23/6/17

Asesinos de las SS con doctorado. El papel decisivo de los intelectuales en la élite de la Orden Negra de Himmler

 
 Oficial del SD en Ucrania en 1941

"La imagen que se tiene popularmente de un oficial de las SS es la de un individuo cruel hasta el sadismo, corrupto, cínico, arrogante, oportunista y no muy cultivado. Alguien que inspira (aparte de miedo) una repugnancia instantánea y una tranquilizadora sensación de que es un ser muy distinto, un verdadero monstruo. 

El historiador francés especializado en el nazismo Christian Ingrao (Clermont-Ferrand, 1970) nos ofrece ahora un perfil muy diferente, y desasosegante. Hasta el punto de identificar a un alto porcentaje de los mandos de las SS y de su servicio de seguridad, el temido SD, como verdaderos "intelectuales comprometidos".

El término, que ha escandalizado en el mundo intelectual francés, resulta escalofriante cuando se piensa que esos son los hombres que estuvieron a la cabeza de las unidades de exterminio. En su libro de reciente aparición en castellano Creer y destruir, los intelectuales en la máquina de guerra de las SS (Acantilado, 2017) Ingrao analiza pormenorizadamente la trayectoria y las experiencias de ochenta de esos individuos que eran académicos —juristas, economistas, filólogos, filósofos e historiadores— y a la vez criminales.

 Hay un fuerte contraste entre ellos y el cliché del oficial de las SS. Asesinos de masas en uniforme con un doctorado en el bolsillo, como describe el propio autor. Lo que hicieron los "intelectuales comprometidos" , teóricos y hombres de acción, de las SS fue espantoso.

Ingrao cita el caso del jurista y oficial de la SD Bruno Müller, a la cabeza de una de las secciones del Einsatzgruppe D, una de las unidades móviles de asesinato en el Este, que la noche del 6 de agosto de 1941 al transmitir a sus hombres la nueva consigna de exterminar a todos los judíos de la ciudad de Tighina, en Ucrania, se hizo traer una mujer y a su bebé y los mató él mismo con su arma para dar ejemplo de cuál iba a ser la tarea.

"Resulta curioso que Müller y otros como él, gente muy formada, pudieran meterse así en la práctica genocida", dice Ingrao que ha presentado su libro en Barcelona, "pero el nazismo es un sistema de creencias que genera mucho fervor, que cristaliza esperanzas y que funciona como una droga cultural en la psique de los intelectuales".



La base de ‘Las benévolas’

 


Ingrao y Littell. Cualquiera que lea Creer y destruir percibirá los paralelismos con la novela de Jonathan Littell Las benévolas (2006).Ingrao la describe como “una réplica temática en ficción” de su trabajo, y recuerda que éste, que fue su tesis, circuló ampliamemente antes de la publicación de Las benévolas.

¿Max creíble? Max Aue, el protagonista de Las benévolas guarda muchos parecidos con los intelectuales del SD de Ingrao. “Excepto en lo de la homosexualidad y el incesto. Pero, claro, es un personaje de novela”. ¿No es demasiado refinado y esteticista para ser un SS? “Bueno, Heydrich leía mucho y tocaba el violín. Y no olvides que Eichmann leía a Kant”, responde.

También otro nazi tomado por Littell, Leon Degrelle (en su ensayo Lo seco y lo húmedo) presenta paralelismos con otro estudiado por Ingrao en su libro Les chasseurs noirs: Oskar Dirlewanger. El primero era favorito de Hitler y el segundo de Himmler.

El historiador recalca que el hecho es menos excepcional de lo que parece. "En realidad, si examinamos las masacres de la historia reciente veremos que hay intelectuales bajo el felpudo. En Ruanda, por ejemplo, los teóricos de la supremacía hutu, los ideólogos del Hutu Power, eran diez geógrafos de la Universidad de Lovaina. Casi siempre que hay asesinatos de masas hay intelectuales detrás".

 Pero, uno no espera eso de los intelectuales alemanes. Ingrao ríe amargamente. "Es cierto que eran los grandes representantes de la intelectualidad europea, pero la generación de intelectuales que nos ocupa experimentó en su juventud la radicalización política hacia la extrema derecha con marcado énfasis en el imaginario biológico y racial que se produjo masivamente en las universidades alemanas tras la Gran Guerra.

 Y entraron de manera generalizada en el nazismo a partir de 1925". Las SS, explica, a diferencia de las vocingleras SA, ofrecían a los intelectuales un destino mucho más elitistas.

¿Pero el nazismo no les inspiraba repugnancia moral? "Desgraciadamente, la moral es una construcción social y política para estos intelectuales. La Primera Guerra Mundial ya los había marcado: aunque la mayoría eran demasiado jóvenes para haber luchado, el duelo por la muerte generalizada de parientes y la sensación de que se libraba un combate defensivo por la supervivencia de Alemania, de la civilización contra la barbarie, prendieron en ellos.

La invasión de la URSS en 1941 significó el retorno a una guerra total aún más radicalizada por el determinismo racial. Hasta entonces había sido una guerra de venganza, pero a partir de 1941 se convirtió en una gran guerra racial, y una cruzada. Era la confrontación decisiva frente a un enemigo eterno que tenía dos caras: la del judío bolchevique y la del judío plutócrata de la Bolsa de Londres y Wall Street.

Para los intelectuales de las SS, no había diferencia entre la población civil judía que exterminaban al frente de los Einsatzgruppen y las tripulaciones de bombarderos que lanzaban sus bombas sobre Alemania. En su lógica, parar a los bombarderos implicaba matar a los judíos de Ucrania. Y si no sería el final de Alemania. Ese imperativo construyó la legitimidad del genocidio. Era 'o ellos o nosotros".

Así se explican casos como el de Müller. "Antes de matar a la mujer y el niño habló a sus hombres del peligro mortal que afrontaba Alemania. Era un teórico de la germanización que trabajaba para crear una nueva sociedad, así que el asesinato era una de sus responsabilidades para crear la utopía. Curiosamente Había que matar a los judíos para cumplir los sueños nazis".

Ingrao sostiene que los intelectuales de las SS no eran oportunistas, sino personas ideológicamente muy comprometidas, activistas con una cosmovisión en la que se daban la mano el entusiasmo, la angustia y el pánico, y que, paradójicamente, abominaban de la crueldad. "Las SS era un asunto de militantes.

Gente muy convencida de lo que decía y hacía, y muy preparada". Pues resulta más preocupante aún. "Por supuesto. Hay que aceptar la idea de que el nazismo era atractivo y que atrajo como moscas a las élites intelectuales del país”.




La brigada de cazadores salvajes de Dirlewanger

Christian Ingrao es el autor también de un apasionante estudio sobre la Brigada Dirlewanger, la unidad de siniestra reputación que creó el comandante de las SS (ascendido luego a general) Oskar Dirlewanger para luchar contra los partisanos y que se nutrió inicialmente de delincuentes convictos de delitos relacionados con la caza. Les chasseurs noirs (Perrin, 2006) es un libro más asequible para un lector generalista que Creer y destruir aunque los dos tienen muchas cosas en común, y desde luego Dirlewanger es un buen ejemplo de la formación ideológica de un mando nazi.

 La brigada, denostada por muchos mandos del Ejército, participó en numerosas operaciones en el Este contra los partisanos granjeándose una reputación de brutalidad incluso en el marco de las unidades de las SS, que ya es decir. Ingrao apunta que combatía al estilo despiadado de la Guerra de los Treinta Años.

Realizó acciones de exterminio de población civil y judíos e intervino en el aplastamiento de la sublevación de Varsovia de manera especialmente vil. Finalmente incorporó ¡presos políticos de izquierdas!, los únicos antifascistas que vistieron uniformes de las SS (la cosa no funcionó). Ingrao resigue la historia de la brigada (que acabó en fantasmagórica división de las Waffen SS) y la de su líder (que iba singularmente por libre en el ejército alemán).

 “El personaje es abyecto, por supuesto, pero fascinante”, señala. “Todos lostestimonios coinciden en señalar que era un hombre carismático y valiente, casi estúpidamente intrépido". De sus 32 años de adulto, el "lansquenete nazi" pasó 19 en guerra. Capturado por los franceses al acabar la guerra, murió en junio de 1945 a causa de las palizas que le propinaron guardianes polacos."              ( , El País, 22/06/17) 

22/6/17

La sangrienta bacanal de Margit Thyssen... que terminó con el asesinato de 180 judíos. "Podezin, el cabecilla que hace un rato ha disparado a la cabeza de hombres y mujeres, baila ahora con absoluto desparpajo"

"Ocurrió una noche de luna llena, la del 24 al 25 de marzo de 1945, en Rechnitz, en una Hungría antisemita y aliada de una Alemania cuya derrota en la guerra era ya un hecho. Los rusos estaban muy cerca y quedaba solo un mes para que Hitler se suicidara.

Pero en su castillo, Margit Batthyány-Thyssen, una de las mujeres más ricas de Europa, ejercía de anfitriona de una fiesta en la que no se escatimaban el alcohol ni los excesos y a la que había invitado a los jefes locales del partido nazi, a miembros de la policía política, la Gestapo, las Juventudes Hitlerianas y las SS, entre ellos su amante y administrador de la mansión, Hans-Joachim Oldenburg, y el suboficial Franz Podezin, quien recibió una llamada.

Le comunicaban que un convoy con 180 prisioneros judíos húngaros con tifus había llegado a la estación de tren del pueblo. Inmediatamente convocó a entre 10 y 13 invitados de la fiesta, les repartió fusiles y munición y les acompañó a un lugar cercano con la misión de "liquidar" a los presos.

Y así lo hicieron, tras obligarlos a desnudarse ante una fosa que ellos mismos habían tenido que cavar. Mientras, "en el palacio se descorchaban más botellas de champán y alguien tocaba el acordeón".

