21/7/23

Declara ante una jueza por primera vez en España un represaliado del franquismo víctima de torturas Julio Pacheco, que acusa a cuatro policías, entre ellos el comisario Villarejo, hablará ante la justicia española de las torturas que sufrió tras ser detenido en 1975; su mujer, Rosa María García, que fue detenida con él, acudirá como testigo

 "Es un hecho insólito en nuestro país. Este viernes Julio Pacheco Yepes se convertirá en el primer represaliado del franquismo que es escuchado por la justicia en el marco de una causa penal abierta por crímenes de la dictadura. Y ocurrirá 48 años después de la muerte del dictador. Hasta ahora, esto solo había pasado a 10.000 kilómetros de España, en Argentina, y ante la jueza María Servini. Pero el pasado mayo la magistrada Ana María Iguacel, del Juzgado de Instrucción nº 50 de Madrid, admitió a trámite la querella presentada por Julio contra cuatro miembros de la Brigada Político-Social por un delito de “torturas en un contexto de crímenes de lesa humanidad”.

Nunca antes una víctima de la dictadura se había sentado en un juzgado español para denunciar las vejaciones y castigos a los que el aparato represor sometió a miles y miles de personas. Y es que nunca antes una querella había llegado hasta este punto: por primera vez, una jueza ha acordado tomar declaración al denunciante y a una testigo, su mujer Rosa María García, que fue detenida al mismo tiempo, y ordenar otras diligencias de prueba. La decisión ha sido celebrada por los colectivos memorialistas como un hecho histórico tras “más de un centenar” de querellas archivadas por los juzgados, las últimas hace solo un mes en Navarra y Valencia. 

 Este es el modus operandi que han seguido estas denuncias en España: o bien no ser admitidas a trámite o hacerlo pero ser archivadas automáticamente, lo que ha dado lugar a un contexto de impunidad de los crímenes franquistas perpetrados durante 40 años y por los que nadie ha sido juzgado, a pesar de las llamadas de atención de Naciones Unidas. Hasta ahora, las víctimas solo han contado su versión ante la jueza Servini, que instruye la causa a raíz de la querella argentina desde hace más de una década. Y ante el Tribunal Supremo en 2012, cuando varios represaliados declararon como testigos en el proceso contra Baltasar Garzón por declararse competente para investigar. (...)

La doble detención de Julio y Rosa

Unas horas antes de la declaración, Julio está “expectante”. “Nervioso, para qué te voy a engañar”, reconoce. Pero también “muy contento y esperanzado de que por fin podamos empezar a tener justicia en el Estado español”. Militante de la Federación Universitaria Democrática Española (FUDE), que se adhirió en los 70 al FRAP (Frente Revolucionario Antifascista y Patriota), acabó siendo su responsable político en Madrid, donde fue detenido en agosto de 1975. Durante siete días, estuvo encerrado en la Dirección General de Seguridad de la Puerta del Sol, hoy sede de la presidencia de la Comunidad de Madrid, donde fue torturado.

Las amenazas y castigos a los que fue sometido son los que narra en la querella, en la que denuncia al comisario jubilado José Manuel Villarejo y a otros tres policías, Álvaro Valdemoro, José Luis Montero Muñoz y José María González Reglero, todos exmiembros de la Brigada Político-Social. “Cuando dabas el paso de militar en una organización clandestina, ya sabías lo que te podía pasar y creo que eso me ha ayudado a llevar lo que ocurrió el resto de mi vida, pero aún así es algo muy complicado. A nuestros hijos no les hemos contado detalles de las torturas y mucho creo que lo tengo encapsulado”, cuenta Julio.

Junto a él y otros militantes del FRAP, fue detenida la que entonces era su novia, hoy su mujer, Rosa María García; él con 19 años y ella con 18. Eran entre las once y las doce de la noche y ella acababa de bajar del piso de apoyo en el que estaban Julio y otros compañeros. En medio de la calle, varios agentes de la policía franquista vestidos de paisanos le pidieron la identificación y la detuvieron. Poco después, supo que casi al mismo tiempo detenían también a su pareja. “Ella se fue y y yo me quedé porque me iba a ir a otro sitio. Llamaron a la puerta. Abrí y vi una pistola en mi nariz”, cuenta él.

Aunque Julio declarará ante la jueza como querellante, Rosa María lo hará como testigo. “En la querella me mencionaba porque una de las veces, para presionarle, los policías le enseñaron cómo me estaban torturando a mí. Eso a él se le había quedado muy grabado, tanto que no lo había contado hasta ahora, de hecho yo no lo sabía. Supongo que por eso voy como testigo”, cree la mujer, cuya querella contra el policía Antonio González Pacheco, apodado 'Billy el Niño', que fue quien la torturó a ella, acabó archivada.

A Villarejo, cuya misión era “golpear, golpear y golpear”, afirma Julio, le llamaban “el alemán porque era muy cuadrado y con la cara muy colorada”. No sabían su nombre, pero le reconocieron muchos años después: “Cuando empezó a salir lo de las cloacas y le vimos, lo fuimos comentando. Primero con Rosi, luego con otros compañeros que también habían estado detenidos”. El comisario jubilado fue miembro de la Brigada Político-Social y trabajó a las órdenes de Roberto Conesa. En 1975, la Dirección General de Seguridad propuso concederle una cruz al mérito policial. El mismo año, que coincide con el de los hechos denunciados, Villarejo participó en Madrid en una operación contra el FRAP “logrando la detención de la totalidad de los dirigentes” y por la que cobró 25.000 pesetas de premio, según publicó este medio.

En la detención, Julio fue acusado de ser el jefe del comando que mató al teniente de la Guardia Civil Antonio Pose. “Eso no lo firmé porque era mentira”, asegura. Tras el infierno de la Dirección General de Seguridad, fue trasladado a la cárcel de Carabanchel y Rosa a la de Yeserías, de mujeres. Salieron en libertad provisional y con fianza el 3 de diciembre, una vez muerto Franco, y se trasladaron a vivir a Valencia un par de años ante el miedo de lo que pudiera pasar. Con el tiempo, se enteraron de que finalmente les habían juzgado por asociación y propaganda ilegal.

Los obstáculos siguen ahí

Además de las declaraciones de Julio y Rosa María, la jueza Ana María Iguacel ha acordado otras pruebas adicionales y ha solicitado al Archivo Histórico Nacional que remita los documentos existentes relativos al denunciante y a la Dirección General de Policía el expediente completo, según consta en el auto. Habrá que esperar cuáles son los próximos pasos. “La causa penal acaba de empezar, estamos en una fase inicial, hay que ver qué recorrido le da la jueza ahora”, explica Jacinto Lara, de CEAQUA. (...)"            (Marta Borraz, eldiario.es, 13/07/23)

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