7/5/15

"Las adopciones en la Casa Cuna de sor Aurora se hacían con mucho dinero de por medio"

"Enrique J. Vila es conocido como el abogado que logró que se abriera un juicio por el caso de los niños robados de Madrid, parte de la trama mafiosa que robaba bebés a las madres jóvenes solteras coaccionándolas. (...)

Acaba de conseguir que un juzgado de Valencia  admita su querella contra sor Aurora, exdirectora de la Casa Cuna Santa Isabel de Valencia. También contra la actual directora y el abogado de la institución. El motivo, no facilitarle el nombre de su madre biológica, a la que está buscando desde hace más de 20 años. El juez abre la puerta a ampliar la querella si ve indicio de otros delitos. 

(...) sospecho entre los años 50 y 90 había tráfico de niños y a las madres las coaccionaban para que dieran a sus bebés en la Casa Cuna. Había dinero de por medio: 200.000 pesetas, un millón que pagaron por mí, cuatro millones...

¿Cómo sabe usted que las monjas han mentido y que sí tienen el nombre de su madre?

Llevo buscándola desde el 88. Cuando acudí a la Casa Cuna al principio me dijeron que no me los podían dar. No solo a mí, también a otros adoptados se lo dijeron. Cuando el Tribunal Supremo reconoció en 1999 nuestro derecho a conocer nuestros orígenes, cambiaron de argumento y nos dijeron que no tenían los datos, que no tomaban notas de las madres que iban a dar a luz. Sin embargo, las madres que hemos conocido confirman que daban su DNI.

¿Y el abogado de la institución no tiene un registro?

No cabe en la cabeza que un abogado de adopciones, más aún cuando muchas madres eran menores, no lleve un registro de esas niñas que daban a luz. El letrado al que pregunté entonces, ya fallecido, me dijo que era secreto profesional y no me lo podía dar, nunca me dijo que no lo tuviera.

Lleva buscando a su madre biológica casi 30 años. ¿Cuándo supo que era adoptado?

Me enteré a los 23 años. Mi padre estaba en el hospital muriéndose por un cáncer de pulmón. Estaba buscando entre sus papeles para las gestiones y encontré mi auto de adopción. Era una madrugada de mayo, no se me olvidará jamás. Fue una sorpresa tremenda. Mi madre estaba en casa, la desperté y me lo confirmó. Entonces empecé a buscar el nombre de mi madre biológica en expedientes, el registro civil, fui a hablar con las monjas, a la Diputación, a la Consejería... Pero no lo he conseguido.

¿Por qué es importante para usted que hayan llamado a declarar a sor Aurora?

Hemos ganado todos los procedimientos civiles para que nos den los datos. También el de abogado que alegó secreto profesional. Y no nos los han dado. Este procedimiento es diferente porque es penal, ya que están vulnerando mi derecho constitucional de conocer mis orígenes.

Usted sospecha que además puede ser un niño robado porque sus padres adoptivos pagaron un millón de pesetas.

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