28/4/17

Él se lo cuenta todo, la sirena que oye a lo lejos como acompañando la ardua labor que lleva a cabo, la cama dura, el hambre angustiosa, la inspección de los piojos “y el kapo que me ha golpeado en la nariz y me manda a lavarme porque sangraba“

"Tal vez una de las razones por las que el superviviente del Holocausto de origen italiano vivió hasta la década de 1980 - a diferencia de sus homólogos de habla alemana, que rápidamente se quitaron la vida - se debió a que escribió en su lengua materna. Sin embargo, finalmente, el famoso autor sufrió el mismo destino.

Cuando estaba en Auschwitz, el autor judío-italiano Primo Levi tenía una pesadilla recurrente que relata en su libro “Si esto es un hombre” (1947). Regresa a casa; su hermana, amigos y desconocidos lo rodean y escuchan su historia. Y él se lo cuenta todo, la sirena que oye a lo lejos como acompañando la ardua labor que lleva a cabo, la cama dura, el hambre angustiosa, la inspección de los piojos “y el kapo que me ha golpeado en la nariz y me manda a lavarme porque sangraba“.

En el sueño, Levi experimenta un placer corporal, inexpresable en palabras, al estar en casa, entre amigos, compartiendo con ellos todos los detalles de su sufrimiento diario en el lager (campo de concentración) - hasta que se da cuenta que sus amigos le escuchan sin ningún interés, algunos de ellos incluso conversan entre si; al final, su hermana se levanta y se va, imperturbable.

 “Una pena desoladora nace en mí en ese momento, al igual que ciertos dolores apenas recordados de mi primera infancia. Es el dolor en su estado puro, no atemperado por un sentido de la realidad y por la intrusión de circunstancias externas, como el que hace llorar a un niño“, escribe.

Para escapar del dolor causado por la indiferencia de sus amigos y familiares cuando les relata su historia, Levi se despertaba cada vez a la realidad, a su litera de madera en Auschwitz, que en aquellos momentos encontraba más soportable que la realidad de sus sueños.

Después de la liberación y de su regreso a casa en 1945, Levi hablaba y hablaba y hablaba. Habló en escuelas, dio conferencias ante diversos públicos, y sostuvo conversaciones interminables destinadas a la prensa y la radio, hasta sus últimos días.

 Transmitir su sufrimiento a los demás en la primera persona, de forma directa, constituía una especie de nudo doble: Por un lado, hizo posible que el mundo de los campos continuase marcando su vida. Por otro lado, la repetición de cada detalle en su memoria hizo posible que exorcizase el dybbuk (el alma en pena de los muertos) que llevaba dentro y rescatarse de la pesadilla recurrente.

Este es el enfoque de las obras de Levi que no son de ficción, entre ellas “Si este es el hombre”, un relato de su año en Auschwitz; “La tregua”, que relata su liberación y regreso a casa; y, finalmente, “Los hundidos y los salvados”, publicado un año antes de su muerte en 1987. 

Esta trilogía de memorias (publicada en castellano por El Aleph editores, con traducción de Pilar Gómez Bedate) ayudó a Levi a atravesar el vacío del desierto de la indiferencia, donde vagó durante unos 40 años, desde el día en que fue liberado del campo hasta el trágico final de su vida en un vulgar edificio de apartamentos en el Turín en el que nació y vivió, y del que saltó hacia su muerte una mañana, cuatro días antes de Pesaj.

Antes de Levi, muchos otros pensadores y escritores se habían suicidado - intelectuales judíos que fueron testigos de los años del exterminio, y algunos de los cuales también lo habían experimentado en su carne. Entre ellos, Stefan Zweig y Jean Améry (Hanns Chaim Mayer), que escribió en su libro “En los límites de la mente”: “Un conjunto especial de problemas en relación con la función social o - no importa hacia que se volviera, no le pertenecía a él, sino al enemigo “.

Si en este punto me atrevo a ofrecer una respuesta tentativa, dubitativa a la inquietante pregunta de por qué los demás se quitaron la vida durante la guerra o poco después de que acabara, mientras que Levi sobrevivió cuatro décadas - yo respondería que el idioma jugó un  papel importante. Levi creía que su limitado conocimiento del alemán lo salvó de la muerte en el campo, ya que le ayudó a conseguir un trabajo. 

Pero a diferencia de otros, para quienes era su lengua materna y la lengua primaria cuando se trataba de la poesía, la literatura y la filosofía, Levi pudo abandonarla inmediatamente después de su liberación. Cuando el escritor judío-austríaco Karl Kraus dijo del Tercer Reich que cuando ese mundo surgió a la vida, murió el habla, es probable que quisiera referirse a la muerte (temporal) de la lengua del genocidio.

Almas ilusas

Levi nació en Turín, en la región del Piamonte, en el norte de Italia, en un mundo de judíos laicos italianos. Su familia era liberal, sus padres eran muy instruidas, su casa era una casa burguesa europea. Leían, escuchaban música, tocaban instrumentos musicales, aprendían otros idiomas. Asistió a una prestigiosa escuela secundaria local donde destacó por su inteligencia, su corta estatura y su condición de judío. 

Levi era delicado y tímido, y durante el período en que sufrió las burlas de sus compañeros, se encerró en sí mismo aún más. Más tarde definió esa actitud hacia él como “especialmente antisemita.”

A principios de la década de 1930, los judíos de Italia eran unos 50.000. La gran mayoría de ellos, entre ellos el padre de Levi, apoyaron al gobierno fascista hasta que en 1938 el Ministerio del Interior redactó las regulaciones anti-judías, a las que se añadieron una serie de órdenes de marginación en la vida pública que rápidamente se convirtieron en leyes raciales.

En 1943, Levi y algunos de sus amigos formaron un primitivo grupo de partisanos antifascistas e intentaron unirse al movimiento de resistencia. Su entrenamiento era patético, no estaban adecuadamente equipados y pronto fueron capturados por la milicia fascista. Durante el interrogatorio, Levi confesó ser judío y fue enviado al campo de concentración de Fossoli, donde las condiciones eran decentes.

 Dos meses más tarde, a mediados del mes de febrero, soldados de las SS tomaron el mando del campo y ordenaron a todos los judíos que se preparasen para un viaje que duraría unas dos semanas. “Sólo una minoría de almas ingenuas y engañadas mantuvieron la esperaza; nosotros, los demás, a menudo habíamos hablado con los refugiados polacos y croatas y sabíamos lo que significaba la partida”. 

Pasó un total de 11 meses en Auschwitz hasta que el campo fue liberado por el Ejército Rojo. De los 650 judíos italianos que formaron parte del convoy de transporte en el que llegó, solo “tres de nosotros volvimos a casa”, cuenta Levi. “Estos son los hechos despreciables y valiosos.”

A menudo se le preguntó si se habría convertido en escritor si no hubiera sido por haber sobrevivido a Auschwitz. A lo que él respondia que, como nunca había vivido una vida en la que no hubiera estado en Auschwitz, no tenía forma de saber lo que hubiera ocurrido en esa otra vida. 

En cualquier caso, y a pesar de su modestia, Levi, que ya de niño había planeado ser un científico y era químico antes de ser enviado al campo de exterminio (llamó a sus primeros libros, casuales) – se convirtió en el mayor escritor del Holocausto y uno de los gigantes de la literatura del siglo XX. No hay nada comparable a su punto de vista como testigo-narrador, conformado por su formación como químico, su tendencia a participar en la observación científica, y su modesto y suave carácter, impregnado todo ello con el deseo de contar historias.

 Su escritura está llena de observaciones refinadas y precisas. Lo hace como alguien que está llevando a cabo el juicio de los asesinos ante el tribunal de sus lectores, y las maniobras de su prosa, entre la omnipotencia de la materia abordada y la suavidad de su expresión en el lenguaje.

Levi encontró y adoptó una voz tranquila y devastadora en su cortesía y una prosa medida y distante. Con una curiosidad intacta a pesar de su experiencia, informa sobre sus resultados en el laboratorio en el que se llevó a cabo un experimento biológico y sociológico multidimensional, en el que fue a la vez científico y ratón de laboratorio.

Y, sin embargo, Levi creía que a pesar de su singularidad, Auschwitz era un subproducto de la degeneración de la cultura occidental, la fruta podrida de su filosofía de la que todos, italianos, alemanes, judíos y cristianos, y los nazis eran responsables . Y, por lo tanto, cualquiera tiene que sentir esa responsabilidad humana compartida, porque Auschwitz fue producto de los seres humanos, y todos somos seres humanos.

 Este fue un reconocimiento brutal de algo que muchos todavía rechazan con una ira auto-justificativa - entre ellos las falanges de los “no hay nada que comparar” -, pero Levi, quien reconoció el Holocausto en su singularidad humana y como evento histórico, también reconoció la borrosa frontera entre la víctima y el verdugo.

Así, sus relaciones con el Estado de Israel eran entusiastas pero torturadas. Levi no era neutral o indiferente. Sentía una profunda conexión con los otros sobrevivientes del Holocausto que encontraron refugio en Israel. Sin embargo, cuando se trataba del conflicto palestino-israelí, sus opiniones estaban cerca de la “izquierda” – ese grupo perseguido, objeto de profundo odio en la sociedad israelí actual.

 La Guerra del Líbano y la masacre en 1982 en los campos de refugiados de Sabra y Chatila le hicieron hablar públicamente por primera vez y exigir el cese del primer ministro Menachem Begin, a quién consideraba un “fascista”.

