niños decidí oponerme al régimen”. Tras la primera manifestación vinieron más, y después, la ayuda a los manifestantes que huían de otras ciudades. Más tarde se sumó a los médicos clandestinos para trasladar heridos a hospitales secretos.

Todo aquello forma parte de un pasado repleto de ilusión y esperanza del que no queda ni rastro. La guerra en Siria va por su octavo año, ha acabado con la vida de unas 400.000 personas y ha obligado al desplazamiento de once millones, cerca de la mitad de su población. Y tal vez lo peor, no hay en el horizonte una solución política capaz de poner fin a un conflicto que no deja de enquistarse. Awad también es otra persona, pero aún sueña.

 “Mis amigos están todavía en la cárcel y les prometí que les sacaría. Mi sueño es hablar ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. En 2012 pararon las torturas durante dos semanas, pudimos dormir porque no oíamos gritos y nos dieron comida solo porque existía la posibilidad de que fueran a venir inspectores de la ONU a la cárcel. Fueron dos semanas increíbles: el paraíso en el infierno".

Al llegar a Alemania, Awad se topó en Internet con Anwar al Bunni, un conocido abogado sirio que ahora también vive aquí. A Awad se le ensanchó de repente el horizonte de su vida: “Había llegado mi momento”.

Al Bunni es un tipo menudo cuya eterna sonrisa esconde un pasado y un presente terrorífico. Es un abogado sirio y el alma de este caso, junto a su colega Mazen Darwish y apoyados por el Centro europeo para los derechos humanos y constitucionales (ECCHR, por su siglas en inglés), una ONG alemana que se dedica a lo que ellos llaman “el litigio estratégico”.

 Juntos se han propuesto ver entre rejas a los torturadores del régimen sirio. En total, cuatro denuncias penales se encuentran ya en la Fiscalía General, junto a decenas miles de imágenes de torturas sacadas de Siria.

Hay países como Suecia, Noruega o Austria que también permiten la aplicación de la justicia universal, pero el caso alemán, permite, la ley permite una amplia interpretación para llevar a cabo los llamados “procesos estructurales”, en los que se trata de recabar evidencias más allá de casos concretos. Hay además un departamento de fiscales y de la policía criminal que tienen interés en estos casos. Hace dos años por ejemplo, la fiscalía ya emitió una orden de detención internacional contra un miembro del ISIS por crímenes de guerra cometidos contra los yazidíes.

La Fiscalía ha escuchado a los testigos y esta semana ha trascendido que ha dictado una orden de detención internacional contra Jamil Hassan, director de la temida Inteligencia militar aérea y estrecho colaborador de Bachar el Asad.

En Damasco, Al Bunni era un conocido defensor de presos políticos y cuando llegó a Europa, en seguida se corrió la voz entre la comunidad de la diáspora. Sus redes sociales, el Whatsapp y el Skype, se empezaron a llenar de compatriotas que como Awad le querían contar lo que les había pasado. En poco tiempo logró tejer una tupida red de testimonios que se extiende por toda Europa. 

En un despacho vacío al norte de Berlín, con una banderita siria como único ornamento, Al Bunni detalla los pormenores del caso: “Estamos preparando testigos en Noruega y también en Estocolmo. En Francia hay un caso abierto por dos víctimas con nacionalidad francesa…”. En total, trabajan juntos cinco abogados sirios en Berlín y otros 30 repartidos por toda Europa. Explica que uno de sus 27 demandados es Bachar el Assad.

La familia Al Bunni tiene pedigrí opositor. Entre él, sus tres hermanos y su hermana han pasado 75 años en la cárcel. En Damasco, el abogado dirigía un conocido centro de derechos humanos, convertido en una referencia para diplomáticos occidentales. Acusado de querer debilitar a la nación y de complicidad con organismos internacionales, estuvo en la cárcel entre 2006 y 2011, donde asegura que intentaron matarle dos veces.

Estando preso, estalló la revolución. Al salir, Alemania –cuya asociación de jueces había premiado con anterioridad su trabajo– se ofreció a sacarle de Siria. Pero en Siria había mucho trabajo por hacer. Había que defender a los manifestantes que acababan detenidos sin garantías judiciales. 

Al Bunni aguantó hasta 2014, cuando el Gobierno emitió dos órdenes de detención en su contra. Ya no se trataba de estar fuera o dentro de la cárcel, si no de vida o muerte. Había llegado el momento de comprobar si la oferta alemana seguía vigente. Huyó con su mujer e hijos cruzando las montañas.
Prometo que les llevaré a la cárcel, muerto o vivo: esa gente no puede ser parte de la transición política
ANWAR AL BUNNI
Al Bunni es otra de esas personas que te puedes cruzar en el supermercado en Alemania sin sospechar que vive una vida que poco tiene que ver con la de la mayoría. “Sabemos que hay más de 60 personas del régimen en Europa, pero no les tengo miedo”. Él lo tiene todo pensado:

 “Ellos deberían temerme a mí. Me conocen de la cárcel. Todos los días me interrogaban y saben que solo si me matan podrán callarme. Si me matan en Alemania, será fácil incriminarles, irán a la cárcel y habré cumplido mi objetivo”.

