20/11/18

Los dos últimos líderes vivos del Jemer Rojo culpables de genocidio y crímenes contra la humanidad

"Camboya dio hoy un paso más para dejar atrás el capítulo más negro de su historia moderna tras declarar a los dos últimos líderes vivos del Jemer Rojo culpables de genocidio y crímenes contra la humanidad, y condenarles a cadena perpetua.

El tribunal auspiciado por la ONU concluyó así la causa contra la cúpula del régimen liderado por Pol Pot que entre 1975 y 1979 causó cerca de dos millones de muertos a causa de trabajos forzados, enfermedades, hambruna y purgas políticas.

 El ex “número dos” e ideólogo de la organización comunista, Nuon Chea, de 92 años, y el antiguo jefe de Estado de ese régimen, Khieu Samphan, de 87, son los únicos miembros del estrecho círculo dirigente que han sobrevivido lo suficiente para oír una sentencia condenatoria.

“Hoy se ha hecho justicia”, dijo a la prensa el subsecretario general de Asuntos Legales de la ONU, Miguel de Serpa Soares, tras la vista. “Aunque la justicia ha prevalecido, nuestros pensamientos están con las víctimas de los crímenes inenarrables que se cometieron en este país”, añadió.

Ayudado por los guardas, Khieu Samphan se levantó para escuchar la sentencia leída por el juez Nil Nonn que Nuon Chea oyó desde su celda tras recibir el permiso de los magistrados para ausentarse de la sala principal del tribunal.

El fallo reconoció por primera vez la comisión de genocidio por parte del Jemer Rojo contra las minorías vietnamita y la musulmana cham y declaró a los dos acusados culpables de ese delito, si bien eximió a Khieu Samphan en el segundo caso por falta de pruebas concluyentes sobre su intencionalidad.

La decisión dejó satisfecho a Seng Ya, miembro de la comunidad cham de 73 años, que se encontraba entre el numeroso público que llenó la sala del tribunal.

Tras la vista, Seng explicó a Efe que solo 50 de las mil familias de su aldea sobrevivieron al régimen y dijo que espera que la sentencia alivie y aporte una sensación de justicia a todas las víctimas.
El juez también declaró a los acusados culpables de crímenes contra la humanidad -incluidos asesinato, exterminio, deportación, esclavitud, tortura, persecución por razones políticas, religiosas y étnicas- crímenes de guerra y actos inhumanos, como desapariciones, matrimonios forzados y violación.

La fiscalía celebró la decisión de los jueces en este caso del que “casi todo el mundo (en el país) fue víctima de una u otra manera” y destacó la importancia del reconocimiento como delito de los matrimonios forzados y las violaciones.

“(Las víctimas) querían el reconocimiento internacional y ahora ya lo tienen”, dijo a la prensa Nicholas Koumjian, uno de los fiscales.

El gobierno camboyano también aplaudió la sentencia y el trabajo realizado por el tribunal a través del viceprimer ministro, Bin Chhin que calificó la jornada como un “día histórico”.
Las defensas, que habían rechazado las acusaciones al considerar que la responsabilidad e intencionalidad de los acusados no había sido probada, mostraron en cambio su disconformidad y anunciaron que presentaran recursos de apelación.

“No estamos contentos con el veredicto”, dijo a la prensa el abogado de Khieu Samphan, Kong Sam Onn, que calificó el fallo como “muy confuso”.

El juez Nil Nonn decretó la fusión de la condena con la que ya fue impuesta a los dos exdirigentes en una fase anterior del juicio, que se centró en la evacuación forzosa de centros urbanos y las ejecuciones de adversarios tras el final de la guerra civil.

Las Cámaras Extraordinarias de las Cortes de Camboya, nombre oficial del tribunal, decidió segregar esta causa debido a su complejidad y el temor de que los acusados, de edad avanzada y salud frágil, murieran antes de que se dictara sentencia.

El juicio contra la cúpula del Jemer Rojo comenzó en 2011 con dos acusados más, el exministro de Asuntos Exteriores Ieng Sary, y su esposa y exministra de Asuntos Sociales, Ieng Thirith, que murieron en 2013 y 2015, respectivamente.

Pol Pot, murió en 1998 en el último bastión de la guerrilla maoísta en la selva del norte de Camboya, prisionero de sus propios correligionarios y meses antes de que estos acordaran su disolución con el gobierno de Phnom Penh.

El tribunal, en marcha desde 2006 tras una larga negociación entre la ONU y el gobierno, ha recibido críticas por la duración del proceso, su elevado coste (300 millones de dólares) y las interferencias políticas del gobierno camboyano.

La primera sentencia se emitió en julio de 2010 contra Kaing Guek Eav, alias “Duch”, a quien se impuso una condena de 35 años, elevada en apelación a cadena perpetua por su responsabilidad en la tortura y muerte de más de 12.000 personas en la prisión S-21.

La corte trabaja en dos casos más contra cuatro cargos intermedios pese a la oposición de jueces y fiscales camboyanos del tribunal y la obstrucción del gobierno, en cuyas filas hay varios ex jemer rojo, incluido el primer ministro, Hun Sen, quien se opuso a la apertura de nuevas causas."             (República, 16/11/18)

19/11/18

Víctor Manuel: “A mi abuelo lo mataron por dos estufas”

"Víctor Manuel ha convivido con decenas de perros. Pero nadie como Tula. Era capaz de bajar cada día con la cesta de la comida para su tío de Ribono a Mieres, donde trabajaba de taquillero en la estación. Tres kilómetros de trayecto. Y regresaba... Era un animal superdotado. Incluso para intuir su muerte. “No se me olvida como cuando ya estaba muy mal, mi abuelo cavó su fosa y ella se metió dentro para tumbarse antes de ser sacrificada”. Víctor reconocería esa tumba hoy a ojos cerrados, pero le da rabia que muchas otras anden sin que sepamos quienes las ocupan. (...)

Víctor es un músico de raíz y memoria, de enjundia y conciencia. “Un optimista escéptico”, se define. Y eso se desprende de su copla Digo España, un canto de amor con reproches, pero escrito con la cabeza alta: “Digo España y qué bien suena esa palabra: No la arrojo contra nadie y contra nada”, reza su estrofa principal. 

Un tema al que vuelve 36 años después de componer España, camisa blanca de mi esperanza: “Saboreo bien este país, aunque a ratos me gusta y otros, no. Nos pesa el término como a mi generación nos pesó en su día la bandera. 

La hemos encajado con el tiempo, con la naturalidad con que la han aceptado luego los más jóvenes después de ganar el mundial de fútbol”.

Las razones están no sólo en la canción en sí, también en el propio disco. Concretamente en temas como He cortado estas flores. Una topografía amarga de las cunetas. Un exordio cargado por el peso del silencio que vivió de niño: “A mi abuelo paterno lo fusilaron en Oviedo. Mi padre casi nunca me habló de ello. El miedo persistió en sus hijos pero no en los nietos”.

 Las preguntas le pesaron tanto que al morir su padre, quiso saber. “Accedí a su caso. Lo habían denunciado unos ferreteros de Mieres por haber robado, según ellos, dos estufas. La clase política ha ido a rebufo de un asunto tan doloroso. Lo fusilaron y lo enterraron en una fosa donde dicen que en los alrededores hay 1.800 más sin identificar. 

Yo iba con mi padre al cementerio de Oviedo y él dejaba unas flores en un lugar indeterminado, a ojo”. Pero con la imagen del abuelo fija en su cabeza y las razones mezcladas. “En vez de estufas, creyó que lo habían denunciado por una cesta de huevos. Aun así, cuando nos trajo a Madrid de visita una vez, nos llevó al Valle de los Caídos. Qué cosas, ¿no?”.  (...)"                  ( , El País, 07/11/18)

16/11/18

Ibn al-Sheikh al-Libi: La historia de tortura más importante jamás contada

"Ibn al-Sheikh al-Libi fue enviado por los marines estadounidenses de Afganistán a Egipto en un ataúd sellado. La “inteligencia” obtenida de Libi se utilizó para vender la guerra de Iraq.
Es triste decirlo, pero Estados Unidos nos ha enseñado varias cosas sobre el abuso a los detenidos en Abu Ghraib y más allá. Aprendimos también otra lección lamentable en las revelaciones de Ian Cobain y Clara Usiskin del martes, con las que nos pusieron al día de algunos detalles importantes de la historia de tortura más grande que nunca llegó del todo a contarse: la de Ibn al-Sheikh al-Libi.

Desafortunadamente, los disparates motivados por la tortura tienen consecuencias a varios niveles. Una cosa es que la CIA torture a uno de mis clientes para que confiese falsamente un crimen. Pero esa persona sufre en doble sentido: primero por el maltrato, y después por estar encerrado en un agujero negro legal como es la Bahía de Guantánamo, al igual que los 40 hombres que continúan pudriéndose en esa infame prisión estadounidense sobre territorio cubano.

Sin embargo, hay un lado aún más oscuro en tales secretos, y ahí es donde radica la importancia de la investigación de Middle East Eye: porque determinada “inteligencia” conseguida mediante torturas se utiliza para cambiar políticas gubernamentales, incluso para iniciar una guerra.

Hace algunos años, Shaker Aamer, uno de mis clientes de Guantánamo, me contó lo que sabía sobre Libi. Shaker estaba detenido en una jaula en la base aérea de Bagram en Afganistán cuando le trasladaron a la misma celda que Libi. Allí, dijo, creyó ver a un agente británico que estuvo presente durante el tormento.

Poco después, a principios de 2002, vio cómo se llevaban un ataúd. Se supo que Libi iba allí dentro, bien vivo, camino de Egipto, donde a Estados Unidos no le fue difícil conseguir que los secuaces del presidente Hosni Mubarak le hicieran el trabajo sucio aplicándole una picana eléctrica.

Como era de esperar, Libi dijo lo que Estados Unidos quería escuchar: que Sadam Husein era un aliado de Al Qaida. Tiempo después pude presentar pruebas desclasificadas de Guantánamo, donde un detenido allí torturado declaró también que la gente de Sadam estaba desarrollando armas de destrucción masiva.

Cuando Libi dijo todo esto por primera vez, algunos agentes de la CIA expresaron sus dudas, pero eso no impidió que el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, echara mano de esa información para su discurso de octubre de 2002, o que el secretario de Estado Colin Powell presentara, en febrero de 2003, su infame discurso ante el Consejo de Seguridad de la ONU.

Así pues, la falsa inteligencia extraída por la tortura no solo mantuvo a Libi en prisión, sino que también tuvo un gran peso en la decisión de invadir Iraq poco tiempo después ese mismo año.

Conocemos bien el desastre que siguió, pero ¿qué pasó con la víctima de la tortura? En los primeros cinco años después del 11 de septiembre, puse en marcha un proyecto con el que intenté hacer un seguimiento de lo que sucedía con algunas de las personas más conocidas capturadas en la llamada “Guerra contra el Terror”.

