16/7/18

Estados Unidos reabre el caso del brutal asesinato de un adolescente negro en 1955 en Misisipi. Una mujer confiesa medio siglo después que mintió ante el jurado que exoneró a los dos hombres blancos que lo lincharon

"El Departamento de Justicia estadounidense ha reabierto la investigación del brutal asesinato de Emmett Till, un chico negro de 14 años que fue secuestrado y linchado en 1955 en Misisipi. 

El rostro completamente desfigurado y el cuerpo mutilado del adolescente expusieron con ferocidad ante el resto del país y el mundo la represión contra los negros en el sur de Estados Unidos. El asesinato fue un acicate para el nacimiento del movimiento de los derechos civiles, que acabó con la segregación legal de los afroamericanos. 

Un jurado de Misisipi, de solo ciudadanos blancos, exoneró a los dos asesinos blancos, ya fallecidos. Pero la reciente confesión, en el libro de un investigador, de la esposa de uno de ellos de que mintió ante el juez ha dado esperanzas de lograr justicia más de 60 años después.

La Fiscalía comunicó el pasado marzo al Congreso que volvía a investigar la muerte de Till después de recibir “nueva información”, pero el anuncio pasó desapercibido hasta que este jueves la agencia Associated Press informó de ello. 
El Departamento de Justicia no reveló cuál fue el desencadenante, pero todo apunta a que fue la publicación el año pasado de un nuevo libro sobre el caso. Ya se reabrió en 2004, pero volvió a cerrarse tres años después por la prescripción de algunos hechos.

El ensayo de Timothy Tyson incluía declaraciones de Carolyn Donham, que en el momento del asesinato era la esposa de uno de los acusados. En una entrevista en 2008, la mujer aseguró que “no era cierta” la versión de los hechos que dio ante el juez medio siglo antes.

 Aunque su testimonio se acabó no utilizando, mintió cuando afirmó que el adolescente la tocó y trató de hacer avances sexuales en su comercio en Money, un pueblo en el Misisipi rural. “Nada de lo que hizo ese chico podría nunca justificar lo que le ocurrió”, le dijo al investigador.

Emmett Till vivía en un barrio de clase trabajadora en Chicago y en el verano de 1955 viajó a Misisipi para visitar a familiares. Su madre le advirtió de que debía ir con cuidado en el Sur segregado, donde el racismo en el espacio público estaba blindado por ley.

 El 24 de agosto, Till estaba a las afueras de un comercio. Bromeó que tenía una novia blanca en Chicago y sus primos y amigos le instaron a hablar con Donham, la dependienta blanca de la tienda. Al salir del local, se le escuchó decir: “Adiós bebé”.

Roy Bryant, el marido de la dependienta y propietario del local, entró en cólera cuando se enteró de lo sucedido. Cuatro días después, se desplazó al amanecer, con su hermanastro, J. W. Milam, a la casa de los familiares del adolescente. Se llevaron a Till en su coche.

 Condujeron hasta la orilla de un río, donde lo obligaron a desnudarse y lo ataron a un pesado y alambrado ventilador para algodón. Lo apalizaron con tal fuerza que le saltó un ojo. Le dispararon en la cabeza y lanzaron su cuerpo al río junto al ventilador.

El cadáver, con un aspecto indescriptible, se encontró tres días después. La madre del chico, Mamie Bradley, pidió que el cuerpo se trasladara a Chicago. Allí se exhibió con un féretro abierto para que se pudiera ver la cara irreconocible de Till. Y una revista afroamericana tomó fotografías del cadáver. 

Las imágenes esperpénticas colocaron a EE UU ante el incomodísimo espejo del racismo y galvanizaron el movimiento de los derechos civiles. Contribuyeron, por ejemplo, a que en diciembre de ese año Rosa Parks decidiera sentarse en un asiento solo para blancos en un autobús público en el aledaño Estado de Alabama.

Nada de eso, sin embargo, impidió que los dos asesinos pagaran por su atrocidad. Fueron acusados de asesinato, pero un jurado de Misisipi los exoneró. Ambos posaron victoriosos tras la decisión judicial. Años después, los dos hombres admitieron en una entrevista el crimen, pero nunca volvieron a ser juzgados con vida. Pero Donham sigue viva, tiene 83 años y reside en Carolina del Norte."                   (Joan Faus, El País, 13/07/18)

13/7/18

Miriam Miranda: “Berta Cáceres fue asesinada por un proyecto económico”. “Nos asesinan y nos matan, no importa los premios que se nos den”

"La hondureña Miriam Miranda es una defensora del derecho a la vida, en el sentido más amplio de la palabra. La coordinadora general de la Organización Fraternal Negra Hondureña (OFRANEH) liga esa protección de la existencia a la tierra, a las personas que la trabajan y a los animales que la pueblan. 

Es una reconocida defensora de los derechos del pueblo garífuna, un cometido que le ha traído alegrías, como el premio Carlos Escaleras, y muchas tristezas en forma de amenazas, denuncias o el asesinato de apreciados compañeros de batalla. 

A su ojo crítico no se le escapa ningún meandro, ni siquiera los propios. Reprueba el machismo que reina en las organizaciones en las que también milita, apela a un movimiento feminista más inclusivo e, incluso, tiene algún reproche hacia los galardones que les conceden a las defensoras como ella: “Nos asesinan y nos matan, no importa los premios que se nos den”,  reflexiona. 

Su insistencia en lo colectivo ataca a la almendra central del neoliberalismo, el individualismo. Utiliza el verbo “acuerpar” de forma reiterada durante toda la conversación.

Cuartopoder.es charla con ella tras un acto organizado por la Asociación de Mujeres de Guatemala en Madrid. Miranda se muestra enérgica y tenaz durante toda la entrevista. Solo el recuerdo del asesinato de su amiga Berta Cáceres hace que ralentice el discurso y se quiebre su tono.

— Usted es una defensora del territorio. Es un activismo del que aún se habla poco en nuestra sociedad.

— Sí hay mucho debate. Defendemos los bienes comunes de la naturaleza, como el agua, el bosque, la tierra o los recursos naturales. Hoy por hoy, muchas defensoras son mujeres. Hemos dado otro paso: entendemos que defender la tierra es también defender a la gente que la ha conservado. 