Un camarero recordará cómo le llamó la atención que "los huéspedes" que regresaron a las tres de la madrugada "gesticulaban con vehemencia" y "tenían las caras rojas".

"Podezin, el presunto cabecilla que hace un rato ha disparado a la cabeza de hombres y mujeres, baila ahora con absoluto desparpajo", escribe el periodista suizo Sacha Batthyany (1973), sobrino nieto de Margit, en 'La matanza de Rechnitz. Historia de mi familia' (Seix Barral), un aplaudido ejercicio de rescate del pasado de sus ancestros, donde él mismo psicoanaliza su traumática herencia y halla una no menos dura respuesta a esta pregunta: "¿Habría sido capaz de esconder a los judíos?".

"LA CONDESA NAZI"

De la masacre han hablado Elfried Jelinek en 'El ángel exterminador', Eduard Erne en el documental 'Silencio de muerte' y David R. L. Litchfield en 'La historia secreta de los Thyssen' (Temas de Hoy); sin embargo, Sacha Batthyany no supo de ella hasta que en el 2007 un colega le señaló una noticia aparecida en la prensa donde se hablaba de su "tía Margit" como "la condesa nazi y sanguinaria", hija de los barones Heinrich Thyssen y Margareta Bornemisza, y hermana de Hans-Heinrich Thyssen-Bornemisza, el famoso coleccionista de arte que se casó con Carmen Cervera.

El juicio y los testigos eliminados

Durante la primera caza de nazis tras la guerra, explica Sacha Batthyany, siete personas fueron acusadas de crímenes de lesa humanidad, entre ellas los principales responsables, Franz Podezin y el amante de Margit Hans-Joachim Oldenburg, a quienes ella ayudó a huir y desaparecer. Pero en 1946 el proceso se estancó a causa del asesinato de los dos testigos principales.

Uno, el armero del palacio Karl Muhr, que entregó los fusiles y vio las caras de los verdugos, fue hallado con una bala en la cabeza en el bosque junto a su perro muerto mientras su casa ardía. El otro, Nikolaus Weiss, testigo ocular que sobrevivió a la matanza escondido en el cobertizo de unos vecinos, murió en el acto cuando su coche fue tiroteado y perdió el control.

Margit (1911-1989) era una excelente cazadora, aunque no hay pruebas de que disparara aquella noche. "Era antipática y muy aficionada a los hombres; al parecer una obsesa sexual… Pero ¿una asesina? Desde luego que no", le dijeron sus familiares a Batthyany.

Estaba casada con el conde húngaro Ivan Batthyáni (hermano del abuelo del autor), quien al día siguiente de la matanza en el castillo (destruido por bombas rusas al final de la guerra) ordenó ejecutar a otros 18 judíos que habían tenido que cubrir con tierra la fosa común, que hoy sigue sin localizarse.

DE BUENOS AIRES AL GULAG

El libro (más de 25.000 ejemplares vendidos en Alemania) condensa los resultados de una indagación que llevó a Sacha Batthyany a Buenos Aires, a los restos del gulag y a Hungría. Se cimenta en testimonios, archivos, actas del proceso judicial que hubo tras la guerra e informes de los servicios de seguridad suizos. Pero, sobre todo, en el diario de su abuela Maritta, donde confesaba otro negro episodio familiar, ocurrido en el verano de 1944, meses antes del de Rechnitz.

Maritta, que perdió a su bebé al acabar la guerra, se crió en una regia familia de terratenientes húngaros con unos padres estrictos y distantes. Vivían con numerosos criados en un palacio de 30 habitaciones, entonces tomado por tropas nazis, que luego sería expropiado por los rusos.

Lo que atormentó de por vida a la abuela del autor fue sentirse culpable por no haber podido hacer nada al ver cómo un matrimonio judío, los Mandl -que antes de acabar como esclavos del noble regentaban la tienda de comestibles del pueblo-, morían a tiros en el patio tras suplicarle ayuda a su padre, quien se la negó. Solo querían que salvara a sus hijos, que ya iban camino de Auschwitz. Uno de ellos, Agnes, tenía 18 años, cuatro menos que Maritta, y sobrevivió." (Anna Abella , El Periódico, 19/06/17)

21/6/17

Fue torturado durante 59 días antes de ingresar en la prisión de A Coruña. Engrilletado de sol a sol, le quitaron las uñas, le clavaron lápices y le hicieron cortes en las manos con una navaja para comprobar cómo era la sangre de los rojos

"Mientras Carrillo renunciaba a la guerra de guerrillas y los maquis enfilaban los Pirineos, un chaval de apellido mesiánico se echaba al monte. Camilo había nacido tres años antes del comienzo de la Guerra Civil en Sandiás. 

Hijo del fundador del PCE en ese pequeño pueblo de Ourense, a los doce ya ejercía, como su madre y su hermano mayor, de enlace. Muerto el padre, los tres pasaron a la clandestinidad. Un quinceañero rebelde. Un guerrillero imberbe. Un preso sin juventud. 

Camilo de Dios vive: ochenta y cinco años, su chorro de voz llega con potencia, aunque su oído renquea al otro lado del teléfono. La lucha sigue: cuando salió de la cárcel y la resistencia eran el Piloto y tres más, alegres bandoleros, él persiguió los restos de Perfecto, abatido por la Guardia Civil al poco de alcanzar la mayoría de edad.  (...)

Madre e hijo partían hacia Madrid disfrazados de segadores, ajenos a las penalidades de Camilo en prisión. Los acompañaban otros dos guerrilleros, Manuel Rodríguez y Juan Sorga, cuando la Guardia Civil los interceptó en el pueblo abulense. 

Sorga pudo haber llegado a Francia, el destino final que pretendían alcanzar los fugados; a Rodríguez le dieron garrote tras detenerlo días más tarde; y Perfecto fue cosido a balazos allí mismo. Su madre, en vez de huir, lo remendó a abrazos, uno por cada año de cárcel, hasta cumplir trece. Camilo se enteró de su muerte meses después, cuando llegó la carta remitida por Carmen Méndez.

Entre ambos medió una correspondencia macabra. Desde el penal de Alcalá escribía un muerto. Y una muerta devolvía las palabras desde la prisión de Segovia. Ambos habían sido condenados a la pena capital, si bien él se libró por ser menor y a su madre le conmutaron la pena.

 El viejo guerrillero cree que el régimen suavizó el castigo para ganarse los favores de la ONU, en la que Franco pretendía ingresar. Camilo vagó por tantas prisiones como dedos tienen sus manos y, durante cinco años, llegaron a estar juntos, aunque separados. “En la prisión de Alcalá sólo nos separaba un muro, pero nunca nos dejaron vernos”, recuerda.

Pese a que usted ya era un joven inquieto, el primer atisbo de rebeldía se produjo tras la muerte de su padre, cuando una falangista se acercó a su casa durante el velatorio y se puso a cantar el Cara al sol. Luego ajustaría cuentas a palos...
Hubo varios motivos que se fueron acumulando… No obstante, ése fue el comienzo de mi rebeldía. Yo no estaba ideologizado, pero al entrar en la guerrilla me dieron unos cursillos y me prepararon: desde clases de tiro hasta manejo de armas, pasando por la concienciación política.

Se echó al monte con quince años, aunque ejercía de enlace desde que tenía trece. Qué joven, ¿no?
Sí, mas yo no sentía que estuviese corriendo ningún peligro. De alguna manera, era una tarea segura, porque nadie desconfiaba de mí. A un adulto lo vigilan, pero a un niño, no.

Su madre colaboraba con la guerrilla, fue represaliada y llegaron a pegarle.

Tuvo un par de incidentes. Ella había huido con mi padre a Portugal, si bien tuvo que volver porque tenía dos hermanos movilizados. La familia de mi madre era de derechas. Sin embargo, cuando conoció a mi padre se politizó. Tuvieron tres hijos y dos terminamos echándonos al monte. El resto es historia.

Camilo se ahorra los detalles. Alguien llama a la puerta y Carmen ve a cuatro jóvenes. Uno le estampa una piedra en la cabeza: es el hijo del alcalde, que cobrará del futuro guerrillero. No obstante, las reacciones a aquellos abusos lo ponen en el punto de mira de la Falange y de la Guardia Civil. Un día, ve un camión de la Benemérita frente a su casa. 

Su madre ha escapado y él va a buscarla. Intenta convencerla de que no hay peligro: no van a por ella, sino que simplemente habían ido a recoger unas patatas, o se habían parado para mear ahí delante, tanto da. Carmen cree que es el momento de dejarlo todo atrás y sumarse a la lucha. Su marido, Jesús de Dios, había caído enfermo después de andar escapado durante la guerra y yace en el cementerio. Perfecto lo tiene claro. Camilo, al principio reticente, se suma, y luego se conciencia.

“La historia de Camilo en el monte es heroica. Aunque él le quita importancia, aquel niño campesino se convierte en una figura legendaria. Al ser joven, pasa a formar parte de una guerrilla de choque y alguna de sus acciones da para escribir una novela, como el intento de rescatar en 1948 a José Gómez Gayoso (secretario general del PCE en Galicia) y a Antonio Seoane (jefe del Ejército Guerrillero de Galicia)”, explica Carmen García Rodeja, historiadora y miembro de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH).

 “Partió de Ourense y llegó a Ferrol monte a través, luego embarcó hasta A Coruña y entró a golpe de máuser en la cárcel. Huyó entre tiros, no sin antes disfrazarse con el uniforme que le había quitado a un guardia e intentar liberar infructuosamente a sus camaradas”, añade la coordinadora de la exhumación de Perfecto en Chaherrero.

A la familia le han quitado todo. La vivienda donde se crio y el terreno que pisaban los cuatro bueyes, las seis vacas, el caballo y el burro de parada —o sea, un semental— que poseían. No era una mala casa, pues hasta despachaban cacao. Pero poco antes, en 1934, Benigno Álvarez les había inoculado el pecé durante un mitin, por lo que estaban marcados. 