Las prisiones secretas de Estados Unidos


Aunque a la Bahía de Guantánamo se enviaron a 760 prisioneros, durante mucho tiempo no apareció ninguno de los nombres importantes. Escuchábamos rumores confusos de que se encontraban en prisiones secretas estadounidenses dispersas desde Marruecos a Polonia.

Posteriormente, en septiembre de 2006, aparecieron en Guantánamo varios de los “detenidos de alto valor” más famosos, entre ellos Khalid Sheikh Mohammed, el supuesto autor intelectual del ataque al World Trade Center. Sin embargo, Ibn al-Sheikh al-Libi no figuraba entre los recién llegados.

Más tarde supimos lo que había sucedido: lo habían devuelto a Libia. Ya en marzo de 2004, el primer ministro británico Tony Blair se había reunido en el desierto con Muammar Gaddafi. Y fue a ese país al que entregaron a Libi, donde tuvo que enfrentarse a nuevos abusos. Por un golpe de suerte, pudimos encontrar una manera de enviar y recibir mensajes de él, pero tan pronto como esa puerta de su historia se entreabrió, según Gaddafi, Libi “se suicidó”.

Solo el observador más crédulo podría tragarse eso, pero fue cierto que al pobre hombre le habían metido antes en un ataúd y de allí, en esa ocasión, había pasado a una tumba real. Libi planteaba un problema: si alguna vez se hubiera encontrado con el imperio de la ley, su presencia hubiera sido demasiado embarazosa para personajes poderosos. 

Y nos habríamos enterado de que Estados Unidos se equivocó en los hechos más básicos: lejos de dirigir un campo de entrenamiento de Al Qaida en Afganistán, Libi ni siquiera había apoyado la campaña mundial de terror de Osama Bin Laden, ya que su objetivo era liberar a su propio país.

Pero lo más importante es que su tortura no solo había llevado (como en otros casos) a un juicio falso en una corte-canguro en la Bahía de Guantánamo, sino a una guerra catastrófica que costó cientos de miles de vidas y hundió más en el caos a Oriente Medio. Tenía que desaparecer y Gaddafi estaba dispuesto a hacer que tal cosa sucediera.

Es verdad que no podemos aprender las lecciones de la historia a menos que sepamos lo que realmente sucedió. Cuando se trata una de mala conducta del gobierno, la luz solar es el desinfectante más grande; sin embargo, hay fuerzas poderosas que desean mantener sus sucios secretos bien escondidos, desde Blair hasta Bush y más allá. 

De hecho, aunque los británicos manifestaron en ocasiones cierta incomodidad y sugirieron que los semicivilizados estadounidenses se habían salido un poco fuera de madre con sus torturas y entregas extraordinarias, las últimas revelaciones sobre el tratamiento de Libi agregan otro clavo en el ataúd de esa mentira en particular: los británicos sabían exactamente lo que estaba pasando, e incluso trataron de “beneficiarse” enviando sus propias preguntas a la celda de sufrimiento de Libi.

Al final, solo con una investigación judicial completa y transparente, prometida desde hace tanto tiempo, la verdad saldrá a la luz. En cambio, Blair ha dicho que la libertad de información fue lo peor a la hora de enjuiciar de su mandato, porque a él le hubiera gustado que los funcionarios tomaran decisiones en secreto.

Tal vez cuando tengamos todas las revelaciones, puede que incluso él comprenda que suscribirse a la tortura y utilizar la “inteligencia” obtenida por esa vía para iniciar una guerra desastrosa fue un error muchísimo más grave."                  (Clive Stafford Smith es abogado internacional de los derechos humanos.Rebelión, 09/11/18. Fuente: Middle East Eye)

15/11/18

El inspirador teórico de la primera ETA, Federico Krutwig, señalaba que «es una obligación para todo hijo de Euskal Herria oponerse a la desnacionalización, aunque para ello haya que emplear la revolución, el terrorismo y la guerra. El exterminio de los maestros y de los agentes de la desnacionalización es una obligación que la naturaleza reclama de todo hombre»

"En su comedia ‘Asinaria’, Plauto escribió una frase que luego, mutilada, popularizaría Thomas Hobbes: «el hombre es un lobo para el hombre». Ha sido cierto en varios sentidos. Uno, que la violencia política impregna la historia de la humanidad. Hay manchas de sangre en cada página. 

Probablemente alcanzaron su extensión máxima durante los siglos XIX y, sobre todo, XX, centuria que el historiador Tony Judt caracterizó como «un lamentable historial de dictaduras, violencia, abuso autoritario del poder y supresión de los derechos individuales». Tenía en mente el pasado reciente de Europa, pero el de España no le va a la zaga: Guerra Civil, régimen franquista, terrorismo de ETA, de extrema derecha, de los Grapo, del GAL, el yihadismo…

Los perpetradores de tales agresiones se inspiraban en el principio de que el fin justifica los medios, por muy inmorales que estos sean. Si para alcanzar una meta supuestamente noble es necesario emplear la violencia, se emplea sin titubear. El coste humano es lo de menos. En opinión de Hegel, hacer avanzar las ruedas de la historia requiere pisotear algunas florecillas al borde del camino.

El recurso a las armas no ha sido monopolio de una doctrina concreta. Al contrario, se trató de un planteamiento que han compartido sectores de la totalidad del arco político: el fundamentalismo religioso, la ultraderecha, el nacionalismo radical, la extrema izquierda… Se ha matado en nombre de Dios, el progreso, la utopía, la reacción, la raza o la bandera. De cualquiera de ellas. Basten dos ejemplos cercanos. 

En 1933, el fundador de Falange, José Antonio Primo de Rivera, aseveraba que «la violencia puede ser lícita cuando se emplea por un ideal que la justifique. La razón, la justicia y la Patria serán defendidas por la violencia cuando por la violencia –o por la insidia– se las ataque».

 Treinta años después el inspirador teórico de la primera ETA, Federico Krutwig, señalaba que «es una obligación para todo hijo de Euskal Herria oponerse a la desnacionalización, aunque para ello haya que emplear la revolución, el terrorismo y la guerra. El exterminio de los maestros y de los agentes de la desnacionalización es una obligación que la naturaleza reclama de todo hombre».

Este tipo de discursos del odio incitó a los victimarios, pero no les vale como excusa: por muy condicionados que estuviesen, ejercieron la violencia por voluntad propia. Son responsables de sus terribles actos. Y es que los perpetradores no pisoteaban simples florecillas, sino que hicieron sufrir o desaparecer de la faz de la tierra a seres humanos con una vida, con familia, amigos, profesión, proyectos…

Desde el Holocausto, ya no se percibe a las víctimas como el precio a pagar, pero, por desgracia, no es raro que se relativice su verdad; se invite a pasar página; se patrimonialice el daño, poniéndolo al servicio de una causa particular; se remarquen agravios comparativos entre ellas, estableciendo jerarquías; y se las divida entre buenas (las nuestras) y malas (las que sentimos ajenas), negando o tergiversando su memoria, utilizando a las primeras para legitimar a posteriori la violencia contra las segundas. 

Frente a esa miope, tribal y peligrosa instrumentalización del dolor, hay que reivindicar su dimensión universal. Como sostiene el filósofo Reyes Mate, «si alguien reconoce a una víctima, tiene que reconocer a todas». De otro modo, demuestra no haber entendido a ninguna.

Tampoco parece correcto privatizar el trauma o mezclar a los damnificados. Supondría borrar su significado político y difuminar la culpabilidad de los perpetradores de la violencia. Hace falta una atención individualizada, con proyección pública; estudiar, analizar y difundir cada historia en su complejidad: la biografía de la víctima, con nombre y apellidos, su contexto, así como la evolución, las ideas y los métodos de los victimarios. 

Para fomentar la investigación, las exposiciones, la pedagogía y los homenajes, resulta imprescindible contar con centros de memoria especializados. Diferentes, sí, aunque complementarios. De esta manera, con el concurso de todos, lograremos dar a las víctimas la centralidad en un relato histórico riguroso.

Echar la vista atrás es un ejercicio costoso, que nos enfrenta a episodios incómodos. ¿De verdad merece la pena el esfuerzo? En ‘El lugar de la memoria’, uno de los últimos proyectos de la añorada Bakeaz, el ensayista Martín Alonso explicaba que recordar ejerce dos funciones. 

Por un lado, responde a una misión reparadora y terapéutica para los damnificados y sus seres queridos. Por otro, la memoria de las víctimas tiene un papel proactivo y profiláctico: es una vacuna contra el fanatismo y la radicalización; el estímulo de una sociedad cívica, democrática y tolerante.

En este punto conviene hacer justicia a Plauto retomando su cita, pero esta vez copiándola entera: «el hombre es un lobo para el hombre, no un hombre, cuando desconoce quién es el otro». Cobra un nuevo sentido, que también podemos aplicar a la memoria: conocer la experiencia de las víctimas nos sirve para no ver a los demás como un otro al que perseguir y devorar, sino como a nuestros iguales, con quienes podemos empatizar y dialogar. En definitiva, recordamos para resistir la tentación de volver a lugares tan oscuros como Auschwitz.

Recordemos."                  

13/11/18

El bebé parecía un muñequito, la cabecita destrozada por el brutal golpe contra la pared del falangista, aquel hombre gordo vestido de azul que lo sacó de su cuna para asesinarlo. En el cementerio el sepulturero se abrazó a mi madre jugándose la vida... no pudo contenerse al ver nuestra cara de dolor y la inmensa soledad en el entierro del angelito...

"(...) El entierro de Braulio era pequeñito, solo íbamos mi madre, mi tía Rosa García, mis hermanos Paco y el pequeñín Lorenzo, nadie más se acercó a nuestra casa por miedo a que lo relacionaran con una familia republicana, caminamos desde Tamaraceite a San Lorenzo por el Camino Viejo, Lola García, mi madre, con la cajita de tomates con el bebé de cuatro meses dentro, era desolador, llovía mucho aquel 26 de diciembre del 36, ni siquiera el cura del pueblo vino a decir uno de sus rezos de difuntos, nadie nos miraba cuando empezamos a caminar desde la Carretera General hacia el cementerio, lo único que se escuchaban eran los llantos de mi madre y mi tía, el bebé parecía un muñequito, iba calladito, parecía sereno, tenía una pequeña sonrisita, la cabecita destrozada por el brutal golpe contra la pared del falangista, aquel hombre gordo vestido de azul que lo sacó de su cuna para asesinarlo.

En el cementerio el sepulturero se abrazó a mi madre jugándose la vida, había estado en la Federación Obrera con mi padre, pero no pudo contenerse al ver nuestra cara de dolor y la inmensa soledad en el entierro del angelito..."


Entrevista a mi padre Diego González García el 7 de agosto de 1998."                 (Viajando entre la tormenta, 30/10/18)

12/11/18

Uno de los guardias del tricornio quiso abusar de mi madre, ni siquiera respetaron el luto, gracias a Dios que en ese momento llegaba un sargento que los paró entre insultos y gritos, porque ya se ponían en fila unos veinte hombres para violarla, como solían hacer siempre con las mujeres de los republicanos asesinados...