Levi también firmó una petición que exigía que Israel se retirase del Líbano, pidió una solución al conflicto regional que reconociese los derechos de todos los pueblos a la soberanía y la seguridad nacional, y contenía unas líneas proféticas acerca de la naturaleza de la democracia israelí, en la que prevalecían tendencias hacia un separatismo muy peligroso que serían mortales en el caso de la anexión de Cisjordania.

En 1984 Levi señaló que el deterioro de la vida política en Israel le resultaba insoportable. Él, que había dicho que “los oprimidos de hoy son seres humanos como nosotros” - lo que significa que alguien que está oprimido puede llegar a ser un opresor - ahora tenía que ser testigo de la transformación a la inversa.

 Por lo tanto, creía que el papel de Israel como centro unificador del judaísmo estaba en declive y que el centro se había desplazado a la diáspora, donde sería preservado mejor que hasta entonces. Si era así, entonces la loca idea de que la realización de la opción sionista y la inmigración a la Tierra de Israel podía dar a un judío universalista como Stefan Zweig una razón para vivir, estallaba a la luz del dolor y el sufrimiento que el estado sionista causó a Levi (y a otros intelectuales judíos) en los últimos años de su vida.

Y aquellos años fueron amargos. Levi se hundió en una depresión severa de la que, en última instancia, no logró liberarse. Los sobrevivientes, escribió a una amiga, en realidad no sobreviven, pero sólo parecían haberlo hecho. 

La mañana del sábado 11 de abril de 1987, el conserje de su edificio de apartamentos tocó el timbre de la puerta del “Dr. Levi” para entregarle su correo, que aceptó, como todos los días, con una sonrisa. Unos minutos después regresó a su portería y oyó un ruido terrible. Salió y encontró el cuerpo ensangrentado y aplastado de Levi en la parte inferior de las escaleras, donde permanecía cuando su esposa regresó de hacer sus compras en el barrio.

“Me parece que he vaciado el depósito de lo que tengo que decir y de las historias que tengo que contar”, dijo Levi poco antes de su muerte. Nunca sabremos si tenía razón. Sin embargo, las cosas que dijo sobre Franz Kafka, con algunos pequeños ajustes, expresan mis propios sentimientos sobre él desde la primera vez que abrí “Si esto es un hombre” y empecé a leerlo: lo amo y tengo miedo de él como lo tendría de un profeta que está a punto de anunciar el día de mi muerte."             (Iris Leal

27/4/17

Guerrilleros: “Me quedo a que me maten a palizas o subo al monte una temporada y a ver si me escapo a Francia”, no tenían más elección

"Anochece y el cuerpo de un hombre yace sobre un charco de sangre en mitad de la carretera que une las aldeas lebaniegas de Bárago y La Vega. Una pareja de guardias civiles acaba de matar a Juanín a la altura de la curva del molino

Bedoya ha escapado pero a partir de entonces dedicará todo su esfuerzo a intentar huir a Francia, aunque siete meses después también será abatido camino de la frontera. Miércoles 24 de abril de 1957, Juanín ha muerto y la resistencia guerrillera al franquismo ha terminado.

Poco antes, Juanín y Bedoya –el franquismo ha puesto a sus cabezas un precio de 500.000 pesetas [el Seat 600 fue puesto a la venta en España aquel mismo año por 65.000] y su captura o eliminación física es un objetivo prioritario del Ministerio de la Gobernación y de la Dirección General de la Guardia Civil– bajan del monte por la senda que más adelante atraviesa la carretera y llega hasta el río. 

El lebaniego –39 años– va delante y el de Serdio –27– sigue sus pasos a unos metros de distancia. Cuando creen alejado el peligro porque hace rato que han visto pasar a los dos guardias, Juanín se dispone a cruzar la carretera pero en mitad de la misma descubre que la pareja espera al otro lado. Entonces, el lebaniego, sin abrir fuego, cambia el rumbo y empieza a correr en zigzag carretera abajo, pero no tarda en desplomarse herido de muerte.

A la mañana siguiente, el cuerpo de Juanín es trasladado al cementerio de Potes mientras un vehículo de la Guardia Civil conduce a su madre Paula –70 años– y a su hermana Avelina –32– desde Santander hasta la capital lebaniega para identificar el cadáver.

 El último guerrillero antifranquista es enterrado en la zona civil del cementerio y la Guardia Civil concluye que la pareja lo disparó “en defensa propia” y “en cumplimiento de su alta misión”.

Cuando cae abatido, Juanín lleva encima sus prismáticos, su pipa, una libreta, material de primeros auxilios y de aseo personal, cuatro requisitorias judiciales en las que se le acusa de diversos delitos y cuatro fotografías: tres suyas –una solo y dos acompañado– y otra de su hermana y enlace Avelina. También lleva encima sus armas –un subfusil Sten y una pistola Astra 400–, que serán trasladadas al Museo del Ejército, donde siguen expuestas sesenta años después.

 Está dicho prácticamente todo, hay poco que añadir. Se trató de una operación cantada: las autoridades venían fraguando la caída de Juanín desde hacía una temporada y sucedió aquel día pero estaba todo muy preparado, no quedó nada al azar. Se trató de una operación bien preparada y bien organizada.

J.L.– ¿Una operación cantada?

I.C.– Mejor dejarlo ahí.

J.L.– ¿Quién era Juanín?

 I.C.– Juanín fue uno de los del monte, y los del monte son víctimas pero también lo son los fusilados, los que trabajaron como esclavos en los campos de concentración, los que tuvieron que exiliarse…

 En Cantabria hubo 50.000 presos, víctimas de aquel golpe de Estado. Son colectivos diferentes pero todos pertenecen al gran volumen de las víctimas del franquismo. Los victimarios lo tenían todo muy controlado, pero no exactamente todo, porque había cosas que se les escapaban. Los del monte son esos que se les escaparon… de momento. 

Los del exilio se les escaparon, pero los del monte sabían que tarde o temprano caerían y sus victimarios también lo sabían, por lo que su muerte era un aplazamiento. “Me quedo a que me maten a palizas o subo al monte una temporada y a ver si me escapo a Francia”, no tenían más elección. Pero escapar a Francia no era fácil, era muy difícil. Marchar a Francia no era ni fácil ni barato.

J.L.– Entonces esa imagen épica de los del monte, esa…

I.C.– Eran personas normales, muchachos, gente joven con buenos sentimientos, conscientes de que la desgracia que le había venido a España les había venido a ellos como a los demás. A unos de una manera y a otros de otra.

J.L.– ¿La muerte de Juanín quedó atrás o sigue ahí?

I.C.– Parece que quedó muy atrás, que es algo muy antiguo. Hay gente que dice que para qué remover viejas heridas, que por qué hablar de eso y no de los romanos o de los godos, que es mejor olvidar, pero sesenta años después estos son temas no resueltos. Y no hay que dar carpetazo, porque yo no soy nadie para dar carpetazo… y Rajoy tampoco lo es. 

Nadie es nadie para dar carpetazo. Los vencidos darán carpetazo cuando lo crean oportuno, pero no lo harán hasta que se cumplan cuatro condiciones. La primera, que se ha restablecido la verdad de los hechos –hasta ahora ha habido una ficción tergiversadora, un invento de los vencedores, de los golpistas– y que esa verdad la han reconocido todos. La segunda, que se ha hecho justicia, la justicia posible…

J.L.– Porque la imposible…

I.C.– La imposible es que los asesinos hubieran sido juzgados como los nazis en Nuremberg, pero efectivamente eso es imposible. La tercera condición, que las víctimas sean reconocidas y que su honor sea reparado. 

Y la cuarta se dará cuando España, el país con más fosas y desaparecidos después de Camboya, se tome en serio este tema y decida hacer una política educativa y cultural no de silencio, disimulo e hipocresía sino de verdad, justicia y reparación para que no se repita, es decir garantías de no repetición. 

A esas cuatro cosas nos ha obligado la ONU. Hace sesenta años murió un hombre muy conocido pero como él murieron ciento y pico mil o un millón. No se trata sólo de un hombre sino de algo individual y colectivo. Es necesario identificar a las víctimas de la violencia. Hay que preguntar si la sociedad española ha reconocido su victimación a los gays, a los gitanos… o a los del monte.

J.L.– ¿Y cómo hacerlo?

I.C.– Hay que recuperar los restos de las personas que están en los montes, porque en el monte también hay desaparecidos. Hay que elaborar mapas de fosas, identificar a los desaparecidos, exhumar sus restos, señalizar los lugares donde murieron y elaborar itinerarios y senderos de memoria para que se les rinda homenaje. 

Eso es lo que muchas veces necesitan las familias de las víctimas. Y también hay que buscar la manera de entrar de una vez en los archivos y conocer, salvar, proteger y difundir los documentos, que es algo que siguen poniendo difícil. Hay que llevar a cabo una política que facilite el acceso a la documentación –a los archivos tanto públicos como particulares– y estudiar, clasificar y difundir los documentos de la memoria histórica. Ya es la hora de eso.

J.L.– ¿Y cómo hacer eso concretamente en Cantabria?

I.C.– Los poderes públicos deben apoyar el movimiento asociativo de memoria histórica de Cantabria. Se está redactando una ley de memoria histórica que la Consejería de Cultura se comprometió [en abril de 2016] a presentar en el ecuador de la legislatura, y hay que recordárselo [el consejero de Cultura, Ramón Ruiz, aseguró en enero de 2017 que el borrador de la ley ya estaba listo y que próximamente sería presentado a los colectivos de memoria histórica para que pudieran hacer sus aportaciones al texto]. 