Camilo alternó la escuela con las labores del campo, que retomaría décadas después. No le dio tiempo a nada en la vida, más allá de sacarse el carné de las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU), porque al año de echarse al monte fue detenido en un enfrentamiento con la guardia civil. 

 Fue torturado durante 59 días antes de ingresar en la prisión de A Coruña. Engrilletado de sol a sol, le quitaron las uñas, le clavaron lápices y le hicieron cortes en las manos con una navaja para comprobar cómo era la sangre de los rojos. Él maldecía a las madres de los torturadores para ganarse un tiro, que nunca llegó.

 Corre el año 1949 y la Federación de Guerrillas de León-Galicia es la sombra de lo que fue. Dos años antes, el PCE se ha impuesto sobre socialistas y anarquistas, pero tras un auge pasajero del maquis, el partido ordena el fin de la lucha. En la comarca de A Limia, donde nació Camilo, detienen a decenas de personas —un ejército en la retaguardia callado e incruento— relacionadas con el maquis, que ha visto cómo sus guerrilleros iban cayendo en la batalla.

“El principal tropiezo se produce cuando los aliados, durante la Segunda Guerra Mundial, deciden no derrocar a Franco y en 1944 fracasa la invasión del Valle de Arán, que tenía como objetivo hacer reaccionar a las potencias occidentales. El régimen reaccionó mandando tropas y hubo muertos a punta pala. 

Entonces se vio que no había nada que hacer y algunos comenzaron a recibir la orden de abandonar la lucha”, explica el periodista Antón Grande. Sin embargo, otros siguieron sumándose. “La incorporación de Camilo fue tardía y obedece a la decisión del PCE de organizar grupos de guerrillas integradas por jóvenes de entre 16 y 18 años, que no tenían experiencia alguna. Cayeron casi todos, sólo queda él”.

Antes y después, en el monte había de todo. Anarquistas, socialistas, comunistas y republicanos en general, aunque también personas no ideologizadas que habían tomado las armas porque estaban siendo represaliadas en el llano. A Camilo le venía de familia, si bien entonces él sólo era un chaval. Su hermano Perfecto, en cambio, estaba más politizado. Tenía otro, llamado Pastor, que vivió con su padrino y no llegó a entrar en la guerrilla. 

En realidad, todos los hermanos vivieron con sus respectivos padrinos, que se llamaban igual que ellos, cuando en su casa montaron un cuartel de la Falange y les comenzaron a requisar la cosecha y las bestias: Pastor se fue con el padrino Pastor; Perfecto, con el padrino Perfecto; y Camilo, claro, con el padrino Camilo. Luego volvió el padre de la cárcel y al poco murió. Intentaron retomar su vida y sus propiedades, pero las circunstancias terminarían empujándolos a la clandestinidad.

A finales de los cuarenta, esperaban la intervención de los aliados. No llegó.
Éramos conscientes de que no teníamos fuerza suficiente para derrocar al régimen. Sin embargo, había promesas de que los aliados nos iban a ayudar. No obstante, cuando muere Roosevelt y Truman llega a la Presidencia de EEUU, todo se fastidia. Encima, las noticias aquí llegaban tarde.

Los maquis fueron cayendo, hasta que en A Limia quedó sólo una treintena. Sin embargo, no quisieron aceptar a los hijos de los guerrilleros que preferían echarse al monte a hacer la mili, porque pensaban que eran carne de cañón.
Claro. No admitimos a más gente porque los apoyos no nos permitían contar con más personas. La gente iba cayendo, las torturas eran terroríficas y decidimos no aceptar refuerzos.

Llegó a disfrazarse de seminarista para burlar a la pareja de la guardia civil.
Eso era cuando iba a hacer un enlace, a buscar propaganda o a transportar armas para arreglarlas. No era habitual, mas suponía una garantía, porque entonces no había documentación, sino una cédula personal.

Curiosamente, años antes, el sacerdote del pueblo no quiso darles la primera comunión: “A mí no me hizo ateo la política, fue el cura”.
Decían que éramos hijos de rojos. Eso te marca y te forja una conciencia en contra de un sistema que, aunque no lo entiendes bien porque eres un niño, ves que es injusto. Como aquel Cara al sol... Yo era un crío, pero cuando hay un difunto en casa, los vecinos no se fijan si es de izquierdas o de derechas, porque se le debe un profundo respeto. El problema no era tanto la canción, sino la falta de respeto por cantar en un velatorio.

Encarcelados, usted y su madre mantuvieron una correspondencia durante años.

Podíamos escribir sólo una carta al mes y que no pasase de veintiuna líneas. El censor no daba abasto y, para no tener tanto que leer, nos obligaban a escribir textos breves.

Su primer libro en la cárcel: La vida de los topos.

Sí, bueno… [risas] Eso fue en A Coruña. ¡Qué me importaba a mí lo que comían los topos! ¡O cómo construían las galerías! Sin embargo, me lo sabía de memoria… En todo caso, yo ya había leído otros libros antes e incluso teníamos una enciclopedia y un maestro escondido en casa. Yo no, pero mi hermano Perfecto era muy buen estudiante.

Había que llegar a pie o a caballo. La casona de un ilustre del franquismo se había convertido en su cuartel general, pues los caseros eran afines a la causa. Allí, en A Edreira, un claro en la sierra de San Mamede, mandaban su madre y Benigno Álvarez, el veterinario que fundó el PCE en la provincia de Ourense.

 Carmen se ocupaba de la intendencia y de la propaganda. Cuando murió Benigno, la guardia civil mostró el cadáver de la Fiera Comunista en pueblos y aldeas de la redonda, como si se tratase de una atracción de feria. Aquella parada y fonda, que alternaban con otras casas de enlaces y con los rigores del monte, fue bautizada como el Balneario.

El periodista Antón Grande describe aquellos días poniendo tierra y tiempo de por medio. “Aunque existe una concepción romántica de la guerrilla, no estaban todo el día en el monte, sin lavarse y pasando calamidades.

 Eso era una parte del maquis, pero los inviernos en Galicia son muy largos, por lo que tenían muchos refugios gracias al apoyo del pueblo, que los protegía”. Sin embargo, las autoridades emprendieron una “campaña de intoxicación” para desacreditarlos entre la población y “los trataban como bandoleros”, afirma García Rodeja.

Ellos, por su parte, contraatacaban con El Guerrillero, un periódico clandestino que se presentaba como el Órgano del Ejército de Galicia. “También les llegaba de fuera Mundo Obrero, aunque a veces sólo conservaban la cabecera y escribían en papel de calco un nuevo diario, elaborado a mano, en el que incluían opiniones y poemas. Una información sesgada y partidista, porque tenían poca información de lo que pasaba en el mundo”, explica Antón Grande. Luego estaba el llamado Parte de guerra, unos panfletos que arrojaban en los pueblos tras llevar a cabo una acción.

En una misión en Ourense, Camilo y José María Saavedra, un socialista de Ferrol, son cercados por los agentes, que le prenden fuego a la casa donde se guarecen de las balas. Su camarada, herido, le pide que le pegue un tiro para evitar las torturas y las delaciones. Él le pone la pistola en la mano izquierda y bum. Lo deja allí con un ojo colgando, la cabeza atravesada por una bala. Camilo es detenido, aunque no se imaginaba que, tras despertar atado a la cama de un hospital, se iba a reencontrar con José María en la cárcel de A Coruña. 

No lo había rematado porque pensaba que estaba muerto. Su compañero, cuya confesión provocó el desmantelamiento de la guerrilla en Mugardos y Ferrolterra, fue ajusticiado a garrote vil y le dejó un reloj que aún conserva en herencia. Sólo había pedido que Camilo lo acompañase durante sus últimas horas.

Llegó a la prisión de A Coruña con el pantalón tan desgastado por el culo que sus compañeros le regalaron un mono. Una década después, cuando finalmente salió en libertad de la cárcel de Yeserías, le tocó en suerte un traje pagado por el PCE. Por una puerta había entrado un campesino metido a guerrillero, y por otra salió un guerrillero convertido en un encuadernador… de libros y prensa falangista, claro.

Tuvo que disparar, aunque sostiene que no le gustaba que hubiese muertos en ningún bando.
Eso le pasa a todo el mundo, excepto que seas un sádico. Pero si estás cercado, no te queda otro remedio que defenderte con los recursos que tengas a mano. Nunca recuerdo un tiro en la nuca ni cosas así. Había alguna acción dura, pero la considerábamos un acto de justicia, y aún hoy pienso que era justo.

Trabajó en Madrid como encuadernador, oficio que aprendió en la Imprenta de los Talleres Penitenciarios de Alcalá de Henares.
En concreto, en la editorial Paraninfo. Además de libros, en la cárcel también editábamos los periódicos El Alcázar, Redención y Siete Flechas para Europa.

¿Cuándo y por qué se volvió a su pueblo?

Cuando en 1958 muere Pío XII, el nuevo papa me concede un indulto. Tuve que ir a hacer la mili a Ourense. [Allí, fue escolta de un coronel que había sido republicano. Cuando falleció y tuvo que trasladar a su mujer a Santander, durante el trayecto en coche le confesó que era prima de Paco Bedoya, la sombra de Juanín en la guerrilla cántabra. Camilo regresaría a Madrid, donde vivió varios años. En realidad, la pregunta se refería a su regreso definitivo a Galicia: cosas de familia, responde]

Pagó con violencia la violencia sufrida: cuando le cantaban el Cara el sol con su padre de cuerpo presente, cuando el hijo del alcalde llamó a la puerta de su casa y le estampó a su madre una piedra en la cabeza… Claro que su reacción conllevaba más represión, y así hasta que se echó al monte. Poco duró la aventura, pero sí la cárcel. 