"(...) La noticia del fusilamiento de tu abuelo Pancho llegó a Tamaraceite dos días después de la ejecución del 29 de marzo del 37, enseguida mi madre corrió hacia Las Palmas y yo la acompañé, ese día no fui al colegio porque seguía con esa tos que no se me quitaba desde la noche del asesinato de mi hermano el bebé Braulio. 

Caminamos por senderos sin casas, entre tabaibas, palmeras y cardones, solo vimos algunos controles de la Guardia Civil y los falangistas que nos pararon varias veces, pero en la zona de la Casa de la Palma, cerca de donde hoy está el estadio de Gran Canaria, uno de los guardias del tricornio, muy alto y con acento peninsular, quiso abusar de mi madre, le rompió parte del vestido a la altura del pecho y la empujó tirándola al suelo, ni siquiera respetaron el luto, entre las risas de una brigadilla borracha que llevaba en las manos botellas de ron de caña, gracias a Dios que en ese momento llegaba un sargento que los paró entre insultos y gritos, porque ya se ponían en fila junto a una garita de palma unos veinte hombres para violarla, como solían hacer siempre con las mujeres de los republicanos asesinados.

Llegamos al cementerio de Las Palmas a mediodía y estaba rodeado de militares y guardias de asalto con los máuser cargados apuntando a la gente, no nos dejaron llegar a la fosa, porque no cesaban de entrar camiones repletos de hombres acribillados a balazos, dejando desde La Isleta a Vegueta un reguero de sangre que atemorizaba a quienes se atrevían a levantar la vista y mirar la caravana de la muerte, yo me subí a un monticulo de tierra y pude ver montañas de cuerpos con la cara muy blanca, las cabezas rotas por el tiro de gracia, hombres de todas las edades, sobre todo muy jóvenes, de menos de treinta años, que eran conducidos a la fosa, donde varios curas les echaban agua bendita cantando y rezando sus letanías en alta voz, mientras afuera cientos de mujeres con sus niños de la mano lloraban y daban alaridos de dolor..."

Extracto de la entrevista a mi padre Diego González García el 18 de junio de 1998."             (Viajando entre la tormenta, 30/10/18)

9/11/18

La fosa común que esconde los horrores del campo de concentración franquista de Albatera sale a la luz... Les entregaban cada dos o tres días "una lata de sardinas de 125 gramos y un chusco de 200 gramos para cada 5 personas...

"Fue el campo de concentración más importante de la España de la posguerra. Allí fueron a parar una vez acabó el conflicto bélico destacados cargos republicanos, alcaldes, militares o artistas que se habían quedado sin billete en el último buque que salió de Alicante camino del exilio, el Stanbrook. 

Pese a que la crueldad y el horror se dieron cita en el que antes de su reconversión había sido el campo de trabajo más emblemático de la República (destinado a presos que incluso contaban con permisos de fin de semana), el de Albatera es actualmente uno de los más desconocidos de los casi doscientos que llegaron a existir. Ahora, el arqueólogo e investigador Felipe Mejías arroja luz sobre un enclave que el franquismo se apresuró en borrar.  (...)

"La única forma de saber dónde están los muertos es preguntando a la gente", explica Mejías, quien detalla a eldiario.es el proceso que ha seguido hasta dar con el hallazgo. Anteriormente, otros investigadores iniciaron el mismo cometido, pero se encontraron "con el miedo o ignorancia" de los propietarios de las tierras agrícolas donde se asentó el campo, un terreno en el que solo ha quedado en pie la caseta de los guardias o "cuina". Sin embargo, los contactos de Damián Sabater, conocido por renunciar a la alcaldía de San Isidro en marzo de este año tras cumplir su programa electoral, le abrieron varias puertas.

Así, Felipe Mejías ha podido hablar con un antiguo operario y tres propietarios. En concreto, con un agricultor que en los años 50 labrando se topó con "un cráneo con pelo y cuero cabelludo a metro y medio de profundidad"; en otro emplazamiento, el descubrimiento macabro fue el de "un brazo con los huesos todavía en conexión anatómica"; y otro testimonio dio con un fémur. En definitiva, "todos coinciden en señalarme un sitio concreto" de un área que en su conjunto abarca los 700 metros de largo.

Era la época en la que llegaron a esta zona del sur de la provincia de Alicante colonos procedentes de otros puntos del país para cultivar las tierras dentro del proyecto del Instituto Nacional de Colonización del Ministerio de Agricultura. "Esa gente trabajaba todos los días en el campo y cuando se encontraban con huesos humanos los encargados les decían que eso eran muertos de la guerra que no había que hacer caso", rememora Mejías.

Otros de los testimonios de esos años los aportaron unos niños que contaron siendo ya adultos que iban con frecuencia a esa zona con sus bicicletas a coger dátiles y que un día vieron una fosa abierta con cadáveres "y cuando volvieron al día siguiente ya la habían tapado a la mitad". Esta pista y la aportada por labradores que al cavar se encontraron con cemento oscuro, "que seguramente sea cal viva", tendría la lectura para el arqueólogo de que la fosa podría estar en varias capas "lo que indicaría filas superpuestas".  (...)

Fallecimientos y supervivientes

En un lugar que pasó de dar cabida como campo de trabajo republicano a 1.600 presos -sin que se registrara ningún fallecido- a 16.000 según Ginés Saura, miembro de Coahmi, ¿cuántas personas podrían permanecer enterradas? "Imposible saberlo de momento", responde Felipe Mejías. En el registro civil de Albatera constan ocho muertos durante los seis meses que permaneció abierto el campo –de abril a octubre de 1939-, según el historiador Miguel Ors. 

Pero como apunta el también historiador Francisco Moreno, "los testimonios orales hablan de muchas más víctimas". "Por fusilamiento las estimaciones que tenemos son entre 10 y 30 personas aproximadamente", apunta Mejías.

A este respecto cuenta en un documental Eduardo de Guzmán, un periodista anarquista preso, que lo pusieron en formación junto con otros compañeros y "fusilaron delante de nosotros a tres muchachos". No obstante, "lo más seguro es que los principales motivos de muerte en el campo fueran de enfermedad, penuria, deshidratación y hambre", aclara Mejías.

Entre las fallecidas se encuentra la hija del histórico dirigente del PCE Santiago Carrillo, presa en este campo junto con su primera mujer. "Allí mi hija contrajo una enfermedad que acabó con ella. La niña era pequeña y no había leche, no había nada y las condiciones fueron realmente trágicas", recuerda en el documental Rejas en la memoria. 

En anteriores jornadas organizadas por la Coamhi pasó el poeta comunista Marcos Ana, quien recordó cómo se fugó del campo de Albatera para acabar siendo detenido en Madrid y convertirse en el preso que más tiempo paso en una cárcel franquista.

Otros de los testimonios, que también ha fallecido, es el de Juan Ramos, recuerda Saura. Estuvo preso en el campo con 14 años y tiempo después en un documental reconoció la cara de Rudolph Hess, ministro de confianza de Hitler, del que recuerda que cuando fue a beber agua del suelo tras varios días deshidratado le dio una patada en el estómago.

La dureza del día a día la contó en los años 80 Juan Caba quien tras revelar que a él y a otros republicanos capturados les llevaron desde Alicante a Albatera en un vagón de tren abarrotado con cien personas donde murieron varios por asfixia, llegaron al campo donde "las torturas y vejaciones" fueron una constante y el hambre el principal problema. Les entregaban cada dos o tres días "una lata de sardinas de 125 gramos y un chusco de 200 gramos para cada 5 personas".

La fotografía

El trabajo de investigación de Felipe Mejías, condensado en un artículo de 60 páginas que publicará en breve, incluye documentación gráfica que hasta ahora no había visto la luz como la fotografía que acompaña el artículo.

La imagen está fechada en febrero de 1938, cuando el campo de Albatera todavía era republicano. En contra de la opinión que todavía está extendida de que el campo anterior a Franco era de concentración, tanto Mejías como Saura niegan la mayor. "Era de trabajo, de rehabilitación de presos por razones de delincuencia común o políticas", explica Saura.

 "El campo republicano tenía barracones donde dormían bajo techo, enfermería, y con un régimen de visitas de familiares", explica Mejías. "Incluso algunos por buen comportamiento tenían los fines de semana libres y volvían el lunes", añade. "Era un campo emblemático para la República, del que se sentían orgullosos por representar un sistema penitenciario novedoso", concluye el arqueólogo.

Pero fue acabar la guerra civil y el bando nacional aprovechó la infraestructura para cercar a miles de personas que habían quedado atrapadas en el lado perdedor. A partir del 1 de abril de 1939 hasta que Franco ordena su cierre el 27 de octubre de ese año, "pasó a ser un campo de concentración puro y duro", señala Mejías quien duda de que, como apuntan algunos historiadores, fuera también un campo de exterminio. "No estaba pensado para ese fin, el de exterminar a gente como ocurrió con los nazis, pero lo cierto es que sí que dejaron morir a la gente de hambre y sed".

"Yo pienso que el campo de Albatera tenía una semejanza con esos campos de exterminio, aunque quizás lo que tenía era menos estructura, porque esto era muy artesano en todo", reveló en su momento el preso Narciso Julián."                    (Emilio J. Martínez, eldiario.es, 03/11/18)

8/11/18

Por su liderazgo en la provincia de Granada, por no secundar, no aceptar el golpe de estado violento, Virgilio fué fusilado en el cementerio de Granada el 2 de agosto de 1936... y fue multado por el Tribunal de Responsabilidades Políticas con 250.000 pesetas que fueron incautadas del patrimonio familiar. Era el botín de guerra, que discurrió paralelo a la aniquilación de los demócratas

"Virgilio Castilla Carmona nació en Granada en 1888. Fue un comerciante y político, miembro del PSOE, delegado de la AS granadina en el Congreso del PSOE de 1931 y vicepresidente de la federación provincial. Miembro de la masonería integrado en la logia “La Alhama nº 35” de Granada con el nombre simbólico de “Gonzalo. Concejal del ayuntamiento de Granada en las elecciones municipales de 1931. Presidente de la Diputación Provincial de Granada, hasta 1934, repuesto en este cargo en 1936.

Virgilio Castilla se distinguió en su actuación pública: Fomento y mejora de la comunicaciones, atención a la beneficencia provincial, inversión en políticas que impulsaran el empleo en las zonas deprimidas de la provincia, dignificación de la institución (bajo su mandato consiguió que la Diputación dispusiera del Palacio Bibataubin, gestión económica extraordinaria), mejora de las arcas y fondos provinciales a base de actualización y agilización de la administración y recaudación.

Al producirse la sublevación militar fue detenido en Granada el 20 de julio. Fue juzgado en consejo de guerra sumarísimo el 1 de agosto, junto a un numeroso grupo de personalidades granadinas (...)

