3/5/18

La dieta de los reclusos se componía de alimentos en estado de descomposición. En esta prisión la gente moría de hambre

"(...) El documental ‘El Penal: rostro y alma del mito’ recoge el ingente trabajo del Foro por la Memoria de El Puerto para la recuperación de todos los presos políticos que pasaron por este bastión represivo. 16.000 hombres encarcelados hasta finales del régimen. Solo en la posguerra la prisión alcanzaría niveles de población escalofriantes. 5.479 reclusos, quintuplicando el número de presos habituales antes de la guerra.

Ni hablar, ni cantar, ni silbar… silencio absoluto 

Vanessa Perondi y Sara Gallardo, autoras del documental, relatan a Público como todos los testimonios documentan el terror que se vivía intramuros. Una auténtica “cárcel del horror” y mucho penar. “Hablamos de hacinamiento, enfermedad, y hambre. Porque en esta prisión la gente moría de hambre. La población reclusa era totalmente desorbitada pero el dinero que se tenía para preparar el rancho de los presos no se aumentó, con lo cual la gente no llegaba a ingerir las calorías necesarias para subsistir”.

La dieta de los reclusos se componía de alimentos en estado de descomposición. El estudio ‘Una cárcel de Posguerra’, de la prisión central del Puerto en 1940 destaca que “no había otro menú que berzas forrajeras: nabos podridos cocidos con agua, coles, vainas de habas”. El hambre arreciaba sobre una población que fallecía víctima de la desnutrición.

Pilar Peruyera vicepresidenta del Foro por la Memoria de El Puerto, afirma a Público como la represión franquista llevó en este municipio a la muerte y humillación pública de “obreros, comerciantes intelectuales que habían sido muy respetados socialmente y pasaron a convertirse en criminales”.

Las condiciones de vulnerabilidad eran muy fuertes, sin protección ni medidas higiénicas. “Se vive una incautación física y moral a través de una humillación personal de cada uno de los reclusos”. La cifra de fallecidos es tremenda. 600 presos mueren en la represión dentro del penal, “Caquexia, síndrome carencial, tuberculosis, tifus, ulceras…” apunta Peruyera. Una extensa tipología de fallecimientos para maquillar los datos. 

El informe de los Libros del Cementerio y de Defunciones del capellán de la Prisión así lo confirma. Se contabilizaron 318 muertes no violentas entre abril de 1939 y julio de 1942.

Ramón Rubial, uno de los presos que aparece en la cinta relata que “había días que morían hasta tres presos de inanición”. Cuenta cómo tenían que dormir de canto porque si no, no cabían. A parte estaban los que fusilaban, torturaban... "Eran presos políticos en manos de sus enemigos". (...)

Lucía García Coiros es otro de los testimonios más crudos del documental. Actualmente reside en Puerto Real y relata la historia de su madre que a día de hoy tiene una estatua en uno de los jardines de la vieja cárcel. Recuerda, a pesar de que era una niña, cuando su madre iba a ver a su padre que estaba allí encarcelado. “El murió de tuberculosis o caquexia no recuerdo exactamente pero no duró mucho tiempo allí. Fue muy duro todo aquello”.

Uno de los datos que dejaría atónitas a las directoras de ‘El Penal: rostro y alma del mito’ fue las historias sobre las celdas de aislamiento. Pilar y Vanesa cuentan como los presos que iban a estos espacios lo hacían por periodos de hasta 90 días. “No podían emitir ningún sonido, ninguno. Ni cantar, ni silbar, ni hablar contigo mismo, ni toser... nada, silencio absoluto”.  (...)

El investigador Daniel Gatica apunta que esta prisión “se convirtió en uno de los centros penitenciarios cuantitativamente más importantes de todo el país”. No llegaban a la mitad (43,17 por ciento) los presos andaluces, siendo el mayor grupo, vecinos del resto de España (55,92 por ciento).

 Tampoco faltaba entre sus filas un reducido grupo de 50 extranjeros. Sin embargo, los estudios realizados han permitido descubrir que el perfil más típico de la prisión del Puerto en la posguerra sería el de varón, de 36 a 37 años de edad, casado, que sabe leer y escribir y cuya actividad económica la desarrollaba como campesino o jornalero.

La insalubridad alcanzaba cotas estremecedoras. Miles de presos se veían obligados a hacer sus necesidades en un recipiente que se iba pasando de celda en celda…, no existían condiciones de habitabilidad. “Ventanas sin cristales, naves y servicios higiénicos insuficientes”. Un auténtico infierno.

No fue hasta los años cincuenta cuando se produjo una “disminución efectiva del número total de reclusos” con la creación dentro del penal de células de los partidos políticos y organizaciones sindicales clandestinas”, según destaca el periodista Manuel Martínez.

Con la llegada de la Transición en esta cárcel se seguía ejerciendo la violencia. Sin piedad. De hecho hasta que se cierra en 1981 hay testimonios que lo atestiguan como el de Vladimiro Fernández Tovar que abandonó la prisión en 1977 quedando en libertad bajo la ley de Aministía.

El documental da también voz a la desolación de las familias que hasta hace muy poco no conocían la realidad de lo vivido por sus familiares. Mario, bisnieto de Manuel Villanueva de Miguel, preso en el Penal, recuerda a Público como la historia de su bisabuelo ha podido salir a la luz gracias a la documentación rescatada por el investigador Fernando Romero.

Mario, bisnieto de Manuel Villanueva apunta como ya en el mes de julio “Manuel se tuvo que esconder para que no tomaran represalias” contra él. Era muy conocido en su pueblo, no solo por la profesión que desempeñaría toda la vida, la del ladrillo y el cemento, arreglando más de una casa en El Puerto. Permanecería dos semanas escondido en Fuenterrabía, hasta que acuciado por el hambre decidió regresar y amparado por la noche —disfrazado de mujer, se rumoreó— se presentó en casa de su suegra.

En aquella época Villanueva estaba casado con Teresa Pérez y contaban con cuatro hijos: Juan, Teresa, Manuel y Patrocinio, afincados en calle Durango. Escondido en un ‘sobrao’ y desde aquel mismo escondite tuvo que vivir la muerte de su hija. El 14 de enero de 1938 Manuel escucharía el llanto de la niña sin poder acercarse por poner en peligro a los suyos.

Durante el transcurso de su permanencia en aquella habitación, su mujer y sus cuñadas fueron torturadas en diversas ocasiones. La esposa de Villanueva fue conducida a la conocida “tapia del cementerio”, llevada allí por el falangista Ramiro Blanco. En una de esas idas y venidas Teresa fue amenaza “con que le iba a pasar algo malo si no manifestaba el sitio donde se encontraba su marido”, afirma su bisnieto Mario. Nunca llegaron a revelar ninguna información.

Villanueva se entrega en 1939. Permaneció preso en distintas cárceles terminando en el Penal de El Puerto, donde fue puesto en libertad en agosto de 1941. Pasaría en prisión 852 días de su vida encarcelado tras conmutarle la condena a 12 años de reclusión.

Todos los informes militares que se han extraído sobre Villanueva son “extremadamente desfavorables”. Considerado peligrosísimo y uno de los extremistas de la localidad de actuación más destacada. Su único delito para el régimen era haber sido presidente durante la República de la Federación Local de Sociedades Obreras. En los tiempos del Frente Popular."              (María Serrano, Público, 21/04/18)

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