Eso tiene otra connotación. A veces las organizaciones ambientalistas defendían los recursos pero apartaban a la gente. Defender los territorios es defender la vida. Va más allá de defender un trozo de tierra.

— ¿Qué significa para una comunidad que sus mujeres den un paso al frente y pongan su cuerpo y su vida a defender los recursos?

— Las mujeres siempre hemos estado, pero creo que ahora somos protagonistas. Ha habido un patriarcado que ha destruido tanto que nosotras necesitamos dar ese aporte para generar otra cultura y otra forma de vida. Hemos trascendido eso de que solo tenemos que parir hijos, también tenemos que parir ideas, conocimientos, luchas, resistencias… y sobre todo una propuesta de  bienestar diferente. 

Creo que esa es la apuesta política de todas las mujeres. Por eso, no es casual lo que pasó en Argentina, Chile… No se trata de una lucha feminista en la que solo te ves a ti misma, sino que estamos trascendiendo hacia la colectividad. 

Ese es el debate que falta en el movimiento feminista. Se tiene que acompañar a las mujeres que estamos luchando por los territorios. Se necesita esa apuesta. Así será más fácil liberarnos en todo.

— Osea que usted cree que la inclusión de estos feminismos en el movimiento no está completada…

— No, no está completada. Hay que romper mucho con las individualidades. Yo no estoy diciendo que tú no tengas derecho a tu espacio, es necesario tenerlo, pero sí digo que no vamos a poder sostener este planeta si no conjuntamos los esfuerzos para que todas vivamos con bienestar. 

No se trata de que una viva bien a costa de otras mujeres. Muchas mujeres en África están sufriendo para que otras puedan comprar componentes de los ordenadores, por ejemplo. Hay que actuar con responsabilidad y revisar el nivel de consumo y desperdicio que hay en el norte. 

— Lo que propone usted es revolucionario para el sistema, pero el sistema se defiende, ¿es peligroso abanderar estas ideas?

— Cada día asesinan personas. Nosotras vivimos en una represión permanente. Nos están diciendo que no hay nada que hacer, que tenemos que volver al hogar y no salir de las casas. De alguna manera, se legitima más fácilmente que maten a una mujer que a un hombre. Recuerdo que al inicio del asesinato de Berta Cáceres decían que era un crimen pasional. 

El Estado no pudo sostener esa tesis y se fueron investigando más cosas, pero ¿qué fue lo más fácil? Decir que era pasional. En mi caso, he tenido que recibir muchas vejaciones, he sido objeto de secuestro, de asesinato, de demandas. 
Creo que a las mujeres nos toca más duro, incluso en los movimientos sociales. 

Es más fácil pronunciarse por un hombre que por una mujer y eso tiene que ver con el patriarcado. No es cierto que mujeres y hombres lo pasemos igual. Por eso, el feminismo tiene que hacer un trabajo fuerte para acompañar y acuerpar a las mujeres luchadoras en los territorios.

Yo también soy coordinadora de una plataforma de movimiento social y popular de Honduras donde confluimos varias organizaciones. Tiene una carga más de responsabilidad respecto al trabajo que hago con la comunidad garífuna. Coordinar espacios mixtos es un gran reto respecto a hacerlo con las organizaciones feministas.

— ¿Por qué es más complicado coordinar grupos mixtos?

— El patriarcado está muy incrustado. Nosotros tenemos denuncias contra hombres de mujeres de la misma organización por asedio, violaciones, acoso… A las mujeres que se atreven a denunciar las criminalizan por decir que las acosan, que no las reconocen sus derechos o que solamente les dan el cargo de secretaria. 

Te dicen que no tienes derecho a poder denunciar porque le estás restando poder a la organización. Si nosotros estamos construyendo una forma diferente de relacionarnos también tenemos que cuestionar eso, que además  tiene mucho que ver con el poder. En las organizaciones en las que los hombres tienen poder, actúan como hombres.

En esa ecuación hay dos partes: un hombre que acosa y muchos que toleran y callan.

— Exactamente. Y además condenan a las mujeres que denuncian. Las califican de destructoras de la organización, la marginan y ellas son las que tienen que irse. Muchas callan.

— Volviendo a Berta Cáceres, ¿recuerda el día en que la asesinaron? ¿Qué opina sobre cómo se ha desarrollado el juicio?

No solo la conocía, fueron 25 años con ella. Era mi hermana de lucha, mi cómplice… Ella no solo era ambientalista, también era feminista. Luchaba contra el patriarcado y contra este modelo neoliberal. Pero, sobre todo, era una madre que amaba a sus hijos. Era una mujer brillante. 

Me acompañó en momentos muy difíciles de mi vida. Cuando fui capturada por la policía y golpeada en el 2011, recuerdo que la llamada que recibí antes de que me quitaran el teléfono fue de ella.

Fue muy duro cuando recibí la noticia de su asesinato. Si fueron capaces de matar a una mujer tan pública, te puedes imaginar lo desprotegidas que estamos. Es un régimen en el que te pueden matar y calificar tu asesinato de crimen pasional o delincuencia común.  

Ahora hay un juicio en el que no se va a perseguir a los verdaderos culpables, aunque presenten a quienes la mataron. El último detenido fue el gerente de una empresa, pero hay cosas que no suceden. Lo primero, el cierre de la empresa. 

Ella fue asesinada por un proyecto. Lo segundo el arresto de los autores intelectuales, los que dieron la orden de matarla, no solo del que apretó el gatillo. No solo es matar a una defensora, sino que también es un mensaje para las luchas que hay en otros territorios contra los proyectos de industria extractivas. Esto tiene que quedar claro.

 Hubo mucha solidaridad internacional. Hubo suspensión de los fondos del FMO y otros bancos, pero el proyecto continúa agazapado. Están esperando a  que pase un poco la tormenta para después inyectarle mucho dinero. Va a seguir, es un proyecto de muerte.

— ¿La violencia sexual se usa como un arma más contra las defensoras?

— Sí, todas las mujeres que están en la lucha por los derechos territoriales están expuestas a ser violadas. En un país en crisis, los cuerpos de las mujeres se convierten en el espacio para descargar la ira y la frustración. Después del golpe de Estado de Honduras, se elevó exponencialmente el feminicidio y la violación. Además, nos enfrentamos con el poder del narcotráfico. 

