11/12/17

Las mujeres detenidas evitaban ir al baño porque allí era donde los guardias las violaban a su antojo

"Las mujeres detenidas evitaban ir al baño porque allí era donde los guardias las violaban a su antojo. No era el objetivo inicial del recinto de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), pero sí un ejemplo del infierno en el que se convirtió uno de sus edificios, el Casino de Oficiales, en Buenos Aires (Argentina). 

Gran cloaca de la dictadura de Videla (1976-1983), fue uno de los mayores centros clandestinos de detención, tortura y exterminio (CCDTyE) y un agujero negro para los Derechos Humanos: desde allí se hizo desaparecer a cerca de 4.000 personas a través de los ‘vuelos de la muerte’, aviones que los arrojaban todavía vivos al mar.

Este miércoles, por primera vez y después de cuatro décadas, la Justicia argentina condenó a los responsables de los crímenes de lesa humanidad practicados en la ESMA: las 54 imputaciones por delitos contra 789 víctimas se saldaron con 29 cadenas perpetuas, 6 absoluciones y penas de prisión de entre 8 y 25 años para el resto de acusados.

Hace 10 días visité la ESMA y el edificio Casino de Oficiales sigue siendo aterrador. Dentro del recinto arbolado, de 17 hectáreas y salpicado por una decena de construcciones, el centro de oficiales centralizó las detenciones y las torturas. 

En la tercera planta y en la buhardilla yacían los detenidos, en nichos de 200 por 70 centímetros, sobre finos colchones en el suelo, con las manos siempre esposadas, grilletes en los tobillos y atados a una bala de cañón de 20 kilos. Dos ruidosos extractores daban algo de ventilación al espacio de reclusión. Las pequeñas ventanas estaban tapiadas y apenas entraba algo de luz natural, rebotada desde los camarotes aledaños.

Pero poco importaba la luz porque los detenidos tenían, en todo momento, la cabeza cubierta con una capucha (por eso estas dos dependencias eran conocidas como ‘Capucha’ y ‘Capuchita’). Unos pasaban así entre 10 y 15 días. Otros, años. Podían subirse la capucha hasta la nariz sólo para comer. Excepcionalmente, también podían descubrirse en el baño. 

Los médicos controlaban que los presos comiesen lo indispensable para seguir con vida: mate cocido con pan, una taza de caldo, dos panes con carne fría, algo de agua, una naranja.
Tras el internamiento, se les drogaba con pentotal, se les desnudaba y se les trasladaba a los ‘vuelos de la muerte’. 

Entre los casos más aterradores, destacan los de las mujeres: además de las violaciones en los baños, las embarazadas permanecían en la ESMA hasta que daban a luz. Entonces, las madres eran enviadas a los ‘vuelos de la muerte’ y sus hijos entraban en la red clandestina de tráfico de bebés robados.

 En la actualidad, la ESMA organiza una visita guiada por supervivientes una vez al mes. El centro, reconvertido en un museo al servicio de la memoria histórica, es un ejemplo mundial de educación y concienciación para las nuevas generaciones. Todos los días hay decenas de visitas organizadas por colegios e institutos para que los jóvenes conozcan las atrocidades cometidas."                (Daniel Ayllón, La Marea, 30/11/17)

7/12/17

Creo que sólo me mantenían en pie los impactos que iba recibiendo de un lado y otro. Como si entre ellos compitieran para evitar que me cayera

"La sede del Gobierno de la Comunidad de Madrid, en plena Puerta del Sol, fue durante años el palacio del terror franquista. Un lugar donde el torturador Antonio González Pacheco, alias 'Billy el Niño', campó a sus anchas. 

Como si el lugar fuese suyo. Como si España fuese suya. Como si tuviera la seguridad de que disfrutaría de impunidad el resto de sus días. Pero no fue el único. Antes de que él llegara al lugar hubo otros hombres. Otros torturadores. El franquismo no fue aquel remanso de paz del que presumía un exministro del PP.

 La actual sede del Gobierno de la Comunidad de Madrid, ese edificio que muestra a través de su reloj la llegada del nuevo año, fue durante la dictadura franquista un centro de detención y tortura. En concreto, la Dirección General de Seguridad. 

"Estas manos son armas y con ellas voy a destruirte", espetó Billy el Niño, dentro de esos muros de la Real Casa de Correos, a Chato Galante, militante de la Liga Comunista Revolucionaria (LCR) en 1969. La frase fue pronunciada en medio de un terrorífico interrogatorio plagado de torturas y malos tratos. A Lidia Falcón, por su parte, le dedicó un un "ya no parirás más puta", mientras golpeaba su abdomen. A Luis Miguel Urbán, en su novena detención por pertenecer a la LCR, Billy el Niño le decía a carcajadas que no iba a salir nunca de allí con vida. 

Son tres de las víctimas de González Pacheco. Pero la lista es casi infinita. Inabarcable. Billy el Niño, por su juventud, su dureza, su crueldad y también por la orden de extradición de la Justicia de Argentina, se ha convertido en el símbolo del terror y de la impunidad del franquismo. Era un funcionario que acataba las órdenes de arriba. Que aplicaba los métodos sistemáticos de destrucción personal y tortura al sospechoso de ser disidente político. 

Antes de él hubo otros. Y también otros jefes, otros ministros. No era un problema de nombres. Era un problema de naturaleza. De violencia institucionalizada. El activista del PCE Julián Grimau, posteriormente ejecutado, fue lanzado por la ventana de la sala donde estaba siendo brutalmente torturado. 

El Ministerio de Información y Turismo, que entonces dirigía Manuel Fraga Iribarne, también conocido indistintamente como uno de los padres de la Constitución o de la democracia, sostuvo que el preso se había tirado al vacío de forma "inexplicable", tras encaramarse a una silla.
Posteriormente, Grimau sería ejecutado por presuntos delitos cometidos durante la Guerra Civil. Fue una víctima más de la larga noche franquista.  

Felisa Echerroyen fue otra, aunque afortunadamente, vive para contarlo: "Las palizas de Billy el Niño se reproducían en cada interrogatorio durante día y noche. Durante los tres días que estuve allí me sentí como un guiñapo al que balanceaban de izquierda a derecha. Creo que sólo me mantenían en pie los impactos que iba recibiendo de un lado y otro.  Como si entre ellos compitieran para evitar que me cayera. No era consciente de que mis pies tocaran el suelo. Deseaba morir con tanto empeño".

El 'carnicerito' de Málaga y formas de colaborar con la Gestapo

Cuando Julián Grimau fue lanzado por aquella diminuta ventana del actual Palacio de Gobierno de la Comunidad, el director de la Dirección General de Seguridad era Carlos Arias Navarro, quién después ocuparía la Presidencia del Gobierno y sería el encargado de anunciar frente a las cámaras de televisión la muerte del dictador. Arias Navarro dirigió el organismo entre junio de 1957 y febrero de 1965, cuando fue nombrado alcalde de Madrid.

Antes, tras la conquista de Málaga por parte del ejército rebelde, había actuado como fiscal participando en la represión de la ciudad, que debía servir de ejemplo para el resto del Estado. Sólo del 8 al 14 de febrero de 1937 los franquistas ejecutaron sin juicio previo a 3.500 personas y hasta 1944 otras 16.952 fueron condenadas a muerte y fusiladas en Málaga, según un informe del cónsul británico documentado por el historiador Anthony Beevor. La actuación de Arias Navarro en Málaga le valió el sobrenombre de 'el carnicerito'.

Durante el tiempo en el que Arias Navarro fue el director de la DGS, además de la caída de Grimau por una angosta ventana, se produjo también la ejecución de los anarquistas Francisco Granado y Joaquín Delgado, acusados sin pruebas de haber puesto explosivos en el Sección de Pasaportes de la Dirección General de Seguridad y en la Delegación Nacional de Sindicatos.

Pero antes de la llegada de Arias Navarro, y de Billy el Niño, ya se efectuaban las torturas en el emblemático edificio del centro de Madrid. Durante el mandato del militar Rafael Hierro Martínez en la DGS (1951-1957) se asesinó al miembro del PSOE Tomás Centeno. Este hombre era nada más y nada menos que el presidente del sindicato Unión General de Trabajadores (UGT) y formaba parte de la ejecutiva del Partido Socialista Obrero Español en la clandestinidad. Fue detenido por la policía franquista en 1953.

Lo último que se supo de él es que apareció muerto en la propia Dirección General de Seguridad, víctima de las torturas. El régimen señaló que "Centeno puso fin a su vida en el propio calabozo con el borde de uno de los flejes del somier de acero". 

El militar Rafael Hierro Martínez había sustituido al frente de la DGS al también militar Francisco Rodríguez Martínez. De hecho, los dos únicos directores del organismo que no fueron militares hasta el año 1979 fueron el propio Arias Navarro, que pertenecía a Falange, y el también falangista José Finat y Escrivá de Romaní, conde de Mayalde.

El conde de Mayalde dirigió el centro de detención y tortura entre 1939 y 1941, fue nombrado después embajador de España en la Alemania nazi (1941-1942), gobernador civil de la provincia de Madrid y alcalde de Madrid (1952-1965). Una carrera de vértigo. 