Yo lo haría como se ha hecho en la ley de memoria histórica de Andalucía, donde un grupo de trabajo independiente se ha dedicado a la recuperación de testimonios de violencia y vulneración de los derechos humanos por parte del franquismo. 

Que un grupo integrado por profesionales de distintos ámbitos –abogados, jueces retirados, educadores, investigadores, documentalistas, expertos en violencia contra la mujer y en violencia contra la infancia…– supere el relato preconstitucional y elabore de una vez un relato basado en principios democráticos después de catalizar un debate público amplio en el que participe todo el que tenga que participar para que se sepa qué pasó realmente en Cantabria.

 Un debate bajo el prisma de la reconciliación, pero para llegar a esa reconciliación son necesarias esas cuatro condiciones: verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición.

J.L.– No será fácil.

I.C.– Hay gente que dice que por ejemplo cambiar el nombre de algunas calles es una incomodidad y un engorro, pero es que nadie nos ha explicado nunca por ejemplo quién fue el general Dávila y qué hizo. Por eso es necesaria una labor pedagógica, hay que hacer pedagogía y explicación.

 Por otro lado, el Gobierno de Cantabria del PP [2011/15] no dio un paso en materia de memoria histórica y el Gobierno de Rajoy ha dejado a cero la partida y además presume de ello.

J.L.– Empezamos hablando de Juanín y hemos acabado hablando de…

I.C.– Esto es lo que me suscita a mí el 24 de abril de 1957 sesenta años después de aquella fecha. Juanín merece una lápida donde le mataron, en la curva del molino. Cada uno de los del monte merecen una lápida.

 Juanín es una víctima de un golpe militar, cayó preso y enfermo por ese golpe militar y tuvo que echarse al monte porque lo machacaban, pero fue una víctima más del franquismo y esas víctimas merecen todo lo que hemos dicho por la dignidad del país, porque si no, la democracia española siempre tendrá cadáveres en el armario."            (Entrevista a Isidro Cicero, diarioCantabria, 24/04/17)

26/4/17

El violinista del ghetto de Varsovia


"No se puede recorrer Muranów, un barrio de Varsovia, sin que el corazón se encoja y un nudo nos atenace la garganta. Aquí estaba el ghetto, y, a cada paso, surgen los recuerdos del horror. Nos hablan de él, Antoni Szymanowski; y los diarios de Emmanuel Ringelblum –los Escritos del ghetto–; y las páginas de Hersch Berlinski, y de Aurelia Wylezynska, muerta durante el levantamiento de Varsovia. Y las de Cyvia Lubetkin, y Jan Karski, correo de los partisanos polacos. 

Emmanuel Ringelblum, que fue asesinado por la Gestapo en 1944, pudo enterrar en Muranów algunos documentos que reunió. También los nazis hablan de ese infierno: el general de las SS, Jürgen Stroop, conquistador del ghetto de Varsovia; y el propio Goebbels.

Antes de la guerra vivían en Polonia tres millones de judíos polacos, más de la décima parte de la población. En los combates de septiembre de 1939, murieron más de cincuenta mil personas, y, un año después, los nazis crearon los ghettos. En Varsovia, más de cuatrocientas mil personas fueron encerradas en él, entre el hacinamiento, el hambre, las enfermedades.

 Las condiciones de vida eran inhumanas: cada mes morían más de cinco mil personas; decenas de miles de obreros fueron obligados a trabajar para sus verdugos en condiciones de esclavitud, alimentados sólo con sopa. Otros eran conducidos a fábricas fuera del ghetto: eran un excelente negocio para los industriales alemanes. Miles de mendigos llenaban las calles, junto a centenares de niños abandonados, porque sus padres habían muerto. 

El tifus, la gripe, y otras enfermedades hicieron estragos, y los piojos se apoderaron de todo. Casi 85.000 personas murieron por efecto del hambre y de las enfermedades en el ghetto de Varsovia, antes de que el resto fueran enviados al campo de exterminio de Treblinka.

Al alba, los enterradores arrojaban a la fosa común los cadáveres recogidos cada día. Los nazis apenas entregaban alimentos, pero mentían al mundo sobre las condiciones del ghetto: llegaron a rodar noticieros donde forzaron a aparecer al jefe del Judenrat, Adam Czerniaków, y otras personas, en grandes banquetes. 

Arnold Mostowicz, superviviente de otro ghetto, el de Lodz, nunca pudo arrancarse de la memoria una escena atroz: tenía que atender a una joven enferma. Cuando llegó a la casa, ya había muerto, así como uno de sus hijos pequeños. No pudo hacer nada, sólo estremecerse viendo cómo se agitaba el cadáver en un mar de piojos.

Pese a todo, las organizaciones judías resistieron: en la calle Mila, 18, estaba el cuartel general de la Organización Judía de Combate, y un túnel secreto en la calle Muranowska comunicaba con el exterior del ghetto. Incluso organizaban la vida, atendían a la ciencia y la cultura, imprimían prensa clandestina, crearon una biblioteca infantil.

 Incluso investigaron, como el doctor Israel Milejkowski, que dirigió un trabajo científico en aquellas increíbles condiciones. En la víspera de su muerte en el ghetto, anotó: “con la pluma en los dedos, siento la muerte deslizarse en mi habitación…”

El 22 de julio de 1942 los nazis iniciaron la operación para liquidar el ghetto de Varsovia: engañaron a la población simulando un simple traslado, y concentraron a miles de personas cada día en la Umschlagplatz, para enviarlas a Treblinka, con los ucranianos y letones nazis disparando a matar para mantener el orden. En septiembre de 1942, los trenes de la muerte transportaban desde Varsovia hacia Treblinka entre cinco y siete mil personas diariamente. Allí, 265.000 prisioneros del ghetto fueron convertidos en humo.

En el verano de 1942, algunos judíos del ghetto entran en contacto con la resistencia polaca, para pedir armas. Crean la OJC, Organización Judía de Combate. Consiguen algunas pistolas y dinamita, que introducen en el ghetto por puntos secretos, como el agujero de la calle Bonifraterska, o a través de la fábrica situada en la calle Okopowa, al lado del cementerio judío; y por el túnel excavado en la calle Muranowska, y por la entrada al ghetto de la plaza Parysowski, donde la resistencia consiguió sobornar a los guardias polacos.

 Contaban además con las cloacas, utilizadas por el mercado negro y para intentar escapar al exterior. La OJC organiza incluso una pequeña prisión dentro del ghetto, ejecuta a judíos colaboracionistas con los nazis y distribuye octavillas explicando sus acciones.

El 18 de enero de 1943, los alemanes lanzan el ataque final. Siguen las deportaciones, y fusilan en el ghetto a los enfermos impedidos. Los grupos judíos responden, y los combates duran cuatro días. El 21 de enero, el mando alemán evita arriesgar a sus soldados en luchas callejeras y decide volar con explosivos los edificios donde se concentra la resistencia, que utiliza tácticas de guerrilla urbana y se mueve por los tejados, los sótanos, las cloacas.

 La OJC ha conseguido encuadrar a setecientos combatientes, y otro grupo, la AMJ, a cuatrocientas personas más. El 19 de abril de 1943 estalla la insurrección del ghetto. Mordechaj Anielewicz es el principal dirigente de la resistencia: sus integrantes saben que sólo les espera la muerte.

Comienzan los combates por diferentes calles, y decenas de alemanes mueren. Los nazis utilizan lanzallamas para incendiar todavía más el barrio, que arde desde los primeros días de luchas. Los informes del general Jürgen Stroop, que manda las tropas nazis, recogen que “familias enteras se arrojan por las ventanas de los edificios incendiados”. Los combatientes se ocultan en sótanos, en pasadizos, y atacan cuando pueden. 

Algunos grupos de la resistencia polaca intentan abrir brechas en el muro, desde el exterior, para ayudar a los judíos, mientras que otros atacan a los soldados, pero la diferencia de fuerzas es demasiado grande. El 8 de mayo, después de veinte días de combates, las calles del ghetto son una montaña de ruinas y de edificios destripados, donde los insurrectos mueren abrasados o tienen que refugiarse a veces en sótanos en los que se acumulan los cadáveres, que están siendo devorados por las ratas.

Los alemanes se retiran, y deciden destruirlo todo. “Nunca olvidaré la noche que incendiaron el ghetto”, escribió después Cyvia Lubetkin. El día 7 de mayo, muere combatiendo Mordechaj Anielewicz. Algunas decenas de personas permanecen agazapadas en las alcantarillas y en los sótanos, sin alimento, sin agua, con los labios convertidos en esparto: unas pocas podrán salvarse todavía gracias a un camión de la resistencia que espera camuflado en una alcantarilla fuera del ghetto: entre ellos estaba Marek Edelman, uno de los dirigentes de la insurrección. Otros optan por el suicidio, para no caer en manos de los nazis, o se ven forzados a matarse unos a otros, entre lágrimas. El 16 de mayo Jürgen Stroop declara que la resistencia ha cesado: para celebrarlo vuelan con explosivos la sinagoga de la calle Tlomacka. 

Después, en agosto de 1944, estalla la insurrección general de Varsovia, y en enero de 1945 el Ejército Rojo libera la ciudad. Los combatientes del ghetto de Varsovia escribieron: “¡Vivir con dignidad y morir con dignidad!” Sabían que la resistencia no sólo era posible sino imprescindible para el futuro de la humanidad.