Camilo siguió militando y volvería a ingresar en prisión en 1971, después de insuflar vida a las Comisións Campesiñas, vinculadas al PCE, y al propio partido, que no sería legalizado hasta seis años después. “Volví a ser torturado, en esta ocasión por la policía”, rememora. Concejal en su pueblo y en Xinzo de Limia, volvió a trabajar la tierra, aunque también se empleó como viajante y camionero.

“Su historia no podía perderse en el tiempo y era necesario recogerla, porque es un símbolo de resistencia que todavía hoy mantiene vivo sus ideales”, afirma Juan Pirola, director de fotografía del documental Camilo: o último guerrilleiro de Galicia, el trabajo de fin de grado realizado junto a sus compañeros Alba Sánchez, Pedro Iglesias y Miguel García. Para ellos, el único superviviente gallego del maquis es un referente, si bien Antón Grande matiza que Quico también sigue vivo: “Pese a que es del Bierzo, él también luchó en Galicia”.

Más allá del detalle, estos cuatro graduados en Comunicación Audiovisual por la Universidade de A Coruña viajaron hasta Sandiás para difundir sus gestas y sus miserias, el frío y el hambre de la cárcel, la vida en el llano y la muerte en el monte. Hoy podrán ser testigos de su vida quienes se acerquen a la vieja cárcel de Lugo, donde se proyectará el filme. Allí estarán Miguel Freire, profesor y miembro de la ARMH, y los autores del documental, quienes loan la figura del protagonista.

“Es una fuente de inspiración para la juventud, sobre todo en un tiempo en el que nos venden la antipolítica, no comprometerse, ni preocuparse de los demás”, asegura Juan Pirola. “Después de lo que sufrió, que una figura como Camilo siga reafirmándose en sus ideales de compañerismo, solidaridad y altruismo infunde esperanza”. Lo secunda García Rodeja: “Sorprende su empatía, la facilidad que tenía para ponerse en el lugar de los demás sin dejar de ser un revolucionario. Camilo hace que sigas creyendo en el ser humano”.

Su lucha terminó cuando encontró a su hermano con la ayuda de la ARMH.

Llevaba mucho tiempo detrás de él, pero faltaba el permiso de las autoridades y, sobre todo, los medios económicos. Por ello estoy muy agradecido al sindicato noruego que sufragó la exhumación.

La estirpe continúa.

Estoy casado y tengo tres hijos y otros tantos nietos. Conocí a mi mujer, Ramona, cuando era viajante en Verín. Su padre, un capitán de aviación del Ejército Republicano, había estado en la cárcel. Cuando estalló la guerra, escapó a Portugal, logró llegar a Francia y luego regresó a España para luchar con la República. Busqué una compañera que me comprendiera y se identificase con mi forma de pensar, y tuve la suerte de encontrarla.

Vaya vida... Después de todo, ¿se arrepiente de algo?

No, porque no soy consciente de haber hecho cosas malas. En todo caso, podría arrepentirme de no haber sido más útil."                   (Henrique Mariño, Público, 15/06/17)

20/6/17

Matahausen se convirtió así en el campo donde acabaron unos 8.000 republicanos españoles. Más de 5.000 murieron de hambre, agotamiento, frío y enfermedades. Y también asesinados a tiros por los carceleros de las SS

"La alcaldesa de París, Anne Hidalgo, y varios representantes del Gobierno francés de Emmanuel Macron rendirán este viernes, 16 de junio, honores oficiales a los restos del fotógrafo republicano español Francesc Boix Campo (Barcelona, 1920-París, 1951), quien se alistó para combatir a los nazis y sobrevivió al cautiverio en el campo de exterminio de Mauthausen (Austria).

 Los negativos que consiguió sustraer a las SS y esconder fuera de aquel infierno en el que perecieron más de cinco mil españoles, resultaron determinantes para que el tribunal internacional de Nuremberg condenara a la horca a varios jerarcas nazis.

El homenaje con honores de Estado es la respuesta de la alcaldesa socialista de París a la petición de la Amical de Mauthaunsen de que los restos de Boix descansen en Père-Lachaise, el cementerio francés de las grandes celebridades y uno de los lugares más visitados del mundo. La sepultura con los restos del reportero caducó en 2015 y los hijos y nietos de los republicanos españoles en Francia solicitaron a la alcaldesa de París el lugar más digno al que trasladar sus restos. 

La respuesta de Hidalgo ha satisfecho plenamente la petición cursada por el presidente de la Amical de Mauthausen, Daniel Simón, de modo que el traslado de los restos de Boix desde el cementerio de Thiais a Père-Lachaise, donde descansan personalidades como Moliere, Proust, el expresidente del gobierno republicano español Juan Negrín o la reportera Gerda Taro, compañera de Robert Capa, tendrá lugar el viernes a las 13:30 y recibirán honores de Estado.

El tradicional desprecio del Gobierno derechista español hacia la memoria democrática ha sido paliado en esta ocasión con una proposición no de ley aprobada en el Consgreso de los Diputados, instándole a enviar una representación oficial. Para no quedar en evidencia, el PP votó a favor de la petición. 
Fuentes de La Moncloa dan por supuesta la asistencia del flamante embajador, Fernando Cardedera y probablemente del secretario de Estado de Cultura, Fernando Benzo. Después del homenaje tendrá lugar a las 16:00 horas en el salón de honor de la alcaldía del distrito 20 de París, la presentación de la edición francesa del libro del historiador Benito Bermejo, Francisco Boix, le photographe de Mauthausen.

Trayectoria de un héroe

El propio Bermejo resume para cuartopoder.es la heroica vida de Boix. “Yo conocí la existencia de Boix”, explica Bermejo, “a finales de los años noventa. Las primeras fotografías me las enseñó un socialista de Arganda (Madrid) que vivía en Toulouse. 

Se llamaba Enrique Tapia y había sido mecánico de la aviación republicana y en Francia trabajó en Aerospatiale y creo que también tuvo un taller de bicicletas. El propio Boix le había entregado aquellas fotos en 1946 con ocasión de un acto con Dolores Ibarruri, Pasionaria, y el hombre las guardaba como oro en paño”.

Con 19 años, Boix ya había sobrevivido a mucha mala leche. Conocía los efectos de los bombardeos alemanes e italianos sobre Barcelona, la metralla de los aviones contra las interminables hileras de soldados y paisanos que al final de la Guerra Civil buscaban refugio al otro lado de la frontera de Cataluña con Francia. Pero ni siquiera en aquellas circunstancias llegó a imaginar la crueldad y el horror que le quedaba por sufrir.

El joven Boix, al que su padre había enseñado las técnicas fotográficas, cruzó la frontera francesa por Portbou en los primeros días de 1939, junto con miles de refugiados republicanos españoles que, derrotados y desarmados, fueron confinados en los arenales de Argelés y otros pueblos del levante francés hasta Marsella. Él y otros muchos se aprestaron a defender a Francia de la amenaza de las tropas invasoras de Hitler

Unos fueron a la Legión Extranjera, otros se sumaron a las tareas de ayuda al Ejército francés hasta que la ominosa capitulación del mariscal Petain, en la primavera de 1940, les convirtió en prisioneros de guerra de la Wehrmacht. Boix era uno de ellos. A finales de agosto fue sacado del campo de prisioneros y deportado con otros 350 compañeros españoles al centro de trabajos forzados en las canteras austriacas de Mauthausen.

La deportación se produjo inmediatamente después de que Ramón Serrano Suñer se entrevistara en Berlín con Hitler y su lugarteniente Heinrich Himmler y supuestamente les transmitiera la petición de Franco de exterminar a los prisioneros de guerra españoles. Matahausen se convirtió así en el campo donde acabaron unos 8.000 republicanos españoles, incluidas las familias pacíficas que permanecían refugiadas en el campo de La Vernet, cerca de Angulema. 

Más de más de 5.000 murieron de hambre, agotamiento, frío y enfermedades. Y también asesinados a tiros por los carceleros de las SS. Los que eran sacados del campo, ya no volvían. Los llevaban a las cámaras de gas de Hartheim. Los que morían en el campo también desaparecían, transformados en humo y ceniza en los hornos crematorios.

No es exagerado decir que en aquella sede del infierno –sin olvidar otras en las que sufrieron y murieron cientos de republicanos españoles como Dachau, Buchenwald, Treblinka, Sachsenhausen, Neuengamme…– tuvo Boix una suerte de mil diablos, pues los nazis necesitaban a alguien que supiera fotografía y revelara las instantáneas que tomaban para enviarlas a Berlín. El laborante que tenían, el preso español Antonio García, fotógrafo de profesión, no daba abasto, necesitaba ayuda, y esa ayuda se la prestó Boix.

Si el instinto de supervivencia de García le impedía romper las reglas, pronto Boix demostró que no le asustaban los malditos carceleros de las SS y, de acuerdo con varios compañeros, ideó la forma de guardarse los negativos y ponerlos a buen recaudo. 

¿Cómo? Entregándoselos a uno de los pochacas, que eran un puñado de presos a los que llevaban a trabajar diariamente a una empresa nazificada fuera del campo. Les llamaban así porque el nombre de aquella empresa se pronunciaba pochaca. Ellos consiguieron que una mujer que acudía a aquella fábrica aceptara esconder los negativos en una pared de piedra de la finca que rodeaba su casa.

Pasó el tiempo y Boix logró sobrevivir a la barbarie. Fue uno de los 2.700 españoles que salieron vivos de aquel infierno. El 3 de mayo de 1945, cuando llegó la primera patrulla de exploración estadounidense, los SS ya se habían apresurado a destruir y quemar las pruebas del exterminio y a poner tierra de por medio, dejando el campo en manos de unos policías y bomberos austriacos, aunque, de hecho, los españoles ya se habían hecho cargo de las instalaciones. Boix era uno de ellos. Suyas son las fotografías de la pancarta de bienvenida que encontraron los aliados en castellano en lo alto de los muros de Mauthausen.