Hay madres que tienen que sacar a sus hijas e hijos del territorio para protegerlos de los grupos criminales. Las mujeres siempre somos el botín. No te imaginas lo que es ir a poner una denuncia en Honduras. Es probable que la policía le pase la información al denunciado. Si éste está vinculado al crimen organizado, seguramente vas a morir. Por eso muchas mujeres prefieren callarse. No hay seguridad.

— A las defensoras les dan premios pero luego la comunidad internacional no acude a solventar sus demandas más profundas, ¿hay hipocresía?

— Sí, es una doble moral. Es una estrategia peligrosa porque te dan un premio como reconocimiento a tu lucha, pero después están apoyando, reconociendo y legitimando esos proyectos. Por eso, mejor que no den premios si no les interesa poner el dedo en la llaga. Por ejemplo, en Honduras hay una cervecería que da un premio ambiental, pero esa misma empresa es la que después consume más agua y, además, llena de plástico el país.

A la hora de la verdad, nos asesinan y nos matan, no importan los premios que se nos den o el reconocimiento, siempre estamos expuestas. Si hay un problema social y colectivo, no se debe reconocer y premiar a una persona en particular, sino que se debe contribuir a generar un cambio en esos territorios.

— Premios para blanquear proyectos e individualizar las causas…

— Exactamente. Estoy en un debate profundo sobre los mecanismos de protección de las organizaciones. Algunos pueden tener muy buena intención, pero no funcionan. A las defensoras para protegerlas se las saca de sus territorios y eso provoca un desarraigo terrible. Nosotras tenemos una familia que también está en riesgo, al igual que nuestras organizaciones y los hombres y mujeres que nos acuerpan."              (Entrevista a Miriam Miranda, Sara Montero, Cuarto Poder, 30/06/18)

12/7/18

Ochenta años de la violación y muerte de Fidelita Díez a manos de una manada de cinco falangistas

"Fueron cinco… fueron cinco”. Solamente estas palabras, repetidas entrecortada y compulsivamente pero en voz baja, pudieron extraer de la joven Fidelita sus compañeras de cautiverio. Por la noche había entrado en aquella cárcel una manada compuesta por cinco falangistas y, con la complicidad de las carceleras, se habían llevado a la muchacha: cuando la devolvieron, estaba destrozada y apenas podía musitar una frase de denuncia.

El 25 de junio de 1938 falleció y el certificado defunción decía que a consecuencia de una tuberculosis, siendo enterrada al día siguiente en el cementerio torrelaveguense de Geloria, en la soledad de un acto casi clandestino efectuado bajo los ecos de los festejos de San Juan celebrados en algunos pueblos de las riberas del Besaya y el Pas, pese a la tristeza derivada de la guerra civil.

Fidela Díez Cuevas, así se llamaba la joven, cumpliría 18 años durante los meses de permanencia forzada en una de las cárceles habilitadas en la ciudad de Torrelavega para albergar provisionalmente a los millares de personas detenidas después de la entrada en la provincia de las tropas sublevadas, a fines de agosto de 1937. 

Para las mujeres se había requisado el Salón Olimpia, un cine propiedad de una familia republicana también represaliada y que se hallaba repleto de mujeres jóvenes y mayores procedentes de las inmediaciones, cuyo único delito, en principio, consistía en haber hecho suya la voz que la República les había concedido para poder participar en la vida social, cultural y política. Fidelita, con sus pocos años, era una de ellas.

 Según la descripción hecha muy posteriormente por una de sus compañeras de cautiverio, una joven modista llamada Antolina Matarranz, era “muy guapa, de unos diez y siete años (…), una muchacha encantadora, pero cuyo delito fue ser hija de padres de izquierdas y recitar poesías en el teatro (…)”. Efectivamente, Fidelita era lo que pudiéramos considerar una niña-prodigio en el campo de la poesía. 

Hija del mejor ebanista de Torrelavega y premiado carrocista, cuyas horas de ocio estaban siempre entregadas a la actividad cultural; Fidel Díez Asenjo (1892-1954) –El Maño como popularmente se le conocía–, fue uno de los animadores de la sección Amigos del Arte que en los años de la Segunda República funcionó con gran éxito dentro de las actividades de la Biblioteca Popular de Torrelavega, de la que cual directivo así como afiliado del Partido Republicano Radical.

 Su hija, pues, heredaría estas aficiones desde muy pequeña y también siendo aún una niña comenzó a dar ejemplos públicos de sus aptitudes para el verso y la declamación.

A partir de 1933 mostró sus aptitudes en diversas entidades culturales, protagonizando recitales en la Biblioteca Popular de Torrelavega, Comillas, Cultural Vimenor de Renedo de Piélagos, Ateneo Popular y Ateneo de Santander, Teatro Principal y Cinema Solvay, además de ante los micrófonos de Radio Santander, siempre con gran éxito ya que, como ha recordado el cronista de Torrelavega Aurelio García Cantalapiedra, “asombró a los asistentes por sus condiciones como rapsoda, tanto por la manera de decir como por la memoria de que hacía gala”. 

 Su repertorio estaba compuesto, principalmente, por obras de Antonio Machado, Federico García Lorca y Jesús Cancio, y los medios de comunicación de Cantabria y La Habana se hicieron eco de su trabajo en más de 30 recitales.

Pero no todo el mundo debió de ver con buenos ojos la exhibición de sus facultades porque una vez cayó Cantabria en poder de los sublevados, fue conducida a la improvisada prisión, donde, como a todas las presas, a Fidelita “las carceleras le cortaron el pelo al cero y para ridiculizarla todavía más le dejaron un mechón largo atrás, para amarrarle un lazo rojo”. Pero ella preguntaba ingenuamente:

– ¿Verdad que me sienta muy bien esto, Antolina?
– ¡Sí, Fidelita, estás encantadora!”

Según se desprende del contenido de una dedicatoria suya, este castigo, añadido al del encierro, no fue suficiente para doblegar su espíritu, puesto que escribía a una amiga: “Hoy, 17 de marzo, 6 meses de nuestro ingreso en Prisión… que sirva este pequeño recuerdo como estímulo a nuestra gran amistad que aquí, en la cárcel hicimos. Cariñosamente. Fidelita Díez”.

