12/9/14

Cazando inmigrantes con fusiles en la frontera del sur de EEUU

Miembros de un grupo denominado "Patriots" (Patriotas) patrullan cerca de la frontera mexicana en Brownsville, Texas, el 2 de septiembre (Reuters).

"Corría el año 2002 cuando Glen Spencer decidió combatir la inmigración desde la mismísima trinchera. Se despidió de sus clientes, cerró sus negocios y vendió su casa en California. 

Después se compró un rancho de 4 hectáreas en el Condado de Cochise (Arizona), a 300 metros de la frontera con México. Aprovechó que el antiguo dueño, un coronel retirado, quería deshacerse del terreno. Según Spencer, estaba asustado después de haberse topado con los narcos.

Desde Cochise, perdido en mitad del desierto con sus siete pastores alemanes, sigue dirigiendo hoy lo que él llama "La Patrulla Americana”, una comunidad de voluntarios que recorren un tramo de la frontera equipados con todo tipo de armas de fuego y juguetes tecnológicos.

 Además de moverse en vehículos todoterreno con fusiles de asalto, bengalas y trajes militares, utilizan sensores infrarrojos, cámaras especiales e incluso aviones no tripulados. "No tengo tiempo para hablar hoy, me tengo que ir a volar un drone", espetó la segunda vez que El Confidencial intentó entrevistarlo.

Su labor, dijo días después, consiste en vigilar la línea que divide a los dos países y alertar de cualquier movimiento sospechoso a los agentes de inmigración que patrullan el área. Cuando es “necesario”, reconoce, se encargan también de detener a los inmigrantes y a sus “coyotes”. “Washington no hace nada, así que está en manos de nosotros, los patriotas, frenar esta invasión”, dice Spencer.

En realidad, el Gobierno federal sí que hace muchas cosas. Por ejemplo, mantiene a 22.000 patrulleros a tiempo completo, apoyados por tecnología punta y por la mayor infraestructura fronteriza del mundo: cientos de kilómetros de muro y alambre. Sucede que es que es virtualmente imposible blindar una frontera de 3.185 kilómetros que atraviesa montañas y desiertos.

Cinco años después, el FBI detuvo en su rancho a Shawna Forde, una activista que gravitaba en su entorno y que fue posteriormente condenada a muerte. Se la acusó de asesinar a un inmigrante y a su hija de nueve años durante un atraco, un robo planeado para reunir dinero con el que seguir financiando sus milicias. Spencer asegura que no tuvo nada que ver.

A menudo relacionados con grupos de extrema derecha, la mayoría de los milicianos se ven a sí mismos como patriotas, hombres de honor dispuestos a dar la vida por su país. Spencer, por ejemplo, insiste en que México tiene un plan secreto para recuperar lo que perdió a mediados del siglo XIX, cuando firmo el Tratado de Guadalupe-Hidalgo y cedió más de la mitad de su territorio a EEUU.

"(Los inmigrantes) tienen intenciones hostiles y cuando explote (el conflicto), nadie podrá decir que no lo advertimos, cuando la sangre empiece a brotar en la frontera y en Los Ángeles... aquí de lo que estamos hablando es de la reconquista", dice. Se refiere a una vieja reivindicación patriótica hoy casi olvidada en México .

"Los sueños de conquistar Aztlán duermen profundos en el corazón de la psique mexicana.... Esto explica por qué algunos están dispuestos a arriesgar la vida cruzando la frontera. Creen que lo que hacen es noble, que están desafiando al gringo para recuperar lo que pertenece a México", razona.

 Spencer y el resto de milicianos llevan al extremo paranoico una preocupación que comparten muchos millones de estadounidenses. La llegada este verano de decenas de miles de niños centroamericanos, introducidos por siniestras redes de tráfico a través de la frontera, ha vuelto a calentar el debate migratorio en Estados Unidos.

 En el país hay más de 11 millones de personas viviendo y trabajando sin papeles, un problema que el presidente Barack Obama prometió resolver y que está cada vez más enquistado. (...)

Moldeadas y adaptadas al paladar de un público más amplio, las ideas de los grupos anti-inmigrantes han penetrado en los últimos años en el discurso de grandes medios de comunicación y de decenas de políticos conservadores. "En cierto modo, sus ideas se ha convertido en mainstream (...) 

Ahí tienes a Michael Savage, la estrella radiofónica, con 8 millones de oyentes, contando leyendas sobre los niños centroamericanos, hablando de las enfermedades infecciosas que traen y de los hoteles de lujo donde los aloja Obama con el dinero de los americanos", dice Mark Potok, analista de Southern Poverty Law Center (SPLC), organización que elabora informes sobre grupos extremistas y actualiza un "mapa americano del odio".               ()

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