"Amadora Guerrero Duque recuerda los zapatos pequeños, casi de niña, que
había en su trastero cuando era apenas una cría. “Parecían los tacones
sacados de una película, de punta redonda y que brillaban por sí solos”.
Amadora corría sin descanso por el trastero de la vivienda sin saber
que aquellos viejos tacones pertenecían a su bisabuela, con el mismo
nombre, Amadora Domínguez Labrador, fusilada el 4 de noviembre de 1937 en el pueblo de Higuera de la Sierra (Huelva). Con ella fueron asesinadas 15 mujeres más y 5 hombres.
La biznieta de Amadora encontraría, al lado de aquellos tacones
desmoronados, una mantilla que sí se ha podido salvar después de casi
cien años de vida. “Eran uno de los pocos objetos que pudieron rescatar de mi bisabuela después de saquear su casa cuando la llevaron presa”. (...)
La hija de Amadora tenía solo 13 años cuando vio por
última vez a su madre. “Mi abuela María Dolores fue a llevarle un mantón
la misma mañana que las montaron en el camión”. Su biznieta cuenta hoy a
Público como Amadora lloraba al ver a su hija correr sin descanso porque
no lograba alcanzar aquel camión de la muerte que nunca le devolvió con
vida a su madre. “Se echó las rodillas abajo y no pudo llegar a tiempo.
Cuando su padre fue encarcelado y su madre asesinada, mi abuela y mi
tío abuelo tuvieron que ser criados entre vecinas que poco a poco fueron
sacándolos adelante”. Amadora Domínguez Labrador era conocida con el
apodo de “La Pasionaria”, y tenía 40 años de edad. En su declaración
ante el juez de Aracena negó “haber pertenecido a ningún partido ni sindicato, así como haber ayudado a los huidos o tener algún familiar fugitivo”.
El rastro de sus vecinas, fusiladas entre las diez y las once de la mañana de aquel 4 de noviembre han quedado registradas en los anexos de los Consejos Sumarísimos de Urgencia.
Y respondían a los nombres de Remedios Gil Cortés (56 años), Mariana
Sánchez Vázquez (51 años), Amadora Sánchez González (52 años),
Encarnación Méndez Díaz (56 años), Bernabela Rodríguez Ruiz (40 años),
Dominica Rodríguez Ruiz (42 años), Elena Ramos Navarro (55 años),
Alejandra Garzón Acemel (62 años), Teodora Garzón Núñez (45 años),
Modesta Huerta Santos (29 años), Felipa Rufo Alcaide (39 años), Antonia
Blanco Prieto (53 años), Josefa Labrador Arroyo (40 años), Faustina
Ventura Sánchez (72 años), Carlota Garzón Núñez (47 años), José
Mallofret Domínguez (38 años), Francisco Cerca Rodríguez (42 años),
Manuel Suárez Durán (58 años), Marcelo Brito Cortés (55 años) y Manuel
Muñoz Navarro (71 años).
Todas fueron víctimas de uno de los días más sangrientos de la represión fascista en Andalucía. De aquella jornada se conoce también que ocurrieron los fusilamientos de las conocidas 17 rosas de Guillena en la provincia de Sevilla.
La declaración de bando de guerra dejó aquellos pueblos sembrados de
terror. Hoy muchos vecinos aún recuerdan los hechos y vejaciones que
sufrieron sus víctimas.
Pero ¿qué se conoce de aquellas mujeres de Zufre? Francisco Espinosa y José María Márquez relatan en su libro La desinfección del solar patrio, como una de las mujeres más jóvenes era Modesta Huerta Santos.
“Con 29 años de edad, es ya viuda porque su marido, Calixto Garzón
Movilla, que fue fusilado en los primeros meses de la ocupación de
Zufre.
El cuñado que tiene fugitivo es una de las “piezas” más
codiciadas de los sublevados: Valerio Garzón Movilla, escondido en un
majano los tres años de Guerra Civil”. Alejandra Garzón Acemel,
de 62 años, de estado civil casada, “nunca había pertenecido a ninguna
organización obrera, tenía dos hijos y un yerno fugitivos”. Era una de
las más mayores”.
El alcalde Gregorio Garzón Labrador y el jefe local de
Falange Víctor Macías Bejarano acusaron a cinco de aquellas mujeres de
“marxistas, propagandistas y provocadoras”, considerándolas capaces de dar víveres a los fugitivos.
A todas ellas las tildaron como “marxistas destacadas, propagandistas;
añadiendo que según rumores en la casa de Remedios Gil Cortés ensayaban
las coplas marxistas de las Juventudes Socialistas” a la que pertenecían
la mayoría.
Un libro inédito, sacado recientemente a la luz, 4 de noviembre: Una historia (des)narrada de la Guerra Civil en Zufre habla
de aquella jornada sangrienta. Y narra el reflejo de las dos versiones,
los días vividos en paralelo entre los dos pueblos vecinos de Higuera y
Zufre. Raquel Almodóvar, doctoranda en Historia Contemporánea de
la Universidad de Sevilla se ha adentrado, desde el punto de vista
local, durante más de dos años de investigación, en un relato que no
deja de despertar nuevas incógnitas.
“Las historias que he podido
rescatar son increíbles. Maridos que vieron fusilar a sus esposas, hermanos a sus propias familias”.
La investigadora narra como “Luis Padilla Garzón vio como fusilaban a
su esposa, Antonia Blanco Prieto o también se conoce el caso del
fusilamiento de las hermanas Bernabela y Dominica Rodríguez Ruiz”.