 Ríe. “Prometo que les llevaré a la cárcel, muerto o vivo: esa gente no puede ser parte de la transición política siria”.

El abogado está convencido de que Europa también se juega mucho en esta batalla. “Si dejamos al régimen de El Asad impune, equivaldría a dar vía libre a todos los dictadores del mundo. Si la ley internacional colapsa, ¿qué va a ser de nuestras sociedades?”, se pregunta.

Al Bunni también utiliza su red de contactos en la diáspora para detectar a criminales que vienen a Europa como refugiados. Puede ser gente del régimen, pero también gente del Estado Islámico, de Al Nusra... “Sabemos que más de 1.060 personas que llegaron como refugiados han cometido crímenes. Tenemos mucho material para probarlo”.

La unidad de crímenes de guerra de la policía criminal alemana (ZBKV) también participa en este proceso. Una portavoz explica que revisan de forma sistemática las entradas de personas procedentes de Siria e Iraq desde 2015, cuando se produjo el gran pico de llegadas de demandantes de asilo. 

Han recibido más de 4.300 informaciones relacionadas con posibles violaciones del código contra de derecho internacional (genocidio, crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra). Los casos concretos de potenciales sospechosos, los enviamos a la Fiscalía General alemana”.

Entre la documentación que se encuentra ya en la Fiscalía alemana hay un informe crucial para la causa. Se trata de un paquete de 26.948 fotografías. Cerca de la mitad de ellas muestran los cuerpos sin vida de detenidos por el régimen sirio. Se conocen por el seudónimo del informante que las sacó de Siria: César.

César era fotógrafo en la policía militar. Entre 2011 y 2013 su trabajo fue retratar a los cadáveres que llegaban de los distintos centros de detención a dos hospitales: el Hospital Militar 601 y el Hospital Militar de Tishreen. Las fotos del Informe César (Caesar Files) son imágenes minuciosas, profesionales, de alta calidad, a todo color. Documentan el terror. En ellas aparecen miles de cadáveres famélicos, desnudos y torturados. Las publicamos tratadas dada la crudeza de su contenido.

Estas imágenes han servido para que muchas familias identifiquen en ellas a sus seres queridos, detenidos o desaparecidos, de los que hacía años que no tenían noticias. Sirven como prueba. En España, la Audiencia Nacional inició en marzo de 2017 el primer procedimiento contra las torturas y ejecuciones del régimen de El Asad cuando la española de origen sirio Amal Hag-Hamdo Anfalis reconoció a su hermano muerto entre las fotografías de César. Sin embargo, el propio tribunal revocó la admisión de la querella unos meses después al creer que España no tiene jurisdicción para investigar estos crímenes.

Las imágenes prueban el patrón de abusos sistemáticos, la cruel cotidianidad y las condiciones infrahumanas de las prisiones sirias. La mayoría de los cadáveres aparecen demacrados y esqueléticos. Piel y huesos. Las costillas, clavículas y caderas marcadas. También se identifican infecciones en la piel, llagas y claros signos de haber sido torturados: marcas de estrangulamiento, ataduras, quemaduras, golpes, laceraciones, traumatismos, dientes destrozados, ojos reventados, sangre seca…

Anmistía Internacional eleva al menos a 17.723 las víctimas mortales de los centros de detención. La organización de derechos humanos describe un amplio catálogo de torturas que además considera que son la norma. “Desde que estallaron las protestas pacíficas en 2011, el Gobierno sirio ha lanzado una campaña para detenciones y desapariciones forzosas. Miles de personas han sido torturadas y maltratadas, muchas de las cuales han muerto durante la detención y decenas de miles han desaparecido.

 Los principales objetivos del régimen han sido activistas, defensores de derechos humanos, periodistas, médicos y trabajadores humanitarios”, escribe Amnistía en su último informe.

Las fotos del Informe César contienen más información de la que podría parecer a primera vista. Junto a cada cadáver, hay un papel con tres cifras: identifican el centro de detención del que llegó la víctima, el número de detenido que allí le asignaron y el que le asignó el forense al cadáver.

Estos libros son la contabilidad de los muertos. Los informes de los forenses, que también filtró César, indican dónde estaban detenidas las víctimas –en este ejemplo en la unidad 215 apodada “la prisión de la muerte” – y a qué morgue fueron trasladadas: el hospital militar 601 de Damasco.