Tras la liberación, Boix y sus compañeros de cautiverio decidieron crear un grupo de trabajo para ordenar la documentación que habían salvado e identificar al mayor número posible de muertos. Ellos pusieron a disposición de la Cruz Roja y de los organismos internacionales en Ginebra toda aquella documentación. Téngase en cuenta que por aquel campo de exterminio pasaron más de 300.000 personas de varias nacionalidades. Boix rescató los negativos y se centró durante varios meses en la tarea de documentar y fechar aquellas fotografías.

Los jerarcas nazis no contaban con el impresionante testimonio gráfico escondido durante años por el valiente fotógrafo español con la ayuda de sus bravos compañeros comunistas. Pero allí estaban las pruebas de su criminalidad sin límite. Allí aparecían los máximos responsables, Himmler, Franz Ziereis, Ernst Kaltenbrunner…, visitando el campo de exterminio. Boix consiguió declarar ante el tribunal de Nuremberg. 

No lo tuvo fácil, porque era español y España había quedado oficialmente al margen de la guerra. Pero el dictador Franco había suprimido oficialmente la nacionalidad a los refugiados republicanos españoles, los había convertido en apátridas, y Boix logró que le incluyeran entre los testigos franceses. 

Los oficiales alemanes quedaron boquiabiertos ante el testimonio de Boix, acompañado de las fotografías que entregó al tribunal. Uno de ellos, Kaltenbrunner vociferó en alemán: “¡Son falsas!” y, viéndose perdido, alegó que había técnicas para trucar de las fotografías. Su argumento no le libró de la horca.

Algunas de aquellas fotografías sobrecogieron a la opinión pública francesa cuando Boix las publicó en L’Humanitè, el periódico francés en el que entró a trabajar de reportero gráfico. Era un tipo admirado y querido por sus compañeros. No duraría mucho. Los estragos del campo de concentración habían minado irreversiblemente su salud y en 1951 tuvo que abandonar la cobertura del Tour de Francia y regresar a París, donde murió de tuberculosis a los 31 años de edad. 

Al que fuera su amigo y compañero Ramiro Santiesteban Castillo, el preso número 3237 de Mauthausen y el último superviviente español (nació en Laredo, Catabria), nada le agradaría tanto como acudir al homenaje si los achaques de la edad (el 30 de agosto cumplirá 96 años) no se lo impiden."             (Luis Díez, Cuarto Poder, 14/06/17)

19/6/17

Una característica particular de Asturias es la represión de los niños de la guerra que llegan a España para contribuir a la reorganización del partido comunista

"Los historiadores se han ocupado mucho y con atención de la represión franquista, pero las obras publicadas sobre el particular suelen versar bien sobre la represión caliente y brutal de la posguerra, bien sobre la desesperada de los últimos años del régimen. Apenas existen libros sobre cierto período de transición entre ambas fases que comprendería la segunda mitad de la década de los cincuenta y los primeros años sesenta.

A colmatar esa laguna ha decidido acudir el historiador asturiano Francisco Erice, a quien Ediciones Trea acaba de publicarle un libro que, titulado Militancia clandestina y represión: la dictadura franquista contra la subversión comunista (1956-1963). (...)

-El PCE es el partido único del antifranquismo en ese momento.

-Sí. Los comunistas son un enemigo débil a pesar de sus proclamas de que el régimen está al borde de la disolución o de la derrota, pero son el único, y el régimen lo percibe como tal. Además, la represión anticomunista también actúa como un factor de legitimación del régimen, que presenta el anticomunismo, y el haber sido el primero en entender el significado de la lucha internacional contra el comunismo, como su razón de ser en el contexto de la guerra fría. 

 Cuando, a finales de 1959, Eisenhower viene a España y es recibido en medio de grandes aclamaciones populares en Madrid, lo que le dice Franco es: «Nosotros empezamos la lucha contra el comunismo que ahora vosotros encabezáis tan eficazmente». Además, el comunismo se presenta como un enemigo externo; como un enemigo que no es español ni tiene nada que ver con la realidad española sino que responde a consignas internacionales.

-¿Qué zonas sufrieron más virulentamente la represión franquista en este período?

-Es difícil hacer un ránking, pero yo diría que hay cuatro núcleos fundamentales: Madrid, Barcelona, algunas zonas de Andalucía y las cuencas mineras asturianas.

-¿Qué particularidades tuvo, si es que tuvo alguna, la represión asturiana?

-La represión asturiana es una represión muy ligada al centro de la militancia antifranquista en este período, que son las cuencas mineras. Este período es el de acontecimientos tan importantes como las huelgas de 1957 y 1958, la caída de la dirección del partido en 1960 y por supuesto la represión en torno a las huelgas de 1962 y 1963, con episodios muy conocidos de torturas y malos tratos. ¿Fue más intensa la represión asturiana que la de otros sitios? Depende… 

Quizás en algunas coyunturas concretas, como las huelgas, se puede notar una especial intensidad, pero lo mismo se podría decir de Andalucía, donde las redadas masivas de militantes, sobre todo en zomas campesinas, eran frecuentes; o de Cataluña, donde la represión fue también muy intensa y continuada, igual que en Madrid. 

Lo que sí es una característica particular o significativa de Asturias es la represión de los niños de la guerra que llegan a España para contribuir a la reorganización del partido después de sucesivas caídas.

-¿Qué casos concretos de represión le impresionaron especialmente?

-Yo he manejado mucha documentación interna del Archivo del Partido Comunista de España, y me he encontrado con experiencias personales bastante terribles y con grandes episodios de heroísmo, pero lo que a mí más me conmueve es la experiencia de militantes desconocidos que reconocían no haber sabido estar a la altura de las circunstancias en un momento determinado; gente que no resistió las torturas pero no fueron traidores, como alguna vez llegó a caracterizárseles, sino simplemente débiles en una situación en la que era muy difícil resistir ante la violencia policial sistemática, desatada y brutal a que se sometía a los comunistas.

 Yo me he encontrado con cartas de estas personas pidiendo perdón por esas debilidades pero ofreciéndose de nuevo al partido, si el partido así lo consideraba, para continuar con la militancia y la lucha, porque seguían teniendo una convicción férrea y ahora se veían dispuestos a resistir el desafío.

 A mí me impresiona y me conmueve esa gente y también me conmueve la otra; los casos emblemáticos de quienes aguantaron el tipo de una manera ciertamente heroica y particularmente los asturianos: por ejemplo, José María Laso, a quien se dedica el libro, o Víctor Bayón, otra persona a la que yo conocí personalmente y que también resistió con una entereza, una fuerza y un coraje sobrehumanos torturas tremendas.

-La represión que usted disecciona en su libro, ¿era una represión espontánea e indiscriminada o una ya más burocratizada que la del primer franquismo?

-Era una represión ya bastante institucionalizada, sí. A veces se analiza el franquismo como si fuera un todo, y es evidente que el régimen mantiene algunas de sus esencias hasta el final, pero las cosas no son iguales en los años cuarenta que en los sesenta. El régimen, con el tiempo, va modulando sus prácticas represivas en función de las coyunturas y las necesidades. 

De todas maneras, hay que entender una cosa: la represión nunca es indiscriminada, sino que es discriminada por naturaleza. Siempre tiene una función, ya sea obtener información o disuadir, castigar, hostigar o imbuir de miedo a la población para que no se resista. En el momento concreto del que se ocupa mi libro, el régimen necesita mostrar una faz más civilizada tanto de cara al interior (porque empieza a legitimarse ya no sólo sobre la base de la victoria en la guerra civil, sino sobre la de que ha conseguido la paz en España y está consiguiendo un desarrollo económico envidiable) como sobre todo de cara al exterior, porque es el momento en que se está produciendo la unificación europea y en el que España está pasando a ser admitida en instituciones internacionales como la ONU y sus organismos vinculados.

 El franquismo necesita proyectar una imagen respetable, por así decir, con lo cual la represión se sigue manteniendo, a veces de manera bastante intensa, pero se disfraza, se camufla tras una apariencia civilizada y razonable.

-¿Es posible hacer una historia neutral, objetiva o rigurosa de hechos y personajes que uno admira?

-Yo creo que se puede hacer una historia rigurosa y crítica y al mismo tiempo no mantenerse equidistante entre los verdugos y lo que venimos a llamar las víctimas, aunque a mí no me gusta hablar de víctimas, porque es un término que sugiere pasividad. No eran víctimas: eran militantes, combatientes; gente que luchaba y que asumía unos riesgos por luchar. Yo creo que no se puede ser equidistante.

 Sería deshumanizarse; sería como ser equidistante entre los verdugos de los campos nazis y los judíos asesinados. Pero sí que se puede ser riguroso y objetivo. De lo que se trata es de no falsear los datos, de no magnificar ni necesariamente creer a quienes ofrecen su testimonio desde la perspectiva de los vencidos, de analizar rigurosamente esos testimonios y por supuesto de integrarlos dentro de una explicación histórica de carácter general.

Mientras eso se cumpla, no hay por qué obstinarse en mantenerse en un término medio y aséptico, algo que por otra parte no dejaría de ser una especie de apología del régimen; de presentar un régimen brutal casi en términos de normalidad."                 (Entrevista a Francisco Erice,

16/6/17

"El Ejecutivo mexicano está detrás del narcotráfico y de los delincuentes que asesinan periodistas en México"

"M.H.: Quiero empezar refiriéndome a la situación de un país donde usted vivió muchos años, donde tiene un gran reconocimiento intelectual y profesional. Cuando comento que Guillermo Almeyra es miembro de la Academia de Ciencias de México, es uno de los dos cientistas sociales junto a Ana Poniatowska que integran la Academia, mucha gente se sorprende del reconocimiento que el pueblo mexicano le ha hecho. 