 Este escrito estaba dirigido a Antolina, quien tuvo mejor suerte que su amiga, porque una tarde, según esta recuerda, visitaron la cárcel los componentes de un grupo de falangistas “y acordaron, junto con las guardianas, sacarla aquella noche. Las compañeras quedaron horrorizadas cuando, a las pocas horas, vieron llegar a Fidelita hecha una piltrafa humana.

 Cayó de bruces y las compañeras no fueron capaces de que ella contara qué habían hecho con ella aquellos asesinos. Sólo podía repetir: “fueron cinco, fueron cinco”. 

Al poco tiempo murió  y se llevó a la tumba todas las aberraciones que le hicieron aquellas hienas”. Así lo transcribiría en sus memorias el antiguo guerrillero Felipe Matarranz, apodado Capitán Lobo, según el relato tomado de su hermana Antolina.  (...)

Fidelita se había quedado sin la voz viva de los poetas de su repertorio, pero enterado de su fallecimiento cuando él estaba también en la cárcel de partido de Torrelavega, el poeta comillano Cancio escribiría a modo de elogio fúnebre su Romance del entierro de la gentil recitadora de mis versos, un poema que no ha logrado ver la luz hasta hace unos pocos años.

 Su familia estaba completamente destruida, porque el padre hubo de pasar muchos años en las prisiones franquistas hasta conseguir la libertad condicional, el hermano mayor Eloy Díez Cuevas (1916-1994), teniente del Ejecito Republicano, acusado de un delito de excitación a la rebelión fue condenado a la pena de doce años de prisión y enviado a un batallón disciplinario en Tenerife, mientras que a su madre, Eloína Cuevas Ibáñez, le había sido denegada la licencia para su puesto fijo y tenía que conformarse con establecer una máquina ambulante en la Plazuela del Sol, vendiendo castañas como única forma de subsistencia para ella y para sus tres hij@s Fidel, Claudio y Mercedes, hasta que cumplida la condena impuesta a Eloy se vieron obligad@s a un destierro voluntario en Vigo para así sustraerse de la persecución política que sobre la familia se ejercía.  (...)

Desde entonces, sobre la figura de Fidelita se corrió un velo de silencio, de tal manera que incluso en el monolito levantado en el cementerio en memoria de los republicanos fusilados en Torrelavega no figura su nombre.  (...)"            (José Ramón Sainz Viadero, El DiarioCantabria, 26/06/18)

11/7/18

Los asesinados por la dictadura franquista podrían ser 400.000 si se incluyen las víctimas muertas en campos franquistas de concentración durante la guerra civil y primeros años de dictadura

"(...) Los intereses de EEUU primaron sobre el hecho de que la España de Franco fuera una dictadura implacable, condenada internacionalmente, que violaba sistemáticamente los derechos de la gente.

Una dictadura que hoy sabemos causó al menos 143.000 desaparecidos forzados, cuyos restos mortales siguen en las cunetas del país en unas 2.500 fosas comunes. España soporta así la vergüenza de ser el segundo país del mundo con más desaparecidos forzados detrás de la Camboya del criminal Pol Pot y sus jémeres rojos.

 Además, según informe del Consejo de Europa, en los años cuarenta e incluso principios de los 50, los presos políticos fueron en la España de Franco extremadamente numerosos: unos 400.000, muchos de los cuales fueron forzados a trabajar en obras del franquismo.

 En 1940, “la tasa de encarcelamiento en España era casi tan elevada como la de la Alemania nazi“, asegura un informe del Consejo de Europa. A sumar además entre las víctimas de la dictadura los 220.000 exiliados que se fueron a Francia, México, Argentina y otros países de América Latina para poder vivir.

Cientos y cientos de miles de ciudadanos y ciudadanas españoles, denuncia ese informe, sufrieron cárcel, malos tratos y torturas por luchar por la libertad y por la democracia y aún constan como delincuentes en los archivos de la Justicia española de la época franquista de un modo incomprensible, porque ningún gobierno de la época democrática desde 1976 ha tenido el valor y el coraje de anular las sentencias de la ilegítima y criminal dictadura franquista.

Según varias estimaciones, los muertos por la dictadura franquista serían unos 150.000, pero podrían ser 400.000 si se incluyen las víctimas muertas en campos franquistas de concentración durante la guerra civil y primeros años de dictadura. 

El historiador francés Guy Hermet subraya que las masacres se prolongaron mucho tiempo bajo el gobierno franquista y, de los cientos de miles de presos internados en campos de concentración franquistas, fueron fusilados más de 190.000.

El franquismo fue una dictadura asesina que murió matando. (...)

A pesar de que, según el historiador británico Paul Preston, los crímenes políticos que perpetró Franco fueron muy superiores a los cometidos por Hitler, aunque éste lo aventajó ampliamente en masacres raciales. Los crímenes del franquismo perpetrados por instituciones y personas franquistas fueron “una venganza ciega” según Preston. (...)"           

10/7/18

Andalucía es la comunidad más castigada por los crímenes del franquismo... Llevaron a Rafaela y su hija a la encrucijada del camino donde dos días antes habían asesinado a su esposo. Cuando avistaron el cadáver comenzaron a llorar, gritar e insultar a los asesinos y en ese momento las acribillaron allí mismo. Más tarde mataron a dos de sus hijos varones...

"(...) La barbarie estuvo servida en aquellos primeros días. Y es que la documentación histórica apunta que en menos de 20 días naturales, los golpistas colmataron la primera fosa del cementerio de Sevilla. Desde el 18 de julio de 1936 al 6 de agosto. Las estimaciones sobre la segunda fosa, conocida como la del Monumento resultan aún más estremecedoras con 2400 cuerpos, según cifras aproximadas.

“En total las investigaciones realizadas por José Díaz Arriaza señalan que en San Fernando podría haber más de cuatro mil víctimas de la represión franquista”, aclara la delegada. Esto evidencia, una vez más como Andalucía es la comunidad más castigada por los crímenes de lesa humanidad cometidos durante la dictadura. Solo ochocientas víctimas están documentadas dentro del registro civil.  (...)

El investigador Díaz Arriaza referencia en su libro Ni localizados ni olvidados el alto número de representantes sindicales, políticos y destacadas personalidades de la Sevilla Republicana que son asesinados durante las primeras horas del mismo 18 de julio, sin dejar de lado a las cientos de vidas anónimas que cayeron en aquella zanja sin previo consejo.