 La sentencia condenó a Virgilio Castilla a 2 penas de muerte por rebelión militar, provocación, inducción e instigación a la rebelión, y por insultos a la fuerza armada (...)

La “sentencia venía hecha”, no se comprobó ninguno de los cargos, no se respetaron las garantías procesales. (...)

Por su liderazgo en la provincia de Granada, por no secundar, no aceptar el golpe de estado violento, Virgilio y sus 4 compañeros, fueron fusilados en el cementerio de Granada el 2 de agosto de 1936. (...)

Virgilio fue multado por el Tribunal de Responsabilidades Políticas establecido después por la dictadura franquista y condenado a pagar 250.000 pesetas que fueron incautadas del patrimonio familiar. Era el botín y saqueo de guerra que discurrió paralelo a la aniquilación de demócratas, socialistas y republicanos. 

La familia consiguió la reparación de su memoria por resolución del ministerio de Justicia en 2007 y plantearon en 2010 una reclamación económica al Estado para recuperar lo incautado, valorado en 262.832 euros según informe pericial. Sin embargo, el gobierno negó el derecho de la familia a la indemnización por daños y perjuicios en resolución firme del 15 de julio de 2011. (...)"         (Documentalismo Memorialista y Republicano, 15/10/18)

6/11/18

“En los campos de concentración franquistas se aplicó la venganza mediante el hambre y el hacinamiento”... más de 300.000 presos republicanos pasaron por estos “laboratorios de la Nueva España” durante la guerra, y cerca de 200.000 tras la derrota de 1939...

"Allí se les recluía, reeducaba, torturaba y preparaba para el trabajo esclavo dentro de la “nueva” España fascista. El historiador Javier Rodrigo afirma que los campos de concentración comenzaron a abrirse en noviembre de 1936 (antes a los prisioneros de guerra “se les encarcelaba o se les asesinaba ‘in situ’”), y llegaron a sumar 180 (de ellos 104 estables). 

En el artículo “Internamiento y trabajo forzoso: los campos de concentración de Franco” (Hispania Nova, 2006), Rodrigo señala que estos campos de prisioneros comenzaron a cerrarse en 1939, aunque el de Miranda de Ebro (Burgos) se mantuvo hasta 1947. Rechaza eufemismos e interpretaciones blandas, hasta el punto de afirmar que España se convirtió durante aquellos años en “un enorme campo de concentración”.

En uno de estos campos, el de Albatera (San Isidro, Alicante), el profesor de la Universitat de València Ricard Camil Torres calcula que hubo entre 16.000 y 22.000 internos; “Las condiciones eran infrahumanas; allí todo era hambre, sed y miseria; 78 personas murieron de inanición durante el primer mes y 60 más de tifus”, detalla en el libro colectivo “Franquisme i repressió. La repressió franquista als Països Catalans” (Universitat de València, 2004). Los primeros reclusos llegaron –la mayoría desde el puerto de Alicante- a partir de abril de 1939; el campo de concentración fue clausurado en octubre. 

Empezó entonces el traslado en tren –“en condiciones inhumanas”- a la estación de Valencia, subraya Ricard Camil Torres. Según el historiador, en el campo de concentración de Portaceli (Valencia) los reclusos se encontraron con el hacinamiento, el hambre, la crueldad de los guardianes y falangistas que les forzaban a cantar el “cara al sol”; el campo de Portaceli cerró “cuando los últimos internos fueron a enfrentarse a los tribunales montados por los vencedores”. 

 En octubre de 2017 la Associació Stanbrook (Centre d’Estudis i Documentació de la Memòria Republicana) organizó las primeras jornadas sobre el campo de concentración de Portaceli; además la asociación ha producido un documental sobre este campo de internamiento. También la editorial L’Eixam ha publicado en 2018 el libro colectivo “El camp de concentració de Portaceli (1939-1942)”.

 Por otra parte, la profesora de Historia de la Comunicación Social en la Universidad Complutense, Mirta Núñez, ha impartido una conferencia sobre sobre el centro de reclusión organizada por el Aula d’Història i Memòria Democràtica de la Universitat de València. Núñez es autora del artículo “La doma de los cuerpos y las conciencias, 1939-1941. El campo de concentración de Porta Coeli”, publicado en 2012 en la revista Hispania Nova.

-En el artículo de Hispania Nova recoges la definición que hace Javier Rodrigo sobre Portaceli en “Cautivos. Campos de concentración en la España franquista, 1936-1947” (Crítica, 2005). Se trata de un “campo provisional” con la función de redistribuir presos a otros centros; dependía de la Jefatura de Campos de Concentración y Batallones Disciplinarios (JCCBD) -adscrita al Ministerio del Ejército-, una vez se suprimió la Inspección de Campos de Concentración de Prisioneros (ICCP).

El campo estuvo emplazado en el término municipal de Serra (Valencia) y data del final de la guerra civil, a partir de marzo de 1939; tiene además una vida breve, ya que deja de existir aproximadamente en 1941. Hay diversas fuentes sobre la cifra de recluidos. Algunas –entre 6.000 y 8.000 internos- me parecen exageradas, pero había poca información; creo que el número debió de acercarse a los 2.000. Los campos que se constituyen en España tienen un primer objetivo: recluir a los soldados y oficiales vencidos -a los que muy pronto se divide- y ejercer sobre ellos un tratamiento de castigo y venganza por vías como el hambre, la suciedad y el hacinamiento. Este trato se aplicó también a la población civil derrotada, es decir, afectó no sólo a los combatientes que ya no disponían de armas sino también a su entorno familiar. Por esto era muy importante que el recluido tuviese el apoyo de sus familiares, por ejemplo en forma de comida y ropa limpia. Esta era una constante en Portaceli y en el resto de campos de concentración.

-¿Qué singulariza a este campo de internamiento? Porque, según Javier Rodrigo, más de 300.000 presos republicanos pasaron por estos “laboratorios de la Nueva España” durante la guerra, y cerca de 200.000 tras la derrota de 1939. Éste investigador recuerda las palabras del director de la cárcel modelo de Barcelona, Isidro Castellón, en 1941: un preso era la “diezmillonésima parte de una mierda”.

Coincidieron en un espacio diferentes establecimientos que compartieron la denominación de Portaceli; un monasterio-cartuja medieval fundado en el siglo XIII, que sobrevivió a la guerra civil; además la República comenzó a construir un sanatorio para tuberculosos, que no pudo terminar por la irrupción del conflicto bélico. Cuando éste finalizó, se implantó un campo de concentración con alambradas; se produjo una evolución, ya que el franquismo también le dio un uso de cárcel y sanatorio para prisioneros.

El campo de concentración de Albatera fue un primer “filtro” y, en la que medida en que se iba depurando a los vencidos, el de Portaceli constituyó un segundo “filtro”. Se trataba de un campo de clasificación, en el que no hubo mujeres recluidas; desde Portaceli se derivaba a los presos a otros lugares, aunque había internos que -por su estado de enfermedad- se quedaron en el sanatorio; éste fue muy importante ya que no existían muchos sanatorios-prisión para tuberculosos; otro ejemplo es el Castillo de Cuéllar, en Segovia. En la época hay, además, una explosión de la enfermedad de la tuberculosis por las circunstancias de la guerra, la falta de cuidados, de medicamentos y la voluntad de represaliar a los vencidos.

-¿Por qué destacas la figura de Emilio Tavera Domínguez?


Porque sobresalió como un mando “benévolo” en un entorno en que primaba el castigo y la arbitrariedad. Este capitán retirado de la Guardia Civil y reincorporado al ejército fue el segundo jefe del campo de concentración de Portaceli además de un referente en el cumplimiento estricto de la reglamentación. Intervino para impedir que los falangistas “liberaran” y pudieran depurar a presos republicanos del campo de concentración. Las huestes paramilitares, falangistas en este caso, pero que podían ser los carlistas en el norte de España, actuaban al margen –incluso- de la legalidad represiva que existía en la época. La acción de Tavera y otros pocos fue importante porque trataron de que prevaleciera lo jurídico frente al arbitrio privado de estos grupos, la utilización de la legalidad a favor de los “suyos”, “sus” protegidos, familiares y vecinos ricos. Escribió una carta a Franco dando cuenta de estos hechos.

-También subrayas la acción de capellanes y curas tanto en el campo de concentración como después, al transformarse en cárcel, para la adaptación física y psicológica de los internos. ¿Cómo fue la gestión del campo de concentración de Portaceli y la situación de los prisioneros?


Una gestión totalmente militarizada. Hay bastantes testimonios sobre la falta de agua, aunque otras voces señalan una cierta mejora respecto al campo de Albatera. En Portaceli los presos al menos contaron con una fuente para asearse y lavar la ropa; también hubo una intervención de los mandos para que los recluidos pudieran comer caliente, cuando al principio esto no era posible (la historiadora se hace eco en el artículo “La doma de los cuerpos y las conciencias” de las memorias de Sixto Agudo, militante del PCE detenido en Alicante en marzo de 1939 y enviado de Albatera a Portaceli: “Notamos un cambio sensible… Existía una mejor organización. La comida era caliente (…). También existía un pequeño botiquín, asistido por médicos prisioneros; pero, en su esencia, el régimen de internamiento era el mismo que habíamos vivido”; otra versión recogida por la autora es la del brigadista Theo Francos, quien estuvo en Portaceli tras pasar por los campos de Los Almendros y Albatera: “En este antiguo sanatorio las condiciones de internamiento son tan espantosas como en Albatera”; según el interno Isidro Guardia, “el que tiene algo de lo que le envían sus familiares, se mantiene regularmente bien”; de lo contrario “pasa mucha hambre”. Nota del entrevistador). 

 -Por último, ¿qué testimonios consideras relevantes para acercarse a la realidad de este campo de prisioneros, sanatorio y cárcel? Citas al investigador Vicent Gabarda, autor de “Els afusellaments al País Valencià (1938-1956)”, que caracteriza al sanatorio para tuberculosos como “verdadero gueto donde dirigían a los presos desahuciados, con el fin de aislarlos de sus compañeros, más que para curarles”.

Por ejemplo la obra de Lluís Marcó i Dachs “Llaurant la tristesa. El campo de concentració d’Albatera i la presó de Portaceli” (Mediterrània, 1998); Lluís Marcó fue miembro del Consell de Sanitat de Guerra de la Generalitat de Cataluña y estuvo en Portaceli.

 Hay también referencias a que, dadas las circunstancias en que llegaban los soldados y permanecían los reclusos -condiciones terribles y en algunos casos con tuberculosis muy avanzada-, estos reclamaron atención médica. 