Nos queda su ejemplo, y las insoportables fotografías del horror: fosas comunes, niños muertos en las aceras del ghetto, el lento paso del niño judío, cubierto con su gorra, con los brazos en alto, con el miedo asomando en sus ojos, observado por los soldados nazis; y el rostro de otro niño, que arrastra un carro con cadáveres; y la del violinista con la piel en los huesos, que pide ayuda: va a arrancar unas notas del violín, mientras nos mira, para que no olvidemos nunca que ellos estaban allí, en el infierno."                   (El viejo topo, 19 Abril, 2017 Higinio Polo)

25/4/17

"La represión económica es una más de las fases de un plan perfectamente programado de persecución política" diseñado por Franco

"Los libros 'El botín de guerra en Andalucía. Cultura represiva y víctimas de Ley de Responsabilidades Públicas 1936-1945' y 'La Masonería en Andalucía y la represión durante el franquismo', coordinados por el historiador, Fernando Martínez López, han sido presentados en la Diputación dentro el ciclo 'Abril Memorialista', para conmemorar el aniversario de la proclamación de la Segunda República española, y organizado por el Servicio de Memoria Histórica y Democrática de Diputación.

Según ha indicado la institución provincial en una nota, en la presentación han intervenido, además de Fernando Martínez López, el historiador Diego Caro, responsable de la investigación en la provincia de la obra del botín de guerra, y Carlos Perales, jefe de servicio de Memoria Histórica y Democrática de la Diputación.

Asimismo, ha señalado que ambas obras se enmarcan en un conjunto de investigaciones emprendidas por universidades andaluzas y que incluye otra investigación sobre el exilio de andaluces. En lo que se refiere a la provincia, la de Cádiz no fue una de las provincias andaluzas donde la ley de responsabilidades públicas tuvo más repercusión, pero sí la que registró mayor incidencia el número de condenas por masonería.

En el caso de 'El botín de guerra en Andalucía. Cultura represiva y víctimas de Ley de Responsabilidades Públicas 1936-1945', la coordinación corre a cargo de Fernando Martínez López, Miguel Gómez Oliver y Antonio Barragán Moriana, y es fruto de un "arduo trabajo de recopilación y estudio de una ingente cantidad de documentación por parte de 44 docentes de las nueve universidades públicas de Andalucía".

Así, la obra es resultado de unos ocho años de trabajo y arroja datos como que fueron más de 60.000 los inculpados por la Ley de Responsabilidades Públicas entre 1936 y 1945. Según ha explicado Diego Caro, esta ley tuvo una incidencia desigual en las distintas provincias de Andalucía, marcada esta asimetría porque no todas cayeron en manos golpistas en el mismo período, por lo que la aplicación no se prolongó el mismo tiempo en todos los casos.

En cuanto a su aplicación, la arbitrariedad por parte de los tribunales provinciales es una de las características que desvela esta investigación, ya que en muchos casos "rencillas familiares o venganzas personales" influían en las condenas, según ha explicado Diego Caro, para quien "la represión económica es una más de las fases de un plan perfectamente programado de persecución política".

Por su parte, 'La Masonería en Andalucía y la represión durante el franquismo', coordinada por Fernando Martínez López y Leandro Álvarez Rey, detalla la evolución de las logias desde 1868 hasta 1936.

En una primera parte aborda una reflexión sobre la violencia política en Andalucía y el marco legislativo de este tipo de represión, además de realizar un balance sobre el alcance económico y el impacto que tuvo en las bases sociales y políticas de los partidos republicanos y el movimiento obrero andaluz.

Otra parte de la obra, según ha explicado la Diputación, está dedicada al análisis de los procesos de incautaciones y sanciones económicas en cada una de las ocho provincias andaluzas, mientras que una tercera parte, bajo el título 'La invención del enemigo', trata su repercusión sobre las mujeres y la élite política republicana andaluza, profundiza sobre los informes emitidos por párrocos, alcaldes, Guardia Civil y Falange sobre los procesados, y analiza el perfil de las élites jurídicas de los tribunales de excepción en Andalucía.

Asimismo, ha indicado que el libro desvela que de 1868 hasta 1936 se calculan unos 16.000 masones en Andalucía, especialmente en las provincias occidentales. En el caso de la de Cádiz, la incidencia de este movimiento es muy relevante, con 134 talleres masónicos y más de 4.000 miembros, muchos de ellos perseguidos tras la promulgación de la ley antimasonería del 1 de marzo de 1940."           (La Vanguardia, 19/04/17)

24/4/17

"Una mujer de derechas que fue concejala en la dictadura de Primo de Rivera, sufrió cárcel"... así le robaron fincas de su propiedad para servicios de la azucarera

"Las persiguieron por rojas y mucho más. Las leonesas fueron represialadas por el régimen de Franco no sólo por motivos políticos y no sólo las afectas a la República fueron víctimas de la persecución de la dictadura.

Beatriz García Prieto, graduada en Historia, ha buceado en los expedientes y consejos de guerra de más de 300 leonesas que sufrieron la represión franquista entre 1936 y 1950 para su trabajo de fin de máster.

No están todas las que son, pero son las suficintes para realizar una radiografía del alcance de la represión femenina en León.

«Las mujeres sufrieron fusilamientos, encarcelamientos, exilio, represión y económica y laboral, de la misma manera que muchos hombres, pero hubo una represión específica como fueron las violaciones, rapaduras de pelo, ingestión de aceite de ricino, humillaciones públicas, golpes y quemaduras en las zonas sexuales, obstaculización de la maternidad y separación de niños», afirma la investigadora, que buceó en los expedientes y consejos de guerra para el trabajo de fin de máster.

No sólo las ‘mujeres de rojo’ o afectas a la República fueron perseguidas desde que el régimen franquista se impuso en la provincia a partir de julio de 1936. «La represión fue más allá de las ideas políticas y muchas sufrieron cárcel por el mero hecho de ser hermanas, madres o esposas de republicanos», explica.

Fueron perseguidas muchas mujeres que se salían de una forma u otra de los modelos de conducta establecidos. E incluso reconocidas damas de la sociedad leonesa como fue María Sánchez Miñambres, «una mujer de derechas que fue concejala en la dictadura de Primo de Rivera, sufrió cárcel», explica. 

En este caso, los motivos económicos aducidos por su madre Agustina tuvieron que ver con la supuesta apropiación de fincas de su propiedad en Torneros para servicios de la azucarera. La señorita de Marzanas no se calló y reclamó, lo que unido a su talante liberal y su vestir a la última moda parisina le costó varios años en las cárceles.

El régimen exigía a las mujeres recato y sumisión. Y llegó a atacar, después de muerta, a una mujer que quiso donar todas sus propiedades a instituciones civiles. Entre las fusiladas destaca el caso de Teresa Monge, que ocupó un cargo de responsabilidad en las Juventudes Socialistas.

«Muchas veces las mujeres eran capturadas como intercambio para apresar a hombres», agrega García Prieto. En su trabajo también ha indagado en las estrategias de supervivencia que tuvieron que idear para sacar adelante a sus familias solas y perseguidas «sin haber cometido ningún delito», añade.

«La represión afectó no sólo a las mujeres vencidas, o de rojo», recalca. «Las leonesas, en general, fueron relegadas a un plano secundario, doméstico, en el que solo podrían desempeñar los papeles de madre y esposa y por otro lado sufrieron en su vida cotidiana una fuerte represión ideológica, moral y de comportamiento», añade. Beatriz García Prieto iba a pronunciar hoy una conferencia sobre la represión franquista en las mujeres organizada por la Asociación Pozo Grajero, pero se ha aplazado por motivos de salud."                   (Ana Gaitero, Diario de León)

21/4/17

Agaete tiene un barrio "de las viudas" porque mataron a todos los hombres. Si tenían hijos menores de cinco años se los quitaban e iban a la Casa del Niño o a la Casa Cuna...dónde hubo venta de niños

"El Diario - Canarias Ahora / Miles de personas fueron fusiladas o desaparecidas en Canarias por el franquismo. Meses antes del golpe de estado se elaboraron unas "listas negras" donde se recogía qué personas iban a ser víctimas de esta "brutal" represión que sorprendió a las Islas sin armas para defenderse y, que por sus características geográficas, las convirtió en "un laberinto sin salida". 

Así explica estos años el  portavoz de la Plataforma de Familiares de Fusilados de San Lorenzo, Francisco González Tejera, en su nuevo libro Semilla de memoria, 122 relatos sobre la represión franquista en Canarias. Se trata de su segunda investigación sobre este tema (la primera fue presentada como prueba  en la querella argentina ) que se nutre de las historias contadas por sus abuelos y familiares desde niño y que poco a poco fue complementando con entrevistas a personas que han sido víctimas del franquismo. 

Nieto del sindicalista de mismo nombre que fue fusilado junto al alcalde del entonces municipio de San Lorenzo, Juan Santana, lucha también por la exhumación de la fosa común de Las Palmas,  donde se encuentra enterrado su abuelo. Además, aboga porque se exhumen otros puntos de Gran Canaria que también son símbolos de la represión, como por ejemplo, la Sima de Jinámar (un tubo volcánico por donde tiraban muchas veces vivas a los represaliados).

 Celebra que haya lugares de Canarias como el pozo del Llanos de las Brujas (en Arucas)  que se ha abierto y donde se han recuperado a 24 víctimas y también defiende que se busquen a más desaparecidos en el pozo de Tenoya , pero cree que hay que ir más allá y seguir luchando por la dignificación de la memoria de las víctimas. 

Parece que hay cierto desconocimiento en la sociedad canaria sobre qué ocurrió tras el golpe de estado franquista. Este libro y el anterior acercan un poco más a las atrocidades que se vivieron. ¿Es este su propósito?