El historiador Josep Fontana escribió sobre él lo siguiente: "Era el conde de Mayalde un hombre con las manos manchadas de sangre que, como director general de Seguridad, había invitado en 1940 a Heinrich Himmler para que visitara Madrid, con el fin de establecer formas de colaboración con la Gestapo...". Sus buenas relaciones con la Alemania Nazi, de hecho, le valdrían el puesto de embajador franquista en Berlín.   (...)

Podemos pide honrar la lucha de personas como Fernando Navarro, de 69 años, que fue detenido en el Instituto Simancas por participar en una asamblea de estudiantes. Era el 21 de enero del 73 y los estudiantes protestaban por la suspensión de una convocatoria de exámenes: 

"Me entregaron a 'Billy el Niño'. Era un hombre con cara desagradable, greñas en el pelo y pinta de estudiante 'progre'. Me preguntó si estuve en la asamblea, yo lo negué y entonces me dio un puñetazo en la puerta del estómago y me cogió de los testículos. Después puso mi cabeza encima de un radiador y comenzó a golpearme por todo el cuerpo", relató Navarro a Público.

 Finalmente este hombre fue absuelto porque su presencia en el instituto estaba justificada por estar en horario lectivo. Sin embargo, de los golpes y de la humillación ya no le libraba nadie. Tampoco la democracia española le pediría disculpas. Nadie honró su lucha y condenó a su agresor. (...)"               (Alejandro Torrús, Público, 16/04/16)

5/12/17

Quen foi Salvador Moreno, o militar golpista defendido por Rajoy?

"Este jueves, durante su visita a un grupo de militares de la Armada española con los que mantuvo un encuentro en Abiyán (Costa de Marfil), el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, se preguntó por qué le quitaron el nombre de una calle al Almirante Salvador Moreno

La respuesta la da Alberto Sabio, historiador de la Universidad de Zaragoza, al explicar quién era Salvador Moreno: "Fue un golpista, estuvo en la conspiración previa a la sublevación militar contra la Segunda República".

 Este militar, que llegó a ser ministro de Marina en la dictadura, desempeñó desde el crucero Almirante Cervera, primero, y desde el acorazado Canarias, después, un papel clave para la victoria franquista en la guerra civil que incluyó el bombardeo de numerosas ciudades costeras. 

(...) había dirigido desde esos barcos cruentos ataques como el bombardeo de la carretera de Málaga a Almería cuando, en febrero de 1937, más de 100.000 civiles huían en lo que se conoció como la desbandá.

Los bombardeos de la artillería terrestre del general Gonzalo Queipo de Llano, que había sitiado Málaga, y los cañones del acorazado Canarias, que apoyaba esa operación desde el mar, provocaron entre 3.000 y 5.000 muertes, en uno de los episodios más sangrientos de la guerra civil.
Moreno, destinado en Ferrol al comienzo de la guerra, se hizo con el control del Almirante Cervera, con el que participó en el bombardeo de Gijón, pese a las reticencias iniciales de la tripulación, leal a la república. (...)"            (Eduardo Bayona, Público, 30/11/17)

"(...) En 2008 foi un dos 35 altos cargos do franquismo imputados pola Audiencia Nacional no sumario instruído por Baltasar Garzón, polos delitos de detención ilegal e crimes contra a humanidade cometidos durante a guerra civil e nos primeiros anos do réxime.(...)"               (Marcos Pérez Pena, Praza Pública)

4/12/17

Crecer después de que asesinen a tu madre

"Hace ya 20 años que Francisco Orantes vio por última vez a su madre con vida. Fue su padre, José Parejo, el que la asesinó en Granada 14 días después de que ella contase su historia personal de maltrato en televisión y se convirtiese en la primera mujer en España que hacía público un caso de este tipo. 

El nombre de esta mujer era Ana y su apellido Orantes. Un apellido que siete de sus ocho hijos –uno de ellos ya ha fallecido- llevan ahora en primer lugar para homenajearla.

Cuando Orantes fue asesinada, Francisco tenía 19 años. Era el menor de sus hermanos y junto a ellos vivía una sobrina de su madre de 14 años. Ninguno de ellos recibió ningún tipo de ayuda para superar este momento traumático. 

“Nos dijeron que tendríamos acceso a un tratamiento psicológico y asesoramiento legal, pero no recibimos nada. Tampoco ninguna ayuda económica. Yo hacía muy poco tiempo que había cumplido la mayoría de edad, pero era un crío y el epicentro de mi vida era mi madre”.

Francisco cuenta que él y sus hermanos recibieron “muchos palos” por parte de su progenitor, aunque reconoce que más grave era el maltrato psicológico al que los sometía. “A día de hoy todavía me doy cuenta de qué manera me afectó esa situación. Siempre nos menospreciaba o nos hacía creer que éramos unos inútiles. Muchas veces cuando hago algo bien y alguien me lo reconoce desconfío, pero me satisface mucho y es una señal de cómo hacía que nos sintiésemos”, afirma Orantes.

En España se calcula que unos 500 menores se han quedado sin madre desde que entró en vigor en 2014 la Ley Integral contra la Violencia de Género. Muchos vivieron antes esta situación sin que quedase registro de casos, ni recibiesen atención psicológica y tampoco ninguna ayuda económica. 

En la actualidad, según Diana Díaz, directora del teléfono Anar, un servicio gratuito y anónimo que atiende las consultas de familias, niños o adolescentes de toda España en esta situación, son cada vez son más las llamadas atendidas por este motivo. 

 “Solo lo que va de año han sido 499 en el caso de adolescentes víctimas de violencia de género y 2.230 las de menores que han vivido situaciones de violencia de género en elsu entorno. Trabajamos muchísimo a nivel psicológico.

 Es básico desde el principio. Les damos las pautas de seguridad y les indicamos un plan de acción que consiste en orientarles sobre cómo pedir ayuda a profesionales y adultos”, explica Diaz.

La directora, de este servicio, activo desde hace 20 años, los mismos desde el asesinato de Orantes, asegura que el avance de la sociedad en cuanto a cómo tratar este tema es muy destacable. “Es evidente que este problema no se ha erradicado y existe en todos los estratos de la sociedad, pero hemos tomado conciencia. 

Ahora se identifica y se sabe cómo atajarlo. Antes se ocultaba, se desconocía y no había profesionales cualificados. Ahora esto es una realidad”.
Francisco Orantes insiste en lo duro que ha sido enfrentarse a ciertos comentarios a lo largo de su vida, cuando este problema no era tan visible ni había tanta conciencia social. “Mucha gente me ha dicho: claro, como vienes de una familia conflictiva o tu apellido es Parejo seguirás siendo violento. 

Y eso hace mucho daño, es como si te pusieran un sello. Nunca he sentido el miedo de ser como mi padre, yo veo a mis hermanos mayores y me veo a mí y no somos así”. Sí que uno de sus hermanos, el único ya fallecido, tuvo una denuncia por malos tratos de su pareja que el juez desestimó basándose en el testimonio de unos testigos. “Fue una discusión y la cosa quedó ahí, pero si mi hermano hubiese sido culpable hubiésemos sido los primeros en acatar la decisión de la ley”, añade.

Años después, ya casado y con hijos, Francisco, animado por su mujer, acudió a un psicólogo que le ayudase a superar las sucesivas depresiones que sufrió años más tarde. “Me ayudó muchísimo ir, hasta que no fui no lo superé. Si me hubiesen ayudado cuando tenía 19 y no 39, hubiese sido mejor. 

Ahora soy una persona diferente que vive feliz y que anima a todas las mujeres que viven esta situación a que denuncien, a que no se callen nunca y reciban ayuda”, expresa. Sobre su padre, Orantes asegura que ninguno de sus hermanos tuvo contacto con él desde que ingresó en la cárcel hasta su muerte. “Solo llegó a decirnos que si salía iría a por alguno de nosotros porque él ya lo tenía todo perdido. Fue una persona que nunca nos quiso, pero que tampoco se quiso él”.

En contraste con la historia de Francisco se encuentra la de Carolina, el nombre ficticio de una mujer cántabra de 33 años que recibió malos tratos por parte de su pareja delante de su hija de seis, en julio. “Cuando ocurrió este episodio en un parking, después de muchos otros en los que había recibido insultos delante de mi niña, decidí cortar esta situación, separarme y pedir una orden de alejamiento”, cuenta Carolina.

 La mujer puso una denuncia en la unidad de policía especializada en violencia de género de Santander y su caso fue derivado inmediatamente al Centro de Información y Atención Integral (CIAI) de la localidad que gestiona la Fundación Diagrama y que depende de la Consejería de Universidades, Investigación, Medio Ambiente y Políticas Sociales del Gobierno de Cantabria, donde les proporcionaron atención psicológica y asesoramiento legal.

“Me atendieron enseguida y las dos venimos encantadas todas las semanas. Yo necesitaba ayuda, pero me preocupaba mucho más la percepción de mi hija y las secuelas que este suceso pudiesen provocar en ella a corto y a largo plazo”, comenta Carolina. La madre añade que su hija sabe están siendo atendidas por un psicólogo y que siempre acude feliz a la consulta.

 “Creo que sin esta atención la situación hubiese sido mucho peor, no sé como sería anteriormente, pero aquí te sientes como en casa y eso nos está ayudando mucho a superar la situación que estamos pasando”.                   (Mai Montero, El País, 27/11/17)

1/12/17

Es mediodía del 4 de diciembre de 1977 y un joven de 18 años se desangra en una acera de Málaga, herido de bala...