Sixto Agudo cuenta en sus memorias que de manera muy excepcional el doctor Peset Aleixandre, recluido en Portaceli antes de ser fusilado, pudo dispensar alguna atención a los enfermos (Mirta Núñez afirma en el artículo “La doma de los cuerpos y las conciencias” que el hecho de tener una enfermedad y más de 50 años mermaba sustancialmente la esperanza de vida; los periodos de hambre y frío –por ejemplo el final de la guerra y el comienzo del invierno- también incrementaron la mortalidad. Nota del entrevistador). "                    (Enric Llopis , Rebelión, 20/10/18)

5/11/18

Una mujer agredida en un tren de Londres por hablar en español

"Una mujer fue agredida el pasado martes por la noche en un tren de superficie de Londres por un hombre que le recriminó que no hablara en inglés. 

La víctima viajaba entre las estaciones de Dalston Kingsland y Canonbury, de la capital británica, y mantenía una conversación a través de su teléfono cuando el hombre comenzó a increparla, según informa el diario británico The Independent y varios medios locales. Los testigos del suceso han explicado que el hombre se enfrentó violentamente a ella cuando escuchó que hablaba en otra lengua.

"Él le estaba gritando: 'Tienes que hablar en inglés, estás en Inglaterra. No debes hablar otros idiomas", dijo Enrik Del Sol, de 35 años, al diario Evening Standard. "La señora estaba tan conmocionada que parecía no poder contestarle en inglés, así que solo respondía en español". Luego, el hombre se acercó y le dio un puñetazo en la cara. Otro testigo definió la agresión como "brutal". 

Cuando la mujer comenzó a sangrar, alguien accionó la palanca de emergencia y el agresor desapareció, sin que nadie intentara detenerlo. La víctima sufrió una herida a la altura de la ceja y fue ayudada por otros pasajeros, que le ofrecieron pañuelos para detener la hemorragia.

La policía encargada de la seguridad de los transportes británicos detuvo poco después a un hombre de 56 años como presunto autor del ataque, acusado de agresión racista con lesiones. Se trata del segundo incidente de este tipo desde el pasado mes de abril, cuando una española fue también agredida y recriminada por no hablar en inglés en la estación central de la capital británica. Dos mujeres le provocaron heridas en la cara y en el cuero cabelludo."                   (El País, 28/10/18)

31/10/18

Los robos de bebés de 1938 a 1948 son una cosa diferente a los que se producen después. En el primer caso, se trata de un acto del Estado. Hay una orden de Franco que autoriza a Vallejo-Nájera a crear el Instituto de Estudios Psicológicos y, además, se aprueban tres leyes que facilitan el robo de esos niños. Se movilizan trenes-cárceles para auxilios sociales. Es el Estado el que diseña y ejecuta este robo...

"(...) ¿Bebés robados hasta la década los 90?

"Me genera una gran preocupación este tema. Yo no comparto la idea de muchos periodistas y algunas asociaciones de establecer un vínculo entre el robo y rapto de bebés de padres y madres republicanas que se produjeron en España desde 1938 hasta 1948, de manera documentada, y los robos, raptos y desapariciones que se dan en las décadas siguientes hasta bien entrada la democracia. 

Son dos cosas muy distintas y me molesta abiertamente la unión de los dos casos.
"Los robos de bebés de 1938 a 1948 son una cosa diferente a los que se producen después. Me molesta el vínculo entre los dos"

En el primer caso, se trata de un acto del Estado. Hay una orden de Franco que autoriza a Vallejo-Nájera a crear el Instituto de Estudios Psicológicos y, además, se aprueban tres leyes que facilitan el robo de esos niños. Se movilizan trenes cárceles a auxilios sociales. 

Es el Estado el que diseña y ejecuta este robo. Hay informes hasta 1948 con el membrete de Falange Española que muestran cómo se persigue a los niños republicanos por todas partes para raptarlos. Hay una responsabilidad criminal del Estado impresionante y absolutamente documentada.

Sin embargo, lo que se llama ahora niños robados, a partir de 50 o 60, ahí el Estado no interviene. Son actos delictivos que también han sucedido en otros países de Europa como en Francia o Irlanda que no tenían dictaduras.

 Por tanto, juntarlo todo en un mismo caso es banalizar mucho la responsabilidad que tiene el Estado en los robos que se producen entre el 38 y el 48. Es cierto que la dictadura daba mucha libertad a la Iglesua y que la apoyaba y tal. Pero, vamos a ver, ¿desde cuándo la Iglesia católica ha necesitado de una dictadura para cometer cualquier desmán? Lo han hecho en Irlanda, Bélgica, Holanda, Alemania, Estados Unidos... La Iglesia no necesita a nadie".   (...)"            (Entrevista a Ricard Vinyes, Alejandro Torrús, Público,  24/10/18)

30/10/18

A su abuelo lo asesinaron y lo enterraron bajo una losa en la zona más transitada del cementerio antiguo, junto a dos jóvenes desconocidos, para que todo el mundo pudiera pisarles...

"En 1996 Felipa Peinado se plantó delante de una excavadora que merodeaba por la cuneta en la que fue arrojado su padre, junto a otros cuatro seguidores del Frente Popular, en Octubre de 1936. Era una zona de bosque en el pueblo abulense de Casillas. La Junta de Castilla y León quería ensanchar la carretera y Peinado, al enterarse, se dispuso a impedirlo. 

El maquinista de la excavadora, Antonio Álvarez, le dijo que recibía órdenes; igual que los que ataron las muñecas de su padre a la espalda con una cuerda y lo fusilaron allí mismo. Hasta los 15 años, Peinado pasó por aquella cuneta pegada al bosque en silencio y sin mirar abajo, por orden expresa de su madre, preocupada porque alguien les viera venerar a su muerto.

El día que Peinado vio a Álvarez manipular las palancas de su excavadora no lo dudó: “Si quieres pasar por aquí tendrás que hacerlo por encima de mí”.  Este paró la máquina y llamó al alcalde de entonces, el socialista Javier Hernández.  Tras un rato de dudas decidieron que la mujer tenía derecho a recibir los restos de su padre y sus otros compañeros, entre ellos el viejo boticario.  

Según Peinado les mataron por comunistas, aunque realmente eran miembros de la Casa del Pueblo, socialistas.

Peinado, que vio cómo se llevaban a su padre Julio Peinado cuando ella apenas tenía 5 años, no sabía que su abuelo Saturnino iba a correr la misma suerte días después.  A su abuelo lo asesinaron y lo enterraron bajo una losa en la zona más transitada del cementerio antiguo, junto a dos jóvenes desconocidos, para que todo el mundo pudiera pisarles.  

Eran normas de la casa. Este pequeño detalle de los dos jóvenes fue descubierto al abrir la fosa en 2006, otro logro de Peinado.  A su abuelo, antes de ponerle de rodillas para ser ejecutado por la espalda, le hicieron cavar su propia fosa.  Antes de cerrar los ojos y esperar el fatal desenlace lanzó su sombrero de paja al aire y se despidió de él diciendo: adiós amigo ya no te volveré a ver.

En 2006, Peinado logró por fin juntar a su padre y a su abuelo en una esquina del cementerio.  Encima de la tumba escribieron sobre el cemento de una losa el siguiente mensaje: “Asta siem pre, adios (sic)  5 y 3”.   Esto último hacía referencia al número de personas enterradas. 

Lo que conecta ese 1996 con este 2018 es el tesón de Peinado y sus ansias por sacar a todos los represaliados del franquismo que quedaban en su pueblo.  Ahí es donde aparece la ARMH (la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica). Felipa cita a todos en su pueblo –ella escapó hace siglos de allí, vivió en Francia y ahora en Madrid– porque quiere encontrar los restos de su tío Regino, de un sobrino de éste –de nombre desconocido– y de un tal Patarrillo.

Regino era un hombre que fue a hacer las Américas y volvió de Buenos Aires durante la República porque le tiraba la tierra o porque no le fue tan bien la aventura transoceánica. Según explica Peinado, la maestra del pueblo le cogió manía porque vestía una pelliza con un cuello de pieles y llevaba un sombrero muy elegante. 

 Cuando llegaron las tropas golpistas al pueblo, le delató. A Regino y a su sobrino los arrastran esposados a una zona alejada pero muy cerca del camino que conduce a lo que es hoy Santa María del Tiétar. Después de eso solo hay conjeturas. (...)

El Patarrillo, un joven anticlerical que el día de su asesinato en octubre del 36  fue paseado por el pueblo con un perro atado a su cuello mientras gritaba: “Camaradas este perro es más listo que yo”. Lo arrojaron a una cuneta muy cerquita del pueblo; se desconoce su nombre y de quién era hijo."                (Willy Veleta, CTXT, 24/10/18)

29/10/18

Los militares fueron a la casa de Enesida, maltrataron a 4 criaturas, abusaron de la madre, una pobre mujer completamente inocente, y la cubrieron a latigazos...

"(...) El estremecedor relato de Enesida García Suárez, hija de 2 de los asesinados. sobrecoge porque transmite contundentemente, el miedo y la desesperación de las mujeres, niñas y niños que vivían en un temor continuo por ser familiares de quienes habían luchado en una guerra perdida. La historia de la familia de Enesida es una más entre las historias de las familias afectadas que dieron lugar a la fosa común del cementerio de Tiraña, en el concejo de Laviana (Asturias).

El 21 de octubre de 1937 los franquistas entraron en Asturias, demostrando su poder, fuerza e instinto de matar. Confeccionaron una larga lista de personas afines a la República Española. Enesida vivía con sus padres y 4 hermanos (tenían 17, 14, 11, 8 y 3 años) en La Arbeya, parroquia Tiraña, concejo Laviana. 

Desde entonces la vida fue una tortura. Los falangistas, vagos, maleantes, asesinos, como toda la camarilla franquista, no les dejaron en paz ni de día ni de noche. Buscaban a sus tíos que habían huido al monte, pero la persecución continuó contra la familia, a la que visitaban a diario, casi siempre se llevaban algo que encontraban de valor, su padre pagando multas sin tener fondos para mantener a vagos.

El 21 de abril del 38 los mismos franquistas mataron a un infeliz soldado. Al día siguiente aseguraron que fueron los del monte. Arrancó la “venganza”. Los militares fueron a la casa de Enesida, los muy cobardes maltrataron a 4 criaturas, abusaron de la madre, una pobre mujer completamente inocente, y la cubrieron a latigazos. 

Tras un par de horas se la llevaron, los niños quedaron llorando, la madre con las ropas ensangrentadas les decía «ay, hijinos, qué me harán, me dan ganas de marchar por donde no me vean». Durante media hora se escucharon disparos, decía Enesida que para matar a una indefensa mujer emplearon tanta munición como para matar un ejército.

Tras asesinarla, los criminales, cobardes, asesinos la dejaron en medio de un camino. La habían destrozado la cara a tiros. 

 Su cuerpo mostraba el ensañamiento, la paliza ¿qué os hizo esa pobre madre, no vieron que dejaba los hijos sin criar? No permitieron hacerle entierro, unos hombres la bajaron al cementerio. El mismo día fuerzas civiles y militares franquistas llevaron a cabo una serie de arrestos, en las casas, en la bocamina, a la salida de cada turno de trabajo. 