En México se está viviendo una situación particularmente grave, es uno de los dos países más violentos del mundo luego de Siria, donde se está desarrollando una guerra y han destruido todo, donde 5 millones de personas han tenido que migrar. Ultimamente en México ha tomado estado público el asesinato de periodistas, en estos momentos hay un periodista que está desaparecido hace varios días.
 
G.A.: Entre los asesinatos últimos está el del compañero Valdez, después de la compañera Miroslava, ambos de La Jornada, periódico en el que trabajo. Él un hombre de izquierda, ella una luchadora permanente por los derechos democráticos que han sido asesinados no por el narcotráfico como pretende el gobierno, sino por el poder y el sistema capitalista. 

El narcotráfico no podría matar si no tuviera la complicidad de los gobiernos estatales y nacional, no podría subsistir si no tuviera el apoyo de EE. UU. que es el principal consumidor y tampoco si se suprimiera el secreto bancario y se controlaran las cuentas, porque el narcotráfico necesita lavar dinero y los bancos lavan el dinero del narcotráfico en México impunemente. 

Ha sido un asesinato del sistema, del Estado y de la delincuencia, del sistema capitalista del cual el narcotráfico es una de las partes porque mueve miles de millones de dólares y del sistema político y de la disgregación del Estado, porque lo mataron a medio día en la calle, y sabiendo que estaba amenazado de muerte no tenía protección. 

Quieren acallar a los que los denuncian y, sobre todo, a las voces del periodismo de oposición, es un golpe contra La Jornada y todos nosotros. Todo demócrata en todas partes del mundo debe denunciar estos asesinatos a periodistas, porque no es un asesinato de un trabajador solamente, que ya de por sí es monstruoso, sino también el asesinato de un trabajador que informa y abre conciencia, es un atentado contra los derechos democráticos y la información. 

M.H.: Ayer nos visitó un compañero que hace cuatro años fue herido con balas de plomo aquí, en oportunidad del desalojo de la Sala Alberdi. Hay tres policías siendo juzgados, hoy se van a conocer los alegatos y esperemos que tengan la sanción que se merecen. 

Pero este periodista atacado, que es de un medio alternativo llamado DTL, denunciaba que se escuchó en el momento de la represión que la orden había sido dada por el Ejecutivo de la Ciudad de Buenos Aires, ni siquiera por la justicia. Esto abona lo que usted está señalando respecto del papel que juega el poder político en este tipo de casos.
 
G.A.: En efecto, es así. La CIDH, que averiguó por ejemplo sobre el caso de los desaparecidos en Ayotzinapa, no pudo investigar a uno de los principales responsables y probablemente la mano concreta que secuestró y asesinó, no pudieron entrar en los cuarteles del Ejército de Iguala, no pudieron hablar con ninguno de los militares. 

El Poder Ejecutivo está detrás del narcotráfico y detrás de los delincuentes que asesinan. En México ya hay varios gobernadores pertenecientes al partido gobernante que están presos por narcotráfico, uno de ellos viene del PRI y está preso desde hace años; era el gobernador de Quintana Roo y un agente de narcotráfico en Colombia y en EE. UU.
Hay una polución, es un problema político, por eso la gente une el “Los queremos vivos” con “Fuera Peña” y con “Fue el Estado”, reconoce que son el Estado capitalista y el Presidente los responsables."                                      (Entrevista a Guillermo Almeyra, editorialista internacional de La Jornada (México), Mario Hernandez , Rebelión, 15/06/17)

15/6/17

Seis personas fueron ejecutadas en abril de 1940 durante los actos previos a la fiesta de la Unificación Falangista de València, delante de numerosos niños que iban esa mañana al colegio Cervantes

"Hacía un año que el dictador había dado por concluida la Guerra Civil, pero el goteo de cadáveres por la represión franquista era constante. Corría abril de 1940 y València se preparaba para celebrar la gran fiesta conmemorativa de la Unificación Falangista, una concentración de 250.000 falangistas con aportaciones de delegaciones nazis y fascistas italianos.

Según detalló ayer durante una conferencia ofrecida en Godella Xavier Costa, sociólogo y profesor de la Universitat de València, en el cap i casal se dieron cita los altos mandos de Falange, entre ellos el ministro Serrano Suñer.

Antes del día grande, 21 de abril, se organizaron en las comarcas diferentes actos para «exhibir poder» y «mostrar que los valencianos eran fieles y disciplinados», apunta Costa. En los acontecimientos previos se produjo el fusilamiento de media docena de personas en Godella.

El sociólogo incide en la «pugna» existente entre la cúpula de la Falange y una parte del ejército. «Mi hipótesis es que el General Aranda, distanciado de los falangistas, Capitán general y responsable de las ejecuciones en esta Región Militar, podría haber jugado un papel importante», explica.

El fusilamiento fue excepcional al sacarse de su lugar habitual de Paterna, y realizarse el 15 de abril, un día después del Aniversario de la República, que aquel 1940 fue domingo. «Probablemente Aranda querría recordar simbólicamente que el mérito de la 'victoria' sobre la República fue obra de los militares sublevados, y no podía apropiarselo la Falange», señala el profesor.  (...)

«Las víctimas fueron trasladadas en camiones y custodia motorizada desde la Modelo hasta la Plaza de la Ermita. El fusilamiento se produjo entre las ocho y las nueve de la mañana del 15 de Abril en el antiguo paredón del chalet situado en el número 9 de la Plaza de la Ermita», afirma.  (...)

Un testigo clave 

Durante sus indagaciones logró dar con algunos testigos de la ejecución, que relataron que había unos 40 o 50 adultos asistentes, así como numerosos niños que iban esa mañana al colegio Cervantes. «Uno de aquellos escolares recordaba que pusieron las víctimas de espaldas cara al muro, pero que uno se giró y dijo 'Viva la República'. 

Otro testigo explicó cómo al salir del corral donde cuidaba las vacas de la familia para traer la leche a la tienda, se encontró en la Plaza de la Ermita con el momento de rematar, de dar el tiro de gracia. 

Cuando llegó a la tienda con la leche para vender, se encontró a la mujer de uno de los fusilados que iba a comprar leche a esa hora, y no sabía que acababa de morir su marido a unos cien metros», indica Costa. Este testigo ha permitido conocer muchos detalles del desgarrador episodio. 

Inicialmente los cuerpos fueron sepultados en una fosa dentro del Nuevo Cementerio de Godella, donde todo indica que continúan."                (Levante, 05/06/17)

14/6/17

El cura que daba el tiro de gracia era Esteban Esteban Esteban (hijo de dos primos)

"(...) En esta esquina del cementerio civil desde donde tecleo se daba el tiro de gracia a los fusilados. Hace un par de días, David (el guarda forestal de Linares) pasó el detector de metales debajo de mis pies y encontró una veintena de ojivas de pistola 9mm y rifle Máuser. 

María, nieta de un fusilado, recuerda jugar de pequeña en un montón de tierra gigante: “Esa arena que estáis sacando de la Fosa 1 estaba aquí en medio cuando yo era pequeña”.

Según numerosos testimonios, el cura que daba el tiro de gracia era Esteban Esteban Esteban (hijo de dos primos). Era manco de la mano derecha, y llevaba siempre un guante negro, cuentan. 

Casualmente nos comentan los forenses que todos los cráneos exhumados en la Fosa 1 aparecen con un orificio de entrada que indica que el ejecutor era zurdo. Esteban Esteban Esteban está enterrado en la parte católica del cementerio, a sólo 100 metros de sus víctimas. Murió en 1982, tan ricamente. Amnistiado. (...)

Mientras termino de escribir esta crónica aparece Julio, sobrino de uno de los fusilados. Me cuenta que, cuando era niño, mujeres católicas se acercaban a la tapia de esta parte del cementerio para insultar a los muertos, a los fusilados, a los que habían perdido la guerra.

 Él se escondía entre los rastrojos que cubrían las fosas comunes. Hasta la llegada de la democracia, aquello era un estercolero, y los familiares de los fusilados lanzaban flores por encima de la tapia; eso sí, de noche y mirando a todas partes para no ser vistos. (...)

También pasa junto a mi mesa Carmen. Su abuelo era concejal socialista de Valdeconcha (Guadalajara), un campesino que no luchó en la guerra (por edad). Dedicó la vida a trabajar en el campo y daba de comer al que no tenía nada. Le avisaron de que no volviera a su pueblo tras la victoria franquista, pero él quería despedirse de su madre y fue. Le dijo: “Hazme un huevo frito con chorizo que me van a matar”. 

Lo apresaron, se lo llevaron a la cárcel de Guadalajara y de ahí al paredón de fusilamiento delante de la Fosa 1. Igual que a Timoteo Mendieta. Carmen está haciendo el trabajo de investigación que su madre no se atrevió a hacer por miedo. El eterno miedo, el todo atado y bien atado, el larguísimo tiempo de silencio. (...)

PD: Durante la exhumación de la Fosa 1 se acercó un sindicato noruego de electricistas a entregar unas rosas y ver de cerca este microcosmos del genocidio franquista (ellos son los que más dinero aportan a la exhumación de la ARMH). Ningún cargo de la UGT pisó el cementerio, cuando curiosamente la mayoría de los fusilados de esta fosa tenían esa filiación sindical. Al parecer, hay semillas que no terminan de brotar."               (Willy Veleta , Ctxt )

13/6/17

Tenía 25 fracturas de costilla. El ser humano tiene 24 costillas. Hace falta mucha saña para 25 fracturas de costilla. No se trata de una paliza, ni siquiera de una sola sesión de tortura. “Le pegaron durante meses seguidos con ganas”

"(...) Los forenses recuerdan uno de los esqueletos exhumados en la Fosa 1. Tenía 25 fracturas de costilla. El ser humano tiene 24 costillas. Hace falta mucha saña para 25 fracturas de costilla. No se trata de una paliza, ni siquiera de una sola sesión de tortura. “Le pegaron durante meses seguidos con ganas”, explica Owens.