"Es mediodía del 4 de diciembre de 1977 y un joven de 18 años se desangra en una acera de Málaga, herido de bala. Dos millones de andaluces se manifestaban ese día, en todas las ciudades, con los diputados de la legislatura constituyente. El lema era Libertad, amnistía y Estatuto de Autonomía.

En la capital de la Costa del Sol, travestida por la lluvia, el ambiente familiar de la marcha se desarma cuando un joven escala por la fachada de la Diputación para colgar la bandera blanquiverde que había prohibido su presidente, un franquista duro de miopía cerril. En ese momento se da orden a los antidisturbios de lanzar una carga; y las lecheras desatan el caos de sirenas entre humo y una lluvia de bolas de goma por las aceras mojadas.

La estampida colisiona con el retorno de la cabecera en la Alameda. Frente al cuartel de la Policía Armada hay piedras e insultos y se responde con disparos al aire. Algunas balas, sin embargo, no apuntan al cielo encapotado. Así se inician dos días de furia en la ciudad, sitiada por los antidisturbios en estado de excepción. Pero una trama de silencios y complicidades iba a enterrar la verdad. 

La Mesa del Congreso acaba de vetar, transcurridas cuatro décadas, la difusión de las actas de la comisión parlamentaria; mientras la izquierda se disputa la fecha del 4-D con el legado moral del andalucismo.

Treinta años después de 1977, más allá del ritual de llevar flores al último lugar donde se vio con vida a Manuel José García Caparrós, se había impuesto el olvido. Sin embargo, una secretaria judicial, al esperar cada día el ascensor ante al archivo de los juzgados, sentía la quemazón de investigar. Se llama Rosa Burgos, y era 2004: “Yo me manifesté festivamente en Granada aquel día, siendo estudiante de Derecho, y allí me sacudió el estupor de ver a un joven muerto por hacer eso mismo…”.

Para ella no fue fácil obtener el permiso y durante meses se dedicó a buscar el expediente cada saliente de guardia en los sótanos insalubres del antiguo Hotel Miramar, en esos años Palacio de Justicia, siempre bajo vigilancia. Cuando logró dar con los legajos, se los arrebataron. Sólo pudo hacer una foto con el móvil para disponer de una prueba de su existencia. 

Y comenzó otro vía crucis para su entrega, no antes de dictarse auto de prescripción. Entretanto, viaje a viaje a Madrid, logra acceder a las actas de la comisión parlamentaria del caso. Sólo la tenacidad de esa mujer sin método de historiadora pero con una determinación a prueba de todo, sacó la muerte de García Caparrós del armario.

Su trabajo se prolongó tres años. Por primera vez se identifica el lugar del disparo, no donde lo recogen desangrándose para subirlo a un Simca, después desaparecido, en el que moriría antes de llegar al hospital; por primera vez se cuenta cómo se invalidó la prueba de la bala que había señalado a la Policía Armada; por primera vez se identifica a los testigos silenciados; por primera vez se muestra la laxitud investigadora que, entre inhibiciones, trató de liquidar todo por la vía rápida en las semanas siguientes; por primera vez, aunque con prudencia, se apunta la autoría. 

Y además se pone en evidencia la trama de complicidades que destaparía también la comisión de investigación hasta atribuir los hechos a la situación socioeconómica de Málaga, como recuerda irónicamente Carlos Sanjuán, diputado del PSOE. Cuando Rosa Burgos concluyó su libro, ninguna institución –ni Ayuntamiento, ni Diputación ni Junta de Andalucía, aunque todas han concedido a Caparrós los honores de Hijo Predilecto– se presta a publicarlo. Lo haría una pequeña revista de Málaga: El Observador. El caso seguía siendo tabú, más allá de la retórica oficial.

Diez años después de La muerte de García Caparrós, Rosa Burgos ha publicado Las muertes de García Caparrós, ahora en plural, de nuevo con El Observador, que se presenta este miércoles en víspera del 40 aniversario. “El plural se debe al sentimiento de que Manuel José sigue muriendo por dejación institucional”.

 Le indigna ver la placa colocada en 2002 de "La Ciudad de Málaga en recuerdo de D. José Manuel García Caparrós" con el nombre equivocado y en el sitio equivocado –paradójicamente hoy convertido en Lugar de la Memoria Democrática– sin aludir siquiera a los hechos. “Esa placa lo mismo podría recordar a un médico ilustre”, se lamenta. También le entristecen las declaraciones oportunistas de dirigentes políticos siempre apelando a la verdad que nunca les ha interesado. 

Como recuerda Fernando Rivas, editor de El Observador, “ningún partido ha hecho nada, aunque unos han hecho aún menos que otros. A la derecha se le supone, pero el PSOE ha estado en todas las instituciones, y también IU en la Diputación y la Junta”.

Del trabajo de Rosa Burgos queda un relato muy alejado de la comisión parlamentaria demasiado complaciente. La investigación a cargo del superior del autor del disparo se saldó rápidamente con un escrito al juzgado: “No se puede determinar qué persona causó la muerte por el desorden y agresividad de los manifestantes”. 

Un testigo contó cómo el actual alcalde de Málaga, entonces diputado de UCD, vio a policías con la pistola en la mano y les conminó a enfundarlas al haber mujeres y niños; pero el cabo primero M.P.R. replicó “también los policías tenemos mujeres y niños”. Poco después de la muerte de Caparrós, su pistola fue dada de baja y a él se les trasladó a otra localidad. Con el tiempo se limpiará la bala.

 “La muerte de Caparrós fue consecuencia de la persistencia del franquismo en las fuerzas del orden durante la Transición”, apunta el historiador Fernando Arcas. El día 9 de aquel diciembre, el ministro Martín Villa visita Málaga y el diario Sur publica una frase suya estremecedora: “Tratamos de crear un cuerpo de orden público al que únicamente tengan que temer los delincuentes”.

Lo asombroso es que el secretismo y las complicidades se mantuvieran tantos años. Como la investigación judicial, tampoco la comisión parlamentaria, cuyas actas secretas publica El Observador en su web, quiso responsables. Todo parece dar la razón a quienes, como la diputada Eva García Sempere, hablan de “pacto de silencio en la época para que nada empañara la Transición”. 

También Rafael Escuredo evoca esas sombras. Hoy las actas están protegida, y cuando Rosa Burgos interroga a los funcionarios que a ella sí le permitieron acceder a esa documentación, la respuesta es “eran otros tiempos”. De 2005 a 2017, ella siente que la democracia ha dudado de sí misma.

“Se llamaba Manuel, tenía dieciocho años y era de Málaga. (Todo eso me ha pasado a mí). Le han asesinado de un balazo por la espalda. (Si a mí me sucediera eso, posibilidad que ningún español debe descartar)…”, comenzaba un día después su columna de Arriba el poeta y articulista Manuel Alcántara, nacido en Málaga. 

Al borde de cumplir noventa, aún recuerda la furibunda reacción de El Alcázar contra él. La policía era intocable, y había que proteger a aquel cabo de la Policía Armada del que repetir sus iniciales no consuela a nadie. Murió hace pocos años, mientras García Caparrós sigue muriendo en la misma esquina equivocada donde se cruzó con el destino, de calibre 9mm."                   (Teodoro León Gross, El País, 28/11/17)

30/11/17

Por estas caricaturas de Franco fueron fusilados el director y el dibujante de una revista satírica valenciana


"Franco compartiendo yacija con un soldado moro de su batallón africano, Franco travestido, Franco convertido en un trasunto ridículo de Hitler, con su espadón sobre España… Son algunas de las caricaturas que publicó la revista satírica ‘La traca’ durante su triunfal etapa final, durante la Segunda República y la Guerra Civil, cuando llegó a vender medio millón de ejemplares gracias a un humor afilado, anticlerical y claramente alineado con el bando republicano, a la postre derrotado por el fascismo golpista.

 

El franquismo -que derrotó a los últimos reductos de la resistencia en Valencia, sede de la redacción de ‘La Traca’- nunca perdonó al director Vicent Miguel Carceller y a su dibujante Carlos Gómez Carrera, conocido como ‘Bluff’, las afrentas realizadas desde las páginas de la revista.

 La revista fue cerrada y ambos periodistas condenados a muerte. La sentencia dictada por un tribunal militar habla por sí sola sobre la naturaleza del régimen que llegaba:
“RESULTANDO: que Don Vicente Miguel Carceller, de 50 años, al iniciarse el Glorioso Alzamiento Nacional era propietario del semanario La Traca, cuya dirección ejercía de manera encubierta […] Que el citado semanario se dedicaba de la manera más baja, soez y grosera a insultar a las más altas personalidades representativas de la España Nacional, de la dignidad de la Iglesia y los principios informantes del Glorioso Movimiento Salvador de Nuestra Patria… FALLAMOS: que debemos condenar y condenamos a la PENA DE MUERTE a los procesados VICENTE MIGUEL CARCELLER y CARLOS GÓMEZ CARRERA, como autores del calificado delito de adhesión a la rebelión militar, con las circunstancias agravantes expuestas.”
La sentencia del Consejo de Guerra fue dictada el 10 de junio de 1940 y los dos condenados fueron fusilados poco después en Paterna, según leemos en Valencia Plaza.