La sede de falange, situada en el centro del pueblo hizo las veces de cuartelillo para quienes iban llegando «a declarar». Muchos fueron torturados en aquellas horas de espera, hasta el momento en que los condujeron, atados, al cementerio. 

Allí fueron fusilados el padre de Enesida junto con otros once, 2 de ellos mujeres. Los echaron a todos a una fosa en el cementerio de San Pedro, no sin antes registrarlos para quitarles lo que traían de valor. Después arrojaron a la fosa el cadaver de la madre de Enesida. Allí descansan, junto a los de Celestino García y Virginia Suárez (progenitores de Enesida), los restos de José Casorra, Avelino Cepeda, Sara Corte, Alfredo González, Juan Iglesias, Benito Martínez, Tomás Montes, Pedro Pedrezuela, Baldomero Suárez, Selina Valles, y Alfredo Vigón.

Una acción violenta que en pocas horas impactó en 12 familias dejando huérfanos a 35-40 personas. Tuvo una fuerza ejemplarizante de largo alcance, muy rentable en términos de control social. La represión hizo muy bien su trabajo, generó tanto miedo que impuso un silencio atronador durante décadas afectando al comportamiento individual, y también al colectivo. 

El bando vencedor sentó las bases del nuevo régimen franquista mediante prácticas represivas, amenazas, detenciones, palizas, violaciones, robos, persecuciones, fusilamientos, etc, generando consecuencias traumáticas de largo alcance.

Los franquistas sometieron a martirio a los hermanos durante los 4 años siguientes. Los continuos arrestos de la hermana mayor Isabel, con 17 años, se prolongaban durante días. Por fin la detuvieron el 1 de septiembre de 1942 en la cárcel de Laviana, incomunicada hasta que la sacaron a Rioseco donde estuvo 2 días, lo suficiente para que el criminal y degenerado capitán Bravo hiciera de ella lo que le vino en gana. La violó, le dio palos hasta dejarle el cuerpo negro, le quemó los pechos y algunas partes más del cuerpo, y le pidió una pistola.

Cuando Isabel recobró el conocimiento tras bastante tiempo inconsciente y se vio cómo estaba, le dijo: «sí, tengo la pistola, suélteme que voy a buscarla». Se fue a Barredos, a casa de la abuela paterna. Con el cuerpo destrozado por las palizas, Isabel escribió, como lo hizo Enesida después, poniendo nombre a los verdugos, despidiéndose de sus hermanas y hermanos.

 Una de las cartas la escribió al capitán diciéndole que ponía fin a su vida por no volver a sus manos, le dijo que tenía la pistola para verse libre y hacer lo que iba a hacer. Sus cartas nunca fueron encontradas, los franquistas las hicieron desaparecer. Fue inútil, la memoria de Isabel vivió en su hermana. (...)"                    (Documentalismo Memorialista y Republicano, 11/10/18)

26/10/18

'La Cuca', primera argentina condenada a cadena perpetua por crímenes de lesa humanidad

"El horror argentino durante los años 70 sigue mostrando pliegues casi desconocidos, como el de Mirta Graciela Antón, la única represora condenada a cadena perpetua en América Latina. En Chile, solo una mujer cumple una sentencia de diez años por violaciones a los derechos humanos, mientras que en Argentina cuatro policías, una funcionaria del Servicio Penitenciario y 23 civiles fueron juzgadas entre el 2006 y el 2017.

 Solo dos se beneficiaron con la absolución. A las demás les aplicaron condenas no mayores de los seis años, salvo la ex policía María Eva Aebi, quien recibió una pena de 24 años de cárcel.

Pero nada ha provocado más espanto que Antón, la policía de la provincia de Córdoba que pasará hasta el último de sus días entre rejas por haber cometido 211 delitos: 73 privaciones de la libertad, 76 imposiciones de tormentos agravadas, 56 homicidios calificados, 2 imposiciones de tormentos seguidos de muerte, una tentativa de homicidio calificado y tres abusos deshonestos agravados. 

Sus víctimas la apodaron con el nombre popular de los inséctos hemimetábolos: cucaracha, o Cuca.
"Matar le daba placer. Era la perfecta asesina", dijo Charlie Moore, quien estuvo detenido seis años. "Todos le temían", reconoció Graciela Olivella durante el juicio que terminó con su condena. "Me retorció los pezones y me tiró agua caliente para que abriera las piernas y los policías me pudieran violar", dijo Gloria di Rienzo. 

Los que sobrevivieron para contarlo, dicen que se reía mientras ejercía la violencia sobre los cautivos. A veces bailaba sobre ellos. Era la encargada de dar el tiro de gracia cuando otros uniformados titubeaban. Y hasta robaba objetos de las casas de los desaparecidos.

 

Perversión unisex


El mal y la perversión no tienen género”, sostuvo Ana Mariani, la autora del reciente libro La Cuca. Mirta Graciela Antón, la única mujer sentenciada a cadena perpetua por delitos de lesa humanidad. Mariani la vio por primera vez durante el megajuicio por las atrocidades perpetradas en Córdoba bajo el mando del general Luciano Benjamin, el Chacal, Menéndez

Era la única represora entre decenas de imputados. La recuerda todavía "impecable, con su pelo teñido y prolijamente peinado, sus manos cuidadas y sus uñas pintadas". La Cuca miraba desafiante a quienes presenciaban las audiencias y a veces lanzaba carcajadas cuando escuchaba que los testigos hablaban de sus torturas.

La entrevistó cinco veces en la cárcel. Su madre, le contó, había sido cantante vocacional. Su padre tocaba el piano pero luego se hizo policía, como su hermano. Ella, en cambio, quiso estudiar psicología, pero al final se inclinó por la vocación familiar. 

En 1974, cuando se desata la violencia que desembocaría en el golpe de Estado y el plan sistemático de desapariciones forzadas, dos años más tarde, Antón entró en la policía de Córdoba, una de las provincias más convulsionadas. Vestir el uniforme fue un permiso para la barbarie.

"Cuando se paraba delante de mí, me pisaba los testículos con los tacos", recordó Humberto Vera, detenido aquel 74. Pronto la Cuca se alistó junto con su hermano en el Comando Libertadores de América, el grupo parapolicial que antecedió a las patotas de la dictadura. "Eran bestias salvajes", según Moore.

 

El cómo


El último día en libertad de la Cuca fue a finales de octubre del 2009, cuando intentaba ejercer su voto en las elecciones legislativas. Toda una paradoja en el camino que se trazó la Argentina para alcanzar la verdad y la justicia. Siete años más tarde la condenaron. Cuando Mariani fue a verla a la prisión, Anton le dijo que "extrañaba" al exdictador Jorge Videla. "Conmigo era un caballero", dijo.
Al temido Menéndez lo elevó a la altura de un prócer: "Conmigo era un caballero".

 Frente a la periodista se declaró "inocente de todo". Se quejaba de tener que ir de una cama a la silla, día tras día. "Ni un perro soportaría esto", le dijo a Mariani. En el prólogo de su libro, la autora convoca al lector, antes de sumergirse en esas páginas que estremecen, a formularse luego la pregunta de cómo fue posible? que ocurriera lo que ocurrió. La respuesta sigue siendo escurridiza."            (Abel Gilbert, El Periódico, 01/10/18)

25/10/18

Caso Khashoggi: Se trata de un asesinato premeditado. sus contactos en Riad como (un sector de) los servicios de inteligencia estadounidenses y turco le habían asegurado que estaría a salvo en Turquía. Y los tres le traicionaron o le fallaron. Cabe recordar que años atrás, concretamente en 1968, la misma CIA iba a secuestrar al periodista griego Elias Demetracopoulos, refugiado en EEUU, por órdenes de Richard Nixon y Henry Kissinger ya que habia descubierto unos documentos que revelaban la ayuda de 549.000 dólares de la dictadura militar griega a la campaña electoral de Nixon. El plan era conducirle hasta la embajada griega en Washington para matarlo.

"El 7 de diciembre del 1977, el escritor secular y progresista de Arabia Saudí, Nasir As-Said, es secuestrado en plena calle de Beirut y trasladado a la embajada de este país, desde donde desaparece para siempre. Había huido de Arabia en 1956 por defender el nacionalismo árabe y colocar el lema de “un parlamento libre y democrático para Arabia saudí” en el centro de sus demandas. 

Su asesinato fue organizado por la Casa Saud y la CIA. Jamal Khashoggi ni de lejos se parecía a As-Saíd, aunque su trágico final se parece más al guion de una película hollywoodiense de gánsteres, con morbo, intriga e incluso una historia de amor.

En el asesinato del periodista árabe existen tres niveles de “intereses”: nacionales, regionales e internacionales, y justamente la presencia de demasiados actores en el escenario está dificultando la ocultación de lo sucedido y poder zanjarlo con un “Pacto entre los varones de la Mafia” involucrados, impidiendo que ruede la propia cabeza del principal autor intelectual del crimen el Príncipe heredero Mohammad Bin Salman (MBS).

Según The Washington Post, la inteligencia estadounidense había interceptado la conversación de los funcionarios saudíes que discutían el plan para atrapar al periodista, y aunque el diario no revela los detalles, levanta la sospecha sobre la inacción de la  CIA y el hecho de que no le avisaran a la víctima, ni mucho menos prestarle protección.

Al contrario de Bin Laden, el agente de la CIA, cuya supuesta muerte peliculera fue anunciada por Barak Obama sin presentar pruebas de su asesinato (¡no hubo ni cuerpo!), en la muerte de Jamal Khashoggi, Donald Trump -que hace de portavoz de la Casa Saud-, se ha visto obligado a confirmar la muerte trágico del hombre, bajo las presiones de Turquía, aun sin tener su cadáver.

Se trata de un asesinato premeditado: en septiembre el periodista, residente en EEUU, acudía a la embajada de su país en Washington para arreglar sus papeles y poder contraer matrimonio con la estudiante universitaria turca Hatice Cengizel. Pero, los funcionarios le recomiendan,
“incomprensiblemente”, que fuera a Turquía a gestionarlo, lo cual muestra la complicidad de la embajada, que es bajo el mando de nadie menos que el príncipe Khaled el hermano de MBS. Y es lo que hace el novio.

El 31 de septiembre, acude al consulado de Arabia en Estambul y aquí le citan para que regrese el día 2 de octubre y recoger sus documentos, tiempo suficiente para la llegada del Escuadrón de la Muerte desde Arabia Saudí.

¿Quién le traicionó?

Ya temía por su vida, cuando en 2017 Khashoggi rechazó la invitación de los Saud para volver al país y trabajar como asesor de los medios de comunicación de la corte real. Sin embargo, bajó la guardia, posiblemente porque, tanto sus contactos en Riad como (un sector de) los servicios de inteligencia estadounidenses y turco le habían asegurado que estaría a salvo en Turquía. Y los tres le traicionaron o le fallaron.