En Pico Reja se ubican los restos de Blas Infante, padre de la patria andaluza, los cuerpos de los mineros de Riotinto acribillados en una emboscada en Camas cuando acudieron ante el auxilio de los vecinos de la Sevilla Roja.T ambién deberían estar por fecha de su asesinato los obreros que defendieron el edificio de Telefónica en la plaza Nueva aquel mismo 18 de julio.  (...)

La miseria moral de los golpistas dejó en la zanja de Pico Reja los cuerpos de miles de mujeres y hombres que murieron de forma fortuita los primeros días del golpe. 

Mercedes Luna López es una de aquellas mujeres sin identificación política. Ama de casa de 51 años es una de las cientos de mujeres arrojadas tras su asesinato en Pico Reja. José María García Márquez, investigador de la materia, relata que su historia es una de las miles de aquel verano en Sevilla. “Fue detenido en el cine Jáuregui y no sabe que ocurrió dentro de la cárcel para que la llevaran muerta desde allí”.

Mercedes sufrió fracturas y una conmoción cerebral el 29 de julio de 1936. El comisario jefe militar comunicaría que “cuando se encontraba en el piso superior de este edificio, aprovechando un descuido del guardia que la custodiaba, se arrojó por un balcón al patio”. Tampoco se inscribió su muerte en el registro. Nació en 1885 en Córdoba y residía en aquellos años en el pueblo de Morón de la Frontera.

Como Mercedes Luna, la historia de Rafaela Dorado Ayala es una de aquellas víctimas anónimas. En aquel verano trabajaba con su familia en el cortijo de Arenales, propiedad del Conde de la Maza en la provincia de Sevilla.

Cuando se produce la sublevación militar, su marido desaparece. El 13 de Agosto conoce por los vecinos la noticia de que se encuentra preso en el pueblo de Morón de la Frontera. Viendo que su esposo no regresaba a casa ni tenían noticias de él, el día 15 se marchó junto con su hija mayor a buscarlo al pueblo para conocer su paradero.

Después de intensas indagaciones con conocidos, Rafaela consiguió ser atendida para llevarla al lugar donde se encontraba su marido. Llevaron a Rafaela y su hija a la encrucijada del camino donde dos días antes habían asesinado a su esposo. Cuando avistaron el cadáver comenzaron a llorar, gritar e insultar a los asesinos y en ese momento las acribillaron allí mismo. Más tarde mataron a dos de sus hijos varones.

 Los sublevados decomisaron todas sus pertenencias, la cosecha del año, los aperos de labranza, las yuntas de mulos, caballerías y demás ganado, su casa de Morón y su finca próxima al cortijo de la Amarguilla. El certificado de defunción del Registro Civil de Morón de la Frontera menciona a cinco asesinados aquel día “a consecuencia de la aplicación del Bando de Guerra”. Posiblemente sus cuerpos se encuentren en la fosa de Pico Reja.  (...)

Ramón Sánchez era menor de edad en aquellos años y vivía en el barrio obrero del Cerro de Águila. “La acribillaron en el parte de María Luisa un grupo de falangistas y dejaron el cuerpo allí varios días para sembrar el pánico”. Ana ha podido conocer con dificultad la historia de ambos, afiliados durante la República a las juventudes comunistas. 

 “Recuerdo la foto de ambos toda la vida en el salón de mi casa. Mi padre nunca hablaba de esto pero con la poca información que he ido recabando, he logrado conocer cada vez más datos de su historia”.  (...)"             (María Serrano, Público, 28/01/18)

9/7/18

La Europa antigitana. Los activistas gitanos lo afirman una y otra vez: no, no nos sorprende. Lamentablemente, algo está roto en la conciencia política europea...

"No es fruto del alarmismo o de la paranoia advertir que la ultraderecha asciende, cada día con más fuerza, hacia el mando del poder político en el frágil contexto de la Europa contemporánea. Sería inútil volver a enumerar los significativos ejemplos materiales de dicha realidad. 

Los Roma hemos comprobado que, más allá de escandalizar momentáneamente a ciertos sectores sociales particularmente sensibles, dicho recordatorio sirve, más bien, de poco. 

Lamentablemente, algo está roto en la conciencia política europea. El pesimismo social-político, tan útil a las fuerzas reaccionarias, nos bloquea e inmoviliza robándonos la posibilidad de un mañana más humano, más justo; negándonos la esperanza de un mañana habitable y posible para los que vienen tras nosotros y nosotras.

Sin embargo, como gitanos, como gitanas, nos vemos obligados a manifestar, no ya nuestra sorpresa, sino la ausencia de la misma. Aunque les inquiete, tendrán la oportunidad de comprobarlo repetidamente durante estos días. Los activistas gitanos lo afirman una y otra vez: no, no nos sorprende. Y no es porque nuestro pueblo esté “de vuelta de todo”, apuntalando de forma soberbia el significado del célebre refrán, sino porque, tristemente, los gitanos y gitanas estamos acostumbrados a sufrir las consecuencias de estas antiguas y persistentes derivas; derivas que invaden, no solo las manifestaciones de la derecha más fascista, sino también a la  denominada izquierda política europea. 

Cuando Matteo Salvini, ministro del Interior del Gobierno italiano, justifica sus intenciones de crear un censo de gitanos con las siguientes declaraciones: “Los extranjeros que permanezcan de forma irregular en Italia serán expulsados”, “los gitanos italianos por desgracia hay que quedárselos”, nosotros no percibimos más que una repetición machacona, demasiado conocida, de la historia de resistencia y lucha que se escribe en la genealogía y presente de nuestro pueblo. 

Muros, expulsiones en masa, segregación escolar, guetos, maltrato policial, linchamientos, ataques, esterilizaciones forzosas. Todo ello forma parte de la cotidianidad de gran parte de nuestro pueblo en toda la Europa actual. Por lo tanto, Salvini no es una excepción, sino un síntoma de la norma, tal y como lo son los recientes ataques antigitanos en Ucrania y en otros territorios del continente. La cuestión es, entonces, cómo vamos a afrontar esta realidad sangrante que se cobra la vida social y humana del pueblo minorizado más numeroso y antiguo del continente. 