 

La memoria de Carceller y de Bluff fue recuperada por la exposición La transgresión como norma), que se celebró el año pasado en Valencia, comisariada por los profesores universitarios Antonio Laguna y Francesc-Andreu Martínez. En aquella muestra se exhibieron las páginas de las apenas 200 revistas rescatadas de la histórica publicación, cuyo recuerdo fue cercenado con el pesado manto de silencio de los 40 años de franquismo.

“Se fusiló la risa valenciana”

‘La traca’ fue la única revista que se atrevió a caricaturizar a Franco, algo que jamás perdonó el sátrapa, cuyo sentido del humor era inversamente proporcional a su alto concepto de sí mismo. El autoerigido “generalísimo” ordenó destruir todos los ejemplares “por aquello de eliminar todo recuerdo del pasado, porque la memoria es muy débil. 

No lo consiguieron: sobrevivieron algunos del coleccionista Rafael Solaz, la Biblioteca Valenciana, del Archivo Militar y de las Hemerotecas Municipales de Valencia y Madrid”.

( Con información y fotos de Valencia Plaza y La Vanguardia. Más información sobre ‘La traca’ en Wikipedia. ,  Público, 19/11/17)

29/11/17

“Hai unha conexión moi clara entre Sobredo e a represión do 36”. Moitas das persoas que van fusilar no 36 xa son detidas en 1922

"Como transcorren os acontecementos de Sobredo (lugar da parroquia de Guillarei, en Tui)?

O día 28 o xuíz e a Garda Civil preséntanse en Sobredo para embargar os bens a un veciño que non pagou o foro. Tocan as campás das igrexas a rebato, para avisar de que chega a Garda Civil e o xuíz.

 É moi impresionante cando as xeracións das e dos maiores nos contan este feito, como se transmitiu ás familias e ás novas xeracións, trazan un relato épico que nos axuda a visualizar a xente traballando no campo, como deixa todo e vai correndo para Sobredo. Concentráronse alí máis de 2 mil persoas das parroquias da contorna.

 Foi terríbel a represión da forza pública. A garda civil a cabalo, disolvendo a manifestación a tiros, provocou que houbera varias persoas feridas. Tres persoas quedaron mortas no sitio –esta é a expresión se emprega no relato–, Cándida Rodríguez González, Joaquín Estévez Besada e Venancio González Romero. 

É moi curioso porque o nome de Cándida, na época, non se recollía en moitos lugares, aparecía na prensa “y una mujer”, o que dalgunha maneira nos fai ver como as mulleres aparecen silenciadas na historia aínda que sexan protagonistas de sucesos como estes. 

O acontecido chega inmediatamente a Madrid, ao Parlamento, e á prensa. Manuel Portela Valladares é a voz dese pobo masacrado en Sobredo e o no xornal Galicia temos a mellor crónica da época.

Cal é a relación que se estabelece entre o golpe de 1936 e a posterior represión e os acontecementos de Sobredo?

Por exemplo, un neno de 14 anos caeu ferido e hai unha crónica de xornais da época que conta como o doutor de Tui, Alejo Diz, foi visitalo pola noite para atendelo na casa. Alejo Diz sería un dos médicos fusilados en Tui no 36. 

Hai unha clara relación moi ben estabelecida polo historiador Bieito Alonso entre os sucesos de Sobredo e os que van ocorrer en Tui a partir de 1936. É moi interesante porque moitas das persoas que van fusilar no 36 xa son detidas en 1922, por exemplo, Enrique Jaso Paz. 

En 1932 ergueuse o monumento, obra do escultor Camilo Nogueira, para conmemorar o décimo aniversario dos sucesos –entre os oradores do acto estaba Antón Alonso Ríos– e destruíuse con dinamita no 36. Rebentárono e alí quedaron as pedras, no chan, entre a herba. Esa destrución simbolizou a represión que padecería Tui a partir de entón.

O primeiro acto que se fixo foi no 86, con motivo dos 50 anos do derrubamento do monumento, pola entidade Xunta Xestora pro-reconstrución do Monumento aos Mártires de Sobredo. En 1987 fíxose o segundo acto de memoria e iniciáronse os traballos de recuperación. No 88 reconstruíuse o monumento aos mártires, obra de Enrique Velasco e a partir de 1989 cada ano faise esta conmemoración."        ([Podes ler a entrevista íntegra no Sermos Galiza 273, á venda na loxa e nos quiosques],   Entrevista a Marga d Val, directora do Instituto de Estudos Agrarios “MÁRTIRES DE SOBREDO", M. Obelleiro, Sermos Galiza, 27/11/17)

28/11/17

Si hoy en día escuchamos a alguien hablar del «Ferrocarril de la Muerte»...

"Si hoy en día escuchamos a alguien hablar del «Ferrocarril de la Muerte», en principio pensaríamos en nazis o en una novedosa instalación de un parque de atracciones, aunque si también nos facilitaran el nombre oficial del tramo (Salejard-Igarka) afinaríamos más la localización y, seguramente, hasta aventuraríamos con gran seguridad el momento histórico. En efecto, se trataba de un tramo ferroviario de la URSS en tiempos de Iósif Stalin.

Con el objetivo de unir por tren Moscú con las zonas más alejadas de Siberia y así cohesionar el territorio, construir bases nucleares apocalípticas, extraer materias primas y reducir el número de reclusos, Stalin envió a unos cien mil prisioneros a construir ese tramo en unas condiciones dantescas y aquello se saldó como todos imaginamos. 

El dictador de formidable mostacho, ya sea porque era un megalómano mesiánico o un psicópata (en general, lo primero implica lo segundo), o porque tenía todos sus ahorros invertidos en funerarias, entre 1949 y 1953 se apuntó otras decenas de miles de muertes a su abultada cuenta particular en la construcción de casi 700 km de los 1300 km del trazado total

. En cuanto murió Stalin y se enfrió lo suficiente el cadáver como para no temer que pudiera mandar a nadie más a Siberia, los dirigentes soviéticos pararon en seco la construcción, no solo por motivos humanitarios, sino porque aquello estaba siendo un sinsentido. 

En la época veraniega, el armamento de vía se hundía bajo su propio peso en un fangal, sin siquiera pasar material móvil, y la habitual precisión milimétrica que exige el ferrocarril en aquel trazado se tornaba en métrica por los movimientos del suelo tanto en planta como en alzado: la vía quedaba como una cuerda en un bolsillo. Hoy en día aún se puede fotografiar lo que queda de algunos tramos que están desapareciendo lentamente en el terreno como si aquello fuera la digestión de un sarlacc. 

La causa de este desastre se debía al permafrost que, como su propio nombre indica, es una capa del suelo que está permanentemente congelada. Sobre esta franja se encuentra el suelo propiamente dicho que en el periodo invernal también está congelado al estar en contacto con hielo y nieve y que, cuando llega el tiempo cálido, el deshielo mezcla y forma un barro bastante espeso. 

Contrariamente a lo que nos indica el sentido común, las cargas que el ferrocarril transmite al terreno no son tan altas como podríamos sospechar: si cada rueda soporta 10 toneladas de carga, el balasto transmite a la plataforma en torno a 1 kilo por centímetro cuadrado (un terreno normal para cimentar se suele considerar que soporta 2 kilos por centímetro cuadrado). 

Pero es que cuando el suelo prácticamente fluye como el chocolate a la taza, cualquier peso es excesivo: los carriles y traviesas sobre aquel terreno se comportaban como un cuchillo sobre gelatina. En vista de este desastre, tuvieron que pasar unos cuantos años antes de que alguien volviera a plantearse un ferrocarril faraónico sobre el permafrost.  (...)"                  (Octavio Domosti, Jot Down)

27/11/17

“Auschwitz era un lugar de muerte en el que cada uno se aferraba a la vida”

"A la frívola pregunta de si el infierno existe, Magda Hollander-Lafon (Záhony, Hungría, 1927) responde que sí, porque estuvo. Pero a diferencia de las supuestas almas condenadas entre las llamas de las creencias religiosas, ella volvió de entre las reales: las de los hornos crematorios de los campos de la muerte

Entre mayo de 1944 y abril de 1945, su cuerpo —un desecho— y su mente —un búnker— pasaron por cinco infiernos sucesivos: Auschwitz-Birkenau, Walldorf, Ravensbrück, Zillertal y Morgenstern. Otros tantos siniestros mojones dentro de la Solución Final orquestada por Hitler, Himmler, Heydrich y Eichmann: el genocidio organizado de casi seis millones de judíos de toda Europa.

Magda escribe libros, libros estremecedores y a la vez luminosos como Cuatro mendrugos de pan, recientemente publicado en España por Editorial Periférica. Lleva 40 años viviendo en las afueras de la ciudad francesa de Rennes. Allí recibió a EL PAÍS con café, pastas y muchas ganas de contar su historia. Increíble si no fuera porque ocurrió.




Pregunta. Lleva años contando su experiencia en Auschwitz a estudiantes de instituo y universitarios. ¿Cómo reaccionan?