 “Tenía fracturas medio curadas y sobre ellas otras nuevas, partidas de nuevo, y fracturas en las vértebras, en el codo derecho, en las piernas. Todo fracturado, todo desastre. Hay que recordar que utilizaban este tipo de política para su venganza personal. ¿Murió esta persona? No. Lo dejaron ahí en la cárcel y volvieron de vez en cuando y le pegaron, y le pegaron, y le pegaron… y lo mataron”.  

El hombrón apoya la mano en la parte superior del cráneo que está fotografiando: “Era un individuo muy normal, un hombre más. Había perdido ya varios de sus dientes a sus 35 años, me temo que mucha azúcar. Los españoles comen demasiada azúcar. Aparte de eso, era alto, sobre todo para esa época, más o menos 1,75.

 Era muy fuerte, se puede ver que los músculos eran muy grandes. No era siniestro, era amplio. Durante su vida, alguien se había peleado con él, y le fracturó la nariz. Pesaba unos 80 kilos. Los demás, en general, tienen más señales de tortura prolongada que él. Quizás sea porque era muy grande y le tenían miedo. 

Lo sacaron un día, pusieron una pistola de bala pequeña al lado izquierdo de la cabeza y lo mataron. Era tan fuerte y su hueso del cráneo era tan grueso que, al contrario de lo que pasa con otros individuos, la bala ni pudo expulsar el fragmento de hueso de salida. Era un tipo con buena salud, que podría haber ayudado mucho a su país, pero… se acabó”.

“Veo muchas cosas a las que España debería mirar y no lo hace. Veo a un hombre… ¡Era un hombre! Pero la gente acostumbra a pensar ‘Oh, no, no hay que pensar en eso, no hay que molestar a los muertos, porque al fin y al cabo son historia…’. ¡No! Sí hay que molestar a los muertos, sí hay que verlos. 

El problema es que la mayoría de gente no se ha enfrentado a la violencia de esto, no sabe realmente lo que significa. Estas personas no eran soldados, no eran guerreros, eran muy normales, vivían en sus casas, tenían sus trabajos y llegó un día el ejército, o quien fuera, los sacaron, y los mataron, y los dejaron aquí… y nadie ha asumido esa responsabilidad durante 80 años. Eso es lo que veo”.
Mirar a nuestros muertos, escuchar lo que cuentan sus huesos.

Y Owens, que ha pasado por Ruanda, Zimbabue, Sudáfrica, Perú, Bolivia, Chile, Israel o Egipto, se revuelve contra lo que ve en Guadalajara, no da crédito. Eso cuentan los huesos.

 En la salita contigua, sobre los huesos pulcramente ordenados del Individuo 23, Tatiana Bleming conversa con lo que fue un hombre en la treintena. Con él no se ensañaron, pero le dieron dos tiros finales. Uno le reventó las cervicales 5 y 6, el otro le cruzó el cráneo. 

“Todo esto que estoy viendo me parece muy violento. Prácticamente todos los esqueletos que estamos sacando tienen heridas de bala. La mayoría, además, tiene otras fracturas, no podemos determinar si fueron justo antes de la muerte o todavía cuando estaban en la cárcel”.  (...)

Adam Burr es un veterano de sesenta y muchos con cara luminosa, que lleva más de 15 años tratando con huesos. “En cuanto al trauma”, explica con serenidad, “lo que normalmente hemos estado viendo son disparos a la cabeza. 

Uno o dos, en general. Pero este individuo es peculiar, porque no tiene ninguno. Entonces nos preguntamos ¿dónde puede estar la muerte? Cuando estuve ordenando las vértebras, de repente encontré que las cervicales 3 y 4, situadas en el cuello, estaban destrozadas. Y aquí está la mandíbula”. 

El hombre muestra las dos partes en las que está dividida la mandíbula, las toma y las junta. Cuando casan, en el centro, justo en medio de la barbilla, aparece un agujero perfecto menor que una canica. 
Entonces, agarra con la mano izquierda la mandíbula ya unida, se la sitúa frente a la cara como quien coge del mentón el rostro que va a besar, coloca la derecha en forma de pistola y, “pum”, dispara. 

“Fue un tiro en la cara, en la mandíbula, que entró por el mentón y salió por el cuello. El disparo entra limpio, de ahí este agujero, pero sale abriendo el destrozo. Es algo difícil de ver, pero aquí está y es lo que es. Y no hay ningún otro trauma en ningún otro sitio. O sea, que aquí tenemos a un joven al que alguien miró a los ojos y disparó a la cara”. 

Si le preguntas qué ha visto en las exhumaciones del Cementerio de Guadalajara, responde: “He visto un montón de asesinatos. Es todo lo que puedo decir. Muchos asesinatos”. Es el único momento en el que una sombra cubre la luz de su cara.   (...)

Un veinteañero a quien alguien disparó mirándole a los ojos, un hombretón cuyo cráneo ni la bala pudo destrozar, un torturado molido durante meses y vuelto a moler, el hombre joven que recibió un tiro en el cuello y otro en la cabeza, quién sabe si por falta de pericia del asesino o simplemente por saña.  
 Eso cuentan los huesos que no queremos oír. (...)

¿Por qué no lo hemos hecho? ¿Por qué no lo hacemos? ¿Por qué no hemos escuchado a los huesos?
“Los 40 años de Dictadura más los 40 de Democracia son 80 años que han pesado sobre la población en muchos sentidos. En el miedo continuado en la población que sí sufrió directamente las consecuencias de la Guerra y la posguerra, y también en el olvido generado a través de la educación, de la sociedad etcétera, el no querer hablar de esto. El miedo es una de nuestras principales dificultades cuando estamos trabajando.

 Hace que la gente no se atreva a hablar cuando llegas a un pueblo para preguntar dónde están las fosas, quiénes pueden estar en ellas y demás. El miedo te lo encuentras en los familiares, que muchas veces vienen a reclamar y te cuentan que no lo han hecho durante años porque tenían miedo, no solo de lo que dirían sus vecinos, sino de lo que dirían sus propios familiares. El miedo sobre todo de la población en general: ¿Qué pasa si estás abriendo fosas?”. 

René Pacheco sabe de qué habla. Aún recuerda la primera vez que le dijo a su madre que iba a exhumar una fosa común de la Guerra Civil. “Lo primero que se le ocurrió decirme fue: ‘René, ¿y no te va a pasar nada?”."                       (Cristina Fallarás, CTXT, 31/05/17)

12/6/17

En Cintruénigo el tambor de Antonio Martínez Caracciolo avisaba a los vecinos de que las viudas de los fusilados iban a aparecer en público, “y así podían salir a insultarlas”

"(...) Militante del PCE y de la UGT, Camino Oscoz Urriza fue asesinada el 10 de agosto de 1936, a los 26 años. Los franquistas arrojaron el cuerpo de esta maestra –la única liquidada en Navarra- al vacío desde el balcón de Pilatos, actualmente en el Parque Natural de Urbasa-Andía.

Fue trasladada en automóvil por unos falangistas, pero antes había permanecido en la prisión de Pamplona. Posiblemente fue torturada, aunque resistió hasta el final: nunca se arrepintió ni pidió perdón por sus ideas.

La joven de izquierdas también participó en el Socorro Rojo Internacional, organización de apoyo a presos y refugiados constituida por la Internacional Comunista en 1922. El libro “Camino Oscoz y otras historias del 36” (Cenlit), del escritor Joseba Eceolaza, toma la historia de esta mujer represaliada como punto de partida para abordar la represión franquista. (...)

El bando faccioso arrasó en Navarra, donde no tuvo una sola baja y liquidó a 3.452 personas, con urgencia y especial encarnizamiento, sobre todo en el verano de 1936. Eceolaza llama la atención sobre la invisibilización a la que se ha sometido a las mujeres, incluso en ocasiones por quienes reivindican el derecho a la memoria. Muchas veces eran las viudas quienes tenían que afrontar las consecuencias de la represión.

Ocurrió, entre otros muchos, con Francisco Castro Berisa, herrero, socialista y alcalde del municipio navarro de Azagra. Tras un consejo de guerra, fue fusilado en Pamplona en febrero de 1937. Cuatro años después de la ejecución, fue condenado a indemnizar al Estado con cinco pesetas por perjuicios, así como a una sanción a diez años de destierro, por la que no podía residir a menos de 50 kilómetros de Azagra.

La batalla por la memoria ofrece un repertorio de episodios singulares. En Cintruénigo, municipio hoy con 7.800 habitantes, el tambor de Antonio Martínez Caracciolo avisaba a los vecinos de que las viudas de los fusilados iban a aparecer en público, “y así podían salir a insultarlas”, señala Joseba Eceolaza.

Las mujeres lucían la cabeza rapada, y previamente se les había forzado a ingerir aceite de ricino. Hasta el pasado cuatro de noviembre, cuando el pleno del Ayuntamiento decidió por unanimidad la revocación, la Escuela de Música de Cintruénigo llevaba el nombre de Antonio Martínez Caracciolo.

El autor pretende en el libro deshacer varios mitos. Uno entre otros, presente sobre todo en los pueblos más pequeños, es el que asegura que las muertes por la guerra del 36 obedecen a envidias y rencillas. “Se trata de un relato franquista para desideologizar los asesinatos”.

Pero en Navarra, “el 70% de los fusilados tenían militancia política, en los diferentes partidos de izquierda; aquí no hubo dos bandos, ni trincheras, ni resistencia”, asegura Eceolaza. Asesinatos como el de Camino Oscoz pretendían servir de ejemplo.  (...)

Mujer de coraje y gran vitalidad, el libro recoge algunas de las misivas de Camino Oscoz, como la que escribió con 25 años al escritor Pío Baroja y otra en la que pedía materiales para la escuela. Su resistencia inquebrantable permite trazar un paralelismo con otra mujer, Matilde Landa (1904-1942), también militante del PCE y activista del Socorro Rojo Internacional.