En el hospital 601 llegó a haber tantos cadáveres que no cabían en las cámaras refrigeradas de la morgue. Entonces empezaron a almacenarlos en los garajes que servían para reparar los vehículos militares averiados.

Si el GPS de la cámara estaba activado, los metadatos de las fotografías del Informe César permiten comprobar dónde y cuándo fueron tomadas y las instituciones implicadas en el horror. La organización Human Rights Watch publicó en 2015 un exhaustivo dossier titulado Si los muertos hablasen, en el que expertos forenses analizaban las imágenes y geolocalizaban varias de ellas.  Desde cada una de estas fotos, la tecnología permite hacer un viaje siniestro al lugar y a la fecha de los hechos. Es este:

En septiembre de 2017, el Caesar Files Group, junto con ECCHR, presentó una querella criminal ante la Fiscalía General en Karlsruhe contra algunos responsables de los servicios de inteligencia y la policía militar, utilizando las imágenes como prueba.

Preguntada por este diario, la Fiscalía General alemana explica que no pueden dar detalles de la marcha de las investigaciones, pero en un correo electrónico confirman que “en relación con la guerra civil y los crímenes de guerra en Siria, en particular los cometidos también por el régimen sirio, estamos llevando a cabo un proceso estructural. Estamos analizando los llamados archivos César, que muestran la crueldad del régimen de El Asad. Muestran numerosos cadáveres con signos de distintos tipos de tortura. […] 

Tenemos estas imágenes desde 2016 y un instituto forense las está analizando. En este contexto se trata de identificar a los cadáveres y de establecer la causa de su muerte. Las investigaciones siguen su marcha”. Respecto a la orden de detención internacional contra Jamil Hassan, que desveló Der Spiegel y que confirman los abogados, la Fiscalía no la desmiente, pero tampoco lo confirma oficialmente, como suele hacer en estos casos.

Ibrahim Alkasem, un abogado sirio que representa al Caesar Files Group accede a encontrarse con este diario bajo condición de que no se desvele en qué país vive, ni dónde transcurre la entrevista. “Desde 2011 recogemos papeles, testimonios de víctimas, documentos de las transferencias de una cárcel a otra, vídeos”, explica.

 “Las imágenes muestran claramente que ha habido torturas con métodos sistemáticos y que los perpetradores siguen un patrón e instrucciones concretas. Los archivos del Informe César son solo una parte de esas evidencias”, apunta el abogado que también recopila documentos oficiales que muestran cómo opera la cadena de mando del régimen sirio.

De momento, la batalla legal se centra en Alemania, aunque también se han abierto casos de menor envergadura en España, Austria, Suecia y Francia. Pero más allá de juicios más o menos simbólicos in absentia, la batalla se juega a corto, medio y también largo plazo. 

“La justicia alemana ha comprendido que es importante guardar pruebas para luego poder abrir casos específicos, que es un trabajo que no pueden hacer solo las ONG y esa es una novedad muy importante”, explica Julia Geneuss, experta en justicia universal de la Universidad de Hamburgo. “Al principio Alemania era muy cautelosa con los casos de justicia universal, pero se ha dado cuenta de que lo importante no es tanto un juicio concreto que se celebre aquí como que las pruebas se puedan utilizar más adelante en tribunales internacionales”. 

Geneuss sostiene que Alemania es el país europeo con una interpretación de la justicia universal más amplia, donde se puede iniciar un proceso sin que por ejemplo haya víctimas alemanas como sucede en otros países de la UE.

Muy lejos de allí, en otra ciudad europea, que de momento también debe permanecer en secreto, la Comisión para la Justicia Internacional y la Responsabilidad (CIJA) clasifica con mimo las pruebas documentales de los abusos. Repartidos por Europa y Oriente Próximo, 145 expertos legales han recopilado ya 800.000 páginas.

Su experiencia en Yugoslavia, Camboya o Ruanda les ha hecho darse cuenta de que para montar un proceso contra un régimen no basta con el relato de las víctimas. Resulta imprescindible disponer de pruebas del organigrama jerárquico del terror. 

Pruebas que documenten quién es quién y qué puesto ocupaba en qué momento y qué conocimiento y responsabilidad tenía en lo que estaba pasando.
Esos fardos de papeles han ido saliendo de Siria en los últimos años gracias a una compleja operación logística:

Personas contadas tienen acceso a este depósito del terror controlado por una cámara de seguridad. Antes de entrar, hay que firmar un documento con la hora de entrada y la de salida. Dentro, 265 cajas marrones, todas idénticas guardan carpetas etiquetadas con códigos de barras y con papeles que son la llave de la justicia en Siria.