Respuesta. No se trata solo de contarles mis cosas, porque aquello resulta intransmisible. Además, si yo me pongo a contar mis batallitas, puedo desanimar a un regimiento. Lo que hago es tratar de convocarles a la vida, dinamizarles interiormente. Nuestros jóvenes son un regalo de la vida, pero nadie se lo dice nunca. Sé de lo que hablo, habré hablado ante unos 16.000. Le he dado muchas vueltas a cómo dar testimonio.

P. ¿Y a qué conclusión llegó?

R. Elaboré unos cuestionarios, que son distribuidos entre los alumnos y ellos escriben ahí por qué quieren escuchar estas historias. Mire, se los voy a enseñar… [Magda Hollander-Lafon se levanta y se dirige a un salón, abre un armario enorme y ahí están: montañas de clasificadores y carpetas con las preguntas y respuestas que los alumnos le han dado durante tantos años]. Ahora estoy trabajando en un libro sobre esto.

P. ¿Cómo se titulará ese libro?

R. Tu vida y tu devenir están en tu mano. Es un mensaje para que no vuelva a ocurrir aquello. Hay que cuidar la memoria.

P. Blindar la memoria es lo que hace usted en Cuatro mendrugos de pan. “Una meditación sobre la vida, no sobre la muerte”, avisa al principio. ¿Es esa la lección que extrajo, vivir la vida como si cada día fuera el último?

R. Justo es esa. Pero no solo hoy. Incluso allí, en los campos de concentración, todo el mundo quería vivir, se aferraba a la vida. ¡Tantas personas —niños, jóvenes, adultos, ancianos— desaparecieron…! Pero hasta el último aliento quisieron seguir viviendo. Auschwitz-Birkenau era un lugar de muerte en el que cada uno se agarraba a la vida.

P. ¿Nunca quiso suicidarse, poner fin al infierno?

R. Si sentías una sola vez que ya no merecía la pena vivir, todo estaba perdido. Así que huías de esa tentación. Yo siempre había sido muy rebelde, odiaba las injusticias. Cuando odias significa que estás vivo, como cuando amas o cuando sufres. Yo, en Auschwitz, quería vivir pero lo que me permitió hacerlo fue darme cuenta de que iba a morir. Y lo acepté. Y a partir del momento en que llegas a la conclusión de que vas a morir, tienes como una sensación de que la vida se hace sitio en ti.
P. No estoy seguro de entenderle…

R. En ese momento todos los miedos se van. Y cuando todos los miedos se van te entran unas fuerzas enormes de vivir.

P. ¿Sabía que era tan valiente?

R. ¡Qué va! Pero eso no viene de la cabeza, sino de ese instinto de supervivencia, de la formidable intuición de vida que hay en todos nosotros. Un día salíamos de los barracones, íbamos con los cuerpos en carne viva. De pronto, no sé por qué, supe que íbamos directos a la cámara de gas. Me dije: “Magda, se acabó”. Pero sin que nadie me viera, me pasé a la otra fila, donde la gente estaba en mucho mejor estado. La otra fila fue directa a la cámara de gas.

P. Jorge Semprún escribió sobre sobre Büchenwald: “No rozamos la muerte, la vivimos desde dentro”. ¿Lo comparte?

R. Sí. Estuvimos dentro de la misma muerte, fuimos muertos vivientes. Y yo me sigo preguntando: ¿Por qué los judíos? No tengo respuestas. Pero le digo una cosa: Dios está en peligro cada vez que los judíos están amenazados.

P. ¿Cree que los nazis quisieron exterminar a los judíos porque se creían Dios?

R. Claro, ¿qué persiguen los grandes dictadores? Ponerse en el lugar de Dios. Los nazis tenían el poder de vida y de muerte sobre nosotros. ¿Qué les molestaba? Que se decía que éramos el pueblo elegido. Eso les provocaba celos y envidia. Éramos peligrosos.

P. ¿Qué es ser judío?

R. Creer en alguien que está por encima de ti. No. Creer en alguien que está contigo. Un judío es alguien que tiene fe. Cuidado, no es lo mismo creer que tener fe; puedes creer hoy en algo y mañana ya no. Pero la fe es distinta, te habita. Y lo digo yo, que vengo de una familia judía que ni siquiera era practicante. Yo, que llegué a odiar a Dios cuando era joven.

P. ¿Por qué lo odió?

R. Pues porque cuando mi madre y mi hermana pequeña rezaron, él no vino a salvarlas.

P. Perdón por esta pregunta, ni siquiera sé si tengo derecho a hacerla. ¿Cómo recuerda el momento en que aquella celadora de Auschwitz señaló con el dedo el humo de la chimenea y le dijo que allí estaban su madre y su hermana?

R. Claro que tiene derecho a hacerla. ¿Sabe? No pienso en ello todos los días. Pero mi madre y mi hermana están siempre ahí, y creo que todo este trabajo con los jóvenes que sigo haciendo, es por ellas. Eso da sentido a mi vida, que es lo que persigo.

P. ¿Qué fue lo que la salvó?

R. Me salvó la bondad de algunas personas. Y hacerme preguntas. Aun en los peores momentos yo me hacía preguntas sin parar, hablaba sola, le hablaba a mi cuerpo, a mis pies, a mis manos, y cuando los guardianes nos pegaban casi no sentía los golpes.

P. ¿Qué piensa hoy cuando come pan? ¿Se acuerda de aquellos trozos de pan mohoso?

R. ¡Mire! [se acerca a la alacena y saca una enorme barra de pan de molde]. Solo compro de este, porque tiene la misma forma que aquel. Lo cortaban en ocho trozos y nos daban uno a cada una para todo el día. ¡Cómo lo saboreábamos! Pero ahora lo tengo entero para mí sola (risas). Nos robábamos el pan. Nos quitábamos todo.

P. Hasta que aquella mujer le dio los cuatro mendrugos de pan que da título a su libro…

R. Debía de ser un domingo por la tarde, el único momento en que no trabajábamos. Salía del barracón y entonces la vi, tumbada y casi ya sin mirada. Pensé: “Se va a morir pronto”. Me llamó con un gesto. Me dijo: “Eres joven y tienes que vivir para contarle al mundo lo que está pasando aquí”. Abrió sus manos y vi los cuatro trozos de pan con moho. Me dijo: “Cómetelos”. Y fue un banquete.

P. ¿Ha perdonado?

R. No tengo nada que perdonar porque nadie me ha pedido nunca perdón. Pero tuve que perdonarme a mí misma cuando volví del campo de concentración.

P. ¿Tuvo remordimientos por estar viva?

R. Sí, claro que sí… ¿por qué yo sí y otros no?, me decía. Y fue en aquellos momentos cuando quise morir, no cuando estaba en Auschwitz. Pero un día me dije que no podía seguir concediéndole a Hitler, 30 años después, el poder sobre mi vida."       (Entrevista a Magda Hollander-Lafon, superviviente de Auschwitz, Borja Hermoso, El País, 24/11/17)

24/11/17

Los rapados de cabello y abusos sexuales eran los castigos más extendidos para las mujeres con familiares republicanos

"(...) El libro "Nuevas perspectivas en el estudio de la mujer durante el franquismo", editada por Sílex Universidad, un grupo de ocho historiadores y historiadoras, encabezados por los profesores de la Universidad de Vigo en el campus de Ourense Julio Prada y Jesús de Juana, se sumerge en ese período para, a partir de nombres propios y historias concretas, hacer un recorrido y visibilizar la historia de las mujeres en el franquismo. 

El resultado es "una obra conjunta que da buena muestra de las nuevas perspectivas investigadoras que sobre la mujer llevamos ya tiempo desarrollando en el seno del grupo de investigación HC1 de la Universidad de Vigo". 

 De este modo, el libro, que se enmarca en el proyecto "A represión franquista sobre las mujeres. Galicia (1936-1953)", financiado por el Ministerio de Economía, recoge trabajos de investigación, además de Julio Prada y Jesús de Juana, de Domingo Rodríguez, Alejandro Rodríguez, Adrián Presas, María Jesús Requejo, Ana Cebreiros y María Concepción Álvarez. 

El trabajo coral permite abordar aspectos como la represión sobre las mujeres en Galicia; las mujeres en las cárceles franquistas; la violencia sexuada sobre las mujeres en la retaguardia franquista; las mujeres en las redes de apoyo a la resistencia armada; el modelo conservador centrando el análisis en el semanario Ellas, y su adaptación al discurso político y social de la dictadura o las prostitutas legales y clandestinas en la Galicia de los años 30 y 40. 

Según destacan Julio Prada y Jesús de Juana, las mujeres fueron castigadas en este periodo no solo por su implicación en actividades políticas o sociales de carácter izquierdista durante República o por participar en la resistencia al golpe militar de julio de 1936, sino por causas "ajenas, sin más pecado que lo de ser madres, hermanas, esposas o compañeras de hombres buscados por las autoridades por diferentes motivos y a los que proporcionaron refugio o protección en el seno de sus hogares", indican los investigadores. 

Esa represión sobre las mujeres durante el franquismo que se recoge en el libro no se agota con las que fueron asesinadas o fallecieron en la penuria de las prisiones, sino que fueron "condenadas a la miseria y a la indigencia", indican, e incluso a la incautación de bienes "por el mero hecho de ser disidentes o familia de los lo que lo fueron. Los rapados de cabello y abusos sexuales eran los castigos más extendidos". 