Sí. El objetivo del libro es que se convierta en un instrumento de recuperación de memoria. Es un instrumento de lucha puesto al servicio de todas las personas que defienden la dignificación de las víctimas del franquismo. Defiende la exhumación y la localización de sus restos, ya que Canarias está impregnada de lugares con restos humanos de personas asesinadas, incluso hay lugares que la gente ni se imagina. Este libro lo he escrito para ponerlo al servicio de esa lucha y como instrumento de dignificación y educativo.

¿Considera que la represión del Franquismo en Canarias debería tratarse más en las aulas?

Sí. En Canarias y en el resto del estado español hay un vacío educativo en esos años y da la impresión de que hubo una guerra y no un golpe de estado fascista frente a una democracia legítima. Se explica como una guerra donde dos bandos de enfrentaron y después en los libros de texto la historia aparece, de repente, en los años 60 y pico con la Ley de Amnistía, cuando en todos esos años hubo una masacre y sólo en Canarias miles de personas fueron detenidas, secuestradas, torturadas, desparecidas o asesinadas.

¿Cuántas personas estima que fueron asesinadas en el Archipiélago?

Miles de personas, es muy difícil saber una cifra exacta. En las islas occidentales hay estudios que hablan de más de 2.000 desaparecidos. Hay que diferenciar entre personas fusiladas, que fueron unas 800, pues hay documentos que lo certifican, y después hay personas como las de Arucas o los 14 de Tamarecite  que fueron sacados de sus casas y no se sabe de ellos. 

Otros fueron sacados de campos de concentración como el de Fyffes, en Tenerife, o los de Gando, La Isleta o Las Torres, en Gran Canaria. Se los llevaban de madrugada y no se sabe dónde están. Es muy difícil cifrar los desaparecidos. Cuando ibas a buscar a un familiar desaparecido, por ejemplo, te ibas al campo de concentración a verlo y te decían que lo habían soltado hacía una semana y no entendían por qué no había acudido a su casa. 

Por eso, a mí me llama la atención que haya historiadores oficialistas que limitan el genocidio en Canarias a la cifras de fusilados, pero aquí hubo miles de personas asesinadas.

Se ha contado la historia de los vencedores, pero no la de los vencidos?

Claro, hay historiadores que hacen el juego y el sistema educativo omite esa parte de la historia y hacen el juego a esa Ley del silencio que existe con el genocidio en Canarias porque están al servicio de intereses de personas que no quieren que esto se sepa, de familiares directos de los asesinos que hoy día son diputados, alcaldes, jueces? y que no quieren que se sepa lo que pasó.

Tenemos que destapar lo que sucedió para que no vuelva a ocurrir nunca más

Llama la atención que el libro está lleno de nombres que siguen ocupando relevancia en la sociedad?

Sí. De hecho, en el primer libro doy nombres y datos, pero nadie me ha interpuesto una querella porque saben que es verdad. Yo, evidentemente, no quiero que nadie me denuncie. Se dan datos evidentes como el conde, Eufemiano Fuentes, su mano derecha" enterrados estos últimos en panteones a todo lujo a pocos metros de la fosa común de Las Palmas, lo que resulta paradójico. 

Hay un ocultismo premeditado para que no se sepa lo que pasó en Canarias y hay una frase de Primo Levi que dice que"ocultar el silencio es un crimen? y tenemos que destapar lo que sucedió para que no vuelva a suceder nunca más.

¿Cómo explicarías en qué se caracterizó la represión franquista en Canarias o qué la diferencia del resto del país?

Canarias era un laberinto sin salida, muy pocas personas perseguidas lograron escapar. Había una oligarquía muy vengativa que hizo las listas negras. En los años veinte o treinta Canarias era de las regiones más organizadas a nivel municipal, la gente estaba harta de la esclavitud y de que la pisotearan. 

Existía el derecho de pernada económica, la gente trabajaba de sol a sol cobrando una porquería y se organizaron sindicalmente. Hubo huelgas previas en las fincas del conde, en la tabaquera y la oligarquía cuando hizo las listas negras con la Falange y la Iglesia Católica no perdonó nunca a esta gente. 

Muchas de esas personas fueron asesinadas como venganza por defender una idea, otros eran líderes sindicales o líderes obreros y otros por ser maestros o educadores que enseñaban una educación distinta a la católica y que era una educación liberadora, que pretendía que se aprendiera de verdad y no estar sometidos a una ideología dominante.

"La imagen del camión con los cuerpos de represaliados dejando sangre por las calles de Las Palmas era una exhibición de terror?

Otra de las características es la brutalidad, el morbo. En el libro se recogen historias que son bastante fuertes y están tratadas con la mayor ternura y amor posible, pero hay cosas que inevitablemente hay que decir. Lo que se sabe de Auschwitz también se conoce por testigos presenciales. La brutalidad es una característica.

 Llevar a las personas a la Sima de Jinámar y tirarlos vivos desde ahí, eso es estremecedor o llevarlos a la Marfea y tirarlos vivos con sacos en la cabeza atados de pies y manos. La Comisaría Luis Antúnez era un centro de detención ilegal donde se practicaban torturas bestiales y eso no está recogido. 

Torturas como colgarte por las piernas, violaciones bestiales a mujeres, a menores? había un componente sádico y psicópata en la actuación. Imagino que en otros puntos del estado también, el general Mola, por ejemplo, o Sanjurjo, pidieron que a cualquier pueblo al que llegaran y que fuera republicano mataran a los hombres y luego violaran a las mujeres, eso lo decían tíos de misa diaria.

Consistía en sembrar el terror. En Tamarecite y San Lorenzo, por ejemplo, mataron a los cinco, entre ellos al alcalde y a mi abuelo el sindicalista y luego desaparecieron a una veintena de hombres, y eso lo hacían para que nadie se sublevara. La imagen del camión que salía del campo de concentración de La Isleta con los cuerpos dentro para enterrarlos en la fosa común de Vegueta bajando por la calle Faro, Juan Rejón, Triana? dejando un reguero de sangre por la calle era una exhibición del terror.

"La forma de organización los campos de concentración en Canarias era la misma que los nazis montaron en los años cuarenta"

Hay un relato en el libro de una niña que se abraza a su padre (a quien se llevan tras haberlo torturado) y que no entiende cómo personas de su mismo pueblo a las que había visto de siempre se convertían ahora en verdugos y le hacían esto. ¿Cómo se explica?

En aquella época todo el mundo se conocía, Las Palmas de Gran Canaria tenía 60.000 habitantes y ahora hay casi 300.000. Gente con la que tú convivías habitualmente, que te la encontrabas en una taifa, en un baile, en misa? después venían a buscar a tu padre y se lo llevaban para siempre. Había un trabajo político organizando al fascismo (yo al franquismo lo califico como fascismo aunque ahora el PP diga en su defensa a la Fundación Francisco Franco que fue una dictablanda).

 Sin embargo, Franco era pupilo de Hitler, era un fascista igual y la metodología que se utilizó en Canarias es la metodología fascista. De hecho, Guernica lo bombardearon los alemanes igual que otros pueblos del estado español. El fascismo utiliza las mismas técnicas en cualquier sitio. Los militares argentinos, antes del golpe de estado de Argentina o Chile, tuvieron formación de los militares españoles en técnicas de tortura, eso está demostrado. 

El coronel Martínez Inglés, que escribe contra el Borbón, la monarquía y tal? habla de que estuvo torturando gente en Argentina y Chile y España hizo de apoyo. Los nazis ayudaron a los españoles en la guerra y la forma de organización los campos de concentración en Canarias era la misma que los nazis montaron en los años cuarenta.

Pero muy pocos saben que hubo campos de concentración en Canarias?

Casi nadie lo sabe. Mucha gente va a Gando, sale el avión y piensa: "qué bonita la isla", pero ese lugar se convirtió en un campo de exterminio donde fueron asesinadas cientos de personas que eran sacadas por las brigadas del amanecer para ser desaparecidos. Ahí estuvo mi abuelo antes de que se lo llevaran a ser fusilado al campo de tiro de La Isleta.

"Después de matar a tu seres queridos, te quitaban el trabajo y tus propiedades"

Llama mucho la atención la figura de las viudas y los hijos de los represaliados. ¿Cómo era la vida de estas mujeres después de haber perdido a su marido?

Las grandes olvidadas son las viudas y los hijos de los asesinados. Agaete tiene un barrio"de las viudas? porque mataron a todos los hombres. Te pongo el ejemplo de mi abuela, ella tuvo que salir a la calle a mendigar con sus tres hijos porque le mataron a su marido y a su hijo Braulio con cuatro meses. A las viudas nadie les daba trabajo por el estigma que tenían o les daban pero en condiciones casi de esclavitud, con acoso sexual y abusos.

 Si tenías hijos menores de cinco años te los quitaban e iban a la Casa del Niño o a la Casa Cuna, en Tenerife, donde hubo venta y robo de niños. Les quitaban a los niños porque eran hijos de rojos y para adoctrinarlos. A mi abuela además le quitaron una casa, las propiedades se las quedaban los falangistas. Después de matar a tu seres queridos, te quitaban el trabajo y tus propiedades.

En estas condiciones, era muy difícil salir adelante?

Casi imposible y esa herida queda en los hijos y en los nietos. Para que eso se sane hace falta mucha reparación y mucha justicia.

El hecho de que participe tan activamente en esta lucha? ¿viene de ahí?