 Cabe recordar que años atrás, concretamente en 1968, la misma CIA iba a secuestrar al periodista griego Elias Demetracopoulos, refugiado en EEUU, por órdenes de Richard Nixon y Henry Kissinger ya que habia descubierto unos documentos que revelaban la ayuda de 549.000 dólares de la dictadura militar griega a la campaña electoral de Nixon. El plan era conducirle hasta la embajada griega en Washington para matarlo.

¿Quién era Khashoggi?

Empezó su carrera periodística sobre 1980, cooperando con la CIA y la Casa Saud en promocionar en la prensa la “Yihad” anticomunista dirigido por su compatriota Bin Laden en Afganistán y la región, para después resaltar los crímenes de Al Qaeda con dos objetivos: justificar la farsa de EEUU en su “Guerra contra el terror”, y quitar la etiqueta de “fundamentalista y bárbaro” al régimen saudí presentándole “moderado”.

 Así, se convirtió en el asesor de prensa del jefe de Mukhabarat, Servicios de Inteligencia de Arabia, el príncipe Turki al Faisal, primo de MBS, e hijo de Faisal quien fue rey de Arabia hasta su asesinato en 1975 por un sobrino (¡lo cual muestra las amenazas que acechan al propio MBS, desde dentro!).

Su colaboración fue premiada por el Príncipe Kalid Al Faisal, el dueño del diario de Al-Watan (La Patria), y hermano de Turki Al-Faysal. Pero, quienes le dieron el puesto del director en el rotativo. Su paso por los medios de propaganda del régimen era breve, y eso a pesar de que seguía encubriendo los crímenes de la mafia gobernante.

 Los Saud que siguen el lema de “O estás conmigo o contra mí”,  son incapaz de soportar ni concejos amistosos de los periodistas de estas publicaciones. Khashoggi nunca dejó de ser leal a Washington y a las dictaduras de la región apoyando las agresiones militares de EEUU y sus socios europeos, turco y árabes a las repúblicas semi seculares de Irak, Libia y Siria, que han causado la muerte y dolor a decenas de millones de personas.

Khashoggi nunca escribió sobre la situación de los trabajadores, mujeres o de los presos políticos que reciben decenas de latigazos en su cuerpo hasta que su piel sea arrancada (como ha sucedido al joven Ali al-Nimr, condenado a muerte en 2014 por su participación en las protestas de la Primavera Árabe de 2012), ni mencionó nunca los gravísimos abusos, incluidos físicos y sexuales, que sufren muchos de los 9 millones de personas migrantes en el país.

En 2017, al menos 146 personas fueron ejecutadas en Arabia Saudí, y la mayoría decapitadas, al puro estilo del “Estado Islámico”, por acusaciones como el ateísmo, blasfemia, homosexualidad, brujería o criticar al poder.

¿Por qué MBS va a por él?

Khashoggi se hace “desertor” (que nunca opositor, si siquiera crítico) cuando el rey Salman bin Abdulaziz​ organiza  un golpe de estado para nombrar heredero a su hijo, al joven Mohammad, destituyendo al verdadero heredero, Mohamed bin Nayefel de 59 años. A pesar de que el periodista no deja de respaldar al que iba ser el futuro rey ilegitimo de Arabia y sus falsos intentos de reforma,  

MBS planea eliminarlo, por:
  1. Cuestionar, aunque nunca de forma directa, la legitimidad del Príncipe Heredero.
  2. Simpatizar con la poderosa organización rival del wahabismo la Hermandad Musulmana (HM) que gobierna en Qatar y Turquía. Lo que agrava este “pecado” es que la HM no es la enemiga apóstata chii, sino una alternativa sunnita viable a la versión más intransigente del Islam impuesta en Arabia. El periódico saudí de Okaz (nombre de un zoco en la antigua Arabia), semanas antes del asesinato, desveló su encuentro con el Emir de Qatar Tamim Bin Hamad en el Hotel Four Seasons en Nueva York
  3. Poseer información privilegiada de lo que sucedía en el hermético seno del poder, además de conocer al detalle los trapos sucios de la monarquía.
  4. Ser Khashoggi un saudí “patriota”: no le podían acusar de ser “agente del occidente”.
  5. Perjudicar a la Casa Real desde EEUU, el centro del imperio, y donde MBS había invertido miles de millones de dólares para comprarse prestigio.
  6. Distanciarse de la postura proisrailí de la Casa Real sobre palestina en general y su renuncia a Jerusalén Oriental como el futuro capital de estado palestino, en particular. El asesinato del periodista también hace feliz a Isael.
Pedagogía del terror

Los detalles de su terrible muerte (filtrados en capítulo por el régimen de Erdogan, para su propio beneficio), ha sido un aleccionamiento: podrían haberle puesto una bomba en su coche y pegarle un tiro (cosas que la prensa “amiga” podría tachar de “ajuste de cuentas” por droga, amor o lo que fuese, y los gobiernos amigos se lo hubieran agradecido). Nadie se ha escandalizado con el asesinato de la periodista maltesa Daphne Caruana Galizia, o al esloveno Jan Kuciak.

Pero, descuartizar viva a una persona encima en un consulado, y para más inri en un país no amigo como Turquía, ha sido la obra de un carnicero estúpido, imposible de soportar para el mundo incluso con los acostumbrados con los estándares saudíes.

MBS, así echa a perder la ingente inversión en los medios de comunicación occindentales que hizo para que le presentaran como reformador y el hombre que iba a currar la incurable esclerosis de una teocracia que siempre es medieval: consiguió que la prensa en vez de hablar de sus crímenes en Yemen hablara del levantamiento de la prohibición de conducir a las mujeres, mientras que por la puerta atrás seguía deteniendo a las activistas feministas.

Ahora, no sólo ha asestado un duro golpe a sus aliados que pusieron la alfombra roja al  “reformador MBS”, sino que acaba con el espejismo de la capacidad de reformar una teocracia sanguinaria.

Matar al periodista ha sido el suicidio de un arrogante y desesperado heredero, y la consecuencia de la impunidad que le han regalado las potencias mundiales a este país y a Israel: ¡Arabia sigue siendo miembro del Consejo de Derechos Humanos de la ONU y del Comité para el Empoderamiento de las Mujeres y la Igualdad de Género! El año pasado los Saud organizaron su particular “noche de cristales rotos” , cuando el rey Salman citó a 11 príncipes y 38 ex ministros en el Hotel Ritz-Carlton de Riad, para allí encerrarlos, torturarlos, y no soltarlos antes de desvalijar sus cuentas billonarias.

El Príncipe de las Tinieblas Saudí, también secuestró al primer ministro libanés, Saad Hariri, y ni la ONU le reprochó. Nadie ha querido a los saudíes lo suficiente para salvarlos de sí mismos.

Sin apoyo en el interior de la Casa real, y ahora tampoco en exterior, MBS puede marcharse, sumiendo en una mayor incertidumbre a su país y a la región. Lo único seguro es que esta crisis no terminará en una república ni siquiera en una “república “ islámica para Arabia.

Entre las pocas alternativas que le quedan a la Casa Saud están:
  • Apartar al heredero, y cerrar la crisis. Salman ha confundido la importancia estratégica de Arabia para EEUU con la importancia de un MBS que es absolutamente  prescindible. La soga ya está en el cuello del “Trump Saudí”. Es más, si no se va por las buenas, la CIA tiene medios y suficiente experiencia para hacerlo por las malas.
  • Provocar algún incidente grave a nivel internacional para que los titulares de la prensa se desviasen del “caso de MBS” .
Empieza, de todas formas, una nueva ronda de juego árabe de tronos.

Y por último, a pesar de las afirmaciones de los dieres occidentales, Arabia Saudi carece del poder real para chantajear al mundo: es una simple y llana colonia de EEUU."                (Nazanín Armanian, Público, 23/10/18)

24/10/18

Pastora Soto Valderrama de 56 años, recibió un tiro a bocajarro delante de sus nietos, en su casa, todo por tener unas manos primorosas que bordaron una bandera

"(...) A las 22 horas del 18 de julio, el Capitán de Caballería Tello González de Aguilar, disparó su pistola mortalmente sobre el jornalero José Pérez Jiménez cuando este gritó ¡Viva el Ejército Rojo¡ Suerte parecida correría el guardia de asalto Antonio Baena González, fusilado en el cementerio de Écija. 

Fueron detenidos los concejales y todos los dirigentes políticos que había en el Ayuntamiento. El listado de víctimas del mausoleo del camposanto ecijano recoge 211 nombres aunque hubo más fusilados, muchas muertes no fueron registradas.

Uno de los primeros desaparecidos fue Manuel Cuenca Crespillo, dirigente del PCE, presidente de la Casa del Pueblo, que pagó con su vida el intento de resistencia. 

Su suegra, Pastora Soto Valderrama de 56 años, recibió un tiro a bocajarro delante de sus nietos, en su casa, todo por tener unas manos primorosas que bordaron una bandera; era una mujer inteligente, con un ideario político que seguir y defender, siempre iba la primera en las manifestaciones, huelgas, no le importaba hablar en público, era solidaria con los pobres, las mujeres y los niños.

En los días siguientes, se encarcelaron a muchas personas en un granero. Comenzaron los paseos, de allí saldrían muchas personas que fueron fusiladas en las tapias del cementerio. También se ejecutaba en distintos cortijos o en el depósito militar de la Turquilla. En Écija no sólo existe una gran fosa común en el cementerio, hay varias diseminadas por el término municipal. (...)

Las calles ecijanas fueron escenario de truculentas ejecuciones, como el asesinato de un grupo de mujeres que para escarnio público fueron expuestas en las puertas del convento de Santa Inés, rapadas y con un escapulario sobre sus bocas. Dos mujeres fueron fusiladas tras ser delatadas porque en la fuente de Cañato una le dijo a la otra que había que salir al campo a poner banderas rojas.

(...) los hermanos Juan y Celedonio Parque, con 16 y 18 años, fusilados juntos porque el pequeño se empeñó en acompañar a su hermano. Manuel Crespillo Fernández, comunista, había confeccionado la hoz y el martillo con rosas del jardín. Unos falangistas le obligaron a quitarlas con la boca, él se negó, entonces le asesinaron a tiros. (...)"          (Documentalismo Memorialista y Republicano, 14/10/18)

23/10/18

Campo de concentración francés de Rivesaltes: en el mes de junio de 1941 los trabajadores republicanos españoles se mueren de hambre, pesan veinte kilos menos de lo que deberían. No hay comida. Las aguas estancadas de los pantanos cercanos provocan numerosas epidemias... Muchos optan por fugarse y/o incorporarse a la Resistencia...

"Desolación. Desolación es lo que se siente al contemplar lo que queda del campo de concentración de Rivesaltes. No debemos permanecer indiferentes ante el drama humano que albergaron estas ruinas, que hasta no hace muchos años, fueron el campo de internamiento más grande de Europa Occidental.

 Una gran torre de babel en un árido páramo repleto de esqueletos de barracones y letrinas, azotado por la tramontana, cuya fuerza es aprovechada en la actualidad por un moderno parque eólico situado a espaldas del campo. 