Víctimas con nombre
 
El exhaustivo trabajo aporta el cómputo de 32 mujeres condenadas en Galicia en el contexto de la resistencia al golpe (1936-1939); la de 53 mujeres condenadas en el contexto de auxilio a forajidos, y en el mismo periodo un aumento de mujeres detenidas por su actuación como enlaces, colaboradoras o familiares de los grupos guerrilleros. 

Pero el libro aporta también casos y hechos concretos. Como el de Isabel Ríos, que participó en los primeros momentos de resistencia en A Coruña tras el golpe militar "alentadora" en la defensa de República.

 O el caso de Purificación Taboada, viuda de 34 años, madre de cinco hijos y con "alma de izquierdista" que una noche se despertó sobresaltada por unos golpes en la puerta y fue violada por tres hombres que se identificaron como guardias civiles. 

Cierra el libro un escrito "secreto" del párroco de Santa Eufemia, en Ourense, en la que pedía medidas contra Jacinta Regal (nombre ficticio) por ejercer la prostitución."                    (Faro de Vigo, 05/11/17)

23/11/17

Dos mujeres se querellan por torturas contra el policía franquista Billy el Niño

"Felisa Echegoyen y Ángela Gutiérrez han presentado hoy en los juzgados de instrucción de Madrid sendas querellas por torturas contra el inspector de la Brigada Político Social del franquismo Juan Antonio González Pacheco, Billy el Niño, que acumula ya trece denuncias en Argentina y tres en España.  (...)

Las querellantes, que han presentado informes periciales para demostrar que fueron víctimas de torturas, malos tratos y vejaciones durante las detenciones e interrogatorios en la brigada, se unen así a Luis Suárez-Carreño quien el pasado mes de junio se convirtió en la primera víctima en presentar una querella individual en España contra policías franquistas acusados de crímenes de lesa humanidad en relación con un delito de tortura. (...)"            (Público, 14/11/17)


22/11/17

Ruth Toledano: Mi violación

"Un tío al que acababa de conocer me violó en su casa. Era un piso en la Ronda de Atocha de Madrid. No recuerdo el número de la calle. El edificio, más o menos: podría ser ese o el de al lado, no he llegado a distinguirlo cuando he pasado después por allí. Ni siquiera recuerdo la cara de él. Y, sin embargo, la cara de él fue lo primero que cambió las cosas aquella mañana.

Conocí a aquel tipo en un bar, de noche, tomando copas. Él era joven, encantador y atractivo. Yo también. Nos gustamos y seguimos juntos por ahí. Después, decidimos irnos a su casa. Yo iba, obviamente, a acostarme con él. Al entrar ya era de día y el salón (uno de esos salones perfectamente impersonales que suelen tener algunos hombres) estaba inundado de luz.

En milésimas de segundo supe que pasaba algo. La cara de él se había transformado por completo. Lo que antes era amable y sonriente se convirtió en duro y amenazante. Yo casi no había tenido tiempo de identificar ese cambio, pero cuando me miró fijamente sentí miedo. 

Eran la mirada y el gesto de alguien que podía, acaso buscaba, hacerme daño. Se acercó al equipo de música y puso algo muy alto, demasiado alto. Cuando estaba de espaldas vi, de reojo, que había dejado puestas por dentro las llaves de la entrada a la casa. 

Yo ya había decidido que quería irme. Seguía de pie en medio de ese salón, sin moverme. Aquella música sonaba demasiado alta. Al volverse hacia mí se lo dije. Que me iba a ir. Quizá le dije que estaba cansada o que tenía algo que hacer, no sé. Me miró de tal forma que pensé que podía matarme. Empezó a llamarme puta, cerda, guarra, palabras así.

No sé cuántas veces le dije que quería irme. Puede que no muchas, para que no se pusiera más agresivo. Cuando vi que se acercaba a la puerta de entrada, daba la vuelta a la cerradura y se guardaba las llaves en el bolsillo, supe que yo iba a sufrir y que acaso podía morir de una manera horrible. Entonces decidí dejarme hacer. 

Aguanté sus insultos, que le excitaban, como si realmente no me importaran. Aguanté la fuerza excesiva de sus brazos, como si formara parte del juego sexual que yo había ido a jugar. Entré en su habitación, entré en su cama. Su cara me producía tanto terror que lo demás era lo de menos. No dejé de pensar que de un momento a otro iba a empezar a estrangularme, a asfixiarme con la almohada, a machacarme la cabeza con algo. Hasta que se quedó dormido.

Creo que lo peor fue esperar tumbada junto a él a estar segura de que su sueño era profundo. Incorporarme con una lentitud casi imposible. Recoger mi ropa. Sacar del bolsillo de su pantalón las llaves de la casa y que no sonaran, apretándolas fuerte con el puño, sin dejar de mirarle por si se movía. Cruzar el salón y llegar a la puerta con un sigilo casi inverosímil. 

El corazón se me salía. Probar qué llave, el ruido de meterla, el ruido del cerrojo, salir al descansillo sin dejar de mirar atrás, el ruido de la puerta al cerrarla, correr escaleras abajo, vestirme al mismo tiempo, llegar al portal sin respiración, salir a la calle. Un sol violento que era mi salvación.

No denuncié a aquel tío que me violó. Ni siquiera se lo conté a nadie. Hoy lo haría. De esto hace más de veinte años y las mujeres aún no éramos manada. Me fui a mi casa, sola, sintiendo miedo y asco, pero también con un gran alivio por haberme librado de algo mucho peor.

Si yo hubiera ido aquella mañana a una comisaria solo habría tenido mi palabra contra la de él. No me había pegado, no había señales de violencia en mi cuerpo, no me había forzado sexualmente. Podía haber muchos testigos que nos hubieran visto juntos aquella noche, divirtiéndonos por ahí, risueños, coqueteando, a lo mejor nos besamos en un taxi.

 Podía haber testigos que me hubieran visto entrar con él en su portal, coger el ascensor, pasar voluntariamente a su casa. Yo, que ni siquiera lloraba, tendría que haber convencido a policías, peritos y jueces de que aquel tipo me violó. Convencerles de que había querido irme con él pero, en un determinado momento, cuando él se transformó, yo le había dicho no. Hacerles entender que no es no.

Después de ser violada sin resistirme en un piso de la Ronda de Atocha de Madrid mi vida siguió siendo en apariencia exactamente igual que antes. Si en los días, semanas y meses posteriores me hubiera espiado un detective habría visto a una mujer joven yendo a trabajar, saliendo con sus amigos, celebrando cumpleaños, haciendo un viaje si se presentaba la ocasión, tomando copas, bailando, paseando al sol. Habría visto a una mujer joven que reía, se divertía, disfrutaba de la vida y seguía siendo libre.

Seguro que yo entonces ni siquiera tenía tanta conciencia sobre lo que me había pasado como la que tengo ahora. A fin de cuentas a las mujeres siempre nos han pasado cosas así, como si fueran gajes del oficio de serlo: a la mayoría nos ha enseñado la polla un tío en el autobús al volver del colegio; a la mayoría los tíos nos han tocado el culo sin permiso, nos han aprisionado contra una pared, nos han magreado las tetas cuando bebimos de más, nos han acosado en los entornos profesionales, nos han hecho falsas promesas de trabajo para disimular su única intención, nos han incomodado con sus comentarios, sus miradas, sus alusiones sexuales.

 La mayoría de las mujeres nos hemos tenido que quitar a muchos tíos de encima, a veces, literalmente, a empujones. Nos han tenido acostumbradas. Así que es posible que yo misma, de alguna manera, considerara entonces mi violación como un episodio de riesgo, como algo que te podía pasar si estabas en el lugar equivocado y dabas con el tío equivocado. Nos tenían acostumbradas.

Ahora, sin embargo, mientras escribía la primera parte de esta columna, la que describe mi violación, se me ha puesto mal cuerpo. El pulso se me ha desbocado y he sentido escalofríos. De hecho, me he mareado un poco. Después de muchos años he recreado aquel miedo y lo he vuelto a sentir.

 No me había pasado desde entonces, quizá porque nunca lo había escrito. A algunas personas les he contado alguna vez lo que viví, pero sin emociones, casi como si lo hubiera vivido otra persona, un episodio meramente ilustrativo de las circunstancias en las que una mujer puede ser violada.

Si hoy lo cuento aquí es porque una chica de 18 años está siendo cuestionada tras haber denunciado una violación, grupal para más inri. Uno de los abogados de los tíos a los que ella señala como sus violadores ha intoxicado a medios de comunicación y tertulianos, a la opinión pública, para que juzguen el comportamiento de ella previo a la agresión, su ánimo posterior, su vida privada después de la violencia. 

Yo cuento mi experiencia personal para dar testimonio de que nadie tiene la potestad de determinar cómo han de ser el comportamiento y la vida de una mujer libre, ni antes ni después de una violación. Y la cuento además para ilustrar el hilo de pánico que puede unir violación y sexo consentido. Yo consentí que un tío me violara. Preferí ser violada a ser descuartizada.

Después, durante mucho tiempo, he creído que mi violación no había afectado a mi vida posterior: he seguido haciendo lo que me ha dado la gana, he entrado y salido cuando me ha apetecido, he viajado por donde he querido, he ligado, he amado, he conocido a mucha gente, me he divertido con muchas personas desconocidas. Una mujer libre. 