Claro, haber vivido desde niño con una familia que sufrió todo eso, lo llevas de alguna forma en los genes. Esto no es fácil, aquí no ganas, lo que haces es perder salud y es una lucha titánica en la que hacen falta varias vidas para conseguir los objetivos porque hay muchos obstáculos, pero es necesaria. Por ello, publiqué este libro y el anterior, para utilizarlo como instrumento de todo el que quiera luchar por la memoria de las personas asesinadas.

La Sima de Jinámar, los pozos de Tenoya y Arucas, la fosa común de Las Palmas? son símbolos de la represión  y que explica en el libro. ¿Puede recordar qué representan estos lugares para las víctimas del franquismo?

Meses antes del golpe de estado ya había listas negras donde estaba planificado dónde iban a tirar a la gente y ellos sabían que los iban a llevar a la Sima de Jinámar, a los pozos de Arucas, de Tenoya, de Guayadeque, la fosa común de Pasito Blanco, los pozos del barranco de Tamaraceite, simas volcánicas de la montaña de Gáldar? ellos ya sabían a dónde iban a llevar a cada persona, normalmente ellos tenían listas negras con la zona de cada uno (Arucas, Agaete, Gáldar?) y el lugar donde los llevarían.

 ¿Por qué Auzwih es un símbolo? Porque son lugares de exterminio y hoy en día son lugares de memoria, educativos, de memoria a las personas asesinadas para que no se vuelva a repetir nunca más. En Canarias, desgraciadamente, no tenemos eso, lo que tenemos es ocultación premeditada del genocidio. (...)"                  ( Con Información de El Diario - Canarias Ahora, en entorno inteligente, 13/04/17)

20/4/17

Las 85 tumbas de Septfonds y la dignidad de España

"(...) Me descubrí a mi mismo queriendo escribirle a la Ministra de Defensa. Contarle que en marzo de 1939, en el plazo de 4 días, 16.000 soldados del ejército español, de la República Española, fueron sacados de las playas y la zonas de frontera y llegaron en tren a Montauban, Septfonds y Borredon; caminaron doce kilómetros y fueron encerrados en un campo de concentración; no era aquello una base del ejército francés, ni unos cuarteles, nada, era un campo embarrado, con unos pabellones de madera que apenas valían para un par de centenares. 

Los soldados tuvieron que construir un campo nuevo, nuevos contingentes llegaron en las semanas siguientes, sumaron más de 25.000 hombres en aquel campo, es decir el equivalente a 8 brigadas mixtas, 2 divisiones de infantería, recordemos que habían pasado la frontera tras la retirada de Catalunya casi 150.000 soldados del Ejército Popular. 

A Septfonds llegaron casi desde la misma frontera, marcharon por la pequeña carretera aquel día de invierno. Vistieron sus uniformes hasta que se destrozaron con el uso, con sus gorras y sus insignias, organizados interiormente por su propia disciplina y su dignidad. 

En España la lucha continuaba, pero Francia atomizó las tropas españolas que habían escapado a la derrota, separando las unidades y no tratándolos como soldados. El gobierno francés deseaba impedir a toda costa que pudieran regresar a la península y los dividió en multitud de campos.

En aquellos meses que pasaron allí algunos murieron. Enfermedad, viejas heridas, accidentes, desesperación. 85 soldados de la República Española, hijos del pueblo que habían jurado defender las libertades del pueblo español, murieron allí, lejos de su patria y de sus seres queridos.

 Les enterraron según fueron muriendo en un antiguo prado en una porción del campo, no hubo espacio para mucho más; hubo muchas lágrimas y mucha indignación, porque morían allí y eran enterrados en la oscuridad del olvido los valientes que habían sabido luchar y enfrentarse a la misma bestia que amenazaba ahora a la propia Francia. “Como a perros” les enterraron, al decir de muchos de sus compañeros.

Pasó el tiempo y muchos de aquellos soldados se alistaron en el ejército francés, unos en la Legíón, otros en unidades no combatientes, de apoyo y fortificación que les habían reservado, cuando vino la debacle francesa, todos ellos, allí donde estuvieron, mantuvieron la lucha en la medida de sus posibilidades, en Dunquerque, en Inglaterra con De Gaulle, en Noruega, en el Tchad, en Argelia,en Libia, marcharían unidos a sus hermanos franceses por la promesa que hicieron en un lejano oásis africano de poner la bandera de Francia en Estrasburgo liberada combatieron en Tobruk y Bir-Harkeim, en Siria, en Normandía, el Sena, París, Alsacia, Lorena, Alemania; pero también en la lucha en la propia Francia ocupada, afrontando la muerte y la deportación. 

No somos nosotros nadie para llevar dignidad a quienes tanta dignidad tuvieron, más bien somos nosotros los que estamos obligados por su ejemplo.

Pasados aquellos años, se construyó un pequeño cementerio donde reposan aún hoy los 85 soldados españoles muertos en el campo de Septfonds. Allí siguen. 

En todos estos años, y estamos en 2017, nunca acudió allí ningún representante del gobierno español de Madrid, jamás, como si no existiesen. No han sido olvidados, las organizaciones del exilio republicano de entonces y ahora, han sabido guardar su memoria, pero nunca ha habido un acto oficial con el embajador, el ministerio de Defensa, miembros del gobierno y una representación de las Fuerzas Armadas: la España oficial, la democrática España actual les desconoce e ignora.

 ¿Cómo es esto posible, nos preguntamos? Hay mil ejemplos más, no es una casualidad o un olvido. Hay una lógica detrás de todo este desprecio, pero de todas formas, me sigo diciendo que tal vez no sea así, que tal vez se trata de que desconocen algunos los hechos, que no saben cuanto dolor sigue habiendo.

 Se nos hace evidente a muchos que algo debemos hacer. Y no se trata de nosotros, de lo que como personas particulares hagamos. No. Se trata de exigir a los poderes públicos que asuman su responsabilidad, para saber así todos, cómo afrontan realmente nuestra propia historia y la profundidad de su defensa de los valores democráticos.

Creo que debemos exigir al Ministerio de Defensa Español un acto público de homenaje en Septfonds, que los soldados deben rendir honores a aquellos españoles que llevaron con tanta dignidad su uniforme, su bandera y su compromiso antifascista. 

Creo que debemos alzar nuestra voz y decir públicamente a las autoridades españolas que tienen una cita en Septfonds. Nuestra mano debe tenderse. Y debemos sacar consecuencias si hay una negativa, lo que desde luego no podemos hacer es seguir actuando como si nada pasara y todo estuviera solucionado con homenajes privados y acciones individuales."       (Pedro A. García Bilbao, Sociología crítica, 15/03/17)

19/4/17

El director de prisión y el administrador vendían de contrabando la comida en lugar de alimentar a los presos republicanos

"22 de mayo de 1938. Fuerte de San Cristóbal (Navarra). 795 presos republicanos protagonizan la mayor fuga penitenciaria de la historia de España. Tan solo tres consiguieron cruzar la frontera y llegar a Francia. En cambio, 211 fallecieron en el intento. (...)

Ahora, casi ochenta años después, las autoridades navarras han encontrado una fosa común de los presos que cayeron en la evasión. Esta misma semana comenzarán los trabajos de exhumación. El número de personas cuyos restos se encuentran en la fosa aún no ha podido ser determinado.  (...)

La fosa en la que se encuentran los restos de los presos asesinados tras la huida en 1938, ha sido hallada en el Concejo de Burutain. La fuga de la antigua prisión, situada en el monte de Ezkaba (Pamplona) a pesar de haber sido organizada solo por unos pocos de los prisioneros fue una de las mayores evasiones europeas.

De los 2.500 presos 795 huyeron ese día de la prisión. Muchos pensaron que la guerra había terminado y se dirigieron directamente a la estación de Pamplona, donde fueron inmediatamente detenidos, para volver a sus casas.

Más de 200 hombres fueron tiroteados durante la persecución y 14 fueron condenados a muerte. Sólo tres consiguieron viajar los casi 50 kilómetros que les alejaban de Francia y recuperar la libertad, según consta en el Cuaderno de Registro de 795 fugados que realizó un funcionario de la prisión. 

Los presos que llegaron a Francia admitieron, años más tarde, que no estaban suficientemente preparados para la fuga, pero que el hambre y las malas condiciones en la prisión los empujó a huir. El director de prisión y el administrador fueron juzgados por vender de contrabando la comida en lugar de alimentar a los internos."               (Público, 10/04/17)

17/4/17

El "mayor tráfico de bebés de la historia europea reciente" fué realizado durante el Régimen franquista

"El mismo año en el que un caso de robo de una recién nacida va a juicio en España, las salas de cine alemanas acogen La herencia de Franco: los bebés robados en España (Francos Erbe - Spaniens geraubte Kinder, en alemán), un documental sobre el "mayor tráfico de bebés de la historia europea reciente" practicado durante el Régimen franquista y hasta bien entrados los años 90 de acuerdo a su directora Inga Bremer, una joven cineasta nacida cerca de Frankfurt.

Casos similares al del doctor Eduardo Vela, el ginecólogo del sanatorio San Ramón acusado de participar en el robo de una niña en 1969 para dársela a una mujer estéril que figura como madre biológica porque "firmaba cosas sin mirarlas" son los que trata de difundir este filme a través de tres protagonistas. 

"El tema me interesó porque trata sobre Derechos Humanos y quise hacer un documental donde las víctimas tuvieran una plataforma para contar sus historias", cuenta Bremer, que conoció la mafia de los bebés robados en 2011 a través de un artículo en una revista alemana.