Una sociedad que no respeta y cuida la vida de una comunidad humana como la nuestra, o cualquier otra, camina frenéticamente hacia su autodestrucción. Una sociedad que no extirpa la mortal enfermedad del racismo de sus entrañas está condenada a perecer, ya que la violencia racial envenena la fibra ética de su conjunto. El veneno del racismo, paradójicamente, no discrimina, es invasivo, indiferente, letal y demoledor para todos.

 ¿Aprenderá Europa la lección? Lo cierto es que esta antigua incógnita ha dejado de ser una curiosidad para convertirse en una necesidad apremiante. Si la salud de las democracias europeas se midiera por el trato que el pueblo gitano recibe en su propio territorio, el resultado sería paupérrimo: no hay justicia social ni política para el pueblo Rom en la Europa de los derechos humanos, una Europa antigitana. 

Ahora bien, la indiferencia parlamentaria, que se reduce a meros e insuficientes gestos virtuales de rechazo, frente a declaraciones e intenciones como la manifestada por el ministro del Interior y vicepresidente italiano, tendrá consecuencias para todos los ciudadanos. Este embrutecimiento, este genocidio silencioso contra los nuestros hace de Europa un lugar en el que todos peligran, no solo los Roma y los migrantes del Sur global, sino todos los ciudadanos. 

Nos corresponde a todos, no solo a gitanas y gitanos, la labor de no permitir que nos transformen en monstruos ególatras e indiferentes, de despertar ante el sufrimiento de una parte importante de nuestro mundo, el sufrimiento de nuestros vecinos, de nuestros amigos, de nuestros hermanos y rebelarnos contra él de forma contundente.

 Nos pertenece a todos, no solo a nuestro pueblo, la responsabilidad de hacer de Europa un territorio libre de antigitanismo, libre de racismo, libre de injusticia, por el bien de todos."                 (Rromani Pativ, CTXT, 20/06/18)

6/7/18

"En Libia, cada noche violaban delante de nosotros a quien iban a matar"

"Elvis vivió durante un año y medio encerrado en un búnker oscuro del que no podía escapar. Cada día, cada hora y cada minuto sobrevivía sumido en sus pensamientos para evitar concentrarse en el exterior. 

Despertarse a gritos, llamar a su madre para explicarle, entre sollozos de dolor, que ha sido capturado mientras su secuestrador le golpea con su rifle en la misma zona de su cuerpo que la tarde anterior. 

Escuchar a su madre llorar, pidiéndole perdón por no tener dinero suficiente para pagar lo exigido y acabar con el sufrimiento de su hijo. Esta es solo una pequeña parte de ese "infierno libio" descrito por cada migrante rescatado en el Mediterráneo.

Esta es la Libia a la que la Unión Europea apuesta por devolver a quienes tratan de llegar a Italia arriesgando su vida en el mar, a través del traspaso de las labores de rescate ejercidas hasta ahora por la Guardia Costera italiana y las ONG a una supuesta guardia costera libia.

Dos grandes cicatrices inflamadas le recuerdan los golpes diarios de las milicias que lo mantenían en cautiverio. El dolor más profundo, detalla, no venía de las armas con las que dejaban en carne viva su hombro y su cabeza. 

El mayor sufrimiento procedía de la voz que le obligaban a escuchar cada día al otro lado del teléfono: "Mi madre lloraba pero no tenía dinero. No podía hacer nada pero oía mis gritos. Me forzaban a llamarla", relata Tagnabou Elvis a bordo del Open Arms.

"Los criminales libios lo hacían cada día, excepto cuando se cansaban de pegar. Como nos golpeaban tanto, había días que estaban agotados y se hartaban de pegarnos", normaliza el joven de Burkina Faso.

No recuerda el número de asesinatos presenciados. "Cada día uno debía morir", sentencia Elvis con entereza. Cuando llegaba la noche al búnker sin ventanas en el que eran hacinadas decenas de personas, "si te llamaban, era mala señal", continúa. "Decían 'ven, ven' y disparaban. Yo vi como mataron a mi amigo. Cuando estás en esa situación, solo dios puede ayudarte, lamenta.

A las llamadas forzadas, las lesiones y el sentimiento de culpa se añadía el ritual de cada día. "Antes de matarles, los violaban delante de nosotros. Les bajaban los pantalones y después los asesinaban", dice tras ser preguntado por posibles casos de explotación sexual. Ninguno de sus compañeros agredidos sexualmente sobrevivió: "Si te violaban debías morir", dice Elvis en el barco español por el que fue rescatado tras su huida de Libia.

En su caso, solo había hombres en la habitación donde él permanecía encerrado.

"Cada día asesinaban a uno delante de nosotros. Antes solían violarle. Todas las semanas traían a gente nueva. Mataban, dejaban hueco, para encerrar a otras personas capturadas", añade el joven burkinés.

Las quemaduras de cigarrillo, las breves descargas eléctricas, los cortes con cuchillos o pellizcos con tenazas son otros de los métodos de tortura a los que se refieren muchas de las personas rescatadas por el Open Arms que atracarán este miércoles en Barcelona. Las mujeres y los hombres muestran señales que su paso por los calabozos libios ha dejado en su cuerpo. 

Algunas de estas provocadas tras las devoluciones realizadas por la supuesta guardia costera libia.

Elvis logró escapar del cautiverio que le mantuvo encerrado durante la mayor parte de su paso por Libia. "El carcelero se emborrachó y se dejó la llave puesta. Huimos todos. Me acuerdo de correr mucho, me quedé solo. Eran las cinco de la mañana. Entonces encontré a la persona que más me ha ayudado, mi padre en Libia", recuerda el burkinés. Se trataba de un hombre libio que, junto a su familia, lo acogió en su casa.

 "Durante un mes, me curó las heridas con agua caliente. Hasta que se frenó la hemorragia", apunta Elvis, quien le contó su necesidad de escapar de Libia. Hasta que la familia debía irse a vivir a Egipto. "Me dejaban su casa de libia para que viviese allí, pero tenía mucho miedo de que volviesen a capturarme las milicias. Al final, él me pagó el viaje a Europa", asegura el joven. Dos semanas después, viajaba sobre una barca neumática con 60 personas a bordo.

Tras siete horas de travesía, observaron a lo lejos un gran barco. Pensaban que se trataba de una patrullera libia. "Sigamos, sigamos", dije a mis compañeros. "Habíamos hablado que si venían los agentes libios a devolvernos nos íbamos a tirar al agua", sentencia. "Es demasiado Libia".