 En uno de ellos por ejemplo, rubricado en la oficina de Seguridad Nacional, aparece una lista de categorías de personas a las que se ordena detener: manifestantes, organizadores de protestas, personas que tengan contacto con periodistas extranjeros… “Límpiense todos los sectores de estas personas”, reza el documento

En otro, se pide que los resultados que los nuevos nombres que emanen de interrogatorios se envíen de vuelta a la oficina de Seguridad Nacional. Hay también notas tomadas durante los interrogatorios.

Nerma Jelacic, subdirectora de CIJA con una dilatada experiencia en el tribunal de Yugoslavia, explica que “no basta con un papel con la firma de alguien, hay que tener todo el conjunto de documentos al que pertenece ese papel para demostrar su autenticidad, porque si no, son pruebas muy fáciles de derribar en un proceso judicial”.

Jelacic cuenta que en el caso de la guerra de Bosnia, el tribunal se formó en 1993, dos años antes de la matanza de Srebrenica, pero no fue hasta siete años después cuando se pudo llevar a los responsables ante la justicia. Para Jelacic, uno de los problemas fue la falta de evidencias que pudieran probar que personas como Mladic estaban al corriente de lo que sucedía

La idea es hacer acopio de las pruebas en pleno conflicto. No se puede esperar a que acabe la guerra, porque entonces será demasiado tarde. “Parte de los lugares en los que rescatamos esos documentos han sido reconquistados por el régimen y ahora ya no sería posible recuperarlos”, explica Chris Engels, director de investigaciones y operaciones de CIJA, quien asegura que nunca se han guardado tantos documentos mientras hay una guerra activa.

 “La evidencia de torturas es enorme. Hay miles de relatos que son muy similares, las mismas preguntas, los mismos métodos de tortura…”. En CIJA trabajan también con evidencias de crímenes cometidos por los grupos opositores.

“Lo que estamos haciendo es muy revolucionario. Hemos completado ya 10 casos, siete de ellos de altos cargos del régimen, ahora lo que nos falta es un tribunal que pueda juzgarlos. Hace falta voluntad política y de momento no la hay. Pero la habrá y para entonces, tendremos todas las pruebas preparadas”, explica Jelacic.

Los papeles servirán para un macro caso de justicia internacional el día que China y Rusia dejen de boicotear una investigación de crímenes de guerra en Siria. Pero a la vez, esas pruebas sirven para armar casos judiciales en tiempo real. Cada vez hay más perpetradores que viven en Europa y que han ido llegando camuflados como refugiados. CIJA proporciona pruebas a una docena de países que trabajan para llevar a juicio a sospechosos, muchos cargos intermedios, que sí están en Europa

A finales de 2016, la asamblea general de Naciones Unidas creó un Mecanismo para la Investigación Independiente en Siria dedicado a preservar y analizar evidencias de crímenes y violaciones del derecho internacional y a preparar dosieres judiciales de apoyo a los casos que se abran en los tribunales nacionales.

De momento, la batalla legal contra Al Asad se centra en Alemania, aunque también se han abierto casos de menor envergadura en España, Austria, Suecia y Francia.

Wolfgang Kaleck es el fundador del ECCHR, que ha logrado que se emita la orden de detención internacional contra Hassan. Kaleck cree que hay una “ola de jurisdicción universal” en Alemania y en el norte de Europa, y aunque no piensa que los responsables vayan a caer de un día para otro, considera muy necesario que se dicten órdenes de detención internacional. 

 “Si una corte superior de justicia alemana está investigando crímenes en Siria y señala como máximos responsables al régimen de El Asad, eso tiene mucha fuerza”, afirma Kaleck.

“Los responsables no van a poder ser juzgados in absentia, pero las órdenes de detención internacionales envían el mensaje a los perpetradores que los crímenes no quedan impunes”, corrobora María Elena Vignoli, experta en justicia internacional de Human Rights Watch.

Por eso, para muchos refugiados sirios, la justicia alemana es ahora su única esperanza. Maryam Alhallak es una de ellos, en 2012 se llevaron a su hijo...

 Maryam Alhallak testificó ante la Fiscalía el pasado julio. Contó cómo consiguió confirmar que su hijo había muerto cuando le vio en una imagen del Informe César. Antes, en Damasco, había pasado tres años buscando su cuerpo sin éxito, llamando a todas las puertas posibles de la burocracia siria.

 “El Gobierno me buscaba y me quería detener. Iba a preguntar a todos los oficiales y por eso me perseguían y me echaron de mi casa”, cuenta. Una madre coraje a la que nadie quería escuchar. La Fiscalía alemana sí ha querido oír su historia, que es la de su hijo, supervisor en la facultad de Odontología.

 “No había ninguna acusación contra él”, continúa la madre. Se le corta la voz. Respira, coge fuerzas y sigue. “Tengo mucha esperanza”, dice sobre la causa abierta en Alemania. “Lo único que nos queda es la justicia”."              (Ana Carbajosa, El País, 09/06/18)