18/5/16

Palizas, humillaciones y castigos: así vivían los niños en un internado durante el franquismo, muchos de ellos robados a sus padres o hijos de presas

"(...) Desde 1939 y hasta mediados de los 80, miles de menores — no existe un censo general ni una investigación que detalle una cifra exacta — pasaron largos periodos de sus vidas dentro de instituciones como Auxilio Social, el Patronato de Protección a la Mujer o el Preventorio Antituberculosos. Provenían de familias mutiladas por la guerra, la represión y la miseria. 

"Mi padre fue asesinado por un falangista en agosto de 1936", explicó a VICE News José Alfonso — nacido en Medina de Rioseco, Valladolid, en 1937 y fallecido recientemente. Mi madre inició una búsqueda para intentar localizar a mi padre. Todos los días encontraba cadáveres, mujeres y hombres revueltos, incluso por la calle a veces tenía que saltarlos para pasar".

Tras la guerra, la madre de José empezó a trabajar como asistenta en la casa de unos familiares de Onésimo Redondo, político falangista, y Mercedes Sanz-Bachiller, fundadora de Auxilio Social. "Allí la convencieron para deshacerse de mí y de mi hermana con el único objetivo de explotarla aún más".

José Alfonso vivió en internados del Auxilio Social desde los cuatro hasta los veintiún años y sufrió malos tratos y humillaciones que le marcaron de por vida.

"A mi hermana la internaron en un hogar de Medina de Rioseco y a mí en Mojados. A pesar de la angustia que pasé al separarme de mi madre, la vida allí era tranquila y pasaba entre rezar, cantar el 'Cara al Sol' y asistir a las clases".

"Lo peor llegó cuando, a los 11 años, me trasladaron al hogar de Medina del Campo. Los castigos verbales y físicos empezaron a ser diarios y por cualquier motivo, como no hacer la cama correctamente. La escuela era mediocre: uno de los profesores había sido voluntario de la División Azul y se vanagloriaba de haber prendido fuego a montañas de cadáveres. La comida estaba en malas condiciones y nos provocaba urticaria, pero nos lo comíamos todo por el hambre que teníamos".

"Allí éramos 500 niños", describió. "Muchos provenían de padres encarcelados. Algunos habían sido secuestrados en el extranjero por la Falange exterior, siendo arrancados de sus padres, que se encontraban en el exilio". 

El testimonio de José denuncia que su custodia no pertenecía a su madre sino a la institución franquista. Ella lo iba a visitar cada dos meses y poco a poco entró en una depresión profunda: "Mi madre no me daba besos, ni abrazos, sólo me estrujaba, como si algo se le escapara de las manos", recordaba.

"Una vez llegué a escaparme y mi madre me devolvió. Yo le decía que me iban a matar, pero ella no me creyó. Cuando se fue, el director me indagó sobre qué iba contando yo por ahí y me pegó una paliza brutal. Me tiraba al suelo, yo me levantaba y él me volvía a tirar. Como soy hemofílico me pasé la noche sangrando por la boca y la nariz. 

A la mañana siguiente escondí la almohada bañada en sangre para que no castigaran".

Tras pasar por ese centro, José estuvo en tres internados más, ya en Madrid. "En el último ya nos dejaban hacer lo que fuera hasta ver si nos pegábamos con la cabeza en la pared". A los 21 años decidió poner fin a su infierno vital: "Yo no sentía ningún aprecio por mí mismo, tenía por seguro que mi destino era acabar en la cárcel". (...)"              (Aitor Fernández , Vice News, en Rebelión, 17/05/16)

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