 Sometida a consejo de guerra en diciembre de 1939 por adherirse a la “rebelión”, resultó condenada a muerte, aunque después se le conmutó la pena. En agosto de 1940 ingresó en la cárcel de mujeres de Palma de Mallorca. Matilde Landa terminó suicidándose, pero rechazando hasta el final el arrepentimiento y el bautismo.  (...)

En el libro “El holocausto español” (Debate, 2011), el historiador Paul Preston se refiere a las circunstancias de Navarra. Explica episodios como el del 23 de agosto de 1936, cuando el obispo de Pamplona, Marcelino Olaechea, presidía una procesión muy concurrida que rendía honores a la virgen de Santa María la Real.

 Durante el acto, una partida de falangistas y requetés sacó de la prisión a 52 detenidos. Los historiadores también apuntan lo sucedido en las afueras del municipio de Caparroso: la mayoría de los presos, entre ellos el dirigente socialista Miguel Antonio Escobar Pérez, fueron asesinados. Las escabechinas se sucedieron en el año del golpe fascista. 

El 21 de octubre fue en un pequeño pueblo, Monreal, al sudeste de Pamplona, cuenta Preston. Esos días, en el funeral por un teniente del requeté (paramilitares carlistas) celebrado en el municipio de Tafalla, la turba se dirigió a la prisión con la idea de linchar a más de un centenar de detenidos. La guardia civil impidió que se consumara la degollina. A los tres días, 65 de los reclusos fueron trasladados de madrugada a Monreal, donde una partida de requetés procedió a ejecutarlos.  (...)"          (Enric Llopis , Rebelión, 01/06/17)

9/6/17

“La última vez que vi a Ignacio estaba consciente, en el suelo y con el patín en la mano”

"Guillermo Sánchez conoció a Ignacio Echeverría en uno de los skateparks de Londres, a principios del curso pasado. Compartían la afición por el patinaje y solían quedar a practicar. La tarde del atentado de Londres se encontraron junto al Tate Modern, a unos dos kilómetros y medio del Borough Market, donde se toparon con los terroristas.

 Sánchez había llegado más tarde y sin patín porque no se encontraba bien, pero Javier —un tercer amigo español— e Ignacio llevaban ya tiempo allí grabando algunos trucos, cuenta este estudiante de 25 años por teléfono. Cuando les entró hambre, Sánchez sugirió un restaurante por la zona de Whitechapel y los tres emprendieron un camino que no llegaron a terminar.

 
  Foto: Ignacio Echeverría  


Cogieron una de las bicicletas públicas que hay repartidas por la ciudad. Ya en Borough Market, vieron a un hombre que se tambaleaba y parecía estar "borracho". Eso fue lo que les detuvo.
El amigo del español fallecido recuerda que se pararon en fila india, con Echeverría a la cabeza, seguido de Sánchez y de Javier, cada uno con su bicicleta. Fue entonces cuando vieron aproximarse lo que en un principio creían que era una pelea. Un instante después, un policía pasó corriendo, alcanzó la reyerta y se desplomó.
 A su lado, una mujer recibía lo que califica de puñetazos —ahora entiende que eran cuchilladas—. "Me estoy fijando en ella y, de repente, veo a Ignacio que está allí y comienza a pegarles con el patín", afirma Sánchez. "Entonces cae al suelo, no sé cómo, no sé si porque se resbala o lo que sea, pero se cae", prosigue.
Tras unos "microsegundos", se aproximó hasta donde yacía su amigo "bocarriba" y vio cómo uno de los atacantes le asestó un "cuchillazo" en el costado. En ese momento él no oyó ningún disparo. "Yo no vi que le dieran más cuchillazos", explica. Luego uno de los terroristas miró a Sánchez y le gritó algo que no entendió. 

Lo tenía a un metro y medio. Javier estaba algo más retrasado. Los otros atacantes se mantenían juntos, cerca de Echeverría —duda entre dos o tres—. "Lo último que recuerdo es a Ignacio consciente, tumbado bocarriba agarrando el patín". En ese momento él no oye ningún disparo.

Ante el miedo de que los atacantes se abalanzaran sobre él y "temiendo por su vida", Sánchez les tiró una de las bicicletas y salió corriendo junto a Javier. "Llevaban cuchillos jamoneros", manifiesta.

 Fue la última vez que vieron a Echeverría. En aquel momento no era consciente de si aquello se trataba de un ataque terrorista o de otra cosa; siguieron la carrera entre la “marabunta” de gente, hasta que pensaron en volver a por su amigo. Pero ya era tarde. La policía les impidió el paso.

Los agentes les llevaron a un bar, donde permanecieron unos minutos junto a más viandantes. Sánchez pensó que la policía no sabía qué estaba pasando y trató de apercibirles. “Yo sé quiénes son. He estado ahí. Sé lo que está pasando”, les gritó. Mientras estaban en el local, escuchó algunos disparos. Tras dejarles salir, la policía les mandó salir corriendo.

Juntos y en estado de shock, Guillermo y Javier comenzaron a llamar a la Embajada y a números de emergencia que aparecían en los medios para localizar a su amigo. Acordaron no avisar a la familia de Echeverría para "no alertarles" innecesariamente. 

A la mañana siguiente y al verse sin noticias de su amigo ni de las autoridades, decidieron poner en conocimiento de la situación a sus allegados. Buscaron a una de las hermanas por Facebook y le contaron lo ocurrido. Desde entonces se han mantenido en contacto por teléfono con ella y con otros parientes del hasta hoy desaparecido.

Hasta este miércoles por la mañana, cuando Sánchez ha contado a EL PAÍS su testimonio, no conocía a los familiares de su amigo Ignacio físicamente. Pero se disponía a hacerlo y había quedado con uno de sus hermanos unas horas más tarde. Poco después, una de las hermanas comunicó en su perfil de Facebook que Echeverría había sido identificado como una de las ocho víctimas mortales del atentado terrorista.

Joaquín Echeverría ha contado a EFE que en el encuentro que mantuvo este miércoles con los amigos de Ignacio volvieron a relatarles con más calma los últimos momentos de su hermano. "Estaban hechos polvo y nos pedían perdón. Y les hemos tranquilizado", ha manifestado."               ( ,  El País, 08/06/017)

8/6/17

El bombardeo de Almería por la marina de Hitler

"El gran arquitecto local Guillermo Langle, constructor después de cuatro kilómetros y medio de refugios bajo el subsuelo de Almería, rescató de los escombros con sus propias manos el macilento cadáver de una mujer embarazada, asesinada por un obús. A la niña iban a llamarla Paz... para siempre arrebatada por genocidas nazis y sus cómplices clerical-franquistas.

Primer bombardeo indiscriminado sobre la ciudad de la Alcazaba, machacando a civiles indefensos. La aviación republicana había atacado por error en las proximidades de Ibiza a un acorazado alemán, ilegalmente ubicado allí, tomándolo por un buque de guerra de los golpistas. 

El tirano sanguinario Hitler al principio quiso en represalia cañonear Valencia, provisional capital del gobierno, pero sus asesores le convencieron de que la operación de castigo, denominada 'Bösser Wolf' (Gran lobo feroz), fuese sobre un puerto de menor relevancia. Se decantaron por el de Almería.

Cuatro modernos destructores capitaneados por el acorazado Admiral Scheer, el 31 de mayo de 1937 del Horror a las 7:29 de la mañana, vomitaron su asesino estrépito sobre las instalaciones y edificaciones de la urbe mediterránea. Doscientas tandas de proyectiles en batería se ensañaron sobre los desprevenidos vecinos en un amargo despertar, incendiándose gran número de inmuebles. 

Un Terror dantesco, en el que no se debe olvidar la intervención de los hidroaviones germanos ametrallando. Cincuenta y cinco heridos, decenas de muertos entre ellos niños, y cerca de cincuenta viviendas arrasadas. 

Muchos más ataques se sucederían después contra Almería durante la guerra contra la sedición franquista, en una ciudad por entonces de refugiados, en especial de Málaga, Granada y otros lugares de Andalucía; no obstante la terrible virulencia de esta agresión no admite parangón con otras durante ese período.

 El mercado, la Escuela de Artes, la Estación de tren, un par de hoteles, un banco, el propio Ayuntamiento, la catedral de Almería y la iglesia de san Sebastián resultaron dañados. El universal poeta Pablo Neruda incluso dedicaría unos estremecedores versos a esta brutalidad homicida nazi.

Causa envidia que en el ochenta aniversario del bombardeo sobre Gernika se hayan sumado en Euskadi todas las fuerzas políticas, las instituciones sin excepción, se ha invitado a figuras internacionales, se han organizado eventos conmemorativos con colectivos sociales, han acudido  hasta descendientes de las víctimas, incluso parientes de los pilotos... y eso que los nazis teutones de la Legión Cóndor actuaron sin distintivos identificativos, como fuerza de apoyo clandestina parafascista, y podrían no haberse dado por concernidos.

Muy al contrario, en una Almería no precisamente con una Administración municipal pobre, con veintiséis millones € reconocidos de superávit en 2016 -derivados para enjugar el déficit del Estado por ley, no para reinversión local o paliar carencias-, excepto la pantomima de un tímido recordatorio por parte de la Junta de Andalucía, no se hará nada significativo. 

Y eso que en el caso almeriense la bestialidad se ejecutó en nombre de un Estado extranjero... al que ni siquiera el Consistorio ha instado oficialmente a pedir perdón. No importa, como se trata de parias 'lagañosos' ningún alemán se sentirá motivado para condolerse o reconciliarse. Y menos su gobierno hediondo de usureros filototalitarios. Todo gracias a un desaprensivo regidor. (...)"         (Al-Hakam Morilla Rodríguez , Rebelión,  31/05/17)