Lo más impactante de la investigación de Almodóvar
es que “más allá que se fusilarán a 16 vecinas y 5 vecinos, es que iban
a ser fusiladas 68 personas, casi la totalidad de las personas que he
demostrado se encontraban en la cárcel de Zufre aquel 4 de noviembre de
1937.” Estos datos se pueden conocer por el archivo carcelario de
Aracena (el de Zufre se quemó en un incendio). “Con esta documentación
he constatado que, como mínimo, había 70 personas aquel día. Veinticinco
zufreñas y 43 zufreños (68 en total). Dos serían finalmente puestas en
libertad por ser familias de derechas”.
Raquel también destaca la historia de uno de
aquellos fusilados, Manuel Muñoz, del que apenas se conoce la historia.
“Era calero y su trayectoria anticaciquil es la que le lleva a la fosa.
Manuel era uno de los propietarios agrícolas progresistas del pueblo”.
Su hermano, veinte años mayor que él, también va en uno de los camiones
el día 4 aunque no es fusilado y sí testigo del fusilamiento de su
hermano”.
Raquel Almodóvar ha podido ir recopilando en su
trabajo de campo la historia inédita de una “una zufreña, hermana de una
de las 25 zufreñas que van en el camión que está sirviendo en la casa
de un alto cargo de la nueva estructura de poder surgida tras la
ocupación militar de Andalucía occidental en Santa Olalla del Cala”
(pueblo muy cercano a Zufre). Almodóvar cuenta que “este caballero se
encuentra reunido en el salón de su casa con otro caballero repasando la lista de los 68 que van a ser fusilados”.
Mientras repasan la lista en voz alta, la sirvienta de Zufre escucha
cómo su hermana forma parte del pelotón. Entra en pánico y ellos llaman a Higuera de la Sierra para parar los fusilamientos,
pero ya han fusilado a 21 personas. Es una anécdota que marca la
historia de este fusilamiento, aunque “ha sido un testimonio
imprescindible para desenmarañar la complejidad que envuelve a los
sucesos del 4 de noviembre en Zufre”.
Gracias al Juez que instruye las causas de los 68 zufreños conocemos las identidades de “las 21 personas fusiladas, pero también la fecha, hora y el lugar”.
´Éste solicitó a Novoa Viadero, Cabo Comandante de la Guardia Civil de
Zufre, esta información mediante oficio. Por tanto, “el Cabo, no podía
desatender el mandato del Juez. Esta información el propio Juez la
incorpora al expediente de los Consejos de Guerra de los 21 fusilados”.
Sin embargo, el Juzgado de Zufre inscribe solo parte de los asesinatos.
“Se escribieron 6 durante la Guerra Civil y tres en los años 80”.
En el libro de Espinosa Maestre y García Márquez La desinfección del solar patrio,
se muestra el Consejo y parte de sentencia. En ella se destacan, las
peores calificaciones hacia estas mujeres, describiéndolas de “fieras humanas sin Dios, sin Patria, sin Ley, sin familia,
porque ni a ella la quieren, el que suscribe, considerándolas autoras
de delito tan gravísimo, procedió a su detención para ser puesta a
disposición del Señor Teniente Coronel Don Fermín Hidalgo”. (...)
En el libro de Espinosa Maestre y García Márquez La desinfección del solar patrio,
se muestra el Consejo y parte de sentencia. En ella se destacan, las
peores calificaciones hacia estas mujeres, describiéndolas de “fieras humanas sin Dios, sin Patria, sin Ley, sin familia,
porque ni a ella la quieren, el que suscribe, considerándolas autoras
de delito tan gravísimo, procedió a su detención para ser puesta a
disposición del Señor Teniente Coronel Don Fermín Hidalgo”.
Según destacan ambos historiadores “el juez militar, al finalizar los 21 fusilamientos, se limitó a dar por cerrado el caso y remitió los dos sumarios al presidente del Consejo de Guerra Permanente,
el teniente coronel José Gómez Sánchez”. Casi un año y medio después
seguía abierto el segundo procedimiento, con las diez procesadas ya
asesinadas. El 10 de marzo de 1938 se las señalaba como “enlaces que
también facilitaron noticias sobre la situación y movimientos de las
fuerzas”. El procedimiento fue sobreseído de forma definitiva tras
confirmar su muerte.
Sin embargo, nadie puede conocer con certeza como se desarrollaron aquellos últimos momentos,
aunque entre los testimonios orales recuerdan las horas más amargas de
aquellas 16 mujeres y 5 hombres. “Nadie se creyó que iban a declarar
porque el Juez les había visitado y casi la mitad de ellos ya tienen
sentencia del Consejo de Guerra. Saben perfectamente a dónde van, se
despiden de sus familiares igual que vivieron sus vidas, desde la
absoluta dignidad.
Antes de salir de la cárcel de Zufre, “el barbero las raparía
para dejarle un pequeño moño y colgar de los pocos mechones que tenía
la bandera de España. Lloraba pidiendo perdón delante de cada una de
ellas” por lo que estaba haciendo.
La humillación fue latente para crear el pánico entre los que quedaron con vida. “En sus últimos momentos las obligaron a coser en sus ropas el sagrado corazón de Jesús
y las castigaron ejemplarmente”. No se supo nada más. Solo los más
niños y jóvenes de Higuera de la Sierra sabían dónde estaba la fosa y
pudieron en aquellos años de miedo ponerse muy de cerca de aquellos
ejecutores." (María Serrano, Público, 30/06/09)
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