No era una patrullera libia. Era el barco español de Open Arms que este miércoles los desembarca en un puerto seguro. "Si hubiese sido un barco de Libia el que nos hubiese encontrado, todos nosotros estaríamos muertos. Lo habíamos acordado", concluye el burkinés horas antes de tocar por fin suelo europeo."                    (Entrevista a Tagnabou Elvis, Gabriela Sánchez, eldiario.es, 04/07/18)

5/7/18

Bebés robados de Israel: la banalidad del mal. Los askenazíes (de Europa este y central) secuestraron bebés judíos mizrahim (orientales) y se los repartieron

"Tras décadas de negación, por fin el gobierno de Israel admite el robo de cientos de bebés. Entre 1948 y 1954, y en el marco de la creación de Israel, de la expulsión de cientos de miles de palestinos y el robo de sus tierras, los judíos recién llegados de Europa organizaron una amplia trama de trata de bebés.

 La principal diferencia entre ésta y otras redes extraoficiales de tráfico de recién nacidos en otros países es que desmonta el mismísimo relato fundacional de Israel de ser un “santuario para los judíos perseguidos”: ¡han sido los judíos, los askenazíes (de Europa este y central), que han secuestrado a los bebés judíos mizrahim (orientales) y se los repartían! ¿Serán acusados de “antisemitas”? 

Incluso con las cifras oficiales, uno de cada ocho niño yemení menor de cuatro años había sido raptado: los activistas buscan a cerca de 8.000 bebés.  

La eugenesia racista forma parte del fundamento del movimiento sionista , del “pueblo elegido”, y el nuevo estado pretendía llenar la tierra ocupada con la raza superior. Sin embargo, al no haber tantos judíos “blancos y civilizados” a mano, llevaron a los “morenos y primitivos”, para después convirtiéndoles, en los kibutz o en el hogar de familias asquenazí, en “el Nuevo Judío”, moderno y secular que merecía Israel, alejado de una Tora considerada un texto arcaico.

El escándalo ha traumatizado a la sociedad israelí: en 1994, el rabino Uzi Meshulam denunció al estado por el secuestro de unos 4.500 hijos de judíos yemeníes inmigrantes. Durante casi dos meses las Fuerzas Especiales asediaron su vivienda, donde se había atrincherado con un grupo de fieles que pedían justicia: mataron a un joven de 19 años, y detuvieron al resto. Meshulam pasará cinco años en la cárcel.

Así funcionaba el tráfico de niños

Al fundarse Israel, decenas de miles de judíos de todo el mundo se trasladaron al “paraíso prometido”. Sólo desde Yemen, alrededor de 50.000 judíos árabes fueron llevados en 380 vuelos secretos de los aviones británicos y estadounidense a Israel en una operación llamada “Alfombra Mágica”. 

Una vez allí, eran instalados en los campos insalubres y deficientes, les humillaban desinfectándoles con DDT, mientras los inmigrantes europeos eran recibidos con respeto, y eran alojados en centros adaptados y cómodos.  

El mercado negro de bebés integraba al personal sanitario, trabajadores sociales, abogados, empleados del ministerio de interior (incluidos jueces) y hasta funerarias, quienes además de falsificar documentos -cambiando el nombre de los niños, sus números de identificación, el documento de defunción, etc.-, se sentían amparados por una ley de adopción que, con el afán de proteger al adoptado y a los adoptantes, considera no sólo innecesario el consentimiento de los padres biológicos para la adopción de sus hijos, sino que tipifica como delito la revelación de datos de la adopción, con el fin de impedir que los padres biológicos conozcan el destino de sus hijos: han llegado a multar al menos a uno de ellos por querer saber. 

Algunos de los padres adoptantes, que llegaron a pagar equivalente de 5000 dólares de entonces, conocían la realidad, otros la intuían, y pocos la ignoraban. Se les llevaba a los centros donde guardaban a los niños para que eligieran entre decenas de menores angustiados y asustados.

El testimonio de las víctimas revela las fórmulas utilizadas, muy familiarizadas para los españoles que sufrieron el mismo calvario durante el franquismo:
A Yona Yosef le quitaron a una hija y a dos sobrinas después de que las enfermeras del campo le pidieran que los llevara al hospital para “un chequeo”. Luego le denegaron el derecho de visita:  No los volverá a ver. 

Los padres biológicos de Gil Grunbaum, robado en 1956 y entregado a una pareja supervivientes del Holocausto, lo han encontrado muy vivo. 

El cantante Boaz Sharabi (1947) denuncia la desaparición de su hermana gemela. Hay otros casos de madres a las que se les quitaban a uno de los gemelos o a los dos, diciéndoles que los bebés no habían sobrevivido al parto; repetían la misma mentira cuando una madre tenía más hijos, y “le sobraban algunos”  o “no eran capaces de atenderlos”, se les decía. A ellas nunca les enseñaron el cuerpo, ni certificado de defunción, ni tumba.

En cuanto a los propios “bebés robados”, Zvi Amiri, de 64 años supo la verdad al no encontrar fotos o el certificado de su nacimiento. Llevaba 34 años buscando a sus padres biológicos de origen tunecino, hasta que encontró a su madre en un centro psiquiátrico: no había podido superar la pérdida de su hijo.
A Adina, hoy con el nombre de Miriam Shoker, le dijeron que fue abandonada, para que desde el dolor no buscara a sus padres biológicos, quienes nunca le olvidaron. 

Nissan, de origen iraquí, que pensaba que sus hermanos gemelos habían muertos en un hospital, sospecha que estén vivos ya que su familia recibió una orden del gobierno para que se presentaran al servicio militar.

A Tziona Heiman le regaló Yigal Allon, un general israelí, a una amiga por su cumpleaños. Heiman ha localizado a su madre biológica, y no le hizo falta hacer la prueba del ADN: el parecido es asombroso.

Antes de Israel, el gobierno de EEUU, dentro de los programas  de “civilizar al indio”, recurrió a la política de segregación, internando a los niños pequeños, mientras encerraba a sus padres en las “reservas”. 