De hecho, he llegado a preguntarme por qué una tía como yo vuelve la cabeza cuando va sola por calles solitarias y oscuras, por qué hago como que voy hablando con el móvil, por qué tengo tanto miedo al entrar de madrugada en mi portal, por qué soy incapaz de cruzar un parque de noche o de dormir en el campo si no estoy acompañada. 

Me he preguntado por qué no es más valiente una mujer como yo. El otro día, en la concentración ante el Ministerio de Justicia, mi manada, la manada feminista, coreó la respuesta: no queremos ser valientes, queremos ser libres."                          (  , eldiario.es, 19/11/2017)

21/11/17

La primera persona que irá a prisión por los bebés robados será una bebé robada

"Las asociaciones de bebés robados de España pertenecientes al grupo Plan de Actuación de Asociaciones se han mostrado este viernes "perplejas" ante la "injusticia y atrocidad" que para ellas supone que el Consejo de Ministros haya rechazado el indulto solicitado por la presidenta de SOS Bebés Robados Almería, María Ascensión López, quien fue condenada por calumnias al pago de una multa de 3.000 euros y de una indemnización de 40.000 euros a la monja Dolores Baena, a quien acusó en medios de comunicación de "organizar" su adopción ilegal.

Ascensión López entregó el pasado verano más de 90.000 firmas conseguidas para solicitar su indulto y evitar su eventual entrada en prisión en caso de que no pudiera hacer frente a las cuantías impuestas, siempre que el juez lo considerara oportuno. En tal caso, podría ingresar en prisión por un plazo máximo de cinco meses.

En un comunicado conjunto, las asociaciones han manifestado que ante esta situación están dispuestas a "organizar próximamente una manifestación en Madrid para mostrar su disconformidad ante tal injusticia" después de conocer la resolución rubricada por el jefe de servicios de indultos, Ángel López Sánchez-Prieto, en la que se insta al juzgado de origen a que ejecute la condena que fue suspendida hace un año y medio hasta que se solucionara este recurso extraordinario.

El propio ministro de Justicia, Rafael Catalá, llegó a pronunciarse sobre este caso en el Pleno del Congreso a preguntas de Unidos Podemos y advirtió de que el indulto estaba "muy complicado" desde el punto de vista de la tramitación puesto que contaba con un "informe negativo del tribunal que dictó la sentencia", así como de la fiscalía y de la religiosa que la denunció, quien mostró 'una posición no favorable' al mismo.

La Audiencia Provincial de Almería confirmó en febrero de 2016 el fallo condenatorio dictado por el Juzgado de lo Penal número 3 de Almería después de que la supuesta bebé robada acusara a la religiosa y presidenta de la asociación Nuevo Rumbo --quien también es su tía-- de "organizar" su adopción por 250.000 pesetas en varios periódicos y programas de televisión en octubre de 2013."             (HuffPost, 12/11/17)

20/11/17

Represión en todos los niveles: Franco depuró hasta a los barrenderos. Más de 400 empleados de la limpieza en Madrid fueron asesinados, encarcelados o despedidos tras el triunfo franquista

"Eran gente corriente como tú o como yo, simples trabajadores que cada día cogían los cepillos para limpiar las calles de Madrid. Su único delito fue tener conciencia política, estar sindicados y haberse puesto del lado de la legalidad republicana frente al golpe de Estado franquista". Así resume Óscar Rodríguez la triste historia de los barrenderos municipales madrileños represaliados por Franco.

Este voluntario de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) ha sido el encargado de dirigir una investigación, centrada en ese colectivo olvidado, que se ha prolongado durante algo más de un año. Una investigación singular para la que ha contado también con un equipo muy especial: 12 voluntarios, hombres y mujeres que actualmente trabajan como barrenderos en la capital de España. (...)

La fuente inicial de la investigación fue el periódico El Obrero Municipal, órgano de comunicación de la agrupación de trabajadores municipales de la UGT que aglutinaba, básicamente, al personal de limpieza pública y jardines.

"Se publicó desde 1921 hasta enero del 39 –apunta Óscar Rodríguez–. De ahí sacamos cientos de nombres de barrenderos que luego cruzamos con los sumarios franquistas que se guardan en el Archivo Histórico de la Defensa". El resultado fue estremecedor. 

Al menos 413 barrenderos madrileños fueron depurados por el franquismo. De ellos 11 fueron fusilados, 45 pasaron largas temporadas en prisiones, campos de concentración o realizando trabajos forzados, 11 acabaron en paradero desconocido; el resto fueron despedidos y/o sufrieron otro tipo de represalias laborales y administrativas. 

 

No hubo clemencia 


Detrás de cada barrendero los investigadores han descubierto una historia desoladora. "Vas profundizando, te metes en la piel de la víctima… te conmueves y también te acojonas –confiesa Óscar–. Quizás el caso que más me impactó fue el de Victoriano Sánchez Medina. Este hombre tenía que ser muy querido porque sus vecinos se atrevieron a firmar una carta en la que defendían su inocencia. Más si se tiene en cuenta el momento en que lo hicieron.

Era mayo de 1940, en un Madrid sumido en el terror impuesto por los fascistas. Y aún así firmaron. En esa carta manuscrita puede leerse: "Los abajo firmantes vecinos de la barriada de Bilbao, término de Vicálvaro, certifican y juran por su fe católica… que es persona de muy buenos antecedentes… y que ni antes ni después del movimiento molestó a nadie personalmente ni políticamente". 12 rúbricas rematan la misiva que, sin embargo, no sirvió para nada. Cinco meses después de ser entregada a las autoridades militares, Victoriano fue fusilado.

Leyendo los sumarios y las sentencias de muerte de Victoriano y de los otros diez barrenderos fusilados se entiende perfectamente cómo funcionó la "justicia" franquista. Los testimonios directos exculpatorios eran directamente ignorados. A los acusados ni siquiera se les solía permitir hablar en los consejos de guerra para defenderse de unos cargos basados en suposiciones, difusas pruebas sin contrastar y un profundo odio político hacia quienes habían defendido el régimen democrático republicano.

Con matices, las 11 sentencias de muerte fueron parecidas a la que se dictó contra Francisco Arellano. En ella se puede leer que será ejecutado por "un delito de adhesión a la rebelión con las circunstancias agravantes de perversidad y trascendencia de los hechos…"

 

Barriendo el olvido


Las conclusiones de esta investigación le fueron presentadas, en primer lugar, a los descendientes de las víctimas. Aunque la ARMH no ha logrado localizar a familiares de todos los barrenderos depurados, sí ha encontrado a los hijos y nietos de algunos de ellos. "A todos le hemos entregado la información sobre sus seres queridos –señala Óscar Rodríguez–. 

La familia del barrendero Joaquín Féniz, por ejemplo, sí sabía que había sido fusilado. Sin embargo, nos hemos encontrado con otros casos que pensaban que su abuelo o su tío había muerto en el frente de batalla. Hasta ese punto ha llegado el olvido al que fueron condenados estos hombres". (...)

Esta parte final de su trabajo es la que más marcó a Rafael Sánchez Toribio: "Ver a los familiares de mis compañeros asesinados fue también muy duro porque comprobé lo mal que lo pasaron las viudas y los huérfanos". Rafael recuerda especialmente el caso de Clara y Aurora, esposa e hija de Joaquín Féniz: "Las dos fueron muy luchadoras.

 Clara fue encarcelada en la prisión de mujeres de Ventas y por negarse a gritar ¡Arriba España! la castigaron enviándola al penal de Deusto. Su hija Aurora, cuando fue mayor, saltaba por la noche la tapia del cementerio civil. Como no sabía dónde estaba enterrado su padre, depositaba unas flores en las tumbas de Pablo Iglesias y del teniente Castillo." (...)"           (Carlos Hernández, eldiario.es, 16/11/17)

17/11/17

El fusilamiento de 17 vecinas de Guillena (Sevilla) por ser familiares de Republicanos

"En Guillena no hubo ninguna resistencia a los golpistas. La columna del gobernador Carranza entró en Guillena siendo recibido por la Guardia Civil. Los hombres cercanos al Frente Popular se fueron a Extremadura y de ahí a Madrid para inscribirse en el Ejército Republicano. Otros se quedaron en la sierra próxima a Guillena soportando el frío, el miedo, el hambre. 

Los que se presentaron confiados en que no habían cometido ningún delito fueron fusilados por aplicación del Bando de Guerra.
 
Las mujeres se quedaron cuidando de sus familias y de los hijos de sus familiares fusilados, conviviendo con el miedo, el hambre, la desesperación, la represión que desde los primeros momentos se instauró en Guillena, soportando la humillación constante de los franquistas. En Septiembre de 1937 fueron encarceladas 17 vecinas. 

Su único crimen era ser cónyuges, hijas, hermanas, viudas de Republicanos. Eran campesinas y jornaleras. No hubo más de lo que las pudieran acusar, porque tampoco hubo acusación ni consejo de guerra. No consiguieron de ellas ni un dato que les acercara a los hombres que buscaban “y por eso las mataron”.

Se las torturó, humilló, y se las paseó rapadas por el pueblo. Después un camión las trasladó como ganado a Gerena. Juan Palma, médico del pueblo, intentó salvarlas, explicó que muchas estaban enfermas, tenían niños, había embarazadas. Consiguió bajar a una que daba de mamar a su bebé y a “La Marcelina” cuyo niño se aferraba a su pecho. 

