14/9/12

La caída de las Torres Gemelas y el atentado de Breivik sacaron a la luz lo mejor y lo peor de dos sociedades

"¿Son anormales los noruegos, o qué? Setenta y siete son masacrados por un asesino que recibe una condena de solo 21 años y no salen a las calles a protestar, incluso cuando su presidente, sin una gota de machismo, dice: “La bomba y las balas apuntaban a cambiar Noruega. 

El pueblo noruego respondió adhiriéndose a nuestros valores. El asesino fracasó, el pueblo ganó”. ¿Qué clase de valores fastidiosos comparten los noruegos? ¿Y qué tienen contra el cambio? 

Setenta y siete noruegos pueden parecer pocos en comparación con los casi 3.000 estadounidenses que murieron el día que cambió todo para siempre, Amén. Pero para los 7 millones de noruegos, los ataques del año pasado mataron proporcionalmente a más de ellos que la cantidad de estadounidenses muertos el 11 de septiembre de 2011.

 Los políticos noruegos no se desvivirán exigiendo medidas más estrictas de seguridad nacional y los ciudadanos no se manifiestan por el Tea Party en las calles exigiendo venganza y clamando por la pena de muerte. Los largos inviernos deben de aumentar su sangre fría.
En EE.UU. “cambio” fue la consigna del día en 2001, y se ha convertido en un mantra político desde entonces. Ehud Barak, exprimer ministro de Israel y actual ministro de Defensa puso las cosas en marcha esa mañana cuando, entrevistado por la BBC, anunció:
“El mundo no será el mismo a partir de este día… Es hora de desplegar un esfuerzo global concertado… contra todas las fuentes de terror, consecuentemente durante seis o 10 años… Irán, Irak, Libia”. (...)
Unos días después del veredicto de Breivik, un dirigente religioso israelí hizo su propio veredicto respecto a los enemigos “islamofascistas” de su nación. El rabino Ovadia Yosef del partido Shas llamó a los judíos a orar por la destrucción de Irán, “Cuando decimos ‘que nuestros enemigos sean abatidos’ en Rosh Hashana, debemos dirigirnos contra Irán, los seres malévolos que amenazan a Israel. Dios los abatirá y los matará”.

Haaretz informa de que el rabino había recibido la visita de altos funcionarios de la defensa israelí, que lo persuadieron para que apoyara un posible ataque contra Irán. (...)
Si se considera que Israel es aproximadamente un 30% más grande que Noruega y que ni un solo israelí ha sido eliminado por los iraníes, ¿no habría que preguntarse por qué los dirigentes noruegos no han solicitado que sus colegas religiosos pidan a Dios que aniquile a Breivik? Pero esa no sería una analogía justa, porque los noruegos son conocidos por ir poco a la iglesia y obviamente no rinden culto al mismo dios.

 ¿Pero se hubiera mantenido en el poder un dirigente político estadounidense un año después del 11 de septiembre y proclamado que la respuesta de EE.UU. al ataque sería “más democracia, más apertura y más humanidad, pero nunca ingenuidad”? Bueno, es lo que hizo el presidente noruego en el aniversario de la masacre de Oslo. ¿Cuán insólito es eso?   (...)
El terrorismo, después de todo, solo puede involucrar actos de violencia cometidos por gente que no se ve ni se viste como nosotros y contra personas cuyas ideologías son favorables al gobierno de EE.UU. y sus amigos, no importa cuán inamistosas puedan ser frecuentemente.
Pero el mayor problema de  la saga de Breivik tuvo que ver con sus creencias pro sionistas, pro Israel. En su manifiesto online escribió reveladoramente: “Luchemos junto a Israel, con nuestros hermanos sionistas contra todos los antisionistas”.
El hecho de que atentase contra el centro del gobierno de Noruega, que haya criticado enérgicamente la ocupación israelí, que el objetivo de su masacre fuera un grupo político juvenil que promueve activamente un boicot económico a Israel y que el día antes de la masacre el campamento recibiera al ministro de Exteriores de la nación para persuadirlo de sus puntos de vista, debería provocar señales de alarma si se consideran los motivos ideológicos de Breivik.

 Podrá ser demencial, pero no se puede decir que se trate de supremacía blanca; de otra manera simplemente habría asesinado a muchos inmigrantes de piel oscura que según él desprecia. Es un sentimiento, a propósito, que comparte con demasiados colonos israelíes que están inspirados, en parte, en el teórico sionista Vladimir Jabotinsky.
El manifiesto de Breivik estaba repleto de citas de respetables pro israelíes de la línea dura, incluyendo a la que fue consejera de política exterior de un candidato presidencial estadounidense de la época, la obsequiosa pro israelí Michelle Bachman.

 Por lo tanto el problema de la adhesión de Breivik al principio mismo de la existencia del Estado sionista de Israel, al cual George W. Bush y Barack Obama, junto con la mayoría del Congreso y el Senado han expresado su fidelidad, nunca se analizó, simplemente se ha ignorado.
Las dos palabras que se vitaron cuidadosamente en el debate de los medios respecto a Breivik fueron “sionismo cristiano”, con énfasis no en el adjetivo sino en el sustantivo.(...)

 El 11 de septiembre fue, probablemente, la última oportunidad de EE.UU. de hacer un discurso político que incluía la pregunta: ¿Qué les hemos hecho para que nos hagan esto a nosotros? Los ataques de Breivik podrían ser la primera oportunidad de la comunidad mundial para formular una pregunta completamente diferente: Si les hizo esto a ellos, ¿qué quieren hacernos aquéllos por los que lucha?
La caída de las Torres Gemelas no hizo caer a los estadounidenses en su propio ser y no los cambió drásticamente más de los que Breivik cambió drásticamente a los noruegos. Ambos eventos sacaron a la luz lo mejor y lo peor de ambas sociedades. Pero en uno de ellos lo peor ya iba ganando terreno."                (Rebelión, 13/09/2012, Michael Robeson, Asia Times Online)

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