En los Pirineos Orientales, en la región de Languedoc-Rosellón, a treinta  kilómetros de la frontera española se encuentra el municipio de Rivesaltes, donde fue construido en 1935 un campamento militar de 600 hectáreas. Tres años después sería bautizado con el nombre de Camp Joffre en homenaje al general francés Joseph Jacques Césaire Joffre  (Rivesaltes 1852 - París 1931), comandante en jefe del ejército francés en la Primera Guerra Mundial. En 1939 el campo es ocupado por tropas coloniales.

 Un año antes las autoridades francesas habían promulgado una Ley estableciendo el internamiento administrativo para los «enemigos, extranjeros, sospechosos o indeseables para la seguridad nacional y el orden público».

 Las primeras víctimas de esta Ley fueron los republicanos españoles. Alrededor de mil que se encontraban en el campo de Vernet fueron enviados a Rivesaltes a finales de julio de 1939. Hombres, mujeres y niños cuyo único delito era ser "extranjeros".
En 1940, tras la firma del armisticio, Rivesaltes es controlado por el Gobierno de Vichy con la colaboración de las fuerzas alemanas de ocupación y se decide utilizarlo como centro de internamiento para familias extranjeras, siendo los prisioneros españoles los encargados de levantar mediante trabajos forzados las barracas que habrían de "alojar" a los indeseables. 

Nueve islas rodeadas de alambradas y en cada una de ellas una docena de barracones de endebles paredes de 30 metros de largo, seis de ancho y cinco de alto.

 En enero de 1941 llegan las primeras familias españolas, seguidas de las judías, desconocedoras estas últimas que sel lugar que las acogía era un tránsito hacia las cámaras de gas del campo de Auschwitz. Después vendrían las gitanas, evacuadas hacía meses de Alsacia-Lorena, un territorio incorporado de facto al Tercer Reich. A excepción de las familias gitanas, el resto es obligado a permanecer en barracas separadas: hombres por un lado, y mujeres y niños por otro.

Un informe médico constata que en el mes de junio de 1941 los trabajadores españoles se mueren de hambre, que pesan veinte kilos menos de lo que deberían. No hay comida. El agua escasea y sólo pueden ducharse de forma colectiva cada dos semanas. Las aguas estancadas de los pantanos cercanos provocan numerosas epidemias. También la mala planificación, como la colocación de los váteres al lado de las fuentes de agua potable, causa de una terrible epidemia de tifus en 1941.

Vigilados por soldados marroquíes y senegaleses, están rodeados de parásitos y de ratas. Las condiciones climáticas son extremas. Lluvias torrenciales, fuertes vientos, humedad, temperaturas bajo cero en invierno y un calor abrasador en verano. En invierno, tan solo la guardería infantil y los despachos administrativos cuentan con estufas. 

Cada día tienen que batallar por la supervivencia, y el mayor problema es la desnutrición extrema, a la vez que la primera causa de mortalidad.

Algunos españoles salen del campo a diario para trabajar en el exterior. Muchos no regresan y optar por fugarse y/o incorporarse a la Resistencia.

Cerca de veinte mil personas fueron recluidas en Rivesaltes, de las cuales el 53% eran españoles, el 40% judíos  y el 7% gitanos.

Tal vez la única forma de lograr visualizar toda esta injusticia sea recuperar las palabras de Friedel Bohny-Reiter, enfermera de  La Swiss Children's Aid, dependiente de la Cruz Roja Suiza. Esta organización se estableció en el campamento de Rivesaltes en agosto de 1941. Proporcionaba cuidado y alimentos a los niños y madres lactantes. 

«Me parece, y eso se ha producido varias veces esta semana, que no podré soportar mucho tiempo todo esto, que acabaré aplastada por todo este sufrimiento, toda este injusticia, toda esta tormenta. Me pesa terriblemente  tener que estar aquí, escuchar, y a menudo, al final, tener que decir que no. (...)  Ocurre que algunas de nosotras no pueda ya más. Una pone los brazos sobre la mesa y solo puede llorar. ¿Por qué, por qué todo este sufrimiento. Y nosotras sin poder hacer nada?»

«El silencio reina en el campo. Ya no se oyen cantos, ni gemidos. La noche ha cubierto con su velo todos los sufrimientos y sin embargo es sobre todo por las noches cuando una se siente presa de abatimiento. El desánimo de sentirse tan impotente y tanto desamparo. Tener que atravesar cada día la enfermería sin poder ayudar. Cada día ojos suplicantes. 

Por las noches cuando estamos las dos juntas sentadas para hablar, no puedo hacer otra cosa que poner los brazos sobre la mesa y llorar. ¿Por qué? ¿Por qué todo eso?» (BOHNY-REITER, F., Journal de Rivesaltes, 1941-1942, Genève, Editions Zoé, 1993)

 Friedel llegó a Rivesaltes en noviembre de 1941 y permaneció allí hasta el 26 de noviembre de 1942. Salvó a varias niños de la deportación, infringiendo las directrices de neutralidad impuestas por la Cruz Roja Suiza.

En 1942 los islotes K y F del campo se convirtieron en un centro de selección de judíos para su posterior deportación denominado Centro Nacional de Concentración de Judíos de Rivesaltes. De los cerca de cinco mil judíos recluidos entre agosto y noviembre de 1942, más de la mitad escapó de la deportación gracias a la labor de diversas organizaciones de asistencia y la intervención de Paul Corazzi, enviado del Prefecto.

Un total de 2.313 judíos, entre ellos 110 niños, fueron deportados -con la colaboración del gobierno de Vichy- de Rivesaltes al campo de exterminio de Auschwitz entre agosto y octubre de 1942 en nueve convoyes. El primero de estos salió de Rivesaltes el 11 de agosto de 1942 (400 personas) en dirección a Drancy, centro de tránsito de la deportación de los judíos de Francia.

Los siguientes serían el 23 de agosto (175 personas), el 1 de septiembre (173 personas), el 4 de septiembre (621 personas), el 14 de septiembre (594 personas), el día veintiuno Septiembre (72 personas), 28 de septiembre (70 personas), 5 de octubre (101 personas) y 20 de octubre (107 personas).

Friedel Bohny-Reiter recoge en su diario:

«19 de agosto de 1942. Un calor abrumador en el campamento. El alambre de púas apretado alrededor de las islas K y F es opresivo. Las quejas de las personas atormentadas todavía flotan en el aire. Los veo salir en largas colas desde sus cuarteles jadeando bajo el peso de sus pertenencias. Los guardias a su lado. Alineación para la llamada. Espere durante horas en un campo expuesto al sol. Luego llegan los camiones que los llevan a las vías del tren. 

Dejan los camiones entre dos filas de guardias y entran, algunos vacilantes, otros apáticos, algunos con una mirada desafiante, con la cabeza alta, en los vagones de ganado. Dura varias horas hasta que todos se amontonan en los autos donde es sofocante. Veo caras conocidas a través de los barrotes. Haciendo otra petición, gritando gracias. En cada apertura, dos guardias. Miro las caras. Incluso la desesperación ya no existe en estas caras, vieja, destartalada y sombría.

 Desde el último automóvil escuchamos un "adiós". Vamos al campamento. A la mañana siguiente, todavía está oscuro cuando vamos a la vía del tren. El tren comienza lentamente; escapan a un destino para ir a otro. Todo sucedió en una semana.»«26 de agosto de 1942 . En lugar de 200, 600 personas han sido traídas aquí. Los camiones llegan uno después del otro. La Isla K se llena de nuevo. 

Cuando lo hice, conocí muchas caras conocidas, personas para las que obtuvimos lanzamientos, que vivieron unos meses felices en libertad. Gente que morimos de hambre este invierno, que vimos saliendo del campamento con felicidad. El mismo destino les espera a todos. Esta noche ha llegado un tren entero. Dieciséis autos. Llevamos a la gente en camillas. Hay algunos que tienen muletas. Una larga procesión de desafortunados, de excluidos. A medianoche, se espera un segundo tren, a las 5 a.m.»

Tras deshacerse de los judíos, la población gitana fue enviada al campo de Saliers y el resto, casi la mayoría españoles, al de Gurs.

A partir del 22 de noviembre de 1942, los alemanes recuperan y vacían el campo para devolverle su cometido original como cuartel para las tropas que intervenían en la defensa de las costas, hasta el 19 de agosto de 1944, fecha en que el ejército alemán abandona Rivesaltes.

De 1944 a 1948 se convierte en Centro de residencia vigilada, ocupado por colaboracionistas franceses y en cárcel para prisioneros de guerra alemanes e italianos. También sigue recibiendo españoles que son detenidos por paso clandestino de frontera, a los que las autoridades usarán como mano de obra esclava.

 De 1957 a 1962 se utiliza para formar a las tropas que tomarán parte en la guerra de Argelia, a la vez que sirve de prisión para los partidarios de la independencia de ese país. De 1962 a 1964 un total de 22.000 harkis repatriados de Argelia son confinados en Rivesaltes. Las últimas familias de harkis saldrán del campo en 1977. De 1986 al 2007 el campo funciona como Centro de Detención Administrativa para inmigrantes irregulares.

A pesar de los numerosos intentos gubernamentales para derruir y enterrar esta negra página de la historia de Francia, la aparición en 1998 en un basurero de miles de archivos del campo de Rivesaltes, fue el detonante para empujar la lucha emprendida por asociaciones civiles, hijos de exiliados españoles y algunos políticos franceses, que no se dieron por vencidos.

En 1994, se erigió un monumento en memoria de los judíos deportados de Rivesaltes campo de Auschwitz: «Miles de judíos extranjeros que estaban refugiados en Francia fueron arrestados e internados en 1940 en el Campo de Rivesaltes, en la zona libre. De agosto a octubre de 1942, más de 2.250, entre ellos 110 niños, fueron entregados a los nazis en la zona ocupada por las autoridades  denominadas "Gobierno del Estado francés". Deportados al campo de exterminio de Auschwitz, todos fueron asesinados. No olvidamos jamás a aquellas víctimas del odio racial y la xenofobia". Fue profanado en octubre de 2002 y reconstruida en junio de 2003.»

En 1995 se inauguró un monumento en honor a las víctimas de la Guerra de Argelia y en 1999 en homenaje a los republicanos españoles.

Memorial de Rivesaltes
En el año 2015 se levantó el Memorial de Rivesaltes. Manuel Valls, primer ministro en aquella época, reconoció públicamente el maltrato que Francia había dado a los refugiados.
Construido en el antiguo Bloque F del campamento, el Memorial de 4.000 metros cuadrados, obra del arquitecto francés Rudy Ricciotti, es un enorme edificio de cemento sin ventanas, enterrado bajo el suelo, que simboliza el encierro forzado. 

El museo que alberga en su interior recorre la historia del siglo XX, desde la Guerra de España y la Segunda Guerra Mundial hasta la Guerra de Argelia. "                      (Búscame en el ciclo de la vida, 16/10/18)