La crueldad fue ilimitada con las demás. Los vecinos de Gerena contaron que sus gritos resonaron en todo el pueblo. En Noviembre de 1937 las 17 mujeres fueron fusiladas. Una a una fueron cayendo ante los disparos del pelotón. Sus cuerpos, sin respeto alguno, fueron lanzados a una fosa común. Sus nombres eran:

Eulogia Alanis García, “la cunera”.

Ana María Fernández Ventura, “la lega”. Originaria del Portugalete sevillano, 29 años, 2 hijos, madre soltera.

Antonia Ferrer Moreno. Natural de Loja. Casada con Cristobal Barroso, 3 hijos.

Granada Garzón de la Hera, “la gitana”. Natural de Guillena, 41 años, 9 hijos, el mayor José y su marido Francisco Aguilar, asesinados. Denunciada por el cura del pueblo por no estar casada por la iglesia.

Granada Hidalgo Garzón. Viuda, 70 años. Sabía leer.

Natividad León Hidalgo, 52 años. Casada con Antonio León, 2 hijos.

Rosario León Hidalgo, 41 años. Casada con Francisco Prieto, 3 hijos.

Manuela Liánez González, “la esterona”. Casada con Eduardo Rodríguez, 2 hijas, detenida por no declarar el paradero de su marido.

Trinidad López Cabeza, 50 años, 8 hijos, detenida en su casa; su hija mayor se ofreció para ir en su lugar; no volvió a ver a su madre.

Ramona Manchón Merino, 44 años. Casada con Antonio Palacios (asesinado), 4 hijos.

Manuela Méndez Jiménez, 24 años. Casada con Manuel Domínguez (desaparecido), 2 hijos. Detenida por no revelar el paradero de su marido.

Ramona Navarro Ibáñez, 24 años. Casada con José María Macero, 2 hijas.

Dolores Palacios García, 46 años. Casada con Antonio Hidalgo, 9 hijos.

Josefa Peinado López, 55 años. Casada con Manuel Peinado, 2 hijos.

Tomasa Peinado López, 61 años. Casada con Antonio Fernández, 5 hijos.

Ramona Puntas Lorenzo, 52 años. Casada con German Franco (asesinado), una hija.

Manuela Sanchez Gandullo. 57 años. Casada con Emilio Valdivia, 3 hijos.

 El jefe del Estado Mayor Cuesta Monereo, informó a Franco que fueron fusiladas “por tratarse de “sujetos peligrosísimos de filiación marxista que auxiliaban a los huidos proporcionándoles alimentos”. Los falangistas querían sacarles a estas mujeres el paradero de sus familiares, que estaban en el frente con el bando republicano o habían escapado a la sierra. 

En el libro Las víctimas de la represión militar en la provincia de Sevilla, José María García Márquez explica que las “matanzas de mujeres como en Gerena, El Real de la Jara, El Ronquillo o Guillena, eran exclusivamente operaciones de limpieza, para cortar de raíz las ayudas que los huidos en las sierras estaban recibiendo de los pueblos”. García Márquez tiene expedientes de más de 500 mujeres asesinadas en la provincia de Sevilla: “Más que 13, 17 o 25 rosas, hay una auténtica rosaleda de muerte”. 

“El Moña, el enterrador, vaya forma en que trató aquellos cuerpos muertos”…“Una de las muchachas venía embarazada, se escabulló y se escondió detrás de un nicho, y el Moña les dijo, Ehhh, aquí hay una, se volvieron todos y la mataron”…“aterrados vieron los relampagones de las descargas de los fusiles una y otra vez. Aún no era de día cuando comenzó la matanza”…“

A las mujeres las mataron el comando de Falange de Gerena, compuesto por Pozo el empedrador el jefe de ellos, Carrillán el famoso, el Chato Panadero, el Popo, José el Calentitero el de los calentitos un elemento bueno, Juan Valderas El Pescadero que era cojo, Quito el Demonio que mató a un niño a chocazos contra una pared, Felipe el Caco, Arturo el de la Mariqui y Apache, Montero el Guardia Civil asesino de niños, que mató al niño del Polvorista”…”Estos asesinos viajaban a las aldeas del Castillo y a la sierra de Aznalcollar para fusilar Republicanos detenidos”…“Abusaron de una después de muerta, el Moña y el Maestro Empedrador le sacó con un puñal el niño del vientre a la que estaba embarazada eso fue terrible, tremendo”…

“Cuando las mujeres trataban de esconderse en los nichos excavados en la tierra, El Moña las cogía por los pelos y las ponía para que las mataran”…”Ellos disparaban desde la cancela, eran 12 o 13 de Falange y 2 o 3 Guardias Civiles”.            (Documentalismo Memorialista y Republicano, 14/11/17)



16/11/17

“Los que los señalaron no eran de fuera, eran fascistas rabiosos del pueblo”

"Iban nueve mujeres. Todas ellas de profesión humilde, aceituneras, afiliadas al sindicato de la UGT y detenidas por falangistas en la mañana del 10 agosto de 1936. Las mandaron en pocas horas al Puerto de Sevilla, dirección al buque prisión Cabo Carvoeiro.

 La fecha sería muy recordada en la ciudad. Cada día se mataba a sangre fría y en aplicación del bando de guerra a gran parte de la élite izquierdista. Precisamente, ese diez de agosto fue el día que aniquilaron a un importante grupo de la corporación municipal republicana. Blas Infante, padre de la patria andaluza, era una de aquellas víctimas.

Las jornaleras asesinadas eran María, Rosario, Leonisa, Josefa, Francisca, Gabina, Victoria, Josefa y Guadalupe. Eran mujeres del mundo agrícola de entre 19 y 43 años de edad. Todas vivían en el municipio de San Juan de Aznalfarache y fueron fusiladas en la saca del 24 de octubre de 1936. A Josefa la violaron antes de su muerte

Eso cuenta la bisnieta de su hermana Caridad, Esmeralda. También le cortaron los pechos. De María Díaz Arriaza se ha logrado rescatar parte de su biografía. El asesinato de sus hermanos menores. De Guadalupe solo se conoce el testimonio de su hijo huérfano a los 10 años, Manuel Anillo. (...)

El temido capitán Manuel Díaz Criado, mano derecha de Queipo de Llano sería el firmante de la saca de las nueve aceituneras la mañana del 24 de octubre. Sánchez señala a Público cómo aquella mañana “ordena que le entreguen a cuarenta y seis personas presas en el barco prisión Carvoeiro, proporcionado a los golpistas por la compañía naviera Ibarra”.

 Tres de aquellos hombres y tres mujeres no llegaron a perder la vida. No ocurrió lo mismo con las cuarenta personas restantes que son vilmente asesinados. Veintiún hombres y trece mujeres, una de El Garrobo, Sevilla, y las doce restantes vecinas de San Juan de Aznalfarache, entre las que se encuentran a las nueve aceituneras. (...)

El perfil de estas nueve mujeres es bastante común en la Andalucía rural de los años 30 con fuertes cambios sociales en pleno auge de la II República. “Eran trabajadoras humildes y pobres, algunas vivían en el Barrio del Manchón, un barrio de chabolas en zona inundable, sin agua corriente ni alcantarillado. 

La última inundación del Guadalquivir de enero de 1936, hizo estragos en San Juan Bajo y especialmente en el Barrio del Manchón, uno de los más humildes de San Juan, barrio que visitaron muchas veces los falangistas para llevarse y asesinar a sus vecinos y vecinas”. (...)

La familia de María Arriaza Calero es una de las pocas que conoce parte de su biografía. Sánchez recuerda cómo sus hermanos fueron duramente reprimidos por los franquistas de San Juan. “Los que los señalaron no eran de fuera, eran fascistas rabiosos del pueblo”, aclara Raúl.

 Los militares señalaron con nombre y apellidos a María Arriaza Calero con 21 años, y a dos de sus hermanos, a Diego con 18 años lo asesinaron el 4 de enero de 1937, y a José con 25 años el 26 de octubre de 1936. El otro de los hermanos también murió asesinado. María Díaz, sobrina de esta aceitunera narra como a “sus padres les faltó poco para volverse locos”.

El caso de Guadalupe Sánchez resulta verdaderamente triste. Su nieta Guadalupe Anillo narra a Público la infancia de su padre Manuel. Con tan solo diez años quedó traumatizado con la trágica noticia de la muerte de sus padres. Guadalupe Sánchez López tenía solo 32 años y Antonio Anillo Marín, 35. 

“Mi padre iba a llevarles comida cada mañana al buque cárcel del Puerto y aquella mañana le dijeron a un niño de diez años que a sus padres se los habían llevado para fusilarlos al cementerio”. Guadalupe no contiene la tristeza al pensar la rabia con la que vivió su padre Manuel. “Cuando era pequeña y volvimos a Morón de la Frontera para que mi padre trabajara como chófer en la base estadounidense, uno de los americanos supo de su pasado familiar y nos tuvimos que ir corriendo. Lo hemos pasado realmente mal”. Guadalupe conoce poco de su abuela. “Era aceitunera y tenía las ideas muy claras pero mi padre no quería que supiéramos todo este drama”, añade."            (María Serrano, Público, 10/11/17)