"Por aquel entonces, yo era una directora muy joven y no era muy fácil conseguir dinero para rodar un documental fuera de Alemania, pero después empecé a escribir sobre el tratamiento de la película y gané un premio que se llama 'Treatment Award of BR and Global Screen' que me sirvió para comenzar a grabar con la productora Soilfilms y, gracias a la colaboración de las cadenas de televisión BR y ARTE, todo funcionó muy bien. Pude terminar la película", explica.

Casos y "silencio" institucional

Durante el rodaje, lo más difícil para la alemana -que en 2010 se matriculó en Arte Dramático en Colonia, aunque pronto se mudó a la escuela de cine en Baden-Wuerttemberg para graduarse como directora- fue encontrar a responsables de los robos que quisieran hablar con el equipo. Se refiere a médicos, monjas, curas, trabajadores sociales y enfermeras que estaban involucrados en aquel negocio o que, no participaban directamente del tráfico de bebés, pero sí eran conocedores porque trabajaban en determinados centros en aquella época.

En su película, Bremer acompaña a Clara Alfonsa Reinoso Cervilla, Alicia Rueda Jiménez y Enrique J. Vila Torres, tres víctimas de este escándalo en su lucha contra el Estado y en la búsqueda de su identidad, en el que "el silencio de las instituciones es el mayor de los problemas".

 Reinoso, de 43 años, se quedó embarazada con 14 años y en 1987 dio a luz en Barcelona a una niña que fue dada en adopción sin el consentimiento expreso de la madre, a la que dijeron que el bebé nació muerto. A través de una llamada telefónica de los servicios de atención al menor, la mujer se entera 27 años más tarde de que su hija está con vida y que la está buscando.

Justicia e indemnizaciones

Alicia Rueda, de 42 años, también busca sus orígenes, después de que, tras la muerte de su padre adoptivo, apareciera numerosa documentación que apuntaba a una adopción ilegal. En el caso del valenciano Enrique Vila, de 51 años, fue adoptado cuando era un bebé y ahora ejerce de abogado. 

La lucha por lograr que se haga justicia y se indemnice a las familias afectadas por la trama de bebés robados, más de 300.000 según los datos de los abogados de las víctimas, se ha convertido en su principal objetivo.

"Creo que para superar una dictadura que duró tanto tiempo, se necesita una revisión histórica muy profunda. Pienso que es obligatorio hablar muy abiertamente sobre lo que sucedió en las escuelas y en la sociedad entera. Yo creo que aquí todavía hay mucho por hacer y es el deber de España hacerlo", opina Bremer, que fue nominada a los German Human Rights Film Award en 2010 por su película Goodbye Kutti.

La directora alemana, que también estudió durante un año en la escuela EICTV de Cuba, adelanta que están negociando con varias distribuidoras "un tour" por diversas salas de cine españolas: "Estamos muy felices de poder mostrar la película en España próximamente". 

El filme, en el que también aparecen el fotógrafo Germán Gallego -cuya imagen de un bebé en un congelador en la clínica San Ramón tomada en 1982 contribuyó a destapar la trama de bebés robados- y una enfermera, que durante unos meses fue testigo de este comercio ilegal, permite al espectador hacerse una idea de "todo el espectro de esta tragedia humana".                 (Marina Alias, Vox Populi, 14/04/17)

12/4/17

La población de un pequeño pueblo del sur de Francia (Le Chambon-sur-Lignon) protegió a miles de judíos durante toda la guerra

"(...) Escobar también señala que, el que la movilización no fuera tan general como se cree, no implica que no existiera. De hecho, el experto determina que -tras la toma del país- muchas personas se enfrentaron a los nazis, aunque no empuñando un arma. «Algunos se dedicaron a quitar los carteles de propaganda alemanes y cambiarlos. 

Otros, quemaron el pan para molestarles y que comieran mal. Hubo muchas formas de hacerles más incómoda la estancia», añade. 

Y es precisamente este tipo de resistencia la que este escritor desvela en su última novela histórica: «Los niños de la estrella amarilla» («Harper Collins», 2017). Un libro en el que, a través de los ojos de dos niños que buscan a sus padres, se narra cómo la población de un pequeño pueblo ubicado al sur de Francia (Le Chambon-sur-Lignon) desafió a las tropas de Hitler protegiendo a miles de judíos durante toda la guerra (y ayudándoles, de paso, a huir del país).

La resistencia de ese pequeño pueblo montañoso (100% real a nivel histórico) demostró al mundo, en palabras del escritor, que era posible hacer frente a una situación injusta sin ubicarse peligrosamente ante los fusiles enemigos.

 En Le Chambon-sur-Lignon, por ejemplo, la ayuda se generalizó gracias al trabajo de un pastor protestante llamado André Trocmé. Un hombre que, sabiendo las maldades que se cocían en Alemania a partir de 1939, se dedicó a dar charlas a sus ciudadanos para explicarles el valor de la vida y lo que implicaba el quedarse quieto ante la injusticia. 

Con todo, y en palabras de Escobar, esta defensa de los refugiados (especialmente niños) no fue tan generalizada en el país como nos quieren hacer creer, a pesar de que tampoco fue escasa. «Es cierto que en Francia solo se deportó a un 50% de los judíos, cuando en otros países el número ascendió casi hasta el 100%, pero también es verdad que el régimen de Vichy tomó medidas antisemitas de buen grado contra la población y despachó decenas de trenes a Auschwitz llenos de niños». 

Este libro, además, llega apenas unas jornadas después de que Marine Le Pen (líder de la candidatura ultraderechista Frente Nacional) haya afirmado que Francia no es responsable de las barbaridades que se perpetraron en aquellos años. Por el contrario, ha afirmado que los únicos culpables fueron los líderes que se hallaban en el poder por entonces. (...)

Con esta novela, quería demostrar que también es posible resistirse de forma pacífica. El propio André Trocmé (el espíritu de lo que sucedió en Le Chambon-sur-Lignon) era un pacifista tan extremo que, en aquel pueblo, no actuó la resistencia hasta casi el final de la guerra. No hubo ningún tipo de atentado hacia los alemanes o hacia los colaboracionistas porque allí creían que resistencia pacífica era la más efectiva.

Muchos franceses resistían, por ejemplo, cambiando los carteles de los caminos para que se perdieran los alemanes. Otros les quemaban el pan para que comiesen mal o les robaban la ropa. No actuaban violentamente, pero buscaban hacerle más molesta su estancia en Francia. Una estancia que, al principio, se puede definir como unas vacaciones.  (...)

4-¿Cómo es posible que se generara un régimen como el de Vichy y que fuera apoyado por una parte de la población?

Había un estado de opinión favorable a los extremismos fascistas porque todavía no se conocía todo lo que conocemos ahora. Por entonces no se sabía lo que iba a producir el fascismo y el nazismo. Muchos pensadores lo vieron como una alternativa a las democracias que estaban empezando a ser decadentes en Europa. Eso provocó que muchos países cayeran bajo el influjo de los totalitarismos.

 5-Pero en «Los niños de la estrella amarilla», usted explica cómo desde el régimen de Vichy se deportó a miles de judíos...

Sí. En la sociedad francesa hubo una ruptura. El problema es que, a veces, parece que Francia era solo la población cosmopolita de París. Y no. También había una gran cantidad de campesinos conservadores que no había asimilado bien los valores de la República, que consideraba que había un desorden, y que empezó a utilizar los argumentos antisemitas que llegaban desde otras zonas.

Esta parte de la sociedad entendió que había que apoyar esa “revolución conservadora” (así la llamaban) en la que se prometía defender los valores tradicionales de la Francia eterna que estaba más allá de lo nuevo. El problema fue que, al final, eso era fascismo.

6-¿Hitler sabía que existía esa mentalidad en Francia?

Sí. De hecho, la división entre la Francia libre y la ocupada siempre fue provisional. La mentalidad de Hitler no era invadir y conquistar Francia, sino más bien dejar que hubiera un estado afín a sus ideas y que, posteriormente, este se uniera a él. En su favor estuvo que el régimen francés de Vichy no solo colaboró, sino que creó leyes como las nazis para oprimir a los judíos.
7-En «Los niños de la estrella amarilla» habla de campos de concentración franceses a los que el régimen de Vichy enviaba a los judíos.

Efectivamente. Esos campos de concentración no los creó el régimen de Vichy, sino la Tercera República cuando había querido controlar a los republicanos españoles que llegaban hasta el sur de Francia huyendo del franquismo. Los campos fueron al principio muy provisionales. Se hicieron en las playas en condiciones infrahumanas. Pero poco a poco se extendieron por el sur de Francia.

Pero entonces la guerra se precipitó y lo cambió todo. A algunos hombres les sacaron para que colaborasen en el ejército (fue el caso de los republicanos, que se alistaron en la Legión Extranjera). Otros fueron encargados de hacer las trincheras galas. Quedó todo en una especie de limbo político.

El régimen de Vichy lo que hizo fue perfeccionar esos campos cuando llegó al poder. El nuevo gobierno metió en estos campos a refugiados que llegaban de Alemania y de otras partes de Europa, fueran judíos o no, por su ideología o por su religión. También encarceló en ellos a los “indeseables”, como ellos les llamaban.

Poco a poco, la masificación y los pocos recursos que se destinaban a estos campos (no había mantas o comida) hizo que organizaciones como la Cruz Roja y los cuáqueros pidieran a personas como André Trocmé que se llevasen a los niños de allí a un lugar seguro.

8-¿Hubo redadas contra judíos en Francia?