También las autoridades de Australia y Canadá “incautaban” a los bebés de las poblaciones nativas para “educarlos”. El régimen Nazi arrancó del brazo de sus familias a unos 400,000 niños polacos, rusos, yugoslavos y rumanos, para “germanizarlos” y ponerlos al servicio del Tercer Reich: les cambiaba de identidad y les obligaba a hablar el alemán, para luego darlos de adopción a las familias nazis. 

En España, el nacionalcatolicismo robó a 30.000 niños de las cárceles, orfanatos y maternidades. Con el objetivo de “extirpar el gen marxista”, torturaba a las madres, y enviaba a sus bebés al perverso mercado de compra venta de seres humanos. 

En Argentina, la dictadura del general Videla, dentro de su política de “Pedagogía de terror“  secuestraba a las mujeres embarazadas, confinándoles en centros clandestinos para torturarles física y psicológicamente. Después del parto, les separaba de sus bebés, las mataban y vendía a sus hijos. Nada nuevo bajo el cielo israelí.

Para la investigadora judía Shoshana Madmoni-Gerber, tanto si el gobierno israelí participó en la organización del secuestro de los bebés como si solo hizo la vista gorda, se trata de un acto “genocida”, según la definición de la ONU."               (Nazanín Armanian, 29/06/18)

4/7/18

Los pelotones de fusilamiento torturaron, raparon y pasearon por el pueblo a estas 17 mujeres de entre 24 y 70 años de edad. Su delito, ser hija, hermana o esposa de algún desaparecido

"Ortega era muy querido por todos sus vecinos y dio lo que no tenía para que en Guillena no se pasara hambre”. Manuel Martínez, concejal del pueblo, recuerda a Público cómo el alcalde republicano de esta pequeña localidad, Fernando Ortega, no se ha borrado de la memoria de los que vivieron aquella cruenta guerra y la posterior represión.

 “Hemos querido homenajear y reconocer su labor y por eso hoy Fernando Ortega es Alcalde honorario de nuestro pueblo”.

La iniciativa a este reconocimiento ha llegado de la mano del grupo Guillena Sí se Puede, representado por el concejal Manuel Martínez. “Este homenaje no se lleva a cabo en muchos municipios y es necesario dar reparación a la figura de estos alcaldes republicanos andaluces que fueron, en la mayoría de los casos, borrados del mapa los primeros días del golpe de estado”.  (...)

Manuel Puntas no puede hablar de la emoción que le produce. “Ojalá mi madre Gabriela hubiera visto este homenaje. No hubo ni un día de su vida que no lo recordara”. Puntas señala muchos de aquellos recuerdos contados por su madre: “Ella me decía cómo mi abuelo, en plena reforma agraria, expropió una veintena de tierras en Guillena para dársela a los vecinos que tenían más hijos y menos posibilidades de trabajo".

 “No nos quedamos con ninguna, decía mi madre. Lo repartía todo entre los jornaleros sin casa para que nadie tuviera que pasar hambre en el pueblo”. Fernando Ortega salió elegido en las elecciones del Frente Popular por el partido Unión Republicana. No fue el único de la corporación asesinado tras el golpe militar. Otro de los concejales, Antonio García López ‘Botella’, desapareció a los pocos días del inicio del alzamiento militar en 1936. Su cuerpo también está en paradero desconocido.

A Ortega le sorprendió aquel 18 de julio trabajando como un día más en su taller de cañizo que tenía junto a otro socio en la calle Torneo de Sevilla. Al día siguiente era domingo y se trasladó a Guillena para cumplir con su responsabilidad de alcalde del municipio. Ya en las dependencias del ayuntamiento, comprobó que se había constituido un comité para organizar la defensa del pueblo, compuesto por el primer teniente de alcalde, el secretario de la Corporación y un miembro de UGT.

El 26 de julio llegan las columnas de Queipo de Llano, lideradas por Carranza. Encuentran un pueblo prácticamente vacío. “Sus vecinos huyeron ante las posibles represalias y las noticias que venían de los primeros días del golpe en la capital”. A diario eran fusiladas un centenar de personas en la ciudad de Sevilla por aplicación de bando de guerra en las tapias del cementerio.
Fernando Ortega no dejó tampoco solo a sus vecinos en aquella terrible ocasión. Desde el pueblo de El Ronquillo lograron huir hasta el municipio de Llerena (Badajoz) junto a otras 1.200 personas donde es detenido e identificado casi dos meses más tarde.

En septiembre del 36 es conducido al cuartel de la Falange de Sevilla. Permaneció ocho días detenido antes de ser puesto en libertad. Un informe de la Delegación de Orden Público notificaría que “Fernando Ortega era una buena persona pero era republicano y pertenecía al partido de Unión Republicana de Martínez Barrios, presidente de la República, al que le unía una fuerte amistad”.

Este alcalde continua en libertad hasta abril de 1937. En esa fecha es detenido por última vez en su taller e ingresado en prisión. Fernando nunca regresó más a Guillena. El Consejo de Guerra, celebrado el 21 de agosto de 1937, lo condena por “Rebelión Militar” con otra serie de agravantes, según el código de justicia militar que le fue aplicado.

Ortega, alcalde de Guillena, fue condenado a muerte según reza la “sentencia”. Consta en su expediente de guerra un escrito del Auditor de Guerra en el que se dice, con fecha 1 de marzo de 1938, que “el jefe de estado se dio por enterado de la sentencia a muerte de Fernando Ortega”. El informe fue notificado a la prisión de Sevilla. Se cree que Ortega fue ejecutado en las tapias del cementerio de San Fernando el 7 de marzo de 1938. No se conoce, ochenta años después, la ubicación de sus restos. 

 Manuel Martínez relata a Público cómo en Guillena los asesinatos cometidos durante la represión franquista siguen estando “muy presente para sus vecinos”. 

El caso de las 17 rosas es uno de los más sangrantes. En aquellos días, donde ya el alcalde Ortega se encontraba en prisión, los pelotones de fusilamiento torturaron, raparon y pasearon por el pueblo a estas 17 mujeres de entre 24 y 70 años de edad

 Su delito, ser hija, hermana o esposa de algún desaparecido. El asesinato de estas mujeres ocurría entre el 6 y 8 de noviembre de 1937. Su fosa fue exhumada en el año 2012. La Diputación de Sevilla les ha otorgado el título de Hijas Predilectas de la Villa de Guillena."                 (María Serrano, Público, 09/06/18)