Varias. En Francia hubo una gran redada en el 41 en la que entre 7.000 y 8.000 judíos fueron enviados a varios campos de exterminio alemanes. Pero la más destacada se sucedió en el 42. Fue entonces cuando la gendarmería francesa capturó a niños, ancianos y mujeres. El problema es que los alemanes les pidieron que solo les enviasen a los adultos.

El régimen de Vichy no supo entonces qué hacer con los niños. Así que se quedaron. Pero como las autoridades de París insistieron a los germanos en que no se querían quedar con los pequeños, al final fueron enviados una gran cantidad de niños hacia Auschwitz.

Muchos de estos niños llevaban desde mediados de los años 30 en Francia y tenían nacionalidad gala. El régimen de Vichy creó una ley para poder quitarles la nacionalidad tanto a ellos como a sus padres. Lo hicieron para poder expulsarlos más fácilmente.

Fue un movimiento frío y calculado. No fue un intento de complacer a los nazis. Al final, fueron más allá de lo que les pidieron los nazis. Estaban convencidos de que había que sacar a todos los judíos de Francia.

 9-¿Colaboró el régimen de Vichy con los germanos en las deportaciones de judíos?
El régimen de Vichy fue totalmente colaboracionista en esto. Una cosa que muy pocos libros recuerdan es que este gobierno envió a miles de trabajadores forzosos a Alemania, algo que hicieron también muchos países.

Mucha gente fue enviada como esclavos, desde italianos hasta españoles. Era mano de obra esclava que ayudó a mantener el régimen nazi mientras los alemanes estaban luchando en el frente. Hay historias dramáticas en este ámbito que todavía están por tocar. Es un campo inagotable.

10-¿Fue entonces inexistente la resistencia francesa?

No. Francia fue uno de los pueblos que más gente refugió junto a Holanda. Por no hablar del caso danés. Es verdad que en Francia se ayudó y se refugió mucho a los judíos. El exterminio de los judíos franceses no llegó al 50%, mientras que en las repúblicas bálticas fue prácticamente el 100%. Pero le problema es que el pueblo de Francia fue muy pasivo ante la ocupación.  (...)

12-¿Cómo es posible que una buena parte de la población fuera colaboracionista o se mantuviera en silencio ante este movimiento antisemita?

El antisemitismo siempre ha sido un estigma en Europa. Y en Francia también, aunque nos choque más. El judío siempre se había visto como alguien extranjero aunque hubiese vivido en el país desde hacía decenios. El problema era que solían vivir en comunidades cerradas, mantenían sus costumbres, su idioma... Ya no era una cuestión religiosa, era un problema de integración. Por eso, en Europa siempre ha habido mucha separación.  (...)

13-Por el contrario, algunos pueblos como Le Chambon-sur-Lignon sí se enfrentaron a los nazis.

SÍ. En el pueblo estaban muy concienciados. Desde el 39, André había dado multitud de charlas a los vecinos aprovechando que estaba muy enterado de lo que pasaba en Alemania por lo que había sucedido a la iglesia confesante (la que se había negado a aceptar las condiciones del régimen nazi y se habían separado de la iglesia oficial luterana). Toda esta información hizo que el pueblo se concienciara. Cuando llegó el régimen de Vichy, el pueblo y todos los de alrededor sabían lo que iba a pasar. La información les dio poder sobre las circunstancias.

14-¿Cómo ayudaban en este pueblo a los refugiados judíos?

La primera idea era que los refugiados huyeran a Suiza o a Marsella (donde había miles de perseguidos que esperaban un barco para escapar de Europa). Pero al final, algunos de los grupos que se habían llevado a refugiados hasta Marsella fueron los mismos que enviaron a multitud de niños a Le Chambon sur Lignon.

Lo hicieron porque sabían que tenían una estructura creada para ayudarles. Esta había sido establecida antes de comenzar la guerra por los feligreses del pueblo, los cuales acogieron durante esa época a los hijos de los obreros de Lyon para que pudieran tener un verano más saludable en un entorno más sano y pudiesen salir del ambiente de marginación.

También tenían una pequeña infraestructura hotelera muy útil para acoger gente (el pueblo era un lugar de veraneo para turistas). Finalmente, André había creado una escuela pacifista con la idea de que los hijos hugonotes o protestantes pudieran acceder a la universidad. Toda esta infraestructura hizo posible que se refugiaran allí tal cantidad de niños.

 15-¿La ayuda de los habitantes fue general?

Sí, aunque los ciudadanos tuvieron sus roces con la población. No tanto con los niños, sino con los refugiados que llegaron antes de manera privada para ocultarse allí. Estos, que buscaban huir de las grandes ciudades, acapararon mucha comida. Eso hizo que subiera el precio de los alimentos en la región y que hubiera ciertas suspicacias hacia los judíos que hacían esas cosas. Pero naturalmente, al final lo que logró sobrevivir fue ese espíritu solidario.

Cuando André estuvo oculto durante un tiempo porque temía que le pudiesen arrestar por dirigir esa ayuda, la propia población siguió haciendo lo mismo hasta el final de la guerra. Fue una forma de demostrar que aquel movimiento no era cosa de un solo hombre, sino de decenas de personas corrientes. Nadie del pueblo traicionó aquella confianza. Había un sentido de comunidad y de apoyo mutuo. El que luchaba no era solo André Trocme, eran todos ellos. Como una comunidad.

16-¿Cómo es posible que ni los alemanes, ni los agentes de la Francia de Vichy acabasen con esa red de resistencia?

Los nazis no estaban establecidos en el pueblo, venían desde fuera. Cuando desde Le Chambon-sur-Lignon se percataban de que llegaban, avisaban a todos los refugiados para que se escondiesen en las montañas.

Además, estratégicamente Le Chambon-sur-Lignon era un sitio aislado y al que era muy difícil acceder en invierno. Esas condiciones le aislaron en cierto sentido. No había siquiera un cuartel de la gendarmería allí porque era una zona muy pacífica. Era un paraíso, y un infierno climatológicamente hablando. Por ello, los nazis no sentían la necesidad de instalar tropas allí. Prefirieron llevárselas a un pueblo próximo.

No hubo tropas fijas porque no lo veían importante militarmente. Aunque hubo intento de llevarse a los judíos, a los republicanos españoles y a los artistas que estaban allí refugiados, se hizo la vista gorda por todo esto. El régimen de Vichy no quiso entrar, y los nazis estaban en otras preocupaciones.

17-¿Cuáles?

Habían empezado a perder la guerra, y no querían tomarse molestias en una zona sin importancia estratégica. También fue determinante el que no hubiera resistencia violenta hasta casi el final de la guerra. Por eso cayó un poco en el olvido.

18-¿No hubo, entonces, redadas?

Sí, fueron aumentando en intensidad. Las últimas redadas fueron hechas en el verano del 42. Los nazis, que ya habían sufrido un desembarco en Sicilia, pensaron que era posible ser invadidos desde Marsella. Por eso, ocuparon toda el territorio y llevaron a cabo una gran represión en él. No olvidemos, por ejemplo, que en esa zona estaba afincado el llamado “Carnicero de Lyon”. A partir de entonces, el peligro fue en aumento.

En el pueblo, esta tensión se notó con un crecimiento de las redadas. En el verano del 43, Daniel (primo de André) fue capturado y llevado a un campo de concentración acusado de ser judío, a pesar de que no lo era. Varios chicos de la escuela que él dirigía también fueron detenidos y llevados a campos de concentración.

 19-¿Cuál era la pena por ayudar a refugiarse y huir a los judíos en el régimen de Vichy?

Normalmente suponía ser ajusticiado, ser encarcelado, o ser deportado a Alemania como colaboracionista y miembro de la resistencia (ya fuera pacífica o no). Esta última podía implicar acabar en un campo de exterminio.

Ofrecer cualquier tipo de resistencia era arriesgarse muchísimo. Y no solo tu, también tu familia. Era el temor de muchos de los colaboracionistas, las consecuencias que pudiera tener para sus familiares y amigos el que ellos se unieran a la resistencia.

20-¿Por qué eligió la historia de este pueblo para su novela?

Quería escribir una novela que demostrara cómo vivieron los niños la guerra, y lo uní con la historia del pueblo, que refugió a decenas de pequeños. A partir de ese punto, decidí narrar en ese marco la resistencia pacífica que ofrecieron André y su esposa Magda, dos personajes tan fuertes que se comen el libro cuando salen por su actitud. Todo lo que hicieron fue heroico.

A pesar de ello, el centro son los niños y la búsqueda de su familia. En este sentido, me interesaba mucho mostrar como se comporta un hermano mayor en una situación límite como esa, a pesar de ser pequeño.

Finalmente, esta historia me permitía demostrar lo variopinto de la resistencia. Aunque esta no fue todo lo generalizada que debería, se llevaba a cabo de múltiples formas. En Francia era posible que un minero comunista y un conservador religioso tuvieran una misma visión del mundo: la creencia en las libertades y su convicción de que debían estar en contra de que una persona estuviera perseguida por su religión. Eso me impactó, y quería que esa variedad quedase implícita en la novela.

La resistencia no fue un grupo, estuvo formada por personas con la convicción y la dignidad de no doblegarse ante el miedo y el fanatismo nazi. (...)"                  

(Entrevista a Mario Escobar, autor de «Los niños de la estrella amarilla», una novela histórica que narra la vida de dos niños a través de los hechos reales acaecidos en Le Chambon-Sur-Lignon,  Manuel P. Villatoro, ABCE, 11/04/17)